Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a miguelsoria       Se han interesado por él 91 lectores      8 libros en su biblioteca
     17 valoraciones      127 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

miguelsoria

¿Que por qué me rio? Tú no sé, pero a mí me ha dado un calambre...


Coches y mobiliario urbano

No somos los españoles mucho de usar el transporte público, ya que el vehículo que cogemos con más asiduidad es nuestro propio coche. No lo hacemos por la  comodidad, y mucho menos porque salga más barato, si no porque es más probable que te pille alguna huelga (de trenes de cercanías, de metro, de tranvías, de bus, de taxi o de burro-taxi) a tener un problema mecánico con el viejo y destartalado coche.


El uso más habitual es cogerlo para ir a trabajar, pero también lo usamos para el ocio. Algunos prefieren ir al campo recoger margaritas,  otros acompañar a la mujer a disfrutar de  un maravilloso día de compras en el Carrefour (donde pone maravilloso, sustitúyase por cualquier otra palabra malsonante al gusto del lector) en mi caso para ir a la piscina de mi casa de cincuenta hectáreas… o simplemente, para circular por la ciudad.

Precisamente esta última situación es la más arriesgada de todas, ya que la jungla de la ciudad es un lugar muy peligroso para nuestros preciadísimos coches. Mil peligros acechan en cada rincón, en cada esquina. Da igual que sea de día o de noche, el color, la marca o el modelo de tu coche, porque estos elementos no hacen distinción alguna a la hora de atacar. Se hacen llamar mobiliario urbano.

Ahora es cuando la gente se pregunta  ¿Y qué es el mobiliario urbano? Bueno, pueeees… ¿Cómo lo diría? Humm…para no dar muchos rodeos y para que la gente me entienda ¿Os habéis fijado esas cosas que arden cuando le pegan fuego, se rompen o simplemente se machacan en algunas manifestaciones? Pues básicamente, eso es  mobiliario urbano. 

Haciendo un pequeño aparte, hay otros elementos que también forman de nuestras ciudades, pero que tienen una mala ostia que te cagas. Porque sí, porque les da la gana y porque son así de duros: las columnas de  los párquines públicos. El otro día mismo, fui a estacionar en uno de ellos y nada más traspasar la barrera, pude observar que había una columna que me miraba el coche con los ojos entrecerrados, así como provocando…pero yo ni caso, ni mirarlo siquiera.

Total, que estoy aparcando y de pronto, ¡va y se me tira encima del parachoques! Ni una patada entre las inguinales me hubiera dolido tanto como lo que le hizo ese maldito hijo de piedra a mi pobre Hyundai. Voy a quejarme al encargado del aparcamiento ¡y encima me dice que la culpa la tengo yo! Que como se me ocurre salir a la calle con un coche así, “porque mira que llantas lleva, que se le ven todos los frenos…esos xenón tan grandes que tiene…esas curvas tan aerodinámicas…que como se le marca el alerón trasero… que mira cómo va pintado…” ¡y que parece una guarra vestido con esa tapicería!

A pesar del disgusto, no me queda más remedio que dejarlo en el aparcamiento, ya que en la calle la cosa esta imposible. Ahora todo son zonas azules, y en las aceras no se puede aparcar por culpa de los bolardos. Estos bolardos (también llamados pilonas) son a la ciudad lo que los espárragos en el campo, la diferencia más elemental es que el espárrago es un arbusto que crece salvaje, y los bolardos son plantados por unos salvajes. Pero en el fondo se parecen mucho, y no sólo en la forma, ya que ambos tienen mucho hierro. El primero en forma de vitaminas, y el segundo en forma de hierro fundido.

Dicen que la misión principal es evitar que los coches ocupen las aceras. Cierto, cierto. Y también las señoras con carritos de la compra, madres con los cochecitos de sus hijos, sillas de ruedas…porque a veces los ponen en aceras ya de por sí demasiado estrechas. El resultado es que los viandantes tenemos que ocupar parte de la calzada para poder pasar, por lo que ya no me queda claro es quien molesta a quien. Si la intención es estorbar a todo el mundo, realmente cumple su misión con creces.  Pero hemos sabido aprovechar las múltiples posibilidades que nos ofrecen los bolardos, ya que lo mismo sirven para apoyarse mientras se habla en la calle, para sentarse (en un principio puede parecer incómodo, pero hay que encontrar la postura idónea) para hacer slalom con el skate o con los patines, para practicar el salto al potro…para esta práctica no es recomendable usar pantalones cortos, porque si se enganchara  una pernera, es más que probable que se acabe en el suelo mordisqueando un trozo de acera, o una rejilla de alcantarillado.

Para evitar el impacto visual que provocan los bolardos, algunas ciudades han colocado en su lugar mojones. No no…no penséis que los concejales de urbanismo sacan a pasear sus perros para que hagan sus cositas en los bordillos. Los mojones son unas protuberancias de cemento en las aceras, que tiene la misma finalidad que los bolardos. Incluso diría que es más eficaz porque también crea empleo entre los dentistas, ya que como no se ven, hay muchas posibilidades de acabar con los dientes esparcidos por el pavimento.

Las lesiones de cervicales también están a la orden del día, pero en este caso por plantaciones de otro tipo: lo semáforos. Todos sabemos que los semáforos tienen tres colores: rojo para parar, verde para pasar y amarillo para “que llego, que llego, que lleeeegooo…”. No entiendo esa costumbre de poner a diez metros de altura los semáforos en las ciudades, ya que hay que estirar mucho el cuello para arriba y pegar la nariz al parabrisas para ver cuando cambia. Y espera eh, que como te de el sol de frente vas a ver menos que un topo con cataratas. En estos casos lo mejor es tener el oído afinado, aunque tampoco es determinante, porque aunque seas medio sordo, en la misma fracción de segundo que cambie a verde, estarán tocando el claxon los conductores que estén detrás de ti.

Recomiendo encarecidamente a la gente que los respete, porque saltárselos conlleva multa y retirada de puntos. Y nos vigilan. ¿Os habéis fijado en esas cajas rectangulares con un visor que hay en algunas rectas? Son radares. Sin te pillan cometiendo alguna infracción, vas a tener dos opciones: Pagar la sanción sin rechistar, o bien en el momento de la foto, sacar la mano y sonreír a la cámara. Ya sólo queda pasar por tráfico, recoger la copia y subirla al Facebook ¡Ah, por cierto! esas cosas de color verde con casco blanco plantadas junto a una moto no confundirlas con mobiliario urbano; son agentes de la Benemérita y no conviene pedirles a ellos una copia para cambiar la foto de tu perfil. Tengo entendido que el recochineo no es cosa que agrade a los señores agentes de la Guardia Viril.

Y hablando de confusiones…eso me recuerda a que hay individuos que confunden o desconocen el uso que se debe dar a un determinado elemento urbano. No sé si es por falta de información, por  pura perversión o por degeneración del alma misma, pero desde hace tiempo mis cartas las entrego directamente en la oficina postal. No es que yo sea muy delicado pero…por mucho que insistan, no creo que el buzón de “Correos” le dé a luz a un carterito.

Pero no todo va a ser postes metálicos y plantaciones varias. Una ciudad como Dios manda debe de tener rotondas. ¿Y qué finalidad elemental cumplen las rotondas? Evitar accidentes dirían sus diseñadores.

Ya…

A esta gente le pediría que se metieran en una rotonda de cuatro o cinco carriles en hora punta, y que intenten salir de ella sin un solo rasguño en la carrocería. Yo no he sido un chico muy despierto en el colegio, pero recuerdo a mi profesor que me decía “la línea más corta entre dos puntos, es la línea recta” ¿Y porque nos poden a dar vueltas para cruzar al otro lado? ¡Bastantes vueltas he dado de niño subido en la ambulancia de la noria, como para tener ganas de hacerlo ahora de mayor!

Si es que no tiene sentido. Es como si yo ahora que estoy tirado en el sofá de mi casa viendo la tele, me levanto y en vez de ir directo al baño, me voy a la mesa del comedor y me doy una vuelta alrededor de ella antes de cruzar la puerta.

