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JUGUETEOS

Lo esencial es invisible para los ojos, sólo se puede ver bien con el corazón. Antoine de Saint Exupery


Lecturas de 2015

 El 2015, fue un año grato en lecturas. Muy diversas y sin un plan definido, se fueron dando según pintaba el momento, los ánimos, los préstamos, las compras y también las enfermedades. Finalmente concluí 34 libros, con un balance bastante irregular aunque tendiendo a lo enriquecedor. Algunos libros cumplieron con creces mis expectativas; pero otros se quedaron sólo a medias, sin aportar lo que de ellos esperaba. No señalo favoritos para no interferir en la opinión de otros lectores, que pudieran diferir de mis gustos personales. Aquí dejo los títulos de los libros y los nombres de sus autores:

1) Inquisiciones/ Otras inquisiciones - Jorge Luis Borges

2) El país del ocaso y otros cuentos – Bram Stoker

3) Mitos griegos contados otra vez – Nathaniel Hawthorne

4) Paz interior – Janet Dian

5) Santa Anna – Armando Fuentes Aguirre “Catón”

6) Descanso de caminantes (e-book) – Adolfo Bioy Casares

7) Memoria de apariencias – Juan Tovar

8) En esto creo – Carlos Fuentes

9) Un drama de caza – Anton Chéjov

10) La biblia de neón – John Kennedy Toole

11) Buzón de tiempo – Mario Benedetti

12) Cuaderno de escritura – Salvador Elizondo

13) Los años de peregrinación del chico sin color – Haruki Murakami

14) Sed de amor – Yukio Mishima

15) La novela de Violeta – Alejandro Dumas

16) La ciudad de las esfinges – Jaime Alfonso Sandoval

17) Camino de los Ángeles – John Fante

18) Matemágicas – Norma Muñóz Ledo

19) Manual del distraído – Alejandro Rossi

20) Flores de fuego – Yi Sang

21) Mooch – Dan Fante

22) Diez grandes cuentos chinos – Compilador: Poli Délano

23) Los papeles de Aspern – Henry James

24) Gramática de la fantasía – Gianni Rodari

25) La llave – Junichiro Tanizaki

26) Párrafos para un libro que no publicaré nunca – Emmanuel Carballo

27) Cuentos a la intemperie – Juan José Millás

28) Alfabetos – Claudio Magris

29) No basta decir – Alejandro Jodorowsky

30) Naomi – Junichiro Tanizaki

31) Octavio Paz, las palabras del árbol – Elena Poniatowska

32) Carta de una desconocida – Stefan Zweig

33) Los ojos del perro siberiano – Antonio Santa Ana

34) Lucas y yo – Audrey O´hearn

Felices lecturas para este año, 2016.

Hidalgo e Iturbide (impresiones de lectura)

 Hoy empiezo una aventura más. Esta vez relacionada con la Historia de México.  Un libro de Armando Fuentes Aguirre, alias “Catón”. Mi amigo Poncho se ha compadecido de este empedernido lector, que afortunadamente en este tiempo tiene más oportunidad de acercarse a la lectura y me ha prestado su “Hidalgo e Iturbide, La gloria y el olvido”. Estoy dispuesto a embarcarme entre sus ochocientas veintitrés páginas, con la seguridad de que el viaje será placentero, amén de las sorpresas y corajes que siempre me depara la historia no oficial de México; como los que hice con el libro de Toñito López de Santa Anna y todas sus tropelías con gringos y franceses. No pretendo terminar el libro en cuatro o cinco sentadas; lo iré disfrutando de a poco, imbuyéndome de los pormenores en tal forma, que al final pueda tener un panorama algo más claro de los hechos acontecidos en aquella época. Aclaro que admiro a Don Miguel Hidalgo y que Agustín de Iturbide, nunca me ha importado ni poco ni mucho históricamente. Será por mi ignorancia de muchos hechos de aquel entonces o por la embarrada nomás por encima que siempre nos han dado los libros de texto escolares, con sus versiones oficiales de la historia de nuestro país.

