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Letras Fugaces

Este es un blog de creaciones literarias mías, iré intercalando una serie de reflexiones de un personaje de mi creación con otros textos


Hechicera

 HECHICERA


Dama de noche, sueño de día


Hada de mi mente, gran suerte


Cierro los ojos, para poder verte


Amor sin plazos, mar en la ría


Sortilegios buenos, sin magia


Sensuales madrugadas, locura


Jornadas sin término, bravura


Cuando te vas, gran nostalgia


Como resumir tus hechizos


Si son de lo más agradable


Como bálsamo muy amable


Ensortijados entre tus rizos


No me mires fijamente, maga


Tus ojos mi cariño reflejan


Resistiré pues no me dejan


Encántame, sin dejar a la zaga


Autor: Juan Gregorio García Alhambra


30/05/2014


 

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Imperfección

 IMPERFECCIÓN


Sí, soy imperfecto, como las nubes


Imperfecto, como las ramas de un árbol


Asimétrico, como los acantilados


Indomable, como cien leones fieros


Imperfecto, como las hojas del otoño


Anárquico, como las letras de un crucigrama


Iluso, como los sueños de mil locos


Imperfecto, como los suspiros fatigados


Y sí, te amo, te quiero, te adoro


¿Por qué? Tú también eres Imperfecta


Autor: Juan Gregorio García Alhambra


26/02/2014


 

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Y... se fue el Sol

 Y... SE FUE EL SOL


 


            Hoy es uno de esos días en que tengo tiempo de ir a pasear. Son las cinco de la tarde de un día del mes de Enero. Mi paseo se prolonga, y salgo a las afueras, veo el campo. Todavía me deslumbra Febo, nuestro astro Rey. Pero cuando va cayendo todo se va transformando. Primero largos destellos anaranjados. Luego un sinfín de colores, cálidos por donde desciende, cada vez más fríos por levante.


            Me embeleso, ese paisaje que creía vulgar y que ignoro casi siempre, se vuelve mágico. Sí, y unas nubes que antes ni me llamaban la atención, cobran protagonismo. Se deshilachan, se tiñen, juegan al contraluz y coquetean con los rayos de Apolo.


            Y pienso que esto se repite, continuamente, cada día. Y yo no puedo verlo siempre. Pues así estaría eternamente, viendo un ocaso que solo es el preludio de la noche. Hoy  hay novilunio. Y no están rivalizando, el Sol y la Luna. Ahora es predominante el Sol. Todo el frescor de la tarde, ese horizonte que separa la luz de la oscuridad y las nubes, y los espectadores, en definitiva, el atardecer nos llena.


            Es una rutina maravillosa. Es más es anómala. Nunca hay dos ocasos iguales. ¿Y que es rutina sin repetirse? Pues sí, como dos amantes se repiten un “te quiero” que no suena igual. Cuando esto último sucede, somos felices, y el amor crece cada vez que todo se repite. Así es el apagarse del sol, una muerte que resucita al día siguiente, en otro espectáculo sin par. Vemos a Amón, dios egipcio, dios de la luz, del día, del calor, yéndose a dormir. O se va a buscar su intimidad, no, ahora sabemos lo que hace. Nos deja aquí, y se va allá. A iluminar el mundo, una bolita que necesita de todo: luz, calor, energía, y amor, parecido a Amón, sería eso en egipcio.


            Me quedo viendo cuando se va. Y cuando desaparece, sigue la danza de colorido. La noche entrega su manto al cielo y la claridad se resiste numantinamente. Escribo esto después de que las estrellas nos cobijen. Soy el notario de que un día ha terminado. Pero la noche lo sigue y luego una nueva jornada.