Empiezo a creer que los ayuntamientos hacen rotondas, porque no saben en donde colocar las esculturas de diseños imposibles que hacen los artistas contemporáneos locales. Me imagino cómo ha de ser una conversación entre el alcalde y el concejal de urbanismo:

-¡Señor alcalde, señor alcalde! ¿Se acuerda usted de Martínez, el escultor aquel tan…tan…vanguardista?

-Si hombre, el tipo raro aquel que emigró hace años a Mongolia exterior a desarrollar su creatividad. ¿Por qué?

-Porque ha vuelto, y dice que para celebrarlo, va a regalar una escultura a la ciudad

-¡Joder! ¿Y qué hacemos ahora?

-No sé…podríamos hacer otra rotonda y  colocarla allí…

-¡Ah sí, genial! Pues ala, ya tienes con que entretenerte. Tu mismo.

-¿Y en donde la metemos?

-¡Venga Isidoro, no me jodas! Pues si da igual, porque para lo que va a servir…

Así que ya sabes, para circular por ciudad lo mejor es siempre coger el coche. Y si es el de un amigo, mejor.

Que al menos las facturas del taller las pague otro.

¿No?

Denunciar contenidos

Bienvenidos a la autoedición (Dedicado a Iván Ángeles Company)

Decía aquella canción de Rodolfo Sciammarella “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor, y el que tenga esas tres cosas, que le dé gracias a Dios…”. No era poca cosa lo que pedía el compositor argentino, ya que reunir esas tres virtudes en una misma vida, es casi imposible para la mayoría. Sin embargo, si hay otras tres cosas que debemos hacer para ser una persona completa: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.


Tener un hijo es relativamente fácil, ya que solo se requiere un hombre y una mujer con ganas de pasárselo bien. No necesariamente han de ser dos ¿eh? Pueden ser tantas personas como quepan en la habitación. Sólo hay que tener en cuenta un pequeño detalle casi sin importancia: la pareja ha de ser siempre hombre-mujer. Es posible que cualquier otra alteración del tipo hombre-hombre o mujer-mujer sea igual de  divertido (vamos, seguro que si) pero ya pueden echarle horas ahí dándole…que de hijos, nada de nada.

Lo siguiente sería plantar un árbol. Genial. Esto es lo más sencillo de todo, porque   los españoles tenemos mucha costumbre y tradición casi ancestral en el tema de las plantaciones… aunque no son árboles precisamente lo que plantamos, si no arbustos. Bueno…si, ya sé que no es lo mismo, pero esto lo hacemos porque somos muy devotos de la virgen, y por eso plantamos una variedad llamada “La planta de María”. Además, que es una planta muy agradecida, porque al cabo de un tiempo da unos cogollitos que usados de la manera adecuada, ayudan a entrar en comunión con Dios, con la virgen, y hasta con los mismísimos pastorcillos del Belén.

Pero si hay algo complicado en la vida es escribir un libro. Ahí nos atascamos todos. Entiendo cuando dicen que hay que tener un hijo (herencia en la vida) plantar un árbol (herencia en la tierra) pero lo del libro no lo veo tan claro, ya que uno debe escribir para  ser leído, ¿no? Pues si tengo en cuenta que en 2009 se publicaron 74.521 libros en España (datos del Instituto Nacional de Estadística) me da en la nariz que tengo tantas posibilidades de triunfar en el mundo editorial como el representante español en el festival de Eurovisión.

Algunos amigos para apoyarme me han dicho “tú no te desanimes, es normal que algunas editoriales te lo rechacen”… ¿algunas? Llevo dos años enviando manuscritos y lo único que he conseguido es gastarme un pastón en folios. En la imprenta del barrio me han sacado un bono descuento, porque los compro por cajas. Incluso he hecho llegar una copia a los Testigos de Jehová, a ver si conseguía colocar mi libro entre  Atalaya y ¡Despertad! Pero tampoco me han contestado. No me extraña, porque me acabo de enterar que las editoriales sólo publican el 1% de todo lo que le llega… Ya, ¿Y por eso siempre salen los mismos? No digo yo que esos autores sean malos, por supuesto, pero cuando alguien se hace famoso por salir en televisión y escribe sus memorias, enseguida se coloca entre los títulos más vendidos. Da igual que sea un personaje cutre-salchichero, que tenga más músculos que cerebro o más silicona encima que mi carpintería de aluminio, ya que las editoriales se van a dar de ostias igualmente para publicárselas. Mal lo tengo entonces, porque ni soy cutre, ni tengo músculos y mucho menos, silicona. Ahora que salchichero pueees…se hace lo que se puede.

Como uno no es persona que se rinda fácilmente, probé con editoriales más pequeñas y más accesibles: las editoriales de coedición. Aquí sí, las ofertas me llegaban de todas partes, asegurándome que tenía mucho talento, que mis posibilidades eran infinitas, que si blablablá…pero que la publicación del libro la teníamos que pagar a medias. Pues bueno, pues vale –me digo- todo sea por estar en las estanterías de las librerías acompañando a Pérez Reverte y Karlos Arguiñano.

Al cabo de unos días recibo de una de ellas un presupuesto, en donde me dicen que ellos se encargan de todo, pero como soy un joven valor en alza (joven, ¡ah!) la primera edición constará de trescientos ejemplares, el precio del libro será de dieciocho euros (doscientas páginas en formato A15) y mis beneficios el cuarenta por ciento de ese precio. Antes de eso, les tengo que adelantar mi parte del negocio que son dos mil quinientos euros. Me faltó el pelo de un calvo para aceptar, así a la primera de cambio, pero antes decidí echar cuentas a saber cuánto iba a ganar con mis libros. A ver… si por cada libro vendido yo ganaba siete euros con veinte céntimos, y si por la gracia de dios, milagro divino o alineación de los astros conseguía venderlos todos, el total de mis ganancias ascendía a dos mil ciento sesenta euros de beneficio…

¡Joder! Puede que mi cerebro sea muy rudimentario para el cálculo numérico, pero yo juraría que la diferencia entre lo que he pagado y lo que voy a ganar me arroja una diferencia de trescientos cuarenta euros… en negativo. Eso sin descontar el porcentaje que se va a quedar Hacienda por actividades empresariales. Les dije que igual me habían entendido mal, que lo que yo quería es ser “famoso”, no “generoso”. Y que vale, que les estaba muy agradecido con su oferta, pero que se metieran el presupuesto por el lugar en donde la espalda pierde su nombre.

Viendo como estaba el panorama ¿no iba a poder cumplir mi sueño de publicar?

De eso nada monada, aún me quedaba la última opción: la autoedición. Las dos primeras opciones estaban claras, ya que la editora te edita (todos los gastos corren a cargo de ellos) la coeditora te coedita (todos los gastos corren a cargo de las dos partes) y en la autoedición tú te autoeditas (no hace falta explicarlo, lo habéis cogido ¿verdad?)

En la autoedición el autor tiene que escribir el libro, revisar la gramática, la sintaxis, las faltas de ortografía, numerar las páginas, crear un índice, diseñar la portada, crearse un código de barras, solicitar un isbn (el dni del libro) enviar cinco ejemplares al Depósito legal de la provincia y promocionar y vender uno mismo el libro. Sólo me falta que La Tienda En Casa venda máquinas de imprenta para uso doméstico, que ya me podré crear hasta el sello editorial.

Todo esto y dicho así parece que sea muy complicado, pero para nada, porque lo más difícil ya lo tienes, que es el libro, el resto lo que requieres es paciencia y nervios de acero. Si vamos paso a paso, lo primero que se hace es corregir el texto y revisar las faltas de ortografía. No una vez, si hace falta dos y hasta tres. Aunque realmente da igual las veces que lo revises, en cada revisión encontrarás fallos. Tres meses después, cuando ya está todo pulidito y rematado, es el momento idóneo para pedir la opinión de alguien con visión objetiva. La mujer de uno, por ejemplo. Le dices “nena, a ver qué te parece esto. Quiero tu opinión sincera, pero sincera de verdad ¿eh?”.

