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LADY CHATTERLEY

Navego por mares serenos, bravos y tempestuosos, perdiendo el rumbo muchas veces. Es entonces, cuando encuentro la palabra y me sumerjo en ella. Es entonces, cuando, real y profundamente, me hallo.


Una rosa roja

 Contemplo una bella rosa roja.  Única. Jamás había visto una igual. En su plenitud, con un color intenso y aterciopelados pétalos. Su ligereza me conmueve. Su presencia me embriaga.


Me mira pepleja. No sabe lo deslumbrante que puede llegar a ser, puesto que ella siente que es en la medida que yo la miro. Y yo, aquí, muriendo de amor por ella.


Tal vez nadie le haya dicho que es una hermosa flor. Quizás tan solo sea capaz de ver sus espinas. Sin embargo, sigue siendo una rosa preciosa, rebosante de amor y pasión.


Ojalá mi mirada le devuelva la suya. Amén.


 


L.C


 

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Muerte prematura


Cuando lo vi, apenas pude reconocer en él al hombre que había sido años atrás. Macilento, apestoso y con la mirada perdida en unos pensamientos que, por el color de sus pupilas debían ser angustiosos, al rozar mi piel con el beso de rigor, sentí una repugnancia extrema hacia él. Realmente sórdido.


En ese mismo instante una profunda tristeza me invadió. Tomé el café que me preparó a desgana, le entregué el libro que me había pedido y desaparecí caminando a toda prisa entre la mugre del pasillo. Ni me despedí.


Hay personas que se pierden viviendo, se ocultan detrás de máscaras, corazas, desencuentros, frustraciones… Un día deciden olvidarse de sentir, se esconden de la vida, se marcan como objetivo aquello que les impide respirar y mueren poco a poco.


Un buen día se levantan, se miran al espejo y todo lo que les quedaba de bondad, ternura, comprensión, amor…, lo tiran a la basura. No necesitan nada, tan solo a ellos mismos, narcisistas empedernidos empeñados en alcanzar un sueño equivocado.


Entonces comienza la eterna búsqueda de una identidad perdida por un camino erróneo que les lleva a la miseria más profunda del ser humano: la mezquindad, el odio a uno mismo y el rechazo a la vida. Alcohol, cocaína, sexo…, son vehículos necesarios para olvidarse de que se ha convertido en un desconocido de si mismo. Se mira en el espejo de la oficina, del ascensor, del baño y tan solo ve sombras, humo denso y oscuro, desazón.


Son los zombis que habitan nuestro planeta y aparecen en las portadas de los periódicos como protagonistas de algún macabro suceso.


Lamento haber perdido a un buen amigo. Durante nuestro último encuentro me di cuenta de que había muerto hacía ya mucho tiempo. R.I.P.


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Un método peligroso


 


Ayer vi la película que lleva ese mismo título. Me gustó, aunque mucho más la primera parte. La segunda se limita a narrar una historia de amor frustrada por creencias y convencionalismos sociales. En cierto modo me recordó algún cuento de Chéjov, creo que se titula la mujer del perrito o algo así.


Escuché una frase de Jung, uno de los padres de la psicología moderna que decía algo así como: “ Solo se vive si se hacen cosas imperdonables”. Coincido con él, solo se vive si desde nuestra libertad y obviando todas las normas que nos han sido imbuidas actuamos.


Creo que la vida es muy sencilla, al igual que pienso que nosotros tenemos una gran capacidad para complicarla. Si todos viviéramos desde el amor, uno de los sentimientos más importantes que existen, si no el más, y anduviéramos por la vida viviéndola, valga la redundancia­­­, el mundo bailaría al “son” de Rosario y Juan Luis Guerra.


Hoy he descubierto que hay algo de lo que carecemos y hace que no podamos vivir desde nuestra libertad: el coraje y la valentía de ser coherente con lo que uno siente. Sólo los valientes gozan de la vida. Los cobardes se mueren al vivirla.


Feliz díaJ

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Un mirlo azul y una rosa púrpura

 


Elena se levantaba al alba. Vivía en una pequeña casa en el campo, junto a su perra y un gato que se llamaba Paco. Le encantaba ver amanecer y tomar su café contemplando cómo el gran círculo rojo culminaba su ascenso al mismo tiempo que ella acababa de  tomar su primer brebaje milagroso.

