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La cueva de los locos

Microrrelatos


Distracciones imperdonables

 

Justo un mes después de haber muerto se le pudo ver en una corrida de toros acompañado de una joven rubia y luciendo una espléndida sonrisa y un inmejorable aspecto físico. Pero eso no fue lo único; una mujer joven que al principio había sido su amante resultó haber muerto en un accidente de aviación cinco años antes de que él naciera. Nadie se podía explicar qué le había ocurrido a ese escritor de éxito para que se volviera tan despistado con la vida de sus personajes.

Juan J. Ginés

Perro Truman

El futuro es un tiempo en el que esperan todos los hechos que aún no han sucedido. En su caso el futuro es un desorden de acontecimientos que se mezclan entre si. Sin ningún criterio. Provocan su angustia, su desesperación, su incertidumbre, su miedo irracional.
A él siempre le hubiera gustado tener un futuro ordenado, calculado y preciso. Ser un hombre de provecho. Tener porvenir. Pero no ha sido capaz de domar ese porvenir. La vida le lleva por derroteros poco recomendables. La soledad le conduce al aburrimiento. El aburrimiento a la noche. La noche al alcohol. El alcohol al juego. El juego a las deudas. Las deudas al sórdido mundo de la delincuencia.
Está solo. No tiene familia. Sus padres murieron hace tiempo en un accidente de tráfico. Era una noche fría. Regresaban de una fiesta. Imprudencia. Quizá una placa de hielo. Un golpe brutal. Huesos que se rompen, cráneos que se abren. Heridas que sangran. Que no piensan dejar de sangrar. Silencio. Nieva. Un policía le da la noticia. Sus anfitriones aseguraron que les habían ofrecido su casa para pasar la noche. Comenzaba a nevar y la carretera se pondría peligrosa. No quisieron hacerles caso. Nunca pasa nada hasta que pasa. Repiten constantemente ese tópico durante el entierro. La verdad es que allí terminó todo. Su futuro se terminó en una incómoda carretera comarcal.
 
La soledad ha marcado su vida desde entonces. Conoce a poca gente y poca gente le conoce a él. No tiene amigos. Los perdió a todos cuando se metió en líos de alcohol y deudas. No tiene amigos pero tiene un perro. Se llama Truman. Por Truman Capote, el escritor si, el escritor. No por Truman el presidente asesino. No, por ese no. Está harto de contar siempre la misma historia cuando pasean juntos por la calle. “¿Como se llama?”.Se llama Truman como el escritor. “A sangre fría”. ¿Recuerdas? Su perro no sabe escribir pero él está convencido de que le habla. Se hablan. Se entienden. Se comprenden.
Truman ha conseguido hacer de él lo más parecido a un hombre de provecho. Por lo menos un hombre normal. Si es que existen los hombres normales. Si es que alguien es normal. Su psiquiatra le recomendó que se comprara un perro. Un perro puede ser la solución a tus problemas. Un perro es un amigo que te ayudará a olvidar el pasado, que eliminará la soledad que te angustia. El futuro que deseas. Quizá te ayude a encontrar el futuro que deseas. Y ya está. Ya tienes perro. Ya te puedo dar el alta. Un problema que me quito de en medio. Chao. Que te vaya bien. Ya estas curado.
El perro le ha ayudado es cierto a solucionar muchos de sus problemas. Ha aliviado su soledad. Le ha transmitido ganas de vivir. Le ha dado responsabilidades que afrontar. Pero no le ha ayudado a encontrar el futuro que el necesita. O por lo menos no convenientemente. Truman le habla y él le escucha. Nadie puede oírle pero él si. Normalmente hablan por las tardes.
Después de dar un paseo por el monte, Truman se vuelve más dicharachero. Puede hablar de cualquier cosa. De política, de historia, de personajes de la televisión. Puede hablar de literatura. Sobre todo habla de literatura. Parece que su nombre ha influido en sus gustos literarios. Una tarde, después del paseo diario se sientan a hablar. Truman comienza con una cita de Tolstoi. “Todas las personas felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su manera”. Él recuerda la cita pero no sabe identificar la novela. Anna Karenina le apunta Truman.
Se enzarzan en una discusión sobre la desdicha y sobre la imposibilidad de ser felices. Él sostiene que hay personas que no son felices porque no pueden asegurar su futuro. Eso las hace desdichadas. Como en la novela. Truman no está de acuerdo. En realidad Truman no cree en el futuro. O mejor dicho no le interesa el futuro lo más mínimo. Pero ¿Cómo que no te interesa el futuro? Tú estas a mi lado para ayudarme a encontrar un futuro. Tú única misión es conducirme hacia un futuro ordenado y dichoso. Si no estás dispuesto a ayudarme, ¿para qué diablos tengo un perro?
Pero Truman no quiere ni oir hablar del futuro. Insiste. Truman sólo desea vivir el presente. Comer. Beber. Pasear por el monte. Acudir a una cita. Tener una agradable conversación. Le dice que él debería pensar igual. El futuro es una pregunta sobre la que no hay respuestas válidas. Pero hay una cosa cierta. Hay una verdad absoluta que espera encerrada en el futuro. Sólo en el futuro está tu muerte. La muerte te espera pacientemente en el futuro. Se adorna de sueños, ilusiones, esperanzas. Se oculta entre ellas para que no la veamos. Pero la muerte te espera allí. Quizá en una carretera comarcal una noche de fuerte nevada. O quizá en la cama de un hospital aquejado de una enfermedad en fase Terminal. O tal vez en un frío callejón en el que quedaste encerrado mientras huías de tus perseguidores. Pero lo que es cierto es que la muerte espera siempre en el futuro. Agazapada. La muerte es un incómodo segundo que se esconde en el futuro. En el presente siempre estás vivo. El presente es vida. Nunca morirás en el presente. Vive el presente y olvídate del futuro.
 
