...habitan tu alma,
no sé qué cielo impronunciable.
Giovanni Quessep
Quizá ahora. Colmando mi tiempo de ahoras. Sólo un libro en la memoria, un libro que hace de marco, sueño o recuerdo, depende del robo que haya hecho. Te lo regalo para que puedas respirar. Aunque más que una respiración artificial tenía ganas de regalarte un pimentero, sólo para girar y hacer polvo las bolitas de pimienta, esa sensación no tiene nombre y surge como la felicidad, esa palabra difícil. Tal vez no lo sé, esa línea del robo marca una frase y me dirige, tomada de la mano; la sombra del tiempo, los minutos doblados entre las páginas de una novela nueva, la hora escasa? Y sí, en el fondo de lo que amo todo es azul. Y yo, yo amo el color azul porque purifica las alas y las esperas, semidiós de siempre o nunca. Te lo digo un poco como si nada porque sé que te veré y cada instante quiere oler tu nombre escrito, lanzar una carta, quiero decir, una carta que es una trampa para ti. Mira, te prometo que bajo la puerta estará la constelación de Aries, tendrás que humedecer tus dedos para dar la vuelta con esos zapatos a los que se les mete la lluvia, te lo he dicho pero no me haces caso, haces bien en no escuchar todo lo que te digo, allá afuera hay cosas bellas y tener los pies a la intemperie es diferente, como tú, como cada uno de tus dedos que tienes que lavar antes de meterte a la cama. Cuando todo es tan oscuro y sólo tengo el sonido de mis pasos, de mis botitas que hacen mucho escándalo por las escaleras; no tengo remedio para ti, apenas me acerco, apenas te abrazo y se abre esa complicidad invisible que sólo puedo narrarte ahora porque en ese instante el tiempo es un alma que sueña. Tengo la confianza en cada silencio de la noche, de alguna manera entre hallar y nombrar, simplemente tu presencia me toca el hombro, con qué sabiduría de hierofante te veo cubrir tu boca con una mano y con la otra me llamas por mi nombre, ese nombre real que se eleva en todos los azules. Qué luna ilumina tu pensamiento con el mío, qué caricia cicatriza mi pensamiento y sólo te tiene a ti, cada noche, cada hoja, cada encuentro. Todavía es posible besar tus labios, esos labios comen el color de mis letras y de algunos besos, no todos, porque algunos tienen ese rasgo que sostiene mi realidad antes de caer como una hoja o como una constelación de Tauro o de Aries, si acaso podemos estar juntos sin distancias y con presentes en la lluvia que empapen los minutos de realidad. Trae para mí ese sentimiento, ya, desierta de ideas que me regala mi propio deseo de vivir. Y sólo te encuentro a ti cuando he dejado de ver el destino como una continuidad en donde todo es un conjunto, y aunque todo esté representado y sea incluso bello, es siempre homogéneo y simple. Ahora estás, tú, en una secuencia abierta que crea caminos, que destruye el destino, ese destino sin permiso que en otro momento me quitó la esperanza de tenerte conmigo.
