Recuerdo mi primer ex libris porque fue un regalo de esos que te hacen ilusión, y porque gran parte de mis libros están marcados con él como las vacas de una misma ganadería. Pone simplemente mi nombre, y lo curioso es que procede de Inglaterra…
Para mí tiene un sentido más simbólico que práctico, porque quien se queda con un libro ajeno suele hacerlo conscientemente. Y si alguien tiene la desvergüenza de no devolver un libro prestado, poco le importará a quien pertenezca… Mejor será dejar ese tema para que no se me hinche la vena del cuello, que está más bonica en reposo…
El hecho de sellar la primera página tenía el objetivo de reclamar mi propiedad, probablemente relacionado con mis limitaciones adquisitivas. Era también una forma de personalizar los libros. Ahora lo único que hago, sobretodo cuando no los compro en mi ciudad, es anotar junto a mi nombre el lugar y la fecha del pecado. Aunque no suelo olvidarme de estos datos, me encanta verlos al abrir un libro. Y rememorar aquella mañana de despedidas en la que hice mi última incursión en “El sótano” de México D.F., porque aún cabía un libro más en la maleta… aquella feria del libro antiguo que ponen en Valencia por fallas y que recorrí en deliciosa compañía, o esa tarde estival en la que dos libritos minúsculos me guiñaron el ojo desde el escaparate de una librería del casco antiguo de Cádiz…
Yo sabía que un día volverías a mí… aunque pueda parecer prepotencia, no es más una de esas intuiciones secretas que albergas sin saber como... uno de esos clavos ardiendo a los que te agarras…
Imagino que mi mundo se te quedaba pequeño, y sentiste la necesidad de alejarte para surcar otros mares, vivir otras vidas, y verlo todo con perspectiva…
No sé si fueron mis errores lo que te alejaron, muchas veces lo pensé… Quizás simplemente te cansaste de mí, o dejaste de quererme…Tampoco sé si lo que yo te daba era mejor o peor que lo podías encontrar en otra parte, pero es lo más auténtico que he dado nunca. Al menos me queda esa tranquilidad…
El vacío era tan grande a medida que te alejabas, que mi corazón se iba llenando de trocitos de hielo. Me torturaba, tratando de encontrar las razones, tratando de retenerte…
Aunque tus desprecios me partían el alma, yo quería sobre todas las cosas tenerte cerca… Tardé en entender lo absurdo de mi empeño. No podía luchar contra tu voluntad, ni tenía ningún sentido forzar las cosas… Yo quería tu felicidad, y si no estaba a mi lado, nada podía hacer salvo resignarme… Y te solté la rienda para que no terminaras odiándome…
Sin embargo, en ciertos momentos me invadía un sentimiento balsámico. Algo en mi interior me decía que una parte de ti nunca me abandonaría. Que lo que habíamos compartido era tan bonito que no serías capaz de olvidarlo…
Por fin te has dado cuenta de que tu destino está ligado al mío… Y lo que tiene que ser es… como si nunca hubiera dejado de serlo…
Nota aclaratoria: Ya sabéis que tengo el mal vicio de escribir en primera persona… lo que no significa que hable de mí. Al fin y al cabo, como argumenta Lucía Etxebarría en esa novela que me ha fascinado, lo verdadero es un momento de lo falso…
No sabría definir la educación, pero la reconozco cuando la veo y cuando brilla por su ausencia… Más que una colección de fórmulas de cortesía, yo la entiendo como una actitud, una forma de comportarse y reaccionar, que te han inculcado (sobretodo con el ejemplo) y forma parte de tu personalidad.
Todos podemos perder los papeles alguna vez, pero hay cosas que una persona con un mínimo de educación no haría ni diría jamás. Claro, que no se le pueden pedir peras al olmo… Algunos no es que estén mal enseñados, es que están mal aprendidos. Y no tienen la educación que les han dado, sino la que se han querido tomar… O más bien, la que no se han querido tomar…
Yo identifico la educación con el respeto y la tolerancia. Hacia las opiniones ajenas, hacia lo que no entendemos o no compartimos… Creo que el fondo no es más que asumir unas pautas de convivencia para hacerle la vida más agradable a los demás, en portarte con ellos como te gustaría que lo hicieran contigo… En el fondo no es más que generosidad...
Más allá del “gracias” y el “por favor”, deberíamos practicar un poquito más de solidaridad, de paciencia, de comprensión… No gritarle a un conductor porque tarde dos segundos en arrancar cuando el semáforo se pone en verde, no prejuzgar ni rechazar lo que no encaja en tus parámetros, contestar cuando te hablan, evitar las agresiones del tipo que sean… Tampoco es de buena educación que te partan el alma, ¿no?
¿Qué a qué viene todo esto? A que el otro día presencié una situación que me hizo sentir vergüenza ajena… Y pensé que solo con un poquito de educación haríamos menos daño. ¿No es una motivación digna?
Recientemente, leyendo una novela que me pareció genial, constaté que su genialidad radicaba más que en lo que contaba, en como lo contaba. En la estructura, la forma de dosificar la información o situar a los personajes, la habilidad a la hora de jugar con factores de tiempo y espacio…
Muchas veces alguien me pregunta de qué trata un libro y me cuesta explicarlo… En algunos casos se debe a eso precisamente. La acción es secundaria y a veces caótica, no sigue una línea argumental clara. En cambio las descripciones o la profundidad psicológica son increíbles. Hay tantas frases que te impactan que no puedes dejar de subrayar… El talento fluye en cada página, es un manantial inagotable. Estás disfrutando tanto de la lectura que no te importa lo que pase, ni siquiera te lo planteas. Solo quieres seguir encontrando belleza, aunque implique la confirmación cruel de que tú jamás podrás escribir algo ni remotamente parecido.
