*Lo peor de todo es que algún tiempo después de mi muerte se me va a descubrir de verdad. Todos los que me tenían miedo o me odiaban cuando estaba vivo abrazaran de repente mi memoria. Mis palabras estarán en todas partes. Se crearan clubs sociales y sociedades. Será como para volverse loco. Se hará una película de mi vida. Me pintarán mucho más valiente de lo que soy y con mucho más talento del que tengo. Mucho más. Será como para hacer vomitar a los dioses. La especie humana lo exagera todo: a sus héroes, a sus enemigos, su importancia.*
________Charles Bukowski
No sé si la muerte se estaba fumando sus cigarrillos, ni tengo yo la culpa si así fue como ocurrió el fin de sus días; yo no he terminado todavía de querer sentirme mejor ¡Taxi!
Los días que los caracoles inundan la ciudad, es un dia de cuernos al sol. Días que las calles de la ciudad atraen la electricidad del cielo en el que se compra la beatitud y a toda su carga de neón vistiéndose con un semblante extraño; desde la ventana miras el callejón y no apetece quedarse dentro de la casa, tienes que salir y mezclarte con el bullicio, rozarte de brazos, sentir asco a veces y glorificarte muchas más, es según por donde transites; cercano a los caracoles callejeros, te dan ganas de reírte, allí; la mariajuana, el vodka o un cartero borracho metiéndolos en una gran olla grana de cinc me elevan tentándome a pensar que nada es más valioso en la vida que un día de caracoles soleados sin amaneceres dolorosos.
Charles prolongaba esas mañanas follándose tres tuberías de Linda Lee, apostaba en las carreras de caballos, arrancando las furgonetas del reparto de barras de hielo marchándose a toda ostia borracho perdido, dejando la manguera del agua colgando tras el santo furgón, si,<un factótum> seleccionando pepinillos en una fábrica y sobre todo, dándole a la máquina de escribir “bien fuerte” después de un día duro en correos masturbándose… Hoy Hank, subió al taxi y dijo hipódromo lo mejor que pudo balbucearlo. Ganó doscientos dólares en la última carrera, durmió cinco horas en un asiento de la parte alta de las gradas medio doblado como un gusano y vomitó otras cuantas de veces a los pies de un párroco católico enganchado a los boletos y a la adrenalina fuera del confesionario. Despertó sin resaca y se bebió dos vodkas con hielo en la barra del antro de los caballos. Se pasaba las manos por la cabeza, casi peinándose entre los dedos cuando cruzó la mirada de Helen, una alemana de unos cincuenta años, rubia y deseablemente puta: le dijo con los labios cerrados mientras regresaban aquellos ojos a su marido, un teutón gigante como un cíclope. Le pidió un cigarro a la mujer del jayán y en dos trocitos de hielo, eran amigos y europeos, quedaron para la noche. Hank, iría sólo, aclaró.
Llegó antes que la pareja, todo un anfitrión; tomó un trago y dejó cincuenta dólares al barman; cuando entraron ellos estaba poniendo música en una sinfonola; sonaba un saxo, Parker quizás. Tenía la mesa elegida, la bebida y la noche. El camarero traía ron, vodka y cerveza como si se lo mandara el dios de las letras. Hank bebía, Helen bebía y el gigante trasegaba litros por minutos. Al cabo de dos horas había un faro en el bar, era la cara roja del alemán desmayándose sobre la falda de su mujer con los ojos abiertos, borracho y con hipo; Helen le puso el trono a tiempo mientras se levantaba; Hank había bebido la mitad de otras noches, dejó claro por cincuenta pavos en la barra que sus copas irían con mucho hielo y poco artefacto; salió agarrado de Helen a la calle ¡Taxi! ... al Hotel Blue Lantern de los Caracoles, por favor.
"Si eliges este camino, debes seguirlo hasta el final" le decía a Helen, la aprendiz de escritora.
Un sultán mameluco dijo que desde Samarcanda no se podía ver el Mar Sirio Mediterráneo y que deberían de explicarle cuáles eran sus confines. Preguntaba por Ceuta y por los árboles de la seda de África, pues creía él que en un árbol de las montañas del Atlas de Mauritania, las hojas y el árbol incluso, eran cubiertos con un tenue manto de seda, que, con expertos en la manipulación, puede usarse para hacer tela similar a la de los gusanos de seda; y que una planta de Asiria, sobre las espinas de ésta, unas arañas tejen redes, que se convierten en un material para la ropa de lujo para la mujer, llamada la seda. El sultán pareciera que hubiese leído a Plinio, o en sueños veía valquirias varadas en el cerrado Mar de Araal; o quizás era muy conveniente difundir éstos fraudes para mantener su ventajoso negocio con la materia de éstos gusanos de seda. Compraban la seda en Samarcanda a un rico mercader chino, tan poderoso como dos emperadores mogoles. El secreto de los capullos de la seda era considerado alta traición si se sacaban de China, al igual que revelar el secreto de la confección de la seda y se pagaba con la muerte, de ahí su alto precio, era un monopolio con una producción muy baja.
El nombre del mercader era Luó Béi té sen y Luó Béi estaba casado con dos hermanas de sangre del Nü Shu, la mayor Yué Lan y la segunda esposa Zuǒ Yī. El Nü Shu literalmente significa “escritura femenina” no era solamente un tipo de escritura sino una subcultura China que se daba entre las mujeres, con sus propias leyes e historia. Los hombres respetaban este lenguaje secreto y tenían prohibido conocerlo, ya que se trataba de un lenguaje para comunicarse en secreto y trataban temas personales. Uno de los documentos más importantes del Nü Shu eran las cartas del tercer día, que entregaban las madres a sus hijas tres días después de su casamiento, ya que esta se iba a vivir a casa de su marido y se desvinculaba de su propia familia. Con estas cartas madre e hija podían seguir en contacto, y la hija podía preguntarle cosas acerca del matrimonio que no se atrevía a preguntar a su suegra, y uno de los factores más importantes de Nü Shu era el pacto “hermanas de sangre”, un pacto entre un grupo de mujeres que implicaba darlo todo por las demás y apoyarlas en los momentos más difíciles. Se escribían cartas entre ellas para llevar una vida más fácil y estaba por encima de las demás cosas.
