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Mis manos

Yo te lluevo, tú me cielas


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En busca del Sueño...

- Mamá no puedo dormir, ¡no tengo sueño! ¡Mamáaa!
- ¡Pues búscalo y duérmete de una vez! - dijo mi madre enfadándose progresivamente.
"Vaya madre" me dije a mí misma, "sabe que tengo miedo de dormir aquí sola, en la oscuridad, y me dice que busque el sueño"...
De repente mi dormitorio se fundió convirtiéndose mi entorno en un color azul denso y oscuro. Por más que me refregaba los ojos y los abría como dos ventanales enormes, el azul no se disipaba. Comenzaba a ver brillos amarillentos chispeantes que saltaban de un lado a otro llamando mi atención. De repente, pude adivinar entre la extraña imagen una puerta de madera, que nunca había visto y había aparecido ahí, ante mi cama, por arte de magia. A pesar de lo cobarde que suelo ser, en ese momento no hubo otra cosa que me apeteciera más que abrir la puerta y descubrir el otro lado. Y así lo hice. La abrí con esfuerzo porque pesaba bastante, y pude descubrir un lago extenso, tan extenso que no veía sus extremos, sus límites.
Era de noche y la luna se reflejaba débilmente en el agua. Me agaché para tocarla y descubrí que entre las ondas acuáticas permanecían unas rocas consecutivas, que existían con la intención de ser pisadas para conducir a alguien a algún lugar. Sin dudarlo me embarqué en aquel peligroso viaje, y comencé a saltar piedra por piedra, hasta que llegué a una que estaba mojada y resbalé, cayendo al agua. Me asusté y pedí auxilio, porque por ese entonces no sabía nadar, pero al entrar de nuevo en mí misma descubrí que el agua apenas llegaba a mi cintura. Contenta continué mi camino nadando y arrastrándome por las cálidas aguas. Finalmente, tras atravesar una pared de neblina de color lila y un dulzón olor a algodón de azúcar le vi. Era un hombre grande, gordo, alto, viejo, subido en un pedestal, rodeado por cientos de niños que le miraban, al igual que yo, embobados.
- Queridos niños.- Articuló una voz ronca y varonil, que provenía de sus carnosos labios.- Ya va siendo hora de que durmáis en condiciones, pues lo necesitáis para crecer sanos y felices. Ya habéis dicho demasiadas veces que no encontráis el sueño, y eso se acabó, porque yo soy el Sueño, y acabáis de encontrarme. Se acabaron las excusas. A partir de este momento dormiréis todas las noches sin quejas, con los ojitos cerrados, y cada uno tendréis vuestros propios sueños. Ahora, cerrad los ojos, juntad las manitas y colocarlas bajo vuestras caras,y el que guste que introduza el pulgar en su boca...a partir de ahora cada noche...tendréis sueño.

Después de oír esas palabras, abrí los ojos, y acaba de despertar en mi cama gracias a un cariñoso beso en la mejilla que me había dado mi padre. No sé si fue un sueño, o fue una realidad, pero desde esa mágica noche nunca más tuve problemas para dormir.


*Espero que durmáis todos bien. Un beso, Ingrid"

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Como gota de Té con hielo

Y finalmente dejo caer los hielos dentro del vaso lleno de té. Al no calcular la distancia del lanzamiento me termino salpicando, como siempre.
Recojo con un trapo las gotas que me miran tristemente desde la encimera, melancólicas por haber terminado sobre el frío marmol, por no haber sido bebidas, que era su meta.
"Lo siento, pero como las personas mismas, hay gotas que no cumplen su sueño" - dije en voz alta con un tono voz lastimado y dolido tal vez por verme identificada con una de esas gotas de té.
Acaba de perder el control de mi propia vida hacía apenas unas horas, cuando por primera vez sentí que los impulsos más profundos y ocultos de mi cuerpo manejaron mi mente sin piedad. "Aún no me lo creo" me repetía a mí misma una y otra vez.

