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NEOPLATONIANO

 EL PRECURSOR DE JORGE LUIS BORGES*

Antonio de Undurraga

Buscar la estirpe intelectual de un escritor, su genealogía de esta índole, es, sin duda, una inquietante investigación histórica y un homenaje a la fraternidad humana. Vale decir que ningún creador es adánico; o que es un Robinson. Vale decir que no hay arte sin diálogo y sin ejemplo. En un café de la calle Florida de Buenos Aires, Jorge Luis Borges nos dedicó y obsequió El Aleph. Lo leímos y creímos sentir algún perfume de Franz Kafka, el joven de Praga que escribió en alemán. Desde luego, Borges fue, humildemente, su ilustre traductor al español. Asimismo hemos hallado precedentes suyos en Max Beerbohm (seleccionado por él en su Antología de la literatura fantástica). Del mismo modo, en cierta erudición de Anatole France y en el giro mágico de H. G. Wells, el gran olvidado de hoy.

Pero quien le señaló a Borges su camino con toda precisión fue Edgar Allan Poe (1813-49). Sólo muy tarde descubrimos la clave, pues Poe es autor de unos cuantos cuentos geniales mezclados con muchas frustraciones. Poe es un autor estrella. Estrella de antologías. Pero al leer más obra suya en recopilaciones tales como El demonio de la perversión o el precursor de Sherlock -Holmes, se ven otros matices. El tercero y último cuento de este último volumen intitulado El jugador de ajedrez Maelzel, nos da la buscada clave. Hay momentos en que creemos que es Borges quien lo está escribiendo. El tema está enfocado con una estrategia y minucia muy particulares. Pero En el genio de la perversión Poe ya nos dice:

El hombre de la metafísica, de la lógica pretende, más bien que el de la inteligencia, y la observación, comprender los designios de Dios, dictarle planes. Por otra parte, Poe en El hombre de la multitud, nos afirma que el espíritu exaltado sobrepuja su potencia ordinaria tan prodigiosamente como la razón vigorosa y sencilla de Leibnitz se eleva sobre la vaga e indecisa retórica de Gorgias.

Asimismo en Enterrado vivo nos asegura: El Diario Quirúrgico de Leipsick, revista científica muy autorizada, publica espantosos pormenores de un hecho análogo y reciente.

Pero en el cuento de Poe Una bestia en cuatro, ya está la información que nadie tiene, típica de Borges (verdadera o inventada), sobre personajes históricos secundarios que nadie conoce. Dice Poe: Antíoco Epifanes es generalmente considerado como el Gog del Profeta Ezequiel.

Y más adelante agrega:

La nuestra, pues, es la llamada Antioquía Epidafné , por hallarse en ella un templo consagrado a esta divinidad. Fue fundada (aunque esto es discutible), por Seleuco Nicator... etc.

Ya nos encontramos con el primer paréntesis explicativo, típico del modo simple de narrar de Borges. A su vez, en William Willson, Poe expresa:

Este hombre continuamente no ha sido más que un objeto de vergüenza y de horror, una abominación para mi familia. Y prosigue: Mi vida ha llegado repentinamente a una altura de infamia, dos temas tan caros a Borges, ya los tenemos también esbozados. A su vez en Notabilidades, Poe afirma lo siguiente: Allí estaban un neoplatoniano que citó a Porfirio, Jamblico, Plotino, Proclus, Hierocles, Máximo de Tur y Syrianos.

 

Como puede verse, la erudición no es poca, ni menos despreciable. En El asesinato de María Roget no sólo está la obsesión del cuento policial (también caro a Borges), sino que un repunte metafísico, al final del mismo. Exclama Poe:

Dicho error forma parte de una serie infinita de equivocaciones en las que la razón tropieza a lo largo de su camino, por su funesta propensión a buscar la verdad en el detalle.

Pero esta estrategia literaria del detalle y la observación con desplazamientos metafísicos y de conocimientos enciclopédicos, que ya apuntaba en Poe, será el secreto de Borges. Pero el rayo que a Borges le señala su destino en este camino a Damasco que es la vocación literaria, lo constituye (ya lo dijimos), el cuento de Poe intitulado El jugador de ajedrez de Maelzel, o sea un supuesto autómata o robot que según su administrador era una especie de cerebro electrónico que jugaba al ajedrez con los espectadores, en cada función en que era exhibido. Poe se da a la tarea, como es obvio, de descifrar el enigma del antedicho autómata. Después de hacernos la historia minuciosa del Jugador automático (como él lo llama), nos dice Poe, a la manera de Borges: El primer intento de explicación escrita (por lo menos el primero del que tenemos noticia), se realizó en un voluminoso libro, impreso en París en el año en el año 1785. La hipótesis del autor se reducía a esto: que un enano hacía mover la máquina.

En esta cita ya tenemos a la erudición, el paréntesis explicativo y la forma escueta (muy inglesa) de narrar de Borges cuando expresa: se reducía a esto.

 

En suma, síntesis de lecturas; sabiduría comprimida al alcance de todos. En seguida, en este mismo cuento, Poe sigue hablando a lo Borges, como sigue:

Creemos que este artículo [dice aludiendo al intitulado Tentativa de análisis del autómata jugador de ajedrez del señor Maelzel] es la edición primitiva del folleto a que sir Brewster alude en sus Cartas acerca de la magia natural y que no cavila en proclamar como perfecta y satisfactoria explicación.  Y más adelante, Poe prosigue:

Sin embargo rechazaremos la verbosa descripción de la manera, según la cual deben moverse los compartimientos para prestarse a los movimientos de la persona oculta. La rechazamos como una pura teoría aceptada a priori y a la que deben, en seguida, adaptarse las circunstancias. Finalmente, el análisis frío y doctoral, a la manera de Borges, está en estas palabras de Poe: Luego, si consideramos El jugador de ajedrez como una máquina, debemos suponer (lo que es singularmente improbable), que el inventor ha preferido dejarla incompleta en vez de perfeccionarla, suposición que parece aún más absurda si reflexionamos que, dejándola incompleta, suministraba un argumento contra la supuesta posibilidad de una máquina: que es precisamente el argumento del que nosotros nos aprovechamos. Aquí está el análisis de Borges y tampoco falta el paréntesis explicativo, ya indicado.

 

Poe no profundizó esta técnica literaria en otros cuentos y aunque El jugador de ajedrez de Maelzel, es una obra maestra no ha pasado a las antologías como uno de sus cuentos estelares. Sin duda que apuntaba al futuro: hacia Borges y los cerebros electrónicos.

 

El mérito y el genio de Borges residen (o sea, su originalidad), en haber reparado en las posibilidades de esta técnica literaria y haberla llevado hasta sus últimas consecuencias, conjuntamente con ahondar un inquietante sesgo metafísico que fue también, como ya lo observamos, una ambición de Poe.

 

*Publicado en El Diario de Hoy. San Salvador, en sección "Filosofía-Arte-Letras" el 17 de noviembre de 1968.



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