Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a noquieromadurar       Se han interesado por él 17 lectores      0 libros en su biblioteca
     0 valoraciones      62 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

noquieromadurar

Menos mal que siempre podemos huir y refugiarnos en nuestra imaginación porque si no este asco de vida nos destrozaría.


MI RAYITO DE SOL

Mi rayito de sol es tu mirada furtiva buscando la mía que se pierde al verte.


Mi rayito de sol es ese instante en el que se para el tiempo y mi respiración antes de besarte.


Mi rayito de sol es ese lametón que me da mi perro nada más despertarme.


Mi rayito de sol es cuando llegamos a la ofi y nos decimos lo guapas que estamos.


Mi rayito de sol me deslumbra siempre que lo deseo. Es solo cuestión de concentración y paciencia que los nubarrones desaparezcan.


Unámonos por un mundo soleado.


*Nota* Lo siento C, es que solo se me ocurrían pastelazos, jajaja

Denunciar contenidos

LO DE ABAJO PARA CARMEN

 


   Nunca podría haber imaginado que mi vida daría un giro de 360º. Sí, 360. Cuando iba por los 180, todo se había tornado especial, maravilloso, atractivo…¡perfecto! Pero no pude detenerme y seguí girando hasta la posición inicial, vamos, un asco.

   La sociedad me había etiquetado como una persona tímida, débil y pusilánime. Cuando culpamos a “la sociedad” de nuestros fracasos personales nos hace aún más cobardes, pero yo la voy a culpar, para eso es mi historia, ¿no? Nunca me había planteado actuar como “cazadora”, “hembra alfa” o adquirir cualquier rol que implicase algún tipo de responsabilidad con los demás, siempre había preferido quedarme en la cueva esperando a que los peligros acechasen a otros y los laureles adornasen cabezas ajenas.

   En fin, yo sabía cuáles eran mis limitaciones y también mis habilidades-aunque no lo parezca, alguna tengo, claro, no soy tan inútil como aparento-pero no quería destruir la imagen que “la sociedad” había creado de mi persona.

   Trabajo aburrido, amigos aburridos, ropa aburrida, sexo aburrido y escaso, familia aburrida y pesada, total, vida “aburridamente aburrida” hasta que…

   Recuerdo que era miércoles porque la noche anterior había visto un par de capítulos de House, que siempre la emiten los martes, llovía pero no hacía frío. Me había resguardado en la entrada de unos grandes almacenes que hay en el centro. La gente corría calle arriba y calle abajo, unos huyendo del agua y otros, los menos, disfrutando de las gotas de lluvia sobre sus caras. Entre la multitud se encontraba ÉL. Sí, ÉL con mayúsculas porque había que verlo: pelo moreno, ojos verdes, ni fuerte ni delgado, vaqueros, camisa blanca de lino con cuello tunecino y totalmente empapado. Puedo jurar que cuando se estaba sacudiendo el agua del pelo lo hacía a cámara lente.

   A cámara lenta también se dirigió a la puerta donde yo estaba, y el único rayo de sol que pudo atravesar el amasijo de nubes se reflejaba en los blancos y perfectos dientes que adornaban su sonrisa. ÉL se apoyó en el otro marco de la puerta. Ya éramos dos quienes entorpecían la entrada y salida de los clientes. No me atrevía a mirarle, ya había babeado suficiente, pero de soslayo pude ver que venía hacia mí. Tiré el cigarro al sentir que me quemaba los dedos. Con tantas emociones había olvidado que estaba fumando.

   -Disculpa –encima su voz era maravillosa -, tienes cara de buena persona y…

   ¡Pero bueno! Indignante. No me conocía de nada y también creía que era buena persona. No iba a esperar más, estaba decidida a hacerme mil tatuajes y a llenarme la cara de piercings, a ver si así también me tomaban por una mojigata, ¿qué se creía ese?

   -Bueno, quiero decir que pareces de fiar –tuve que echarle la misma mirada que la que pondría un gato al caer en un barreño con agua fría –Esto… Nada, mejor olvídalo.

   ÉL volvió a su lado de la puerta, cabizbajo, casi avergonzado y yo me sentí la peor persona del mundo. Algo es algo, si yo me sentía así, quedaba menos recorrido para que los demás no me viesen tan buena. Había girado casi 90º, pero como para ganar hay que invertir, gasté mis 90 y bajé la guardia.

   -No soy una asesina en serie, si es a eso a lo que te refieres –ÉL sonrió –Pero de ahí a que sea buena persona…

   -Me dejas más tranquilo –respondió casi susurrando mientras se acercaba lentamente -. Es que necesito un pequeño favor, es un poco embarazoso.