Ahora, me embarco. Entre las manos tengo el voluminoso libro de “Catón”. En cuanto a peso no es nada ligero ni tampoco tan fácil de transportar: pero su contenido, espero que sea de lo más emocionante.

Entre magos y demás...

 

Entre magos, brujas, grimorios, libros malditos, códigos secretos y escrituras invisibles, se me ha ido este domingo. También con un poco de Patafísica. No miento, así he pasado este día. Todo lo anterior tiene una explicación, así que intentaré hablar un poco sobre ello.

Hace poco más de un año, Irene Adler trajo a casa un libro extraño, de gran formato y con un título por demás inquietante: “El código del mal”, una guía siniestra del lado oscuro de la historia; escrito por Clive Gifford, alias: el conde E. Vlic Droffig. En él, aparecen infinidad de hechos relacionados con: fobias terribles, la peste que asoló en siglos pasados Europa y Asia Central causando la muerte de cerca de 200 millones de personas; miedos irracionales; ciudades macabras; miles de libros llenos de saber arrasados por la guerra, la maldad y la codicia, de sanguinarios conquistadores; la sombra negra que pesa sobre el temido número 13 y muchos más. La lectura de sus páginas se realiza con cierto temor, reverencia, ansias de conocer sobre eventos terribles y malignos. Voltear una página, lleva implícito el sentimiento de cierta inquietud por lo desconocido, lo maligno.

Desafortunadamente a los editores se les ocurrió “la gran idea” de poner su nombre sobre la portada y contraportada, lo cual sin afán de ofender, demerita un libro tan emocionantemente concebido; incluso si la portada y las hojas hubieran sido de una menor calidad, el impacto visual y literario del libro, hubiera sido muy superior.

 

A media tarde, en compañía de Bere y RBG, he visto “Oz, el poderoso”. El cine con la peli en 3D, estaba prácticamente vacío (casi increíble por ser domingo); pero así, pudimos disfrutarla plenamente sin demasiado ruido de niños, llantos de bebé ni excesivas distracciones, salvo las necesarias para comer palomitas, tostitos con queso amarillo, m&m´s y refresco.

James Franco, cumple como Oz, con un trabajo que no se me hace excesivamente brillante, pero sí creíble. Y las tres bellísimas brujas que son las que acapararon mi mayor atención casi desde el principio, me dejan un mejor sabor de boca, sobre todo Glynda y ¿Theodora?, la bruja vilmente engañada por la hermana, quien finalmente queda convertida en una fea y repugnante bruja. Por su parte, siento que Rachel Weiz queda a deber. Su rostro bellísimo no termina de fascinarme, pero en su papel de bruja mala, me parece que le falta mayor maldad y ensañamiento con los que se le oponen. El mago farsante que es Oz, alcanza a reflejar un tanto el mítico personaje de Lyman Frank Baum, que tanto nos sedujo primero en el libro y luego en la maravillosa película musical con Judy Garland. Este Oz joven, mago esperado tiempo ha para asumir el trono, egoísta, ambicioso, anhelante de grandeza, termina por ganarnos, haciendo amistad con un simpático mono volador y una tierna y voluntariosa muñequita de porcelana. Finalmente, están por supuesto los Munchikines, los monos voladores, the yellow brick road y Glynda, la bruja buena.

 

Luego, “El manual para ser bruja” (lo entrecomillo pero no recuerdo si es el nombre exacto), encontrado sobre los anaqueles de la sección de libros de un centro comercial. Un delicioso manual para niñas imaginativas que desean aprender todos los secretos de una verdadera bruja. Y el librito, con palabras y lecciones sencillas, comienza a ofrecer consejos, recetas, pequeños trucos inocentes, para aprender a convertirse en una gran bruja. Entonces, viene la lección paso a paso de cómo realizar un grimorio, el cual no debe faltarle a quien se precie de ser una temible bruja; como escribir mensajes secretos a través de un código personal de letras y símbolos que permitirán a la bruja, comunicarse con sus iguales sin que nadie más pueda descifrar su correspondencia. Y también, cómo hacer tinta invisible para escribir mensajes ocultos que nadie más pueda descubrir sin conocer el secreto del método para lograr leerlos.