Todo esto creo que se podría leer en un buen abanico chino del siglo I a.C., es posible, pero la escritura femenina china (aún existe) no cuenta la decapitación de las dos esposas de Luó Béi en la ciudad más grande del sur, Bujará, en el interior de la fortaleza de Arq con la luna ensangrentada… lo cuenta la fábula encontrada en el plisado de un vestido de seda…
...La opulencia y el brillo metálico adquirido con el comercio de la seda cambiaron a las hermanas, dejaron de amar al esposo y la noche que no dormían al lado del comerciante abandonaban aquella casa ciudadela para reunirse con un soldado del sultán, Jayr el tayiko, un uzbeko de una belleza sin principios, violenta, de una tez maravillosa y con rasgos salvajes en su rostro, con ojos vivos poseedores de la seducción del intelecto, de actitudes muy naturales, un domador de caballos. Con Yué Lán, la primera esposa, el uzbeko dejaba de ser el comedor de hierbas de caballos en las noches oscuras de las estepas cuando rodeado tuvo que mantener a doscientos hombres sin comer durante dos semanas sitiando la ciudad de Astrakán y en su metamorfosis paladeaba el cuerpo maduro de Yué, educada en el sexo para generar espasmos en el cuerpo desnudo de un hombre rico y Jayr no veía el Volga, perdía el control y la poseía brutalmente, acometiendo como un semental. La primera esposa se enamoró del salvaje aquel, de su indiferencia, de sus inesperados arrebatos de locura, llegó a oír la circulación de su sangre. Durante muchas noches, la fiebre y los celos le alejaban de la cama de su esposo, palideció y escribía sin pausa, con la mirada pegada al suelo de madera, llegando a ser despreciada por éste llamándola 死貓, gata muerta.
Zuó Yí tenía que remediar la ausencia de Yué en la cama del mercader con recortar sus visitas al uzbeko, que si bien no le gustaba en absoluto yacer con ninguno de los dos, Zuó Yí era una frígida glacial, sí empezaba a odiar a su hermana, y por verla morir, le contaba sus pasiones con el salvaje, y cuando estaba con él dedicaba todos sus encantos de serpiente a ser más deseada que su hermana. El uzbeko se entregaba a todos los juegos y a todas las confesiones; si Yué le declaraba su amor, Zuó Yí le contaba cómo habían logrado sacar los gusanos de la seda de Lanzhou; y Yué le hablaba de las sacerdotisas de las cuevas de los mil Budas, expertas en volver loco a los hombres con sólo acariciarles, mientras el domador masticaba su brizna de hierba preferida de la mañana. Un día que él confesó a Zuó Yí que su amor por la hermana mayor era quizás el definitivo, estaba poniendo en práctica su comedia, ésta quiso alimentar su veneno ya odioso y le enseñó a leer en las tablas del Nü Shu, logró mantenerse a su lado durante unas semanas más, en las cuales Yué Land apenas vio ni a uno ni a la otra, llorando en el silencio de los gritos interiores, sabiendo que cuando el aire se enrarece, todo el cielo permanecerá oscuro incluso en los dias más amplios de verano.
Durante el transcurso de un viaje del esposo a China, las dos mujeres fueron invitadas a la fortaleza del Sultán, a la impresionante Arq; cuando llegaron, fueron recibidas deteniéndolas, y ante su Jefe, de pie y a la izquierda del sitial mirando fijamente a las dos mujeres vestidas de seda color índigo, con un único complemento ambas, un fino pasador de madera sujetando el pelo, el uzbeko, leyó las tablas dónde aprendió a leer de la mano de Zuó Yí: no fueron juzgadas, eran culpables y fueron declaradas espías del emperador celestial de la China, así constaba en las tablas del Nü Shu escritas por ellas; pasaban información en las caravanas a oriente del arma secreta de los esteparios, los magníficos caballos de las llanuras del Valle de Ferghana en Asia Central; Kirguizistán, Uzbekistán y Tayikistán, mucho más fuertes y veloces que los caballos chinos, con los que la caballería del Imperio podría enfrentar a los habitantes de la estepa en mejores condiciones y así adueñarse de todo el comercio de la seda. Ibn Jaldún pudo contar, de haber descubierto aquel pliegue joyero de seda, que fueron decapitadas de un sólo golpe de hacha cogidas de la mano.
Conduces y la línea recta de la carretera parece no tener fin. “París, Texas”, Daytona, mi cabeza en tu hombro mientras la música no distrae nuestros sentidos sino que los acompaña. Pasan las horas, la carretera sigue infinita y marca la voluntad de ser infinitos en nuestros sentimientos y deseos. No me dejas conducir, te gusto más recostada sobre ti, y sabes que te hice una promesa. Cuando lleguemos a Virginia... te ducharé. Cuando lo haya hecho, te exigiré que lo hagas tú. Lo haré. Lo harás. Lo haremos. No hay fin en nuestros fines. Hay reto. Nuestra partida siempre está abierta. Ambos somos jugadores. Fijamos la mirada en el otro mientras reparten las cartas. No buscamos la victoria sobre el otro. La buscamos sobre nosotros mismos. Y la alcanzamos: nuestra.
Transcurrimos por la carretera con la placidez de disfrutar de nuestros momentos de calma, y con la prisa de alcanzar el destino. Tu prisa, mi prisa... Me siento bien mientras avanzamos. Tu mano que me acaricia el pelo me dice que tú también te sientes bien. Las rectas interminables no son más que el reflejo de lo que existe entre nosotros, ante nosotros: tiempo, espacio, fluir, poder...
Virginia, nuestra ciudad, se presenta fantasmagórica. Oscuridad en las calles: somos una estrella fugaz, la luz de nuestro deseo nos guía hacia el único hotel existente. Aparcas, me miras, me besas, me abrazas. Lenguas y caricias, eso somos antes de bajar del coche. Un nudo de pasión que nos sobrepasa, como siempre… Una habitación. Tu sonrisa. Una ducha. Vamos. El agua cae. Fría. Debe ser lo único frío a nuestro alrededor. Por más que congelemos nuestra piel dejando caer el agua nuestro contacto vuelve a incendiarnos. Somos dos. Desnudos sólo queremos ser uno. Desnudos sólo queremos ser, sentir, avanzar, gozar, gritar...