   -Si estás pensado en que te preste dinero ya puedes ir buscando a otra con “cara de buena persona” –ahí recuperé mis 90º -. Estoy en números rojos.

   ÉL me miró sorprendido y rió.

   -Vaya temperamento -¿temperamento, yo? ¡bieeeen, 100º! -. No se trata de eso, tranquila, es que tengo que hacer un regalo a una mujer y pensé que podrías ayudarme.

   -¿Lencería sexy para tu novia, tal vez? -¡toma corte, 120º! Estaba remontando, imparable.

   -Más bien pensaba en un bolso o un collar para mi madre, es su cumpleaños.

   Me desinflé como un globo y ÉL tuvo que notarlo porque no podía parar de reír. 30º, ¡mierda!

   -Te has puesto colorada -20º y bajando mientras ÉL se reía a mi costa -. Eres muy divertida, ¿sabes?

   “Divertida” no me parecía la mejor definición, preferiría “patosa” o, en su defecto, “torpe”.

   -No sé, no te conozco.

   -No tienes nada que temer. Es un lugar público y además –se acercó a mi oreja para susurrarme -, yo tampoco soy un asesino en serie.

   -Quiero decir –me aparté un poco, estaba demasiado cerca de ÉL –que no conozco a tu madre, no sé qué le gusta o le horroriza. No creo en los regalos “estándar”, creo que deben ser personales.

   -Ah, no te preocupes por eso –me cogió de la mano y me obligó a entrar en la tienda -, la conocerás esta noche en la fiesta. Ahora le compramos un regalo “estándar” de esos y la próxima vez, le regalas algo acorde a sus gustos.

   -Pe… pero, ¿fiesta? Yo… ¿qué? ¿fiesta tú? –hablar como Tarzán no ayudaba a consolidar mi triste intento de persona segura de sí misma. 5º.

   -Claro, vendrás a la fiesta conmigo –siguió arrastrándome hasta la sección de señoras - ¿no pretenderás que vaya solo? No quiero que mi madre se pase la noche diciéndome que debo sentar la cabeza, que si soy un golfo… No me mires así, no soy nada de eso, ya sabes cómo exageran las madres.

   Yo también tenía una madre, y a exagerada no le ganaba nadie. Si eso daba puntos… pues 90º. A eso había que sumarle que iba a aceptar la invitación de aquel desconocido: 150º.

   -No tengo nada qué hacer esta noche, me lo pensaré –un patético intento de hacerme la interesante -. También tendré que pensar qué me pongo.

   -Eso lo solucionamos ahora mismo, bueno, después de comprar el regalo. Te compraremos un vestido, la fiesta es de etiqueta.

   No dije nada. Estaba decidida a dejarme llevar por esta vez. Quería mi “media vuelta” y lo iba a conseguir.

   Como no éramos capaces de decidir, y para ÉL no parecía suponer ningún problema el dinero, compramos un bolso y un collar a su madre y a mí… Tal vez fuese algo excesivo, pero ÉL se empeñó en devolverme el favor.

   A las ocho pasó a recogerme y me llevó al pequeño palacete de su familia a las afueras de la ciudad, donde se celebraba la fiesta. Allí aparecimos, ÉL con su esmoquin yo con un vestido largo, de gasa y seda natural en varios tonos de gris. Los 180º eran míos.

   ÉL me presentó a su madre y a varias amigas octogenarias a las que parecí caerles bien, claro, como tengo cara de buena. Todo era lujo: ostras, caviar, champán y como nota “popular” habían preparado una paella gigante. Habíamos guardado cola para que nos sirviesen un plato:

   -Señorita, ¿prefiere sólo arroz o le sirvo de todo un poco? –preguntó el camarero.

   -¡Lo de abajo para Carmen! –se oyó al otro lado de la sala una voz chillona muy familiar –A Carmen le gusta comer de la misma paella y rascar lo pegadito.

   ¡La madre que me parió! Era ella y, encima, con un par de copas de champán. ¿Qué hacía allí? Me quería morir de la vergüenza, todos me miraban, ¿por qué no miraban a mi madre? Ella era la borracha que estaba dando el espectáculo. Cero grados.

   -¿Te llamas Carmen? –me giré extrañada hacia ÉL, ¿no tenía nada mejor que decir? –No nos hemos presentado.

   -Da igual, antes de presentarnos no vamos a despedir. Yo me voy ahora mismo.

   ÉL me sujetó del brazo.

   -¡Atención, que todo el mundo deje su plato, coja una cuchara y al ataque con la paella! Nuestra amiga Carmen tiene razón, sabe mejor directamente de la paella.

