Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a witchink            7 libros en su biblioteca
     0 valoraciones      15 posts en su blog      Es lector de 2 grupos

witchink

Tu lóbulo frontal no funciona correctamente ¿Y quien dice eso? el Dr.Kawashima Image and video hosting by TinyPic


Trizier cap 3 :Dorian

Fui al baño y me senté en el suelo frío de este y entonces fue cuando empecé a llorar en serio.
Escuché en la habitación de Aya su voz y la de su amigo.
-¿Qué has hecho Dorian?-preguntó Aya iracunda.
-Yo no he hecho nada, solo la he dicho lo que necesitaba escuchar.
-Escúchame bien, acaba de perder a sus padres y no es plan que tu le digas una de tus frases de borde. Compórtate como sabes.
-Ella acaba de perder a sus padres, yo los perdía cuando nací.
-Pero no tiene nada que ver, tu no los conociste y nunca sentiste lo que era tener un padre y una madre, sin embargo ella sí.-respondió Aya.- ¡Rose, sal de ahí te vas a congelar!-dijo mientras golpeaba la puerta.
Me levanté y me miré en el espejo, abrí el grifo y esperé a que el agua se calentase, introduje las manos y me lavé la cara.
Salí por la habitación de Aya que era donde ellos estaban.
-Tranquilízate mujer.-me aconsejo Aya.
-Dorian, puede que tu no tuvieses padres siendo tan solo un bebe pero lo que tú no sabes es como se siente una cuando la despiertan a las tantas de la noche y la dicen que tiene que correr con su hermana y lo peor de todo cuando escuchas los tiros que acabaran con lo que antes era tu familia. Tu nunca sabrás que es eso y sabes me alegro por ti.-y después de haberle dicho mi discurso salí con rapidez de la habitación de Aya.
La mesa ya estaba puesta y Taro nos estaba llamando para que nos sentásemos.
-Hoy cenaremos puré de patatas con carne.-informó el japonés mientras se sentaba en su sitio.
Dan entró con toda la comida, un cuenco de puré de patatas y una fuente con filetes.
-Son filetes muy pequeños, os pongo dos.-señalo el hombre.
Yo me senté donde Elise me ordenó, ella mientas despertó a mi hermana con su cantarina voz.
-¿Qué tal has dormido?-la pregunté mientras ella se sentaba a mi lado.
-Muy bien ¿Sabes? Darrell me ha contado una historia muy bonita pero muy triste.
-¿A sí? ¿Cuál te ha contado?-la pregunte yo mostrando todo el interés del mundo.
-Me ha contado la historia de Romeo y Julieta, era muy bonita pero al final se mueren.
Darrell chistó.
-¡chist! Iris los finales de los libros no se cuentan.-dijo el hombre.
Iris se llevó las manos a la boca y se empezó reír mientras pedía disculpas.
Todos nos sentamos al fin, yo tenía en frente a Aya y mi hermana a Dorian.
-Está muy bueno Dan.-felicitó Taro.- algún día os preparare uno de mis platos típicos.
-Y nosotros los comeremos con mucho gusto.-señalo Elise.
-¿Cómo te llamas?-preguntó Iris a Dorian.
El chico no tuvo reparos en responder.
-Me llamo Dorian ¿Y tú?-me quedé sorprendida, conmigo era frío e irritante pero con Iris era cuidadoso y amable.
-Yo me llamo Iris y esta es mi hermana Rose.
-Iris no hace falta que me presentes, el ya me conoce.-Iris miró a Elise a ella ya la conocía.
-¿Y tú?-pregunto refiriéndose a Aya.
-Yo me llamó Aya pequeñaja.- respondió con alegría.
-¿y cómo se llama tu osito?-preguntó Dorian al ver que Iris no se desprendía del peluche.
-Se llama Bruno.-yo me empecé a reír, era un nombre muy ingenioso y gracioso.
-¡no te rías, Bruno se va a enfadar!-dijo Iris ofendida.
-Perdona hermanita pero es que es un nombre muy curioso. ¿Le puedo pedir perdón a Bruno?-Iris asintió.-Perdona Bruno.
-Ahora dale un beso y un abrazo.-me ordenó.
-Pero tengo los labios llenos de puré, lo manchare si lo beso.
-Pues abrázale.-entonces le di un pequeño abrazo al oso delante de todos, Aya empezó a reírse y yo la di una patada por debajo de la mesa.
-¡Auuu!-gimoteó ella.
Todos se rieron y por primera vez, después de la muerte de mis padres sentí que aquella gente ya era mi familia.