A veces llega el momento en que dejas de manejar los hechos y acontecimientos que te rodean, es entonces cuando te asustas y te sientes indefensa. Ahora mismo , siento que mi vida es arrastrada hacia no sé donde, no sé si es bueno o malo, sólo sé que ahora puedo confirmar verdaderamente que me he enamorado, y he perdido el control, la razón, la paciencia.
Siento que el corazón ha cerrado los ojos y se deja llevar por lo que oiga, por los susurros que entren por mis oídos, por los besos que les roben a mi boca, por las caricias que hagan que mi piel se erice, por el aliento que recorra mi cuello y mi espalda...siento que me dejo llevar y estoy flotando en un río desconocido, sin preocuparme por el camino ni por el hecho del tiempo ni el lugar, simplemente me dejo arrastrar por la corriente...y espero llegar a algún lugar o no llegar, quedarme flotando para siempre.

Mi sueño era permanecer libre, sin enamorarme, sin compromisos sentimentales, ni sueños de amor, ni príncipe azul, ni hadas que salen de los cuentos, ni mariposas que entran en los estómagos, ni miradas de pasión, ni latidos acelerados del corazón, ni manos unidas, ni abrazos, ni labios, ni sabores...
Pretendía que me bebieran como a todas las demás gotas de té de un vaso, pretendía que el hielo no consiguiera arebatarme mi meta, mi plan...pero me temo que a la entrada del amor, tan impetuoso y fugaz como el hielo me he salido fuera del vaso, y he roto mis esquemas, permaneciendo una vez más sobre el frío mármol

Ahora que ya no hay remedio no me queda otra opción que mantener la esperanza de no ser recogida nuevamente por un paño de cocina... pues es la razón por la que no quería volver a enamorarme, ya me habían limpiado de la encimera en más de una ocasión...

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Premios Weblog (ahora sí)

En fin, nunca imaginé estar en esta posición. Dando a conocer a mis blogs favoritos gracias a que el mío propio le ha gustado a "Mar de palabras...¿o viceversa?" a la que nuevamente le doy las gracias tanto por nombrarme en su lista como por darme ánimo a seguir, pues la verdad estaba empezando a perder las ganas un poco. Pero ya las he recuperado.
Ahora vengo con fuerza, y para empezar con buen pie, como debe ser, voy a dar mi lista de blogs. Los que más me gusta leer, los que creo que se merecen este premio.


Antes de nada, debéis saber que para mí esto es a la vez que un placer, una gran responsabilidad...¡pues me gustan muchísimos! Pero aquí van los mejores para mí.

1. www.librodearena.com/taesther_92 A mí como a bastantes personas más nos tiene enganchados esta historia tan emocionante que se publica capítulo a capítulo diariamente.

2. www.librodearena.com/99palabras Son los mejores microrrelatos que he leído nunca, todos gustan, todos entretienen.

3. www.librodearena.com/patricia Alternando comentarios de libros, relatos(como viaje en tren o designio celestial) o textos, me tiene siempre ahí esperando novedades.

4. www.librodearena.com/diabla Si queréis leer algunos relatos que mezclan pasión, erotismo y amor...este es el lugar.

5. www.librodearena.com/helena. Fantásticos textos que hacen reflexionar, con pinceladas filosóficas pero perfectamente inteligibles.

6. www.librodearena.com/airuna Ahora me tiene en vilo con la suseción de capítulos de "Flash" pero todo lo que hay en su blog merece una visita.

7. www.librodearena.com/manoly Manoly escribe unos poemas envidiables y muy bonitos, y hace poco una historia que seguí sin dudarlo (aunque fuera breve).


Espero que se paseen por estos blogs de los que aprendo y con los que disfruto cada día. Y así conocen un poco más de mi, esos son mis favoritos...espero que los compartan. Nuevamente gracias a todos. Un enorme abrazo.

