El, tampoco tenía la tez blanca de los rudos hombres de las regiones polares. Su madre no había nacido bajo la aurora boreal y su piel, también era negro carbón.
Aquella que alentó su vida, llegó del sur; lejana tierra donde el sol brilla y la nieve no cae, y aunque Raromuk nunca extrañó su tez africana, Luna Azul apenas la dejó ver a nadie, cubierta con pieles que la defendían del invierno polar. ___Tú eres diferente___ le dijo, y el nacido raro lo entendió.
Su padre falta ya muchas jornadas. Partió en busca del Mamut y nadie de la partida sabe de él. Simplemente desapareció en el horizonte blanco.
Yayomuk, el anciano jefe tribal, transcurrido el tiempo que la tradición manda, comunicó a la mujer que su esposo, había viajado con el viento negro.
Y el pequeño comprendió porqué la madre vivió las últimas semanas acariciando su abultado abdomen mientras cantaba al que, anoche, rompió el silencio helado con el llanto de quien regresa del infinito en brazos del padre. Reconoció su voz, entre los vientos póstumos y supo que había dejado de ser único, para ser hermano del viento negro. ¡La nueva raza!
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La Estrella Polar, desde lo alto del oscuro y tenebroso firmamento hacia guiños horribles. Estaba mandando un mensaje; el mensaje que enviaba invariablemente desde años luz.
El parpadeo, imperceptible para una generación de humanos se había ido debilitando sin que nadie advirtiera su ocaso. Nadie relacionó que aquella mortecina estrella de estertorosos reflejos influía sobre las corrientes marinas, cambiando la banquisa polar, al tiempo que iniciaba el inexorable retroceso de los glaciares del sur, allá en los confines de la Tierra de Fuego.
Sabios y eruditos se arrojaron tesis catastróficas, apuntando efectos irreversibles que acabarían con la existencia de una humanidad tan perdida en tecnicismos como ahogada por los extremos pareceres de paganos y religiosos.
Tal vez arrastrados por su propia vorágine, en busca de una vida mejor, nos olvidamos los humanos de mirar hacía arriba; allí donde para unos hay un Dios y otros ven su irremediable pequeñez bajo el infinito firmamento donde la Estrella Polar pronto dejará de ser un referente; muerta y sin luz.
Nosotros sólo seremos mudos testigos del orden natural de las cosas.Y nadie? Nadie pensó, que simplemente todo lo que comienza acaba.
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1
Leunám no había saludado nunca a nadie hasta aquel día. A pesar de vivir toda su vida en el mismo barrio de la Fraternidad, a nadie conocía lo suficiente que mereciera un saludo que nunca dio, ni recibir pudo. Para sus vecinos, él era un desconocido al que muy de tarde en tarde acertaban a ver; tal era su reclusión. Pero aquel día, en el camino a la editorial fue diferente. No le importó que le devolvieran o no el saludo y a todos les dio unos ___ ¡Buenos días! ___ tan sonoros e inusuales que algunos devolvieron, más por reflejo cortés que por deseo cabal.
Ediciones Idella era, la única editorial que aceptaba la publicación de sus trabajos desde hacía tantos años que ni el mismo lo recordaba. El último tampoco, o más bien prefería no hacerlo para no tener que admitir sus cuatro años de sequía intelectual. La editorial estaba regentada por unos amigos suyos: Olebasi Mezgó y su mujer Aurora Rezpé. La editorial nació en sus inicios en Elda, pueblo levantino de reconocida fama zapatera, donde aquella actividad era infrecuente y más tarde, cuando las rotativas crecieron tanto como su presencia internacional se convirtió en la ?Bitter Publishing Company?, con sede en Limerick, bello pueblo irlandés, donde tenía puestos ahora sus mayores intereses.
Leunám, había enviado por correo a Irlanda, la pasada semana, el primer capítulo de su libro a Aurora, ya que, mientras su esposo Olebasi llevaba el taller de imprenta en España, ella se ocupaba de la floreciente editorial inglesa. Leunám todavía no tenía acabado el trabajo, pero quería que supiera que lo había logrado. No le había resultado fácil y especialmente ella, debía saberlo.
A pesar del tiempo transcurrido, Leunám no había olvidado la última conversación con su amiga.
