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La Dama Descubierta

Suenan cascos en la grava
es la dama que regresa
No la oculta ni la luna
Vuelve al Reino, y no se tapa
con el sentir como mapa
y el amor que la atraviesa


Artículos publicados: 183
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Níobe

Hija de Tántalo, era la madre de los Nióbidas, siete hijos y siete hijas. Orgullosa de su numerosa progenie, se jactó impúdicamente de haber superado a Leto, que solo había tenido a Apolo y Artemisa. Estos decidieron vengar el honor de su madre y mataron a los hijos de Níobe con sus flechas: Apolo se encargó de los hijos y Artemisa de las hijas, a excepción de Anfión y Melibea. Zeus, conmovido por el dolor de Níobe, la convirtió en una piedra de la que mana una fuente: las lágrimas de la madre que ha visto morir a sus hijos.




Níobe

¿Qué tienes, roca de pena
que entre grietas de tormento
corre el agua en sufrimiento
con resabio de condena?
.
Te hicieron fuente terrena
de enseñanza y escarmiento.
Mas tú gimes, y el lamento
se hace llanto que envenena.
.
¿Quién podrá, tu descendencia
que ballesta doblegó,
devolverte en complacencia?
.
La insolencia te venció.
Y tu maternal vivencia
por orgullo, sucumbió.

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Highlands




Flotan neblinas de argento
sobre praderas auroras.
El eco vaga en el viento,
provocando el sonar lento
de gaitas evocadoras.

Entre rudas y escarpadas,
las tierras altas y agrestes
revelan fragores de espadas,
que bravas son empuñadas
por clanes, gallardas huestes.

Un vate narra la historia.
Olor a campiña vasta.
La ve surcar su memoria,
donde atesora la gloria
de su gaélica casta.

Las tierras de verde manto,
bañadas por aguas puras.
Lejano está de su encanto,
e intenta, con verso y canto
devolverse a sus llanuras.

A su franco andar, al fardo
saturado de leyendas.
A tiempos de añil tabardo,
de ágil lenguaje de bardo
entrelazado en las sendas.



Y se acongoja, añorando,
de su recuerdo el sabor.
De cornamusas silbando,
de gallardete hondeando,
de su tartán, el color.

Hoy la neblina argentada,
Le trae dolor a su mente.
Allende dejó enterrada
el ánima, que olvidada,
deshabitó su presente.

No volverá el trovador
a su nación escocesa.
Ni a su pueblo luchador.
Sólo en su cantar soñador,
simulará, que regresa.




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Scriptorium V

Herbarios

El estudio de la Botánica nace principalmente como actividad de interés médico ligado a la necesidad de dar un nombre y de reconocer las hierbas con acción terapéutica, una necesidad documentada en las obras manuscritas de numerosos autores griegos y latinos.

En el pasado, por herbario se entendía un libro en el cual aparecían en un elenco descritas y dibujadas las plantas, sobre todo aquellas dotadas de propiedades medicinales.
Entre los herbarios figurados (Erbari figurati) más antiguos se incluye la obra del filósofo y naturalista griego Teofrasto (372-287 a.C.) titulada "Historia plantarum", en la cual clasificó cerca de 500 plantas dividiéndolas en grupos basados en su distinto porte (árboles, arbustos, subfruticosos, hierbas) y distinguiendo aquellas espontáneas de las cultivadas.


A este herbario, como reporta Plinio en el siglo I d.C., le siguieron otros muchos, desgraciadamente perdidos en los avatares del tiempo, de autores menos conocidos como Crateo y Diocle, que pasaron el tiempo enriqueciéndose con ensayos de ilustraciones a color.

Posteriormente, en el siglo I d.C., el herbario figurado de Pedanio Dioscoride, titulado De Materia Medica Libri Quinque, representó el mayor tratado de botánica para toda la Edad Media y hasta el Renacimiento. Las descripciones de las plantas (cerca de 600) se reducen a las características exteriores y en algunos casos son inexactas, sin embargo esta obra se distingue de las precedentes (como aquellas de Cratevas y de Sestio Nigro) por una mayor sistemática, de hecho algunos nombres de plantas por él dados aún son válidos como nombres de géneros actuales, como Anagallis y Aristolochia.

La obra originaria de Dioscórides nos ha llegado con dificultad; particularmente notable es el códice denominado Costantinopolitanus, creado en el 512 d.C., obra manuscrita con preciosas ilustraciones conservadas en la Nationalbibliothek de Viena.