   Si lo llego a hacer yo nadie me hubiese seguido, pero, ¿quién se podría resistir a ÉL? Todos los invitados se subieron las mangas y empezaron a comer como si estuviesen en medio del campo. A los ricos les resultan divertidas estas pequeñas extravagancias.

   -Ahora sí nos podemos ir –ÉL me cogió por la cintura y me llevó al coche.

   -¡Qué vergüenza! Lo siento, nunca pensé que mi madre… -me tapé la cara con las manos, no quería que me viese así.

   -Tranquila, conozco a tu madre, viene muy a menudo de visita, es muy amiga de la mía, y un contratiempo así lo tiene cualquiera.

   -Pero yo nunca… ¡Ay, estoy a punto de dejar de respirar!

   ÉL sonrió y me besó en la boca, ¡360º, qué mareo!

   -En la fiesta del año pasado, mi madre bebió tantos mojitos que se puso a bailar desnuda en el jardín. No creo que tu madre supere ese espectáculo. Y si lo hace… pues que lo haga, las madres son así.

   En aquel momento aprendí que a la vida no hay que darle vueltas, hay que girar con ella.

 

PARA LOS DÍAS TONTOS QUE COMPARTO CON LA CECI

Denunciar contenidos

CORRECCIÓN DE TEXTOS

Hola, ya sé que hace mucho que no nos leemos por aquí, pero he estado muy liada y sobre eso os quería hablar.


Acabo de terminar con bastante éxito (está mal que yo lo diga) un curso sobre corrección de textos profesional.


Como por aquí lo que abundan son escritores y yo necesito experiencia demostrable... Pues que si necesitáis que os corrijan vuestros trabajos antes de enviarlos a un concurso, una editorial, o lo vais a publicar en lulu, etc., que sepáis que podéis contactar conmigo en noquieromadurar@yahoo.es y nos podemos hacer un favor mutuo.


MUCHAS GRACIAS


BESOSOSOS

Denunciar contenidos

Hasta luego, gordita

La verdad es que al principio no me hizo mucha gracia tu llegada, no era el mejor momento de mi vida. Con el tiempo y tu insistencia te empecé a querer.


Al año de llegar a casa, descubrimos que tenías un grave problema cardiaco. Nunca podría haberlo sospechado ya que siempre estabas jugando y mostrando tu genio a quienes querían subírsete a la chepa.


Cuando no habías cumplido los dos añitos empezaste a tener achaques, cinco pastillas al día, nada de esfuerzos, siempre en mis brazos, durmiendo en mi cama con tu cabecita en mi almohada y, de vez en cuando te quedabas sin respirar y había que reanimarte.


A pesar de te costaba respirar, y seguramente, tenías algún tipo de dolor, nunca olvidaré tus ganas de vivir, tus ganas de luchar, hasta que un día, te tumbaste el sofá, con el solecita en la cara como siempre te gustaba y diste tu último suspiro.


Te hecho mucho de menos, ¿cómo no iba a hacerlo si cada vez que me giraba allí estabas, persiguiéndome? Sin embargo, doy gracias porque no sufrieses al irte y estuvieses rodeada de la gente que te quería y a la que habías querido.


Ahora estarás jugando y corriendo sin miedo a que te dé un síncope y gruñendo a los otros perritos que quieran quitarte tu comida.


Puede que la mayoría de la gente piense que sólo eras una perrita faldera, pero me has enseñado a luchar por la vida, que no importa el tiempo que vayamos a pasar aquí pues hay que disfrutarlo al máximo, dar mucho amor y saber recibirlo.


Nunca te olvidaré, ni a ti ni tus incansables lametones, Ginebrilla, mi gordita.

Denunciar contenidos

A la botella de ?Juanito Caminante? a la que le queda un culín de whisky y que he encontrado en un armario después de varios meses.

¡Vaya, cuánto tiempo! Ahora se que puedo vivir sin ti pero eso no quita que a veces te eche de menos y que ahora, al volver a verte después de algún tiempo se me encoja el corazón como si volviese a ser una adolescente y me encontrase con aquel chico tan guapo de mi clase que no reparaba en mi existencia.
¿Recuerdas nuestras largas veladas de risas y divagaciones filosóficas? Nos lo pasábamos bien, ¿verdad? Aunque la mayoría de las veces acababa llorando porque tú me recordabas lo miserable y triste que era mi vida y yo, como venganza, en nuestra siguiente reunión te mezclaba con hielo y cuando quería ser realmente cruel te bañaba en Coca-cola. Siempre salía perdiendo yo porque te tomabas la revancha y me hacías vomitar.
¡Ay! Se me escapa un suspiro al recordarte. Nunca fuimos amigos ni enemigos pero siempre estabas allí cualquier día, a cualquier hora?siempre.
Tal vez haya sido una egoísta al no volver a contar contigo en todo este tiempo y te has sentido desplazado, olvidado, solo pero mi vida ha cambiado y aunque sigo necesitando desahogarme de vez en cuando, prefiero hacerlo sola y mirar hacia delante y estar serena para tomar las riendas de mi vida.
Cuando te guardé en este armario del que ahora te libero te dije ?hasta luego? pero ahora mis palabras son más firmes y confiadas y mientras te dejo escapar por el desagüe del fregadero no pienses en que te intento asesinar, no, nos estoy haciendo libres a los dos.
Mis ojos se han llenado de lágrimas mientras te digo ?adiós viejo amigo?