            Esta vida es maravillosa, solo miremos a nuestro alrededor... Claro, hay cosas malas, pero por nuestra culpa. Si miráramos más los paisajes calmaríamos nuestros malos sentimientos. Si el sol no solo nos deslumbrara sino que nos iluminara. Si la Luna no fuera un satélite, sino nuestra confidente. Si los ríos no llevaran agua, sino vida. Si el desierto no fuera estéril, sino la puerta al oasis. Bueno creo que no me he dormido, pero ya estoy soñando.


            Claro que podría llenar muchas líneas con un atardecer que apenas ha durado media hora. No voy a seguir, salid y vedlo por vosotros mismos. Y si podéis id con alguien, un conocido o conocida, un familiar, vuestros amantes o vuestras amantes, pero por favor, no habléis. Dejad que Apolo os sugiera todo y después hablad, amaos o sonreíd.


            Otro día volveré y, callado pensare que Dios nos dejó todo, el amanecer, el atardecer, y los buenos sentimientos. Espero que quien no crea en Él, tampoco desprecie lo que en este planeta hay. Adiós Febo, y saluda a las antípodas.


 


 


AUTOR: JUAN GREGORIO GARCÍA ALHAMBRA


21/01/2004

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El Sabio Desterrado

 EL SABIO DESTERRADO


Érase una vez un joven, ambicioso y resuelto. Buscaba la verdad y la forma de cambiar un mundo que se le antojaba injusto y anticuado. Por más que iba preguntando a gente ilustrada no daba con la clave de las pautas de vida adecuadas. Unos lo cifraban en las riquezas, otros en la clase social, otros en el cargo que ocupabas, aquellos en el poder que tenías, éstos en la gente que te seguía.


            Después de haber consultado muchas mentes, decidió ir a buscar a otro lado. Nadie le decía nada que el no hubiera supuesto. Pero cambiar el mundo con métodos que lo dejaban como estaban pues no era el camino.


            Un amigo le dijo que en unas montañas lejanas habitaba un sabio. No se había ido allí por placer. Debido a su gran sabiduría, muchos eran los enemigos que querían verlo muerto. Así que se retiró a las montañas. De esa manera no llamaba la atención y se quitaba  de en medio antes de que alguien lo hiciera por otros métodos más violentos.


            Nuestro amigo se puso en camino y, tras diversas aventuras y peripecias logró dar con la casa del sabio. Era casi un palacio, pero un palacio natural, pues era una cueva que tenía como varias habitaciones. En ellas el sabio guardaba todos sus libros y sus artilugios para observar la naturaleza y a los hombres.


            El joven se presentó resuelto al sabio. Diciendo que iba a cambiar el mundo. El sabio lo miró de arriba abajo y le dijo, en primer lugar ¿Estás dispuesto a cambiar tú? Nuestro amigo se asombró  e incluso se molestó ¿Por qué tenía que cambiar?


            El maestro le dijo: -Antes de cambiar algo debemos cambiar nosotros. Si no haremos las cosas como antes y nada habrá variado. El joven dijo: -Bien ¿En que debo cambiar?


            - Primero tienes que averiguar si realmente quieres cambiar el mundo o hacer un mundo a tu medida. Me refiero a que si en verdad lo que quieres es que este planeta pase de ser gobernado por unos tiranos para ser sustituidos por otros (entre lo que quizás te encuentres tú) O lo que quieres es un mundo ideal, ahí me refiero a que quieres algo que es muy improbable que se produzca enseguida, por lo que tu morirás antes de que cambie y quizá te sientas frustrado por ello.


            -Para ello tienes primero que cambiar, en el sentido de purificar tu alma, tu espíritu, tu mente o como quieras llamarlo. Desechando lo anterior y dando lugar a una imparcialidad que es muy difícil de conseguir (todos tenemos prejuicios) Así puedes “intentar” cambiar la faz de la Tierra, pero no te aseguro que lo consigas. Muchos otros y otras lo han ensayado y no lo han conseguido (incluso han perecido en el intento parte de ellos y ellas)


            -No creas que existe una fórmula mágica. La magia solo existe en nuestro cerebro. Cuando pensamos que algo es mágico lo es. De ahí que la gente piense que los milagros existen. Si estás convencido de que algo se ha producido milagrosamente o por magia, bastará eso para que creas en los milagros o en los magos.