___ Leunám esto ya no se lleva. Ha dejado de ser novedad. ___ Le había comentado la mujer.
___ Pero yo no sé escribir sobre otra cosa Aurora. No soy fabulista, soy un simple narrador que nada inventa, al que le aterra mentir o falsear la realidad.
___ ¿Por qué no intentas escribir sobre otras cosas?___ Le propuso ella.
Leunám sabía que, podría seguir llevando a la editorial obras del mismo género literario que había sido su especialidad, pero no lo haría. El escritor que llevaba dentro ya le había marcado el camino y él sabía que iba a ser así, costase lo que costase, por ello estando deseoso de que su amiga leyera su primera obra fabulada, no esperó a verla acabada y le envió aquel primer capítulo junto a una escueta carta de su puño y letra, como era su costumbre.
Él mismo estaba sorprendido de lo rápido que había concluido el trabajo. Después de cuatro años la inspiración le llegó de golpe, y con auténtico frenesí acabó el temario cerrando el libro con un total de trece cuentos y ninguno de montañismo. Estaba contento. Lo había logrado. Llegó a la editorial y entró por la puerta del taller siendo recibido por el tableteo de rotativas y el fuerte olor a tinta que tanto le gustaba. Con el abultado sobre bajo el brazo, lanzó al personal un inusual saludo sin saber que iba a ser lo último que hiciera en su vida.
2
Al otro lado del Atlántico, era mediodía en la verde Irlanda. La huelga de trabajadores del Post Office había finalizado y en la sede de la Bitter Publishing Company en Limerick se recibió toda la correspondencia acumulada en los cinco días de paro. Aurora Rezpe, la barajó y separó sobre la mesa de su despacho en varios montones, en función de su urgencia, como siempre hacía, pero se detuvo al ver la carta de su viejo amigo.
___ ¿Qué querrá Leunám? ___ pensó para sus adentros y extrañada leyó la misiva:
Apreciada Aurora:
Desde tu consejo he intentado por todos los medios escribir sobre otros temas que nada tuvieran que ver con la montaña. Estoy en ello y de una u otra manera, ahora sé que tendrás el resultado. El trabajo que te adjunto para su lectura, no tiene título, ni está acabado.
Que disfrutes de tu estancia en la bella Irlanda. Afectuosamente,
Leunám Tresma
Tomó los folios en cuyo encabezamiento figuraba solamente el signo ortográfico de interrogación, e intrigada se entregó a su lectura:
?
¿Qué escribir? No encontraba respuesta. Cada vez que inútilmente, me esforzaba por rellenar el blanco inmaculado de un folio de papel, allí estaba; impasible, casi risueño, mirándome descaradamente desde su posición, que aún siendo inferior sobre mi mesa de aprendiz de escritor, me desafiaba con prepotencia altanera cuando necesitaba expresar mis ideas o simplemente formular conceptos generales o incluso ajenos, que por ser menos dolorosos de parir, sólo precisaban algo de memoria y el propósito de su mención.
Como un hechizo o conjuro medieval, el símbolo me produjo tal obsesión que llegó a enfermedad crónica y causa de virulentos sarpullidos por el chasquear constante de las yemas de mis dedos, indecisos en mis manos quietas, tan perdidas sobre el teclado como mis ojos sobre el papel en nervioso tic visual, saltando por las veintisiete letras del abecedario; las simples de un alfabeto, tan pulcro y limpio de trazo como moldeable y de complicada composición, que aún se agrava más, dando oportunidades necesarias a tildes, comas y otros signos ortográficos que la narración precisa. No olvidé la compuesta che, muleta valenciana nuestra, ni el gracejo andaluz de la doble ele que completan las veintinueve fijadas hace ya más de doscientos años. No las olvidé, pero tampoco ordenarlas pude de un modo? ni académico y serio, ni genial y divertido, ni veraz y vanguardista, ni lírico y poético, ni banal y entretenido, ni locuaz e inteligente, ni esperpéntico y absurdo, ni atractivo y bello?
No sigo. No encontraba siquiera el estilo. El papel me miraba. Se reía en dolorosa mueca de inútil remedio, e inservible quedé para expresión alguna, y aunque le dominaba en el espacio de mi mesa, sometido me tenía él y sólo podía ver aquel signo preguntón que, una y otra vez cual intermitente latido, golpeaba mis sienes vacías de ideas; secas de cualquier muestra de genio.
