
Así es como Mario Puzo se refería a sus novelas: El padrino y Los Borgia. Y realmente son eso, unas simples historias de unos padres que sólo quieren lo mejor para sus hijos. Son las historias de unos hombres fuertes y carismáticos que ante todo cuidaron de sus familias, lo más importante para ellos.
Las dos novelas impactan por lo sencillo del lenguaje y la sintaxis. Gracias a ello parece que los asesinatos, las traiciones, los incestos, los envenenamientos y las torturas sean algo cotidiano, consigue que no te escandalices e incluso a veces, tal como avanzan las novelas, que tú mismo justifiques las decisiones de los personajes.
Sólo hay una cosa que me desagrada de estos libros y es que me gustaron tanto que tenía ganas de continuar leyendo para saber que pasaría y al mismo tiempo no quería leer porque no quería que se terminaran. Me hubiera gustado saber que más pasó en la vida de estas familias que tanto me impactaron. Ojalá pudiera saber cómo fue la vida de sus descendientes y si siguieron defendiendo a sus familias por encima de todo. Yo lo haría, ¿y vosotros?
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¿Creéis en los zombis? Supongo que no pero ¿y si existieran? Max Brooks el autor de ?Zombi: guía para la supervivencia? nos proporciona todas las nociones para enfrentarnos a estos seres, en el caso improbable de que existan claro. Pero realmente ¿vais a dejar de aprender algo que pudiera serviros para salvar vuestra vida y la de quienes estén alrededor?
Allá vosotros, pero yo después de haber leído ?Apocalipsis Z? de Manel Loureiro y de pensar que, a parte de ser un libro muy entretenido y que te mantiene en tensión, relata lo que muy probablemente ocurriría en caso de una amenaza zombi. Y realmente a mí no me gustaría tener que pasar por las situaciones que pasa el protagonista de la novela. Yo creo que si él hubiera leído el libro de Max Brooks se hubiera ahorrado algunos malos tragos.
Así que vosotros sabréis si confiáis en que realmente los zombis no existan y seguís vuestra vida tan tranquilos, o decidís leeros la ?guía?. Pero yo creo que todo es posible, por eso me estudiaré la ?guía? y rezaré a mis dioses (un día os hablaré sobre ellos) para que nunca tenga que usar esos conocimientos.
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Lo primero que pensé cuando leí Gomorra es que ya era hora de alguien se atreva a contar lo que está pasando en Italia. Pero no nos debemos quedar ahí. Lo que está pasando en Italia con la Mafia, pero ¿Qué pasa con la prostitución en España?, ¿Que pasa con los abusos inmobiliarios? ¿Y con la droga?. Todos sabemos que estas cosas pasan. Nadie escribe sobre ello. Y si alguien escribe nadie hace nada. Está fuera de la ley. ¿A que esperan para encarcelarlos a todos? Claro que entonces a que se dedicaría toda esa gente. Habría 10 millones de parados.
A mi Gomorra me recordó a mi barrio. Barrio de currantes en Madrid, con edificios ratonera, de ladrillo del malo. No era tan peligroso como Secondigliano, pero me recordó mucho la actitud de la gente. Lo estúpidos que son los chavales que imitan a los adultos, que son más estúpidos aun y más rastreros. Me recordó a esa fuerza que tira de ti para arrastrarte a la mediocridad o al crimen y que tienes que romper. Tienes que romper o te pierdes.
Y que me dicen de la moda. Resulta que todo ese "Glamour" de pasarela está sustentado en sueldos de hambre, mano de obra china, telas baratas, talleres clandestinos, falsificación, semi-falsificación. La alfombra roja, JA. El verdadero genio de la moda es Pascuale y los que son como él.
Vean la película también. Ambientación estupenda. Ahora, el libro, como es natural, tiene mucha más información y más miga.
Consulten también la web del autor: www.robertosaviano.it
Necesitamos más "Savianos" que denuncien todas las cosas terribles sobre las que se sustenta nuestra avanzada civilización.