Salía al porche con su bandeja adornada con un zumo de naranja, un kiwi, una tostada, una humeante pócima con aroma de vainilla combinada con el mejor de los granos de los cafetales colombianos y una rosa blanca.

Una mañana de primavera observó que, sobre el tejado de la casa colindante, un precioso mirlo azul contemplaba junto a ella un amanecer de rojos colores. El cielo se iba pintando de esbeltas nubes que anunciaban una primavera tardía.

Al día siguiente el mirlo se hallaba de nuevo en el mismo sitio y a la misma hora. Sí, ella había encontrado un compañero de aurora solitaria.

A partir de ese día ella sabía que tendría compañía, que ya no estaría sola, porque aunque reinara el silencio entre ellos, compartían una gran beldad, en realidad, un verdadero milagro de la naturaleza.

Los cielos fueron desnudándose y quedando a solas con los humeantes vapores que el calor de una cálida primavera provoca. Los pájaros empezaron a trinar con más ahínco y las rosas empezaron a sembrar de color su pequeño y coqueto jardín.

Una mañana de domingo, decidió romper con la monotonía y en vez de engalanar su bandeja con una rosa blanca, lo hizo con una color púrpura. Ella estaba pletórica al saber que compartiría el fresco aroma de una rosa envuelta en rocío con su querido mirlo azul. Grande fue su sorpresa al contemplar a su compañero galanteando con una dama de su misma especie. Sí, el mirlo era elegante y tenía el porte de un aristócrata inglés.

Una lágrima cayó por su mejilla, una lágrima de emoción al poder presenciar una preciosa escena de amor, de pavoneo, de vida…, momentos que ella anhelaba, pero al fin, momentos compartidos que alimentaban cada día esa sutil existencia que muchas personas llevan. Seres que no se dejan oír porque tan solo esperan pasar por este mundo sembrando amor con discreción, sin que nadie se percate de que han nacido exclusivamente para llevar momentos de paz y felicidad a todo aquél que la procure y se acerque. Seres cuyo don está muy lejos de la visión humana. Seres angelicales que mueren y en su lápida reza la frase: Amor.

Se despidió de su precioso Lord inglés con un “Sé feliz” cuando el verano había entrado en su jardín.

 

 

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Renacimiento

Después de más de nueve meses, resurjo de mis cenizas. Si bien es cierto que he disfrutado de vuestra amistad y compañia, también lo es el que me he tenido que alejar de estos lares para crecer, al menos eso creo.


Crecer con la pérdida, con el renacer, pero siempre en  soledad, a veces compartida con intimidad, pero la mayoría de ellas a solas conmigo misma, conociéndome o intentándolo.


He recorrido mundos  ya antes visitados sabiendo que, ese en concreto, no era el adecuado, pero la incertidumbre, la curiosidad y la esperanza de que cada piedra del camino sea diferente me ha arrastrado a ello. Si hay pocas personas que han tropezado con la misma piedra, yo soy una de ellas.


Y es ahora, en momentos de escasez y vacío emocional, cuando vuelvo a llenarme de creatividad y buscar mi plenitud en las letras, en las palabras que brotan de mí de un modo sobrenatural. Y es ahora, cuando quiero compartir mis historias, mis aventuras, mis penas, delirios y elucubraciones.


Por ello estoy aquí de nuevo con todos vosotros, para contaros mis devaneos y escarceos por esta magnífica vida que te brinda tantas oportunidades que si no estás ciega, pueden deslumbrarte.


Me alegra volver con todos vosotros, aunque lamento haberme dado cuenta tan tarde.


Un abrazo, mis queridos lectores.


 

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EL CHISMO-PULLITZER

Simplemente era una comida entre amigas.


Amigas de esas que tan sólo se ven , cuando se lo permiten su infinidad de obligaciones.


El " ¿Cómo estás ? de siempre, los hijos, el trabajo...la vida. Acto seguido, lo mejor, lo que jamás se evita. ¿ Sabes quién se ha separado?


Por fortuna o no, yo soy de "esas" que han ido de boca en boca, He vivido entre lenguas dulces, ásperas ,agrias y hasta algunas con edulcorantes sintéticos importados de la China.