Pero todavía no. Déjame que te enjabone, tocar lo Prohibido. Tantas horas en la carretera merecen tu relax. Te enjabono con mis manos. Dedos largos que pasean por tu cuerpo llenándolo de jabón y deseo. Tus hombros, tus axilas, esos brazos fuertes que me aprisionan cuando me abraxas, tu torso… Te doy la vuelta: tu espalda. Te froto la espalda mientras te beso: jabón, agua, beso, jabón, agua, beso. No veo tu cara pero siento como te estremeces ante el placer que sientes, ante el placer que sabes que está llegando: - Me arrodillo para enjabonarte los pies, me siento como una geisha que te procura todos los cuidados que precisas. Tus pies, tus rodillas, la parte interna de tus muslos, ese huevo oval que queda entre ellos, y a medida que asciendo veo como tu sexo crece hasta tenerlo frente a mi cara. Jabón, agua, besos, jabón, agua, besos. Te muerdes el labio inferior y no necesito que me digas nada más, está enorme. Introduzco tu polla en mi boca y la recorro con mi lengua: arriba, abajo, de un lado, del otro. Te siento temblar mientras mis labios te recorren, te succionan, mientras mi lengua gira a tu alrededor, mientras te agito despacio y te llevo de una comisura de mi boca a la otra, mientras te agito deprisa y tu piel sube y baja, y mi lengua sube y baja, y mis labios suben y bajan, y mi boca es pequeña para contener todo lo que me das. Porque me lo das todo, porque retienes el aliento en cada respiración irregular desde la que no hablas pero sé que me dices “sigue, sigue, sigue”. Y sigo, porque eres mío y no voy a soltarte. Porque tu sexo es mío y quiero que llenes mi boca entera con tu semen. Vamos amor: córrete, yo estoy dispuesta, ¿lo estás tú? Explotas en mi boca desde el volcán de tu sexo y tu lava mana a través de mis labios que vuelven a ti, a los tuyos. Agua, efluvios, semen, saliva, todo está una vez más, todo está otra vez más, en esta locura de sentimientos en los que el calor, el temor, el frío, el placer, la abundancia, el dolor, el deseo… todos tienen cabida.
Mojados, por dentro, por fuera, seguimos nuestra batalla en la cama. Cuerpos vivos y sumisos incapaces de agotarse ante tanta abrumadora lujuria.
Virginia. La ciudad nos observa desde la ventana. Oscuridad frente al arco iris de nuestros cuerpos. Oscuridad ante los destellos de nuestra pasión. Oscuridad porque vivimos de noche mi amor, como a ti te gusta. Oscuridad y silencio. Sólo nuestros jadeos y gemidos rompen el cristal inmaculado de la noche serena. Seguimos cumpliendo sueños. Tú conduces, yo me recuesto en ti. Te ducho. Nos amamos. Más tarde me duchas tú. Y volvemos a amarnos. No hay más metas, somos salvajes y no hay más retos que repetir lo hecho, que mejorar lo hecho. ¿O tal vez sí? El próximo día, capitán, me vendas los ojos.
Hola cariño, me he dormido ¿Me estabas hablando tu? Me gusta como conduces. Sube la música por favor, bésame.
Después de ver la pelicula soñé en Hong Kong. (la he visto muchas veces, ayer vino el texto)
De manera breve, de un punto de vista reflexivo, y mediante la abstracción de las principales características que definen al hombre moderno, el conjunto de obras para esta exposición reúnen, de un punto de vista siempre subjetivo, el modelo generacional actual. El hombre contemporáneo, un ser que se ha ido modelando y perfilando hacía la globalización de ideas, la búsqueda del estatus social elevado medido por la magnitud del poder adquisitivo personal, un individuo que reacciona con frialdad en sus actos y falta de candidez hacia sí mismo.
Todo queda reflejado de manera explicita, la dificultad de reconocimiento propio, la incapacidad para la determinación existencial y la aceptación de criterios, sin espacio para la reflexión, basándose en leyes y valores adquiridos por generaciones predecesoras, errores adquiridos, errores triplicados, cuadruplicados…
La pluralidad de ideas, la multiculturalidad, la aceptación social o aún más distante, la aceptación racial, la filantropía suponen a nuestro hombre un atentado contra su realización, una alteración de lo preescrito, y por tanto un problema añadido para la consecución de sus metas, ante todas ellas se erige el poder terrenal, la riqueza material.
Sin dirección, en un mismo espacio, el prójimo pasa inadvertido, la rutina y la actividad humana se impone, la creatividad, la comunicación, el arte, la sensibilidad todo queda al margen, en segundo plano, frente a la inercia del paso del tiempo ordinario. Incapacidad de reflexión, de apreciación, de interpretación, todo está definido, hay que avanzar sin dirimir nuevos conceptos…correr, proseguir, sin dirección, “indireccionados” hacía el fatalismo, hacia lo objetivo, lo material, la riqueza personal, quedando inadvertido el sentido directo que le conduce a su exterminio.
Sin darnos cuenta de que el ser humano no se diversifica por el color tonal de la piel, ni por la mayor o menor capacidad adquisitiva, ni por adquisiciones efímeras ni por un mayor o menor grado intelectual, ni por el vello facial, ni por los diferentes sonidos guturales emitidos,…no, el hombre es igual en todas sus manifestaciones, una voz al unísono, una rama biológica, sin diferencias. Sin embargo niega la evidencia, lucha contra ello, por ser diferente, por su singularidad, en perjuicio de su propia existencia, basándose en doctrinas morales y espirituales, en pro de su autodestrucción.
Nuestro origen es biológico?, al igual que nosotros mismos? No es acaso una evolución de nuestra composición química? O acaso derivamos de creaciones fantásticas de la mano de un ser situado en la cúspide de un proceso de jerarquización establecido por nosotros mismos?...El debate queda servido. Y que más da? Por qué indagar en lo más intrínseco de nosotros mismos, para qué?, con qué fin?...
Injurias para unos, calumnias para otros, incapacidad de conciliación de conceptos,
Aunque, imposibilitados para generar una mutación voluntaria que les diferencie a unos de otros. Físicamente diferentes, existencialmente iguales.
