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Sobre la vida

"...porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro." Rayuela, Julio Cortazar... Mi dirección en tweeter es @magodeilusiones


Al desamor

 Amarrarse al muelle de la vida y dejar que zarpe ese barco en el que nunca te verás abordo.



¡Cuánto voraz pensamiento hay en esas esperas del estío con sus duermevelas y la canícula como una migraña insistente!



¡Cuánto desencanto hay en los árboles despeinados de hojas del verano!



Uno encuentra pasión por doquier, hombres y mujeres sedientos de descanso, los veo pasar reclamando atenciones furtivas y lúbricas como el maná que les saciará de la desdicha, de la misma manera que dejo posar los ojos sobre las largas vías de los trenes en atardeceres de agosto.



Hay una lágrima que no quiere rodar, que se encona por enquistarse como un diamante bajo el párpado. Hay mil canciones que traen tu recuerdo y confunden sus estrofas para disimular tu aura. Hay un aroma que me persigue y las innumerables fotos que te retratan  se arrastran en la vorágine del tornado. Hay un pajarillo caído al borde de su último estertor. Lo miro entre la desolación y la curiosidad.



Hay sólo ausencia.



Vestirse de caricias para la noche, maquillarse de intenciones para desleer tu historia, recopilar todos los anhelos para urdir el sortilegio del olvido. Entregarse a la distancia, al desencuentro, a rellenar huecos en el roce de otra piel, mendigar besos extraños; una suerte de exorcismo en donde enterrar un relato vetusto aunque reciente.



Claudicar, único testigo, darle tiempo al tiempo, como único ensalmo, como el desfiladero que hay que cruzar en el duro invierno para atravesar la cordillera. Rendirse, adolecer de fantasmas, un espectro más que te acompañará, en las gélidas aguas de la memoria, una figura de humo y rastro por los pasillos, tras las esquinas.



Hay afuera una noche de fuego, un Madrid insomne que se rebela, una fuga tenaz hacia paisajes distintos, quizás ajenos, los más de antaño. Hay una corriente inexistente contra la que luchan los ronquidos de los ventiladores, las bocas prodigiosas de los aires acondicionados, los cuerpos que buscan extremos opuestos en el lecho. Hay una lenta procesión de segundos que se bailan en  el restregar del torso contra la sábana, y, en la oscuridad, acechan los mosquitos tigre su oportunidad de oro, para infringir, al primer sueño, su ladino castigo.



Hay un silencio en el alma. Y quizás, quizás ... hay sólo ausencia.



 Madrid a 4 de agosto del 2017, 0.43 am.

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Fascinación

Fascinación, esa palabra que te deja la boca abierta, como un mantra. Esa palabra,… pero detrás de ella, no hay hermosura, ni riqueza, ni tecnología, hay una persona sencilla que te muestra su camino, sin censura, sin aspavientos, sin requiebros de ilusionista, con la simplicidad de lo escueto, con la fugacidad de lo efímero, con el contraluz de su sonrisa. Porque usamos palabras para describir el mundo, pero la vida se revela en la mirada de un niño, en un abrazo, en el hueco que dibujamos con nuestras manos para beber de una fuente, en esa estrella que sin decírnoslo nos ayuda a llegar a casa, una esperanza, una caricia, o la sensación del olor a café recién hecho. Y fascinarse es vivir, es descubrir lo inadvertido, es hallar en la más tierna de las voces, un eco de cariño doméstico, el dulzor del hogar, la calidez de yacer entre las mantas que llevan su aroma o el nuestro, es rendirse a la hora del reposo, para renacer tras el naufragio del sueño. Fascinarse es rescatarse del desgaste, y dejarse llevar por la suave brisa de la vida de nuevo.

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Decálogo imperfecto

 



  1. Grandes corazones, grandes sentimientos, ... y lo pequeño es grande, lo anónimo se torna heroico, postergado lo propio, poniendo primero al compañero, al amigo, a los hijos.