La mesa se prepara para el póker de ases. ¿Quién tendrá más información?¿ Cuál de todas se llevará el premio a la mejor informada?¡ El chismo-pullitzer! Mis pulsaciones suben en progresión geométrica, para mi desgracia.


Escucho atentamente , pues leí, que mejor callar ( que no es asentir), que  hablar de algo,  que no sabía ni me interesaba especialmente. De pronto una pregunta directa a mí: ¿ Tú crees que se puede vivir con alguien durante tres años y no sentir nada por ella?.


Me quedo estupefacta. ¡ Yo que sé! Si no nos aclaramos con nuestras vidas, ¿cómo vamos a comprender la de los demás?.


Con ganas de que acabara tan monstruoso tema digo: "no sé cómo podemos opinar de algo que no hemos vivido; y lo digo por experiencia".


Pasa un ángel, bueno, un ejército de ángeles y el silencio gana la batalla, afortunadamente.


Y es ahora cuando me pregunto. ¿ Por qué somos tan osados? ¿ Por qué nos encanta opinar, juzgar  aquello que más ignoramos?.


La condición humana es pérfida, vil y tal vez, hasta sangrienta. ¡Todos a la palestra!, así no iré yo. Ese debe ser el lema de los que se ocupan de la vida de los demás.


Y realmente me apena que "alguna" de mis "amigas" viva encerrada en pensamientos ajenos a su camino. Alguien dijo, que todos vivimos bajo el mismo cielo, pero cada uno tiene un horizonte. Pensemos antes de juzgar que cada cual, labra su destino lo mejor que sabe y puede, que cada uno tiene un horizonte y que no se puede , de modo gratuito, ponerse el vestido de piel  de otra persona.


Prudencia, compasión y sobre todo, no miremos tanto a los demás, cuando en casa no tenemos ni un espejo.

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CHOPIN Y YO

 


 


Nota:

 ¡Hola, mis queridos amigos!

Algunos ya no estáis. Otros no me conocéis, porque sois nuevos. Hace tiempo que he estado ausente de este particular mundo de sueños, realidades y llantos.

Espero deleitaros lo bastante como para que visitéis esta , vuestra casa, de cuando en cuando.

A los que ya me conocéis, pues ¿qué queréis que os diga?. Me alegra mucho estar de nuevo con vosotros y dibujar las palabras para vuestro disfrute.

Un fuerte abrazo.

L.C

 

 

 



 


 


 


 


 


         Cuando era niña, mi madre me inscribió en una escuela de ballet. Contaría con dos o tres añitos.Era una pequeña niña regordeta, pero con una amplia sonrisa que se mecía entre las notas del piano de Hortensia.


Nada más entrar en la sala, me envolvía la música de Chopin. Yo respiraba hondo para no llorar de la emoción que aquella melodía suscitaba en mí.

La clase constaba de tres partes: barra, suelo y centro. Primero hacíamos unos cuantos ejercicios básicos de iniciación cogidas a la barra. Todas bien uniformadas en aquella época:, mallas color carne, maillot negro y unas zapatillas negras, las blandas que llamábamos.

Empezaba mi querida profesora, Magda, con plies, relevés, primera, segunda…etc.,  y muchos otros términos, que ahora me resultan extraños y estremecen.

Ejercicios en el suelo: estos, los odiaba, porque, francamente, no era muy flexible.

Y por fin, la expresión de la ilusión que el ballet en mi causaba: centro. Magda montaba una pequeña coreografía y a ritmo de Tchaikovski, Strauss o Bach, bailábamos llenando el salón de creatividad, alegría y alguna que otra cháchara, porque tropezábamos.

Era inmensamente feliz en ese momento.

Años después, en el Teatro Principal, me convertí en solista, en más de un ocasión. Una niña, que más que técnica, expresaba y sentía. No bailaba perfectamente, pero transmitía la alegría del baile.

Me cubrían de bellos tutús, repletos de tul y sedosos rasos de colores tan vivos como yo.