Describamos, en último lugar, su hábitat, un complejo arquitectónico digno para albergar su stress, un espacio artificial proyectado según el modelo político vigente, verticalidad, si, hemos llegado a la era de la expansión vertical, la creación de prismas habitables, todo es válido para encontrar la solución al problema espacial, proyección urbana insípida, ridícula, desproporcionada e injusta y sin embargo comercial, objetiva, se acepta la moción…
“Apología sobre el ser humano moderno” es en realidad una irónica forma de describir al hombre contemporáneo en vez de un enaltecimiento del mismo. Supone una mirada de autocrítica hacia la sociedad actual, sacando de manera explícita su propia forma de existencia. La colección de trabajos pretenden reflejar en su totalidad y a la vez por separado, las dos principales características inherentes a lo largo de toda su existencia: su Intolerancia y su Insensibilidad.
Ante todos el ser vivo más avanzado y creativo y a la vez el más peligroso y destructivo tanto para sí como para el medio que le rodea.
Las mariposas que penden de un hilo en las manos de los niños son cometas que bailan en la playa junto al viento suave de la tarde dejando una estela de optimismo en una atmósfera bermeja, de vez en cuando se encuentran en un movimiento simultáneo y siempre contradictorio, almas que jamás debieron juntarse, inaprehensible etapa de la vida en la que fueron reunidas por la violencia de la ley, la norma que transgrede al infinito de lo posible y es asumido, pero nunca lo justifica. Como hay que abrir el presente, el atardecer invita al glamour, entonces hay que emplear la violencia, todo es violento, el cielo lo es y las cometas están debajo de él sobrevolando a otra mujer que ya está libre del cepo más doloroso. A su lado una botella de agua mineral con cristales de nieve Christian Lacroix de Evian, el presente es tomado por la escritura y la música suena sin cercanía sin lejanía, está en el mismo ambiente, hace calor y los chicos con las chicas quieren emerger de la inocencia. La más hermosa del juego de las sorpresas tiene ésta noche una cita y Manuela bebe un poco de nieve mientras saborea lo que del presente se escapa que no es otra que Ella en su mejor vestido francés de )( con su rojo lápiz de labios. La marina donde atracan los yates deja pasar una brisa de aire y se baña en él estremeciéndose, acunando las ondas de su pelo y ésta morena sabe que es feliz; las mesas llenas de caviar, su collar de perlas de Baroda; las navajas y los dueños de la cólera están en su laberinto subastado sin poder salir y en la música de la tarde se puede oír que Ella ya venció a su monstruo y el tiempo acabará por matar a su hermano el Minotauro, cae la noche y en el Santuario bailando brilla la luna dentro de una copa llena de la voluntad del piadoso Möet &... Abraxas.
Es posible tener miedo al miedo, cuando se trata de perder a una mujer, es posible, puedo decir que estoy loco y ahogado de terror, me dan calambrazos. La desesperación y el desasosiego, un reconcomio que se aloja en la espalda del alma y te va cosquilleando la carne hasta que se planta en la cara y te deja agriado el rostro, la mirada y el corazón lleno de dudas, acobardado y vacio de otras inquietudes. Expuesto, totalmente atrapado por la contrariedad y con la indignación hecha bilis, quedas por completo anulado, ciego; eres un detrito que siempre está fuera de cualquier lugar, tirado en la puerta del Sínodo de Pistoia (aún menos vale uno). Sólo Ella y su escarmiento cuelgan de mis gafas de sol, puro Jansenismo, Manuela es la negación del estado de naturaleza pura, me “abraxas” la vida entera; es un tipo de culto que pronto dejaré de practicar, recorrer su exuberante cuerpo casi me está ya prohibido, tengo que beberme su imagen espiritual y onírica creada por mi, tensionar mi dialéctica entre la razón y mi fe de volver a verla bailar de nuevo en la Costa Azul, en el bar de Pierre Lost que está construido sobre las aguas del Mediterráneo, frente al paseo de los ingleses de Niza. Si, quizás ésta noche alcance amanecer en la Riviera francesa junto a mi cadáver. El reparto de desolación proviene de mi, de mis noches sin ella, de mi desidia y prepotencia, siempre buscando eternas melenas fuera de su cama, y hoy, tengo que arrastrar mi sentimentalismo barato, mi fábula lírica de borracho que desentona bajo el puente con una botella llena de serpientes, Mamba, un veneno que me ciega por completo los sentidos al verla bailar en la terraza de Lost, el cuerpo de una mujer que fuera de mi dominio, egoísmo pueril, me arrebata el alma, y mi sexo que durante tanto tiempo se creyó importante, despreciado cuando lo creí adorado ¡pobre de mi! su piel morena rozando al joven que se llama lujuria de la belleza, no alcanzo a ver sus tobillos, sus piernas libidinosas y voluptuosas de muslos rodeando a la noche con nombre de varón, sus vibrantes pezones en las puntas, su boca entreabierta me voltea el estomago, sus ojos enormes y verdes sólo consisten en invitarle a Él a los deleites de la carne y a mi una invitación al vicio del odio; enfermo de deseos levanto la mirada del suelo y la beso en mi locura como lo hace Febo de Negroponte, la huelo como Grenouille la Rana, mi drama humano soy yo y un cobarde no tiene impulso y un cobarde no es un símbolo estético, y moriré al romper el día, y los rayos naranjas me dirán que he de morir como la amé, con crueldad: crux theologorum, Libertad y Omnipotencia de Dios clama un ateo, para que condene a todos mis enemigos y me salve yo, con champagne, con una sola copa llena, la mía, con el diablo BAILAR... ¡¡ ABRAXAS !!
- BAILAR- ILUSTRACIÓN ORIGINAL DE JUAN LUIS VERANO. gracias amigo.
