Acaso, quízás,...
enfocando sentimientos

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Agradezco a mi querida amiga en blogs y redes, Domovilu, el haberme dado la caña para pescar y enseñado a tantear el mundo fractal (la extructuración del caos).
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Habrá un silencio que acoja la distancia.
Acompasándose.
Será un tiempo pretérito por venir.
Estaré atenta a su presencia
en descuido,
anteponiendo el olvido.
Veré salir la estrella del horizonte
en ese futuro que
se desvanece antes de ser cierto.
Estaremos en ello
buscando el sendero
recorriendo la memoria del pasado esquilado.
Tendremos palabras ensortijadas,
que harán rémora
merodeando los ángulos de las esquinas olvidadas.
Vendrás mañana,
con tus risas,
teniéndome dispuesta y atenta.
Escucharemos los ecos del viento,
retozando,
sobre los tejados gatunos de antaño.
Miraremos esa estrella fugaz
que, como nuestra historia,
encontrará algo para recordar.
Seleccionaremos de ese pasado un guión digno de novela rosa,
obviando la salada zozobra y armando un arquetipo
de todo aquello a tener en cuenta.
Hecho rastro y espanto.
Empresa impuesta descansa en el quicio de la puerta.
¡Buscando respuesta!
Especula el tiempo que queda.
Confianza dispuesta abre sus compuertas.
El alma se queja.
A oídos sordos no haya respuesta.
Te quejas.
¿Acaso creíste que serías cuerda?
Perpetras, enristres y asistes.
Emprendes nuevas tretas.
Insistes
Apenas tienes tiempo para recogerlas.
Eran y estaban dispuestas.
Recorres el bucle y esperas a tientas.
Recoges las cuerdas.
Te niegas.
Sabes que te hundes en ella
El fondo del pozo se acerca y acierta
Genérico el sentido
Apoco el silbido
Atiendo y escucho
Disiento y oculto
¿Vendrán momentos en que esta zozobra pierda peso?
Posiblemente no haya ese tiempo.
Han habido muchos remiendos.
Aparentas que nada pasa y que todo alcanzas.
Sabes que no es cierto.
Fueron otros tiempos.
¿Estuviste en ellos?
Igual fue un sueño.
Una hoja en blanco es una promesa de paisajes y momentos.
Ante ella manifiesto que vivo y siento.
De ella saco las ganas para darme aliento.
En ella compongo versos narrados o textos de prosa en verso.
Ahora a ella vengo dispuesta a darle lo que de mí tengo.
¿Será posible abrir la brecha del tiempo?
Al menos lo intento.
Queda eso.
Cuando las palabras sueltan esquirlas de pensamiento, en ellas tengo un asidero del tiempo.
Frases sueltas que van hilando mis cuentas.
Las cuentas ensortijadas en líneas que van desangrando la blanca superficie sobre la que taladran y hienden.
Me gusta seguir desenredando la maraña que obvia mi palabra.
Sueños se anteponen.
Los hay en estas noches.
Significados que tendrán razones o se perderán en ellos mismos.
Ahora quiero poner en orden o sacar de dentro.
No se sabe.
Se tiene ante las manos el latido del teclado.
He estado en el vacío de la mente perpetrando lo que salga en el presente.
Hablar de futuro es extraño, tiende a la veta del origen. A él quiero dirigirme.
Con mis miedos y dudas, peor inevitablemente conducida.
No tengo otra salida.
No la tenemos.
Se impone a todas nuestras cuitas.
He pasado por letras mías de hace un año.
Tantos días recorridos y en algunos aspectos sin avance alguno y en otros incluso en retroceso.
Nos dan una medida lineal del tiempo, pero estamos en ellos como en un magma caótico.
La mente no tiene ese pulso.
Lo da el paisaje externo que abre el manto del mañana y cierra el de paso.
Empujando.
Dando codazos.
Nos desplaza.
