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O como ser un pisao en el reino de los libros


E-mail

Miércoles, 21 Febrero 2057

Como cada mañana me levante de mi lecho de muerte en esta vida, con la esperanza ? la única compañera fiel de mi vida ? de encontrar en mi buzón de correo unas palabras de mi único amor, pero como cada día, desde hace siglos, no encontre nada.

Me levante de la vieja silla de playa que usaba como silla de escritorio ? regalo de mi madre -, con mi animo, otro día mas, por los suelos, para dirigir mi orondo cuerpo hacia la cocina y llenarlo de dulces y cafeína, algo que me hace sentir mejor, pero como todo lo bueno por poco tiempo, ya que cada vez que centro la vista en cualquier pared de mi vetusta casa, la veo, la recuerdo, no la olvido.

Hacia las 11 de la mañana, y tras realizar algunas tareas de la casa y de darle muchas vueltas a la cabeza, me encamine hacia el desván ? donde guardo todos los trastos -, con la sana intención - jeje - de encontrar un arma de fuego, ya que mi padre era muy aficionado a ellas.
A los pocos minutos de rebuscar entre un montón de basura y trastos inútiles, encontré lo que estaba buscando, un rifle Winchester 73 ? el ojito derecho de papa -.

Después de limpiarlo concienzudamente, abrí el cargador con la ilusión de encontrar algún casquillo olvidado, y ante mi sorpresa efectivamente lo encontré.
Acto seguido, y después de terminar de poner a punto el Winchester, apoye el cañón sobre mi sien derecha y .....¡boom!

P.D. : Te veo dentro de unos días, cuídate Elena, besos.

Jueves, 22 de Febrero 2057

Elena se levanto con la invariabilidad de cada mañana, soñolienta y cansada, pero hoy con motivo, ya que había estado toda la noche pasada en el tanatorio, velando a su amigo.

Antes de salir para el cementerio, encendió el ordenador, como cada mañana, para revisar su cuenta en hotmail, la cual siempre estaba petada, por lo general de correo basura.
Pero aquella mañana le llamo la atención uno en particular, uno en el que el asunto rezaba : ? Miércoles, 21 Febrero 2057?.

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Una visita inesperada

Todo transcurría con la misma rutina de siempre, pero aquella mañana de Abril seria, distinta, muy distinta.

Como de costumbre me dirigí a mi lugar de trabajo sito en los sótanos del edificio que alberga La Fiscalia General del Estado en Madrid, en donde cumplía servicio militar trabajando en las oficinas de la Real Orden de San Hermenegildo, que estaba por aquel entonces allí

A media mañana de aquel día y en la mas absoluta soledad, si exceptuamos a los 7000 legajos que poblaban las enormes estanterías y de alguna cucaracha despistada que de vez en cuando me rendía visita, me encontraba buscando expedientes, cientos de ellos, en la habitación mas alejada de la entrada, pero un hecho que en aquel momento no le di la mayor importancia rompió en mil pedazos la habitual monotonía de aquel lugar.

Sin oír ruido alguno de pasos ni de voces (lo reseño porque ya estaba acostumbrado a los ruidos de aquel sitio como usted lector los esta a los de su casa), llamaron 3 veces a la puerta de chapa de la entrada rompiendo el silencio sepulcral :

- toc toc toc ?
- ¿Quien es?, ¿Quien es? - Pregunte, sin obtener respuesta alguna, al mismo tiempo que me acercaba a la salida, lo que hice en menos de 5 segundos, comprobando ante mi sorpresa que no había nadie en el umbral de la puerta. Ni tan siquiera se oyeron ruidos de pasos alejándose, ni voces...

Pero sin mas dilación pero algo extrañado, volví a la tarea que me mantenía ocupado antes de la extraña visita, sin darle mayor importancia en aquel momento.

Por supuesto no comente nada de lo ocurrido a nadie, por aquello del que dirán, ya sabéis.

Pasados unos días, y medio olvidado lo anterior, volvieron a producirse hechos algo fuera de lo común. En concreto, y para susto mayúsculo del que escribe, empezaron a volar desde las estanterías hacia el suelo legajos de expedientes, llegando en una ocasión a dañarme la cabeza.

Este fenómeno duro pocos, y se fue como tal cual vino, sin avisar.

Pero por lo que podáis pensar, dichos legajos estaban en lugares en donde no había trabajado, por lo cual hay que descartar la posible caída por la mala colocación de esos u otros adyacentes.