Cuando la cena acabó cada uno hizo lo que quiso, yo me fui a dormí con mi hermana, ambas nos desvestimos y nos pusimos un nuevo pijama. Compartimos cama y también osito.
Cuando los rayos del sol entraban por la ventana mi hermana se despertó sin embargo yo no me desperté. La cama era toda mía pero alguien puso una música que nunca había escuchado, resultaba incomoda asique me levante yo también y fui al salón.
Darrell estaba sentado y disfrutaba con aquella música que yo maldecía por haberme despertado.
-¿Qué es eso?-pregunté sin saber que era lo que estaba sonando.
-Esto es opera y en concreto es Aida de Verdi.-me enseñó Darrell.
-¿Opera? Pues que voz tan rara tienen los que cantan.
-Esto es arte Rose, esto es puro arte.
Volví a mi cuarto iba a ducharme, cogí ropa nueva del armario y me dirigí a las duchas. Me di cuenta que aquella noche no había llorado pero que no llorase no significa que el dolor de haber perdido a mis padres se hubiese ido.
El agua estaba templada una ducha era lo que mejor me sentaría, me quede debajo del agua durante un buen rato y disfruté cuando el agua recorría mi espalda, era una sensación de cosquillas.
-¡Buenos días!-exclamó Aya que había entrado en el baño.- ¿Has desayunado?
-No aun no ¿te importa esperarme?-la pregunté.
-No para nada.-me respondió.
-¡Pásame la toalla por favor!-Aya me lanzó una toalla por encima de los pales de cristal y yo la cogía al vuelo.-gracias.-y escuché como la puerta se cerraba.
Salí de la ducha y me vestí con calma. Al cabo de un momento estaba lista para ir a la cocina.
Había muy poca gente en la cocina tan solo estábamos Aya, Dorian y yo, mi hermana estaba con Darrell aprendiendo cosas nuevas.
-¿Dónde están los demás?-acababa de entrar en la cocina y Dorian me miró pero no me respondió.
-Dan salió, tenía que hacer unas cosas, Elise está entrenando con Taro.
-¿Entrenando?-pregunte.
-Si de hecho me dijo Dan que te avisase que deberías de entrenar un poco. Veras como siempre corremos peligro debemos de saber artes marciales. Taro es un experto y Elise es un genio en el dominio de la pistola.
-Vaya…pues yo no tengo ni idea de ninguna de esas cosas, soy ágil corriendo y esquivando pero no sé nada de artes marciales.
-Tranquila nosotros te ayudaremos.-Aya me ofreció su ayuda encantada pero Dorian ni se inmutó.-desayuna y sube arriba. Te esperamos.
Me dejaron sola.
Preparé mi desayuno con rapidez y al cabo de un rato ya estaba lista para ir a entrenar.
Volvía subir las escaleras y me encontré la misma escena de ayer, sin embargo Dorian llevaba una camiseta grisácea rota por las mangas, el chico iba enseñando sus brazos robustos como su torso. Dorian tenía un porte alto y era un chico fibroso, era delgado y sus rasgos eran suaves aunque mostraban su tremenda fuerza. Vi que Taro y Elise estaban practicando, ambos peleaban y Elise se movía con movimientos increíbles y flexibles aunque Taro mostraba su maestría con increíbles saltos y patadas.
-Bueno… ¿Qué es lo que tengo que hacer?
-Veras Rose, Dorian es más experimentado que yo así que vas a pelear con el.- el chico estaba de espaldas a mí, se dio la vuelta y me lanzó uno de los palos como el que el usaba, yo lo cogí con las dos manos.
-¡En guardia!-exclamó.
El empezó a dar vueltas alrededor mío, yo estaba quieta pero seguía sus movimientos en todo momento. Dorian se fue acercando poco a poco a mí y entonces fue a dar la primera estocada, yo la paré aunque reconozco que me costó verla, así fue como siguió, fue dando estocadas que yo paraba muy a regañadientes, pero entonces el chico fue más deprisa y no solo eso, cambiaba varias veces de posición pero cuando me quise dar cuenta note como algo golpeaba mi trasero, y eso hizo que yo me enfadase mucho.
-¡Pero tú eres imbécil!-exclamé desafiante y con mucha rabia.
Dorian siguió en guardia el me sonreía pícaro, me había enfadado y eso era lo que quería, asique yo empecé a atacarle con ira tanto que nuestros palos chocaron y el clavo su curiosa mirada en la mía.
-¡Te vas a enterar!-pero cuando dije eso volvió a hacer lo del día interior, dio uno de sus saltos y cuando el chico estuvo detrás de mí agarró el palo con las dos manos y me lo colocó en el cuello atrayéndome hacía el.
-He ganado.-me dijo al oído.
