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JUGUETEOS

Lo esencial es invisible para los ojos, sólo se puede ver bien con el corazón. Antoine de Saint Exupery


Cuentos y cuentistas: Marcel Schwob

El libro lo encontré hace muchos años en el Tianguis del Chopo. Entonces era yo comerciante en el tianguis y vendía discos y casettes, cada sábado, en compañía de algunos amigos. Deambular entre los puestos que ofrecían sus diversas mercancías: videos, collares, revistas, libros, discos de acetato, casettes, cd’s, calcomanías, ropa, instrumentos musicales, etc, me permitía acceder a un sin fin de posibilidades. Lo descubrí en el puesto de Abraham, uno de los tianguistas que debo reconocer, tenía un surtido de libros muy bien seleccionado. Le pregunté su costo y no era demasiado económico; pero en ese momento podía permitirme la erogación, así que sin dudar demasiado ni poner excesivos reparos, lo adquirí: "El rey de la máscara de oro y otros cuentos fantásticos", de Marcel Schwob. Creo que hice bien, porque de no haberlo hecho, luego, con seguridad, me hubiera arrepentido de tal decisión.

De entrada, a Schwob, le encantan los lugares y escenarios misteriosos, exóticos, extraños; así que sus cuentos están ambientados en sitios fantásticos, opresivos, irreales, casi mágicos. El desierto calcinante, el mar embravecido, la peste recorriendo y diezmando media humanidad, ciudades portentosas y terribles, le sirven de pretexto ideal para situar a sus personajes en ellos y luego contar con pinceladas maestras lo que les ocurre en sus miserables o deslumbrantes vidas, las pasiones que los acosan y debilitan, los amores frustrados que los humillan y hacen anidar en su alma una sed incontrolable de venganza.

Schwob, sin excederse en las palabras, con dos o tres trazos, nos pinta con precisión en dónde estamos, sea un lujoso palacio o una humilde barcaza perdida en un tremedal. Y deja casi solos a sus personajes para que ellos mismos nos cuenten sus cuitas y nos hagan partícipes de todo aquello que sienten o los atormenta. De esta forma, entonces, asistimos con sus personajes a todo aquello extraño o terrible a lo que se enfrentan; porque en Marcel Schwob no hay complacencia, no hay ni existen tablas salvadoras, situaciones acomodaticias o sensiblerías fáciles. Las cosas, los hechos, son como son, ni más ni menos buenos, ni más ni menos crueles, simplemente son.

El libro inicia con "El rey de la máscara de oro", el cual a mi parecer es un cuento redondo, pleno, de una excelente manufactura, donde el asombro, la ignorancia, el dolor y también la ternura, se dan cita, en perfecta armonía. Sin embargo, a Schwob no le gustan los finales fáciles, ni felices, ni completamente terminados. Por eso, en algunos de ellos, el final está semi acabado, como medio en la penumbra, de donde cada quien puede sacar conclusiones y definir cuál puede ser el verdadero destino de cada personaje. "Las embalsamadoras", me parece otro cuento excepcional, con esa ciudad de extraños domos dispuestos en círculo a mitad del desierto, sin más apariencia de vida que el viento que pasa susurrando entre ellos. O "Los Cambuj", esos hombres vestidos con jubones negros y sombreros rojos, capas de seda y cubiertos los rostros con caretas, ladrones y asesinos, capaces de las peores atrocidades.

¿Qué poder misterioso puede orillar a una doncella virgen, núbil, a suicidarse sin más en cualquier noche cálida y estrellada, sin motivos aparentes o dignos de tal resolución?; porque las doncellas milesias lo hacen, una tras otra comienzan a suicidarse, casi en masa, las plañideras no se dan abasto ni les alcanzan los gritos y las lágrimas, para sufrir por tanta doncella muerta.

En "El gran turbal", los patos silvestres (o "señoritas de Pornichet”) y las pasiones humanas, confluyen perfectamente para desatar una tragedia, dura, descarnada, dolorosa, como todas las tragedias. Y hay más; diecisiete cuentos más para completar veintiuno, en esta recopilación esplendorosa de cuentos de Marcel Schwob.

Mi librito es de 1974, editado en Buenos Aires por Ediciones Librerías Fausto; para decir verdad, un libro delicioso. Bolaño tenía razón: hay que leer a Schwob.