Transcurridos unos años de estos hechos, oyendo a través de la radio un programa donde se trataban temas de misterio volvieron a mi memoria aquellos días de 1995.

En esa emisión en concreto se describían manifestaciones inexplicables parecidas a las que experimente yo, por lo que fue en ese momento cuando tome constancia de lo que me había ocurrido, tomando la determinación, para disipar todas las dudas de ponerme en contacto con el programa, exponiendo mi caso.

A los pocos días recibí un correo electrónico donde me decían que había sido victima de algún fantasma o fenómeno paranormal.

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Coto privado

?Eva, dale al record, ya estoy preparado ? le indique a mi ayudante de cámara.

Ok, ya esta, empieza cuando quieras Duncan ? me indico ella, con su voz suave y acaramelada, como si fuera Sudamérica.

Tras un breve carraspeo de la garganta, provocado por el intenso frió procedente de Siberia que en aquellos días sacudía Edimburgo y parte de la zona Norte de Europa, comencé la presentación :

Me llamo Duncan Gordon Walls, nací en Edimburgo hace poco mas de 30 años, en el seno de una familia obrera.
Mis padres, ya fallecidos, no me dejaron gran cosa como herencia, aunque de gran valor, como es el amor por los animales y un poco de dinero, que bien invertido me da para vivir desahogadamente......

Tras casi media hora de estar contándole mi vida a una cámara, y haber dejado la cinta en la base de datos de la agencia, con la esperanza de encontrar una pareja que me acepte tal y como soy, me dirigí en mi Ford del 90 a mi modesta casa, situada en la ciudad vieja, en The Mound, donde vivo desde hace 5 años, y a la que me disponía a entrar, cuando una extraña figura situada al fondo del pasillo, el cual esta en penumbra casi siempre por las malditas bombillas de pocos watios que el roñoso del casero se empeña en poner, me llamo la atención .

-Buenas tardes ? le dije.
-Buenas tardes, es usted el señor Gordon Walls ? ? me pregunto, sin moverse del sitio.
-Si, que desea, y quien es usted, si puede saberse ? le pregunte a su vez con una mezcla de mosqueo y insolencia.
-Me llamo Gregory Evigan y me envía su padre, es algo de suma importancia que le concierne ? acercándose sigilosamente hacia mi mientras tanto.
- Pase y hablamos ? le dije, franqueándole el paso tras haber abierto la puerta.

Una vez dentro del apartamento, el menudo Evigan, ya que no media mas de 1 metro y medio de alto se encaramo a uno de las banquetas situadas al lado del hogar, sin que yo le invitara a sentarse y abordó el asunto que le traía ante mi sin ninguna dilación:

-El asunto es el siguiente, señor Gordon, sus padres, y mas concretamente su padre, me han pedido en varias ocasiones durante estos 5 últimos años, que le arengue a usted a que se case con Belinda Walshon, acuérdese, su antigua novia, cosa que yo he ido retrasando lo mas que he podido, ya que estoy a favor suyo ? me explico sin revelar ningún vestigio de franqueza en su facciones.
-Le voy a decir lo siguiente señor Evigan ? le respondí a la vez que tomaba asiento en el sofá de lectura - primero, muchas gracias por demorar esta entrevista, segundo, le puede decir a mi querido padre que se meta en sus asuntos si es que tiene alguno, y que de una vez por todas me deje vivir mi vida como yo desee ? levantándome del sofá haciendo aspavientos me dirigí a donde estaba mi interlocutor ? incluso estando muerto, es que es mucho pedir! ?le increpe.
-Tranquilícese, le entiendo perfectamente, señor Gordon, pero usted también debe de comprender, que sus padres desean lo mejor para usted, y que sus procedimientos actuales para buscar su amor ideal no son los mas ortodoxos, según me hizo saber su padre en la ultima reunión que mantuvimos, ni tampoco son aceptados por su comunidad ? esto dicho con tono consolador, y sin solución de continuidad se levanto de su asiento, posando una mano sobre mi hombro derecho, a modo de despedida, encaminándose hacia la puerta de mi apartamento y marchándose sin expresar sonido alguno.

Nada mas irse el emisario, decidí hacer una visita a mis padres, en el camposanto público de Edimburgo (el cual estaba a pocas manzanas de mi inmueble), con la vaga ilusión de desprenderme del yugo paterno, y al que me acerque en mi espectral Ford del 90.