Gracias Roberto
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Dejaron las costas de Islandia en los tiempos del sol buscando las tierras verdes. Había un rumor en el barco de que en realidad era una tierra de hielo. Alli les esperaban sus hermanos y atras quedaba una deuda de sangre, un hijo natural, un recaudador muerto.
Allá van, conocen bien el barco. Al mar le temen. Temen el fin del mundo, el fin del mar y caer por su borde a los infiernos. Caer a las fauces de la serpiente.
Egil es el capitan del barco. Lleva hombres. Unos miran de reojo y otros a lo perro. Los pone a remar. Egil es listo. Egil es bueno. Egil es justo. Temo a Egil.
Varios dias de mar, tormentas y noche.
Egil se despierta. Está oscuro, negro. Pero algo mucho peor. Hay niebla. No ve al marinero que está hablandole delante de el. Están perdidos. No ven las estrellas.
Mares del norte, borde del mar, fin del mundo, la serpiente y niebla que no deja ver. Egil no sabe qué camino tomar. Qué dirección tomar. Prefiere pensar y es honesto. No está seguro.
Gardar es el marinero más experimentado. Ha ido a las tierras verdes dos veces en su vida. Egil prefiere esperar y ser cauto.
Gardar propone un camino, dice que está seguro. Echa las piedras, le salen bien. Gardar insiste, cuenta mil historias, sabe por donde ir para no caer por el borde del mar. Egil prefiere esperar pero Gardar se muestra seguro. Hasta rie. Los demás parecen seguir a Gardar. Rien también. No saben nada, pero siguen a Gardar.
Todos quieren ir en la dirección de Gardar.
Hilan el barco hacia allí. No ven nada y siguen adelante. Egil no está seguro. No puede saberlo todo, prefiere esperar. Gardar habla con los marineros. Desde proa asomado al mar. "Ya estamos saliendo".
El barco se pica, se precipita, es el Fin del Mar. Los remos se parten. Se abrazan. Abajo espera la Hidra. Mientras caen hacia las fauces, Gardar toca en el hombro a Egil y le dice: "la verdad es que me lo estaba inventando".
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Ayer volví de lleno a mi adolescencia de la mano de J.D. Salinger, volví a sufrir y deprimirme por lo hipócrita del mundo, volví a pasar de la felicidad absoluta a la depresión profunda, volví a cuestionar todo en cuanto creen los demás, volví a estar atrapada entre mi infancia que no se quiere ir y mi vida adulta que no quiere llegar. En resumen, rememoré mis pensamientos, sueños, prejuicios y creencias de mi adolescencia.
Leer ?El guardián entre el centeno? es estar en la mente de Holden, un adolescente que más que contarte una sucesión de hechos, te cuenta una sucesión de sentimientos. Es un libro que cuando lo empiezas no puedes parar de leerlo. Es una ventana hacia los sentimientos de un adolescente y un libro que todo el mundo debería leer por lo menos una vez en la vida.
Así que ya sabéis, si de verdad estáis preparados para volver a experimentar el torbellino de sentimientos que es la adolescencia sumergíos en la lectura de ?El guardián entre el centeno? de J.D. Salinger. No os defraudará.
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Hace un par de semanas me decidí a leer un libro que me había llamado la atención, por su portada, en cuanto llegó a la libreria: "Astur" de Isabel San Sebastián; una precuela de "La visigoda".
Sus veinte o treinta primeras páginas me desanimaron y me planteé olvidarme de él. Pero como terca que soy, seguí adelante y descubrí una historia que me encantó. Tanto disfruté con este libro y sus personajes que decidí leerme "La visigoda", de la misma autora, que cuenta la historia de Alana, la hija de los protagonistas de "Astur".
Nunca me había llamado la atención este libro pero fascinada con "Astur" lo empecé con mucha ilusión, puede que ese fuera mi error.
Sus veinte o treinta primeras páginas me gustaron, pero el resto del libro me decepcionó. Hay un exceso de datos y los personajes son muy planos, no los sientes a tu alrededor narrándote su historia, como sucedia en "Astur". Parece más un libro de historia, que una novela histórica.
