ODIO
Desmadejado el hilo y ya tejido,
en prístino tapiz y con bordado,
aún sigue siendo hilo, pues tramado,
vive su ser lineal siempre escondido.
Apaciguado el odio y ya dormido
en el fondo del alma, aletargado,
guarda su condición de amor baldado,
mientras al corazón esté ceñido.
Es tizón de calor nunca apagado
y puñal que no pasa inadvertido,
es converso falaz no convertido,
que inclinado al amor y arrodillado,
sigue siendo un demonio acicalado,
acechando al que va desprevenido.
KARIM
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Aquí distante de mi amada tierra,
paso mis días desterrado y solo
como un sobreviviente de la guerra,
y a solas, de mis sueños extrapolo
la lucha melancólica del inca,
y el ánima bucólica del cholo.
La noche de silencio que se afinca
sobre la ya lejana cordillera,
devela el sentimiento que se intrinca
cuando al partir, nos dice la frontera,
que un paso más allá no habrá retorno,
para el andar doliente del linyera.
¡Que triste se ve entonces el contorno!
Tan lúgubres las voces del futuro,
como las sepulturas sin adorno
que al soplo del invierno frío y duro,
apenas mal cobijan esos huesos
que yacen olvidados en lo oscuro.
Y aquellos que murieron inconfesos
ante la mano fiera del tirano,
hoy turban la razón de los que ilesos
dejamos muy atrás el meridiano,
buscando en la distancia una respuesta
que nunca conseguimos del arcano.
¡Cuanta sangre febril brotó en la apuesta!
¿Cuánto sufrió la gente? Mucho ¡Mucho!
porque tras la opresión, como respuesta
el recio campesino larguirucho,
gritando rebelión se alzó en batalla,
desde la fría pampa de Ayacucho.
Sabiendo vislumbrar lo que se calla,
el pobre, aun con ser analfabeto,
revira ante la infamia y se amuralla,
pues hambre no se sufre por decreto,
violencia no se impone por derecho,
ni el oro da licencia de alfabeto.
Dejamos un Perú triste y maltrecho,
ahíto en el ascenso y la caída,
del luto por aquel que puso el pecho,
dispuesto por la rabia contenida,
a matar o morir para ser libre
y no ser explotado de por vida.
A fe, no puede haber quien equilibre
razón, para el alzado y el guerrero;
igual es el dolor en su calibre
para el burgués, soberbio y altanero,
para el pueblo, que es cuna del soldado,
y para el despiadado guerrillero.
Por ya quinientos años despreciado
el indio, se hizo en armas, insurgente
en contra del patrón y el hacendado,
terciado de un rencor tan inclemente,
que no supo mirar del enemigo
la faz, sin embestir al inocente.
Allí, tanto estudiante fue testigo
del fuego y contrafuego fraticida,
que se sintió hermanado en el castigo
y fue también puntal de la embestida:
funesta reacción de los cautivos
ante aquella nación desprevenida.
Hoy somos más que ausentes fugitivos,
culpables, como mandos encubiertos
que aun, sin manejar los explosivos,
tornamos a los hombres inexpertos,
en fieras anhelantes de venganza
y al mundo los horrores descubiertos
quedaron y al final en la balanza,
nosotros, sin morir ¡Estamos muertos!
Juan Carlos Hidalgo Antigoni
Karim
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SUEÑO
Hoja nervada en nocturnal respiro,
que extemporaria en su desliz de brisa,
posa en el alma un haz de luz que irisa
el fondo inveterado del suspiro...
Facetado cristal donde te miro
etérea en los jardines de Artemisa,
del sueño al despertar, de amor abscisa,
a que apunta mi esencia cuando expiro...
A ti mi onírica pasión se ayunta,
por ti la sin razón, razón merece,
y en ti mi absurda indecisión fenece
cuando el amor hacia el amor apunta
y hace diana en el alma la pregunta...
Entre sueño y verdad ¿Cual prevalece?
KARIM
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INOCENCIA
Niño de cara triste, en tus pupilas
se pintan las gaviotas de la ausencia,
muestras apuñalada la inocencia
ante el público cruel, cuando desfilas
con tus sueños descalzos y en las filas
donde esperas en vano la asistencia,
agoniza tu afán, en la abstinencia
que es el fiero destino que deshilas.
¿Quién es el hado gris de tu destino?
¿Quién el verdugo cruel de tu existencia?
¿Quién podría pintar tu adolescencia
sin trazar a tus pies, cardo y espino?
¡Ay! del humano mísero y mezquino,
que simula ser ciego a tu carencia.
KARIM
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LA MURALLA
¿Quien puso ante tu fe, recia muralla,
esa que impide ver la maravilla
de los prados, cargados de semilla,
donde yo veo flor y tú, metralla?
¿Quien plantó esa razón de amor canalla,
que mirando el ombú lo llama astilla?
¿Quien te dijo que el alma se encasilla
o el corazón humano se avasalla?
¿Acaso en todo amor mora la intriga?
¿Acaso es la mujer el enemigo?
¿O acaso el sentimiento que bendigo,
es polvo que al soplar se desperdiga?
¡Pues no! mi amada es trigo y yo la espiga
y nuestro amor el premio ¡No el castigo!
KARIM
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ESPEJISMO
Lo que ayer creí mío no era mío,
fue una ilusión fugaz de pertenencia,
un espejismo cruel de la conciencia
que casi sin saber, borró el hastío.
Todo quedó al final en un baldío,
bajo del vaho fútil de la ausencia,
¿Qué gané con aquello? ¡La experiencia!
¿Qué me quedó de aquello? ¡Su desvío!
No hay pérdida en amar, y no hay ganancia
en añorar las cosas que tuvimos,
la vida es el instante que vivimos
y todo lo tenido en abundancia,
ha de medirse al fiel de la constancia
sin importar aquello que perdimos,
KARIM
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PROPIO O AJENO
Amor que das dolor y lo mitigas,
que abres hondas heridas y las cierras,
amor que hallas verdad aun cuando yerras
y das felicidad cuando castigas.
Tú que me das reposo y me fatigas
y cuando no te busco más te aferras,
abre entonces la celda en que te encierras
para que me des luz o me maldigas.
Hazme rey o mendigo, hiedra o trigo,
dame a beber tu vino o tu veneno,
¡Pero jamás! jamás me pongas freno
porque siendo mi aliado o mi enemigo,
no te reprocho amor, yo te bendigo
y te deseo en mí, propio o ajeno.
KARIM
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