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Conoce a aura            0 libros en su biblioteca
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La atenta distracciòn

He venido a mirar... 

a reconocer mi piel; recuperar el sentido... 

¡surge una idea!

comienzo a escribir...  

re-leo: 

" el amor narrado en  pasado... y la sintaxis hiriendo en  presente"

pero...

¡yo no he venido a hablar de amor... !

Abstraìda en esa linea,  se pierde mi mirada en un  punto  indeterminado. Es como si lo escrito hubiera provocado el estado que Julio Cortàzar llamaba de "atenta distracciòn"

creo  que...  todos, de alguna manera hablamos de lo mismo...  
... amamos, odiamos, deseamos, queremos, reprochamos, necesitamos, herimos...  silencios...
algunos tenemos miedo y nos protegemos en la hipocresìa, sin embargo sabemos lo que dejamos entre lineas.
nadie queremos, aunque si aceptamos sufrir solo un poco, para no tener que morir tanto... 

 De esa distracciòn surgio este video:
 
 
   

 

 

La separación de los amantes en una canción

 

 


 

 Pienso, que los amantes nunca olvidan... las melodías de sus recuerdos.

 

 

 

 

 

 

 

LAS DIVAS DESTRONADAS

Creíamos que Patricia y yo éramos las divas más cabronas de la Ciudad de las Rosas, pero a todo hay quien gane. La susodicha no es otra que la pinche Ely. Su aspecto de niña grande nos embaucó desde el primer momento. Mientras paseábamos por el centro comercial empezamos a recordar anécdotas en las que había tratado de opacarnos. La Ely era una gorrona. Se sabía por anticipado que al salir con ella perderíamos tiempo y dinero. Siempre había que ir hasta la chingada a recogerla y encima actuaba como si nos hiciera un favor. Se sentía mi ángel de la guarda y mi gps. Decía que sin su ayuda yo siempre me perdía. Aura: Y eso no es cierto, ¿verdad, Paty? ¿de qué te ríes cabrona? Patricia: De nada? Jajajaja? Y la hija de su madre nunca traía un peso partido por la mitad. Aura: ¿No te conté la última que me hizo? Patricia: Creo que no? Aura: Llevamos a mi papá al urólogo a su chequeo de próstata y se nos acopló la Ely porque se enteró de que luego nos íbamos a comer por ahí. Patricia: Pinche Ely, qué gorrona? Aura: Pues arrasó con la comida y con el vino tinto chileno. Se comió ella sola la entrada para compartir? Patricia: Ya le vale? Es una termita la Ely? Aura: No me vas a creer, Paty, que tuvo la osadía de tutear a mi papá y decirle que ella lo comprendía en su dolor porque hacía un mes había pasado por una experiencia parecida con la visita a su ginecólogo para el examen del Papanicolaou. Patricia: ¿Para qué?? Aura: Al cabo no eres tan jalisquilla? La revisión para prevenir el cáncer de útero. ¿En España no se llama así? Patricia: No que yo sepa? ¿Y te acuerdas cuando vinieron mis padres y mis tías? Se sentía la protagonista. Como si vinieran especialmente a conocerla a ella. Aura: ¡Siiiií! Que se echó cuatro margaritas? ¡Y como te exigía que le pidieras sus papas a la francesa después de acabarse el guacamole! Patricia: Es que estaba en su salsa? Aura: Encima me decía que yo quería robarle el cariño de tus tías. Patricia: Se sobra la Ely? Aura: Vaya que no es fácil ser su amiga? Patricia: Esa cabrona nos destronó. Nota aclaratoria: Como ya saben, a las divas nos gusta fabular? Ely es nuestra amiga, es encantadora y la queremos mucho. También es una cabrona, lo que sea de cada quien, pero no más que nosotras. Este post lo deja claro, ¿no?

Carta abierta al otoño...

"Terremoto invisible"

-¿Que lees, Ana? No contesto, levantó con un brazo el libro, a una altura en que yo pudiera ver la portada ... y pude leer: "Lo demás es silencio" de Augusto Monterroso. Me hizo gracia su actitud, parecia ser complice del título; sín embargo yo sabia que esa complicidad no duraría mucho... tenia la certeza de que al encontrar algo interesante, entre las paginas amarillas de ese libro, impregnado de olor a recuerdos; inmediatamente me lo compartiría. -¡Escucha esto! -¡Ahi esta! pense ... ¡te escucho! Fue ásí; como Monterroso rompio el silencio; en la voz ilusionada de Ana. Una tarde de primavera permanecí un buen rato en la azotea absorto en mis pensamientos, que siempre llegaban en cualquier lugar en que estuviera y a cualquier hora, pues eran pocas las ocasiones en que dejara de pensar, ya fuera en lo que concernía al futuro y en todo lo que me faltaba por vivir, o en lo que se refería al pasado y en lo que había vivido, o en si las cosas hubieran sido de otro modo como serian ahora, etc.; y así las ideas vienen y van sin saber uno en que forma, pero el cerebro no para nunca de pensar. Esa vez me quede contemplando las nubes que brillaban doradas en ese largo proceso en que la tarde se va acabando. De pronto comencé a sentir dentro de mi, como en la barriga, o el pecho, o la cabeza, bueno, mas o menos en todas las partes del cuerpo humano, incluidas las manos, una inquietud indefinida, algo así como un desasosiego que antes nunca había experimentado, y por tanto no encontraba la forma de explicarme aquel fenómeno, que en esas situaciones es lo que mas molesta, pues lo único que a uno se le ocurre en ese momento es si no se irá a morir en ese momento. Al principio, como es mi costumbre, hice uso de mi intelecto y, al ir atando cabos y ordenando las cosas despacio, lo atribuí a que tal vez estaba enfermo del estomago, ya que en ese tiempo siempre estaba enfermo del estomago debido a los nervios; después pensé que a lo mejor no había dormido bien (como sucede cuando se piensa en el pasado o en el futuro); por ultimo, ya con la mente mas tranquila, deduje que lo mas probable era que iba a haber temblor, porque desde los cuatro años tenia, y la sigo teniendo, la facultad de que cuando va a haber temblor yo lo detecto unas dos o tres milésimas de segundo antes; pero en esta ocasión pasaron mas de cuatro minutos, no hubo ningún temblor y yo en cambio seguía con aquella inquietud que me sacaba de quicio y de ninguna manera racional podía explicar, aunque, como ya he dicho, usé de todos los recursos de la razón para llegar a saber que : a) del estomago no se trataba, pues mi mal era crónico; b) de desvelo tampoco, pues siempre estaba desvelado, tanto por mis cavilaciones como por mis lecturas, y c) el terremoto quedaba descartado por la misma fuerza de los hechos y por cualquier sismógrafo, ya que pasó el tiempo y no se produjo. Bien, y para abreviar, ¿saben que era? Amor. Cerro el libro lentamente y lo resguardo en un abrazo ... me miró a los ojos... -Aura... ¿Como es posible que sólo unas cuantas personas lleguen a experimentar las réplicas de ese terremoto... sintiendolo más intenso. ¡¡uff!! pero eso no es todo, además... por la misma persona que lo provocó, después de muchos; muchos años? No conteste; me hice complice de: "lo demás es silencio"... y descanse la cabeza sobre mi mano izquierda, medité en que... mhmm! ¡es algo que nunca he experimentado! pero... ¡sería maravilloso que me sucedierá! Aura



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