Le Livre des simples médecines, (El Libro de los medicamentos simples), de la Biblioteca Nacional de Rusia, en San Petersburgo, es un códice singular, no solo por la gran belleza de sus ilustraciones, sino porque corresponde a la culminación de los saberes medievales europeos acerca de las sustancias de los tres reinos de la naturaleza que sirven para curar o aliviar las enfermedades.
Tiene un texto de 220 páginas dividido en cinco partes: hierbas y flores, árboles y sus gomas y resinas, metales y minerales, productos animales y otras materias.
A finales de la Edad Media, príncipes y poderosos aprendían las reglas de salud e higiene de la medicina racional en el Tacuinum Sanitatis, un tratado sobre el bienestar y la salud muy difundido durante los siglos XIV y XV.
El tratado fue escrito en árabe por Ububchasym de Baldach, también conocido como Ibn Butlân, médico cristiano nacido en Bagdad y muerto en 1068. Propone seis elementos necesarios para el mantenimiento cotidiano de la salud: la comida y la bebida, el aire y el ambiente, el movimiento y el reposo, el sueño y la vigilia, las secreciones y excreciones de los humores, los movimientos o afectos del ánimo (la alegría, la ira, la vergüenza...). Según Ibn Butlân, las enfermedades surgen de la alteración en el equilibrio de alguno de estos elementos, por lo que aconseja la vida en armonía con la naturaleza para conservar o recuperar la salud.

Esta modalidad de estudiar, describir y dibujar las plantas, interpretando, modificando, y copiando, y el conocimiento de los autores clásicos se mantiene a lo largo de mucho tiempo, hasta buena parte del siglo XVI.
El interés y el significado histórico de estos herbarios manuscritos, la mayoría sobre papiro o pergamino, es de indiscutible y excepcional valor.

Conviene, sin embargo, precisar que una descripción botánica científicamente correcta requiere el uso de una terminología técnica especializada que aparece sólo mucho tiempo después, con Linneo, en el siglo XVIII.
Hasta aquel momento las descripciones resultaban breves y en gran parte fundadas en analogías, raramente en caracteres naturales, más bien la mayoría de las veces fisiológicos, mágicos e impregnados de astrología y ocultismo.

Es el caso, por ejemplo, de muchos herbarios inspirados en las teorías de Paracelso (1451-1493), en cuya Dottrina dei segni sostenía que todas las hierbas escondían un signo oculto de su utilidad por el hombre; así las hojas en forma de corazón tenían el poder de curar las enfermedades cardiacas, la linfa amarilla sanaba la ictericia, etc.

Bajo esta óptica las diversas partes de una planta se representaban con los órganos del cuerpo que podían ser curados.

Próxima a estas obras, que representaban una mezcla de supersticiones y pseudomedicina, aparecieron otras de autores provistos de una cierta preparación científica y de una sobresaliente individualidad, como el alemán Bock, el belga Dodonaeus y el inglés Turner, que basaron sus descripciones botánicas en sus observaciones personales directas y no sobre datos tremendistas de textos antiguos.

Finalmente, iniciado hacia la mitad del siglo XV el arte de la imprenta, aparecieron, sobre todo en Alemania, los primeros herbarios impresos (llamados erbari incunaboli).



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Scriptorium VI


Os traigo una animación interactiva que ilustra cómo se elaboraba un manuscrito medieval. Está en inglés pero es fácil seguir los pasos clicando las diferentes herramientas y pergaminos que salen.

Museo Fitzwilliam de la Universidad de Cambridge

Y para los enamorados de este mundo, una experiéncia que podría ser estupenda. ¿alguien se apunta?



Taller: El Bestiario de la Biblioteca Nacional


Lugar: Biblioteca Nacional de España, Pº de Recoletos 20-22. 28071 Madrid
Días: domingos 4 y 18 de noviembre, 2 y 16 de diciembre y viernes 4 de enero.
Horario: de 11 a 13 h.
Destinatarios: todos los públicos. Recomendado a partir de 8 años. 25 asistentes.
Imprescindible inscripción telefónica.
La participación en los talleres será gratuita.
Información: Teléfonos 91 580 77 59/91 516 89 67
Correo electrónico: museo@bne.es

Una aproximación a la ilustración de los códices medievales, con el doble objetivo de fomentar la fantasía y la creatividad, potenciando el amor por los libros y las bibliotecas como receptoras del saber.


El programa incluye una visita al Museo de la Biblioteca, deteniéndonos en las vitrinas relacionadas con la creación de códices miniados, profundizaremos en la fabricación de pergaminos, útiles de escritura, obtención de pigmentos y elaboración de tinturas. Veremos ejemplos prácticos en una presentación multimedia y, por último, pondremos en práctica lo aprendido en una sesión de taller.