Así que debo decir que siempre hay una excepción a las reglas o a las máximas que todos creemos sin comprobar su veracidad. En este caso: "Segundas partes nunca fueron buenas"
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Hoy me he levantado con el olor a té impregnado en mi mente, quizás haya bebido té en un pequeño salón londinense o quizás haya estado toda la noche cultivando té en el Tibet aunque creo que lo más probable es que alguien tomara té para desayunar esta mañana y su inconfundible olor llegara hasta mi, una pena, me hubiera gustado ir al Tibet sin tener que preocuparme de encontrar un vuelo barato pero en fin la intención primaria de este escrito no era contaros mis sueños y deseos sino mostraros un escrito que encontré hace unos meses.
Si nombro a George Orwell probablemente os vengan a la mente sus dos obras más conocidas: ?1984? y ?Rebelión en la granja?, dos obras que marcaron y siguen marcando un punto y aparte en la historia de la literatura, pero aunque no descarto comentarlas algún día, hoy hablaremos de una de las facetas quizás menos conocidas de este escritor y periodista, su faceta de amante del té.
George Orwell publicó en el año 1946 un pequeño ensayo titulado ?A nice cup of tea? o lo que viene a ser lo mismo ?Una buena taza de té? y en el describe su particular ceremonia del té o los once puntos a tener en cuenta a la hora de disfrutar de un buen té.
Ceremonias del té hay muchas, tantas como opiniones y costumbres a la hora de prepararlo, culturas del té también hay unas cuantas, tantas como países en los que se ha extendido a lo largo de la historia esta costumbre o ritual y aquí os dejo una más, la del ya nombrado George Orwell:
Una buena taza de té (George Orwell)
Publicado en el Evening Standard el 12 de enero de 1946. (The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell, Volumen 3, 1943-45, Penguin. Traducido por Manel Franquesa, subsubdirector de La Veritat, diario renacentista de Castelldefels
Si buscas 'té' en el primer libro de cocina que cae en tus manos, seguramente no lo encontrarás.; o a lo máximo hallarás un par de líneas con unas escuetas instrucciones que no contienen los puntos más importantes.
Hecho curioso, no sólo porque el té es uno de los productos más importantes de la civilización de este país, de Irlanda, Australia y Nueva Zelanda, sino porque su método de preparación es motivo de las más violentas disputas.
Cuando leo mis propias instrucciones para la taza perfecta de té, encuentro un mínimo de once puntos importantes. Dos de ellos son ampliamente aceptados, pero al menos cuatro son altamente controvertidos. He aquí mis propios once puntos, considerados por mí como reglas de oro:
Primero: Uno debería utilizar té de la India o de Ceilán. El té chino tiene sus virtudes que hoy en día no deben ser despreciadas -es barato, y se puede beber sin leche- pero no es muy estimulante. Uno no se siente más sabio, más bueno u optimista después de beberlo. Cualquiera que utiliza la frase "una buena taza de té" siempre se refiere al té de la India.
Segundo: El té debe prepararse en pequeñas cantidades, es decir, en una tetera. Un té preparado fuera de una urna siempre es insípido, que como el té del ejército, que se prepara en grandes cacerolas, sabe a grasa y detergente. La tetera debería estar hecha de porcelana china o barro cocido. Las teteras de plata o de porcelana británica producen un té de inferior calidad y otras teteras aún son peor. Sin embargo, las teteras de estaño no están tan mal.
Tercero: La tetera debe calentarse previamente. Es mejor hacerlo sobre una estufa de leña que llenándola de agua caliente.
Cuarto: El té debería ser fuerte. Para una tetera de un cuarto y si quieres llenarla hasta el borde, seis cucharadas de té deberían ser suficientes. En tiempos de racionamiento, esto no se puede hacer cada día de la semana, pero yo mantengo que una taza de té fuerte vale más que veinte tazas de té débil. Todos los amantes del té no sólo lo quieren fuerte, sino que cada año lo preparan más potente ?un hecho que se reconoce con una ración extra para los pensionistas.
Quinto: El té debe colocarse directamente en la tetera. No utilices tamices, bolsas de tela u otros artefactos que aprisionan el té. En algunos países, el té se coloca en unas cestas colgantes para retener las hojas del té, que se supone son venenosas. En realidad, uno se puede tragar una considerable cantidad de hojas de té sin efectos secundarios. Si el té no está suelto dentro de la tetera, la infusión nunca es suficiente.