No es aún mi momento de retiro en Lawrence, ni de dejar de mover mis tabletas de codeína; las estadísticas están para romperlas y las posibilidades son muchas. Mi corbata negra, mi camisa blanca y mis zapatos Ferragamo; pétalos de muñecas perfumados en mi cartera de piel de bicho protegido, mi sacacorchos preferido en la botella del Vega robada, con el pulso acelerado y las tripas de un mal cabrón las veinticinco horas que puede durar el día, no te miento si te apunto que puedo contar hasta treinta y seis horas en uno solo. Estoy de pie junto al coche de otro y con la música en otra parte; ayer la vi, fue al entrar en casa, tiene un apartamento en la parte alta de la ciudad, llegué con éste coche robado, estaba a cuatro patas lanzando pequeños gemidos, casi pregunto por el dolor, puta, textura de la piel, la agarraba de las muñecas tirando de ellas con ritmo mientras ella templaba ese culo que me vuelve loco, tenía una erección potente, torcida, era enorme la polla de aquel perro jadeante. Se la metió de un solo movimiento de caderas, cerré los ojos al oír su grito, agarré mi pistola, mi propia erección, y la Cold Stainless 9, pero di un paso atrás; ahora se la follaba con violencia, le daba sacudidas vehementes y ella se retorcía, en arrebatos locos recorriendo la verga del bendecido con suerte aquel. Me quedé mirando un poco más, se la metió por detrás, despacio la polla entera en el recto de ella, se lo pedía a gritos; a mi me costaba convencerla, tenia que hablar de ello tres días antes, acostumbrando a sus tetas a no ser visitadas. Era la misma escena que el Cordell de Mosley vio cuando decidió matar a Fry, pero era mi novia, y el hijo de los cuernos era yo, casi me mareo de pensarlo; yo quise matar a los putos Fry y Cordell, que les den, me gustaba la negra y ahora entraba el sol por mi puerta de atrás, jadeaba como una maratoniana la puta, me solté un poco la corbata… Me aleje de la pesadilla aquella: mi novia abierta, y yo un asesino; pero salí de allí con la picha dura, casi me vuelvo para ver como la follaba, el morbo o su puta madre, cerré la puerta, otra asquerosa causa pendiente.
Y son las seis de la tarde y Jose sin venir, me reclino sobre la puerta del coche, ésta mañana no salió bien lo del banco, demasiados nervios sin cocaína en mi pellejo y Ella con la puta adrenalina por las nubes, no se pone pero necesita el dinero y sé que le gusta esto, preparar la cosa, notar los nervios en el estomago sólo de pensarlo, entrar en la sucursal “la flores exquisitas” llenas de pasta y sentar a todos en el suelo, sin gritos, en una orden, las recortadas mandan, lo saben y Ella se mueve como una posesa dragona al sol, lo noto en su forma de moverse, de mirarme antes de entrar con los ojos abiertos por encima de las cejas, relamiéndose de la subida de adrenalina. Una niña pequeña, un bebé, lo estropeo todo al empezar a llorar, Jose no puede con eso, le bajó el uniforme, el pasamontañas se le arrugó y mi escopeta hizo el recorrido de vuelta, la tenía casi fuera del saco, con un ligero movimiento me dijo que no, yo lo supe antes, salimos y al coche, lloraba del subidón; se lo dije _ eres una puta sentimental de los cohones. Sí, decía. _ Ya lo sé joder.
Sigo esperando, tarda un poco pero aún está bien la hora taciturna; seguro que está con Martin, es su mejor amigo, contándole lo del banco. Él no quiere saber nada de esto, es un tipo legal, pero si sabe en los corrales arrabaleros que andamos, el lodazal; después cuando me ve de gentleman me sonríe, cosas del oficio, no se puede ser un calavera todo el tiempo, ya lo dijo Boniato: en el comedor, seis tenedores; en el infierno diecisiete escopetas y un ladrillo para sentarse a descansar.
Me estoy calmando a tragos, los mismos que me bajan por el gaznate con sabor a Nolotil, me tomé dos ampollas en medio vaso de agua, amortiguan mi agresividad pasiva y no pienso en lo de ayer, ahora tampoco, las manzanas volando por el luminoso cartel de la joyería me lo impiden y el dulce amargor es tibio; la vecina de mi madre tiene cincuenta años en la flor de su vida, nos conocimos una tarde cuando tendía las ropas recién sacadas de la lavadora, quería conocerme, éstas chorreaban pues ni centrifugado les propinó; me saludó con las pestañas, tiré el cigarro para no parecer mal educado y le dije que tal? Pues fue su maravillosa falda de cuadros moldeando su espectacular culo de mujer en faltas de dos colores la que me contestó, me alzo un poco más sobre el coche, la mano izquierda en el bolsillo, yo guardo para la izquierda y me toco, y me hago un cine flipando como le cubrí el clítoris con un poco de coca y se lo acaricié hasta ponerme el dedo arrugado como una pasa dentro de un baño de agua, los gritos de la guayaba se los mordí con mi oronda poll…. Alguien me toca el hombro ahora mismo, abro los ojos y otro goterón me resbala por la garganta aplacando la escena de mi novia emperrá con el de Archidona. _ ¿Éste coche es suyo? Me pregunta el tipo mientras me enseña la placa de inspector de policía; algo que yo sabía, un coche robado es útil trece horas, después es un gato negro; _ No, le contesto recogiéndome el pantalón abultado por las pinzas, no es mío el maldito coche; estoy esperando a una amiga y me apoyé en él, eso es todo. Claro que no me creyó, quería saber que demonios estaba haciendo frente a la joyería tanto tiempo, que si esperaba al cómplice, me soltó el bolindro cascado éste. Se fue para la joyería y el dueño de la misma, que le había llamado por teléfono, se le notaba en la carita de diamante opaco que tenía, ya le esperaba en la puerta, hablaron un momento y vino de nuevo para mi coche robado. _Tiene que irse usted de aquí ahora mismo, soltó. Ya, y usted también. _Le doy cinco minutos. _ ¿Para qué jefe, en cinco minutos podría ocurrir todo? _ Déjese de decir chorradas, tengo que atender un asunto muy importante, quiero que se largue de aquí, y eso hará. _Bien bien, vaya usted a su casa, su esposa no creo que esté en malas manos. Me da un rodillazo en lo que hasta hace un momento estaba vivo y se larga, no sin antes murmurar que se queda con mi cara. Doblado veo llegar a Jose, al menos no ha visto nada, gafaría el plan, a los trabajos hay que ir con el alma en positivo, tragando otro goteo de fármaco me pongo muy filósofo, no pienso en nada, pero a metafísico creo que no hay quién me gane.