-La próxima vez ya lo veremos Dorian.-respondí yo.
-¿Próxima vez?-dijo mientras me soltaba.-Me lo estaba pasando muy bien ¿Seguimos entrenando?
-No, no quiero.-me marché tirando el estúpido palo al suelo, detrás de mi iba Aya.
-No aguanto a tu amiguito Aya ¿Es siempre así?-la pregunté harta de su comportamiento conmigo.
-No siempre, es cierto que se ha pasado bastante.-dijo dándome la razón.- ¿Qué te parece si para olvidarlo salimos a dar una vuelta por el centro de la ciudad?
-¿lo dices en serio?-pregunté sorprendida porque por fin iba a salir.
-Sí, te enseñare todos los lugares de la ciudad de los humanos.
Dorian también bajó las escaleras y se apoyó en Aya.
-Permitidme apuntarme.- A mi no me hizo mucha gracia que aquel cretino nos
Acompañase pero también era amigo de Aya además yo quería salir.-esperadme.
El entró en la tercera puerta de la izquierda que supuse que sería su habitación.
Nos sentamos en el sofá. Mi hermana estaba jugando con su oso en el suelo.
-¿A dónde vas Rose?-me preguntó levantándose y apoyándose en mis rodillas.
-Voy a salir con Aya y con Dorian, pero tú te quedas aquí ¿vale?
-Vaaale.-dijo con tono cansino.
-Tranquila que otro día salimos pero es que hoy voy a ir a ver la ciudad con mis amigos.
-Rose no hay problema por que venga, a mi no me molesta y a Dorian creo que tampoco.
-¿seguro Aya? Es que a veces se pone muy pesada y no quiero que os moleste.
-¿Molestar? ¿Que este sol molesta?-dijo Aya refiriéndose a mi hermana con cariño.
-Bueno pues esperadme que voy a vestirla.- proseguí mientras agarraba a mi hermana y la llevaba a la habitación. Me encontré con Dorian, se había duchado y cambiado de ropa ahora llevaba unos vaqueros algo caídos y una sudadera negra y blanca.
-Quiero un vestido.-ordenó mi hermana.
-Primero espera a que encuentre uno.-la dije yo mientras rebuscaba en el armario.-No hay, pero hay unos pantalones granate muy bonitos.-Los saqué mi hermana dio su aprobación, se lo puso con jersey beige y con sus inconfundibles botas de agua que tanto quería.
-¡Qué guapa!-exclamé yo con entusiasmo.-Te tienes que portar bien porque si no te subo a casa.-Iris asintió a mi orden con un movimiento de cabeza.
Aya se levantó y Dorian se puso recto.
-Ya estamos listas.-señale yo.
Aya le dio la mano a Iris y esta la aceptó. Bajamos las escaleras y Dorian mientras abrió el portón de la casa que a veces se atrancaba. Aquel paisaje lo recordaba de ayer sin embargo mi amiga y el cretino me llevarían a otra parte donde habría más gente.
-Te va a encantar.-reconoció Aya mientras jugueteaba con Iris.
Dorian me miró durante un momento yo lo contemple por el rabillo del ojo.
Recorrimos unas calles hasta que llegamos a una enorme, había un montón de gente, nunca había visto tanta gente junta.
-Cuantas personas.-dije sorprendida. La gente que me había escuchado me miraba raro por el comentario y es que era cierto, yo nunca había visto tanta gente y escuchado tantos sonidos, incluso estaba asustada.
-Ves esa acera anchísima de color negro.-señalo Aya.-pues eso era una carretera y por ahí pasaban los coches voladores.
-¿Voladores como un pájaro?-preguntó Iris.
-Si como un halcón.-le respondió Dorian que cada vez que hablaba con mi hermana perdía la frialdad.
-Qué bonito.-musitó la pequeñaja.
-Rose, hay un montón de puestos ¿Quieres verlos?
-Vale.-respondí a Aya.
-¡Mira Iris! Es un puesto de chucherías.-Iris miró extrañada a Aya.
-¿Qué son las chucherías?-mi amiga se quedó con los ojos como platos.
-Rose voy a ver con tu hermana el puesto de chuches, si quieres quédate aquí.-yo asentí y me quedé con Dorian. El y yo pasábamos el uno del otro hasta que mis ojos se clavaron en dos especies de robots, uno de ellos tenía la constitución de una mujer, en las espaldas llevaban puesto una especie de código .Me asusté y Dorian pareció asustarse más.
-no puede ser.-musitó Dorian mostrando su sorpresa.
-¿Qué ocurre?-pregunte con pánico en el cuerpo.
-Ocurre que a ti no te conocen.
