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Sortilegios y memorias

No es enteramente humano el que no piensa


El mundo hoy me promete lo justo.

Fácil o difícil, es con esto con lo que tenemos que lidiar. A veces con éxito (y sentimos que somos el centro del universo), a veces sin él (y nos convertimos en criaturas luchando a contracorriente para sobrevivir, pues así nos lo exige, sin consultarnos, nuestro instinto de conservación).

Nadie nos engañó en el pronóstico, nadie le puso precio y menos que nadie nosotros. Esto es una montaña rusa llena de vértigos. Un puñadito de esperanzas, sabiéndonos finitos. Otro puñadito de recompensas válidas y suficientes.

Es descubrir el mar el día más propicio, con sus flujos y reflujos. Aprender a apreciar lo exótico y lo mundano, la inmensidad y la nada.

Es buscar, a veces desesperadamente, estimulantes complicidades que dan vida a tu veinticinco de noviembre o a tu once de enero.

Es caer en la cuenta de que puede haber remedio y decirse: "Hoy voy a buscar mi ocasión especial, mi gozo, lo placentero y alguna sonrisa" y esperar que se materialicen.
Y por supuesto, también es ser consciente de la alteza, de la ruindad, de la magnificencia del ser humano, pero también de su insignificancia.

 

(... Y yo me creo sus promesas).

Donde reside la herida.

Está a punto de aparecer nuevo libro de poemas.

Lo he titulado “Donde reside la herida”. Esa herida como proceso abierto, como un algo que está pendiente, que está siendo, esa sensación de incompletitud que es la vida misma con todos sus altibajos, frente al olvido que sería algo ya concluido.

Por eso estos versos se refieren a las aristas pero también a las finas curvas que conforman la vida: la identidad, el triunfo sobre la enfermedad, el paso del tiempo, el primer placer del día, la vida contemplativa, la necesidad del otro para reafirmarnos, la pérdida de la juventud contra la que nadie puede hacer nada, la soledad impuesta o buscada, los momentos tan efímeros como intensos.

Y cómo no dedicarles unos poemas a esos dos estados que todo lo embadurnan de plenitud y de vacío. Sí, hablo de amor y de su contrario. ¿Es que hay algo que nos haga sentir más vivos o más desalentados que el amor y el desamor? Ellos presiden nuestra estancia, nuestro trayecto vital. Precipitarse, evocarlos, gozarlos o padecerlos es lo que nos hace descaradamente humanos.

Hasta muy pronto.

Hallazgos

 Yo tuve la fortuna de no tener que aprender todo demasiado pronto. No tuve que ejercer una defensa a ultranza de mi integridad física ni moral. Todo lo fui aprendiendo y todo me lo han ido enseñando.

Con M. aprendí a apostar, a callar, a mirar para otro lado, a defenderme, a cocinar, a vivir en el campo, a perder mi inocencia, Aprendí la libertad, y a saber lo que es un corazón sano. También aprendí la tristeza. 
Con C. aprendí a “esforzarme” por amor, a someterme a un sentimiento, a amar y cuidar a los hijos putativos, a exprimirme por nada. Tuve que aprender a defenderme en carreteras extrañas y a madrugar. Y viajé al extranjero. 
Con J. aprendí la estética y el buen gusto, la omisión, la culpa, la devoción y la solemnidad, aprendí a jugar al escondite y a fingir. Aprendí la no reciprocidad, pero me enseñó la literatura y la caligrafía… 
Y así, sucesivamente.
La serenidad, la autoestima, los mecanismos de defensa, la cautela, el temperamento, el sentido del humor, las estrategias sociales ya anidaban en mí y he ido echando mano de ellas en cada bifurcación, en cada encrucijada, en cada necesidad.
He de decir que no han dejado de gustarme los puntos suspensivos ni las esdrújulas, y espero que me sigan conmoviendo los gestos generosos, los seres vivos y su infinita sabiduría.

Desde la humilde palabra.

Vengo a deciros que para desentrañar el misterio de la existencia cada cual debe escoger su trocito de memoria.

No debe aterrarle la soledad y mucho menos sentirse lástima.
Tendrá que aprender el ritual del baile y posponer algún deseo.

Para comprender por qué hemos venido hay que renunciar a predecir el futuro y no olvidar que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, nos saca de lo mundano. Nos alivia de la ruina. Tener presente que atarse a lo insignificante, moverse por la superficie es malvivir. Que ensimismarse es un acto de comunión con la tierra, con los seres vivos y los objetos que nos rodean. Conocer sus latidos, sus tersuras, su papel en cada engranaje.

Vengo a deciros que haber llegado hasta aquí nos hace seres extraordinarios. Excepcionales. Y que generar dolor y miseria es tirar piedras contra nuestro tejado. Que estamos rodeados de belleza...

Esto está escrito con tiza y pronto lloverá.

Biografía

No le gustan las flores cortadas, pero sí los masajes en los pies.
Se emociona con nada, esa sensibilidad suya que provoca mis versos.
Recita como nadie con su voz cálida y matinal (no es lo único cálido que tiene).
Le voy a dibujar el signo de infinito por todo el cuerpo, porque su cuerpo es infinito.
Toma nota de todo porque todo le interesa.
Muchas noches le cuesta conciliar el sueño.
Y es un volcán que cada vez erupciona más libre.
Me regala un corazón encendido que, por fin, ve la luz entre mis manos.
Y cuando enjabona su cuerpo y lo enjuaga en un último gesto
acabo derritiéndome como la nieve mezclada con el agua que resbala por su espalda.



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