Por fin llega, lo sabía, viene de verlo a Él, trae los labios pintados de negro rabioso y masticando chicle, y me está sonriendo desde lejos aún, me llamará cabroncete y le contaré mi nuevo plan. Viene con el enano enganchado a la gaseosa de P. Tinto, un gorrón marciano que se llama Kas, no le doy una patada nada más llegar por que será nuestro chófer; llega y me llama monstruo el idiosincrásico éste, Jose me da un beso casto, así que de mala leche otra vez, treinta horas al día no hacen daño, pienso en la cara del Eastwood, siempre en la brecha mi mala imaginación, las ampollas en el estomago suprimen a las mariposas del acojono y al subirnos al coche el cafre pequeño se da un eructo que ni en la película, le miro con desprecio y se muere de la risa, mejor no recordar a mi novia otra vez, me acomodo en el asiento delantero y explico el plan con los sentidos abotargados que hacen que el dichoso trabajo me suene a gloria bendita de esquinas meadas.
Vamos en la dirección del picadero más peligroso del Madrid de Marta Sánchez, mancharnos los zapatos italianos me impone, pero es la única salida, y mira que me da no sé qué, un tipo con clase como yo en las aguas quietas de los charcos, cuando miro a todos por encima del hombro, como encabronado por no tener lo que ellos tienen, al menos una amante no puta; pero ahora no importa tampoco esa vaina, todo va sobre ruedas. _Jose, sacamos las recortadas que impresionan más a los chorizos éstos, deja la pistola en el auto. Conozco la contraseña para entrar, hoy llega una buena comanda de blanca y el Brasas está cargado de dinero, nos llevamos todo lo que podamos ¿De acuerdo? _ Si, hombre, no pasará lo de ésta mañana, seguro, ahora estamos en racha, nunca desperdiciamos dos trabajitos, lo sabes muy bien, así que nada más, entramos y tu hablas, yo cojo la mierda y el parné, no “problem” _ Deja de hablar en ese idioma, le suelto, no quiero malas interpretaciones coño. Se sonríe y me explosiona una pompa de chicle en la cara, treinta y dos horas, joder, la miro y está buena Jose, ¿Sexo con Jose? No lo sé, ella siempre me dice lo mismo, vete al carajo, no profundiza. Si lo hacen las ampollas, me tomo un valium 10 mg. para no dudar en el gatillo de la escopeta y se lo vuelvo a preguntar, me estampa otro globo con olor de bazooka ciber chicle y miro para otro sitio, es de noche. Entraremos cuando esté la bombilla de la fachada encendida, el tío la tiene puesta encima del número de la calle, es una casa de una planta, esa es la señal: Apagada, no entres; encendida: No hay moros en la costa... Y los narcos vienen con la carga, cogen el dinero y se largan, debemos entrar antes que ellos. Jose, ya sabes, te pegas a mi espalda controlando hasta las moscas y entramos de un tirón, y tu mamón gaseoso _ No sé por qué no te traes la próxima vez al Usillos chica, le digo a Jose, anda que cuándo en otra, mira que venirte con éste herniado, y después más tacaño que una rata, no da ni ostias y hoy se va a llevar una cuarta por el morro; deja de sonreír loco, tu ten el coche arrancado, salimos del Brasas y nos largamos plantando monos. Carga los cartuchos chica y toma el pasamontañas, tira el chicle, toma uno nuevo, dame un trago.
La espera se hizo larga, dos horas de Seroxat 40, risas del microscópico mamón y Jose meando en la trasera del coche para mi desesperación y puro placer del marragatos chófer. Por fin se encendió la luz empujada en el casquillo blanco y nos fuimos para la entrada. La casa estaba resguardada de la calle principal por una pared de media altura que no dejaba entrever casi nada de la fachada, sólo la parte superior, la bombilla, era el diseño. Llamamos a la puerta marrón y yo estaba sobre lo cierto, esperaban noticias blancas; nada más descorrer el pasador di un empujón sobre la madera portal y el Brasas, estaba solo, cayó boca arriba con los ojos muy abiertos y las manos pidiendo una explicación: _Calla, ni se te ocurra gritar, levanta y anda. La mesa estaba llena de tabaco, de plásticos y dos navajas que rápidamente me guardé en la chaqueta. El gordo, nervioso perdido, miró una cartera negra que había en el sillón, era el dinero, se sentó y la cogió. Le dije que me la diera, Jose detrás cerrando la puerta. Anda gordito feliz, dámela; la dejó caer junto a Él en el suelo, en una banqueta detrás de la mesa estaba ya la cocaína, un saco de un kilo al menos, llamaron a la puerta y mi escopeta soltó un cartucho de plomos que fueron a incrustarse en la pared del arco que separaba las dos estancias, un ruido sordo me sacó de los valiums, _ Jose, coge tu la bolsa, vamos, yo aguanto al que quiera entrar; ahí, en el suelo, coge el dinero, la bolsa de cocaína y nos largamos pegando tiros. _¡Ya! me gritó, ¡Vámonos! Abrí la puerta y no había nadie, salimos corriendo y nos metimos en el coche ¡Arranca de aquí, venga! A toda pastilla por el barrio de la muerte, el fango en la distancia, me intentaba relajar, Jose descolorida, follable, con los labios llenos de sabrosa saliva de mujer limpia, empezamos a reír, yo la primera vez en dos días, Ella, no había parado de hacerlo en las mismas horas.
Déjame ver lo que has cogido, dame. Sólo tenía una mariconera vacía en las manos, dejamos de reírnos, no pudo alcanzar la cocaína, el gordo se lo impidió en el último momento y de las dos carteras que había en el suelo, cogió la que no tenía nada, me puse de color verde y pálido como una vomitona de leche, la miré y el enano riéndose. No sé lo que le dije, perdí la noción de todo lo que me rodeaba. Ella hablaba de novios muy legales, que me partirían la boca si no me callaba de una puta vez, me enseñaba la foto del último novio que me partiría la cara si no lo hacía, era el mismísimo cabrón que se follaba a mi novia por las tardes, yo berreaba; fuera del coche me dio una patada en los mismísimos testículos, dejó los huevos atrás, caí al suelo y el enano me meó toda la espalda descojonándose de la risa; no le dije nada del putón que tenía por novio, cada uno es feliz a su manera y yo como pude me levanté y me fui a casa de mi novia, un verdadero tipo con clase, a llorarle un rato.
