Caminatas en otoño, sin mi mascota
Caminatas en otoño, sin mi mascota.
Hay algo más reconfortante que una caminata por el parque preferido un día tibio de otoño, con un sol radiante ?
Pues no, para mí es altamente gratificante recorrer los caminos estrechos de mi parque favorito, rodeados de césped bien cuidado , con diversidad de especies arbóreas que lentamente se van desprendiendo de sus hojas, que en su momento tanto nos cobijaron.
El follaje que les queda, tiene ya múltiples colores desde el verde claro con tenues manchas amarillas, hasta las ya teñidas de ocre que intentan sobrevivir pero que a la menor brisa se desprenden y quedan como suspendidas iniciando una caída lenta y suave como último vuelo hacia la tierra.
Escucho el canto de las aves del lugar que parecen estar anunciando la nueva estación y la necesidad de encontrar mejor cobijo. Calandrias, horneros, jilgueros, pequeños gorriones , cachilos, todos parecen comprender que se avecina el crudo invierno y que deberán luchar por la supervivencia en este lugar que intuyo , también a ellos les agrada y no desean abandonar.
La naturaleza muestra también hechos que ya deberían haber ocurrido, y es que hasta las aves parecen estar desorientadas ante los cambios climáticos.
Pues recién he visto cruzando por el azul del cielo un grupo de aves migratorias ,en una formación perfecta y armoniosa, parecen ser chorlos pampa.
Se despiden de nosotros en búsqueda de mejores condiciones de vida, pues aquí, pronto vendrán los fríos intensos. El hecho de retrasar la salida podría desencadenarles una fatalidad.
A las mascotas también se las ve muy a gusto, retozando en el pasto junto a sus dueños y correteando tras algún insecto volador, de los que ya quedan pocos.
Recuerdo caminatas en tiempos pasados, paseando a mi mascota , nuestro querido perro familiero , él se sentía uno más de la familia y no era para menos pues así lo tratábamos. Hace un año que su vida se truncó pero siempre siento que me acompaña.
Ya conocía los preparativos para nuestras salidas al parque y cuando veía los movimientos rutinarios que anunciaban el paseito se acomodaba delante de la puerta como diciendo ¡ya estoy listo!. Salía con una alegría contagiosa a recorrer los caminitos de mis ensueños, gozábamos ambos de la brisa, de la frescura debajo del follaje de los árboles, de los insectos y de todo manifestación de vida que encontrábamos a nuestro paso.
Eran momentos de esparcimiento simples y sencillos pero portadores de una gran paz y felicidad.
Actualmente no hay salida de recreación al parque que no me traigan recuerdos de esta queridísima mascota. Sigue estando conmigo en los momentos de tristeza y de alegrías. Es imposible no tenerla presente fue tan fiel y cariñosa que me dejó un sello en el alma que dice aquí estoy yo, junto a ti para siempre.
Por ello sigue siendo reconfortante realizar estas caminatas por mi parque preferido porque sé que mi mascota está conmigo cuando la recuerdo con tanto cariño.
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El ansiado 8N llegó y se hizo sentir.