En mi obsesión le hablaba al papel y no contestaba. Si su desprecio era grande, mayor era mi venganza rompiéndolo en pedacitos tan pequeños que desaparecían entre los huecos de mi papelera ___ ¡Para que aprendas! ___ Le decía, y sintiéndome ganador, apresuraba la cadencia del chasqueo de mis dedos, convencido de que:
___ ¡Ahora sí! ¡Ahí llega mi inspiración! ¡Ya viene! __la siento bailando sobre mis sienes y espero a que, a borbotones fluya viva entre mis dedos y se escuche el tamborileo del teclado, ordenando_ la genial disposición de una idea.
___ ¡Aquí está! ¡Ya es mía! Pero? ¿Qué? ¡No te vayas! ¿Dónde estás, con lo clara que te sentía? Se fue; no toda, pero si la completa idea.
Me había dejado unos pedacitos que no lograba encajar y sufría pensando inútilmente en una solución que no llegaba. El folio en blanco volvió a reírse en toda mi cara. No lo soportaba y acabó también en la papelera. No estaba hecho añicos, pero lo apreté tanto entre mis manos que si alguien hubiese intentado alisarlo, quedaría por viejo, inservible para plasmar cualquier otra opinión.
___ ¡O eres mío o de nadie!___ le dije, y otro hermano suyo, tan blanco y limpio como los anteriores, encajé sobre el rodillo de mi Hispano Olivetti, para repetir el rito, en busca del momento mágico que deje señal de mi raza de escritor comprometido y genial. Pero las musas no llegaron.
Ridículo y humillado, supe que no aguantaría mucho antes de volverme loco. Sí, lo supe, y tal vez por ello, de un tirón saqué el papel y con nerviosismo incontrolable lo uní al montoncito de los otros inmaculados folios dándole unos cachetes sobre la mesa para cuadrar sus cuatro lados antes de encerrarlos en el oscuro cajón.
___ ¡Para que aprendas! ___dije a nadie, pues sólo yo escuché mi enfado.
Los días siguientes confieso que estuve tentado de abrir el cajón y repetir el vano intento de escribir, pero resistí y no lo hice. A diario me sentaba recostando mi cabeza sobre el sofá con la mirada fija en mi vieja máquina de escribir esperando una señal que nunca llegó.
Una mañana, no se por qué, ni tampoco me preocupó el saberlo, fui derecho desde la cama hasta la máquina de escribir. Saqué de su encierro el montoncito de folios y al primero le dije:
___ ¡Esta bien maldito! ¡O tú o yo! ___ Inserté con brusquedad el folio y mis dedos iniciaron el chasqueo acostumbrado.
Dejé la afilada y desnuda hoja de afeitar junto a la máquina, al mismo tiempo que mi imaginación solté a volar en búsqueda de la inspiración que me faltaba.
Fuere cual fuere el final, yo habría ganado y el folio, dejaría de ser inmaculado, por la negra tinta impresa, o mi roja sangre manchado.
Aurora quedó perpleja. Su amigo era capaz de cualquier cosa, más todavía, sabiendo del largo periodo de encierro y ansiedad a la que estaba sometido y lo hundido que le había visto últimamente. Recordó su consejo dado cuatro años antes y no supo que pensar. Sonó el teléfono y todavía absorta lo cogió.
___ ¡Si! ¿Quién llama?___ Al otro lado del hilo y del frío mar, Olebasi le daba una mala noticia a su esposa.
___ Aurora, Leunám ha muerto esta misma mañana.
___ ¡Dios mío! ¡Ha sido el papel blanco!
___ Sí. ¿Pero como puedes tú saberlo? ___preguntó el marido asombrado.
___ Él mismo me lo ha dejado entrever en una carta que he recibido.
___ ¿Cómo puede ser, es imposible?___ Olebasi no entendía nada. Estaba tan confuso como su mujer y dijo
___ Bueno ya lo hablaremos, ahora tienes que venir a España, el Juez que ha instruido el levantamiento del cadáver en el taller, se ha llevado un sobre dirigido a ti, a fin de conocer la naturaleza de su visita a la editorial y ha llamado pidiendo tu presencia, toda vez que la carta está a tu nombre.