  2. El amigo, ese viejo aliado, esa compañía que no pide, que disfruta de tu alegría,  una tarde de domingo en una escalera, en un parque, entre sodas y atardeceres de risa y asueto.

  3. Vivimos los recuerdos, soñamos el pasado, luchamos por un futuro que no es nuestro: los hijos. Inventariamos los desvelos de los jóvenes, intentamos que no sufran, no se equivoquen, aprendemos, quizás, al fin, que ellos andan su camino. Y en ese punto incierto, tenemos que re educarnos para vivir una vida que nos dejó de pertenecer, el mismo día que la aparcamos.

  4. Esa persona a la que le digas: me gusta envejecer contigo. A la que sientas en la distancia, por miles de millas que os separen. Una persona que acierte con el regalo que anhelas y sea el más insospechado de todos los de tu cumpleaños. Una foto que fue a robarle al atardecer en el malecón,  una flor que pintó torpe con sus manos llenas de impericia, un bizcocho horneado en secreto en el horno del vecino. Que desarrope tus miedos y esculpa en tus mejillas el valor con un roce de yemas.

  5. Ese arquitecto de mi cuerpo, ese visitante ignoto, esa sombra de costumbre que espero en la delicia de la alcoba. Ese eco de pisadas que me avisa que su peso yacerá vapuleado de esfuerzo, y regará su memoria en mis oídos, de susurros; y que busque mi cuello con fruición y mi calor como una bahía de arribo.

  6. Un ademán abierto, el aleteo de su sonrisa, un beso viejo que sabe a nuevo. Un apretarme la mano y sentir que el alma se da la vuelta, un hormigueo desde su palma arriba y abajo. Una frase: lo hiciste de nuevo.

  7. Amar esos defectos, como un sello, predecir vientos en el carácter, armarse de cariños para domeñarlos. Alcanzar a aliviar de asperezas las escusas del cansancio, con un gesto dulce de sus labios.

  8. Aoscultar rostros, pulsar la guitarra del alma, percibir las alegrías y las penas, escuchar el tono de las palabras y desoir la definición del diccionario.

  9. Hacerse liliputiense, mirar desde lo ínfimo, apreciar como un niño esos sorbos breves de vida. Escoger el camino frente al destino, aparcar las victorias en el desván, y dejar que los minutos nos inunden...

  10. Ese director que escucha mis notas discordantes acompasándose, esa pareja que ampara mis pasos falsos de baile, ese profesor que construye sobre mis errores, haciendo de mis deslices anécdotas triviales,  de mis despistes una oportunidad, de mis traspiés un episodio hilarante. Ese artista que descubre nuevos accidentes en la geografía de mi cuerpo y los celebra hasta convertirlos en efemérides, en sucesos divinos del paso común del tiempo. Y en la playa de mi vida va encontrando conchas, piedras raras, todo tipo de tesoros que construyo y los guarda, y cuando los olvido me los muestra.

  11. Como un río que baja rápido y pequeño de las montañas, para crecer maduro y robusto, vigoroso y recio, para abrazar al mar, ancho y lleno de sentimiento, así puede ser ese encuentro, sin que podamos predecir en qué pendiente o curva se juntará ese afluente, ni que presa pretenderá detenernos, separarnos y quizás de nuevo unirnos antes del gran abrazo, si seremos jóvenes y ariscos, o maduros y tranquilos, torrente, remanso o remolino de esperanza.

  12. En qué momento de ese curso naufragué de soberbia y de ambición para cambiarla por humildad y sencillez, para amar el ritmo cotidiano de cada día como una fiesta. Esa carrera frenética sin norte hasta llegar a uno mismo. Esa pausa. Otra más. Hasta armar el puzzle de ti mismo y comprender el beso de un café, el verso en una esquina, o recortar tu espalda con mis dedos hasta rozar la curva de tu nuca, que es el hoy, el ahora y no el mañana.

