Otro de mis recuerdos.
Hace unos años fui a Oviedo a estudiar durante unos meses. Fue una experiencia alucinante. Vivir con compañeras de piso, ser independiente, conocer gente, conocer sitios... Lo pasé genial. Lo peor era limpiar, comprar y, sobre todo, cocinar. Soy un poco desastre cocinando y sólo hago bien un par de cosas. Por eso y por pereza iba casi todos los días a comer al comedor de un colegio mayor. La comida era barata y no estaba nada mal. Además así comía con gente.
Estando allí sometida a tanto estrés (y a tanta hormona, por qué no decirlo) tenía la cara llena de granitos y me daba mucha vergüenza así que me solía maquillar para taparlos. No suelo maquillarme de día salvo para tapar "defectillos" y a veces tampoco de noche. Lo cierto es que un día probé un maquillaje nuevo que me había comprado. Me maquille en el espejo del recibidor que era muy oscuro. Había quedado bastante bien. Me fui a comer con varias personas. El almuerzo transcurrió sin novedades. Al llegar a casa fui al baño y pasé por delante del espejo del baño (q es bastante más luminoso que el recibidor) y...¡Dios mío! ¡Parecía un payaso! Resulta que el maquillaje era bastante más oscuro que mi piel y encima me había maquillado sólo por secciones...Y nadie me dijo nada. ¡Vaya amigos, eh! Creo que pocas veces he pasado tanta vergüenza. ¡Y eso que me enteré después de que pasara todo!
Denunciar contenidos
EStoy sentada frente al ordenador en mi trabajo. Me aburro. Aún me queda más de media hora para marcharme. Pero no me aburro sólo ahora. Me aburro habitualmente. Me he planteado últimamente si es esto lo que quiero hacer el resto de mi vida. Es una profesión para la que he tenido que estudiar una larga y dura carrera y que desde niña me atrajo. Puede ser reconfortante en ocasiones, pero la monotonía y la rutina se la cargan. Después de tantos años me parece insulsa, sin aliciente. NO me levanto con ganas de ir al trabajo, ni me involucro como debería. Eso me preocupa. Tal vez no esté hecha para este trabajo. Tal vez no me guste. O tal vez sea fruto de mi mala racha emocional. Quien sabe.
(Siento este post tan aburrido, pero es tal como me siento)
Denunciar contenidos
Cada día, cada situación y, a veces, cada palabra te sirve para darte cuenta de algo. He vuelto a realidad. Siguiendo con el simil de anteriores post, voy a subir la montaña. Porque quiero hacerlo. NO porque nadoie me lo diga. Tampoco importa que me digan que lo que hay arriba es maravilloso o que no es para tanto. Quiero verlo yo. Quiero experimentar la emoción de subir y encontrarme con algo nuevo e inesperado. Tal vez maraviloso, tal vez catastrófico, pero nuevo al fin y al cabo. Y como ya les comentaba anteriormente es todo un logro para mí encaminarme hacia algo nuevo con tan poco miedo. Porque miedo tengo, pero no es tanto como para bloquearme. Tengo que conseguir que lo nuevo se convierta en un reto, en una ilusión, y no en una barrera mental. ¿Creen que lo conseguiré?
Gracias a todos por leerme y apoyarme. Me siento especial gracias a ustedes.
Denunciar contenidos
Y yo que me creía especial! Ja! Nada más lejos de la realidad. La vida pasa, el tiempo pasa y la gente va rehaciendo su vida, pero yo no soy capaz. Ojalá pudiera borrar de un plumazo los recuerdos y empezar de cero. Rehacer mi vida. En realidad no hace falta borrar nada, sólo superar cosas, darme cuenta de que mi vida es bastante plena como está y no necesita nada ni a nadie más por ahora. No necesito sufrir. Desde luego a partir de ahora si sufro, no se va a enterar ni Dios...
Denunciar contenidos
Tengo otro recuerdo genial. El recuerdo del inicio de una amistad. Lo voy a contar porque es muy curioso.