Sincera…uno espera que la mujer te regale el oído y te diga lo bien que lo has hecho, que es lo más bonito que ha leído en su vida, que se le saltan las lágrimas de la emoción… ¡las narices se le saltan! Nunca le digas a una mujer (aunque sea tu esposa) que te de una opinión “sincera” de algo que has hecho tu, porque te la dará. Antes de pasar la primera página ya me ha encontrado dos fallos gramaticales y una falta de ortografía. Que ella cambiaría esta palabra por esta otra, que en el párrafo tal el contexto no acaba de encajar con el texto…mira que me jode que tenga razón. Le digo que no pierda el detalle en esas tonterías y que me diga que le parece la calidad general de lo que ha leído: “Bueno Miguel…pues la verdad…eeeh…yo… ¿es tu primer libro, no? Hombre, no está…mal”

Me ha matado. Eso me pasa por querer saber la verdad. Lo vuelvo a revisar y tragando sapos acabo aceptando sus críticas y modifico lo que tengo que modificar. Ahora sí que parece que está bien (no le pregunto a nadie más, no sea que tenga que volver a empezar) y lo que toca ahora es crear una portada. Esto ha sido para mí un autentico quebradero de cabeza, porque no sabía que poner en la portada ¿una foto? No me gusta poner mi careto ¿un dibujo? No sé dibujar ¿un fondo sobrio con sólo el título y el nombre? Muy soso. Al final opto por fotografiar mi tatuaje y con un poquito de photoshop, dar algunos detalles. Las cuestiones legales como son el isbn, el depósito legal y la gestión de código de barras son meros trámites, por lo que sólo me queda enviar el libro a imprenta para tener listo el libro.

Todo esto no es nada, porque lo más complicado de todo este proceso es la promoción y la venta de tu obra. No se puede ir al mercadillo, colocar una manta en el suelo y chillar aquello de “Al revoleooooo, al revoleoooo… venga Maríaaaa, que lo tengo todo baratoooo” ya que puede funcionar muy bien para las cabezas de ajos y los trapos de cocina, pero para los libros, requiere de un canal de distribución más apropiado, como por ejemplo las librerías. La pega es que los libros los tengo que comprar a la imprenta y luego cederlos a los libreros (que aceptan encantados), pero no te los pagan hasta que ellos los han vendido.  Pero para que se puedan vender bien, antes tienen que conocerte, pero para conocerte tienes que hacerte publicidad… y aunque me han entrevistado en dos emisoras de radio, me han publicado notas de prensa en diarios comarcales, escribí monólogos y un guión para una asociación cultural, interpreté algunos en público y me han publicado otros en una revista de ocio de Madrid… pues a lo mejor suena raro oigan, pero ni me reconocen, ni me paran por la calle para pedirme autógrafos.

Se pueden buscar otras opciones, y aprovechar el tirón de las redes sociales para autopromocionarse (ya sé, ya sé, algunos estáis hasta la pera de mí) o bien crear un blog hablando del libro y lo bueno que es, bombardear a los contactos de Hotmail, amigos de Facebook  y medios de prensa con tu novela (algunos lo llaman spam, pero como lo importante es que se hable de uno…) regalar libros a los amigos para que corra el boca a boca… a lo mejor hasta tienes suerte, y consigues que algún pardi… digooo desconocido, te compre el libro pensando que en el futuro serás un escritor de reputación.

Es cierto que tanto trabajo no me ha reportado dinero, ni fama ni reconocimiento, ¿Pero para que quiero todo eso, para qué? Con tanto dinero para gastar, tendría muchos dolores de cabeza ahí pensando y pensando en cómo gastarlo. Con la fama igual de mal, porque es terrible  no poder salir a la calle acosado por cientos de jóvenes y adolescentes que se mueren por un autógrafo tuyo. ¿Y el reconocimiento? Este ya lo tengo de mi familia, mi mujer y mi hijo.

Si el que no se consuela, es porque no quiere.

Pero…

¿Me vais a comprar el libro, verdad?

 


Con esto cerramos el chiringuito hasta después de vacaciones. Hay que recargar las pilas

Denunciar contenidos

El pulpo Paul y otros animales (Con cariño para a Juan Lirola)

Ya se ha acabado. Por fin todo ha vuelto a la normalidad tras tanta euforia y tantas celebraciones. Recuperar la voz me está costando algunos días, pero ya se me empieza a oír un poquitín. Me había quedado afónico de tanto gritar. La resaca ha durado menos, pero ha sido muy jodida, ya que parecía que tenía vuvuzelas dentro de la cabeza. La copa del mundo ya forma parte de nuestra historia.


Pero, ¿Quién ha sido el protagonista de este mundial? ¿Los goles de Villa? ¿Las paradas de Casillas? ¿El beso que le plantó en la boca a la Carbonero? ¿El gol de la final del níveo  Iniesta? ¿La impasibilidad de Del Bosque, que no se altera ni el bigote?  ¿Manolo Escobar en las celebraciones de Madrid, insistiendo con la canción aquella de “Que Viva España” es un refrán?

Pues no. Ninguno de ellos. El protagonista del mundial ha sido un celafotropo. No espera…un cetropofago. Creo que tampoco se dice así…un cefe…un cefa…Bueno, un pulpo de esos. Concretamente, el pulpo Paul.

Este bicho, que vive en el acuario Sea Life de la ciudad alemana de Oberhausen se ha hecho famoso por “pronosticar” los resultados deportivos de la selección alemana en competiciones oficiales. Y si la necesidad lo requiere, de otros equipos. El sistema empleado era muy sencillo, se introducían dos urnas identificadas con las banderas de los países que iban a disputar el partido, y dentro de cada una, un mejillón. Paul (lo vamos a llamar así directamente, en plan colega, que para eso nos ha hecho ganar la copa, coño) introducía uno de sus tentáculos y se comía el mejillón. La urna seleccionada se correspondía con el equipo que iba a ganar el encuentro.

Si bueno… ¿Menuda tontería, verdad? Pues en el mundial lo ha clavado, ocho pronósticos, ocho aciertos. El cien por cien. Mucha gente se ha interesado en Paul y están dispuestos a pagar lo que sea. Entre ellos se encuentra el gobierno español, que me parece que quiere preguntarle cuantos millones de parados vamos a ser de una puñetera vez, o cuando se va a acabar la crisis en España. Visto lo visto, creo que es el único analista apropiado para dar una respuesta concreta... No sólo está interesada la Administración central de hacerse con sus servicios, también tiene ofertas del PP. Ya sabéis, el Partido Pulpolar. Tampoco le va a faltar trabajo como asesor deportivo  de algún club, basta con poner la foto de los posibles fichajes, y que  vaya escogiendo ¡Lo que se van a ahorrar en comisiones! Con  10 kg. De mejillones Paul es capaz de hacerte virguerías en fichajes.

Alguna televisión privada también se ha interesado, ya que puede sustituir a los oráculos que leen el tarot en los programas de la madrugada. El pulporaculo Paul. Lo mejor es que al tener ocho tentáculos puede atender a cuatro televidentes a la vez, ya que para repartir y barajar las cartas precisa solo dos para cada uno de ellos.

Otro. Un empresario gallego ha ofrecido treinta mil euros por Paul, y encima dice que lo va a invitar a la fiesta del pulpo que se celebra el día 8 de Agosto. ¡Macho, que mal rollo da eso! Es como si uno aceptara la invitación a cenar a casa de unos caníbales. No sabes si vas como invitado, o como guarnición.

Quien de verdad tiene todos los números para su adquisición, es el zoo Acuarium de Madrid. Negocio a la vista ¿Os acordáis del gorila blanco copito de nieve en Barcelona, y del oso panda Chu-lin en Madrid? Merchandising en gorras, camisetas, muñecos, juegos, libros, postales…todos los niños querrán tener como mascota un pulpo. Lo cual no es extraño, ya que desde hace algunos años, el Scattergories recoge pulpo como animal de compañía.

Pero inteligente, lo que se dice muy inteligente… no creo que sea ¿Por qué se come un mejillón, pudiendo comerse los dos? ¿Son mejillones gigantes? ¿Le quitan la urna después de escoger? Hay biólogos y especialistas que aseguran que Paul no tiene ni pajolera idea, y que son los criadores quienes realmente “preparan” el resultado. A ver, a ver, lo que están diciendo es que quien sabe que selección va a ganar el partido  es el cuidador… pero el que se lleva el mérito es el pulpo…

¡Joder! ¿No será por casualidad Paul español? Es que eso es tan nuestro, tan del de país… ¿No creéis, que más que un pulpo parece un tiburón, queriéndose llevar la gloria de otros?