Me fascinan las brujas, los vampiros, los hombres lobo, los libros considerados malditos, los grimorios, las escrituras secretas, las profecías, y claro, los magos, incluidos Oz, Merlín, Houdini y Harry Potter (bueno, también Gandalf y Dumbledore).

Alfred Jarry (de cuya obra conozco muy poco, casi nada), escribió alrededor de 1896 un libro titulado: “Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico”, en donde intenta mostrar con ciertos conceptos,  definiciones y  variados ejemplos, lo que es la Patafísica. “Ubú Rey” y “Gestas…”, están considerados los libros patafísicos por excelencia. En ellos, Jarry, nos “revela” el qué es, cómo reconocerla y alcanzar la consciencia ´patafísica (así, con apóstrofe al principio). El estudio de una ciencia de la cual, aún comprendo muy poco, con la que estoy empeñado en desentrañar realmente de que se trata y adquirir los conocimientos necesarios para llegar a ser un patafísico consciente.

La Patafísica, es la ciencia de las soluciones imaginarias. Y también del estudio de las excepciones.

Ninguna de las dos aseveraciones me queda clara, casi nada; pero logro vislumbrar en ellas, formas diferentes y nuevas de concebir el mundo y todas las cosas conocidas, búsqueda de novedosos enfoques y facetas para comprender la historia humana y nuestra realidad circundante sin dar nada por hecho. Según Jarry y muchos otros estudiosos de la Patafísica, todos, somos patafísicos inconscientes y lo seguiremos siendo, mientras no logremos el conocimiento cabal de lo que es la Patafísica. 

Hablar sobre novelas...

Hablar sobre novelas es una cuestión difícil, porque las opiniones vertidas acerca de ellas, llevan implícitas el juicio nada imparcial del que habla, las lee o comenta.  De entrada, la lectura de una novela presenta algunos inconvenientes: su extensión. No resulta lo mismo emprender la lectura de una novela de mil páginas (que las hay), que la de una que apenas rebase las doscientas. El tiempo invertido para leer una u otra, también es digno de tomarse en cuenta, sobre todo, cuando se dispone de poco tiempo para leer y hay que andarse inventando espacios entre viajes en metro, autobuses, combis y demás transportes colectivos, para la lectura. O aprovechando la forma más cómoda, tranquila y satisfactoria, de visitar frecuentemente el  wc.  con libro en mano. Luego viene el tema y la trama de la novela, los cuales pueden ser de lo más interesantes o no, según la calidad y los alcances del autor y claro, los gustos y preferencias de cada lector. En lo particular, no tengo predilección por algún tipo específico de novela, trama o tema. Me gusta de todo y el punto predominante que puede motivarme para iniciar su lectura, es que esté bien escrita, sea interesante y llene las expectativas que como lectores nos creamos cada vez que decidimos leer un libro (en este caso, una novela).

No es mi intención aquí, hacer un análisis, clasificación o ensayo, acerca de la lectura de novelas, sino comentar el placer que me produce la lectura de algunas y la huella (muchas veces profunda) que han dejado en mi espíritu. A lo largo de los años, novelas he leído muchas, de muy diversos tipos; pero sin importar a cual género pertenezcan, para determinar si ha sido o no una buena novela, tomo en cuenta el sentimiento final que me dejan, ya sea la satisfacción de saber que el tiempo empleado ha sido bien invertido, o todo lo contrario, de frustración y ganas de maldecir un poco, por la mala elección realizada.

Finalmente son experiencias diferentes, quizás opuestas, pero que de cualquier manera nos dejan cierta enseñanza, buena o mala, que nos dará la medida exacta para elegir mejor en alguna ocasión posterior.

