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JUGUETEOS

Lo esencial es invisible para los ojos, sólo se puede ver bien con el corazón. Antoine de Saint Exupery


Confianza

 -Tener ideas, me asusta. Imaginar, me asusta. Contar historias, me asusta; escribirlas, también. Las mujeres bonitas, me asustan. Mi propia vida, me asusta. Yo mismo, me asusto. ¿Qué soy, entonces? ¿Un loco, un remedo de hombre, un desadaptado, un monstruo?- dijo angustiado el escritor.

- No, amigo; usted es un neurótico. Confíe en mí, le aseguro que lo voy a curar- respondió el doctor Freud.

Venganza

 -¡Dispara esa pistola de una maldita vez!...Si buscas venganza por el beso que a la fuerza  le he robado a tu boca, meterme un tiro no remedia nada. Sin la tibieza de tu piel, sin el sabor de tus labios, sin una pizca de tu amor, hace mucho ya que estoy bien muerto. Muerto y enterrado.

Un chispazo

Entre la vigilia y el sueño, amodorrado, un hombre vislumbra a su mujer desnuda; ella está recostada de espaldas sobre el lecho conyugal, profundamente dormida. Él, puede observar a plenitud aquella desnudez que lo perturba y maravilla a la vez. Las piernas largas y bien torneadas que descansan mustias sobre la blanca sábana; las curvas suaves de la cintura y las caderas prodigiosas; la piel morena clara surcada de pequeños lunares luminosos que adornan el deseable cuerpo; el vello rizado y misterioso de su pubis tentador; la sorprendente redondez y belleza de los pequeños senos, rematados por las dos flores celestiales que son los pezones. En ese breve instante, el hombre, azorado, confuso por la imagen entrevista en aquel chispazo, percibe la repentina fuerza dolorosa de una incipiente erección y comprende, que realidad o ensueño, acaba de entrever con milagrosa claridad, la entrada de la gloria. 

Sabios consejos

 Un asesino se quejaba amargamente con otro:

- ¡Mis víctimas son un asco. Ninguna lucha por salvarse. Todas se dejan matar dócilmente como borregos. Mi cuchillo chorrea siempre su asquerosa sangre pegajosa!

El otro lo escuchaba atento y le dijo al oído:

- Te voy a dar un par de consejos para que lo hagas más emocionante. Escúchame.

 

A partir del día siguiente, el primer asesino puso en práctica los sabios consejos del segundo; antes de matar a sus víctimas, les daba opciones a escoger:

- Reza o grita todo lo que quieras; quizás tengas la suerte de que lleguen a salvarte, antes que mi cuchillo te corte la garganta. O si lo prefieres, ten -, y les tiraba a los pies un arma similar a la suya - defiéndete y veamos quién es mejor carnicero.

Tengo que consignar que la emoción de este jueguito le duró poco, porque todas las víctimas tratadas así, terminaban  muertas bajo el filo temible de su facón.

El asesino, finalmente aburrido de matar, se convirtió en predicador. 

Noche aciaga

 Medianoche. Camino por una calle solitaria, oscura. El alumbrado es infame. Veo venir al hombre: un saco de huesos. “¿Tienes fuego?”, me pregunta cigarrillo en mano. “No tengo, no fumo”…”No acepto un no por respuesta. Guárdame esto”. Saca de entre sus ropas un puñal enorme. Lo hunde en mi vientre. Soy hombre muerto. El fulano se desvanece en el aire. Palpo el lugar de la herida: no hay sangre, ni herida, ni nada. Me quedo temblando.



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