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La cueva de los locos

Microrrelatos


La próxima primavera

Ella está sentada en una terraza junto al mar. Los primeros rayos de sol acarician suavemente su cuerpo. Lleva unas gafas de sol que le regaló su hija el verano pasado. La protegen de las miradas curiosas de los transeúntes que a esas horas caminan hacia sus trabajos. Los cristales oscuros impiden descubrir que ha llorado, que prácticamente no ha dejado de llorar desde ayer por la tarde cuando le miró a los ojos por última vez. Hoy volverá a verle y sabe que volverá a llorar. Acaba de tomar el segundo café solo del día. Solo, caliente y amargo. Así le gusta el café. Lee un libro de poemas y fuma mientras espera una hora prudencial para regresar.


 

                                          Hace mucho que hablo de ti

                                                             en sueños.

                                          También despierto.

                                          Recorro los rincones inaccesibles

                                                             de mi memoria

                                          buscándote.

                                          Apenas eres sombra en una pared,

                                          inocencia encendida,

                                          luz del alba jamás recuperada.

 

No le gusta leer poesía cuando está triste pero aún así ha comprado el libro en una librería cercana al hotel. Ayer por la tarde. A su regresó. Entró buscando algo que leer. No conocía al autor, pero el titulo le pareció atractivo: “Embaucador tiempo de los horarios”, Juan José Ginés, nacido en Madrid, 1967; como ella. Ella odia el tiempo de los horarios, la esclavitud de sus planteamientos. Nacieron en la misma ciudad, en el mismo año. Quizá el dos de Noviembre como ella, aunque eso no puede saberlo ya que no lo dice el libro. Quizá en el mismo hospital, en el mismo paritorio y a la misma hora. Quizá lloraron juntos. Quizá la misma comadrona asistió el parto. Por eso decide comprar el libro y leer sus poemas.

 Levanta la mirada. A lo lejos una pareja joven pasea por la playa. Delante de ellos un perro juega con su pelota. Se turnan para lanzarla. El perro corre tras ella y se la devuelve meneando el rabo feliz. Les envidia. Se pregunta cómo serán sus vidas, como será su felicidad diaria. Se pregunta cómo serán sus despertares, cómo sus caricias. Les envidia con más fuerza. En cualquier caso no volverá a verles jamás. En breve emprenderá un viaje del que muy difícilmente regrese.

 

                                      Necesito hablar, 

                                      necesito contar que esta noche es infinita,

                                      que voy de casa en casa

                                      como un cartero que reparte malas noticias.

 

            Una voz pregunta que si desea tomar algo más. Un movimiento de cabeza contesta que no. El camarero sabe que algo no va bien. Lo sabe desde que la vio sentarse en la terraza mirando el mar. Desde que le pidió con voz grave un café solo y un vaso de agua. A esa hora no hay nadie en el bar. Por eso y por su enorme belleza la ha estado observando. Le duele su tristeza tanto como su belleza. Por eso se ha animado a preguntar. ”¿desea tomar algo más?” pero en realidad está preguntándole si se encuentra bien, si necesita alguien en quien confiar, si necesita desahogarse. En realidad le está diciendo que puede contar con él, que si ella lo desea puede convertirse en su confidente, en su amigo en su aliado. Ella no le mira. No desea mirarle.

Sigue leyendo. Le gustaría que el tiempo no pasara. Le gustaría poder seguir leyendo y no tener que acudir a la cita. Le gustaría poder seguir tomando el sol de esta mañana preciosa. Le gustaría poder pasear por la playa con ese camarero que la comprende. Le gustaría poder hacer tantas cosas. Pero ella sabe que la vida impone sus propias reglas y que no siempre se ajusta a sus deseos.

 

                                    La noche es una palabra ambigua

                                    un silencio ahogado en la penumbra que queda,

                                    una caricia sincera y muda y sorda,

                                    una repetición dolorosa.

                                    La noche es una palabra que no se puede pronunciar.

            

 

Ella espera. El director la recibirá en unos minutos. Aún tienen que tratar algún asunto menor antes de que ella se marche probablemente para siempre. En breve emprenderá el viaje mas largo de su vida, un viaje que la llevará a ella y a su hija a Buenos Aires. Sus motivos son laborales. Pero eso será dentro de unos días. Ahora tiene que volver a verle. Verle por última vez.