Denunciar contenidos

Una historia breve de alguien enorme

Los rayos del sol incidían como alfileres en la gruesa piel de Manek. Hacía mucho calor pero al chico no le importaba porque su única diversión y entretenimiento era estar allí, solo, jugando con la arena del desierto. Su familia era ?nómada por obligación? ya que en ningún lugar eran bienvenidos debido a su naturaleza de gigantes.
Manek, al ser hijo único, debía utilizar toda su imaginación para pasar el tiempo y lo que más le gustaba era jugar con la arena y allí estaba con su pala de dos metros construida con el tronco de una acacia y un molde gigantesco(sin ánimo de ofender por lo de ?gigantesco?) hecho de ramas trenzadas, con forma triangular.
El muchacho rellenaba el molde con la arena del desierto, apretaba bien para que no quedase nada de aire, lo volcaba en el suelo y con el sudor de su frente empapaba su obra para otorgarle firmeza.
-¡Manek, hijo, debemos irnos de nuevo!-gritó su madre.
El chico sabía que debían huir sin mirar atrás pues seguramente una marabunta de aldeanos iría a perseguirles sin el menor tipo de escrúpulos a la hora de intentar hacerles daño. Manek recogió su pala y su molde y salió corriendo junto a sus padres preguntándose, con tristeza, si alguna vez podrían vivir tranquilos en algún lugar durante mucho tiempo.
Cuando los aldeanos llegaron al lugar donde Manek había hecho sus pirámides de arena, pensaron que eran unas edificaciones demasiado hermosas para haberlas hecho alguien malvado y llegaron a la conclusión que la familia que habían espantado no eran gigantes sino dioses. Arrepentidos, irguieron estatuas, todo lo altas que pudieron, en honor a aquellos dioses y con la esperanza de que algún día vuelvan a aquella tierra.

Denunciar contenidos

La vuelta de la tortilla.5

Estuvimos callados un buen rato. Sólo se oía el ruído de la lluvia al chocar contra el suelo y de los coches al pasar por encima de los charcos que se habían fomado en la calle.
-¿Vives por aquí? -preguntó el del chubasquero. Negué con la cabeza -Yo me acabo de mudar, vivo allí -señaló con el dedo -, en el balcón lleno de escombros. Aún no me ha dado tiempo a arreglarlo.
-Si vives ahí, ¿qué haces aquí?
-Oye, si te molesta me voy -respondió ofendido -. Encima que estoy haciéndote compañía.
-Perdona, no quería ser mal educada -me arrepentí de haber sido tan desagradable con él -, es sólo que si yo tuviese una casa donde ir y, además, tan cerca, no estaría aquí cultivando una pulmonía.
-¡Coño, haberlo dicho antes! -se volvió hacia mí y nuestras miradas se cruzaron. Tenía unos ojos verdes, enormes que resaltaban con el color morado del chubasquero -Mi casa es tu casa.
-No, gracias -dije tartamudeando por la impresión que me había causado su mirada -. No quiero molestar.
-No es molestia, de verdad -miró hacia el suelo y se tocó la nuca, parecía avergonzado -. Es que la casa está sin amueblar y me da un poco de miedo. Puede que te parezca una tontería, pero...
-Sí que me parece una tontería, no me lo creo. Además, no te conozco de nada.
-Soy Pablo -extendió su mano.
-Julia.
-Pues ya nos conocemos -dijo con una sonrisa de victoria -. ¿Vamos a mi casa? Tranquila, no soy un psicópata.
-Qué pena que no lo seas.
Él se quedó un poco parado ante mi reacción. Lo decía en serio, en ese momento prefería morir asesinada que dentro de unos meses en un frío hospital. Al menos hubiese sido un final más emocionante.
Con la esperanza de que Pablo acabase con mi vida, fuimos a su casa.

Denunciar contenidos
Artículos publicados: 64
1-2-3-4-5-siguiente



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 0 libros



Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad


2010 © librodearena.com