Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a lapelirroja            13 libros en su biblioteca
     17 valoraciones      80 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

El misterio de la mujer salamandra


Tedio

Voy donde los árboles supuran salvia de oro, donde los mirlos no se alejan si les ofreces la mano. Voy allí, donde mi desidia pasa desapercibida, donde los días de lluvia se recuestan y desafían al sol. Espero que allí me mezcle con la brisa, para comprender qué se siente al ser viento, para ulular entre los arbustos cuando el mundo esté en silencio. Espero, allí, transformarme en tela de araña, ser piel sedosa y atrapar insectos, espero que mis pies enfangados se confundan con la tierra, una parte intrusa que se derrite entre las hojas y, perenne, observa el pasar del tiempo. Deseo, allí, fluir como fluye el agua del riachuelo, cantar bajo los barrotes del puente, llevar el mismo perfume que usan los mediodías soñolientos. Sólo allí, entre matorrales, quiero pintar mis pechos del verde del fresno, hilvanar con mis estrías el tronco de un roble, plantarme a vivir y a soñar sobre un campo yermo.

Denunciar

Planes

De un tiempo a esta parte me he percatado de que odio mi trabajo. Todo empezó hace más o menos un año, cuando, entre pitos y flautas, me empezaron a dar ataques de pánico y depresión, aparte de otros trastornos que no me atrevo a enunciar (no sea que se decidan a volver). Dichos ataques me daban sobre todo las semanas que tenía turno de noche. Me dolía el pecho y sentía pinchazos por todo el cuerpo, sentía que iba a morirme. Mi médico, muy amablemente, me empezó a dar baja tras baja, lo que consiguió mosquear bastante a mi exjefe. Yo, por supuesto, lo comprendo: si yo fuera jefa, también me daría mucho por culo que uno de mis trabajadores estuviera siempre enfermo. 


Pero en mi caso es que era absolutamente cierto. Me sentía incapaz de hacer otra cosa que no fuera estar metida en la cama. El simple hecho de ir a trabajar me hacía llorar, me sentía la persona más desgraciada del mundo. 


Cuando empecé a hablar de este problema en mi entorno, todos me decían que estaba loca. Me decían que no me podía permitir dejar ese trabajo, que tenía muy buen sueldo, que pensara en la gente que no tiene nada, que era egoísta. Todas esas palabras me hicieron aguantar y aguantar, aguantaba porque de algo había que vivir, porque yo lo tenía muy bien, porque era lo que tocaba. Pero aquello me estaba aniquilando. Aquel puesto estaba acabando con mi vida.

 

Sin embargo, llegó el día en el que tuve que replanteármelo todo: fue el día en el que, tras haber contabilizado tres días seguidos sin pegar ojo, mi exjefe me comunicó que me echaban, que la empresa no me necesitaba. Que no pensaban alargarme el contrato y que, por lo tanto, en unos tres meses me quedaba sin faena. Creo que no es fácil describir cómo me sentí: por un lado, sentí alivio. Aquella situación iba a llegar a su fin. Por otro, sentí pavor: ¿Dónde iba a conseguir un puesto nuevo antes de navidad?, ¿me llegaría el paro para seguir?, y, sobre todo... ¿Por qué cojones seguía sintiéndome tan triste?. A esta última pregunta podré responder un poco más tarde.

 

Por suerte, un ángel (una persona a la que le estoy tremendamente agradecida) me proporcionó una ayuda inmensa y, gracias a él, conseguí empleo en enero de este mismo año. Dada mi experiencia, pensé que este trabajo nuevo me vendría bastante bien: ya no trabajaría por turnos y, además, tendría una jornada laboral mucho más reducida (de sólo seis horitas al día, no está mal). Todo fue bien los dos primeros meses, hasta que empezaron a darse ciertas situaciones que, de nuevo, me han comenzado a desequilibrar: horas extras incontables y sin pagar, fines de semana de madrugón, proyectos que se alargan hasta bien entrada la noche, jefes incompetentes que no saben cómo solucionar los problemas de sus trabajadores, etc., etc.. Casi que volvemos a las mismas.

 

Este conjunto de vivencias me han hecho plantearme el si debería emprender. No deseo montar un negocio, ni tampoco quiero estar tipo freelance ofreciendo mis servicios traductoriles. Más bien, me gustaría ser autora, escribir e ilustrar mis propias historias.