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Premios Weblog

Como bien sabéis soy nueva en esto, y aún tengo algunas dudas. Y es que no sé si al estar en una lista de premios Weblog debo hacer yo mi propia lista incluyendo a los que creo que se la merecen. No me atrevo a hacerlo hasta que alguien no me diga si de veras ha de ser así o no, no vaya a ser que haga algo que no deba. En el caso de que sea así, estaré encantada de tener ese honor, pero por favor, necesito que me lo confirmen, porque como antes he dicho, prácticamente acabo de aterrizar y aún no sé dónde estoy. Gracias a todos y un beso.

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Ahora desapareció

Ahora sí desapareció. La profesora de literatura de la que os hablaba en un post llamado "Y de repente desapareciste" ha fallecido tristemente.
Definitivamente se cortó el flujo de letras por su cuerpo, su corazón dejó de escribir poemas y ella nos abandonó.
Apenas tengo palabras para describir lo que siento con respecto a esta amarga noticia.
Sólo puedo decir que nos ha dejado a todos con las lágrimas fuera, las ojeras puestas, y la tristeza en las miradas. Nos ilusionó cantando canciones y echando miradas sin poder hablar mientras intentaba recuperarse de aquel odioso derrame cerebral. Nos creímos que volvería a pesar de que no conseguía reaccionar. 7 meses convaleciente, 7 meses esperándola. Y ha decidido marcharse.
El mundo acaba de perder una lingüiste y una profesora de literatura increíble. Madura, rebelde, sincera, inteligente, irónica, y una mujer con una moral y unos principios inigualables. Y ella lo sabía, sabía que todos lo pensábamos de ella, y eso es lo mejor de todo, se fue con las verdades dichas, pero se fue...
Como no tengo fuerzas para articular más palabras (siento que me tiemblan hasta las piernas), sólo voy a escribir uno de sus poemas favoritos de Ángel González, que escribió de su puño y letra y colgó en el corcho de la clase, como si la estuviera viendo. Como si fuera a verla de nuevo, como si no hubiera visto nunca su nombre completo en la esquela de un periódico...como si ahora mismo ella estuviera entonando:

Le comenté:
?Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
?¿Te gustan solos o con rimel?
?Grandes, respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plato y se fue a tientas.


Ángel González



*Hasta siempre, Luisa*

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La historia de Alma y Amir (Final)

