Estoy cansada de las continuas caidas de librodearena, así que me voy de aquí. Me mudo y me llevaré algunas cosas de aquí. Lo digo por si los que me leen piensan que no voy a escribir nada nuevo.
Estaré aquí:
http://lasclavesdemivida.blogspot.com/
Espero que los que me leen sigan haciéndolo.
Besos
Estoy harta. De todo. Sigo sin trabajo. He preguntado y la cosa está floja, me han dicho. Qué bien. Luego he intentado sacarme un billete para volver a Las Palmas a pasar unos días, pero es muy caro. Una barbaridad de caro. No vale la pena. Para colmo voy de discusión en discusión con mi pareja y tiro porque me toca.
Y si librodearena sigue como estos días...¡me largoooo! Que también estoy harta de eso.
Las plantas y yo no somos muy compatibles que digamos. Casi siempre que he tenido una planta me la he cargado en menos que canta un gallo. Un vez mi madre me regaló un flor de pascua. Son bastante resistentes y a veces duran varios meses con las hojas rojas, al menos en Canarias. A mi madre le duran muchísimo. Pues a mí me duró unas 2 semanas. Creo que olvidé regarla algún día. No sé. Lo cierto es que empezaron a caérsele las hojas y se secó.
A mí me gustan más las plantas con flores. En Las Palmas mi madre me compró un rosal mini, que es un rosal con rosas pequeñitas, como su nombre indica. Las rosas me encantan y la mejor manera de tener un rosal en un piso es que sea pequeñín y que quepa en una maceta. Lo puse en mi piso junto con unos geranios. Y me duraron mucho. De hecho, seguían vivos cuando me vine a Granada. Con los geranios no tiene mérito porque lo aguantan todo, pero el rosal...Un lujo.
La cosa es que al llegar a Granada quise tener otro rosal y estuve varios meses buscando uno. Pues parece que en Granada no se estilan mucho los rosales mini. Me recorrí un montón de tiendas buscándolo. Un día voy a Carrefour y por curiosidad me pongo a mirar las plantas ¡y veo dos rosales! Uno rosa y otro blanco. No sabía cual escoger así que seguimos haciendo la compra mientras me lo pensaba. Cuando volví a por él...¡no estaban! ¡Se habían llevado los dos! ¡¡Me cogí una bajona!! En fin, ya recuperada (qué exagerada soy) seguí buscando y preguntando. Volví varias veces a Carrefour (a 2 Carrefour). En una tienda pregunté 3 veces y las 3 veces me dijo la señora lo mismo: ?Mi marido ha ido hoy al invernadero a comprar plantas. Ven mañana?. Y fui 3 veces, como dije. Hasta que me cansé.
Y ayer en Carrefour (otra vez) encontré uno solitario y triste, mirándome desde el estante entre otras muchas plantas. Era bonito, pero parecía desvalido... Me lo llevé. También me llevé un platito para ponerlo debajo y una cosa de esas para echarle agua a las hojas. Cuando llegué a casa, lo saqué del plástico que lo envolvía ¡y parece que se estiró y todo! Le eché agua, le limpié las hojitas (¡son tan pequeñitas!) y lo puse en el salón. Por la mañana lo he sacado al balcón a coger un poco de aire.
Espero que no se me muera. Lo estoy tratando como si fuera mi hijo...
Me siento tremendamente aburrida. Esta tarde-noche la he pasado sola y mañana estaré sola todo el día. Después de dejar a mi media naranja en la estación de autobuses y después de haber sido perseguida hasta el coche por un tío con muy mala pinta, me fui a Carrefour un ratillo y compré un par de cosas inútiles (algún día contaré mi pasión por los supermercados). Luego a casa. He estado toda la tarde frente al ordenador haciendo y mirando tonterías. Además, cuando me aburro me da por comer todo el rato y nunca cosas sanas. Tengo como necesidad de llevarme algo al estómago continuamente. Y digo necesidad porque hambre no es. Luego he leido un rato (Asesinato en el Orient Express. Un libro por el que siemprá ce sentí curiosidad. Me está gustando. Es el libro de misterio por antonomasia a mi parecer). Y después me he sentado frente a la tele a devorar cualquier programa absurdo (como no). Al final estoy viendo Factor X. Sé que no es el programa del siglo, pero al menos cantan y estoy entretenida hasta altas horas de la madrugada. Espero caer rendida al más profundo de los sueños, ya que la oscuridad me da mucho miedo y dormir sola con oscuridad total no me gusta nada. De hecho, no me gusta dormir sola en ninguna circunstancia (el que lo prueba ya no puede dormir de otra forma...). Y mañana a planificar el día para no aburrirme mucho. Esto de estar en paro es muy aburido. Y esto de depender tanto de la compañía de alguien es muy triste e inquietante.