Antes de que yo comience a escribir ya sin importar nada, no sé si entiendo bien, creo que de eso se trata, de no entender la parte velada, la máscara, el naufragio mismo, esa parte de la realidad que no se puede asir a imágenes, que se pierde entre la niebla y el vacío. Sólo hay un rostro, y aunque sé que es lo que menos cuenta, aparece en el borde de mi locura. Esa foto vieja que no ha sido borrada, esa mujer con lentes y sombrero que no vale nada en mi vida pero que está pisando las propias palabras, dándome un codazo de silencios. Cuando me siento así, esa es la única imagen que viene a mi mente. Todavía me verás después de leer esto y no dirás nada, tal vez lo coloques en otra parte casi de inmediato, si algún día realmente llega a terminar, quiero decir, a borrar la imagen y la realidad que verificas casi todas las noches, juntos pero aburridos, ya no aburridos, no sé, no tengo ganas de pensar un adjetivo adecuado, tú lo has de tener en mente cuando platicas con ella. Más bien me resisto a saber que estás en otra parte, mientras yo espero, a veces tranquila, a veces en plena reconciliación contigo, ¿sabes? Es por las palabras que me reconcilio, parece imposible, más que por los recuerdos. Estoy segura que escribir me está salvando incluso del amor que te tengo, porque sin las palabras saldría a buscarte, cómo ha sido posible, palabras que crean un puente que me permite sostenerme, de otra manera la espera sería mi verdugo, quizá me lo expliques tú con las palabras adecuadas y yo lo entienda, pero ahora mismo no puedo quedarme sólo con eso. La realidad es una caída brusca, un despertar con los pies en el aire. Creo que lo he tratado de muchas formas, las menos dolorosas, pero el renglón no cambia y debe cambiar por salud mental. Pienso en hacer otra cosa que no sea escribirte, pero de otra manera estaría ahora mismo en mi cama, escuchando las horas o leyendo ese libro de Dostoievski que no termino nunca. Cuando siento que se vendrán las lágrimas aprieto muy fuerte los dientes y tecleo tan rápido que las palabras quedan incompletas, después me detengo y leo una vez más, es cuando leo de nuevo que se me escapa la tristeza, me traza en dos aunque quiera lo contrario, es como querer despertar de un sueño, pero no hay sueño, pero tampoco estás tú, ¿cuántas veces tengo que darle una forma al destino? Seguir creyendo, empeñar mi felicidad en un soplo a tus pestañas, un soplo en la punta de mis dedos y que esos deseos me traen a mí. Mis esperanzas un poco estúpidas de querer mantener la calma cuando tal vez debería abrir la ventana y gritar, gritar en lugar de cerrar los ojos y tratar de dormir con la imagen de ti decidido a partir, convencido de que estás haciendo lo correcto. Te digo todo esto porque estoy sola, porque sé que no vendrás y que cada recuerdo tuyo se cristaliza ante la imposibilidad de tenerte, hoy, sólo hoy. Aunque no me escuches ahora y después leas todo esto en voz baja y me mires como si yo fuera la única que no comprende nada, tienes razón, me cuesta tanto trabajo comprender. Lo que está ahí, lo que no quiero ver es ese triangulito tocando el ritmo de nuestro tiempo, cuando lo que quiero es el tiempo, sin ritmo y sin triángulo.
No sé cómo me desperté, tal vez por la sed que me da el vino, tal vez sólo por dormir boca arriba. Ya despierta vienen los sueños reales, y te observo a través de la penumbra que provoca una lucecita afuera de la habitación. Me quedo quieta, es absurdo pero siento que mi propio despertar te podría tocar el hombro, y yo misma me siento con tantas ganas de juntar mi pierna en una caricia, entrelazarla con la tuya, pero prefiero no hacerlo porque me pongo tan inquieta, porque no puedo estarme un momento sin tener esa necesidad de tocarte, aunque sea un poco. Me acuesto en mi propio brazo para mirarte, eso es el tiempo puro, te miro de cerca, cómo respiras, cómo esa costrita por adentro de tu nariz sopla una especie de quejido o tal vez sólo el pasado, la media tarde, la crepa de cajeta que llevaste a mi boca con un tenedor, ahora el corazón casi me besa las ideas, tantas cosas que busco con sólo mirar tu rostro. ¿Qué son estos momentos en donde nadie nos observa dormir? No son otra cosa que estos despliegues de nuestra propia historia, sepultados con sueños que nos entregan de maneras diferentes al otro día, ese pequeño cambio, esa vuelta de la noche que nos devuelve al mundo con preguntas. Y ese momento largo en donde te contemplo y sé que tengo que cerrar los ojos y tratar de dormir, pero al mismo tiempo no puedo, es como perderme parte de tu propia metamorfosis, cómo evitar mirarte, cómo no ceder a esa vigilia de observar tu dormir. ¿En dónde quedará ese instante desterrado de los recuerdos en donde dormimos y no podemos estar con el otro porque el sueño nos separa? Quisiera estar ahí, ahora que escribo, yo debería estar a un lado, a punto de colocar mi pierna con la tuya, pero restringiéndome ese derecho que sólo yo sé por qué no lo hago. Y me quedo con este pensamiento, siempre tan vago de la noche, del deseo. Ahora tu ausencia. Pongo música cuando no estoy contigo y de esta manera mis oídos engañan ese hueco de la noche. Luego van quedando los minutos en donde deslizo mis dedos por cada una de mis pestañas, y el rimel lo dejo caer en las hojas cuando dibujo con puros puntitos, yo misma limpio mis dedos en las hojas y quedan como manchas o salpicaduras de tinta, sólo que son mis dedos y son mis pestañas, son mis deseos, desde luego, en donde a veces puedo entretejerme a mí misma, y a ti, con tus ojos cerrados, con tu barba dormida, con esa parte que deja de ser mientras sueña, pero es sólo porque guardo la noche en la mirada, esa totalidad del tiempo que intenta abarcarte un poco más, así, no tiene remedio, es el propio sentir, la memoria triunfando sobre la palabra, de mi todoamor que trata de curar tu sueño con la eternidad de las palabras, o de las cartas, no entiendo que sea esto, sólo sé que habla de ti y está bien. Está bien que siga hablando de ti, hasta aprender de memoria cada instante, cada línea, cada incendiario de tu ausencia, ahora ya sin tener tu aroma, reteniendo una vez más lo que ha dejado de ser, acaso sólo puede volver a ser en la mirada del otro, como tú en la vigilia, como este texto que sueña con la plenitud de tu ser.
