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Reflexiones

Vivir y escribir, escribir y vivir, todo es uno y lo mismo.


El amor nace de la vista... casi siempre

Vuelos en avión

Este es mi quinto post por exigencia del curso de redacción y estilo que estoy haciendo. Ahí os lo dejo.

REDACCIÓN: “El amor nace de la vista”

Afirmar que el amor nace de la vista es condenar algo tan maravilloso como es el mundo de las emociones y los sentimientos a una sola de sus expresiones. Afianzarse en ello sería un ejercicio de reduccionismo totalmente injusto porque existen otras formas de afecto, y no deberíamos obviarlas si queremos ser veraces, fieles a la verdad y tener la cabeza bien amueblada.

¿Por qué se tiende siempre a hablar del amor como algo espontáneo, pasional e incontrolable? La respuesta la encontramos en nuestro propio legado cultural. Denis de Rougemont lo expone brillantemente en su obra El amor y Occidente. Para él todo tiene su origen en el mito de Tristán e Iseo, y si bien la leyenda tuvo en su época una interpretación espiritual ahora perdida, lo que nos ha queda es una historia donde pasión y muerte van de la mano, sublimándose el amor-pasión hasta convertirlo en un dios al que la industria de la cultura parece rendir pleitesía.

En la filosofía clásica griega podemos encontrar tres modalidades de esta llama: la más famosa en nuestra cultura es eros, de connotaciones puramente sexuales y que prende por la vista; menos popular es la de philos, que hace referencia a la amistad, a la hermandad, las aficiones, y la podemos encontrar en la palabra filosofía como amor a la verdad; la tercera modalidad es poco conocida, se trata de ágape, es el amor por una persona o la familia, pero es una querencia nacida de la propia voluntad de la persona, un sentimiento cultivado y alimentado en el tiempo.

Desde esta perspectiva, el amor nace de la vista, efectivamente, pero también del trato, de la comunión de ideas o aficiones y, cómo no, del interior del propio ser humano capaz de proyectar toda esa fuerza de unión, afecto, deseo, deleite y cariño hacia una persona muy afortunada.

La televisión

Vuelos en avión

Sigo colgando mis ejercicios de redacción del curso que estoy haciendo:

Desde hace varios años he ido observando como la televisión, de prácticamente todas las cadenas, ha introducido cambios en la emisión que interpreto como una falta de respeto al televidente. Y cada año esa irreverencia va a más, de donde deduzco que la dirección que ha tomado no es otra que la de ningunear al espectador, la de tratarlo como una masa de consumidores potenciales.

Algunos ejemplos de esta burla hacia el público son los innumerables mini anuncios que colocan en las esquinas de la pantalla mientras vemos una película, o un programa. En ocasiones son tan grandes y surgen tan de repente que el susto está asegurado. Lo normal sería que nos dejaran ver tranquilamente nuestra elección y ya pondrán esos anuncios en el tiempo de la publicidad.

Hablar de los espacios de tiempo publicitario es obligado. Recuerdo cuando los cortes de anuncios eran de unos tres minutos, con lo cual se podía asumir, o uno aprovechaba para ir al baño. Pero ahora… empiezan diciéndote que volvemos en un minuto; en el siguiente período, con suerte, que volvemos en tres; más adelante que si regresamos en ¡siete minutos!, ¡siete minutos!; pero es que, para más burla del espectador, en el próximo corte ya ni dicen el tiempo de espera.

¿Y qué decir del momento que eligen para meter publicidad dejándonos con la miel en los labios? Estoy seguro de que todo esto se hace tras sesudos estudios de marketing, donde lo que prima es el pensamiento: a ver cómo demonios hacemos para que ese señor del sofá no haga zapping, no se vaya a la cocina ni al baño y se trague todos los anuncios que tenemos programados.