Las once novelas que nombro ahora, son una muestra mínima de las que siento han dejado de alguna manera en mí, múltiples enseñanzas y gratas experiencias. Lecturas de diversas épocas, algunas ya comentadas con anterioridad, que fueron arrojando pequeñas semillas en mi camino, para brindarme un poco de felicidad.

Como en otras ocasiones, reitero, el orden en que aparecen nombradas no implica que me gusten más o menos unas que otras. De alguna forma había que ordenarlas:

1.- Seda - Alessandro Baricco

2.- Música – Yukio Mishima

3.- El diablo enamorado – Jacques Cazotte

4.- El amante extremadamente puntilloso – Alberto Manguel

5.- Matilda – Roald Dahl

6.- Salamandra – Efrén Rebolledo

7.- Pregúntale al polvo – John Fante

8.- La tregua – Mario Benedetti

9.- La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

10.- El amor en tiempos del cólera – Gabriel García Márquez

11.- Pedro Páramo - Juan Rulfo

 

Flojera y palabras

Se encuentra arraigada en mí, una flojera insuperable que me impide escribir, como si un peso enorme y opresivo anulara mi voluntad, para emprender cualquier actividad que implique gran esfuerzo mental o físico. Como no duele, permanezco semiquieto, exageradamente pasivo, con la esperanza de que lo que me oprime se vaya sólo; pero eso nunca va a suceder. Y aquí estoy, extático, a la espera de no sé qué, tal vez de nada. Como en un ir y venir de quietas olas, las ideas se acercan y se van incesantemente de mi cabeza, dejándola adormilada, a la deriva, en la inactividad casi total. Y digo casi, porque la actividad lectora no mengua.

A pesar de la continuidad de mis lecturas, si la parangono con los libros que me aguardan, es mínima. Por cada página que leo, existe más de un libro completo que se mantiene dócil y callado en los anaqueles de casa, esperando ser abierto; o en alguna librería de ésas que me encanta visitar. Me intriga y asusta a la vez lo que me puedan descubrir.

Cuando no hay una razón válida para escribir o decir algo, lo mejor es no hacerlo. No decir nada es más oportuno. Pero siempre hay algo que decir, quizá pocas palabras. En estos días, a falta de ellas, leo, leo lo más que puedo y hago anotaciones breves. Y escucho o trato de escuchar. También anoto algunas de las cosas oídas. De esa forma las páginas de mi cuaderno se van llenando de letras, aunque no sean mías.

Un compañero de trabajo, luego que el supervisor lo regañó por no trabajar más de prisa, me dijo:

“Donde manda capitán no gobierna marinero. Donde hay miedo ni coraje da. Donde existe amor ni los chingadazos duelen”.

¿Y qué tal este verso de Swinborne de su poema “Pena”, que ya he puesto por ahí?:

“Todas las cosas de este mundo pasarán, mas nunca la pena”.

La lectura de los ensayos de Montaigne, también van dejando lo suyo:

“La muerte no os afecta ni muertos ni vivos; vivos porque existís; muertos porque no existís”.

“La utilidad de vivir no consiste en el espacio, sino en el uso de la vida”.

Borges también es fuente inagotable de ideas, de sabiduría, de vida:

“Pensar, analizar, inventar, no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia”.

¿Y Aldous Huxley?:

“A través de la mescalina o el ácido lisérgico, se puede accesar a la puertas del Paraíso (o del infierno)”.

Termino con 3 frases más. Una oída al pasar y otras 2 que no han dejado de conmoverme:

Frase oída: “ La vida no es la fiesta que imaginaba; pero ya que estamos aquí, bailemos”.

“El mal es tan malo, que junto a él, el bien parece un mero accidente; el bien es tan bueno, que junto a él, hasta el mal resulta explicable”. G. K. Chesterton.

 “Hay besos que producen desvaríos de amorosa pasión ardiente y loca, tú los conoces bien, son besos míos inventados por mí, para tu boca”. Gabriela Mistral.

No son palabras mías, pero cómo me identifico con muchas de ellas.

Ya me callo. Y leo.

 



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