Grandes cuentistas

El libro me lo encontré en un tianguis. Estaba ahí, entre otros más de la misma colección, y apareció cuando empecé a revolverlos para descubrir sus títulos. Encuadernado en pasta dura e imitación piel color verde, con letras doradas, en la portada se lee: LOS CLÁSICOS, y en el lomo, el título: “Grandes cuentistas” y la editorial: Grolier; sin embargo, al abrirlo, me encuentro con que es la XVI edición, impreso por Editorial Cumbre, México 1981. La selección de los cuentos y el estudio preliminar están hechos por Julio Torri, quien dividió los cuentos en dos grandes rubros: El cuento antiguo y el cuento moderno.

No voy a nombrar aquí los títulos de todos los cuentos que aparecen en el librito; pero sí que son 45 cuentos, pertenecientes a diversos países y en donde se encuentran nombres tan conocidos como: Luigi Pirandello, Antón Chéjov, Horacio Quiroga, Juan Valera, Edgar Allan Poe, Katherine Mansfield, Robert Louis Stevenson y otros. Éstos, dentro del cuento moderno.

El motivo real de la presente nota, pretende hablar de la primera parte del libro: el cuento antiguo, porque a pesar de las lecturas de cuentos realizadas a lo largo de tantos años, aún me puedo deslumbrar con la belleza, sencillez y agudeza de intenciones, de cuentos maravillosos, a veces apenas entrevistos en algún libro leído para alguna tarea escolar o intuidos en algún momento de lecturas pasajeras hechas al azar. Pero hoy es diferente, en el libro mencionado aparecen 13 colecciones de cuentos tomados por Torri de diversas fuentes literarias, de distintos libros, con seguridad amorosamente leídos, consultados, traducidos. Entonces, Torri, nos regala con su selección, la apertura de infinitas posibilidades de lectura y conocimiento, haciéndonos viajar con los cuentos elegidos, por diversas culturas y épocas, ofreciendo gotas de miel de textos antiguos que hacen que me hormigueen las manos, para poder leer los textos completos que menciona.

Del Lejano Oriente, elige un cuento del “Pachatantra”, la más antigua colección de cuentos indostánicos que se conserva y que es un manual de moral práctica. La versión que se nos ofrece, es una traducción directa del sánscrito, hecha por don José Alemany Bolufer (Biblioteca clásica, tomo CCXIX, Madrid, 1908).

De “Las Mil y Una Noches” (universalmente conocido), se nos cuenta la “Historia del maestro de escuela lisiado y con la boca hendida”, que corresponde al final de la noche 873 y comienzo de la 874. Las desventuras de este hombre de escuela, nos permite vislumbrar las ventajas de trabajar honestamente y no hacer como si trabajáramos; además de una sana crítica para todos aquellos que se imaginan tener una y mil enfermedades, creyendo ingenuamente en lo que la gente dice.

El “Novellino” o “Cento Novelle Antiche”, es una colección de 100 cuentos breves, de autor anónimo, escritos en Florencia a finales del siglo XIII. Son anécdotas tomadas de la vida de los santos, de la Biblia, de leyendas, redactadas en forma simple y concisa. El Decamerón, aún estaba por llegar. Aquí, disfrutamos la lectura de tres textos.

Juan Boccaccio, escribe el Decamerón, de 1348 a 1353; aunque es su obra más famosa y reconocida, él era también novelista, poeta y humanista; escribió muchas otras obras. Dos historias nos permiten apreciar la gracia que destilan estos cuentos.

Los Cuentos Populares de Francesco Sacchetti datan de antes de 1400 y se conservan 223 de ellos; pretenden ser una imitación del Decamerón y aunque están catalogados como faltos de valor artístico, tienen su interés en la sátira que hacen de la sociedad de su época. La novela IV que nos brinda Torri, en traducción de él mismo, es deliciosa.

El libro de los ejemplos del Conde Lucanor o Libro de Patronio, junto al Decamerón, tienen el honor de ser considerados los precursores de la prosa novelesca europea. El libro data de antes de 1348 y su autor es Don Juan Manuel. “De lo que aconteció a un raposo que se echó en la calle et se fizo muerto”. Y “De lo que acontescíó al Rey Abenabet de Sevilla, con Ramaiquía su mujer, son los cuentos que podemos leer en esta antología.