Ahora ha decidido que Truman tiene razón. A Partir de este momento vivirá el presente de forma distinta. Más directa, más inmediata. Pero hay algo que le ha dejado inquieto. En las noches de insomnio ha pensado en la muerte. En la de sus padres y en la suya propia. Muerte acontecida y muerte por acontecer. Ambas se parecen. Truman dice que la muerte nunca está en el presente. Quizás tenga razón. Acontece y al instante viene del futuro para posarse en un pasado que se va alejando poco a poco. Pensar. No deja de pensar. No puede dejar de pensar. Cuando el sueño le vence su cuerpo cae en un estado de inconsciencia hipnótica. No llega a ser sueño tranquilo. Pero sueña. Sueña imágenes enlazadas entre si. Sueña historias. Sueña recuerdos que no tiene.
Sueña por ejemplo que va en el asiento trasero del coche de sus padres vivos. Regresan de una fiesta. Quizá sea la misma fiesta. Es de noche y empieza a nevar. Ríen e incluso van cantando cancioncillas infantiles. El automóvil va a gran velocidad deslizándose por una carretera convertida en pista de patinaje. Chocan contra otro coche. El impacto es brutal. Curiosamente él no está muerto, ni él ni ninguno de los ocupantes de su coche. Salen por su propio pie. Nieva. Él se acerca al otro vehículo para socorrer a los otros accidentados. Es un amasijo de hierros. Busca si hay alguien con vida. Ve dos cuerpos horriblemente mutilados. Son sus padres. Grita. Llora. Cae en la cuenta. No se explica como es posible que sus padres viajaran en los dos coches accidentados al mismo tiempo. Se gira. Los dos ocupantes de su coche le miran de forma burlona. Son dos desconocidos. Nosotros estamos vivos. Somos supervivientes. Ellos son los que están muertos. Salen corriendo. Él intenta alcanzarles para encontrar una respuesta pero se pierden entre la nieve y la noche.
 