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Invierno sin paraguas

Un invierno sin paraguas,


corazones anhelantes o descreídos,


adolescentes rancios como dioses,


un atardecer de vidrios


en mis pinturas de tweeter,


y en el envés de tus ojos


la promesa, balsa del naufragio.


 

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A mi vida


Cuando la poesía nos abre el corazón y como una fragancia nos secuestra el alma, ya no hay sombra en la que cobijarse, cueva en la que esconderse, ni cortinas en las que abrigarse. Nos cautiva con su almibar, con el caramelo de sus pétalos, con la sabiduría humilde del poeta. Y nos lleva en las alas de sus versos a encontrar un sentido, una luz, un sendero.


 


Y él que se sabe acompañado del cariño sin dobleces, de las caricias que te colman, de las que tú solo eres dueño, a veces desatiende al ángel anónimo que le cuida.


 


Y si acaso, esa poesía, nos despierta de la rutina, de la lucha de la vida, del fragor de la batalla, de la tensa parsimonia de la supervivencia, esa estrofa que adivina la búsqueda, esa estrofa nos alumbra la sonrisa que nos ama.


 


Hay un sol que se pone cada noche, y una luna, que a fuerza de interrumpir la oscuridad, se ha hecho grande, y yo escribo proscrito de tu calor, unas letras a un poeta que me enseñaron tus manos, dibujando un hogar a cada trazo, de tu entregado corazón.


 


He de volver pronto a tu lado, a esculpir mi cuerpo sobre tus curvas, a sentir ese calor que me redime de las marcas de los años, a dejar que mi consciencia se desvanezca en el olor de costumbre de nuestras sábanas, a sucumbir en el dulce arrobo de nuestro lecho.


 


Vuelvo a ti como siempre, cincelado por el tiempo, descubro su paso en tu cuerpo, y amo cada imperfección nueva, la beso, entregado al paraíso de nuestro universo.


 


¿Qué es esta sensación sino la lenta y suave declamación de nuestra poesía?


 


 


 


 


                                                                                  A mi vida,


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Distancia

 


Levanté los ojos al cielo para ver alejarse al pájaro de hierro. Se hacía cada vez más pequeño y dibujaba su estela blanca en el azul del cielo. Sabía que ese no era el tuyo pero te intuí mortal con tu corazón partido de emigrante, mitad alegre por acercarte a los orígenes, mitad aterida por sustraerte de tu nueva patria. Era una despedida obligada, y aunque manifiestamente temporal, cincelaba efímeras arrugas en el mapa de tu cara.

Yo te dejé marchar. ¿Qué es un breve periodo de vacaciones frente a la eternidad de los años? Lo hice y aún así supe desde que la decisión estaba tomada, que estaba abocado a la soledad del héroe. Quizás y sólo quizás porque no fui capaz de derramar una lágrima.

Ahora cuando se ha cumplido la mitad de tu ausencia, me he permitido el escribir la purga de mis versos cansados, sabiendo que es tan vanal como la desesperación de los veinte años, pero no pudiéndole negar el espacio que se merece al sentimiento que me atenaza. No sé que angel me devolvió el corazón que creí te llevaste con el viento, pero lo cierto es que el ruido de la lluvia me acompaña mientras cuento los segundos hasta tu regreso.

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Mis impresiones sobre "La marca del meridiano", novela de Lorenzo Silva

 


Con diez minutos para escribir una reseña, es difícil ser capaz de dibujar algo más que la sombra de lo leído. Sin embargo, a pesar de la madurez, de la sabiduría que destila, de la globalidad y perfección de cada trazo medido del libro que ha consagrado a Lorenzo Silva frente a la hispanidad, hecho de menos, a aquel Lorenzo menos equilibrado pero más romántico de Carta Blanca.