Pero el caso del pulpo Paul no es único, hay otros animales que predicen otros tipos de acontecimientos, como puede ser el tiempo o la duración del invierno. En Estados Unidos, cada 2 de febrero utilizan una marmota para que pronostique lo que va a durar el invierno. Es lo que llaman Groundhog Day (El día de la marmota)

Para celebrar este acontecimiento precisan, tal como su propio nombre indica, de una marmota, que viene a ser como una ardilla gorda. Al amanecer del citado día, observan el comportamiento del animal al salir de su guarida. Si al salir el animal ve su sombra, se vuelve a introducir dentro para hibernar seis semanas más, que es lo que se supone que aún va a durar el invierno. Por el contrario, si cuando sale no proyecta sombra, el roedor se queda fuera de la madriguera, ya que eso significa que está acabando el invierno.

¿Acierta? Pues no mucho. Vamos, que falla más que una escopeta de feria ¿Y lo bien que se lo pasan los americanos tocándole los Kinders a la marmota?

La más famosa de ellas es Punxsutawney Phil de la localidad del mismo nombre, en  Pennsylvania. Lleva muchísimos años pronosticando la duración del invierno. Dicen que lo hace desde 1887… la misma marmota.

Ya… me pregunto entonces, ¿Por qué no se extraña esta gente cuando ven que la marmota no sale nunca de su madriguera? Si bueno, dicen que es porque pronostica que el invierno dura otras seis semanas, pero yo en mi ignorancia diría que una marmota de ciento veintitrés años tiene menos movimiento que un loro disecado.

Siguiendo por el territorio americano, hay un animal que se hizo famoso hace tres años por sus predicciones: el gato Oscar. Este felino es conocido por pronosticar también el tiempo. Sí, digo bien, el tiempo…el tiempo que les queda de vida a los pacientes de un geriátrico de Rodhe Island. Oscar dormía con los pacientes poco antes de morir, y hasta ahora, son más de cincuenta enfermos que ha predicho su muerte.

Es España también tenemos animales que predicen el futuro, particularmente en verano y en las fiestas populares: los toros.

No hay más que mirar la cara de los mozos en los sanfermines o en los ruedos de las plazas de los pueblos cuando corren delante del morlaco, para saber que en breve les meterá el asta por donde amargan los pepinos.

Aunque en este último caso, el animal no es siempre el que tiene los cuernos. O sí…pero a mí no me importa la vida privada de nadie.

Denunciar contenidos

Monstruos clásicos y el cine de terror actual (con cariño para Joaquín Julio. Grouchista)

 


El terror forma parte de nuestras vidas. Desde pequeñitos hemos sufrido los llamados terrores nocturnos. Le teníamos miedo al hombre de saco, a los monstruos de debajo de la cama, a los de dentro del armario... Otros, sufrían pesadillas y se meaban en la cama. Y todo por no salir al lavabo, no vaya a ser que se tropezara uno con algún fantasma o ente diabólico por los pasillos. Incluso yo podría decir que el terror me ha marcado. Mucho, concretamente en la frente, ya que un día no pude aguantar más las ganas de orinar y tanteando a oscuras, me metí un viaje con la mesita de noche.


Quizás sea el golpe que me ha descuadrado el sentido del buen gusto, o una inclinación natural, pero lo cierto es que siento una especial predilección por el cine de terror. Pero no del actual, si no al terror de los monstruos clásicos. Antes se veía muy buen cine. En la década de los cincuenta, la mítica y desaparecida productora Hammer se encargó de producir lo que sería la época dorada de este género, y esas películas son las que me han llegado al alma. Me acojonaban cosa mala.

Las películas de terror actuales siguen otros patrones, porque más que miedo, lo que siento son náuseas. No porque la película en sí sea mala (que también) es porque entre tanta sangre y tanto destripamiento acaban dejando a uno con muy mal estómago. Los monstruos de ahora acostumbran a ser asesinos en serie o psicópatas, que se dedican a apuñalar, degollar, descuartizar, triturar y reventar de la manera más asquerosa posible a sus víctimas. Es lo que llaman cine “gore”. Los guionistas no se calientan mucho la cabeza, y por eso, los personajes suelen ser jóvenes apuestos que se han perdido en la carretera, de noche, y que acaban en una casa abandonada. El resto corre a cargo del matarife y del arma que hayan decidido que use para esparcir vísceras.

Pues por eso mismo prefiero a los clásicos. Considero como tales los personajes del conde Drácula, El Hombre Lobo, La Momia, Frankenstein, Los Zombis, Los Agentes de tráfico, El Ministro de Hacienda… Este último es el que más me asustaba. Todavía tiemblo cuando recuerdo su trilogía fílmica: “El señor de los Impuestillos”.

Si bueno, ya sé que a muchos de vosotros este tipo de cine no encaja mucho dentro de lo que se llama cine de terror, pero me gustaría veros la cara de pánico cuando en el buzón os llega una paralela de la Agencia Tributaria (otro nombre bajo el cual también se esconde el mal).

Pero cada uno de ellos, tenía su aquel. Frankestein tenía su encanto, aunque era un tipo muy corriente. De más de 5.000 voltios de corriente concretamente. En la primera versión de la novela de Mary Shelley, Victor Frankestein experimentaba montando muñecos de Míster Potato, pero enseguida se dio cuenta de que eso mucho no asustaba, por lo que consideró que el doctor utilizase partes de distintos cadáveres recosidas para crear un ser humano. Y para proporcionarle vida, usar la corriente eléctrica.

Esta historia me parece muy poco creíble. Yo mismo lo he intentado, pero no con seres humanos, porque a ver de dónde saco los cadáveres. Podía ir a los cementerios, pero la policía es muy quisquillosa para esas cosas y probé con cuartos de pollos. Para la chispa vital, metí el pollo recosido en la bañera con agua, y dentro del agua, una tostadora enchufada. Igual os parecerá raro lo que os digo, pero los resultados han sido del todo desalentadores, porque de vida, nada de nada. A lo mejor el problema es que uní piezas de pollos con gallinas, o que los trozos eran de pollo frito del Kentucky Fried Chicken.

Otro personaje que ha hecho correr ríos de tinta y de celuloide ha sido el hombre lobo. Al contrario que Frankenstein, y en paralelo a los vampiros este personaje forma parte del folclore y la mitología de muchos pueblos. Hay una infinidad de leyendas sobre los licántropos y en el modo en que una persona se puede convertir en uno de ellos. La más conocida es ser mordido por uno, pero las posibilidades de conversión eran infinitas: por una maldición, por beber del mismo lugar que lo hubiera hecho un hombre lobo, por dormir desnudo bajo la luna llena, por ser el séptimo hijo varón y no ser bautizado, por tener relaciones sexuales con una loba... Si alguno le preocupa esto último, que no lo esté, que por mucho que aúlle en el video de su último álbum “La loba”, no creo que Shakira pueda transformar en lobo a nadie. Pero que siga soñando con la posibilidad, que eso es gratis.

Lo he intentado, pero no he tenido ocasión de conocer a ningún hombre lobo, pero sin embargo si he podido conocer a hombres tigre. Los hombres tigres son peligrosísimos, porque pueden dejarte fuera de combate en muy pocos segundos ¿Y cómo reconocerlos? Basta con que alguien se quite los calcetines delante de ti.

Si percibes un ligero olorcillo tirando a hedor insoportable, podrás decir que te acabas de tropezar con uno de ellos. A pesar de que el cine le sigue rindiendo pleitesía, el hombre lobo no mola, porque no deja de ser un perro ¿verdad? Lo que de verdad jode no es que te asalte por la calle y te muerda, es que además te va a dejar las aceras llenas de caquitas, y eso si que es desagradable. Un consejo: lleva siempre en el bolsillo galletas para perros o un hueso, así si aparece se lo sueltas en el hocico y mientras lo mordisquea, pones los pies en polvorosa.