Ya no habla con Truman. Cada vez está más ocupado con sus propias reflexiones. Hace días que no salen a pasear. Hace días que no salen a nada. Comienza a hacer una lista de los lugares y motivos por los que podría morir. No quiere que la muerte le pille indefenso. Piensa adelantarse. Piensa no tomar un coche cuando regrese de una fiesta. Piensa no conducir jamás cuando nieve. Pero no se queda ahí. Porque en realidad hay miles de situaciones en las que podría morir accidentalmente. Yo seré un superviviente. Decide que anotará en una libreta todas las posibles causas de una muerte. En una primera fase solo anotará causas accidentales, pero en un futuro tendrá controladas todas las posibilidades. No sabe muy bien lo que hará con toda esa información. No le importa. Se entrega a su tarea de forma frenética. En poco tiempo llena la libreta. Entonces busca más libretas por la casa. Encuentra tres más que también completa. Necesita lugares donde seguir escribiendo. Escribe en almanaques, carpetas de cartón, pizarras, rollos de papel higiénico, servilletas, camisas e incluso en las paredes y en el suelo del piso.
Si alguien entrara de repente  podría ver por todos lados la obra de un loco, los delirios de una locura de proporciones descomunales. Posibilidad 13.248 Muerte accidental en un avión de la compañía Lufthansa .Posibilidad 8.459 Muerte accidental al resbalar y caer por una pendiente muy pronunciada. La letra cada vez se hace más y más pequeña y los argumentos cada vez más y más extraños. Posibilidad 254.729 Muerte accidental al caer a un río en la selva amazónica.
Truman intenta disuadirle. Hacerle ver que ya es hora de abandonar el proyecto. Su salud se resiente. Hace días que no salen a pasear. Hace días que prácticamente no se alimentan más que de los restos que quedan en la despensa. No se asean. No se afeitan. No viven.
Él no quiere hablar con su perro. Empieza a detestar a su perro. Fue el maldito perro el que le introdujo en ese estado y ahora quiere que abandone. Todo el mundo acaba abandonándole. Como sus padres. Él no piensa abandonar. No hasta que contemple todas las posibilidades. La muerte tiene que quedar totalmente identificada, aislada, neutralizada.
 
Momento actual. Presente. El presente es un tiempo en el que los hechos que tienen que ocurrir no ocurren nunca. En cambio la vida se desarrolla como si fuera el guión escrito por un dios demente. Él ha terminado de ordenar sus listas. El trabajo le ha dejado exhausto. Necesita descansar. Se tumba en una cama deshecha. Trata de dormir algo. En la duermevela piensa en su “obra”. Efectivamente ha concluido la tarea. Se siente satisfecho. Ahora ya conoce todos los motivos por los que podría morir, pero no sabe cual de ellos es el verdadero. La muerte es esquiva y siempre parece sacar ventaja de todas las situaciones. Decide lo que hará cuando despierte. Decide que probará personalmente cada una de las posibilidades. Una a una las probará. Todas las probará. De ese modo las irá descartando. Las tachará una a una. Hasta que llegue la definitiva. Sólo entonces podrá descansar de verdad. Descansará como se merece. Puede que su nueva “tarea” le lleve mucho tiempo. No tiene importancia. Tiempo. Él cree tener tiempo. Cree tener presente.
Despierta. Truman ha muerto. Quizá por cansancio, tal vez por falta de alimento o simplemente de lástima, de aburrimiento. Él no lo sabe pero su perro yace muerto en algún rincón de la casa, escondido en alguna de las listas que ha confeccionado. Ya no quiere saber nada. No quiere saber nada que pueda alejarle de su nueva “tarea”

 


Juan J. Ginés

La próxima primavera

Ella está sentada en una terraza junto al mar. Los primeros rayos de sol acarician suavemente su cuerpo. Lleva unas gafas de sol que le regaló su hija el verano pasado. La protegen de las miradas curiosas de los transeúntes que a esas horas caminan hacia sus trabajos. Los cristales oscuros impiden descubrir que ha llorado, que prácticamente no ha dejado de llorar desde ayer por la tarde cuando le miró a los ojos por última vez. Hoy volverá a verle y sabe que volverá a llorar. Acaba de tomar el segundo café solo del día. Solo, caliente y amargo. Así le gusta el café. Lee un libro de poemas y fuma mientras espera una hora prudencial para regresar.

 
                                          Hace mucho que hablo de ti
                                                             en sueños.
                                          También despierto.
                                          Recorro los rincones inaccesibles
                                                             de mi memoria
                                          buscándote.
                                          Apenas eres sombra en una pared,
                                          inocencia encendida,
                                          luz del alba jamás recuperada.
 