-¿Cómo van a saber que no soy de aquí?
-Son robomeet, llevan un chip que hace que ellos identifiquen a todas las personas, así es como los trizier nos controlan.
Los robots se estaban acercando hacía donde nosotros estábamos entonces Dorian en un ataque de intentar evitar preguntas de aquellos seres me empujo contrala pared y me beso. No sentí nada y el tampoco, gracias a eso pudimos evitar la mirada de aquellos robots que por cierto se marcharon de donde nosotros estábamos pero lo que no pudimos evitar fue que cuando Aya y Iris salieron. Iris comenzó a decir.
-¡Sois novios!
-¡No Iris no somos novios!-contesté enfadad por lo que Dorian había hecho.
-Pues lo parecía.-dijo Aya con una ceja levantada y con los brazos cruzados.
-Había unos robomeet, tenía que evitar que la viesen.-explicó Dorian, pero yo le interrumpí.
-Te odio, no hacía falta hacer eso.-dije con un cabreo monumental. Entonces le di una bofetada, agarré a mi hermana y me fui.
-¿Por qué has hecho eso?-preguntó Iris ya que ella había visto el beso y la bofetada.
-Porque sí. Lo que ha hecho no está bien.
-Pero te ha besado porque está enamorado.-entonces me paré en seco y me agache para hablar a mi hermana.-como Romeo
-Escucha pequeña, que un chico bese a una chica no significa que está enamorado es más a veces no significa nada.
-Pues a mí me ha parecido muy bonito.-entonces tiré más de mi hermana hasta que por fin llegamos a la casa. Abrí el portón mientras mi hermana miraba hacía todos los lados desiertos de la calle.
Cuando entramos comprobamos que Darrell escuchaba aun su ópera y ni siquiera se preocupó si su sobrina estaba bien.
-¡Bruno!-exclamó mi hermana al ver su osito sobre el sillón, sin embargo yo la dejé con su peluche y con la música y subí a la planta de arriba, volví a subir esas escaleras de caracol frías y cuando llegué a la azotea me senté en el suelo y me volvía cubrir la cara con mis manos como cuando llore en el barco alquilado de Dan y entonces empecé a llorar y no lo hacía por lo ocurrido hacía unos minutos si no que lo hacía por mí ,por lo que me tocaría pasar , sabía que no estaba sola que aunque hubiese un cretino que a veces me amargaba había gente que se preocupaban por mí y por mi hermana y eso lo agradecía con todo mi ser. Elevé la cabeza hacía el cielo, unos nubarrones se estaban juntado y apenas dejaban paso a la luz del sol. Centré mi mirada en un punto del cielo oscuro y grisáceo, entonces empezó a tronar y un enorme relámpago cayó sacudiendo a la tierra yo me asuste tanto que salí corriendo porque detrás de mí se escuchaban como una tormenta había comenzado, la lluvia caía con fuerza sacudiendo mi cuerpo. Yo bajaba las escaleras y aun así la lluvia aun me mojaba.
 

Trizier cap3: Una nueva famila

 

-Me gusta este sitio. —me dijo mi hermana con aquel tono dulce e inocente que todos teníamos con siete años.
Dan sujetó la puerta hasta que nosotras pasamos. Me adentré hasta el medio del pasillo y espere a que Dan cerrase la puerta. Aquella casa me daba una sensación extraña, el papel de las paredes estaba rasgado, la mayoría de los espejos rotos por las esquinas pero aun no lo había visto todo. Dan me guió hacía unas escaleras por las que ambos subimos, la alfombra roja estaba desgastada y tenía algunos girones pero no le di importancia. Iris me agarró la mano con fuerza, aquella niña sentía mi miedo.
-No va a pasarnos nada.-dijo intentando calmarme, sin embargo eso me hirió porque yo era la hermana mayor, yo era la que debía de cuidar de Iris.
-Lo sé.
Ante mi se abría un inmenso comedor con muebles antiguos y descuidados, incluso había un diván de tela también desgastada.
-Sé lo que piensas. No es demasiado pero las habitaciones están en muy buen estado.
Yo confíe en su palabra pero cuando me quise dar cuenta aquel salón era invadido por personas que vivían allí.
-Estos son los miembros de nuestra resistencia contra las injusticias que cometen los trizier.
Me di cuenta que Dan no nombró a los drisure.
Un hombre de piel morena se sentó en uno de los sofás, parecía ser mayor, estaba calvo pero a los lados aún le quedaban resto de pelo grisáceo por su edad, se colocó las gafas, eso le dio un aire intelectual y me miró.
-Buenos días.-saludó con un tono amable que yo agradecí.