Los encuentros con Amir sucedían cada vez con más frecuencia, a la vez que aumentaban los síntomas de aquel ya indiscutible embarazo.
Alma sabía que en cuanto creciera un poco más el bebé, el Faraón se daría cuenta de todo, y posiblemente la castigaría con la muerte. Pasaron algunos meses, y el estado de Alma era ya más que evidente. El Faraón le dijo una mañana que hablaría con ella esa misma tarde, en su habitación, seriamente. Alma, asustada por lo que pudiera decirle o hacerle, fue en busca de Amir, para advertirle que había llegado el día en el que se decidía qué pasaría con ella. No tuvieron casi tiempo de hablar, se besaron y abrazaron, y se recordaron uno al otro el amor sincero que sentían, y juntos rezaron porque el castigo no fuera aquel tan temido por todos.
Llegó la tarde, y Alma esperaba nerviosa e impaciente por el Faraón, que se retrasó unas horas. Finalmente, éste atravesó el umbral de la puerta con el rostro teñido de seriedad y se sentó frente a ella.
- Verás Alma...- dijo el Faraón fríamente.- nunca pensé que pudiera llegar a estos extremos, en los que prefiero ensuciar mi honor y honra antes que quitarte la vida. Es evidente que estás embarazada, y está claro que no es de mí. Es evidente que tu virginidad me la han robado...pero no van a conseguir robarte a ti. En contra de la Ley voy a anunciar que he violado la tradición y he sacrificado tu virginidad antes de tiempo. Quiero que a partir de ahora se diga que ese hijo que nacerá es mío, aunque ello me cueste la imagen y reputación. En el caso de que oiga rumores que digan lo contrario, entonces no volveré a perdonarte la vida...ni al hijo que llevas dentro.
- Gracias.-dijo ella, aún sorprendida. Y se levantó y salió de la habitación.
Alma no estaba segura de todo aquello, pues que aquel hijo "fuera" del Faraón supondría que no podría abandonar nunca aquel palacio.
Fue a comunicárselo a Amir, quien le dijo que tuviera paciencia, pues estaba ideando un plan para escapar.
Pasó el tiempo y Alma se puso de parto. Todo el palacio se enteró de que nacía el hijo del Faraón, los gritos resonaban por todos los pasillos. Pasaron las horas, y finalmente nció un pequeño varón...de raza negra.
El Faraón al ver aquello sintió que el mundo se le venía encima, pues ahora ya no podría decir que era suyo. Enseguida el rumor empezó a extenderse por todos sitios, y salió de palacio enterándose así toda la ciudad. El Faraón sumido en un inmenso ataque de celos e ira, ordenó encerrar a Amir en el calabozo, pues sabía por boca de los soldados que los arrestaron en la tienda de Alma que al menos antes había existido algo entre ellos. Además había pocos hombres negros en palacio, y apenas cabía ninguna duda de que Amir era el padre.
Cuando Alma se hubo recuperado de tan doloroso parto y pudo al fin ponerse en pie tras unos días, aprovechó un momento de soledad con su bebé y fue en busca de Amir. No lo encontró por ningún sitio, ni en los calabozos, ni en los pasillos...y asustada fue al Faraón gritándole y confesándole la verdad, pues lo único que deseaba en aquel momento era volver a encontrarse con él.
- Ese insensato está donde debe estar. Ahora tú y tu hijo sois mías del todo.
Alma enseguida supo de qué le estaba hablando y lloró durante cuatro días seguidos la muerte de su amado. En esos momentos de flaqueza, la muerte de Amir le dio más fuerzas y ganas de escapar de aquel infierno, y en cuanto el Faraón se hubo dormido cogió a su bebé, lo amarró a su cuerpo con algunos mantos de seda que poseía, caminó sigilosamente los pasillos más oscuros del palacio y cuando estaba escapando por una puerta en la que no había vigilancia por ser secreta, la hermana del Faraón la sorprendió por la espalda.
Amina, corrió para llamar al Faraón, pero Alma instintivamente la detuvo y le pidió que por favor la escuchara. Le contó todo lo sucedido desde el mismo día en que conoció a Amir, y Amina que era bastante inteligente y comprensiva le dejó el camino libre además de proporcionarle un caballo del ejército de su hermano y le deseó suerte.
Tras unos días en la ciudad en los que Alma se cobijó en casa de aquella conocida que les ofrecía su hogar cuando tenían que hacer noche en Egipto, Alma partió hacia el desierto, donde después de un año volvió a ver a su madre. Ambas llorarond e alegría, y Fátima estaba impresionada por todo lo que había vivido y sufrido du hija en ese tiempo. Al día siguiente, Alma y Fátima huyeron de aquel lugar por temor a que el Faraón volviera a encontrarlas, y se instalaron en otro pueblo más lejano y remoto donde no las encontraría.
Se cuenta que entonces, aquel Faraón caprichoso y egoísta enloqueció por la marcha de Alma y una noche salió al desierto en su busca, cegado por la ira, y sin advertir lo peligroso que era lo que hacía murió de hambre y sed en el desierto pocos días después. Al no tener sucesores ni haber nombrado a nadie que ocupara el trono, se hizo con éste su hermana Amina, quien arregló enseguida la situación de Egipto y consiguió una estabilidad y felicidad en la ciudad que nunca antes habían vivido.
Alma y Fátima siguieron juntas con el pequeño Amir, que era la viva imagen de su padre...y la más fiel representación del amor que hubo entre los dos.

FIN

"Espero que les haya gustado, esta historia la escribí con trece años de edad, y aunque he hecho algunos cambios en la redacción del texto, el argumento continúa intacto." Gracias.