Durante la Edad Media, fruto del enciclopedismo iniciado por Herodoto y en un intento por clasificar los reinos animal, vegetal y mineral, se copian y traducen en las bibliotecas monásticas bestiarios, herbarios y lapidarios, profusamente miniados que intentan orientar al viajero y al creyente en sus travesías geográficas y espirituales.

Partiendo de ejercicios de caligrafía gótica y uncial, y con la base literaria de diversos bestiarios (como la Historia de los animales de Claudio Eliano, las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, el Bestiario de Oxford, El tratado de las ninfas, silfos, pigmeos, salamandras y otros seres de Paracelso o el borgiano Libro de los seres imaginarios) los participantes elaborarán sus bestiarios particulares.

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Espero que os haya gustado esta serie de post de Scriptorium.

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Scriptorium IV


Bestiarios
Un bestiario (o Bestiarum vocabulum) es un compendio de bestias. Se hicieron muy populares durante la Edad Media en forma de volúmenes ilustrados que describían animales, plantas e incluso rocas. La historia natural y la ilustración de cada una de estas bestias se solía acompañar con una lección moralizante, reflejando la creencia de que el mundo era literalmente la creación de Dios, y que por tanto cada ser vivo tenía su función en él. Por ejemplo, el pelícano, del que se creía que se abría su propio pecho para dar vida a sus polluelos con su propia sangre, era, a través de su sacrificio, una viva representación de Jesucristo. El bestiario, por tanto, es también una referencia al lenguaje simbólico de los animales en la literatura y el arte cristianos de occidente.

Las escenas inspiradas por las narraciones de los Bestiarios se definen por la relación que el protagonista mantiene con otros seres: acecho, ataque, lucha o defensa. Dichas actitudes se registran tanto en el comportamiento de animales reales como en el de los engendrados por la fantasía humana. El Bestiario no distingue entre la fauna natural y la imaginaria. Es más, en él los de esta última especie adquieren un gran protagonismo por su facultad para encarnar virtudes o vicios y por la fascinación que ejerce su origen exótico; pensemos en los dragones, grifos, esfinges, centauros, sirenas y arpías que decoran iglesias y claustros.
Los bestiarios fueron especialmente populares en Inglaterra y Francia cerca del siglo XII, y consistían principalmente en recopilaciones de textos anteriores. El primer bestiario conocido en la forma en que más tarde ganaría popularidad era un antiguo volumen griego anónimo del siglo II conocido como Physiologus, que resumía conocimiento y sabiduría antiguos sobre animales en las obras de autores clásicos como la Historia de los animales, de Aristóteles de Estagira, así como otras obras de Heródoto, Plinio el Viejo, Cayo Julio Solino, Claudio Eliano, y otros naturalistas. En la Edad Media cualquier colegial se sabía el Bestiario de memoria y, junto con la Biblia, el Physiologus fue el libro más difundido.


Tras el Physiologus, San Isidoro de Sevilla (libro XII de las Etimologías) y San Ambrosio expandieron el mensaje religioso con referencias a pasajes de la Biblia y la Septuaginta. Ellos y otros autores expandieron o modificaron libremente modelos preexistentes, refinando de forma constante el contenido moral, sin interés o acceso a más detalles respecto al contenido en hechos. Sin embargo, los coloristas relatos sobre estas bestias fueron ampliamente leídos, y en general tomados como ciertos.
Algunas observaciones encontradas en los bestiarios de la época, como la migración animal (principalmente en los pájaros), fueron descartados por los filósofos naturales de épocas posteriores, solo para ser redescubiertas por la ciencia moderna.

El artista italiano Leonardo da Vinci también escribió su propio bestiario.

El bestiario más conocido de su tiempo es el Bestiario de Aberdeen. Hay muchos más, y hoy en día sobreviven cerca de una cincuentena de manuscritos.