___ ¿Pero es que ha sido en el Taller? ¿De qué carta me hablas? ¿Qué dice la carta?___ un cúmulo de preguntas se agolpaban en el cerebro de Aurora que comenzaba a no entender nada. Su marido le calmó antes de despedirse:
___ Sí, ha sido esta mañana en el taller. Llevaba un sobre a tu nombre y no sé lo que dice. Lo tiene el Juez y quiere abrirlo en tu presencia. ¿Cuándo vendrás?
___ Cogeré un vuelo mañana mismo ___ Contestó todavía ofuscada.
___ ¡Hasta mañana! Tranquilízate que ha sido un desgraciado accidente. Un beso. ¡Adiós!
No supo que decir. Siguió un rato con el teléfono pegado a la oreja escuchando como hipnotizada el pit, pit, pit característico de una conversación finalizada.
3
Sabiendo que no lograría conciliar el sueño, Aurora había reservado el primer vuelo. Llegó luego temprano a la ciudad desde el aeropuerto. Todavía no había empezado a llover, pero el valle entero se difuminaba bajo el oscuro horizonte de la montaña de Camara. Recordó el dicho popular que tantas veces le había escuchado decir a su malogrado amigo: ?Cuando Camara se enoja, todo el valle se moja? y no pudo evitar sonreír. Antes de ir al taller, como le venía de camino, mandó parar el taxi a la puerta del Juzgado dispuesta a llegar hasta el final. Nada podía dolerle más que el sentimiento de culpa que arrastraba y quería acabar cuanto antes con aquello.
El Juez la recibió inmediatamente:
___ ¡Gracias por venir tan rápido! No he querido violar la correspondencia, sabiendo la amistad que les unía y he preferido que la abra usted, y si considera que puede tener alguna relación con el accidente, o justificar la presencia de Leunám en la editorial me lo comunique para cerrar las diligencias.
___ ¿Accidente? ¿Cómo puede ser un accidente?
___ Así lo ha considerado la policía de atestados tras interrogar al personal de su empresa y yo mismo pude comprobar durante el levantamiento del cuerpo que había sido una fatal coincidencia el vuelco del toro mecánico cargado con la bobina de papel en blanco destinada a alimentar la rotativa. El empleado salió ileso, porque pudo saltar nada más iniciar el vuelco el vehículo, pero Leunám, que estaba de espaldas no pudo velo y cayó aplastado en presencia de los trabajadores a quienes, en ese momento, estaba saludando.
Aurora que había quedado visiblemente ofuscada y con la boca abierta, sin mediar palabra alguna, tomó el sobre que el Juez le tendía y lo abrió sacando de su interior un buen puñado de folios, perfectamente numerados. Reconoció las dos primeras páginas, que ella ya había leído y vio que continuaba un nuevo texto que no pudo resistirse a leer:
__ Eh, ¿Qué es esto? Creí estar todavía dormido, pues antes de llegar a poner mis manos sobre la vieja maquina de escribir, rebotaron las teclas como bailarinas frenéticas con invisible empuje y en un plis plas quedó el folio escrito. Sorprendido lo leí.
Somos muchos esperando y mucho el tiempo transcurrido. Amontonados y en orden, aguardamos su llegada. Desde hace tiempo viene ocurriendo así y es algo que tenemos aceptado. Nadie se queja. Los últimos de la cola siguen tranquilos sabiendo que tampoco hoy les llegará su turno, dado el ritmo de trabajo, pero en los primeros se advierte nerviosismo y algunos, impacientes, tratan de verle aparecer por el escaso horizonte que podemos divisar. Nunca se sabe cuantos de nosotros seremos hoy necesarios. El hombre que tiene en sus manos nuestro destino llegará, como cada mañana, afeitado y aseado, leyendo los titulares del periódico mientras camina. Le he visto repetir monótonamente los mismos gestos a diario y hoy no tengo ningún interés en volver a contemplar la escena. No negaré que estoy nervioso, pues ocupo el primer lugar. Con toda seguridad hoy se decidirá mi futuro, para bien o para mal y me gustaría tanto poder hacer el trabajo, que doy por bueno el sufrimiento hasta llegar aquí.