            -Pero –protestó el joven- ¿Entonces no es posible cambiar el orden establecido?


            -Sí –contestó el sabio- pero habría, no solo que cambiar el mundo en sí, sino educar a todas las personas desde pequeñas en valores e ideas que no son muy aceptadas. Ni entre los gobernantes, ni entre el pueblo llano.


            -¿Y cuáles son esos valores e ideas?


            -Bien –contestó el sabio- habría que pasar muchas jornadas para explicarlo. Pero lo sintetizaré en unas ideas:


            * Primero: El bienestar se basa en la felicidad. Se tiene que buscar la felicidad, pero no imponerla. Es decir, ser uno feliz y contagiarla a los demás.


                * Segundo: Escuchar. Hay que conseguir que nuestro discurso no sea un monólogo en el que los demás no tengan participación. Hay que escuchar y tener en cuenta cualquier opinión, aunque nos desagrade.


            *Tercero: Lo que la mayoría dice no tiene por que ser lo más adecuado. No me refiero a que las minorías tomen las decisiones, sino  que deben consensuarse (no imponerse por una determinada mayoría) unas normas generales y consultarlas cuando se considere que puede haber un abuso por parte de la parte mayoritaria.


            *Cuarto: Si hay que imponer sanciones, no buscar escarmentar al que ha cometido la infracción. Lo mejor es hacerle ver el daño que ha cometido e incluso mostrarle las consecuencias de su acción. Si no se arrepiente, incluso con eso, aplicar las normas que se hayan dispuesto, sin ensañarse.


            *Quinto: Las normas no son infalibles. Hay que considerar que una ley puede estar equivocada o, incluso, desfasada. Por muy importante que sea una ley o por mucha tradición que tenga, se debe pensar que las leyes están a nuestro servicio y no nosotros al servicio de la Ley.


            *Sexto: El primer enemigo de una buena convivencia es el egoísmo. Si, por cualquier circunstancia pensamos que lo nuestro (nuestras ideas, nuestros intereses, nuestro comportamiento) está antes que lo de los demás, no habrá convivencia. No está ni antes ni después. Como he dicho antes, se debe escuchar y luego decidir lo que es más conveniente.


            *Séptimo: Reconocer los errores. Esto es muy importante. Si algo no has hecho bien, no porfíes en ello. Rectifica y vuelve a empezar, escuchando incluso a los que te critican.


            *Octavo: Cuando corrijas a los demás hazlo teniendo en cuenta lo anterior, que tu también cometes errores.


            * Y Noveno: Si quieres que todos estén en paz, entre ellos y contigo, mantén tu también una paz interior. Esto se consigue mediante el equilibrio mental y no siendo contradictorio (sobre todo) con lo que dices que tienen que hacer los demás. Si predicas una cosa y haces otra, pocos creerán en ti.


            El joven se quedó un poco pensativo, pero luego dijo: -Todo eso es muy deseable, pero muy difícil de llevar a cabo. No sé quizá el mundo es como es y cambiarlo es tarea imposible.


            Y el sabio sonrió y le dijo al joven: “El deseo y la realidad pueden ser diferentes, de ti depende que sean equivalentes”


            -El sabio añadió –Yo quise cambiar el mundo y aquí me tienes, desterrado, odiado y perseguido. Pero no he desistido de cambiarlo, como ves, tú me has pedido consejo y no te lo he negado. Quizá yo ya soy viejo y achacoso. Pero tú eres joven y decidido. Si lo intentas y cambia habrás logrado tu propósito, aunque el cambio se produzca en siglos. Si no lo consigues, por lo menos lo habrás intentado. Lo dijo algún sabio: “Nunca sabrás si podrás conseguirlo si antes no lo has intentado”.