El tiempo deja huella y certificado de ello son los hechos reales constatado ¿Dónde? Extrañamente del tiempo medido por los hombres no sabemos que exista en realidad. Y recordar todo lo que ha pasado en ese intangible período se nos antoja imposible; ocurre esto grandemente con el origen de la primitiva Shinto, tan solo algunos hombres en África, descendientes de la bella Hypatia, la última sabia y jefa de filósofos de la biblioteca de Alejandría, asesinada por Cirilo, obispo de la ciudad y nombrado santo inmediatamente después de ser olvidada Ella, olvido que dura hasta nuestros días, el tiempo cruel lleno de olvidos… tan sólo ellos conocen el comienzo de esta religión y de su culto, impulso espiritual milenario de la propia biblioteca, tan inmemorial y arraigada que ni la golfa nueva religión cristiana, con sus arrogantes aniquilaciones de la influencia y la cultura pagana, ha podido evitar que llegue a nosotros tras dos mil años de crímenes con Febo como testigo incesante y con Hermes sin informar a un dios, aunque ese dios se sepa caído.
Ya en la novela más antigua del mundo “Genji Monogatari” se recoge la llegada por el mar al país del origen del sol, Jinmu, de los hijos de un dios a los que llamaron Kami, aunque muchos rebaten esta exactitud, y se aferran a un concepto caduco desde ahora, claman que llegaron de Catay, pero desde este mismo instante todo eso es falso o no existe. Cuentan las verdades que los hijos de Lucy llegaron por mar y que enseñaron al emperador Jinmu como unir su reino, al que llamaron Nippon. Siglos de guerras y de sangrientas ejecuciones arrasaron la Tierra del sol; difícil sacar de dónde viene la causa de hombres de bien matando a sus hermanos de almas serenas y temerosas, pero hoy tenemos libros llenos de evidencias, abarrotados, de que cuando un Dios pisa la endeble tierra, en su nombre y en el de la falsa paz, nos degollamos de forma sencilla, cual vaca africana nos sacamos la sangre de la yugular para alimentar nuestro ego, poder y nuestro corazón negro de disculpas bien defendido por la creencia en ese dios vacuo y salvaje, moderador de la vida de imbéciles con premio, no serian nadie sin esa buena cobertura que da el dinero robado y la institución implantada a fuego vivo en hogueras y envidias que ahora quieren olvidar, piden perdón, Yukata Mio se ríe en su tumba con la nariz llena de trapos y agua, tal como Él hiciera con los prisioneros Chinos en el 37; ¿o es el que ríe secamente Himmler? … el tiempo, relataba Lucy… Comprender la religión 神道 shinto, la religión del Torii, animista y compleja, no es lo que en África me desvelaron, aunque si comprendí la veneración hacia su familia real, que son ellos, o lo fueron, los líderes de este Politeísmo naturista que es el origen de todas las religiones del Japón y que para comprender todas las tradiciones del País, hay que saber algo de la Shinto, que es usada para venerar al enorme elenco de deidades del cielo y de la tierra, la veneración de los antepasados, y fue ahí como entendí esa veneración que los japoneses dispensan a sus emperadores, esos dioses terrenales que hasta mi llegada al África no me podía meter en la cabeza. Para alcanzar otras metas infinitamente más materiales es por lo que fui al Continente africano, pero en los viajes ya se sabe, nunca todo sale como planeamos y menos siendo yo el que viaja, nunca entendí los mapas con sus fronteras.
Al primer hombre de color negro que conocí en África se llamaba Fernand Kémançe, monsieur Fernand quería que le llamasen y así le llamé siempre. Tenía veinte y cuatro años aproximadamente, pues su fecha de nacimiento la fijaba el año que su abuelo construyó el cayuco grande de madera de baobab; delgado, educado y con mil cualidades más que no cabrían aquí de citarlas todas, pero con dos muy notables que eran las que lo distinguía de cualquier otro: el tatuaje enorme de un dios antiguo africano en la pierna izquierda trazado en el muslo y segundo, que sabía contar historias enigmáticas mejor, casi, que Onetti, el mejor narrador íntimo, con permiso de Borges y de Fernand, del hemisferio sur de este planeta.
Iconoclasta, a pesar del tatuaje que se lo había grabado por legado y por la pureza del inmanente Hacedor, “mais”…, se arrepentía de explicarlo; y animista inflexible por herencia de credos ancestrales en espíritus poderosos y aparte, credos en un dios inmortal asentado eternamente en seres animados; en un día de calor plomizo y harto de mis lógicas dudas occidentales me guió hasta donde ahora vivía el gran espíritu venerado como divinidad desde el origen de todo. En un país como el Congo, las carreteras dejan de existir en cuanto sales de las grandes ciudades y para llegar al interior hay que recorrer la selva umbrófila que rodea el planeta, densa, muy verde y de árboles muy altos, con lluvias diarias que generan ríos de aguas salvajes que serpentean un territorio tan lleno de vida como fantasmal, los gritos ensordecedores de los bonobos, simios que andan erguidos casi todo el tiempo y están en el último estadio de la evolución antes de alcanzar la plena humanidad, expertos sugieren que solo les falta desarrollar el lenguaje primitivo con el que se comunican, esos chillidos que parecen advertencias; invadimos su territorio, te acompañan todo el viaje, asombrado miras hacía las copas de los árboles la primera hora del camino, después abandonas la idea de querer retener en la mente las formas que construyen las ramas para poder volver en caso de perderte, imposible, la vegetación es tan exultante que para un inexperto es incluso difícil poder ver a los animales, que aunque parezca que te están mirando de cerca, ojeas pero no los ves; más tarde empiezas a localizar a los que se quieren mostrar, que en un principio ni a esos veías. La humedad es máxima, ejemplo, que si aplicas mercromina en una herida nunca llega a secar del todo, el agua la va diluyendo hasta dejarte un rastro amarillo azafranado. De Punta Negra (Pointe Noire) ciudad