Saca el libro del bolso. Se recrea en el título. Embaucador tiempo de los horarios. El tiempo es siempre embaucador. Te engaña. Juega con los hombres y se ríe de quien le desafía. Piensa que quizá sus padres llegaron a conocerse. Esa posibilidad le hace sonreír. Colegas de paritorio. Quizá estuvieron perdidos, quizá se dieron ánimos, compartieron experiencias o intercambiaron puros. “He tenido una niña”. “Lo mío ha sido un chicazo. Otro más.” “Mi hija será abogada, y  ha pesado más de tres kilos.¿verdad que es guapa? ” El mío será escritor.”

Se abre la puerta y entra en el despacho el director del centro. Se mueve profesional y seguro, y saluda cortésmente mientras toma asiento. Habla. Ella no desea hablar. Desea verle por última vez. Despedirse de él. Decirle lo que siempre quiso decirle. Que le quiere. Que no fue abogada sino Ingeniero. Que se marcha lejos. Que su nieta le adora. Que quizá sea la última vez que le vea. Que ha sido un buen padre. Que ha sido un buen confidente, un buen amigo.

El director sigue hablando. Le cuenta que la noche pasada fue agitada para su padre. Estuvo inquieto y no dejo de llorar prácticamente toda la noche. Le cuenta que es normal. Que quizá si que la reconoció y que por eso estuvo inquieto. Que nadie sabe lo que pasa por la cabeza de estos enfermos. Que es una enfermedad atroz por supuesto. Le cuenta que su salud se deteriora poco a poco, pero le recuerda que no es una enfermedad mortal. Trata de facilitarle las cosas. Usted ha de hacer lo que tiene que hacer. Le dice que la residencia es el mejor sitio para él, que esté tranquila, y que cuando ocurra “algo” se pondrá en contacto con ella. Despreocúpese, le dice finalmente, nosotros nos encargamos de todo.

 

                                     Yo soy el tiempo que se escapó

                                     mientras tú estabas dormida. 

                                     Soy una voz y una mirada,

                                     y también un incómodo silencio

                                     esparcido y derrochado sobre tu almohada.

 

            Juntos salen del despacho del director. Atraviesan un pasillo largo e impersonal. Llegan a una sala grande. Ella sabe que allí pasará las horas su padre. El tiempo que le queda. Sujeto a horarios que ahora le es imposible calcular. Pasamos la vida esclavos de los horarios. Entran en la sala. Algunos  ancianos juegan despreocupados a las cartas. Otros miran la televisión. Su padre estudia la ventana, con la mirada perdida mientras su tiempo se agota lentamente. Ella se sienta a su lado. Durante minutos ni se miran. Silencio. Sólo silencio. Ambos miran por la ventana. El mar se abre ante ellos. Ese mismo mar que dentro de poco les separará. Ella le coge la mano y le susurra cosas cariñosas .Él sigue mirando por la ventana. Gira el cuello despacio. Sus ojos se encuentran. Comienza a sonreír levemente. Él intenta hablar, intenta decirle todo lo que la quiere, intenta pedirle perdón por  el tiempo que no compartieron, intenta demostrarle en un segundo que gracias a ella su vida fue plena. Pero en cambio sólo suena una voz débil: “Que guapa es usted señorita. ¿Quiere casarse conmigo la próxima primavera?"

 

Juan J. Ginés

   

 

 

           

                                  

 

 