 

Tener el lujo de leer este libro suyo: La marca del meridiano, quizás sea exactamente lo que lo haga baladí. Empieza a ser rutinaria la perfección, el oficio, la serenidad, la maestría que se destila en cada párrafo, que he sentido una especie de cansancio de encontrar lo esperado. Unos personajes tan delineados, una historia a lo mejor planeada decadas atrás, una humanidad en cada frase, en donde se apunta a dejarles volar, pero siempre manteniendo el control de cada gota de tinta vertida.

 

No seré yo, quien deje de leer su próximo libro, ni quien desmitifique la genialidad de un autor al que por única tacha se me ocurre su extrema perfección, pero si he de decir que he perdido la capacidad de asombro que me han ofrecido otras novelas suyas, al compartir las horas en la compañía de este heroe de carne y hueso: Vila.

 

Si tanta congruencia iba dirigida al jurado del premio Planeta, o es un juego de espejos al que se somete voluntariamente el autor, al objeto de probarse hasta el límite en el que cada desdoblamiento de sí mismo, es el policía del escritor al que observa y que se multiplica hasta el infinito y aún así sale airoso del desafío, no deja de ser una pequeña licencia que se toma con deliberación y que no exime al resultado del tono monocorde, a una trama sublimente trenzada, unos personajes sólidos individual y colectivamente, y una novela esférica que agranda su leyenda en el mundo de las letras, de una ausencia de sobresaltos.

 

Probablemente, retratar la realidad, crear un mundo novelado que sea tan cotidiano, derive en ese resultado, y teniendo en cuenta que el crítico, yo mismo, no será capaz de escribir un único capítulo a la altura de la más pequeña de las novelas de Lorenzo Silva, estos párrafos se antojan una mezcla de envidia y de impotencia ante el coloso de la hoja en blanco que nos ha brindado con la naturalidad que le caracteriza, otra gran novela. Sin embargo, vaya por delante la admiración que profeso a este escritor, que me lleva a leer las novelas que publica, y a documentarme sobre algunas de las entrevistas y biografías que han aparecido en revistas culturales en internet.

 

Y ahora soy yo el que inquisitivamente me desdoblo, para preguntarme por la justificación de esta letanía, hacia el maestro y la novela premiados por un jurado, una sociedad y unos lectores que avalan el pulso de su pericia, y para expresar que he experimentado un cansancio, y una falta de sorpresa en mi insaciable lectura de la novela, y concluyo que no encuentro explicación, a la necesidad de poner de manifiesto mis desazones al respecto y la sensación de culpa que ella misma me produce. Por lo que no alargaré más esta retahila de ecos y dejaré al propio lector que juzgue por sí mismo, ya que al fin y al cabo, “La marca del meridiano” es un novelón a la espera de que los lectores se sumerjan en sus páginas.

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Un guiño al pasado

He decidido volver a dejaros alguna ventana por la que poder entrevernos de vez en cuando. La vida nos impulsa hacia adelante, hacia el postrer destino, y no hay opourtunidad de negarse a sus exigencias. He seguido leyendo, pero he tendido que abandonar la escritura, y eso es algo que me hace falta como respirar. Como la trepidante velocidad de la ciudad, del trabajo no me deja alternativa, he recurrido a las tecnologías para al menos poder expresarme, capturar mis pensamientos de novato y vertirlos en tweeter. Mi dirección, por si alguno cultiváis ese ventanita de pensamientos, de estados de ánimo, de haikus, o versos sueltos, de fotos, ese espacio de acceso rápido en el que vertirse en tinta electrónica es @djd2aka. Diréis que soy un sentimental, un nostálgico, o una rara raza en extinción, en todos estos adjetivos acertáis. Con este guiño al pasado me despido, al menos de momento y hasta que el tiempo se estire para permitirme volver a visitaros. Os deseo que os mantengáis fuertes en el deleite de la escritura y la lectura.


Con afecto, Mago

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