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La historia de Alma y Amir [2ª parte( y penúltima)]

Unos minutos después el joven estuvo totalmente recuperado. Le contó a Alma que venía huyendo de su pueblo donde lo acusaban injustamente por robo e iba a ser ejecutado. Pretendía llegar a Egipto pero había desfallecido antes de lo previsto. Alma sintió que tras conocerlo un poco más al hablar con él comenzaba a gustarle.
Aquella noche, Fátima la pasaría en casa de una conocida en Egipto, hacia donde había partido unas horas antes del anochecer para entregar las prendas remendadas y comprar al día siguiente lo que necesitaba.
Alma y Amir se encontraban solos en la tienda, y pronto estuvieron durmiendo. En medio de la noche, Alma se desveló y al mirar hacia su cama donde se encontraba el muchacho sintió el deseo de besarlo. Mientras él dormía se acercó lentamente a sus labios y le besó suavemente. Él abrió los ojos al sentir los labios de Alma, y enseguida continuó con el beso entrebriendo los labios y mezclando ambos sus cuerpos. Cuando la pasión se apoderó de la escena y comenzaron a desnudarse el uno al otro, cuatro soldados del ejército del Faraón irrumpieron en la tienda.
- ¡Quedan detenidos por orden del Faraón! él les explicará.
Sin dejarles apenas reaccionar los detuvieron y silenciaron bajo amenaza de muerte, y en menos de una hora llegaron a Palacio, donde el Faraón andaba impaciente de un lado hacia otro.
- ¡Ella! ¡Es ella! - Dijo el Faraón señalando a Alma.
- ¿Soy quién? - preguntó asustada.
- Mandad al muchacho con el resto del servicio, él no me interesa.
- Y tú...hermosa joven...serás mi asistenta, y dentro de un año mi esposa.
- ¿Pero...?
- Silencio. Lo decidí hace semanas cuando te vi bailando en el mercadillo de la ciudad. Me enamoraron tus caderas y desde entonces te he buscado por todas las casas, hasta que por fin pude avergiuar dónde vivías. Y ahora no hay más que decir. Si no quieres que acabe con tu vida.
Alma, asustada decidió callar, y tuvo que cumplir desde ese instante con el cargo que le había asignado el caprichoso Faraón. Se dedicaba a bailarle, prepararle el baño, comer con él, darle masajes e incluso despertarlo por las mañanas. Tan sólo quedaba un año para ser totalmente prisionera de las garras de aquel cruel hombre.
Lo único que el Faraón no podía exigirle era que se entregara a él, sólo podría hacerlo cuando se casaran, y hasta entonces Alma debía conservar su virginidad.
Estaba desesperada, y cada vez que encontraba a Amir en alguno de los salones del palacio, o en cualquier pasillo se lo contaba. Estaba desesperada por salir de allí, pero moriría si lo intentaba. Amir, que la deseaba con todas sus fuerzas se reprimía e intentaba convencerla de que hacerle caso al Faraón era la opción más inteligente.
Un día mientras ordenaba una de las ocho habitaciones de que disponía el Faraón notó cómo alguien entraba y cerraba puerta tras de sí. Pensó enseguida que sería el Faraón y venía a desnudarla y hacerla pasarlo mal como una tarde en que la obligó a bailar desnuda ante él.
Sin embargo al girarse pudo ver que se trataba de Amir, y que éste se acercaba a ella lentamente. Cuando estuvieron muy cerca se besaron...y entonces retomaron aquel asunto que dejaron a medias hacía unos tres meses en la tienda de Alma. Sobre una de las camas del Faraón se amaron e hicieron todo lo que deseaban en aquel momento. Cuando terminaron, Amir tuvo que huir antes de que el Faraón los encontrara allí, pues podrían morir los dos. Ella recogió y ordenó todo, e hizo como si no hubiera ocurrido nada cuando Faraón entró por la puerta. En el fondo estaba feliz, pero sólo porque aún no sabía que aquel rato de pasión había dejado dentro de ella el comienzo de un nuevo ser...