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La casa vacía

Hoy tampoco me voy a afeitar. La lavadora se ha vuelto a estropear pero me da igual porque no pienso usarla. Mi hermano me ha llamado por teléfono. Dice que mi madre está preocupada por mi. Todo el mundo se preocupa por mí menos yo. Llevo una semana durmiendo en el sofá de piel que compró Carolina con el dinero que sacó de la herencia de su padre. Me duele todo el cuerpo. Cuando encuentres la factura del dentista me lo dices. Vivo solo en esta casa vacía desde que me abandonaste. Todo el mundo dice que los bomberos son más necesarios que los escritores. No puedo soportar el recuerdo de tus miradas. No puedo soportar ver tu ropa colgada en nuestro armario. No puedo soportar ver tus botes de lentillas sobre el lavabo. No puedo soportar oler tu perfume en el cuello de otra mujer. No puedo soportar ver tu ropa interior en el segundo cajón de tu mesilla de noche. Cada noche. No puedo soportar ver como tu cepillo de dientes se va secando día a día. Las palomas de mi barrio traman algo contra mí. Lo he descubierto mientras miraba por la ventana. No he vuelto a escribir poemas de amor. Creo que jamás volveré a escribir poemas de amor. Creo que jamás volveré a escribir. Creo que jamás volveré. Creo que jamás. Creo. He dejado de creer. He dejado de creer en todo. En ti ya no puedo creer. El cielo es un producto financiero que manejan los curas. Está negro y amenaza lluvia. Amenazar no es políticamente correcto, pero el cielo amenaza lluvia. Ahora ya está lloviendo sobre mi barrio, sobre las palomas sediciosas de mi barrio. Escribo frases que no tienen adjetivos. Guardo adjetivos que no pienso volver a usar. He abierto la caja de las pastillas. He hecho añicos la televisión porque me recordaba a ti. He hecho añicos los libros de historia porque me recordaban a ti. He hecho añicos mi vida porque me recuerda a ti.  Todo me recuerda a ti ¿Quién ha puesto música en el compacdisc? Me arrepiento de no haberte llevado al teatro. El teatro es el único lugar del mundo que no me recuerda a ti. La suerte no existe. La suerte no existe si no es junto a ti. Las avionetas que surcan el cielo parecen mosquitos impertinentes. Echo de menos a Carolina. Te echo de menos a ti. Yo no se mantener una buena conversación. Yo se de tristeza porque siempre fue mi ámbito. También se de soledad. Quiero dormir un rato pero por muy silenciosa que sea mi habitación siempre hay alguien gritando. ¿Por qué no pudiste esperar a que llegara? Sin duda habríamos hablado. A veces creo que los grafitis son la voz de las ciudades.  No te puedes imaginar lo que haría con tal de volver a verte. Cuando llegué a casa ya te habías ido. No te puedes imaginar lo que haría por poder hacer retroceder las horas en los relojes. ¿Como es posible que te fueras sin despedirte de mi? ¿Cómo es posible que tu cuerpo me recibiera ausente? Será cierto que las flores crecen despacio y que el recuerdo perdura sobre su aroma. ¿Por qué no encuentro mi vida? Una recta es una curva imperfecta que me conduce a ti.


 


Juan J. Ginés


 

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Quién es Thomas Fante

 


Thomas Fante consigue con su novela “Las estrategias del frío” emocionar. Difícilmente podrá superar la que es sin duda su mejor obra. (Lucas Sexton Washington Post)

 

Thomas Fante es un padre ejemplar que solía inventarse un cuento increíble cada noche. Recuerdo con enorme nostalgia aquellos años (Anne Fante)

 

Thomas Fante recibió sepultura ayer 26 de Noviembre de 2008 en el único cementerio civil de su ciudad natal, sin recibir ningún sacramento ni falta que le hacía. Sus familiares ruegan que no se diga ninguna oración por su alma, como mucho que se brinde por el con ginebra. (Anuncio publicado en un periódico local)

 

Thomas Fante es un escritor de mierda que solo piensa en si mismo. (Anónimo)

 

Thomas Fante era un chico retraído y feo que no era capaz de integrarse ni en un patio de colegio. (Edgard Bustos, profesor de primaria)

 

La fundación Thomas Fante implicada en un asunto de corrupción. (Titular de periódico)

 

Thomas Fante aparece en una lista de los 25 escritores más influyentes del mundo.

 

1987 es el año en que la Emilie apareció muerta en su cama por una sobredosis de tranquilizantes. Thomas Fante estaba en Europa promocionando su novela “La imaginación de las águilas”. (Extracto de una tertulia de televisión)

 

Soy lector habitual de Thomas Fante (George W. Bush, presidente de los Estados Unidos)

 

Thomas Fante gana el booker prize con su primera novela. Tiene veintitrés años, es licenciado en literatura inglesa. Un absoluto desconocido. (Teletipo de agencia)

 

Thomas Fante me debe dinero. ¿Ahora quien se hace cargo de su deuda? (Mark Eastman peluqueros)

 

Thomas fante junto a su esposa Emilie descansan en Saint Moritz ( Pie de foto de una revista del corazón)

 

Thomas Fante es el escritor con más futuro de esta década de los 50 que ahora empezamos, para quien no lo haya leído aún lo recomiendo encarecidamente. (Paul Crespi en su programa de radio “Cultura de Culturas”)

 

Anne papa esta peor no se x q pero creo que deberias venir rapido. (sms de Lewis Fante a Anne Fante)

 

Mi nombre es Thomas Fante y soy alcohólico. (Grabación extraída de una sesíon terapéutica)

 

 El escritor Thomas Fante implicado en un turbio asunto de drogas y prostitución. (Titular de la Vanguardia del día 27 de Marzo de 1989