Tengo los libros de ciertos autores llenos de marcas, porque están plagados de frases maravillosas. Quizás en algunos casos no tienen una estética en el sentido convencional, pero me llegan. Y no necesito que tengan un desenlace memorable, ya lo son en conjunto...
No es que valore más la forma que el fondo, cada uno desempeña un papel importante. Pero el talento de expresar algo hilvanando sabiamente las palabras que más puedan impactar al lector me parece admirable. Solo alguien con esa capacidad consigue emocionarte y hacer que te sientas partícipe. Retratar lo que conoces perfectamente pero no eres capaz de definir, e incluso lo que ni siquiera eras consciente de conocer. En esos momentos te invade la absurda impresión de que está hablando de ti…
No creo que exista una fórmula magistral para contar historias de una forma deslumbrante… supongo que es algo innato, alentado por determinados sentimientos. Algo inalcanzable para la mayoría de los mortales, pero que nos transporta al olimpo cuando tenemos la fortuna de ser testigos…
Era una sed que la devoraba y la obligaba como si fuera un deber; la misma sed del borracho que, temeroso de enfermar si toma un solo trago más, levanta de nuevo la botella.
Este ha sido uno de mis pecados recientes… del que por supuesto no me arrepiento. Cuando estoy en una ciudad que no es la mía y dispongo de tiempo, no puedo evitar ir de librerías. Y claro, una cosa lleva a la otra…
Debo confesar que lo tenía apuntado en mi lista, pues cuando leí “El rumor del oleaje” me hice del club de los adoradores de Mishima. Me encanta esa cadencia intimista, esa forma tan particular de expresar sensaciones y retratar las pasiones humanas…
Los elementos de todas estas emociones estaban incluso presentes en la brisa que soplaba a través de la arboleda de los castaños.
Reconozco que el título me enganchó, aunque parezca más de novela rosa. ¿Por qué será que nos gustan tanto las historias de amores desgraciados? Quizás porque todos hemos tenido algún vestido de ese color y no nos cuesta identificarnos. Quizás es que ponemos en tela de juicio las historias de amor perfectas, sin fisuras… porque sabemos que el amor sin dolor es un cuento chino.
Etsuko está envenenada por los celos que le provocó su difunto marido. Se instala en la finca de su suegro, Yakichi, quien ejerce el derecho de pernada como un señor feudal. Pero ella se enamora del sirviente Saburo, aunque ha puesto sus ojos en otra...
¡No puedes imaginarte lo que he sufrido! Me gustaría poder sacar aquel dolor de mi corazón y ponerlo junto al que tú sientes ahora. Entonces veríamos cual era peor.
Hay momentos en los que su sangre fría resulta espeluznante… en otros en cambio es de una ternura infinita, como cuando le regala los calcetines a Saburo sin pensar en la situación en la que lo pone.
Yo tengo que llevar prendas de abrigo más pesadas que otros, porque mi alma nació y continúa viviendo, en el país de las nieves.
Aunque no siempre apruebe su comportamiento, en cierto modo la entiendo. Es una víctima de las circunstancias y de sí misma… Es alguien tan vulnerable que produce empatía. Alguien que sufre, que calla, que soporta…
Nadie se imagina lo bien que uno puede mentir sobre el estado de su corazón.
Este es uno de esos libros que no te dejan indiferente. Te hace replantearte los efectos secundarios del amor… la necesidad de amar y ser amado…
Si no fuera por el amor, la gente se entendería perfectamente. Si no fuera por el amor.
Algunos de los que me lleváis soportando un tiempecito por aquí sabéis de mi idolatría por Velázquez, y no os costará imaginar como me he quedado con el reciente hallazgo de un presunto lienzo suyo en los sótanos de la Universidad de Yale… Se titula “La educación de la Virgen” y tiene todas las trazas de proceder de su pincel. Parece que está un tanto maltratado, e incluso que le falta una parte. Y es que el periplo hasta llegar allí ha debido de ser apoteósico… Además de haber soportado no pocas inclemencias, las condiciones de conservación no han sido las mejores.
Pertenecería a su etapa sevillana, a mi humilde juicio la más interesante… Dicen los expertos que quizás formara parte de las pinturas del altar mayor del Convento de Santa Ana de Sevilla, que fueron evacuadas a raíz de unas inundaciones. Siempre hay algún listillo con dinero que se aprovecha de esas circunstancias, así que fue vendido a un particular y cruzó el Atlántico en un barco de la familia Townshend.
Partiendo de la base de que me alegro un montón de su descubrimiento, me enerva que una pintura española de tal categoría haya pasado casi un siglo apolillándose en los sótanos de una universidad yanki. Debería estar en el Prado, o en Museo de Bellas Artes de Sevilla. Y por supuesto, no haber salido jamás de España.
Ya ha sido sometida a análisis técnicos, y todos ellos apuntan al maestro sevillano. Mi pregunta es… ¿Cuándo nos la devuelven? Aquí la autentificamos, que no se preocupen por eso…
Bienvenid@, mi casa es tu casa.
Soy de Granada. Me encanta el arte, el cine, leer, escribir, viajar... Y compartir con vosotros mis pensamientos y experiencias. Aquí me siento en familia. Algunos sois muy especiales para mí. Ya lo sabéis...