Luego están los zombis, cuyo origen hay que situarlo en Haití. Los nativos estaban convencidos que un hechicero podía dar vida a los muertos a través de rituales vudú. Como la superstición es muy mala y el aburrimiento muy grande, estas prácticas se fueron extendiendo y el cine, con su manida costumbre de distorsionar la realidad, acabó haciendo el resto. Como eso de poner a un tipo vestido con un taparrabos y con sonajero en la mano pegando botes y chillando “jalla-nana-jalla-nana-jalla…” no vende, pensaron que lo mejor era despertar a los muertos a través de una guerra bacteriológica, una epidemia o a un virus venido del espacio. Pero lo cierto es que los zombis existen. En serio ¿eh? Lo juro por la cobertura de mi móvil que los zombis existen…posiblemente muchos de vosotros habéis contemplado alguno: ojos hundidos y aspecto demacrado, mal vestidos… diría que desaliñados. Un  característico caminar de costado dando tumbos y tropezando con todo. Su poca o nula capacidad de razonar. Sus sonidos guturales…cualquier lunes se pueden encontrar cientos de ellos vagando sin rumbo fijo a los cinco o seis de la mañana de camino al trabajo. A mí me dan pena, que queréis que os diga, ya que en el fondo todos llevamos uno dentro.

Con respecto a la momia, esta nunca ocupó un lugar muy destacado dentro del género. Y mira que es raro, porque la momia era un tipo muy enrollado. Enrolladísimo vamos, pero por todo el cuerpo. Ni el perro de Scottex se lo acababa. Los agentes de tráfico tienen algunas similitudes con las momias, pero no porque estos lleven todo el cuerpo recubierto de papel higiénico (aunque sería adecuado que lo hicieran, porque dan ganas de enviarlos a un lugar en donde puedan utilizarlo) más bien ellos te empapelan a ti a la mínima oportunidad. También ambos carecen de emociones. A la momia, porque para embalsamarla le han extirpado los órganos, el cerebro y el corazón, y a los otros porque por muchas excusas que utilices (“No he visto la señal”. “Le juro señor agente que no sabía que el límite era ochenta”. “Pensaba que el semáforo estaba en ámbar”. “Si sólo he tomado una copita…”) no tienen sentimientos, les importa un huevo tus excusas e incluso, sin necesidad de extirparles  el cerebro,  ni lo usan (solo algunos eh, solo algunos)

Pero retomando el hilo del cine, en donde disfrutaba viendo estas películas era en…aquello… ¡Ains, que ahora no me acuerdo! ¿Cómo se llamaban aquellos sitios, que iba la gente, pagaba una entrada y se sentaba a ver una película?


Ah, vale, ya, ya… ¡salas de cine!

¿Os acordáis, verdad? Es que oye, hace ya tanto tiempo que no veo una, que la memoria me empieza a fallar. Entre las salas que van cerrando, y los precios de las entradas, uno empieza a perder la costumbre de ver películas fuera de casa. No digo que yo me descargue películas, yo no hago esas cosas (¡pffffffff!) que para eso tengo Imagenio, pero hay que reconocer que con la que está cayendo, ir al cine es un pastón. Pongamos mi caso. Somos tres, precio de las entradas veinticuatro euros. Ver una película sin palomitas es como ir al fútbol y no insultar al árbitro (si alguien se pregunta porque esos cartones tan grandotes de palomitas ya se lo digo yo; para vomitar dentro). Las palomitas dan sed, pues tres Coca-Colas más. En total me ha salido la broma por unos cuarenta y cinco euros. Eso si no hemos cenado antes en el centro comercial, o hemos estado de compras.

Las salas de ahora tampoco son como las de antes. Algo hemos mejorado, eso sí que es verdad, porque las salas son así pequeñitas, recogiditas. Casi parece que estás viendo la película en familia. Las salas de antes pequeñas, lo que se dice pequeñas…no eran. Los cines eran inmensos, de pasillos larguísimos. Me tenía que llevar la merienda de casa para comer por el patio de butacas. El andar siempre me ha dado mucha hambre, ¿y las butacas? Me sentara donde me sentara, siempre pillaba la que tenía el chicle pegado, pero no me quejaba, peor suerte tenían a los que les tocaba asientos de primera fila, que estaban pegajosos y llenos de lamparones. Había que recordarles la conveniencia de que al acomodador se le debe dar siempre propina.

¿Os acordáis del él? Era entrar en la sala, descorrer las tupidas cortinas de terciopelo (que un día fueron rojas), y al pronto aparecía como de la nada, una lucecita suspendida en el aire que te decía “sígame”. Y todos detrás de la luz, como moscas cojoneras en las farolas. Nunca le pude ver la cara, ni supe quien era. O tal vez nunca existieron los acomodadores y todo esto lo he soñado.

Pero el cine es el cine, y doy gracias a los maestros del género. A mis admirados Boris Karloff, Bela Lugosi, Christopher Lee, Peter Cushing, a nuestro particular lobo Paul Naschy y tantos otros (que no cito porque no recuerdo sus nombres)  que de pequeño me dieron tantas tardes de sufrimiento y de emociones.

A su memoria. Y que perdure la mía.

Sois unos monstruos.

Denunciar contenidos

Vampiros (dedicado a Lydia Alfaro)

De un tiempo a esta parte, se ha puesto de moda las películas de sagas vampíricas. De la trilogía de Blade y Underworld, hemos pasado a la de Crepúsculo. Esta última saga va dirigida a un público más joven y quizá por eso, está un poco más edulcorada. Pues hartitos me tienen. Las dos primeras aún las disfrutaba, sobre todo porque salían intestinos y vísceras volando por doquier, pero la de Crepúsculo… ¡pues si el vampiro este tiene menos movimientos de cejas que míster potato! Lo más animado que sabía hacer, era quitarse la camisa para brillar al sol como un cristal de Swarovki.


Y es que en el cine, las películas de vampiros siempre ha sido un tema recurrente. Incluso las civilizaciones y culturas antiguas creían en la existencia de los vampiros. Porque los vampiros existen oigan… ¡que nadie lo dude!

No solo existen, es que además hay muchos tipos de vampiros. Y no todos son igual de peligrosos. Entre la gran familia vampírica, destacaría los que me parecen más comunes:

El vampiro chupasangre. El clásico, el de toda la vida. Es aquel que duerme en un ataúd por el día y se alimenta mordisqueando en el cuello de sus víctimas por la noche. Es el menos común de ver en la actualidad.

El vampiro banquero. No muerde, pero te chupa la sangre a ti, a tu mujer y si puede a tus hijos. Una vez que te ataca uno, te puede llegar a sangrar mensualmente durante quince, veinte o treinta años.

El vampiro empresario. Como el anterior, no muerde, pero tampoco te chupa la sangre, utiliza el método de la boa: te exprime y te exprime como un limón para sacar el máximo jugo de ti. Es el que más acojona de todos, puede crear verdaderas psicosis de pánico y terror, sobre todo cuando se te acerca por detrás, y te susurra al oído “que vieneeee el EREEE, que vieneeee…”

El vampiro político. Es el más frecuente y peligroso, puede atacar a todo el mundo y a cualquier hora del día o de la noche. Tiene la peculiaridad de que no es necesario que salga por ahí para atacar a sus presas; sólo necesita un despacho y un teléfono, ya que se alimenta del dinero público.

El vampiro adolescente. Tiene ciertos paralelismos con el chupasangre, pero con la diferencia que en vez de un ataúd, se pasa el día en la cama (sobre todo el fin de semana) su área de caza son las discos y las salas de fiesta y cuando sale, es capaz de mordisquear a todas las chicas que se pongan por delante…la sangre no se si se la beberá, pero si le dejan, hasta el agua de los ceniceros.

Pero lo que interesa hoy es hablar son de los vampiros clásicos, ya que por lo visto, diría  que es el más inofensivo de todos. Hay gente con muy mal fondo que dice que hay que matarlos porque son la encarnación del mal, porque son dañinos, porque se pueden transforman en murciélagos…entonces, ¿Qué hacemos con Batman? ¿De este hombre murciélago nadie dice nada? ¿Acaso tiene privilegios como los Eurodiputados? Ya, claaaaro, la excusa es que acaba con los criminales y ladrones de Gotham City… ¿Y qué? Tu suelta a nuestro murciélago avampirado en un ayuntamiento español y veras que limpieza hace. Además, ¿no dicen que la clase política esta corrupta? Que mejor entonces que meter a un vampiro en la política, porque como están muertos e incorruptos, nunca podríamos tener a un político corrupto.

