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El hombre sin atributos

Es peligroso dejar al abuelo fuera en la escarcha


Tal para cual



¿Por qué Zetaplana se ríe del otrora Lider Cósmico Ansar?

¿Habrá descubierto quién es ese joven Santiago al que dedica tiernas epístolas?

Por Ciudadano Quien

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Niños, Papá no está nada orgulloso de vosotros

Después de despedirme en la última semana a mí mismo de mala manera con una patada en el culo de los siete u ocho blogs que me he creado para mi deleite, me aprovecho de la generosidad del espléndido Ciudadano Quien -y sin el permiso de Sumo Sacerdote- para advertiros de que tenéis a Papá muy disgustado.
Este señor de aquí no es Jaime Urrutia, el simpático vocalista de los Gabinete Caligari, es Andrew Keen, uno de vuestros padres cibernéticos, que os regaló Internet por el día de Reyes y ahora se arrepiente. Mejor leed vosotros mismos lo que dice del mal uso que le estáis dando a este juguete.
Recordad aquellos días felices de vuestra infancia, en Navidad o en el día de cumpleaños, cuando al abrir el envoltorio del regalo aparecía el scalextric, el cine exin o el barco pirata de los clicks. Papá te revolvía el cabello, con cara de orgullo.
No olvideis, tampoco, la bofetada que venía una hora o tres días después, porque la bañera no es el océano de los clicks; porque la Venus de Milo que decora la mesita de la entrada no es La Cibeles contra la que se estampan los coches del scalextric; porque ya vale de asustar al abuelito, que está malito del corazón, jugando a los fantasmas poniéndole a Donald en la oscuridad de su alcoba cuando está durmiendo la siesta.
Así que, después de leer en el artículo las lindezas que dice sobre sus retoños (mediocres, os está llamando mediocres) tenéis dos opciones, o tirar los blogs en la pira donde el cura y el barbero quemaron los libros de caballería en un donoso escrutinio, o matar al padre, como dijo Sigmundo Freud.

Por Pasolosdiasvolviendomeloco.

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Un ejemplo a seguir



Sí, Jorge Lorenzo, sí, el as a dos ruedas, sí, un referente intelectual para nuestra muchachada nacional cuando responde en una entrevista:

También leo muchos libros de autoayuda por iniciativa propia. No llegué a terminar la ESO y me preocupo por conocer la realidad. Me interesan la psicología y las relaciones personales, no las novelas de ciencia-ficción.


¡Peligro! La gente ya empieza a leer autoayuda porque quiere, no porque se la recomiendan. Y además la identifica como fuente para conocer la realidad. Ya lo sabe, Sumo Sacerdote, no intente convencer a sus alumnos para que ingresen en la universidad, el mundo del motor ofrece muchas más oportunidades. Como antes la cantera del Real Madrid.

Cultiva su imagen y cultiva su mente, y además está podrido de millones. Con solo veinte años, ¿qué más puedes pedir, Jorge?

A lo mejor ser protagonista de tu propio comic, al igual que Valentino Rossi. Todo llegará, Jorge, todo a su tiempo, no hay nada que la mercadotecnia no pueda poner a tu disposición, igual que el modelito de Dior que lucias en la entrevista. De momento propongo a Ibañez, Azagra o Álvarez Rabo para los bocetos preliminares.

Por Ciudadano Quien

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"Mundos terribles", de Marcel Schowb


Cosas que aprendemos visitando los mundos terribles:

-El paso del universo de los bajos fondos, el crimen y la estafa parisinos (La psicología del trilero, La ejecución, Los asesinos, Blancas-Manos) al del terror y el misterio (La mano gloriosa, La casa cerrada, La endemoniada, El origen).

-La fusión de los dos mundos anteriores (El alfiler de oro).

-El seguimiento de la vida de una familia granjera en el Bajo Imperio romano, relatada con rasgos lingüísticos del latín popular (Poupa).

-El fin de la leyenda del Salvaje Oeste (Buffalo Bill).

-La descripción original de gentes y lugares (Los "Rojos" de Basilea, En Lorena, Nidau).

-La pervivencia del lenguaje del mito a finales del siglo XIX (Las nupcias del Tíber, Rampsinit, La vida de Morfiel, demiurgo).

-La influencia del mundo de la publicidad y los bienes de consumo (Barnum, Artículos de exportación).

Y todo ello escrito con un dominio de la puesta en escena y presentación de personajes formidable; al igual que lo es la diversidad de estilos de narración: el informe policial, el diario, el mito, el reportaje, etc. De un hombre como Schowb sacaba Borges sus influencias, según reconocía.

Y como desde aquí apoyamos al pequeño empresariado, no dejen de visitar la editorial El olivo azul para encontrar más genialidades de este tipo.

Por Ciudadano Quien

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Doctrina de choque

La lectura de los anteriores libros de Naomi Klein, No logo y Vallas y ventanas proporcionan argumentos de calidad sobre el poder de la cultura de marca y los cepos que los partidarios del Gran Dinero ponen a quienes se cuestionan su autoridad. "Lectura para la progresía" dirán de este nuevo libro sus críticos más planos. Argumentos claros contra los que nos venden soluciones al miedo después de haberlo precipitado ellos mismos: no comprarás seguros contra incendios a un bombero pirómano después de leer La doctrina del shock.

