
11:42 am
No tocaré el misterio, pero lo demás lo escribiré en tu pecho, lo susurraré a tu oído y lo cantaré a todos los vientos. Diré que tu belleza me ha vencido, que tus ojos me han robado la consciencia y que tus suspiros me han llevado al tercer cielo. Diré que en tu vientre está mi sueño, en tus ojos mi imagen y en tu boca mi esperanza. Escribiré que en tu cuerpo mis manos se han perdido, y que en tus labios he encontrado el más bello camino a tu alma. Escribiré que te amo, diré que eres el sol y la alegría de mi vida... Y cuando puedas llevar mi nombre, el tuyo dejará de vivir en el secreto.
12:09 pm
Todo tranquilo y sereno en el Valle de la Ermita
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Desde este lugar, en la terraza de la casa de mi madre, veo el cielo nocturno como solía hacerlo hace tantos años; también veo hacia la calle donde jugaba cuando era pequeño, y veo que las luces, en las ventanas vecinas, ya no se apagan tan temprano como se apagaban antaño. Las casas han crecido, las aceras parecen más estrechas que antes, y las imágenes de otros tiempos que han quedado en mi memoria, se han ido haciendo cada día más pequeñas: todavía recuerdo los pinos gemelos, erguidos tan rectos al final de la avenida, y recuerdo haber llorado el día que tuvieron que derribarlos porque no había más remedio. Recuerdo a Bianca con ese aire afrancesado, la recuerdo, bella y espigada, y recuerdo los besos que nos dimos bajo aquel farol, cuando nadie nos miraba, pero su rostro se ha borrado y, en mi memoria, sus labios se volvieron fríos e insípidos después de tantos años.
Recuerdo a mis compinches de adolescencia, Sergio y Fernando, y recuerdo casi todas las cabronadas que hicimos, pero no recuerdo el sentimiento que nos mantuvo unidos en las buenas y en las malas. Recuerdo a los pregoneros: al vendedor de periódicos, al afilador de cuchillos, al zapatero ambulante, y al que compraba papel y botellas vacías para venderlos no sé dónde diablos; con los años, todos ellos fueron quedando en el olvido, como quedó en el olvido el sonido de los pasos de tanto muerto: don Víctor, doña Carmen, don Calín, la Patty, don Meme, doña Tencha y hasta mi propio padre.
Y recuerdo que la luna no era tan pálida, que las nubes no tenían esos colores raros... Que había más estrellas, y que las pocas que quedan brillaban con mucha más fuerza.
Y me recuerdo Yo... Hace treinta años, en este mismo rincón, escuchando la misma música, viendo hacia el mismo cielo. Y aquí estoy de nuevo, soñando los mismos sueños, queriendo las mismas cosas, esperando que la vida sonría… Agradeciendo con toda mi alma que los tiempos aciagos hayan pasado luego.
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5: 15 am
Día gris y lluvioso, madrugada de una noche desvelada y solitaria en este valle; tiempo para ver por mi ventana las imágenes de árboles verdes con hojas empapadas; visiones de techos que escurren como si lloraran, y de charcos y riachuelos que hipnotizan la mirada para recordarme la vida. “Dime amigo: ¿La vida es triste o soy triste yo?”
La melancolía que en esos días de cielos encapotados y lluvia fría suele salir de su escondrijo para dejarse respirar en el aire y sentirse en los huesos, no se ahogará en la taza de café que beberé de prisa antes de salir de casa… Se irá conmigo, aunque no quiera llevarla.
5:30 am
Todo tranquilo y sereno en el Valle de la Ermita.
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El viento vino hace un rato mientras veía la luna… Besó mi rostro y me trajo tu aroma: Olías a recuerdos que aún no he vivido... Olías a tiempos que quizá nunca vengan.
El viento besó mi rostro y me habló muy quedo: susurro tu nombre y cantó canciones que nunca había oído: Sonaban a tus risas y a mis suspiros… Sonaban a tristezas que han pasado al olvido.
El viento vino hace un rato mientras veía la luna: me mostró tu imagen; me mostró mis sueños; me mostro que amar es todavía posible... Me recordó la dicha… Me hizo sentir vivo.
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Amanece. El mar aún es de plomo y el cielo se revuelve entre sangre y cobalto. Las últimas estrellas se pierden tierra adentro y el sol, adormecido, no llena todavía el horizonte.
Arena en mis pies…Huellas perdidas. Agua y espuma que saben a beso... Brisa marina que huele a olvido.
Qué me importa que las olas al golpear griten tu ausencia y se roben poco a poco lo vivido. Qué me importa que no estés conmigo.
Me importa lo que viene. Me importa la vida.
Me importa ella… Y lo que aún no ha sido.
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No me lo preguntés más, amigo mío; no te diré su nombre aunque te enfadés conmigo. Mi boca sólo te dirá que es bella… Qué su sonrisa me alcanza para hacer azules los más grises de mis días; que su imagen me acompaña hasta en las noches más negras, y que en mis oídos su voz es como risa de niño, como canto de ave… Como agua de río.
¿Pa´ qué querés conocer su nombre, amigo mío? ¿Acaso no te basta saber que, aunque me veas llorarla, es ella la que me hace olvidar hasta las cosas más tristes?
¿De qué serviría decirte su nombre, querido amigo? ¿Dejaría acaso de ser cierto que besarla es como besar el viento, que abrazarla es sentirla más lejos… Que quererla tanto sólo la hace menos mía?
¡Ponete bravo, carnal querido! ¡Quitame la palabra y la amistad, si te conviene! Pero, por lo que más querrás, no sigás preguntando, amigo mío, pues sólo te diré que aunque por ella me muero, esa mujer es mi Sol, es mi vida… Y mi alegría.
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3:07 am
Te escondes de ti misma escurrida en tus sombras; deslizas tu mirada hasta encontrar mis anhelos. Te ríes, descarada… Te burlas de mis sueños. Noche con luna de espaldas al cielo… Noche de estrellas con rayos tan negros.
3:15 am
Todo sereno y tranquilo en el valle de la Ermita.
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