Siguiendo el consejo de perroandaluz he decidido hablar sobre mis impresiones de mi nueva ciudad. Ya llevo 2 meses aquí. Han sido meses duros. El comienzo siempre es difícil. Sin trabajo, sin conocer a nadie, sin saber ni como moverme por la ciudad, con nostalgia de mi gente...
Poco a poco fui aprendiendo a moverme por la ciudad. Aprendí nombres de calles y recorridos de autobús. Con ayuda de un callejero que me compré fui dándome cuenta de que Granada es más pequeña de lo que parece. Y eso me viene muy bien. Me fui dando cuenta de los encantos de la ciudad, de sus cielos despejados y de sus paisajes inmejorables. Fui descubriendo a los granadinos y en muchos casos me di cuenta de que la famosa ?malafollá? no es para tanto. La gente es más seca que en Canarias, eso sí, pero en la mayoría de los casos son bastante amables.
En cuanto al trabajo, conseguí trabajo en un pueblo algo alejado de la capital, pero valió la pena. Descubrí lo que es trabajar en una zona totalmente rural, donde la gente te trata bien, te respeta, no tratan de engañarte, ni de conseguir recetas que no les corresponden, ni fingen bajas. La gente lo que quiere es que les ayudes para no tener que dejar el trabajo, que al fin y al cabo es lo que les da de comer. Descubrí lo que es una picadura de avispa (¡¡en Canarias no hay avispas!!). En definitiva, descubrí lo que es ser ?el médico del pueblo?.
En el trabajo he tenido la oportunidad de conocer a compañeros estupendos que me han ayudado mucho y a otros que no me han ayudado tanto. Pero nadie malo, ni mucho menos. De todas formas, de todas las personas se aprende, incluso de los malos (aprendes lo que no quieres ser ni hacer).
Lo de la nostalgia lo llevo peor. Mis padres son mayores y, aunque no tienen ninguna enfermedad grave, no están del todo bien. Además estaba muy unida a ellos. Tal vez demasiado. Mi sobrinita tiene 8 años y me da mucha pena perderme cosas de ella. Por primera vez me perderé su cumpleaños... Mis amigos hacen cada uno su vida y últimamente no los veía mucho, por eso no les echo tanto de menos como a mi familia, evidentemente. Supongo que la solución a todo esto es hacer en cuanto pueda un viaje relámpago para abrazar a mis padres, comerme a besos a mi sobrina y reirme con mis amigos.
Y esta es la crónica de mis 2 meses (muy resumida). Espero seguir esta historia dentro de otro par de meses.
Siguiendo el consejo de perroandaluz he decidido hablar sobre mis impresiones de mi nueva ciudad. Ya llevo 2 meses aquí. Han sido meses duros. El comienzo siempre es difícil. Sin trabajo, sin conocer a nadie, sin saber ni como moverme por la ciudad, con nostalgia de mi gente...
Poco a poco fui aprendiendo a moverme por la ciudad. Aprendí nombres de calles y recorridos de autobús. Con ayuda de un callejero que me compré fui dándome cuenta de que Granada es más pequeña de lo que parece. Y eso me viene muy bien. Me fui dando cuenta de los encantos de la ciudad, de sus cielos despejados y de sus paisajes inmejorables. Fui descubriendo a los granadinos y en muchos casos me di cuenta de que la famosa ?malafollá? no es para tanto. La gente es más seca que en Canarias, eso sí, pero en la mayoría de los casos son bastante amables.