“El sobremesa y alivio de caminantes”, del valenciano Juan de Timoneda, data de 1563. Librero, poeta y autor dramático, Timoneda escribió otra colección de cuentos: “El Patrañuelo (1567). Ambos libros, son adaptaciones del italiano; pero es indudable que el toque del español, puede observarse y gozarse en todo su esplendor con historias como la siguiente:

En un banquete, estando el señor que lo hacía en la mesa, vido como uno de los convidados se escondió una cuchara de oro, y por el consiguiente él escondió otra. Viniendo por diversas veces a la mesa el guarda-plata por buscar las cucharas que le faltaban, dijo:

- Toma, descuidado, toma esta cuchara, que el señor Fulano te dará la otra, que no lo hacíamos sino por probarte.

 

Luis de Pinedo, es el autor de una colección de cuentos titulada: Liber facetiarum et similitudinum Ludovici de Pinedo et amicorum. Se supone escrita en los primeros años del reinado de Felipe II y cuenta anécdotas históricas de los dos reinados anteriores.

Vecino de Toledo, Melchior de Santa Cruz, publicó en 1574 su Floresta española de apotegmas y sentencias, sabia y graciosamente dichas. La colección estaba dedicada a Don Juan de Austria y escrita con el fin de recoger las sentencias y los dichos del ingenio nacional. Aparecen en el libro 4 breves relatos.

Los 600 apotegmas de Juan Rufo (cordobés), son de 1596. Aparecen en él, cuentos, anécdotas, chistes (hay una reedición de 1923, hecha por la Sociedad de Bibliófilos Españoles). De ella, leemos: El Harpa desafinada, La comida en público, Enamorar viudas y Un necio.

Los doce cuentos, de Juan Aragonés, aparecen publicados con el Sobremesa de Timoneda. Y se pueden localizar en el tomo III de la Biblioteca de autores españoles, Novelistas anteriores a Cervantes.

Finalmente he de mencionar Los Fabliaux, cuentos medievales de carácter humorístico y picaresco; pertenecen al final del siglo XIII e inicios del XIV, probablemente compuestas por trovadores anónimos. Existen alrededor de 150 y se popularizaron en Francia, en las regiones de Picardía y Champaña. Boccaccio, Chaucer y Lafontaine, se inspiraron en algunos de sus temas.

La sección del cuento antiguo, termina con El gato con botas (1697), de Charles Perrault, para cerrar con brillantez, la mitad de esta antología de cuentistas que desde ya, forma parte especial e importante de mi biblioteca casera.

Espero en breve, poder comentarles la segunda parte de este libro de grandes cuentistas, que me ha proporcionado tan gratas sorpresas. 

Cuentos y cuentistas: Stephen King

Hace muchos años, a la salida de la estación del metro Normal, en la Ciudad de México, encontré un puesto ambulante de libros, que me llamó la atención. Los libros estaban extendidos sobre un hule en el piso y se observaba claramente que eran de segunda mano, o tercera, o cuarta, pues algunos estaban bastante maltratados. Pregunté el costo de varios de ellos al hombre que los vendía y hube de reconocer que los precios eran muy razonables. Terminé comprando “Christine”, de Stephen King, movido por el hecho de que un par de meses atrás había visto la película, la cual con su automóvil poseído por un espíritu maligno, me había espantado no poco y puesto más o menos nervioso, y ahora encandilado también, por los 30 módicos pesos que el hombre me pidió por él (confieso que cuando de comprar libros se trata, casi nunca me duele gastar). En algún anaquel de mi casa, sigue rondando “Christine”, sin haber sido leído.

En cuanto a libros, el Tianguis del Chopo (junto a la ex estación de  ferrocarriles de Buenavista, en la colonia Guerrero) también guarda gratas sorpresas; ahí encontré mis primeros libros de Mishima: Nieve de primavera, Sed de amor; y de Bukowski: Cartero, Mujeres; así como infinidad de películas, discos de acetato, casettes y cd´s de rock en inglés y en español, la mayoría de los cuales aún conservo. Vender, comprar y cambiar discos, era una actividad sabatina muy agradable. Fue aquí también donde conseguí “Rabia”, de Stephen King. Su lectura me dejó un profundo sentimiento de angustia, de lo que un joven desequilibrado puede dañar a sus compañeros de clase, si se lo propone.