            El joven se fue, cabizbajo y pensativo. Y probablemente dejaría el mundo como estaba. El sabio, a lo pocos días fue apresado por los mandatarios cercanos. Condenado a muerte por disidente y ejecutado. El mundo se resistía a cambiar y la gente se conformaba con lo que tenía, fuera bueno o malo.


            Pero quedaban muchos jóvenes y algunos sabios que pensaban que el cambio era posible y quizá lo intentarían algunos de ellos. Y un lema se alzó entre todos ellos para conseguir que la felicidad fuera posible:


            “El mundo en sí no puede cambiar, quienes debemos cambiar somos las personas y nuestras actitudes”


AUTOR: JUAN GREGORIO GARCÍA ALHAMBRA 21/09/09

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Relato San Valentín

Un Relato para San Valentín


 EL PRINCIPE SOLITARIO


 


            Érase una vez un Príncipe que reinaba en el reino de la Armonía. Gobernaba muy bien el destino de su pueblo. Como la monarquía era electiva no se preocupaba por tener descendencia pues elegirían a cualquier otro cuando él muriera. Estaba demasiado enfrascado en las tareas de Gobierno como para ocuparse de buscar esposa. Además no le agradaba la idea de tener hijos, pues le distraerían igualmente de sus ocupaciones gubernamentales.


            Pasaba el tiempo y el reino era próspero y feliz. Sus habitantes veían poco normal que su Príncipe no tuviera compañera, pero eso lo compensaba su buen talante como administrador. Tenían todo lo necesario para ser el reino ideal… menos una Princesa.


            Vino un Rey de un país lejano a visitar al Príncipe. Le venía a proponer una alianza de ambos reinos para intercambiar productos comerciales y también de acercar sus culturas, aportando maestros y sabios recíprocamente un reino al otro. Con él iba su hija, una chica bastante guapa, pero que no había querido casarse con ninguno de los pretendientes que le sugería su padre.


            Cuando lo recibió el Príncipe, el Rey le preguntó que donde estaba su esposa, pues le agradaría saludarla. Le contestó que no tenía esposa. El Rey lo consideró extraño y le preguntó que porqué era que sucedía esto. El Príncipe le dijo que no consideraba necesario tenerla y que sus asuntos de Estado eran más importantes que tener una familia.


            El Rey sonrió, le dijo que él tenía una hija que pensaba más o menos lo mismo. Pues no quería casarse y vivía independiente sin preocuparse de ningún pretendiente. Al Príncipe le agradó que hubiera alguien que pensara como él, y además de sangre real. Le dijo al Rey que le gustaría conocer a su hija para compartir con ella sus pensamientos.


            El Rey pensaba que solo era una treta de un Príncipe que seguramente sería un conquistador empedernido y por eso no necesitaba esposa. Pero accedió a que su hija hablara con él, pues nada perdía, ya que ella tampoco quería casarse.


            La Princesa se reunió con el Príncipe y hablaron durante horas. Tenían tanto en común que, cuando se despidieron, el Príncipe le dijo a su padre que si venían de nuevo lo acompañara la Princesa, pues le agradaba mucho su conversación.


            Volvieron y siguieron intercambiando pareceres. En una ocasión que partían varios mercaderes con género para el Reino de la Princesa y el Rey, el príncipe los acompañó. Esta vez era distinto, de tanto escuchar a la Princesa ya no sólo le interesaba su voz y sus vivencias, ahora la miraba a los ojos, observaba su figura y soñaba con acariciar ese pelo sedoso y largo.


            Poco a poco, el Príncipe se fue enamorando perdidamente de la Princesa. Y se lo hizo saber. Ella, al principio le dijo que seguía en su determinación de no casarse. Pero era una treta para saber si verdaderamente el Príncipe estaba interesado en ella. El Príncipe no se resignó, le mandó un regalo con una carta en la que le explicaba todo lo que sentía por ella. Y le pedía, por lo menos, que le prestara atención, que si luego no quería que se relacionaran, él lo entendería y la dejaría en paz. Pues ante todo quería que ella fuera feliz, aún a costa de la infelicidad del Príncipe.