Bestiario de San Petesburgo

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Scriptorium III

Libros de Horas
Un Libro de horas (también denominado Horarium o Breviario de los Laicos) es uno de los más comunes manuscritos iluminados de la Edad Media. Tiene su origen en París en el siglo XIV y se difunde ampliamente por toda Europa de la mano de los reyes, la nobleza y la burguesía enriquecida, que lo utilizan como símbolo de su posición social. Cada libro de horas es único, debido a que es un manuscrito elaborado en exclusiva para una persona en concreto. Este tipo de documento suele contener textos de rezos, salmos, así como abundantes iluminaciones, todo ello haciendo siempre referencia a la devoción cristiana.
En su forma originaria, un libro de horas debería contener un texto agrupado para cada hora litúrgica del día; este es el origen del nombre dado a este tipo de manuscrito. Sin embargo a lo largo del tiempo se fue enriqueciendo con otras añadiduras útiles, como calendarios, tanto seculares como religiosos. El libro contiene además una liturgia recitada en los monasterios.
Los libros de horas fueron compuestos para aquellas personas de la nobleza que deseaban incorporar los elementos del la vida monástica en su vida cotidiana. Los textos incluidos se centran tanto en la recitación como en el canto de un número de salmos, que puede ser ejecutado por un conjunto de rezantes.Muchos de los libros de horas están abudantemente iluminados, todos ellos forman un apartado importante del archivo histórico de la vida de los siglos XV y XVI así como una fuente de iconografía del cristianismo medieval. A finales del siglo XV se empezaron a imprimir diversos libros de horas con ilustraciones xilografiadas.
Uno de los libros de horas medievales más famosos y uno de los más iluminados es el Très Riches Heures iluminado en algún instante entre 1412 y 1416 en Francia por Juan, Duque de Berry, en el que aparte de las ilustraciones de salmos, destaca su calendario, con representaciones de los distintos meses del año y las labores, generalmente agrícolas, que en cada uno de ellos se realizaban.
Estos libros eran leidos en diversas horas del dia: la aurora (laudes), las siete de la mañana (prima), tres de la tarde (tercia), al anochecer (vispera) , y por la noche (completa).


Libro de Horas Isabel la Católica y Grandes horas Ana de Bretaña

Grandes horas de Rohan

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Scriptorium II

Beatos


Beato o Beatus fue un célebre monje del Monasterio de San Martín de Turieno (Santo Toribio) en el Valle de Liébana, uno de los hermosos y profundos valles cántabros poblados por los cristianos refugiados tras la invasión musulmana, a los pies de los Picos de Europa. Vivió a finales del siglo VIII.
Beato fue un personaje importante de esta época. Mediante diversas cartas y su libro "Apologético" combatió la herejía adopcionista del arzobispo Elipando de Toledo, que defendía que Cristo, en cuanto hombre, era hijo de Dios, no por naturaleza, sino por adopción.

Pero por lo que es más conocido Beato de Liébana es, sin duda, por su libro llamado "Comentarios al Apocalipsis de San Juan", basado en los textos de dos padres africanos: Primario y Ticonio, y otros de Apringio de Beja (siglos V y VI). Este libro debió ser terminado alrededor del año 786.

Las explicaciones sobre las revelaciones de San Juan calmaban la inquietud espiritual de los creyentes, preocupados por los males de su tiempo, el cercano "fin del mundo", y la muerte. Tales catástrofes se veían personificadas en España por la invasión islámica y el fin del reino cristiano visigodo.

A partir de esta fecha se copiaron múltiples ejemplares de este libro original. Lo importante no es el texto en sí, sino las miniaturas que lo acompañan.

A todas las copias del códice "Comentario al Apocalipsis de San Juan" se les denomina de manera simplificada "beatos".

No cabe duda que los beatos son los manuscritos medievales más valorados y estudiados.

Los beatos conservados son 27 y de ellos 24 conservan miniaturas. Son libros que van del siglo X al XIII. Los más antiguos se consideran prerrománicos por haberse realizado en los siglos X y XI y posteriormente su estilo evoluciona al románico pleno (siglos XII y XIII).

Lo fundamental de estas miniaturas es la expresividad del dibujo mediante una alineación firme, con rayas que llevan en sí una intención expresiva. Su desarrollo es plano, hierático, carente de claroscuros y perspectivas espaciales, de intenso color, etc. Todo ello colabora en generar una gran expresividad y dramatismo.

Las figuras se colocan escalonadamente. La figura humana queda supeditada a los ropajes y son resaltados los ojos y manos para intensificar la tensión espiritual
Los fondos son de gran intensidad cromática representando paisajes idílicos o dividido en varias fajas de diferentes colores, fuertes y llamaeantes.

Algunas de las escenas que recogen los diferentes beatos son: el Arca de Noé, Noé con su familia y la paloma que le trae la rama de olivo, las siete Iglesias de Asia, la aparición del Cordero a los Justos, escenas de los Apóstoles, el Cordero rodeado por el Tetramorfos y la Jerusalén celestial con sus 12 puertas de arcos de herradura.


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De camino a la vida


El deber del hombre ante la vida es seguir adelante






De camino a la vida
.
Voy de camino a la vida.
Mi maleta es la memoria.
La tengo llena de historia,
de inclemencias guarecida.
.
A cada paso que doy,
más recuerdos atesoro.
De la vista me enamoro
cuanto más al frente estoy.
.
No me asustan las pendientes
que los pasos amedrentan.
Ni me pueden las corrientes
.
que en la indecisión se asientan.
Caminar es de valientes.
Los cobardes, ni lo intentan.


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