Comienzo a morderme las uñas antes de comenzar a escribir, porque temo de las cosas que tengo que decir de algún modo. Entonces me voy hacia otros lugares, que no sea el buzón cerrado, la carta siempre en espera, con tesituras diferentes cada día de mañana, todas esas palabras contenidas en mirar si la sorpresa trae también la felicidad. A veces asombra la caricia de la realidad, esa mueca que mancha el momento especial. En todo caso sólo estoy aguardando una vez más, ahora con la capucha para no mojarme de la llovizna, pero siempre creyendo un poquito más en el sentido común, y ya no tener el puño cerrado en la bolsillo de la chamarra. Había retrocedido un poco en ese pretil que se forma a la entrada y veía cómo de nuevo te ibas alejando, a veces pienso: ?así debería ser la despedida, la escena final?, yo parada en la puerta del zaguán observando cómo se aleja. Pensé: ?ya no debería volver?, seguro me dolerá en todos los papeles que escriba, seguro será como estar conteniendo la respiración, no volver, nevermore. Pero aún así bajo la luz de la lamparita, acostada, trato de ya no pensar. Pensar, ¿pensar qué? Pensar no trae la solución, no llego a ningún lado. La partida, el entre, el camino cruzado está detenido, colapsado, en espera a que algo maravilloso ocurra y se solucione por cuenta propia. La disyuntiva de estar en el ?o?, en el esto ?o? lo otro, azul ?o? amarillo, nunca verde. El arcano seis, caes de un lado ?o? caes del otro lado, pero si no te decides, entonces el abism?o?.
¿Sabes? Estoy harta de esperar. Harta de ver pasar aniversarios y días en los que las personas civilizadas se saludan, se dan los buenos días, se abrazan, celebran. Ah cómo celebran las personas que tienen hijos en un mundo como este. Acá la tarta de frutas a la moribunda, allá los chocolates para la niña, es tan bella, le pondrán agua de colonia, es tan linda, es rubia rubia, no puedes creer los ojos que tiene, seguro tiene el parecido de la abuela, tan risueña y hermosa. ¿Sabes? Es así, las personas civilizadas no huyen, esperan, aguardan, se quedan ahí, es tan cómodo ser civilizado. Es increíble cómo celebran, es increíble cómo se adueñan de días para celebrar, ¿por qué? ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo esos pretextos o días que se acumulan? Que desfilan frente a mí, que no me dejan en paz, cuando yo lo que menos quiero es estar ahí, espectadora, tiemblo de sólo imaginar, comienzo a bordear la locura, a bordear estas palabras llenas de odio. Me asusta ver cómo se incrementa el horror nada más de saber, nada más de darme cuenta de que sí? estoy segura que se vive mejor no sabiendo nada. El problema en mí es saber tantas cosas que no debería, saber que por allá andan de fiesta. Te podrás poner tus zapatos nuevos, ésos que no sirven en días de lluvia, podrás platicar de todas esas cosas que no platicamos juntos porque son necedades o frivolidades. Ah, sí, pero esas personas también tienen cierta inteligencia, oh sí que la tienen.