Se podría pensar que la vida de un vampiro es fácil, porque como están muertos no pagan impuestos, no pagan el recibo de la luz, les importa un carajo el colesterol y los triglicéridos… pero nada más lejos de la realidad, y más si cabe en el mundo actual. Para empezar, tendrían graves problemas para alimentarse de los humanos. Ahora todo lo que comemos es light, bajo en calorías, bajos en grasas, desnatados, sin azucares añadidos, bajos en sodio, reguladores del tránsito intestinal…aportamos menos calorías a su dieta que un sándwich de lechuga. Más les valdría que se compraran un bote de tomate triturado y les clavaran los colmillos. Por lo menos el tomate tiene saborcillo. Otra alternativa es irse de botellón a un hospital. Botellón de plasma sanguíneo enriquecido con plaquetas y glóbulos rojos, claro está. Y si la quieren con alcohol, pues nada, con esperar que llegue alguien borracho tienen toda la que puedan beber. Y  no creo que los “donantes” pongan muchas pegas porque con la melopea que llevan, no sabrían si los están mordiendo, o poniendo la vacuna del tétanos.

Pero si tus hábitos de vida son sanos, es decir que cuidas la alimentación, haces ejercicio, no bebes, no fumas… eres el candidato ideal a ser mordido. El problema no es evitarlos, si no reconocerlos. En el siglo XVII de la Europa Oriental, tenían una forma muy original para  identificarlos. Acudían a los cementerios con una virgen, que a su vez montaba  un caballo también virgen, y en donde no quisiera avanzar el caballo, se tenía la certeza de allí reposaba un vampiro. Ahora, que los métodos utilizados para “purificar” sus almas eran de lo más peculiares: les clavaban una estaca en el corazón, les cortaban la cabeza, les desmembraban, les quemaban por partes…pero de todas las perrerías que les hacían, la más cruel de todas era la de colocarles ajos en todos los orificios de su cuerpo. Exactamente eso mismo que estáis pensando; les metían una cabeza de ajos por el culo. Si ya es jodido tener mal aliento de boca por culpa del ajo, no me imagino tener mal aliento de culo por la misma razón. Terrible.

Pero si en la actualidad siguiéramos sus métodos, tendríamos graves problemas con Amnistía (por putearlos), con las sociedades protectoras de animales (también son murciélagos) con Greenpeace (abusar del ajo, no debe ser bueno para la capa de ozono) ¿Y el caballo y la doncella?...bueno…supongo que no debe de ser difícil encontrar un caballo virgen, pero lo otro, ejem…en cualquier caso podemos subir a una abuela al caballo, que virgen no será, pero tampoco tendrá sangre para chupar. Y si localizamos a un vampiro ¿Qué le hacemos? La única cosa cruel que se me ocurre, es pasarle todos los recopilatorios de Gran hermano y de la Isla de los famosos y la estaca se la acabará clavando el mismo.

Eso si están enterrados, pero si están deambulando por ahí, las técnicas para defenderse son distintas. Para empezar, odian el ajo. Los catalanes no tenemos problemas, porque con lo que nos gusta la butifarra con alioli (ajo y aceite, para los foráneos) lo tendrán muy  crudo si quieren hincarnos el diente. Bueno, y los andaluces también, porque ellos tienen gazpacho, que en caso de emergencia se puede sustituir por el agua bendita, ya que el buen gazpacho, es mano de santo. No pueden cruzar terreno sagrado (iglesias, monasterios, capillas…), no soportan los símbolos cristianos y tampoco marcan en la declaración de la renta, el casillero para que sus impuestos vayan a parar a la iglesia. Otras de las viejas tradiciones dice que no pueden traspasar el umbral de una casa si no son invitados. Totalmente cierto, yo lo he experimentado. Intentan por todos los medios entrar en tu domicilio para atraparte, pero hay que ser firme y negarles la entrada. Para ello emplean los trucos más convincentes disfrazándose de vendedores de seguros, de enciclopedias, del gas, de operadores de internet y adsl, de testigos de Jehová… antiguamente para proteger las casas, echaban granos de mostaza o arena en la puerta o en el tejado, porque decían que así se entretenían contando, y te dejaban en paz.

Ya…contando. Pues entonces si sueltan un vampiro en la playa, lo vuelven loco. ¿No?

Son vulnerables a la luz del sol, al entrar en contacto directo con ella se queman. Es muy importante no confundir con esos tipos que llegan aquí en el verano, porque aunque también se queman y huelen a churruscado, no acaban carbonizados (algunos están cerca, cierto, pero no del todo) ni dejan el suelo perdido de cenizas. Lo único que dejan perdido son las sillas de los chiringuitos de restos de piel y cremas solares. A estos sujetos se les llama turistas (también aceptamos guiri como término)

Si a pesar de todas las precauciones que pudieras tomar, acabas siendo mordido por uno de ellos, habrán resuelto toooodas tus preocupaciones. Al fin y al cabo oye, tiene sus ventajas. Si bueno, es desagradable que te muerda un extraño en el cuello sin saber que guarradas se habrá metido antes en la boca, ni a quien se la habrá chupado (la sangre, eh)

¿No dicen acaso que cuando te muerden, te transformas en uno de ellos? ¡Pues ya está!, ya no hay  necesidad de preocuparse más por las dietas, ni en cómo te va a quedar la ropa, o si las lorzas te salen por los lados. Los vampiros no se reflejan en los espejos. Tampoco tienes porque saber  cuál es el tenedor para el pescado, o en cómo se utilizan los palillos chinos. Ahorraras tiempo en desplazamientos, porque acudirás a todos los sitios volando ¿y la hipoteca? Esto es lo mejor de todo, porque podrás pedir un préstamo a pagar en trescientos años y en los tiempos que corren, lo que interesa es que los plazos sean los más flexibles posible.

De lo que no te podrás librar nunca, es de los dentistas:

-Buenas Doctor, venía a que me implantara un colmillo que se me ha caído, es que el otro día mordí a un culturista que estaba algo durillo ¿sabe?

-Muy bien. ¿Prótesis fija de cerámica o removible?

-Eeeh…pues fija

-Pues póngase cómodo, que le voy a poner la anestesia

-¿Me va a doler Doctor? Es que soy algo aprensivo yo para estas cosas…

-¿La inyección? ¡Para nada! Espere que le pase la factura, ya verá usted lo que duele eso, ya verá…

Denunciar contenidos

Las nuevas redes sociales (Con cariño para Bea,Tres0ret)

 


Yo no sabía lo que era eso. Es verdad que oía hablar con cierta frecuencia  de Facebook, Tuenti, Twiter, MySpace, Hi5 y otros espacios similares, pero ni idea de cómo funcionaban. Toooodo el mundo me andaba contando que si “las redes sociales por aquí” que si “las redes sociales por allá”. ¿A que tanto interés por las redes sociales esas?... Se me quedaba la cara de boniato, porque así como suena, me daba por pensar que eso era algo así como salir a pescar en grupo y claro, uno no acaba de encontrar la gracia a eso de irse con un mogollón de amigos al río a por truchas. Y más, cuando hay cosas más divertidas que se pueden hacer en grupo.


Pero una amiga –Bea, para más señas- me dice un día “Oye Miguel, apúntate al Facebook, que está muy bien” y yo todo obediente, voy y me apunto.

Aquí lo que importa es no perder el tren de la tecnología, y procurar estar a la última de todo. Sólo por eso, me acabo de comprar un móvil tipo Smartphone, preparado para utilizar las redes sociales. Una maravilla oye. Lleva pantalla Amoled (no sé que es, pero suena a cosa importante) Wifi y 3G para internet, Bluetooh, radio, GPS, UMTS, WAP, MMS, GPRS, airbags, dieciséis válvulas… ¡y no sé cuantas puñetas más! Lo más jodido de todo esto, es que con tanta tecla y tanta ostia, no tengo ni idea de cómo hacer una llamada por teléfono. Sólo lo uso para recibirlas.