 

Thomas fante es para mi uno de los mayores candidatos al premio Nobel de este año. (William Castner, poeta y dramaturgo ingles, premio Nobel de literatura)

 

Thomas Fante es Dios (Thomas Fante)

 

Estimado Sr. Fante: lamento comunicarle que el comité de asignación ha rechazado su propuesta de anticipo sobre su próxima novela. (Clara Muñiz, editora)

 

Nunca debí haberte conocido. Emilie. (Nota encontrada al pie de un cadáver)

 

J.J

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Donde antes tuvo corazón

Ella le había amado, pero el incómodo tiempo de los relojes acabó con su amor. Cuando le abandonó dicen que se llevó con ella una pequeña cajita de porcelana que contenía un órgano viscoso y sanguinolento que resultó ser un corazón. En las tardes de primavera, ella le saca a pasear por la orilla occidental del río y regresa cuando el frío de la noche empieza a ser intenso. Unos dicen que lo hace por nostalgia, otros que por costumbre. Él por su parte, poco a poco va haciendo vida normal. Ya come de casi todo, sale a tomar el sol a la pequeña plaza del pueblo e incluso ha vuelto a releer las cartas de amor que ella le envió en su juventud. Los médicos dicen que ha aceptado muy bien el pequeño motor diesel que le implantaron donde antes tuvo corazón.



Juan J. Ginés

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Resumen de una vida

 


Para olvidar un amor desdichado, Carla se entrego a decenas de hombres malvados que la ultrajaron. En cada humillación, en cada violación y en cada lágrima Carla fue acumulando una red de odios y penurias voluntarias. Al cabo de unos años no fue capaz de recordar qué daño en concreto le había infligido cada uno de aquellos hombres. Determinó entonces que ya había olvidado a ese amor desdichado causante de todas sus miserias. Ahora vive feliz. La puedes ver todas las mañana de primavera paseando sola junto a la orilla del mar. Aunque rara vez sonríe, es aún más raro verla llorar.

 

Juan J. Ginés

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Un día de calor extremo

Aquel día hizo tanto calor en el pueblo que los pájaros explotaron. Los niños entonces corrímos con los cadáveres en las manos para pedir ayuda a nuestros padres, que incrédulos no supieron que hacer. Nadie pudo hacer nada por ellos ni por nosotros. Ese año tuvimos que soportar otros inconvenientes como que el rió se secara o que  la campana centenaria de la Iglesia se fundiera y quedara reducida a una especie de tortilla, que al enfriarse fue imposible despegar del suelo del campanario. Pero hoy creo que todos esos inconvenientes no fueron nada comparado con la muerte de los pájaros. ¡Cómo echo de menos sus cantos en primavera!



Juan J. Ginés

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Mis poemas son mi mayor acierto

Desde hace años escribo poemas que nunca firmo. Los meto dentro de pequeños botes de cristal que luego dejo olvidados por todos los rincones de mi barrio. No quiero que nadie me recuerde como un escritor de éxito, ni que me relacionen con las canciones que cantan. Soy feliz oyendo a mis vecinas recitar mis versos mientras tienden la ropa, mientras se duchan o mientras juegan con sus hijitos. Si supieran que soy yo quien los escribo para ellas  me admirarían más a mi que a mi obra. Seguramente amarían al escritor y olvidarían lo  que escribo. Mis poemas son mi mayor acierto.


 


Juan J. Ginés

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Nunca pude olvidarme de ti.

Nunca pude olvidarme de ti. Recuerdo que me olvidé de todo lo demás. Me olvidé por ejemplo del día de tu cumpleaños,  de los lugares que habíamos visitado juntos, de cuál había sido mi profesión, incluso me olvidé de los sueños que había soñado a tu lado. Viví en una permanente desorientación mientras la memoria se me iba escapando lentamente como el agua entre las manos. Al final fui incapaz de reconocer a nuestros hijos y a sus parejas a los amigos de siempre y a nuestros familiares. Los últimos años de mi vida los pasé con la mirada perdida en un lugar que no era nuestra casa. Me olvidé de todo menos de ti. La muerte que vino después, puso de nuevo luz a mis recuerdos. Me devolvió todo menos a ti. El alzheimer es una enfermedad de vivos  que nada puede contra nosotros. Ahora estoy llorando al verte pasear de la mano de otro hombre. Quizá él sí sea capaz de oírme. Si es así, me gustaría que  le dijera a todo el mundo que nunca pude olvidarme de ti.



Juan J. Ginés

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