Mi reflejo se ve en tus lentes. Cuando me doy cuenta de que me ves, te sonrío o te guiño. Estoy vestida completamente de negro, aunque el sol. Pero tú, quiero decir tú, entras en mis párpados por esa ventana naranja y amarilla que se hace al cerrar los ojos y ver luces. Apenas así podría saber que estoy contigo, esconder mi cara en tu pecho y después, tu aroma está en esa manchita roja, abajo del cuello, arriba la barba, estoy a salvo. Más de cerca estás en un beso que me mira por adentro de mi boca y se escapa en un suspiro, a veces tu aliento me comienza a inundar, completamente, siento tu barba roja y blanca en mis mejillas, pica y me da comezón en la nariz, por debajo de la nariz, apenas puedo creer, aunque me tiemblen los dientes, cada pensamiento me angustia. Después, como si de verdad pudiera ocultar mi miedo, tal vez sólo el tiempo asustado o mis manos inquietas, la letra herida de tu mirada que me observa desde todos los ángulos, casi el ojo de una araña o un insecto que parpadea cien veces, descifras cada borde de mi ser y comienzo a ponerme nerviosa porque puedes ver mi sonrisa o sólo mis labios, a veces mi frente o el lunar diminuto que hay en mi cuello, mi oreja se hace roja y pequeña, alzas mi cabello para dejar al descubierto una mordida, después peinas una y otra ceja, te acercas tanto con tus miles de miradas que me huelen pestañas, pupilas, sueños, ogros ocultos, lágrimas, preguntas sin saliva, un poco más allá, eso que soy yo y que cedo para ti, ya sin barajas de tarot, sin falsos escondites, sin dedos para sobar un beso o rascar el tiempo.
Y en el fondo me encantaría tener un cucurucho de fieltro blanco y corbatita roja para esconderme de los cubos o mundos de arena que nos vamos inventando de vez en cuando. Si acaso pudiera comerme esa arena y descubrir con sorpresa que es amaranto o mostaza, si de verdad pudiera caminar sobre platos de amargo alpiste o tal vez recorrer un diálogo que no debo tocar pero aunque yo no quiera hacerme daño arranco la costra del tobillo, el pellejito del pie y, (suspiro) aquello que una mirada cierra, liquida en un instante. Y aunque parezca absurdo la vida sigue siendo el aire fresco, la biblioteca de noche y cómo no ceder a los pensamientos de eternidad, cómo no querer trascender una caricia, una barbilla sobre el hombro, cómo no derribar el malhumor de lo temporal, querer ser un niño que avienta todas las casualidades al aire como si se tratara de un juego en donde todo puede ser un azar de posibilidades, todo puede ser una semilla en los ojos, en cualquier momento se truenan dos piedras y se regresa a la tierra, así tantas veces como caídas. Cómo puedo seguir guardando la esperanza en la cuadrícula de mi cuaderno sin que nadie me lo impida, quién entonces lanzaría la primera llamada de atención, porque tal vez me tengo que esconder en el último anaquel de mi librero, la fuente misma de lo que soy aunque me dé frío y no haya mito ni deseo que me cubra.
Y cada letra me cuesta sumergir los dedos en sombras duras que me duelen como por debajo de los codos. Poco importa que en un sueño me aviente por la ventana si cuando despierto siento las sábanas entre los pies, si por la tarde dibujaré la ventana y después escribiré como ahora o tal vez con mayor libertad, tacharé alguna frase o será (texto ilegible) libertad y necesidad. Nada me importa si cuando despierto escucho cerca la respiración, de vez en cuando un ronquido, quieto, aunque el cielo y las seis de la mañana. El dintel, el match point, el charquito de saliva han quedado en otra parte y los dedos están señalando a través del vidrio, los ojos abiertos, más allá incluso del propio librero y el disfraz de cucurucho en donde todo es más tranquilo y agradable. El tiempo va quedando de lado, la caricia termina en el ombligo, los besos, la media luna de una mirada que me parte en dos y me deja cerca de lo noble y bueno, hacer el amor, irme acercando al cumpleaños en cuestión de semanas y despertares imprecisos, la fecha por números y los días. El disfraz se queda atrapado en una luz, en un escenario, en un sótano, que también se queda nuestras propias sombras, se pierde el rumbo, tal vez mañana cantando un color rojo en la muñeca del tiempo, el rostro, el olor de la oreja, el olor de la barba, eligiendo una vez más.
E melhor ser alegre que ser triste
Alegria e a melhor coisa que existe
E assim como a luz no coracao
Mas pra fazer um samba com beleza
E preciso um bocado de tristeza
Senao nao se faz um samba nao?