            La contestación de la Princesa fue que se reunieran en el Palacio de Invierno del Rey y allí, en un jardín bellísimo, los dos se  juraron amor eterno. Eran iguales en cuanto a sus ideales, pero también eran afines sus dos corazones, que sintonizaron desde el primer momento.


            Se casarón ante el alborozo de los ciudadanos de uno y otro reino. Y no, no vivieron felices y comieron perdices. Sino que unieron sus destinos en el amor y su existencia fue dichosa y placentera. Sus reinos florecieron como cerezos en primavera. Y así acaba el cuento de un príncipe solitario que encontró en una princesa su mejor compañía.


 


“El amor puede esperarte en cualquier lado, pues en el mundo nunca estamos solos”


 Juan Gregorio García Alhambra


12/02/10

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La Luna

 


ERES, COMO MI LUNA

Eres delicia, eres noche

Eres luz, casi un planeta

Eres amor y hasta pasión

Eres la razón de ser poeta

Eres mi oscura tentación

Eres del cielo un derroche

Autor: Juan Gregorio García Alhambra

17/12/12





 

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No dejaré de enamorarme

 Una poesía un poco más actual, ahora escribo poco, pero no dudo que las musas vendrán a mi de nuevo



COMO DECIRTE...


 


Desearía hablar lenguas extrañas


decirte piropos hasta en tagalo


ser galante no puede ser tan malo


Aunque decir la verdad sin sañas


es cantar a tu cotidiana belleza


no iré al fin de un triste mundo


abriré la caja de los vientos


reservaré cautivo dos asientos


volveré a sentirme meditabundo


atizaré de mis ardides la pereza


borraré del diccionario el hastío


añadiré a la palabra mil imágenes


resistiré la estampida de alazanes


y reclamaré solo lo que es mío


Mi mirada, mi cielo, mis suspiros


mi atención, mi esperanza, los celos


no tendría nada más que darte ahora


pues escribo esto de noche a deshora


añorando acariciar solo tus pelos


mirar como enroscar esos rizos


En estos días me enamoro otra vez


como cada día de todos tus encantos


que no sean ahora duelos y quebrantos


deseo seguir en tu regazo en tu red


Moriré por ti si tu no me quieres


resucitaré otra vez cuando me esperes


Cogeré el atajo de tus caderas


y tendré el premio de mis ojeras


catorce de febrero año de gracia


amar con pasión de otra galaxia


 


Autor: Juan Gregorio García Alhambra


24/01/12


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Me enamoré...

Otro de mis desvaríos transitorios... 


ME ENAMORÉ…


 


Me enamoré del sueño de la locura


Y no hallé nunca jamás la cordura


Me enamoré del viento de Levante


Y volví a ser un caballero andante


Me enamoré de todas las estrellas


Y supe, tarde, sus muchas querellas


Me enamoré de las gotas del Mar


Y no me mojé, por ese puro azar


Me enamoré con los cinco sentidos


Y conté, sin poder contar, los latidos


Me enamoré de la arena del desierto


Y perdí, entre arena, el destino cierto


Me enamoré de la Magia en persona


Y recibí un sortilegio como corona


Me enamoré de la gran Eternidad


Y nunca jamás encontré a la Deidad


Me enamoré, sí, ahora lo confieso


Y desde entonces estoy de ti preso


¿Saldré alguna vez de esta mi cárcel?


No lo deseo solo si me saca un Ángel


Viviré entre sueños, locura y lamentos


Moriré por ti, y tus ojos, mis alimentos


 


Autor: Juan Gregorio García Alhambra


21/09/11

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Artículos publicados: 47
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