-Hola.-conteste con timidez.
Escuché el ruido de una puerta y al cabo de un momento vi como un hombre de rasgos orientales salía, su tez era pálida, sus ojos rasgados y de un color oscuro y su cabello corto oscuro y con algún que otro remolino.
-Bien te presentare a los presentes.-me dijo Dan.-El es Taro, es japonés.-Taro hizo un leve movimiento de cabeza.-y el que está leyendo es Darrell.
-Un placer señorita.-dijo con exquisitos modales.- ¿Cómo os llamáis?
-Yo me llamo Iris.-contestó mi hermana con aquella sonrisa impecable.
-Yo soy Rose.-dije yo algo más seria.
Taro se acercó a Dan y lo apartó ligeramente de donde nosotras estábamos.
-Dan, tenemos que hablar de algo muy serio.
-Está bien pero antes espera. Rose ve al pasillo y entra en la tercera puerta a la derecha, esa será tu habitación y la de Iris.-yo asentí y fui con mi hermana pero ella se sentó con rapidez en el sofá.
-Bueno Iris. ¿Cuántos años tienes?-preguntó Darrell con una profunda amabilidad.
-Tengo seis años.-apuntó señalando con los dedos de la mano izquierda.
-¡Qué mayor!-espetó Darrell.- ¿Quieres que te lea un cuento?-yo me quedé mirando la escena el señor Darrell me miró.- ¿Quieres sentarte Rose?
-No, voy a mi nueva habitación pero muchas gracias señor Darrell.
-No me llames así por favor. Tutéame.
-Está bien… Darrell ¿No le importa quedarse con mi hermana?
-No, además nos lo pasaremos muy bien leyendo un cuento ¿Verdad Iris?
-Sí, nos lo pasaremos muy bien.-y cuando escuché aquella frase me fui derecha a mi nuevo cuarto.
Hice caso a las instrucciones de Dan y fui a la habitación que Dan me había dicho pero vi que solo había una cama. La habitación era sencilla, el papel de la pared estaba mejor cuidado y los muebles no eran como los del salón estos aun guardaban brillo y esplendor, había dos puertas, abrí una y vi que era el armario que tenía algo de ropa lo que pasa que no me atrevía a cogerla, luego abrí la otra, era el cuarto de baño, tenía dos lavabos y dos duchas, los azulejos de este eran azulados y las duchas estaban separadas por pales de cristal también azul. Contemplé que el baño tenía al otro lado una puerta así que decidí curiosear, la abrí con temor a que detrás de esa puerta hubiese alguien pero cuando la abrí vi una habitación parecida a la mía, sin embargo estaba más decorada y personalizada por la persona que vivía allí que por cierto deduje que sería una chica.
Volví a mi lugar y me senté en el borde de la cama, miré al suelo sin esperar nada, cerré los ojos pero me asusté al escuchar como alguien abría mi puerta.
-Perdona.-me asuste pero cuando mire a la mujer mi susto pareció marcharse.-No era mi intención entrar así.-dijo mientras agitaba su lisa melena rubia. Tenía una belleza nórdica, era esbelta su tez muy clara y tenía unos profundos ojos grises que atrapaban a cualquiera. Su manera de vestir recordaba a la de una mujer fatal, eran unos pantalones negros ajustados con botines de imponentes tacones, su camiseta era azul marina llevaba una manga francesa y se ceñía en el costado sin embargo su estilo y ella misma dejaba rastro de su gran elegancia.
-Me llamo Elise.
-Yo Rose.-volvía a presentarme.
-Ya lo sé, Dan me ha hablado de ti. Venía a decirte que la ropa del armario es tuya. Solo era eso y bueno comentarte que puedes hacer lo que quieras y que no te preocupes por tu hermana que nosotros cuidaremos de ella.-cerró la puerta y yo me dirigí al armario.
Saqué uno vaqueros rasgados por las rodillas y luego una camiseta blanca que se ceñía por debajo del pecho. En tan solo un momento estaba vestida, deje el pijama, mi chaqueta de lana verde y la gabardina de Dan encima de la cama y salí de la habitación con calma.
Me pare en cuanto vi que estaba en el pasillo y mire al fondo de este, había una escalera de caracol que me tenía en ascuas.
La barandilla estaba fría y cuando me planté delante de ellas una presencia de aire frío me invadió pero eso no me quitó las ganas de subir.
Fue extraño, las escaleras llevaban a una azotea que por lo que comprobé anteriormente fue un piso. Escuché como alguien voceaba un nombre.
-¡Estoy sorprendida Dorian!-exclamó una chica.
Seguí rodeando el lugar hasta que di con las dos personas que estaban allí.