?Te busco y mi rodilla tropieza con la ausencia de la tuya, la cabeza que se desliza de mi almohada a la tuya y en la almohada nadie, aunque en la almohada nadie, tantas pestañas por ti, no estoy exagerando, una alegría tan grande.
Pero tampoco quiero dormir. Y si escribo. El sueño me hace recoger colorines en mis recuerdos. Esos frijolitos rojos eran una felicidad que se puede apretar con la mano sin que escurra por entre los dedos y los recuerdos y la mirada de desdén. Y algunas veces en los brazos. El verdadero milagro está en los recuerdos que voy creando, dibujos con rostros que nunca son míos pero que se cubren con la chamarra y la silla de mi escritorio. Me da sueño estar atrapando instantes como paliativo para aguantar un poco más. Suspiro profundo. Suspiro cuando se acomoda algo que no entiendo, se acomoda ahí, no hace ruido. Pido al cielo y me quedo con una nube gigantesca que parece un elefante sin trompa, una gran cabeza esponjada en busca de respuestas al viento, el cielo es así: un vacío enorme sin asidera, sin boca que hable, ahí no hay respuestas, sólo podría estirar el brazo en una penumbra de frases entrecortadas. Se me oprime el estómago cuando pienso en el vacío, cuando siento que tengo un hueco enorme adentro de mí, ninguna sentencia que lea, ningún episodio que encierren dos tapas duras. Yo, quiero decir yo, todo el tiempo yo. Sólo este pensamiento obsesivo que hormiguea la cordura. Cuando me asomo a mis propias ideas estoy improvisando un bailecito, es un poco extraño, pero cuando me pongo triste quisiera cubrirlo con una alegría, aunque sea estúpida o se vaya medio escribiendo. Y si escribo. Y si me voy escribiendo poco a poco a mí misma, también serías tú, indefectiblemente, tú. Sólo un poco más. He dicho que sólo un poco más, porque aunque estoy harta. Aunque me niegue el sueño, me niegue un chocolate o me niegue el tiempo que debería escribir cosas importantes, esas cosas que subrayo en los libros y no tonterías, no esa cara larga o esa pluma roja que ha ido perdiendo el encanto. Pero da lo mismo si se me oprime una promesa como la nube o el vacío mismo, la esperanza o el rastro de un beso en mi cuello, esa tonada de Give me one reason que se repite una y otra y otra vez. O tantas veces que te extraño y luego en una visita de palabras me voy cayendo, como si pudiera asomar la mitad del cuerpo en una claraboya de papel, que de alguna manera me sostiene, aquí, en mi propia memoria de colorines fríos que alguien me arrebata. Una ventanita arriba en donde acomodo los brazos y la carta que te daré por un tiempo, después no sé, cerrar esta parte de ti, de otro modo. No sé lo que pasa después. Si hay una ventana tengo que cerrarla. Si hay un papel tengo que encontrarte ahí. Y si escribo. Tengo que hacer la figura de tu rostro en el margen, porque no quiero olvidar, ni dejar lo que tu barba o tus ojos cansados o la cicatriz pequeña de tus labios. ¿Sabes? Aunque nada esté decidido y siga un poco a la deriva, poniendo tres emes en los días, aunque a veces no signifique nada. Buscando eso que a ti te tiene sin cuidado. Y si prefiero perderme en la retórica de nuestros recuerdos, está bien. Nuestros. Al fin y al cabo, nuestros. Pero tampoco juntando palabras, de golpe la salida, los pasadores deteniendo algo más que el tiempo, los jabones en el librero, moviendo la nariz para atraer tu atención. Escribir. Y si no crees en lo que escribo. Y si me pides que atraviese con llamadas un pensamiento puro. A veces esperando sin música. Pero no importa si puedo tocar con un guiño el baile que te hago para que en un beso me digas. Pero te consiento, me regalo en cada palabra, te encuentro bocabajo de toda esperanza, creciendo, a veces de pie en una canción que lleva tu nombre, aunque por casualidad la escriba yo. O finja escribirla mientras tarareo algo nuevo. En algún momento robaré todas estas imágenes que serán sueños, pelo gris y pedacitos de ti.