 

Cuando se quiere emprender de esta manera, una se ve a lo J.K. Rowling: escribiendo y anotando con una taza de té en cualquier cafetería. La realidad es que, probablemente, sólo J.K. Rowling lo hizo de esta manera (bueno, ella, y muchos de los hipsters que veo por el Starbucks, que se sientan con sus macs a pensar en lo qué quiera que piensen los hipsters): mi persona necesita disciplina y silencio, no es una cuestión de inspiración, sino de tener una idea y trabajar e insistir sobre la misma, hasta que salga un producto aceptable. Hace ya un tiempo que vengo arrastrando una idea, una idea que me gusta y me motiva, con la que mi corazón vuelve a latir: sin embargo, es complicado llevarla a cabo. A menudo me asaltan las dudas, me pregunto si la idea es buena, si lo que hago tiene sentido, si habrá alguien ahí fuera que apueste por mí... me reconcomen la falta de confianza y la confusión, porque ya no se trata de escribir visceralmente en un blog, sino de escribir para un público, con un objetivo; tampoco se trata de dibujar por amor al arte, sino de ilustrar, de transmitir con unas imágenes lo que dice el texto, acompañarlo y adornarlo, para que quien compre el álbum lo mire con cariño y lo trate con mimo. Sí, en cierto modo, hay mucho que poner el juego: esa es la presión que siento. Aun con todo, creo que esta presión es una presión bonita: al fin y al cabo, no tengo demasiado que perder, sigo trabajando como una posesa para esta empresa que me importa un pito, así que, en cierto modo, por ahí tengo algo asegurado.

 

Y, sin embargo, deseo que todo salga bien. Deseo con todas mis fuerzas que mi idea termine de aflorar, que a alguien le guste y se atreva a publicarlo: deseo dejar de ser una esclava del sistema y trabajar para mí, ganar dinero sólo para mí, cagarla (si es que la cago) con consecuencias sólo para mí. Sí, eso es lo que más deseo en este mundo.

 

También quisiera ser paciente y fuerte. No desesperarme (pues a veces me desespero), darme el tiempo que necesito para hacer todo lo que tenga que hacer. También quisiera no pensar tanto, no escuchar tanto a los demás, sino guiarme por lo que a mí me sienta bien en este momento, confiar un poco más y hacer lo que verdaderamente me hace feliz. Quizá, lejos de lo que pueda parecer, esta sea la parte más compleja de todo el proceso.

 

No sé si el blog es el mejor sitio para anunciar este tipo de planes, pero lo cierto es que me apetecía compartirlo, pues imagino que los lectores de esta entrada lo verán con ojos neutrales, no como mi entorno, que ya se encarga a diario de mirarme como si estuviera tarada.

 

No estoy tarada: tan sólo quiero sentirme motivada y, de una vez por todas, hacer lo que me gusta.

Denunciar

Shake the disease

Por la tarde fuimos al puerto, apenas chispeaba. Un señor con la cara desencajada y la boca como un piano nos vendió un cartucho de camarones, alguien gritó desde un bote que la policía no estaba. Luego bajamos por el paseo, escuchamos desde lejos a los Depeche Mode y me preguntaste por qué no habíamos comprado entradas para el concierto. Y yo qué sé, te contesté, pero mira que hemos tenido tiempo. La cáscara de los camarones crujía entre nuestros dientes, caía el sol en picado y las gotas de lluvia empezaron a ser a ratos más frecuentes. El pelo se me enredó con la hebilla del cinturón, el viento difuminó tus facciones, Dave Gahan entonaba la de Shake the disease bajo aquel helado chaparrón. Nos volvimos, y al girar, me di cuenta de que todo me daba igual: así que aminoré el paso, caminé cada vez más lento; tú corrías para refugiarte de la lluvia, yo me arrastraba para que las gotas me destiñieran y me hicieran desaparecer. Así estuvimos durante unos minutos, entonces te perdí de vista, y yo... yo simplemente me encogí hasta desvanecer.