De estas cosas es mejor no hablar a los abuelos, porque a partir de los sesenta, la evolución tecnológica les trae totalmente sin cuidado, y la única licencia tecnológica que se permiten, es la compra de un radio transistor de toda la vida (esos mismos que apenas han evolucionado en treinta años) con una antena de tan “solo” medio metro. Y así van, por las calles en una tarde de domingo con la radio pegada a la oreja, escuchando los partidos de fútbol de la jornada. Cuéntales tú que existen en el mercado unos reproductores de Mp3 o Mp4 del tipo iPod, Zune, Sandisk, Gigabeat, Zen, Yepp, etcétera y etcétera... Que caben en el bolsillo del pantalón y son más cómodos. “Si” –te dicen ellos- “Son más pequeños y más cómodos, pero con la diferencia de precio, he hecho la compra de la semana en el DIA”.

También es verdad. Que son mayores, pero más prácticos.

Pero como yo todavía no soy mayor (al menos, no lo suficiente) si me apunto al carro ese. Después del registro de rigor, y de echar un vistazo a mis datos, me encuentro una página que me pone “¿En que estas pensando?”. Joder, ¿pero qué mal rollito, no? porque lo que es yo, no le cuento ni a mi mejor amigo lo que me pasa la cabeza. Es mi amigo coño, no mi confesor. Y va esta gente, y me dicen que lo ponga ahí, ¡si hombre, para que se entere todo el mundo! No sé qué pensar, pero para mí esto es una evolución del chismorreo.

No nos engañemos, el cotilleo siempre ha existido. Antes -y esto era una práctica habitual en los pueblos- cuando empezaba a refrescar, los vecinos cogían sus sillas, las colocaban en sus respectivas puertas, y se ponían a charlar animadamente con los de la casa de al lado. Al principio se habla del tiempo, de cómo han ido las cosas del campo, pero siempre acababan igual. Despellejando a esa vecina tan pelandrusca o rajando de otra gente porque sí, porque toca. Luego la gente empezó a emigrar a las ciudades y estas costumbres variaron. Ya no se podía sacar las sillas a la puerta de la calle, más que nada porque poner veinte sillas delante del bloque de la escalera queda algo apretadillo, por lo que crearon la figura de la portera. La finalidad de esta señora (o señor, va a gustos) era cuidar de la portería y vigilar que no entren extraños, pero la razón principal, era mantener viva la llama del chismorreo.

La cosa volvió a cambiar cuando los porteros se hicieron automáticos, y aunque algunas porterías tienen video y balcones para seguir alcahueteando… no es  lo mismo. La verdadera revolución e internacionalización  del cotilleo, llegó cuando los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) rellenaron sus páginas y programación con temas mundanos de personajes famosos. Pero llegó la crisis…y llevar famosos a un plató cuesta dinero, por lo que ahora se llevan a sus familiares, a sus amigos, a sus conocidos… incluso han llegado a invitar a un señor, que coincidió con una famosa cantante comprando en el Mercadona. Criticaba que solo compraba las marcas blancas.” Fíjate tu, quien lo iba a decir”.

Las nuevas redes sociales, han cambiado de manera radical la manera en cómo nos relacionamos. Ahora nuestras relaciones son “cibers” porque tengo ciberamigos, ciberamigas, ciberpeleas…estas últimas suponen una ventaja con las peleas reales, porque antes, un enfrentamiento directo me suponía un ojo amoratado y una visita al dentista. Ahora como mucho, mi ciberenemigo me envía un gift con un diente con la leyenda “Antonio te acaba de enviar un diente que te ha saltado de dos ostias, confirmar / rechazar”

Eso me pasa porque antes aceptaba como amigo a cualquiera, pero llegar a esto me ha costado, que antes me llegaba una invitación de un amigo del colegio o de la infancia y lo aceptaba, así, sin más. El problema venía luego cuando Facebook decía que mi amigo tiene otro amigo que quizás  conozco. Vaaaaale, también lo acepto. Pero… ¡espera, espera! resulta que el amigo de mi amigo que ahora también es mi amigo, tiene otro amigo que tal vez quiere ser amigo mío porque me dice tal vez lo conozco, y uno que es así, y no me gusta hacer un feo, lo acepto como tal y…todavía no me acabo de explicar cómo en una sola tarde he podido añadir a cuatrocientas personas como amigos. Y no sé por qué, pero me da como la sensación de que conocerlos, lo que se dice conocerlos a todos… va a ser que no. Sobre todo, a un tal Igor Panaschotrosky y a una chica llamada Ichiko Sakamoto.

Por eso, me conecte a la hora que me conecte, siempre me encuentro a alguien también que también está conectado. ¿Os habéis fijado que abajo, a la derecha hay un pequeño chat, verdad? Está bien entrar a saludar a alguien, pero al ser tanta gente, enseguida se abre otra ventana con otro amigo que te viene a saludar. Y otra venta que se abre. Y otra. Y otra… ¿Habéis probado a chatear con diez personas a la vez? ¿Sí? Eso solo puede acabar de dos maneras posibles: la primera, es que la pinturita de las letras del teclado se acabe pegando a tus dedos y te salgan ampollas, o la segunda; que a Margarita le llames Andrea, a Roberto le llames Antonio y que a Ichiko le escribas en ruso.

Pero no siempre todo es virtual, noooo. También ayuda a las relaciones de seducción y coqueteo. Ya no se va a la disco a preguntar aquello tan antiguo de ¿estudias o trabajas? Ahora para entrar a una chavala le dices ¿eres de Tuenti o de Facebook? No sé si ligar ligaras mucho, pero al menos sabes que la podrás añadir a tu lista de amigos. Pero si te la ligas, ¡cuidado! No te pase como a mi amigo Juan Carlos, que quiso romper una relación más o menos estable con una chica que se la enrolló de esa manera, y no ha podido cortar con ella “Es que me ha regalado una vaca que necesitaba para el Farmville. ¿Tú sabes lo que cuesta conseguir una?”- me dijo

Para el trabajo, la cosa también ha cambiado, no es necesario que te pidan el currículo ese tan engorroso que no sabes ni como presentar. Directamente te piden tu dirección de Facebook para conocerte mejor ¡Y vaya si te van a conocer! Ya puedes ir borrando todas las quejas y burlas de tus antiguos jefes en tu perfil, y borrar esas fotos de la borrachera de fin de año, en la que le están haciendo un “calvo” a la cámara. No queda serio hombre, sobre todo si aspiras a un puesto de secretario de dirección adjunto. Eso no lo olvides, porque lo primero que hacemos todos cuando añadimos a un nuevo amigo es mirar sus fotos (particularmente si es chica) ¿Qué por qué? Pues al igual se te ha olvidado, pero es por eso mismo, porque somos muuuuuuy cotillas.

En donde más noto en cómo ha cambiado mi vida Facebook, es en la relación que mantenía hasta entonces con mi hijo. Al principio, el no tenía muy claro cómo funcionaba eso, hasta que una tarde, salí a buscarle a la calle y le dije que dejara de pintar en las paredes de las casas de sus amigos, que eso de “escribir en el muro” es otra cosa. Y ahí parece que si me entendió, y ahora se encierra en su habitación para hablar con ellos.

Cuando digo que se encierra en su habitación, quiero decir exactamente eso: no sale de ahí. Viene del colegio y antes de que pueda verlo, ya está en el ordenador conectado a su Facebook. No se vayan a pensar que me falta la comunicación con mi hijo. No, no. Todas las noches me conecto para preguntarle cómo esta, como le ha ido el cole, que me pase las notas en un archivo adjunto… y todas esas cosas normales que hacemos los padres. Para que no pierda el tiempo, no hace falta que salga de la habitación para comer; le hemos puesta una puertecita abajo (como esas que ponen para los perros y los gatos) y le pasamos el plato con la comida. Cuando ha acabado, no los devuelve vacío por la misma puerta. El pan no hace falta que se lo pongamos nosotros, se lo hace él. Con el calor que hace dentro de la habitación, amasa su propio pan encima de la fuente de alimentación del ordenador.