Lo he estado pensando mucho. Por eso mismo ya no puedo seguir, algo que es mayor que una risa seria, que traer un libro en la mano o los ojos cerrados, la boca un poco abierta, como si fuera a recibir un dulce o fuera a recibir una mala noticia, da lo mismo, sigo pensando que no está bien, que yo no debería seguir pero que en el fondo soy capaz de engañarme para continuar, porque quisiera que dejaras un dulce en mi boca y de eso trata la esperanza, atrapada entre adjetivos y hojitas de canela que pican pero no puedo dejar de comer. En serio, a veces no importa, y es inútil negarlo si estoy llorando cuando te lo escribo y no molesto a nadie con mis lágrimas, tengo calientitas las manos y aún así, ah, aún así sé que me duele, en alguna parte que ya no es el corazón, pero me quiebra las palabras y me lastima como cuando me corto mucho las uñas y arde y es rojo. Cuando volteo a mi alrededor me doy cuenta que estás tú en cada objeto, incluso cada movimiento mío trae esa suerte de búsqueda, como si pudiera tocarte a través de los gestos, como si estuviera más cerca si me rasco la nariz como tú haces, si me tomo a cucharadas el té, sé que estás en cada pequeño acto y a veces quisiera no moverme porque sólo puedo hacer guiños a tu recuerdo, porque tengo que venir a escribirte con la pluma fuente en esta hoja que se ha vuelto un garabato de tantas cosas tachadas y que después leerás un poco negando la cabeza cuando no te parece lo que lees, preguntando por las cosas que taché y que yo te diré que no son importantes. La verdad es que voy a pasar en limpio todo esto y así no te enteras de las frases tachadas, ni siquiera de ésta que es la explicación. Contigo siempre ha sido el juego de los murmullos, tal vez por eso hago tan pequeña la letra, quisiera llegar a la orilla de todos estos sentimientos, dar la vuelta y no volver más, quiero decir a tus brazos que son los límites o son all the things you are o son los calcetines hechos bolita junto a mis libros, el temor de no encontrarlos un buen día como pasa con las llaves y los lápices, de cualquier manera todo es soportable si aún estás por ahí, y sé que ya no será el estacionamiento y el chocolate, pero necesito saber que estás por ahí, aunque no vengas o no me hables porque estás con otra persona. Pero cómo no seguir contigo, dime cómo no seguir, sería preferible buscar cualquier excusa, pero cómo no estar contigo, cualquier cosa que escriba sería en vano si no fuera para ti, y lo sé por adentro de cada letrita, lo sé, no funcionan si no vienes con tu barba, si no son las diez de la noche, si nada cambia porque me miras como uno mira la felicidad, pero a veces siento que podría escaparme y que de cualquier modo tendría que buscar otros escondites, otros momentos, otros recuerdos que sean un refugio, si me atreviera a crear una distancia que fuera sólo mía, a partir de entonces podría reconocerme ya sin ti, sin ese egoísmo que me atrapa y asfixia. Pero sabes que tendrá que ocurrir, no ahora, no sé cuándo. Sé que esta vez no estoy confundida, que sé perfectamente lo que debo de hacer, eso pasa muy seguido por mi mente cuando no estás, me convenzo una y otra vez de lo que tengo que hacer y no sé cómo hacerlo. Tal vez escribiéndote, pero igual tiro estas cartas o se pierden o no te las muestro o las paso en limpio y cuando están en limpio ya no son lo que quería decirte. Cuando estoy lejos de ti igual tomo valor, y cuando me acerco me muero de angustia.
A veces yo misma me miro con desgana, como si descubriera que no soy realmente yo, como si esa boca asomada al espejito revlon, esa boca roja, lo siento, pero creo. Esa tecla de piano no tiene vida. Y tú estás frente a mí, estirando la mano, y sabes que el cristal nos separa pero sin impedir tocarlo, tal vez se rompe y cruzo hacia ti, tal vez esa huella y ese vapor traen escrito algo que no entiendo. Tengo que seguir aunque me duela. Duele más la rosa de papel que guardé todo el viaje porque nos quedaríamos juntos por primera vez. Y sé que no es suficiente, que nunca lo es, aunque me vaya llenando de cosas-recuerdo, de pequeños significados y poesía y tantas palabras, ¿en verdad tiene que ser así? Porque a veces pienso que lo único que necesito es una cotidianidad amable, aburrida pero amable.