Aunque queramos entretenernos en el instante, este escapa de nuestra mirada.
De él quisiéramos ponernos como ante un espejo que refleja el semblante, pero no es algo que esté a nuestro alcance. Nos elude y evade.
Siempre hay un antes y un después,
pero eso no arregla nada.
El cuerpo toma las riendas,
cortando toda retirada.
Se enquista el alma y desangra,
demorando la calma
que ella misma reclama.
Se rompen los arcos
y se tira en quebrantos.
Mañana, no es plausible salirse del tacto áspero del descuento.
Rompes cadenas que se enredan en tus piernas.
Vas viendo que pierdes, aunque pongas remedios.
Estamos expuestos a todo,
pero lo vemos como si fuera otro cuento
del que componemos un argumento.
Es nuestro.
Nos implica hasta los huesos.
Rompe nuestras seguridades
y de ello nos dolemos tanto
que hasta nos rompemos.
El tiempo no pacta.
Nos rompe en mitades,
achicando los intentos.
Hubo otro tiempo,
o quizás lo creemos,
pero en él nos sabemos.
Tuvimos ese otro momento,
en que las cosas estaban estables.
Eso hemos hecho de ese pasado que queremos traer a este calvario del que no podemos evadir nuestro cuerpo.
Abierto en ocaso.
Cerrado a poniente.
Mirando de frente.
Reverso y anverso.
Converso.
Pirata del verso.
Remedo se siente.
Opuesto a simiente.
Ríe y lacera.
Enquista.
Suscita.
Revienta.
El hilo se rompe.
Ovillo que rueda.
Palabras alertas.
Recodos oscuros.
Silentes sirenas.
Hienas hambrientas.
Laureles del tiempo.
Cenizas perfectas.
Mudas de sudarios.
Ropas en andrajos.
¡Respira!
¡Escucha!
Palabras huecas.
¿Tendrás respuestas?
Las que quieras.
Sordina de feria.
En ellas dispuesta.
Recorres hiriente.
Cierras puertas.
Ventanas lapidas.
Techo que te aplasta.
Paredes.
Huecos.
Cavernas.
El cuerpo te atrapa.
El alma se escapa.
Pierdes esperanza.
Ruges a tu sombra.
Rastreas el suelo.
Oteas el viento.
Ahogas tu intento.
Hasta otro momento.
Dime:
Porqué tu ausencia ha dejado de dolerme.
Porqué el aire no huele ni el agua sabe.
Porqué sigo pisando el suelo y acabando la tarde.
Porqué mi silencio ha tomado cuerpo.
Porqué no espero a nadie.
Porqué ?
Ya es tarde.
Han pasado los días.
Ahora recorro el tiempo que deshojó el calendario apartándote de mi paso.
Saliste por tu voluntad o la de otros, pero lo hiciste.
Creí que no conseguiría regresarme a las cosas.
Pensé que mi alma no sabría encontrar el retorno a su lugar.
Veo desde esa distancia que me pone en el punto de mirada otra.
Es cierto.
He pasado el proceso.
No soy la misma.
Se me calló el pellejo.
Vivo en otro cuerpo y siento que dejé uno de los muchos que van quedando de mi largo caminar.
Solté lastre.
Marchaste.
No volverás.
Tuve que acostumbrarme a negarme.
Sé que fue así y no de otro modo, pero me parece algo que no tiene que ver con mi persona.
Siento la extrañeza de la cosa otra.
A veces digo tu nombre, sin saberme. Me detengo en el pronunciamiento y siento que te vas.
Te diluyes en la nada.
En alguna parte estás, pero para mí has muerto.
Ya me saqué el sudario.
Del tuyo, tú sabrás.
No nos vemos ni nos hablamos.
No nos sabemos.
Nos hemos alejado.
Atrás ha quedado el encuentro por el que hubiera negado mi mismidad.
Así son las cosas.
Nos creemos en algo trascendental.
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