El caso de “Los ojos del dragón”, es diferente; me lo prestó un amigo y quedé fascinado con la historia, un cuento que podría parecer para niños, pero que no lo es. ¿Por qué las brujas malas, siempre tienen que ser tan malas? ¿No se cansarán de su eterno papel de malvadas?...Por supuesto que pienso en Maléfica y la madrastra de Blanca Nieves, multi promocionadas por las pelis de Disney. ¡Ah, y en la bruja mala del Oeste, del Mago de Oz, que en la peli de MGM, trae a mal traer a la pobre de Dorothy! En la novela de King no hay brujas, pero sí un brujo milenario, más ruin y perverso que todas las brujas de los cuentos juntas. Puedo asegurar que “Los ojos del dragón”, es una de las mejores novelas de King; la he comprado, prestado y perdido 2 veces, porque a quienes la presté, nunca me la regresaron (je, je, aquí debo decir que yo también he cometido algunas pequeñas felonías).

En casa también anda rodando “El retrato de Rose Madder”, adquirida en una feria del libro del Palacio de Minería por una irrisoria cantidad de dinero, tentación a la que no pude sustraerme. Una mujer maltratada por años e incapaz de poner remedio a su martirio...o eso pareciera.

No soy fan aferrado de Stephen King, ni puedo asegurar que sea un buen escritor; pero la originalidad de sus historias queda de manifiesto observando con detenimiento algunos de sus relatos, como los de “El umbral de la noche”, 20 cuentos que ya tienen los elementos básicos de su mundo fantástico y aterrador. Todo esto viene a cuento porque el pasado domingo he visto la película “Cat´s eye”, traducida al español con el horrible título de “El felino del diablo”, basada precisamente en 3 relatos de King, dos de los cuales aparecen en “El umbral...”: Basta S.A. y La cornisa; más un relato inédito en su momento: El General, donde el hermoso gato que aparece en la cinta, es el hilo conductor que le da unidad a las 3 historias que la conforman y no es ni parece un ser diabólico por ningún lado.

La cinta me ha parecido interesante y bien hecha (aunque no recuerde el nombre del director). En ella, aparece una bellísima Drew Barrymore, a la edad de 8 ó 9 años, que ya presagiaba a la hermosa actriz en que habría de convertirse más tarde

Si quieres dejar de fumar, acude a “Basta S.A” y ten la seguridad de que con sus métodos efectivos y únicos, lograrás dejar el cigarrillo definitivamente.

¿Tu mujer te engaña y tiene un amante? ¿O eres el amante de la mujer que engaña al marido? Hay un juego muy original que puede, si eres el marido, permitirte vengar la afrenta recibida. O si eres el amante, poder demostrar de lo que eres capaz, por conseguir y salvar a la mujer que amas.

Si crees en los gnomos o te gustan los gatos, tienes que conocer la última historia de la peli y disfrutar la belleza angelical de Drew, mientras duerme. No hay desperdicio en ninguna de las historias.

Contar historias no es nada fácil, ni escritas ni llevadas a la pantalla, Aquí se han conjuntado felizmente ambos medios, para crear una amalgama congruente y digna.

Quizás Stephen King, sea más novelista que cuentista; sin embargo ahí están los viejos cuentos de “El umbral de la noche”, para demostrar la capacidad narrativa de King, en el relato corto. 

Cuentos y cuentistas: Gabriel García Márquez

Cuando escribir se dificulta, hay muchos manidos recursos para paliar el problema. Esta vez no es falta de ideas, hay muchas vagando por aquí, por allá, por todos lados; bastaría estirar la mano para tomar una de las más interesantes y contarla, luego escribirla; pero como dice García Márquez, si la cuento, ya verán cómo cambia cuando la escriba. Por eso hoy no voy a contarles nada, aunque tengo muchas ganas.

Pero Gabriel José de la Concordia García Márquez, sí que sabe contar y escribir historias. Colombiano de nacimiento y cosmopolita por derecho propio, García Márquez a través de los años, nos ha regalado una serie de novelas y cuentos apasionantes, que nos descubren la realidad mágica de una imaginación fecunda dotada de un don especial, para hacer de una anécdota casual, una historia inigualable.

