Preparado, por fin. Desde la más misantrópica postura, se dedicó a escribir sobre aquel resentimiento, al cual le había cogido aprecio; rodeado de una excesiva hipocresía y hostigado por la inmoralidad ética impuesta por aquellos que jamás creyeron ni una palabra de la fábula infantil que profesaban….
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Llegó la hora, estoy preparado. Me arrancaré dolorosamente una costilla; sin anestesia; te escribiré en una tablilla de barro hasta agotar la última gota de tinta roja.
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Bajo mil formas, sensaciones y emociones te escondes. Pero en el fondo eres tú; la misma que siempre se me escurre como agua helada entre dedos, apenas un escalofrío, y solo dejas la humedad de tu recuerdo. Como un perro detrás de la sombra que nunca consigue alcanzar, se rie sardónica ella, desde su milimétrica e inalcanzable distancia.
La felicidad siempre fue una utopía, tan falsa como estúpida
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... Y sin embargo, me sigue sorprendiendo como aun hay gente capaz de ver tropezones de felicidad dentro de esta enorme mierda caotica y causal.
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Pero como va ha saber el resto como somos, si ni siquiera nosotros mismos lo sabemos
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Que difcil es presumir de humildad sin ser pedante.
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Somos una casualidad, y nos regimos por la causalidad que conlleva siempre un efecto.
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La destronada infelicidad
siempre vuelve
más fuerte, más segura
enraíza de nuevo
penetra, donde antes no llegaba
pudriendo todo aquello que dulcemente acaricia
succionando las ultimas gotas de esperanza baldía
que de nada sirvió para desterrarla
Siempre vuelve
la destronada infelicidad
pérfida de sibilina lengua
que al oído, odio susurras
Imparable rectitud se apodera del cuerpo
a lomos de venenoso caballo
entre venas y arterias
destruyes sueños
alimentas el sarcasmo
en la gris materia
y con escepticismo recubres todo
absolutamente; todo.
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