Trailer de libro, tarde o temprano tenía que llegar. En realidad esta forma de promoción tiene ya casi un año de vida: dios bendiga el youtubo que la hace posible. Conocemos los detalles y decidimos si leemos el libro entero o no. A veces el trailer es mejor que la versión extendida, a veces te cuenta toda la historia mejor. A veces es igual de bueno que el texto.

Digo igual, no mejor. No se enuentra todos los días uno firmado por Alfonso Cuarón, Alguien que convirtió el último tercio de la película Hijos de los hombres en un cruce entre el gueto de Varsovia y la franja de Gaza es una persona que sabe en que dirección van los acontecimientos.





Por Ciudadano Quién

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"La tristeza", de Rubén Romero Sanchez

Si no existe este subgénero, ha de inventarse la etiqueta ya: literatura de la plaga. La peste bubónica le dió sendas excusas a Bocaccio y Albert Camus. Saramago montó una de sus extensas parábolas moralizantes a partir de una epidemia de ceguera blanca. De Stephen King para acá, todo el que quiere meter el miedo dios en el cuerpo al hipocondriaco público lector desarrolla el virus de la gripe hasta convertirlo en el Apocalipsis de la humanidad.

En la obra que nos concierne a continuación, la tristeza, como una enfermedad más, asola una anónima ciudad en tiempos próspera y feliz, tal como va recordando el anónimo relator de los hechos, último superviviente que rememora días más alegres. No existe un origen cierto, no hay cura ni remedio, la pesadumbre cae sobre la población y la lleva a extinguirse. Una humanidad languideciente, que se deja morir sin explicación física alguna, ¡alabado sea el romanticismo!: curiosamente, el leve marco histórico que ambienta la novela coincide con un paisaje preindustrial en el tránsito entre los siglos XVIII y XIX. Vestimos con casaca y miriñaque a los personajes que se cruzan en esta historia, hombres y mujeres de dos generaciones distintas, amantes de la repostería delicada o de los clásicos latinos. Son los actores de duelos por amor, secuestros de novias, triángulos sentimentales y afectos no correspondidos, más cercanos a las Las afinidades electivas que a El diario de Bridget Jones. Ahí quedan avisados.

Por ser esta la primera recensión de lecturas que hago en esta página me luzco aquí comentando una novela inédita y manuscrita como la de arriba. Pero que nadie pierda la esperanza, en cuanto su prometedor autor decida agachar la cabeza ante el lascivo editor de turno que quiera corregirle los detalles menores del texto, tendremos tristeza para rato en anaqueles, estanterías y escaparates. Proximamente en su Carrefour más cercano.

Nota: a falta de la cubierta del libro, les pongo esta imagen que encontre buscando "tristesse" a través de la gran G, porque "tristeza" solo arrojaba como resultado cutrerío iconográfico hispano y "sadness", quincallería pop-gotica.


Por Ciudadano Quién

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Tres pantallazos

Vino aquí a hablar de su libro:

Francisco Umbral, haciendo historia a mayor gloria de las relaciones entre literatura y televisión.


Vino aquí a hablar del milenarismo:

Fernando Arrabal, del Teatro Pánico a la Televisión Chusca, con Fernando Sánchez Dragó como maestro de ceremonias.

Fue allí porque le pagaban el viaje. Y porque quería visitar a su tío nonagenario en Alemania:

Charles Bukowski, el padre los dos anteriores y de todos los que se ponen delante de una cámara para hacer algo que no sea anunciar los números de la lotería. El suceso en la catedral cultural de la telvisón francesa, el programa Apostrophes de Bernard Pivot lo relata Buk con mucha gracia en Shakespeare nunca lo hizo.

Pero como bien dictamina el poeta David González, no es para tanto.

Por Ciudadano Quién

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Consejo

Estando un buen día Diodoro de Iaso, dialéctico de la Antigúedad, en la corte de Tolomeo Sótero, Estilpón de Megara le propuso unos argumentos de dialéctica. Sería que ese no era su día, sería el vino, o qué sé yo, pero el bueno de Diodoro no supo resolverlos, y salió para despejarse y con calma responder por escrito. Pero hete aquí que de repente le dio un bajonazo por creerse incapaz y se suicidó.

La moraleja, queridos amiguitos, es que si alguien se hace el listo en nuestra presencia y nos humilla inmisericorde, en lugar de acabar con nuestra miserable vida debemos agarrarlo por el gañote en un oscuro callejón y hacerle tragar sus infames palabras a la vez que nuestros mandobles con el envés de la mano derecha sobre su feo y abotargado rostro. No sigáis el ejemplo de Diodoro, al cual llamaban Cronos y Diógenes Laercio , que era un cachondo, llamó Onos, que en griego significa "asno".

Sumo Sacerdote

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