Una muchacha del mismo tono de piel de Darrell animaba a su compañero, me gustaba como llevaba su pelo, todo trenzado en millares de trencitas. Ella no me había visto pero a quien yo no veía era a su compañero.
Note algo detrás de mí así que me gire con rapidez pero del susto que me llevé caí al suelo, un muchacho intentó abatirme con un palo de madera ,me asuste por el imponente salto que este había dado y la rapidez de sus movimientos, pero lo peor de todo fue cuando escuché aquella risa que hizo que la vergüenza enrojecieses mis mejillas.
-¿Sabes que es de mala educación espiar?-me dijo la chica entre risas. La miré directamente a sus ojos oscuros y profundos, estaba indignada.
Me levanté yo sola y la respondí.
-Soy nueva aquí y no pretendía espiar a nadie.-contesté de mal humor.
Miré a su amigo y me quedé sin habla, el chico iba sin camiseta y sus ojos azules como un cristal estaban clavados en mi, sin embargo el no se reía pero no me gustaba nada la mirada que me dirigía.
-Mi nombre es Aya.-dijo cuando paro de reírse pero con el mismo porte sereno.-y perdona que me riese tanto pero es que ha sido buenísimo.
-Disculpas aceptadas, yo soy Rose.-ya estaba harta de presentarme tanto.-tengo dieciséis años y acabó de llegar.
-¿y qué haces aquí?-preguntó Aya mientras se sentaba en el suelo.
-Mis padres han muerto.-dije manteniendo la entereza.- y Dan me trajo aquí junto con mi hermana.-musite con resentimiento.
-Lo siento… yo tampoco tengo padres.-dijo Aya para que me sintiese comprendida.-, la única familia que tengo es mi tío Darrell y los demás.
-Supongo que ahora también serán mi nueva familia.-concedí mientras me sentaba en el suelo.
-Me alegro de no ser la única chica de dieciséis años.-parecía que aquella chica y yo habíamos congeniados sin ningún problema pero aun así me seguía mostrando desconfiada con los demás.-Perdona a Dorian.-entonces me giré y comprobé que aquel muchacho seguía entrenado con aquel palo haciendo movimientos increíbles.
-¿Dorian? Es un nombre muy antiguo.-dije aportando un poco de mis conocimientos.-como la novela de Oscar Wilde, Dorian Grey.
-¿La has leído?-me preguntó Aya.
-Sí, pero hace mucho tiempo.
-A mi tío le gustan muchos los libros. Sabe muchas historias.-me aseguró Aya.
-Eso parece, mi hermana se ha quedado escuchando un cuento con tú tío.
-le encantan los niños, es un hombre muy familiar.
-he conocido a todos a Taro a Elise, Dan, a tu tío, a ti y a Dorian.
-bueno a Dorian le has conocido mas por el susto.
-Si es verdad.-asentí pensativa.
-¿Qué te parece este lugar? ¿Te gusta?-preguntó inquieta.
-La verdad es que este lugar me resulta extraño, yo estaba acostumbrada vivir entre montañas y no en una ciudad aunque está llena de vegetación. Y la verdad creo que me gusta.
-Sí, es un lugar muy raro pero le cogerás cariño con el tiempo. Además las plantas le dan un toque exótico y muy hermoso que hace que todo esto parezca irreal.
-Para mí ya lo es. Nunca me imagine que unos drisure vendrían a mi aldea a romper la paz, además mis padres tenían pensado escapar de allí y es que según me ha contado Dan estaban hartos, supongo que esperaban que sus hijas vivieran una vida mucho más abierta pero lo que no pensaron es que ellos no estarían.
-Sé cómo te sientes, yo también perdí a mi madre pero cuando tenía diez años, por suerte estaba mi tío Darrell, desde entonces él y los demás fueron mí única familia y los que me cuidaron.
-¿Qué fue de tu padre?-pregunté, era una pregunta bastante dura que nunca me hubiera atrevido a decir pero no pude resistirme.
-A mi padre lo mataron los trizier porque para ellos era una amenaza. Yo tenía cuatro años cuando eso ocurrió, fue un duro golpe para mi madre y para mí pero con cuatro años no sabes nada.-dijo.- Sentí pena pero luego el dolor desapareció.-Aya era muy fuerte su voz no temblequeo en ningún momento al contarme su terrible experiencia.
-Se a lo que te refieres, a mi hermana le pasa algo parecido pero sé que llora conmigo por las noches. Han pasado dos o tres días desde su muerte y me encuentro muy perdida.-cuando me callé vi que al lado de Aya estaba Dorian de pie con aquel porte tan elegante y frío, se acarició su media melena negra y se retiró un mechón juguetón de la cara.