Denunciar

Diario espírita

Siempre que aprieta el calor, me acuerdo del fantasma de la calle Zaragoza. Solía aparecerse en verano, entre las cuatro y las seis de la tarde, cuando los vecinos de la casa se echaban a dormir la siesta y el patio interior se quedaba vacío. Yo lo observaba, y él también me miraba. No tenía pies, o al menos, yo nunca se los llegué a ver. Jamás pasaba del portal, debió ser un hombre muy tímido cuando estaba vivo (si bien es verdad que yo tampoco me acerqué, aunque no sabría decir el motivo).

La última vez que lo vi fue el verano antes de hacer la comunión. Tiene gracia, pienso que quizá se aburrió de mí. O quizá ya no tenía fuerzas para soportar a mi vecina Carmen, que era incapaz de cerrar el pico cuando le tocaba. Una mañana, tras haber pasado aquel largo verano, le dije a mi madre que había dejado de ver al fantasma. Ella me miró con espanto y guardó silencio. Más tarde, cuando mi hermano y yo nos fuimos a dormir, oí como mi madre le decía a mi padre que a ella le hubiese gustado tener una niña normal, del estilo de mi prima Andrea, que, a día de hoy, sólo tiene un ligero trastorno obsesivo-compulsivo. 

De verlo ahora, le preguntaría por qué está allí, y por qué sólo se aparecía en verano. Estoy segura de que contestaría.

Denunciar

Mi corazón arde

 Mientras piensas, princesa, cae la tarde presa del sonambulismo, tú caminas sin rumbo con ella, enfundada en una chaquetita de polipiel que no parece abrigarte. De tanto pensar, princesa, se te ha quedado marcada la arruga que dibujas al fruncir el ceño, la culpa contabiliza tus minutos y te hace merodear entre las margaritas del parque. De tanto darle vueltas, princesa, has bailado como una peonza sobre el mismo punto, has cabado un hoyo de preguntas y lo has llenado con la pereza que te da recordar. Piensa que te piensa, caba que te caba, hunde que te hundes en unas arenas sin consagrar, sepelia que te sepelias en una sepultura neuronal.

Y así es como te encierras, princesa, así es como pasa tu primavera, entre tardes de sonambulismo y encrucijadas sin respuesta.

Denunciar

Cariños

Ojalá algún día puedas contarme cómo estás, si es que estás, o puedas decirme cómo eres ahora, si es que eres de alguna manera, o si acaso flotas en el aire (que es como yo te imagino), escondido como una filigrana entre los velos de esto que llamamos realidad. Ojalá me extirpen tus recuerdos, que tampoco son tuyos, sino de mí y de ti, para así sentirte en tu totalidad, acostada en lo que, quizá, siga siendo tu regazo, mientras me convences de que yo sí sigo siendo, sigo siendo la chica que lloró a tu lado porque no supo entender la diferencia entre quinientas pesetas y quinientas mil. Puede que entonces, sólo entonces, consiga comprender que lo peor ya ha pasado, pues algún día volveré a verme entre tus brazos, en el que ahora es tu mundo, el mundo de los segundos infinitos y de la terrible eternidad. 

Denunciar

El amor

Supongo que esta es la vida que nos espera, sentados frente al televisor, tú juegas a no sé qué videojuego en el que matas a un montón de gente, mientras que yo, sentada a tu lado, te cuento que sueño con hacer algo más.

Denunciar

Crisis cumpleañera

Como me encuentro en los días previos a mi natalicio, he de decir que me he deprimido sobremanera. Que no es que yo sea una tipa muy feliz, la verdad, siempre he sido una triste, pero ahora con más motivos. Y es que hoy he mirado el calendario y, acto seguido, me ha crujido la espalda. Luego me ha empezado a doler la cabeza y me he tragado a la desesperada un paracetamol. Lo mismo es un tumor cerebral. O es ansiedad, como me dice mi médico de cabecera, que es de los que te ausculta sin levantar la vista del escritorio. Un puñetero genio.


En fin, el caso es que me he sentido tremendamente cansada, tremendamente vacía, tremendamente sin planes, histérica, poco atractiva, acartonada. Tremendamente vieja. Terriblemente acojonada por la que me va a caer encima. 

Denunciar
Artículos publicados: 80
1 -  2 -  3 -  4 -  5 - 



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2014 © librodearena.com