De pequeña me encantaban los tebeos de Mortadelo y Filemón (todavía me gustan). Me compraba con frecuencia esos que tienen una historieta de ellos y luego varias historietas de otros personajes. Había también una sección de niños que escribían para cartearse con otros niños. Como esos tebeos me los releí mil veces, cierto día, con casi 20 años cumplidos (si no recuerdo mal) cogí un tebeo creo que de 1987 y fui a esa sección. Me apetecía cartearme con alguien aunque sabia que era una locura. Elegí a un niño de Madrid de mi edad y con aficiones similares a las mías. Pero habían pasado casi 10 años. Las posibilidades de que ese niño siguiera viviendo en la misma casa eran pocas. Aun así me arriegué y escribí una carta. Sabía que no iba a contestarme. ¡Cuál no fue mi sorpresa cuando al cabo de una semana recibo una carta de él! Efectivamente seguía viviendo en la misma casa. Seguimos carteándonos durantes 2 años y luego, coincidiendo con unas vacaciones que hice con mis padres quedamos en conocernos. Fue en agosto, a las 14:00 h en la puerta del sol, bajo el reloj. Pasé mucha vergüenza ese día pero se me fue quitando poco a poco. Se puede decir que es uno de los mejores amigos que tengo. Y aunque ahora hemos dejado de escribirnos cartas, nos hemos visto varias veces y seguimos estando "ahí" el uno para el otro.
Una curiosa historia para una gran amistad.
Con todo mi cariño para mi amigo Javi.
Denunciar contenidos
Sigo esperando una señal, un indicio de que quieres estar conmigo y de que quepo en la apretada agenda de tu vida. Intuyo cosas pero no sé nada. Y me muero de ganas por saber. Saber qué pasa por tu mente, qué sientes, qué piensas... Saber si me tienes presente en cada momento de tu vidam, en cada acción , en cada palabra, en cada pensamiento. Saber si realmente me echas de menos de manera desesperante como yo a tí o sólo de manera somera. Necesito saber qué sería de tu vida sin mí. ¿Se te quedaría un agujero en el corazón que nunca se cerraría? ¿O tan sólo una pequeña grieta que tardaría muy poco en cicatrizar? ¿Por qué me pregunto tantas cosas? Hay tan pocas que tengan respuesta... Pero, sobre todo, tan pocas que tengan la respuesta que yo quiero oir...
Denunciar contenidos
Siempre he sido una miedosa de tomo y lomo, una cobarde. Emprender aventuras no es lo que más me apasiona. De hecho, me da un miedo atroz. Pero por una vez en mi vida me decidí a embarcarme en una aventura. Una gran aventura para mí. El tipo de aventura es lo de menos (forma parte de mi intimidad). Me daba miedo, sí, pero pensaba que debía hacerlo por muchas razones, pero sobre todo, para demostrarme a mí misma que a pesar de mis miedos podía hacerlo. Lo contaré metafóricamente. Era como subir una gran montaña. Tenía todos los instrumentos necesarios y en la cima se hallaba algo muy apetecible. Cuanto más me hacía a la idea, menos escarpada se hacia la pendiente y menor era la inclinación. "Va a ser más fácil de lo que creía" pensé. La gente me animaba a subir (bueno a alguno no le pareció tan buena idea). Y me propuse subir. Pero antes tenía que cerciorarme de algo. ¿Lo que me esperaba arriba era lo suficientemente bueno como para dejarme las manos en aquellas rocas? Pregunté a alguien que ya había estado arriba y me dijo que no estaba del todo seguro, que tal vez a mí no me compensara subir para lo que iba a haber arriba. De repente la pared me pareció más inclinada, con menos zonas de apoyo y se intuía oscuridad al otro lado. Empecé a pensar si valía la pena subir. Me podría caer. Podría ser que me dejara la piel subiendo y al otro lado encontrara otra montaña aun peor. Podría encontrarme absolutamente sola arriba. De nuevo mis miedos, mi cobardía. Necesito saber que las cosas pueden salir bien antes de embarcarme en una aventura. Toda mi valentía está desapareciendo. Y no sé como recuperarla...
Denunciar contenidos