No le gusta leer poesía cuando está triste pero aún así ha comprado el libro en una librería cercana al hotel. Ayer por la tarde. A su regresó. Entró buscando algo que leer. No conocía al autor, pero el titulo le pareció atractivo: “Embaucador tiempo de los horarios”, Juan José Ginés, nacido en Madrid, 1967; como ella. Ella odia el tiempo de los horarios, la esclavitud de sus planteamientos. Nacieron en la misma ciudad, en el mismo año. Quizá el dos de Noviembre como ella, aunque eso no puede saberlo ya que no lo dice el libro. Quizá en el mismo hospital, en el mismo paritorio y a la misma hora. Quizá lloraron juntos. Quizá la misma comadrona asistió el parto. Por eso decide comprar el libro y leer sus poemas.
 Levanta la mirada. A lo lejos una pareja joven pasea por la playa. Delante de ellos un perro juega con su pelota. Se turnan para lanzarla. El perro corre tras ella y se la devuelve meneando el rabo feliz. Les envidia. Se pregunta cómo serán sus vidas, como será su felicidad diaria. Se pregunta cómo serán sus despertares, cómo sus caricias. Les envidia con más fuerza. En cualquier caso no volverá a verles jamás. En breve emprenderá un viaje del que muy difícilmente regrese.
 
                                      Necesito hablar, 
                                      necesito contar que esta noche es infinita,
                                      que voy de casa en casa
                                      como un cartero que reparte malas noticias.
 
            Una voz pregunta que si desea tomar algo más. Un movimiento de cabeza contesta que no. El camarero sabe que algo no va bien. Lo sabe desde que la vio sentarse en la terraza mirando el mar. Desde que le pidió con voz grave un café solo y un vaso de agua. A esa hora no hay nadie en el bar. Por eso y por su enorme belleza la ha estado observando. Le duele su tristeza tanto como su belleza. Por eso se ha animado a preguntar. ”¿desea tomar algo más?” pero en realidad está preguntándole si se encuentra bien, si necesita alguien en quien confiar, si necesita desahogarse. En realidad le está diciendo que puede contar con él, que si ella lo desea puede convertirse en su confidente, en su amigo en su aliado. Ella no le mira. No desea mirarle.
Sigue leyendo. Le gustaría que el tiempo no pasara. Le gustaría poder seguir leyendo y no tener que acudir a la cita. Le gustaría poder seguir tomando el sol de esta mañana preciosa. Le gustaría poder pasear por la playa con ese camarero que la comprende. Le gustaría poder hacer tantas cosas. Pero ella sabe que la vida impone sus propias reglas y que no siempre se ajusta a sus deseos.
 
                                    La noche es una palabra ambigua
                                    un silencio ahogado en la penumbra que queda,
                                    una caricia sincera y muda y sorda,
                                    una repetición dolorosa.
                                    La noche es una palabra que no se puede pronunciar.
            
 
Ella espera. El director la recibirá en unos minutos. Aún tienen que tratar algún asunto menor antes de que ella se marche probablemente para siempre. En breve emprenderá el viaje mas largo de su vida, un viaje que la llevará a ella y a su hija a Buenos Aires. Sus motivos son laborales. Pero eso será dentro de unos días. Ahora tiene que volver a verle. Verle por última vez.
Saca el libro del bolso. Se recrea en el título. Embaucador tiempo de los horarios. El tiempo es siempre embaucador. Te engaña. Juega con los hombres y se ríe de quien le desafía. Piensa que quizá sus padres llegaron a conocerse. Esa posibilidad le hace sonreír. Colegas de paritorio. Quizá estuvieron perdidos, quizá se dieron ánimos, compartieron experiencias o intercambiaron puros. “He tenido una niña”. “Lo mío ha sido un chicazo. Otro más.” “Mi hija será abogada, y  ha pesado más de tres kilos.¿verdad que es guapa? ” El mío será escritor.”
Se abre la puerta y entra en el despacho el director del centro. Se mueve profesional y seguro, y saluda cortésmente mientras toma asiento. Habla. Ella no desea hablar. Desea verle por última vez. Despedirse de él. Decirle lo que siempre quiso decirle. Que le quiere. Que no fue abogada sino Ingeniero. Que se marcha lejos. Que su nieta le adora. Que quizá sea la última vez que le vea. Que ha sido un buen padre. Que ha sido un buen confidente, un buen amigo.
El director sigue hablando. Le cuenta que la noche pasada fue agitada para su padre. Estuvo inquieto y no dejo de llorar prácticamente toda la noche. Le cuenta que es normal. Que quizá si que la reconoció y que por eso estuvo inquieto. Que nadie sabe lo que pasa por la cabeza de estos enfermos. Que es una enfermedad atroz por supuesto. Le cuenta que su salud se deteriora poco a poco, pero le recuerda que no es una enfermedad mortal. Trata de facilitarle las cosas. Usted ha de hacer lo que tiene que hacer. Le dice que la residencia es el mejor sitio para él, que esté tranquila, y que cuando ocurra “algo” se pondrá en contacto con ella. Despreocúpese, le dice finalmente, nosotros nos encargamos de todo.
 