Ya casi he olvidado mi tierra donde el bosque de eucaliptos llenaba de aroma el ambiente. Sufrí lo indecible al verme arrancado del entorno que me vio nacer y destrozado quedé en el largo camino de reconversión hasta ser lo que soy ___ ¡Cuánto he cambiado!___ aunque lo digo sin pena pues acepto el destino que ya se acerca. Me siento totalmente listo para cumplir con pulcritud mi cometido. Él no tardará en llegar, lo sé. Entrará en la oscura estancia sin mirarnos siquiera. Abrirá de par en par los ventanales dejando que la luz ilumine la destartalada mesa y encenderá su primer cigarrillo de la mañana. Ya llega. Tengo miedo y noto que él también lo tiene. Un solo titubeo, un error o un mal pensamiento por su parte y estaré perdido para siempre. Ya estoy con él, o él está conmigo. Me lleva hacia la máquina sin tener conmigo el más mínimo gesto y me acomodo en ella esperando sus deseos. Aquí me juego mi razón de ser. Al principio el silencio se me hace eterno, luego el tecleo es infernal y afortunadamente largo y fructífero, después otra vez el silencio y al fin veo que sonríe.
__¡Lo ha conseguido!, ¡Y yo, he dejado de ser un folio en blanco.
Aquello era una señal. Saqué el folio del rodillo de la máquina de escribir. Estaba ligeramente curvado, le di la vuelta y lo volví a introducir. Pronto dejó de estar limpio.
De letras que formaban palabras y palabras que formaban frases, llené el papel que ya no era inmaculado. ¡Yo había escrito en él! La esperanza vuelve a mí y entiendo al fin que lo importante es no dejar de escribir. Hacer explotar el pensamiento humano que llevamos dentro y romper su mudez para compartirlo con otros seres humanos haciéndolo universal e intemporal.
El signo se fue de mi pensamiento obsesivo. Mi musa genial ya conoce el camino, cada vez que yo la llame. Feliz, tiré la afilada cuchilla de afeitar a la papelera. El negro sobre el papel estaba asegurado. Sólo restaba mentar aquel periodo de mi vida de una manera tal que nunca más pudiera olvidar.
4
Aurora Sonrió liberada del hondo sentimiento de culpabilidad que le había asaltado durante las últimas veinticuatro horas. Su amigo lo había conseguido. ¡No se había suicidado! Buscó en el interior del sobre grande y encontró una nota que leyó:
¡Lo conseguí! Mil gracias Aurora por estimular mi creatividad con tus opiniones Aquí te entrego mi obra de fábulas acabada que he titulado ?Cuentos de la casa de las pérgolas?.
En cuanto al título del primer cuento, cuyo principio te mandé y que fue motor de toda la obra, expresamente lo he dejado a tu elección, en humilde pago por el empuje dado.
Afectuosamente,
Leunám Tresma
Aurora entregó al Juez la carta, quien después de leerla le dijo que no habiendo nada nuevo que argumentar sobre el accidente dictaminado, habían terminado y le agradeció su pronta visita y colaboración.
Pero cuando la mujer ya se marchaba, el Juez le preguntó: ___Señora Mezgó, por curiosidad ¿Qué título le pondrá al cuento? Ella se volvió, y antes de abandonar el despacho, miró al Juez, sonrío y le dijo:
___ Es fácil y creo que define bien su contenido: ?Dos versiones para un problema?.
El ronco tronar de un tiempo desatado dio, una vez más, la razón a Camara y la lluvia comenzó a resbalar por los amplios ventanales del despacho.
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Honorato tomó la carta. No le sorprendió, siendo ya Enero, recibir aquella tarjeta de Navidad. Venia matasellada desde el hotel que conocía bien; no en vano sólo hacía dos días que había regresado de allí, y la abrió sin sorpresa. Decía así:
Son demasiadas navidades deseando paz, alegría y felicidad, sin que sirva de mucho. Deben tenernos por imbéciles quienes viven en la parte ancha del embudo y dominan el globo a su antojo, por ello, a los malvados del mundo y sólo a ellos, dedico este año mis deseos, por qué, aunque de nuevo es navidad, ésta vez ya estoy cansado:
Cansado de ser panoli a beneficio de cerdos intocables, que nunca atrapa la poli.