-Aya, voy a bajo, está empezando a anochecer.-me gustó su voz, sonaba heladora contenía seriedad y madurez.
-Dorian no es maleducado, solo es un poco distante.-me explicó Aya ya que el chico ni me había pedido disculpas por lo ocurrido anteriormente.
-No te preocupes no me importa que no me haga caso.
-La mayoría de las veces es así con todo el mundo.
-Contigo no.-señale con una leve sonrisa.
-Somos amigos desde hace mucho, el me ha enseñado muchas cosas sobre este mundo que desconocía.-Aya me respondió rápidamente ya que conocía lo que estaba pensando.- Tiene diecisiete años pero parece conocer todo.-me explicó para que yo no me hiciese líos con su tipo de relación.
-¿Hay algún problema con que anochezca?-pregunté por lo que había dicho antes el extraño muchacho.
-Los trizier hacen redadas por las noches, no les gusta ver a humanos dando paseos por, no te mataran pero sospecharan de  ti  y si lo haces además te pueden fichar y eso es muy grave. Si quieres podemos bajar y ver que hacen los demás.
Ambas bajamos las escaleras de caracol y yo me volví a encontrar en aquel enorme pasillo.
-¿Qué hay de cena?-pregunté al sentir como mis tripas rugían.
-Pues no lo sé pero creo que Dan cocina así que seguro que hay algo rico.- respondió Aya mientras salíamos del impresionante pasillo.
Mi hermana se había quedado dormida en el sofá y Darrell le había echado una manta por encima para que no tuviese frío. Dorian se había sentado en el sofá y permaneció callado.
-Rose, siéntate que mientras voy a preparar la mesa.-me ordenó Aya mientras se marchaba hacía la cocina.
Yo me senté al lado de Dorian ya que el otro sofá lo tenía mi hermana para ella sola.
Me gustaría haberle hablado pero no me atrevía, más o menos había hablado un poco con todos menos con él.
-Dorian ¿Cuántos años tienes?-pregunté intentando sacar una conversación aunque ya sabía la respuesta.
-Diecisiete.-respondió sin preguntarme nada a mí.
Yo hice un leve gesto y me mordí el labio yo no le caía bien a Dorian. Veía injusta su conducta por poco me mata con un estúpido palo y ni si quiera me pidió disculpas.
-Dorian ¿Por qué intentaste abalanzarte sobre mi?-pregunté intentando que le volviera a la cabeza la imagen y que me pidiese disculpas.
-¿A qué esperas para echármelo en cara?-se encaró insinuante, parecía que tenía ganas de enfadarme.
-No te lo voy a echar en cara pero ni si quiera me has pedido perdón, supongo que debías de haberlo hecho.
-¿Por qué?-preguntó el sacándome más de quicio.- Tú estabas espiando y eso también es de mala educación ¿Quién debería pedir perdón primero?
Me crucé de brazos y le miré con odio.
-No pienso pedir perdón porque no estaba espiando a nadie.
-¡Por favor! Rose eres nueva aquí y tus padres acaban de morir, necesitas ver a la gente feliz y necesitas llenarte de sensaciones porque tu ahora solo tienes penas.
Yo me levanté y me llevé una mano a la boca, estaba llorando.
Fui derecha a mi cuarto y maldije a Dorian, puse en duda lo que Aya me había dicho. Dorian no era más que un imbécil y un creído.

La historia de Trizier la publiqué en un antiguo libro de arena pero no apareció entera ¬¬

Trizier, cap2: en tierra firme

 

El sol entraba por los ojos de buey del barco. Yo seguía con los ojos cerrados pues me dolían de tanto llorar.
-Rose… ¡mira!-Iris hizo que mis ojos se abriesen y miré lo que me quería enseñar, era un osito marrón de apariencia y tacto suave.
-¿De quién es eso?-pregunté mientras me incorporaba y me acariciaba mi cabello castaño.
-Me lo ha dado Dan.-al principio cuando me dijo el nombre del capitán no le recordé muy bien pero rápidamente recordé al hombre de la noche anterior.
-¿Le has dado las gracias?
-Sí, me ha dicho que me lo regala.
-Que amable. Iris voy a salir un poco a fuera despejarme y a comer algo.
Salí al exterior y contemplé el mar y sentí su brisa pero aquel inolvidable e idílico paisaje no me quitaba la pena de la perdida de mis padres. aunque intentaba mantener la mejor presencia delante de mi hermana a ratos quería derrumbarme y olvidarme del mundo y de esas criaturas. Pensé en mi nuevo hogar, América y hundí la cabeza en la chaqueta de lana, después de un rato fui a una parte del barco donde repartían la comida.