petrolífera en la costa, hasta la aldea de Moubembe, en la falda del monte Berongou de 903 metros de sagrada altura, hay que recorrer trescientos kms. de ésta tupida jungla en dirección noroeste con gargantas espectaculares que hieren la tierra y la empapan con descomunales saltos de agua bellísimos a la vez que casi infranqueables hasta la frontera del Gabón. La revelación del viaje, la descripción del camino recorrido es secreto y no se me ha autorizado a divulgarlo, m. Fernand aseguraba estar guardado bajo llave en los libros prohibidos de los sionistas en Samarcanda o en una aldea del Himalaya, trasladado hasta allí después de salvarlos del gran incendio de la biblioteca de Alejandría, sonreía irónico, no queriendo asegurar el verdadero asilo, es una forma de protegerlos, me arrojó mientras señalaba el inmenso arco iris formado por las gotas de agua saltando desde las rocas. ¿No me dirás el nombre de su guardián? ¡No! Gritó al unísono con los otros dos bantúes que nos acompañaban. Además, de nada te serviría, los bonobos vigilan el territorio kikongo, saben quién viene a llevarse nuestros tesoros. Cuando llegamos a las mesetas, ocultas entre los cañones de los ríos, comprendí, aquellas piedras de nubes cambian el destino de los que las poseen, atraerían al ambicioso, al infinitamente codicioso hombre blanco; al igual que la Ruta de la Seda, durante muchos decenios secreta e incalculablemente menos lucrativa, éste bellísimo territorio y sus fastuosas riquezas deben permanecer velado por los siglos de la avaricia de los hombres níveos. La humedad arrancaba de mis pulmones las burbujas de oxigeno, empezaba a verme azul los brazos y las piernas, los colores abandonaban el arco iris y me rodeaban trayendo voces melanoafricanas… khoikhoi, Kwena (hombre de los hombres) no se preocupe, me sugerían, hombre blanco, tome un poco de hierbas del lago Kyoga, mastique y beba… Nsambu ma, y rezaban…
Tatá wa bísó, ozala o likoló,
bato bakúmisa Nkómbó ya Yɔ́,
bandima bokonzi bwa Yɔ́, mpo elingo Yɔ́,
basálá yangó o nsé,
lokóla bakosálaka o likoló
Pésa bísó lɛlɔ́ biléi bya mokɔlɔ na mokɔlɔ,
límbisa mabé ma bísó,
lokóla bísó tokolimbisaka baníngá.
Sálisa bísó tondima masɛ́ngínyá tɛ̂,
mpé bíkísa bísó o mabé.
Dejé de admirar paisajes, saltos de agua y pájaros danzarines, m. Fernand me miraba, ahora ya sabía el por qué de su despreocupación por el hombre blanco, llegados a este punto, si no conoces los remedios, la bella y alucinógena muerte azul guarda el secreto del lugar. La montaña sagrada ante mis ojos ¿Todo era un sueño? No… mi querido Fernand me invitaba a sentarme, _ Oye lo que cuenta, Kwena de los hombres blancos.
Tenía el mismo tatuaje y también en la pierna izquierda, era la que transmitía el legado y m. Fernand era el gran Marabhú. Con más de mil siglos humanos de vida, un instante espiritual, Alice Mami Wata sabía fundirse con el agua, en verdad era el alma de todas las aguas, de unos ojos irresistibles y de una lucidez que desarmaba, me miró y sabiéndolo, empezó a hablar del Gran Espíritu Nzambe.
Él dominaba en todo lo conocido y los pensamientos que iba creando se volvían tangibles aunque todavía no los recorría puesto que nadie existía y nadie lo exigía… las hierbas hacían y el cansancio me envolvía, su voz entraba y me llenaba de paz, cerré los ojos y gozaba de plenitud escuchándola…
…el mundo es multidimensional. El mundo material y el mundo espiritual son dos espacios que en determinados puntos del universo se entrecruzan. Los humanos están situados en dimensiones inferiores o avanzadas (los hijos del creador). Los espíritus pertenecen a otra subdivisión de ese universo de al menos ocho dimensiones. En el mundo de los espíritus está la ciudad de los antepasados: Mpemba. Más allá de esos mundos está Kalunga Nzambi Mpungu Tulendo. Los antepasados son una clase de intermediarios entre lo divino y los hombres. Lo divino se percibe como la causa primaria de todo, la esencia vital de todo y el destino final de todo. Por eso Kalunga es a la vez el lugar al que se dirigen los espíritus y del que han surgido y el propio Dios, fuente de esos espíritus. Kalunga es también el mar primitivo origen de todo, el autocreado, el Ka que reina sobre todo (ka : esencia vital; lunga: alcanzar, concretar y reinar). La intersección entre los dos mundos tiene forma de cruz, lo que explica la importancia de ese símbolo en el pensamiento Kongo. La descendencia será por línea materna… Yo viajando por las corrientes de un lago sagrado, escuchando… Mis padres tuvieron cien hijos y cien hijas que se dispersaron y poblaron todos los mundos de sus viejos sueños, de entre todos ellos Lucy era su favorita y por ello le regaló una perla azur -Egea- y le dibujó en su pierna un reflejo de su imagen terrenal… tambores y danzas acompañaban a los gritos de los bonobos, Lucy me hablaba de los pueblos de la Tierra, de sus hijos, de aquellos que llamaron Kami los pobladores del País del Sol Naciente, las ideas me controlaban y algo mágico me armonizaba las neuronas… Un mundo - Mil exactitudes - Una verdad… decía la hija de Nzambe.
¿O es que veis vosotros alguna diferencia?
_________________ SIEMPRE DANZANDO __________
AVE MARIA, UAFULUKUA
YE NSAMBU, O
MFUMU SE UNA IAKU.
O NGE VANA VEN´AKENTO
NKUA NSAMBU
YO MALAU YE MBONGO A
VUMU KISKU YEZU.
E SANTA MARIA,
NGU ANDI A NZAMBI,
INTUVINGI´OIETO
ASUMUKI, OUAU YE MUNA
UTANGU´A
LUFUA LUETO. AMEN.
_________________Ave María en Kongo, lengua Bantú.__________
Yo sigo bailando, girando, y no encuentro ninguna... KAI, KAI FY.
Paso el día rodeado de libros, escribir es una necesidad y aunque a veces pienso que me condeno, lo olvido, prefiero una condena a morirme. Miro a las estrellas y les pongo nombres inventados por mí para oirlas en la noche siguiente porfiar vehemente por un lugar que solo una puede ocupar. A los océanos no me gusta cambiarles el nombre (un dato) tuve un naufragio, y no quiero verlos enfadados nunca más.
El cuadro del link es Roy Lichtenstein, de Emilio Fornieles.