Cansado de la ley injusta, que más que ciega es falsa y necia, absurda o tonta.
Cansado y arto de tanto lagarto en este país de las mil maravillas, donde sólo hay carbón, para quien pone la otra mejilla.
Que nadie se asombre si maldigo al hombre que a una mujer maltrata.
Que le den garrota al que vive de la infamia que a un niño explota.
Que mal rayo parta, al político corrupto que olvida a su pueblo y sólo hace bulto.
Que el año venidero caigan las caretas de todos los profetas y que muera el beneficio, de aquellos que sin oficio, sólo piensan en su bancal.
Que sea infeliz el gobernante opresor, ¡o mejor! que se ahogue en su propio asco, que este mundo es un fiasco y algún día tendremos que hacerlo mejor.
Que el avaro lo tenga todo, y el ruin su propia orín y que ambos en ese lodo, se coman codo con codo, toda la mierda de su festín.
A las mujeres y hombres corrientes, a nosotros, a quien todos mienten y engañan, que el año venidero se nos caiga la venda y el tapón, y acabemos con tanto cabrón, ¡ladrón del orégano y del monte!
Nada lamento si en algo ofendí, ya que siendo así lo que siento, que mi plegaría se os atragante, cada vez que finjáis ceguera ante el humano amor, la pobreza o el honor.
Y si es que os hace ilusión, brindemos por la ocasión del año venidero, para que sea quien sea, el que todo lo ve, que a cada cual dé su merecido, pues a este mundo hemos venido, nadie sabe a qué, pero de él te llevarás, lo que guardes en tu corazón? Y nada más.
En el lugar de la firma figuraba en claro apercibimiento un: ¡Por tercera vez te lo advierto!, que hizo sonreír a Honorato.
Guardó la tarjeta en un bolsillo de su americana y dejó el despacho.
__ Adiós señor alcalde, ¿Cómo sigue su padre? __ Preguntó cortésmente su secretaría.
__ Igual. Desde hace tres años, sigue igual; aunque ahora está de vacaciones __ notó perplejidad en la mujer, cuando se despidió de ella y salió a la calle.
Antes de regresar a casa, pasaría por la oficina de correos. Algo no funcionaba y era parte de su trabajo arreglarlo, menos mal que cada año desde su hotel de vacaciones, quien más le quería, aunque a su manera, se encargaba de recordárselo.
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¡De tu madre no digo nada, pero tu padre es otra cosa! Aunque de él, mejor no hablar.
Como el sábado, sin ir más lejos, Tomás volvió esta noche a desgañitarse creyéndose cargado de razones. Calló lo justo para inflar sus pulmones con la furia de mil desgastados reproches, mientras doblaba en dos la retorcida toalla, asegurándose de la efectividad del golpe. La repetida maniobra, preludio de una barbarie que apenas dejaba señales, le hizo envalentonarse.
__ ¡Y tu hija!, ¿Qué dices de tu hija? tan ?cagadita? a ti. ¡Por no mentar al maricón de ?tu nene?!
Como ella no contestó, la ausencia de respuesta con la que justificar su brutalidad de macho, le perturbó.
Tres noches antes, el sábado, sin ir más lejos, tampoco dijo nada cuando el mentado padre se interpuso en la pelea y la apartó a tiempo del ventanal y de su cólera, y el bordillo de la acera, desde el abismo de cinco pisos, le llegó a Tomás vertiginoso para romperle la cara, mientras su arma de rizo blanco volaba hasta el mismísimo centro de la calle.
Recordarlo acrecentó su rabia. Notó como se inflaban las venas de su deformado rostro, mientras su mujer, relajada y ajena a su ira, le daba la espalda girando sobre sí misma, para continuar su plácido sueño, felizmente abrazada a la almohada.
Ya amanecía, cuando sintiéndose fracasado y furioso, cruzó Tomás atropelladamente la pared de la alcoba y como había venido, se fue.
Más tarde, con relamida pereza, la mujer despertó feliz. Le esperaba, al fin, su estrenada libertad en este tercer día de su nueva vida, que había comenzado? el sábado, sin ir más lejos.
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