EL HORIZONTE EN ALTAMAR ES SIEMPRE CURVO y nos abraza con su emoción de espinas. El mar es una respiración inconveniente que se asusta de su destino. Sólo el cielo con su gravedad de nubes asombradas y vanidosas parecía entender aquella trágica solución. De repente un silencio. Los motores que se paran. Las miradas que se oscurecen. Una locura de pasos agitados. Las tristes lágrimas de la osadía que se mezclan con el devenir de una historia. Y una voz, un grito largo y desconocido que mata el aire con su veneno: hombre al agua.
Juan J. Ginés
Dentro de su cabeza ha brotado una col, un teléfono que comunica y una aguja con su hilo y su dedal. Con la col han madurado sus pensamientos y se han relajado sus enaguas. El teléfono no deja de comunicar. Ya se ha acostumbrado a ello. Con la aguja está cosiendo las partes más rotas de su vida. Creo que está haciendo una capa que la protegerá del frío el próximo invierno. Ahora la veo pasar por la calle. Con sus recuerdos a cuestas va empujando un carrito del supermercado.
Juan J. Ginés
Construyeron un parque temático al que llamaron “Paraíso”. Al principio todo era buen rollo entre los asistentes, pero al poco tiempo, cuando empezaron las primeras expulsiones, surgieron graves problemas de convivencia entre ellos y un cruce de acusaciones interminable. A Eva la acusaron de frívola, casquibana, ignorante, lianta y un poco zorra. Decían de ella que estaba liada con un macarra de tres al cuarto que vivía en un barrio marginal y que tenía tatuada una serpiente en el torso. De Adam dijeron que era pusilánime, calzonazos y maricón. Dijeron también que tenía una personalidad débil y que era capaz de vender incluso a su madre por un pudin de manzana Con Caín llegaron a ser mucho más crueles y aseguraron que tenía a veces impulsos homicidas y que canalizaba su violencia hacia otros habitantes del parque. La audiencia, por medio de mensajes SMS elegía quién debería abandonar el parque temático y un presentador con más poder que un Dios se divertía entrevistándolos en un plató de televisión ante una audiencia hipnotizada. “El diablo, de quien se oyen tantas habladurías, intentó boicotear ese parque de atracciones desde el principio y propuso cambiarlo por un debate político con un moderador que estuviera a la altura y resultara imparcial. Recurrió a las más altas instancias. Fue inútil Todos se burlaron de sus pretensiones.
Juan J. Ginés
Los hombres que a mí me gustan no saben llorar. Saben gritar. Se deslizan por las noches a escondidas y entran en mi dormitorio con excusas y mentiras, pero sin lágrimas. Todos quieren lo mismo de mí. Todos buscan el tesoro que escondo y eso me hace feliz más feliz a mí que a ellos. A veces, cuando les clavo mi frío aguijón emiten un leve quejido seco. Creen que me poseen, pero mueren por mí. Los hombres que a mí me gusta no saben llorar.
Juan J. Ginés