Lo malo de estar todo el día ahí metido es el olor condensado ese que se va generando de un día, y otro día ahí metido… como el no sale, y nosotros no podemos entrar, hemos optado por coger cubos de agua y echarlos a saco por la puerta. Conseguimos tres objetivos. El primero, refrigerar la habitación. La segunda, lavar la misma y fregar el suelo (el agua se evapora rápido) y el tercer y último objetivo, es que lavamos al niño.

Digo del niño, pero yo también estoy algo viciadillo al Facebook, sobre todo aquello que está relacionado con los grupos: grupo que me invitan, grupo  que me apunto. Creo que estoy apuntado hasta grupos que están enfrentados a otros grupos. Da igual, la cosa es estar metido en todo. No solo uno puede apuntarse a un grupo cualquiera, también te puedes crear tu propio grupo, que enseguida se te apuntan mil personas. No sé muy bien para qué sirve eso, pero me han dicho que queda guay eso de apuntarse a los grupos, y uno como no sabe decir nunca no a nada…


Si, ya sé que es mentira, pero al menos sé que no me voy a llevar la contraria a mí mismo... A no ser que salga algún grupo que diga algo parecido.

¿O ya lo hay?

 

 


Me ha costado mucho tiempo hacerlo Bea. Es cierto, pero  prometí que lo haría. Que menos que dedicártelo

Besos

Denunciar contenidos

la madre (visto por el marido)

Por Miguel Soria


No sabría yo como definir lo que significa una madre, pero comparándolo con un aficionado al fútbol, podría decir que al igual que su equipo es el mejor, la mamá de uno siempre es la mejor.


Ya, bueno, el ejemplo quizás no sea el más adecuado, pero es que a los hombres por mucho que nos expliquen lo que es una madre, no podremos sentir nunca la sensación de parir un hijo. Lo más parecido a expulsar algo de dentro que puede sentir un hombre, serían las piedras del riñón por la uretra. No sé si las emociones serían las mismas, pero los lagrimones que se soltarían no tendrían nada que envidiar a las de ellas.

Y es que para la mayoría de las mujeres, uno de sus anhelos en la vida es ser madre. Parir un hijo vaya. Para los hombres, nuestro anhelo es hacer muchos intentos antes de que lo consiga. Para que no suene muy ordinario, y apoyándome en la delicadeza y sutileza a la que os tengo acostumbrados, diría que lo que ansiamos es meterla en caliente, tantas veces como sea posible, incluso hasta no poder juntar las piernas del escozor huevero. Ah bueno, ser padre también está bien. Pero eso viene después.

Una madre es la cosa más grande que hay en la vida, porque madre no hay más que una, de eso siempre se tiene la certeza, pero de los padres…padre no hay mas que no también, pero la certeza ya es algo mas relativo, sobre todo cuando la futura madre tiene una vida algo mas disipada de lo habitual.

¡Además, que decir de las madres! Las cosas más importantes de la vida, se les llama madre: la madre tierra, la madre naturaleza, la madre patria, la madreperla, la madre que lo parió…

En la Antigüedad ya sabían de esto, por eso las sociedades prehistóricas eran sociedades matriarcales. En la actualidad la única sociedad matriarcal que se conoce, es la etnia de los Mosuos, en el suroeste de China. Y es una verdadera pena, porque en estas sociedades no existe la violencia intrínseca de las sociedades patriarcales, ya que los hombres para matar el aburrimiento, salían a buscar a sus vecinos y se liaban a ostias con ellos.

De ahí inventaron la guerra. Las mujeres (juiciosas ellas) les reprochaban que ya les valía ya, que vaya horas que tenían de volver a casa, que mira que ropas llevan de sangre, con lo que cuesta limpiar esas manchas, que mira como estas dejando el suelo de barro, que a dónde vas con esa cabeza que llevas pinchada en la punta de la lanza. Y el venga dar explicaciones “cariño yo…yo…es que esos bárbaros no se dejaban matar” “es que el tipo ese estaba muy gordo y por su culpa me ha dejado perdido de sangre y vísceras” “que esta cabeza decapitada queda muy bien en el recibidor…”

Al final, como siempre, las mujeres tienen razón y para entretenerse inventaron el fútbol. Si, se siguen pegando de ostias igual, pero al menos ahora la culpa la tiene siempre el árbitro.

Pero a nosotros lo que nos importa, son las mujeres actuales. Mejor dicho, las madres actuales. Porque cuando una mujer es madre, deja de ser mujer. Son dos cosas totalmente distintas y antagónicas. Cuando una mujer es madre, cambia. Se transforma, evoluciona en otra cosa. Todo empieza cuando papá planta una semillita en mamá, al igual que las abejitas hacen con las flores… ¡menuda forma para contar las cosas a los niños! ¿Y cómo la poliniza, eh? Entiendo que no se les va a contar, así a la brava, como papá bombea a mamá, pero si se le pueden dar pistas como que papá le clava el aguijón en medio de la flor de mamá, y que después del hinchazón por la picadura, nació el.

La cuestión es, que la mujer sabe que está embarazada y va a ser madre, y aquí empiezan tus problemas como hombre y futuro padre. El primer trimestre, a tu mujer no la vas a poder catar: náuseas al levantarse, vómitos, cambios bruscos de humor, fatigas, molestias por el sueño, ganas de orinar continuamente, inapetencia sexual…el segundo trimestre empieza a ser más evidente su estado, las náuseas y los vómitos desaparecen, pero aumentan los ardores y el estreñimiento y claro, la cinturita de tu mujer empieza a desaparecer y eso la pone de una mala leche de cuidado. Puede que la cates (quizás, puede, según le pille el día) y si no es así, disfruta con las domingas que se le están poniendo.

El último trimestre y definitivo, es el más pesado. Pesado porque por un lado, va a ser más fácil saltar a tu mujer que rodearla por la tripa que se le ha puesto, y por otro lado, las piernas se inflamarán, sufrirá de varices y cansancio físico, altibajos de humor, dolores de espalda, mal sueño y antojos por las cosas más insospechadas. La vuestra no sé lo que os pedirá, pero la mía se le antojó bocata de anchoas a todas horas… cuando las anchoas le han dado asco toda la vida. Al menos es una buena manera de saber si se ha vuelto a quedar embarazada. Mientras no se los coma, no me preocupa.

En este trimestre, tampoco tendrás muchas relaciones sexuales, pero en esta ocasión no será porque ella no quiera, si no porque a ti te preocupa que durante el acto le puedas meter sin querer un porrazo en la frente al niño con tu cosa. Por mucho que presumas de tamaño, créeme, no vas a llegar tan lejos.

¡Y por fin! Ya ha llegado el día del parto, y solo te queda esperar a pasar la cuarentena. Bueno, quien dice cuarentena… nunca he tenido claro cuántos días son una cuarentena, porque unos dicen que son cuarenta días, pero algunas mujeres lo toman como cuarenta semanas. Es en este periodo cuando los hombres desarrollamos de manera desmesurada el brazo derecho. A los hombres que están pasando la cuarentena se les reconoce fácilmente, porque tienen la mano como agarrotada…los dedos de la mano están semicerrados, como si fueran a coger un vaso u otra cosa similar. Ains, no sé si me explico bien… y si no, casi mejor no me explayo más, que hay niños.

El hombre debe asumir que cuando la mujer es madre, su papel es secundario, toda la atención de ella se centra en el bebé. Te miras con una mezcla de ternura y envidia cuando ella le da el pecho al niño. Lo que antes disfrutabas tú, ahora lo disfruta él. Así es la vida. Todo cambia, todo ha cambiado. Incluso hasta el lenguaje de las mujeres, que cuando hablan con los niños no se les entiende nada: todo lo que dicen acaba en diminutivo in o ito.

Pero a su favor, decir que los hijos dan muchas satisfacciones. ¿Qué cuáles son? ¡Numerosísimas! Porque los hijos te dan…bueno, los hijos son…o sea que con ellos…pues…Que sí, que los hijos dan muchas satisfacciones.

Aunque yo mucho no me puedo quejar. Me preocupa más que él se pueda quejar de mí.

Denunciar contenidos
Artículos publicados: 128
1-2-3-4-5-siguiente



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 8 libros



Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad


2010 © librodearena.com