En cuanto al trabajo, conseguí trabajo en un pueblo algo alejado de la capital, pero valió la pena. Descubrí lo que es trabajar en una zona totalmente rural, donde la gente te trata bien, te respeta, no tratan de engañarte, ni de conseguir recetas que no les corresponden, ni fingen bajas. La gente lo que quiere es que les ayudes para no tener que dejar el trabajo, que al fin y al cabo es lo que les da de comer. Descubrí lo que es una picadura de avispa (¡¡en Canarias no hay avispas!!). En definitiva, descubrí lo que es ser ?el médico del pueblo?.
En el trabajo he tenido la oportunidad de conocer a compañeros estupendos que me han ayudado mucho y a otros que no me han ayudado tanto. Pero nadie malo, ni mucho menos. De todas formas, de todas las personas se aprende, incluso de los malos (aprendes lo que no quieres ser ni hacer).
Lo de la nostalgia lo llevo peor. Mis padres son mayores y, aunque no tienen ninguna enfermedad grave, no están del todo bien. Además estaba muy unida a ellos. Tal vez demasiado. Mi sobrinita tiene 8 años y me da mucha pena perderme cosas de ella. Por primera vez me perderé su cumpleaños... Mis amigos hacen cada uno su vida y últimamente no los veía mucho, por eso no les echo tanto de menos como a mi familia, evidentemente. Supongo que la solución a todo esto es hacer en cuanto pueda un viaje relámpago para abrazar a mis padres, comerme a besos a mi sobrina y reirme con mis amigos.
Y esta es la crónica de mis 2 meses (muy resumida). Espero seguir esta historia dentro de otro par de meses.
Ya no sé ni qué escribir en el blog. Además tengo la impresión de que cada vez me lee menos gente, lo cual hace que me desmotive bastante. Pero da igual. Tampoco tengo nada que valga la pena contar, así que no me sorprende que no me lean o no me comenten.
El 18 de sept acabó mi contrato. No quería empezar otro contrato un viernes porque podían ponerme alguna guardia el fin de semana y ya he currado bastantes fines de semana en este último mes. Así que me hice la sueca y salí de casa sin móvil. Lo cierto es que no me llamaron. Y pensé que si no lo habían hecho, tampoco me llamarían la próxima semana. Y tal vez no tenga trabajo. Y en parte me alegro ya que estoy harta de este trabajo, pero por otra parte, si no trabajo no cobro y así no puedo vivir. Vaya empanadilla mental que tengo!!
Cuando abrí los ojos sólo vi un techo blanco y algo agrietado. Estaba sudorosa y la cabeza me dolía. Por unos instantes no recordaba ni dónde estaba ni qué había pasado. Todo era extraño, empezando por el techo y terminando por la ropa que llevaba. Tras los primeros segundos de confusión, mi mente comenzó a llenarse rápidamente de información. Las imágenes se sucedían unas detrás de otras. Estaba sola en aquella cama y en aquel cuarto y, sin embargo, percibí el olor de otra persona. Aún no se había disipado. Y ya habían pasado casi seis meses. Siempre había pensado que él seguía ahí, conmigo, aunque yo no lo viera. Notaba su presencia en aquella habitación a diario. No estaba en ningún otro lugar de la casa. Sólo allí, en el cuarto que habíamos compartido. Tal vez por eso pasaba prácticamente todo el día en él. Me resistía a desprenderme de su presencia. Me acompañaba en el sueño y en la vigilia. Pero al salir del refugio de esas cuatro paredes...ya no estaba. Y me sentía perdida. Entonces volvía rápidamente, cerraba la puerta y respiraba profundamente, llenándome de su olor. Y no deseaba salir de allí.
Aquella mañana noté su olor, como cada día, pero mi cuerpo se resistía a experimentar la tranquilidad habitual y casi sedativa que me producía aquel aroma. Comprendí que era el momento. Debía dejar atrás los fantasmas del pasado. Cuando salí del dormitorio supe que jamás volvería a notar su olor. Y, curiosamente, me sentí mejor.