                                     Yo soy el tiempo que se escapó
                                     mientras tú estabas dormida. 
                                     Soy una voz y una mirada,
                                     y también un incómodo silencio
                                     esparcido y derrochado sobre tu almohada.
 
            Juntos salen del despacho del director. Atraviesan un pasillo largo e impersonal. Llegan a una sala grande. Ella sabe que allí pasará las horas su padre. El tiempo que le queda. Sujeto a horarios que ahora le es imposible calcular. Pasamos la vida esclavos de los horarios. Entran en la sala. Algunos  ancianos juegan despreocupados a las cartas. Otros miran la televisión. Su padre estudia la ventana, con la mirada perdida mientras su tiempo se agota lentamente. Ella se sienta a su lado. Durante minutos ni se miran. Silencio. Sólo silencio. Ambos miran por la ventana. El mar se abre ante ellos. Ese mismo mar que dentro de poco les separará. Ella le coge la mano y le susurra cosas cariñosas .Él sigue mirando por la ventana. Gira el cuello despacio. Sus ojos se encuentran. Comienza a sonreír levemente. Él intenta hablar, intenta decirle todo lo que la quiere, intenta pedirle perdón por  el tiempo que no compartieron, intenta demostrarle en un segundo que gracias a ella su vida fue plena. Pero en cambio sólo suena una voz débil: “Que guapa es usted señorita. ¿Quiere casarse conmigo la próxima primavera?"
 
Juan J. Ginés
   
 
 
           
                                  
 
 

La casa vacía

Hoy tampoco me voy a afeitar. La lavadora se ha vuelto a estropear pero me da igual porque no pienso usarla. Mi hermano me ha llamado por teléfono. Dice que mi madre está preocupada por mi. Todo el mundo se preocupa por mí menos yo. Llevo una semana durmiendo en el sofá de piel que compró Carolina con el dinero que sacó de la herencia de su padre. Me duele todo el cuerpo. Cuando encuentres la factura del dentista me lo dices. Vivo solo en esta casa vacía desde que me abandonaste. Todo el mundo dice que los bomberos son más necesarios que los escritores. No puedo soportar el recuerdo de tus miradas. No puedo soportar ver tu ropa colgada en nuestro armario. No puedo soportar ver tus botes de lentillas sobre el lavabo. No puedo soportar oler tu perfume en el cuello de otra mujer. No puedo soportar ver tu ropa interior en el segundo cajón de tu mesilla de noche. Cada noche. No puedo soportar ver como tu cepillo de dientes se va secando día a día. Las palomas de mi barrio traman algo contra mí. Lo he descubierto mientras miraba por la ventana. No he vuelto a escribir poemas de amor. Creo que jamás volveré a escribir poemas de amor. Creo que jamás volveré a escribir. Creo que jamás volveré. Creo que jamás. Creo. He dejado de creer. He dejado de creer en todo. En ti ya no puedo creer. El cielo es un producto financiero que manejan los curas. Está negro y amenaza lluvia. Amenazar no es políticamente correcto, pero el cielo amenaza lluvia. Ahora ya está lloviendo sobre mi barrio, sobre las palomas sediciosas de mi barrio. Escribo frases que no tienen adjetivos. Guardo adjetivos que no pienso volver a usar. He abierto la caja de las pastillas. He hecho añicos la televisión porque me recordaba a ti. He hecho añicos los libros de historia porque me recordaban a ti. He hecho añicos mi vida porque me recuerda a ti.  Todo me recuerda a ti ¿Quién ha puesto música en el compacdisc? Me arrepiento de no haberte llevado al teatro. El teatro es el único lugar del mundo que no me recuerda a ti. La suerte no existe. La suerte no existe si no es junto a ti. Las avionetas que surcan el cielo parecen mosquitos impertinentes. Echo de menos a Carolina. Te echo de menos a ti. Yo no se mantener una buena conversación. Yo se de tristeza porque siempre fue mi ámbito. También se de soledad. Quiero dormir un rato pero por muy silenciosa que sea mi habitación siempre hay alguien gritando. ¿Por qué no pudiste esperar a que llegara? Sin duda habríamos hablado. A veces creo que los grafitis son la voz de las ciudades.  No te puedes imaginar lo que haría con tal de volver a verte. Cuando llegué a casa ya te habías ido. No te puedes imaginar lo que haría por poder hacer retroceder las horas en los relojes. ¿Como es posible que te fueras sin despedirte de mi? ¿Cómo es posible que tu cuerpo me recibiera ausente? Será cierto que las flores crecen despacio y que el recuerdo perdura sobre su aroma. ¿Por qué no encuentro mi vida? Una recta es una curva imperfecta que me conduce a ti.

