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Sortilegios y memorias

No es enteramente humano el que no piensa


A tu lado.

No sé cómo tratarte, si con la torpeza del ansioso o con esmero de enamorado.

Si rescatar todos los arcoiris para tu regazo o sentarme a esperar en un banco a que aprendas a estar solo.

No sé si despojarte de marchitas aventuras insanas o atravesarte el corazón para quedarme.

Si hacer uso del término medio o lanzarte sin piedad a un abismo de esperanza.

Tal vez debiera descaradamente ofrecerte mi silencio sobrecogedor y que tu hombro me sintiera cerca, o lanzar una cascada de improperios en monólogo arrollador.

¿Y si te ofrezco, sin preguntar, la calidez de mis manos? 

Mírame, te cambio mi mejor sueño por tu peor fantasma.

De abrazos

Hay abrazos amorosos, apasionados,

abrazos que reconfortan,

abrazos de reconocimiento, de oso, para salir del paso.

Abrazos que se dan con los ojos. 

No esperados o de palmaditas en la espalda.

Hay abrazos de frente y de los otros. 

Abrazos que abarcan todo el pensamiento.

Abrazos que no sirven para nada

y abrazos que lo significan todo.

De los nombres que se olvidan.

Hay sueños extraños como cuentos que parecen de verdad, como cuentos que se escuchan sobre las copas de los árboles. Como cuentos sin terminar. Soberbios cuentos donde parece que empieza algo.

Pero es mentira.

 

Llegado el momento, vas y te despiertas. Y de repente se te olvidan todos los nombres.

Menos mal que yo sí

Abstenerse federados locos

esclavos del reloj

nómadas en metro

lectores de guiones y presos.

Nada de aguerridos guerreros que sirven a una bandera

ni pilotos de avión,

ni amantes monógamos.

Esto forma parte de una anarquía y sólo pueden entrar

soñadores de quimeras y cuentistas.

Tal vez un par de poetas y algún que otro pintor de brocha fina.

Y ya estamos casi todos.

Fugaz

 ¿Recuerdas? Fue aquella tarde de diciembre, ya anochecida, cuando el destino nos entregó sin miramientos al encuentro fortuito en plena calle. De noche, pero tú traías luz nueva en tus ojos. Traías prisa también y el momento sucedió rápido. De negro, sonriendo. Llevabas prisa y a mí no me salían las palabras. Y te vi y no te vi. Te hubiese seguido pero llevabas prisa. Tu espalda. El abrigo negro. Tu cuerpo alejándose. Pero volviste. Y me viste y te vi y el mundo empezó a ser otro. 



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