Te tengo en la punta de la lengua
y juegas a mantener el misterio:
Te agarras fuerte, te escondes en el dorso;
si uso las laterales, tú huyes al paladar.
Sé que estás,
he notado tus sabores,
es sólo cuestión de tiempo
Que te dejes pronunciar.
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Vladimir: ¿Qué? ¿Nos vamos?
Estragón: Vamos.
(No se mueven)
S. Beckett
Esperas,
con los muslos rosados,
entreabiertos,
que los barcos atraquen
en tus muelles,
que los días te llamen
a la puerta,
que llegue ese momento,
-no sé cuándo-
en que sepas que mañana
no es ayer.
Recuerdas vagamente
que existías,
tal vez algún detalle,
como un árbol,
en torno al cual esperas
-no sé qué-.
Esperas…
Hoy puede ser domingo,
tal vez lunes.
Son tan iguales todos
en tu piel…
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Si las ganas son espadas,
si el deseo es un pequeño
movimiento egoísta hacia el cielo,
si te sientes hambriento…
Yo seré tu cuerpo,
yo seré tus alas,
yo seré tu alimento.
Si el mundo se vuelve triste,
si tus tropas se declaran disidentes,
si tus ojos ya no ven lo que se pierden…
Yo seré tu chiste,
yo seré valiente,
yo seré pupila
que mira tu pupila ausente.
Si confiesas tus pecados,
si los pies te pesan,
si mañana ya ha pasado
y aún la niebla es densa…
Yo seré tu penitencia,
yo seré tus pasos,
yo seré contigo entre la niebla.
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Pisaré el asfalto
con los pies encarnados
para poder sentir
la ciudad en mis pasos.
Palpitantes, sedientos
de calles inéditas
culminarán la noche
bailando en las aceras.
Los besarán las nubes
con labios de saliva
para curar las heridas
que dejaron las piedras.
Los cubrirá la tierra
de polvo y de ceniza
hasta quedar hendidos,
prisioneros del sueño.
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Piénsame,
te prometo que no seré pesada,
que no me colaré
día y noche en tus sueños
esperando por tu parte
una especial atención.
Pero piénsame un momento
para poderme sentir
por una vez presente en tu cabeza.
Sería un detalle que, además,
pudieras ponerle algo de deseo:
un par de brazos,
unos labios blandos
y algunas palabras
(no hace falta que sean muchas)
que hagan el momento más amable.
Luego vuelve a tus cosas,
soy consciente,
no quiero robarte mucho tiempo.
Y, por si te preocupa,
la memoria no es problema,
no es una esposa fiel,
es una amante,
te dejará plantado cuando quiera.
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El secreto del tiempo
es su escondite.
Pasa desapercibido
detrás de los coches
que atraviesan las calles.
Se esconde en las esquinas
y, al pasar, nos embiste.
Debajo de las sábanas,
cuando duermes conmigo,
el tiempo se nos cuela
y nos posee de nuevo.
Y no es que el tiempo quiera
meterse en nuestras vidas,
se trata de que somos
su único alimento.
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A sorbos famélicos
vacío los días
en que el sopor del tiempo
me envuelve tiernamente.
Con la certeza inédita
de que el aire pesa,
con la sorpresa ingrata
de que sigo viva.
Es un dolor cansado,
de tormenta de domingo,
el de cobrar conciencia
de que no ha cambiado nada.
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