 

Juan J. Ginés

 

Quién es Thomas Fante

 

Thomas Fante consigue con su novela “Las estrategias del frío” emocionar. Difícilmente podrá superar la que es sin duda su mejor obra. (Lucas Sexton Washington Post)
 
Thomas Fante es un padre ejemplar que solía inventarse un cuento increíble cada noche. Recuerdo con enorme nostalgia aquellos años (Anne Fante)
 
Thomas Fante recibió sepultura ayer 26 de Noviembre de 2008 en el único cementerio civil de su ciudad natal, sin recibir ningún sacramento ni falta que le hacía. Sus familiares ruegan que no se diga ninguna oración por su alma, como mucho que se brinde por el con ginebra. (Anuncio publicado en un periódico local)
 
Thomas Fante es un escritor de mierda que solo piensa en si mismo. (Anónimo)
 
Thomas Fante era un chico retraído y feo que no era capaz de integrarse ni en un patio de colegio. (Edgard Bustos, profesor de primaria)
 
La fundación Thomas Fante implicada en un asunto de corrupción. (Titular de periódico)
 
Thomas Fante aparece en una lista de los 25 escritores más influyentes del mundo.
 
1987 es el año en que la Emilie apareció muerta en su cama por una sobredosis de tranquilizantes. Thomas Fante estaba en Europa promocionando su novela “La imaginación de las águilas”. (Extracto de una tertulia de televisión)
 
Soy lector habitual de Thomas Fante (George W. Bush, presidente de los Estados Unidos)
 
Thomas Fante gana el booker prize con su primera novela. Tiene veintitrés años, es licenciado en literatura inglesa. Un absoluto desconocido. (Teletipo de agencia)
 
Thomas Fante me debe dinero. ¿Ahora quien se hace cargo de su deuda? (Mark Eastman peluqueros)
 
Thomas fante junto a su esposa Emilie descansan en Saint Moritz ( Pie de foto de una revista del corazón)
 
Thomas Fante es el escritor con más futuro de esta década de los 50 que ahora empezamos, para quien no lo haya leído aún lo recomiendo encarecidamente. (Paul Crespi en su programa de radio “Cultura de Culturas”)
 
Anne papa esta peor no se x q pero creo que deberias venir rapido. (sms de Lewis Fante a Anne Fante)
 
Mi nombre es Thomas Fante y soy alcohólico. (Grabación extraída de una sesíon terapéutica)
 
 El escritor Thomas Fante implicado en un turbio asunto de drogas y prostitución. (Titular de la Vanguardia del día 27 de Marzo de 1989
 
Thomas fante es para mi uno de los mayores candidatos al premio Nobel de este año. (William Castner, poeta y dramaturgo ingles, premio Nobel de literatura)
 
Thomas Fante es Dios (Thomas Fante)
 
Estimado Sr. Fante: lamento comunicarle que el comité de asignación ha rechazado su propuesta de anticipo sobre su próxima novela. (Clara Muñiz, editora)
 
Nunca debí haberte conocido. Emilie. (Nota encontrada al pie de un cadáver)
 
J.J



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