Señores del marketing, dejen de tratarnos como a idiotas, casi nadie se traga tantos anuncios seguidos, a menos que todas las cadenas se pongan de acuerdo para emitir la publicidad a la misma hora y el mismo período de tiempo. Si queréis que veamos los consejos de vuestros anunciantes hacedlo de una manera más respetuosa, seguro que el resultado será mejor para todos.l

Los viajes en avión

Vuelos en avión

Con este post comienzo a compartir los ejercicios del curso "Redacción y estilo" que estoy haciendo.

Ejercicio de redacción. Usar el tema “los viajes en avión”. Debe tener: un párrafo de introducción, un cuerpo de 4 párrafos, y otro de conclusión.

Todas las compañías de aerolíneas venden sus servicios con anuncios que dan una misma imagen idílica y deseable: surcar los cielos es una experiencia maravillosa y placentera que nos gustará repetir. Pero ¿es realmente así de grato para todos los viajeros?

Si nos paramos a pensarlo podemos encontrar una gran variedad de experiencias agradables cuando volamos en avión, como por ejemplo la emoción del despegue con mariposas en el estómago, la suerte de conocer a un compañero de viaje simpático, tener varias horas para leer tranquilamente en un cómodo sillón, visionar una buena película si el trayecto es largo, incluso poder ver las ciudades y montañas desde otra perspectiva.

 Sin embargo, para muchos viajeros, la vivencia de volar puede convertirse en un suplicio por las múltiples circunstancias nefastas que pueden aparecer: un asiento demasiado estrecho y poca separación con el de delante; una comida que sabe a estropajo acompañada de un zumo insípido en el mejor de los casos; el continuo trajín ruidoso del personal auxiliar con sus carritos transportadores y sorteos sorpresa; o el miedo que nos entra con las turbulencias y en los descensos bruscos e inesperados.

 Es cierto que el avión es uno de los medios más seguros que existen de viajar, según las estadísticas, comparado con los vehículos de carretera, el ferrocarril y los barcos. Pero también es verdad que la sensación de control que el viajero tiene cuando vuela es mucho menor que en los otros medios, de ahí viene el pánico a volar de muchas personas.

 La experiencia agradable, o no, del transporte aéreo es algo subjetivo, y dependerá en muchos casos de las características de cada pasajero, sus expectativas, sus fobias latentes, su actitud vital ante la vida, su grado de tolerancia a la frustración, su capacidad de adaptación a situaciones nuevas, incluso a su estado de salud.

 Lo cierto es que muy pocos son los que dudan en coger un avión para sus viajes de largo recorrido. Y además, si el motivo es para gozar de unas merecidas vacaciones lejos de la monotonía cotidiana, el vuelo se convierte entonces en un elemento más de ese disfrute a pesar de todos los posibles inconvenientes. 

Sobre los "palabros" cultos

Palabros

Hace poco me he decidido a volver a leer literatura, decisión tomada tras estar saturado de ensayos de todo tipo, y para ampliar el vocabulario de mis escritos con palabras nuevas, desconocidas para mí y que me hace ilusión darles vida.

El caso es que tras escribir un microrelato de 120 palabras (qué ejercicio de purificación) donde he hecho uso de tales "palabros" alguien muy cercano (y por ello terriblemente sincero) se me ha quejado de que algunas palabras no las entiende... Y ahí es donde me ha dado el punto de escribir esta breve reflexión.

Veamos: ¿Por qué usar palabras cultas o antiguas en los escritos? Para qué si con palabras comunes se puede decir lo mismo o algo parecido. Os invito a contarme vuestras propias razones y sinrazones, tanto a favor de su uso o en contra de ello.

De momento vaya por delante mi humilde reflexión: pienso que todo texto que aspire a ser literatura debe mantener un equilibrio entre palabras de uso común y palabras cultas, por un lado porque el idioma se enriquece, se renueva y añade expresiones con significados que aportan mucho al escrito, y por otro lado porque así el lector (y de paso el escritor) no se amuerma en su zona de confort, de lo conocido.

La vida sería muy aburrida y triste sin las sorpresas que siempre nos depara (para mal o para bien), sería muy tediosa siempre viendo las mismas caras, los mismo paisajes, las mismas actividades, los mismos libros, canciones o películas. Creo que la idea está clara.