Son de sobra conocidas sus novelas clásicas: Cien años de Soledad, Crónica de una muerte anunciada. El amor en tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba y otras; sin embargo, es en sus cuentos donde más claramente pueden verse las dotes narrativas del autor de La Hojarasca. Los cuentos de García Márquez son fascinantes; nos cuenta con simpleza como un ladrón sabatino es capaz de enamorar en unas horas a una mujer casada y guapa (Ladrón de sábado), o cómo una aprehensión momentánea de una mujer, puede germinar en un rumor tumultuoso y acabar con la paz cotidiana y la tranquilidad de todo un pueblo, en un solo día (Algo muy grave va a suceder en este pueblo). La obra cuentística de Márquez, abarca un amplio panorama temático, desde historias pueblerinas llenas de miseria y deseos,  hasta anécdotas amorosas a bordo de un avión, junto a una bella e inaccesible mujer (El avión de la bella durmiente), amén de historias obsesionantes y dolorosas, donde los demonios internos o los sentimientos amorosos, no nos salvan de nada y podemos caer desde alturas prodigiosas y despanzurrarnos totalmente.

Hay muchos cuentos de García Márquez para comentar, que tienen los merecimientos suficientes para figurar entre los grandes cuentos de la literatura: El rastro de tu sangre en la nieve, La prodigiosa tarde de Baltasar, El verano feliz de la señora Forbes, Un día después del sábado, En este pueblo no hay ladrones (“con lo que me gusta jugar al billar y en este pinche pueblo ya ni eso podemos hacer”); aunque la mención de estos pocos, puede servir para depertar la curiosidad y la pasión por los cuentos de García Márquez.

Creo haber leído en algún lado, la pasión del nobel colombiano, por Benny Moré; así pues, ello no me disgusta para nada. Así que...¡Venga Benny, venga García Márquez! 

Cuentos y cuentistas: Giovanni Papini

Los primeros cuentos de Giovanni Papini cayeron en mis manos antes de cumplir los 17. Poco después, mi mejor amigo, tuvo el tino de regalarme la edición popular de Plaza y Janés, en pasta dura, donde aparecía el rostro de un Papini ya mayor, en un fondo encarnado con letras blancas, que rezaban: “Palabras y Sangre”. Era un librito de poco más de 150 páginas; corría el año de 1974.

Ya conocía Gog y sabía de la existencia del Libro Negro y El Diablo, pero la experiencia de leer los cuentos de “Palabras y Sangre”, puedo asegurar que fue como un despertar. La precisión de la palabra, de los conceptos vertidos, de la originalidad desarrollada, del desencanto compartido, de la filosofía de vida mostrada en cada cuento, los hacía únicos e irrepetibles.

La lectura de “La primera y la segunda” fue un golpe tan fuerte, que de inmediato quise escribir algo al respecto; ensayé un pequeño texto con mucho afán y poca experiencia, que finalmente quedó en nada. Pero la caja de sorpresas estaba abierta y las palomas, los conejos, las mascadas de colores y las serpentinas, empezaron a salir de uno en uno deslumbrándome: “El último deseo, El hombre de mi propiedad, El prisionero de sí mismo, Las almas cambiadas, Quien me ama muere. El hombre que se ha perdido a sí mismo”. Era un desfile grandioso de historias, donde la lucidez de pensamiento de Papini, su filosofía muy particular de las cosas, adquirida a través de una niñez llena de estrechez y lecturas asimiladas con fruición, y sus ideas de un agnosticismo manifiesto, se mezclaban perfectamente para darnos lo mejor de este hombre de polémicas preferencias religiosas y políticas.

Acusado de fascista, ateo, hipócrita y otras linduras más, Papini con su obra, fue demostrando que era mucho más que eso: un pensador brillante de su tiempo, provocador, insensato pero paradójicamente razonable. Un hombre polémico que escribió “El espejo que huye, Un estanque y dos imágenes, No quiero ser más el que soy” (los últimos 2 no pertenecen a Palabras y Sangre) e infinidad de historias más, redondas, rotundas.

Sin tomar en cuenta su antisemitismo y su probada simpatía hacia el fascismo, podemos establecer en buena parte la estatura literaria de Papini: un escritor de primera clase.

La pasión que siento por los cuentos de Papini y especialmente por los de Palabras y Sangre, es innegable; aunque como decía el mismo Papini: “En esta vida nada es absoluto, todo es relativo”. 



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