Una vez dentro del cementerio, me dirigí sin presteza alguna hacia los fosas situadas en la zona norte, donde se encuentran las nichos de mis padres, justo enfrente de la cripta de una de las estirpes mas acaudaladas de esta capital.

Una vez hube llegado, algo poco usual me llamo la atención, y era el hecho de que las lapidas de los sepulcros de mis padres estaban limpias como patenas, a diferencia de todas las de su zona, que era la menos atendida y visitada de todo el camposanto, lo que probaba que algo poco normal había ocurrido, y sin dilación me encamine hacia la salida, con el propósito de localizar una guía telefónica y poder ponerme en contacto con el Señor Evigan......?

De repente unos porrazos dados de forma briosa en la puerta de mi apartamento, me despertaron de mi pesadilla de media tarde.
Tras incorporarme y quedarme unos segundos sentado en el borde de la cama, dirigí mis pasos hacia la puerta de entrada, la cual abrí sin mirar antes por la mirilla, encontrándome en el rellano al Sr. Evigan, célebre parasicólogo de Edimburgo, cargado con un porta documentos voluminoso, y escoltado por mis padres ? los cuales llevaban fallecidos 5 años, a causa de un accidente de trafico, en el cual mi vehículo quedo siniestro total.

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El angel de la guerra

Era la media noche de un día que había sido especialmente frío del invierno de 1944.

El soldado raso John Malarky de la 89 División Aerotransportada del Ejercito de Estados Unidos se encontraba apostado en su hoyo de tirador a las afueras del pequeño pueblo de Toul, en Francia, esperando el siguiente ataque de las unidades alemanas de las SS apostadas al otro lado de la carretera que conducía al municipio, y que dominaban a su vez un risco cercano en el cual tenían, apuntando hacia el pueblo, un cañón de 205 mm, que tenia en jaque a toda la fuerza aliada que se encontraba en la población.

Sobre la 1 de la mañana, a tan solo 30 minutos de terminar su guardia esa gélida noche, Malarky escucho un ruido a sus espaldas, cogió con manos temblorosas por el frío y el nerviosismo su M-1 y se volvió, a la vez que cargaba su arma, apuntando seguidamente a la nada.

Tras unos segundos de tensa espera, logro distinguir entre las sombras una figura delgada, alta y esbelta, que se deslizaba con gran rapidez, a pesar del terreno angosto y la oscuridad, como si conociera ya el terreno que pisaba. Malarky apunto con su arma hacia aquella figura, dando el alto en francés a continuación, sin obtener ninguna respuesta. Se incorporo, perdiendo así el amparo que le ofrecía el agujero donde se encontraba y tras dar unos pasos en la tinieblas se encontró de cara con una hermosa mujer de cabello largo, y facciones suaves, que portaba entre sus brazos un pequeño cuenco tapado, el cual entrego a Malarky sin decir ninguna palabra ni hacer ningún gesto.

Malarky bajo la vista y destapo el cuenco, comprobando su interior, viendo que contenía un caldo con fideos y garbanzos fríos, volvió a tapar el cuenco, levanto la vista para agradecerle a la joven el gesto, y con gran sorpresa vio que la misteriosa mujer había desaparecido sin producir ningún sonido, nada, como un fantasma. Sin mas volvió a la seguridad del hoyo, con el cuenco en una mano y el M-1 en la otra, sin preguntarse nada.

A la mañana siguiente, Malarky, estaba junto al jeep al que estaba a punto de subir para dirigirse al Cuartel General del Regimiento situado en el pueblo de Etain, cuando un ruido a su espalda le llamo la atención, se dirigió hacia donde procedía el sonido y nada mas doblar la esquina de la calle de donde provenía el ruido, un proyectil de 205 mm proveniente del cañón que las SS tenían apostado a las afueras de la población voló el jeep que tenia pensado usar.
La explosión le hizo caer al suelo, alzo la vista, y esta se poso en una joven, la misma joven que la noche pasada le llevo un cuenco de comida a la línea de frente, pero se dio cuenta de algo, de algo que la noche no le dejo ver, que le dejo atónito, no tenia piernas, levitaba ante sus ojos, y sin poder dirigir palabra ni hacer movimiento alguno a causa de la detonación, ella se esfumo ante sus ojos.

Meses después, todavía postrado en la cama de un hospital de Londres, desde el mismo día en que sufrió el estallido de la bomba alemana, parapléjico desde la cintura hacia abajo, día tras día, noche tras noche, solo se preguntaba si volvería a ver a su ángel de la guardia, para que le ayudara una vez mas

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