Pues bien, quizá esos "palabros" que encontramos en los libros de Francisco Umbral (por poner un ejemplo), son parte de esas sorpresas, de las nuevas experiencias lectoras, de la propia renovación lingüística, del abandono voluntario de la zona de confort.

Que la literatura no sólo nos sorprenda y cautive por su relato, por la forma de expresarse, sino también por los ladrillos de estas maravillosas construcciones (cabañas o catedrales) que componen el mundo literario.

50 Razones para ser Scout... y no desistir

campamentos de verano

Hace poco me llegó uno de esos “memes” que pretenden difundir determinados estilos de vida o de pensamiento y que, en mi opinión, hacen más ruido que otra cosa, pero en fin, es lo que hay. Me estoy refiriendo a una imagen en jpg que quiere promocionar las maravillas de ser un Scout, de experimentar sus campamentos de verano, las excursiones, los ejercicios, los talleres, la convivencia, etc., etc. Y me parece genial, aunque reconozco que mi experiencia en ese tipo de vivaques se reduce a una semana en la Sierra de Gredos, y a dos semanas en un campamento de inglés en Inglaterra, y de eso ya ha llovido mucho y eso que la sequía en España parece permanente.

El caso es que mis estudios de educador unido a esas experiencias provoca en mí una sonrisa (no malévola) de sorpresa cuando leo las cincuenta razones que algún scout bienintencionado ha elaborado sin demasiado esfuerzo ni calentamiento de cabeza. Os dejo esas razones para que juzguéis por vosotros mismos :

Aumenta la confianza.
Crea amistades.
Crea carácter.
Mejora la autoestima.
Mejora la memoria.
Reduce la obesidad.
Desarrolla la resilencia.
Enseña a respetar.
Mejora el humor.
Desarrolla la creatividad.
Reduce la ansiedad.
Reduce el estrés
Reduce la depresión.
Da lecciones para la vida.
Promueve el juego limpio.
Mejora la imagen corporal.
Refuerza la capacidad cerebral.
Desarrolla el foco de atención.
Mejora el rendimiento académico.
Promueve las interacciones sociales.
Enseña lecciones de vida.
Desarrolla el funcionamiento del cerebro.
Mejora el sueño.
Mejora la toma de decisiones.
Desarrolla la autonomía.
Fortalece los huesos.
Fortalece las articulaciones.
Ayuda a controlar el peso.
Mejora los niveles de energía.
Mejora la atención.
Mejora la calidad de vida.
Enseña valores.
Mejora la función cognitiva.
Mejora la postura.
Desarrolla la fuerza.
Mejora el flujo sanguíneo.
Mejora la condición física.
Enseña a trabajar en equipo.
Mejora el aprendizaje.
Reduce la fatiga.
Mejora la respiración.
Ayuda a aprender de los fallos.
Mejora las reflejos.
Ayuda a alcanzar metas.
Ayuda a desarrollar habilidades de afrontamiento.
Mejora el sistema inmunológico.
Enseña sobre la victoria.
Enseña sobre la derrota.
Ayuda a experimentar el éxito.
Se divierte.

A parte de que hay muchas razones que se repiten, aunque con otras palabras, creo que se dejan en el tintero muchísimos otros argumentos que podrían esgrimir y no lo hacen. Si eres Scout y me lees, te invito a consultar con un educador, un psicólogo o un couch de esos de crecimiento personal que ahora están tan de moda. Seguro que a poco que arriméis el hombre os salen cien razones más, o al menos las suficientes de peso como para elaborar una lista más convincente y mayor calidad en sus definiciones. Eso sin olvidar que otros muchos podrían elaborar un listado similar pero en negativo, que la pedagogía da para eso y mucho más, pero no seré yo quien se ponga a ello.

La verdad es que esto de ser Scout me pilla ya algo mayor, yo me quedo con mis campamentos de multiaventura o de inmersión de inglés, de hecho para este verano voy a colaborar con English Adventures, si tenéis hijos entre 6 y 16 años echad un vistazo a sus ofertas para este año, no os arrepentiréis.
 



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