Llenaba el escenario, entonces, una pequeña de siete años que al compás de cualquier música, se mostraba enérgicamente mágica y bella. Cascanueces, El lago de los cisnes..etc. Una preciosa niña con el pelo oscuro y unos ojos más que expresivos, vivarachos que nada más entrar en el escenario, lanzaba al público su mejor sonrisa.

Fueron unos años de dicha que ahora recuerdo con gratitud. Me embelesaba la música y poder expresarme junto a ella con un bonito baile. Era como regalar parte de la dicha de mi alma, al universo, a todos. Sentía, sentía y sentía.

Mi corazón no me pertenecía, porque yo era el baile mismo. Yo era esa niña que al son de cualquier música expresaba su rebeldía, su inquietud, su ilusión, al fin, su particular infancia.

Tan solo Magda y mis padres, eran conscientes de lo importante que era el baile para mí. Los ensayos, las clases, los festivales, eran un viaje al mundo por mí soñado.

Magda, mi maestra, dejó el estudio. Yo también. No tenía cuerpo de bailarina, porque me estaba convirtiendo en una mujer alta. Contaba con doce años, entonces.

Entonces fue cuando comencé a morir un poco, sin yo darme cuenta. Ni una lágrima cayó por mis mejillas, pues yo seguía bailando en mi casa, a escondidas al son de mi querido Chopin y sus Nocturnos.

Pero de pronto, el baile pasó a formar un libro olvidado en un desván. Y comencé a vivir de otro modo, sin apenas sentir. Imagino que mi cambio de actitud debió ser bastante patente, pero mi madre, entonces ya viuda, no podía prestarme la atención debida, pues ya tenía suficiente con dar de comer a una pseudo familia.

Los años pasaron., Otoños y primavera seguidos de inviernos largos y fríos con calurosos veranos que quedaban plasmados en mi piel oscura.

Hace dos semanas, alguien que me adora, me regaló, los “Nocturnos de Chopin”. Me encanta la música clásica, pero en mi colección, no figuraba tan magna obra. Ahora, ya sé por qué.

Me senté en el sillón de mi santuario (dónde leo, escribo, escucho música y contemplo embobada mis orquídeas, aunque, a veces también trabajo, no lo voy a negar) y puse el cd.

De pronto comencé a llorar. Cerré los ojos y volví a ver a esa niña bailando alegremente una polka, un vals de Strauss, un minueto de Boccherini. Y sentía la misma dicha que antaño.

No es nostalgia lo que a partir de ese día llevo conmigo. Es más bien, la inmensa dicha de llevar a esa niña en mi interior. La perdí, no sé por qué, y ahora, de repente, ha vuelto a mí.

Desde ese día, río más y siento la música como algo que llevo bajo la piel, como algo que pertenece a lo más hondo y profundo de mi ser.

No tenía aptitudes para ser bailarina profesional, pero sí, para sentir la música y expresar lo que era para mí: mi mundo infantil.

Y ahora vivo con ello, bailo cuando estoy sola y expreso lo que la música me dice. Y es que la creatividad, cuando la escondemos, la olvidamos, o mejor dicho, la castramos, es nuestro peor enemigo.

Sí, yo fui la vedette en mis mejores años de infancia. Y ahora, soy la vedette de mi corazón, porque sigo sintiendo lo mismo cuando escucho a cualquier genio que tuvo la magia de escribir unas notas musicales para que muchas niñas como yo, fueran y sigan siendo felices al escuchar las bonitas notas entrelazadas que conforman un regalo del universo.

A todos aquellos que compartieron conmigo esa bella época: gracias.

A Magda , en especial: a ti te debo mi niña interior.¡ Gracias de todo corazón!

 

 

 

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Escucho "Vide cor meum" y...

vuelo como los ángeles a través de verdes campos inmensos en trigales que resurgen de un caluroso verano.


Una mariposa se posa en mi mano.Derramo una lágrima de felicidad, de vida. Cierro los ojos para sentir que aún , la vida es posible.


Aún, en este mundo inhóspito lleno de rencores y lentas agonias del ser humano.


Preciosa música que acompaña mis horas no dormidas, sí vívidas y , compartidas con todos vosotros


Me encanta ofreceros este pequeño " cadeaux", al fin, soy una lady, je,je.


 http://www.youtube.com/watch?v=267LBdz-ywc

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