Sexto: Uno debe ir con la taza hasta la tetera, y no al revés. El agua debe hervir en el momento del impacto, lo cual significa que debe estar sobre el fuego un segundo antes de verterla en la tetera. Hay gente que afirma que sólo debería utilizarse agua recién hervida, pero yo personalmente no he notado diferencia alguna.
Séptimo: Hecho el té, uno debería removerlo o mejor mover la tetera y seguidamente dejar que las hojas se depositen en el fondo.
Octavo: Uno debería beberlo en una buena taza de desayuno ?es decir, la típica taza cilíndrica alta y no la plana y poco honda. En la taza cilíndrica cabe más y el té no se enfría antes de llevarla a los labios, como ocurre con la taza ancha y baja.
Noveno: Uno debería retirar la crema de la leche antes de añadirla al té. La leche demasiado cremosa modifica el sabor del té.
Décimo: Uno debe verter primero el té en la taza. Este es el punto mas controvertido; de hecho, en todas las familias británicas hay dos escuelas sobre el tema. La escuela de "la leche primero" puede tener algunos argumentos de peso, pero yo sigo opinando que mi argumento es irrefutable: al poner primero el té y removiéndolo mientras se vierte la leche, uno puede ajustar exactamente la cantidad de leche. En el caso inverso, uno podría haber puesto demasiada leche.
Y por último: El té -excepto si se bebe al estilo ruso- debería beberse sin azúcar. Se muy bien que en este punto formo parte de la minoría. Pero ¿cómo puede un amante del té destruir su sabor metiendo azúcar? También se podría meter sal o pimienta... El té debe ser amargo, como la cerveza. Si lo endulzas, ya no sientes su sabor. Podrías crear un brebaje similar simplemente añadiendo azúcar a una taza de agua caliente...
Alguna gente te dirá que no les gusta el té en sí, que lo beben para calentarse o estimularse y que necesitan ponerle azúcar para eliminar el sabor del té. A esta gente equivocada, yo le digo: "intenta beber té sin azúcar durante un par de días y es muy improbable que vuelvas nunca a estropearlo añadiendo azúcar".
Estos no son los únicos puntos de la controversia sobre cómo beber té, pero son suficientes para mostrar lo sofisticado que se ha vuelto este tema. También existe todo esta misteriosa etiqueta social que envuelve la taza de té (por ejemplo ¿por qué se considera una vulgaridad beber el té del platito de la taza?) y existe mucho escrito sobre el uso secundario de las hojas de té, como por ejemplo leer el futuro, la predicción de una eminente visita inesperada, alimento para los conejos, curar quemaduras y limpiar la alfombra. Lo importante es poner atención a detalles como calentar la tetera y utilizar agua que está hirviendo para conseguir estas veinte tazas de buen y fuerte té a partir de una ración de onzas...
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Apareció un viejo sabio por las montañas. Levantó los brazos y comenzó la gran advertencia. "Desgraciados, dejad de hacer sacrifios, miserables. ¿No veis que ofendeis al sol?. Ofendeis a la tierra y sobre vosotros caerá la más terrible de las maldiciones".
El pueblo gruñó. "¿Qué viene a decirnos este maldito viejo?. Está diciendo lo que somos. Me está advirtiendo de mis males. Cuéntanos un chiste mejor, viejo. Te odiamos por la verdad que sale de tu boca".
¡Insensatos!
Al anochecer volvieron los sacrificios, la muerte.
Y al amanecer.
Una tarde el sol bajó a la tierra. Las casas se derrumbaron, el agua se puso negra.
El pueblo gritaba. "Ya nos advirtió el viejo sabio y no quisimos escucharle. Hoy nace un mundo nuevo. Nunca volveremos a hacer sacrificios. Así la humanidad no perecerá".
Buscaron al viejo sabio pero había marchado a vivir con los tigres.
Pasó tiempo y el pueblo volvió a hacer sacrificios.
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