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La historia de Alma y Amir

Egipto no se encontraba en uno de sus mejores momentos. Alma y su madre Fátima vivían en el desierto, a una hora de la ciudad. Siempre les había gustado estar apartadas del resto de habitantes. Vivían con sus dos camellos, su tienda para protegerse y poco más. Alma nació el 21 de noviembre de hacía dieciocho años entre las doradas dunas del desierto. Cuando lo hizo su padre ya las había abandonado a las dos, y su madre tuvo que luchar para sacar a su hija adelante. Fátima iba cada domingo a la ciudad acompañada de su hija y vendía perfumes y ungüentos que servían como remedios para algunos dolores, que elaboraba ella misma con sus propias manos. Mientras su madre se dedicaba a esto, Alma bailaba moviendo sus caderas por algunas monedas.
En los últimos años estaba sentado en el trono del faraón un joven que los tenía a todos desesperados. Era caprichoso y egoísta, al contrario que su padre y antecesor. Solitario, siempre de mal humor, y se empeñaba en hacer pasar hambre a toda la población de Egipto. Su hermana Amina intentaba hacerlo entrar en razón y a menudo le aconsejaba sobre cómo debería gobernar la ciudad para que todo fuera estable y progresara, pero su orgullo le impedía oír e interpretar las sabias palabras de su hermana, y lo hacía y deshacía todo a su antojo.
Tal y como estaban las cosas en la ciudad, y el coste de las materias primas como eran por aquel entonces la leche, el agua y los cereales, los pobres campesinos no pensaban gastar su dinero en comprar perfumes ni ungüentos. Ni siquiera los más adinerados de la población se encontraban en condiciones de derrochar o darse un capricho. Todo el mundo estaba pasando hambre, todos en contra del sistema de gobierno, y todos estaban asustados por el futuro de sus hijos y de la ciudad en general, pues el faraón aún no contaba ni veinte años.

Tras contemplar la situación, Alma y Fátima decidieron no ir al mercadillo aquel domingo. Aún podrían sobrevivir con lo que tenían unas dos o tres semanas, luego habría que ponerse en marcha de nuevo.
Estaban sentadas fuera de la tienda, cosiendo y remendando algunas prendas que habían recogido por el pueblo, y por las que luego cobrarían unas monedas al entregarlas permectamente arregladas, cuando en la distancia pudieron ver cómo un hombre montado a caballo se aproximaba.
Con el paso de los minutos pudieron comprobar que el hombre que iba montado a caballo no estaba conciente, pues descansaba peligrosamente sobre el caballo mientras éste trotaba entre las dunas con miedo.
En cuanto pudieron, hicieron que el caballo se detuviera frente a ellas y lo agarraron. Llamaron al hombre, lo golpearon para ver si reaccionaba, pero no había respuesta. Era un muchacho bastante delgado, de raza negra, y parecía bastante joven. Iba medio desnudo y si no hubiera sido por ellas seguramente habría caído del caballo y habría muerto entre las arenas del desierto.
Lo bajaron entre ambas del caballo y lo llevaron al interior de la tienda tumbándolo en una de las dos confortables camas que tenían. Fátima se encargó del caballo, y lo llevó a donde los camellos, y allí lo refrescó, lo alimentó y le calmó la sed. Mientras tanto Alma humedecía la cara del muchacho con un paño empapado en agua y le hablaba y zarandeaba en espera de alguna reacción.
Cuando ya las gotas de agua chorraban por su rostro y tenía el pelo mojado, Alma en vista de que no reaccionaba decidió intentar que bebiera, aun estando inconciente. Entreabrió sus labios y con el mismo paño que lo estuvo refrescando dejó caer un pequeño hilo de agua que al resbalar por su lengua y entrar en su gargante la hicieron entreabrir los ojos.
- ¡Por fin! .-dijo Alma celebrando el que el joven estuviera comenzando a moverse muy lentamente y de sus labios salía una débil palabra que apenas se escuchaba :
- Aaaaguaaa...

Continuará...

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