Comí sin ganas y sola hasta que alguien se presentó delante de mí, era Dan
-¿Cómo estas Rose?-me preguntó, aunque ya sabía mi respuesta.
-Cansada.-dije solamente.
-No te preocupes solo queda un día para llegar a tu destino, estos motores son muy potentes y veras que en menos de lo que esperas estaremos allí.
Yo asentí y vi como el hombre se marchaba, en aquellos días nadie sacó palabra de mí.
 
Habían pasado los días que me habían prometido para llegar a América y la llegada al puerto fue tranquila cosa que yo  no lo estaba.
Iris tenía agarrado el osito y no lo soltaba ni muerta. Aunque algunas veces me preguntaba si lo quería para dormir yo siempre la decía que no, que ella era mi osito ya que dormíamos siempre juntas.
El puerto no era un puerto ya que estaba todo improvisado pero sí que había grupos de gente.
-Nos están esperando.-me dijo Dan mientras miraba la llegada al lugar.
-Dan ¿Seguro que no hay drisure? –dije con angustia.
-Te lo prometo Rose. En esta zona no hay y tampoco trizier.
Yo trague saliva y recordé la memoria de mis padres mientras miraba como Iris parecía tenerlo todo olvidado.
Uno de los mozos colocó una rampa para que todos bajásemos, una mujer nos decía que lo hiciésemos deprisa. Iris se agarró a mí y yo agarre su manita. Dan bajó conmigo aunque yo no paraba de pensar que sería de ese viejo barco.
-¿Qué vas hacer con ese viejo barco?-pregunté mientras miraba a mi alrededor con desconfianza.
-Se lo van a llevar.-dijo señalando al mozo.-era alquilado.-rió por un momento.
Dirigí mis ojos verdes al paisaje, había ruinas de edificios que habían quedado fulminados por el amplio dominio de la naturaleza que se había adueñado del paisaje que anteriormente había sido urbano, había unos árboles enormes que resultaban curiosos por sus formas curvas.
-¿Te gusta?-me preguntó Dan
-Sí, aunque no hay nada como mi hogar.
-Nunca compares el hogar con un sitio nuevo, desde luego que el hogar es más hermoso pero debes de pensar que este sitio es tu nuevo hogar.
Mientras andábamos los tres me mire en el reflejo de un cristal, aun seguía con el pijama y nadie se había dado cuenta.
-Tranquila, ahora te daremos ropa nueva  pero toma esto si tienes vergüenza.-Dan me ofreció su chaquetón de cuero negro.
En muy poco tiempo aquel hombre me trataba como si fuese su hija, me fijé en sus rasgos fuertes y robustos en su pelo rubio y en sus grandes ojos azules como el mar que tanto había surcado.
-Dan ¿Tu tuviste un barco?-era un enigma que tenía desde que me dijo que aquel barco en el que íbamos era alquilado.
-No, yo no puedo tener un barco en propiedad, no soy un trizier y tampoco un drisure, además si lo tuviese ahora mismo estaría en una de sus cárceles.
-Entonces ¿Quién te ha dejado ese barco?
-Un drisure.-me quedé boquiabierta y por un momento pensé que aquel hombre me había traicionado y que detrás de esa carne humana se encontraba un drisure disfrazado.-Se que es extraño pero no todos los drisure son igual.
-Para mí sí. Ellos han matado a mis padres Dan
-Pero no fue el drisure del que yo te hablo.-aparté la mirada de Dan y miré a mi hermana que seguía jugueteando con el oso.
-Gracia por todo Dan, has sido muy amable con nosotras.-agradecí al hombre que prácticamente había salvado mi vida y la de Iris.
Dimos un pequeño paseo hasta que llegamos a un edificio que estaba como todos los demás llenos de vegetación.
-¿Aquí no hay drisure?
-No Rose y tampoco trizier, este lugar es la ciudad de los humanos.-concedió Dan firme.-deberían de preocuparte más los trizier.
-Esos son inofensivos.-dije sin saber.
-Estas muy equivocada, ellos son los que han ideado casi todos los planes de los drisure, no olvides eso nunca.
-Nunca he visto un trizier.-mascullé mientras veía como Dan abría la súper puerta del edificio.
-Mejor.-Dan hizo un poco de fuerza para empujar a la puerta y por fin la abrió.- estas casa son muy viejas aunque esto en el pasado fue uno de los barrios más lujosos.
Yo mire una vez más el lugar y vi que todo ese esplendor se había esfumado.
-¡Vamos Iris!—grité.



ofertas black friday | Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2017 © librodearena.com