LOOKING FOR PARADISE PARA MONTSE
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Quizá las revoluciones no existan, quizá sea absurdo intentar cambiar el mundo. Tal vez lo mejor sea esperar que el mundo no te cambie. Aún así quisiera iniciar una protesta contra aquello que nos aliena y a veces nos seduce. Ese mal tan conocido, que es la droga que nos mata y adormece. Sí, yo también he estado enganchado a ella y ahora todavía sigo con ciertas dosis de su veneno. Eso sí, cada vez consumo menos y eso me genera un gran bienestar. Es en los momentos de reposo, cuando no estoy consumido por ese mal, que mi vida es movimiento, no pasividad contemplativa, ni refugio de olvidados en cuartos oscuros o los chismorreos de los solitarios. Salgo, hablo, juego con las palabras, creo, sueño, estudio, PIENSO, SIENTO...y, lo que es más importante: ME SIENTO VIVO. Si alguna vez te sentiste arrollado por esta droga, únete, sólo necesitas un gesto. Con un simple dedo, apaga la tele. Si no, puedes cambiar de canal, bien es cierto que sólo la 2 ofrece documentales y bien es cierto que casi nadie los ve.
Puedes no hacerlo, yo no obligo a nadie. Puedes seguir viendo los realities de t5, los cotilleos de a3, Cuatro o de donde sean. Y seguirás pensando y diciendo, y quejándote, de todo lo que cobran ellos, de lo poco preparados que están, de lo poco que influye en tu vida que alguien tenga o deje de tener pareja, o si se ha acostado con tal o con cual, etc. Y mientras haces esto, también puedes preguntarte ¿Por qué el país ha caído en crisis? Y sí, puede que sea por la burbuja inmobiliaria. Que sea culpa del PP, del PSOE, del...poco importa ya. ELLOS nos mantienen alejados del pensamiento, sólo muestran la realidad que les interesa y la mentira que nos adormece. Nos entretienen y aboban, y seguimos aún así cayendo en esa miserable droga, y en otras. Total, cada cuatro años iremos a votarles, luego harán que nos enganchemos a algo y así hasta que todo reviente, hasta que el hambre nos consuma, el hombre no pueda más y, quién sabe, quizá una guerra civil, una guerra mundial o tal vez el fin del mundo. Ojo, no digo que no se vote, sólo digo que cada uno, quizá, tal vez, podría iniciar su pequeña revuelta (revolución). Mi droga era esta ¿Cuál es la tuya? ¿Cómo la combates? Sí, preguntaréis que a qué llamo droga. Supongo que es a todo lo que a uno le aliena y le hace ser más robot y menos humano, más una pieza menos una persona. ¿ALGUIEN SE UNE? (Ah, sí,el pc en extremo tb es droga. Al menos eso creo)
Aunque Julia nunca pudo ir a la escuela aprendió a leer y escribir gracias al sacrificio de sus padres, que dedicaban todos sus esfuerzos y el poco tiempo que les quedaba después del trabajo para educarla. La verdad es que no llevaba una vida como la de una chica de 14 años: ayudaba a su padre con el ganado, araba y cuidaba la tierra, quitando las malas hierbas, abonando la tierra, eliminando las plagas existentes, recogiendo los frutos cuando aparecían.., mientras su padre marchaba con un camión ha vender el esfuerzo de toda su familia por unos míseros euros. Además, Julia, desde pequeña había aprendido a ocuparse ella sola de labores hogareñas, pues pasaba casi todo el día sola en casa, su madre también trabajaba marchando a las casas de las vecinas del pueblo para hacer remiendos.
Fue también a esta temprana edad, la de 14 años, cuando conoció al que se convertiría en su futuro marido, un joven marinero llamado Juan, siete años mayor que ella. Con él aprendió que una mujer no necesitaba alas para volar, que el amor podía llevarte allá donde los sueños no alcanzaban. Ella era capaz de sumergirse en el océano de sus ojos azules durante horas. Le llegó a querer tanto que hasta pensó en marchar a la ciudad junto a él, alejarse de la vida campestre, a pesar del dolor que pudiera causar a sus padres.
Pasaron sólo dos años cuando ambos comenzaron a vivir juntos en una pequeña casa que en su día perteneció a la abuela de Juan, y que quedó en herencia tras su muerte. No tenían muchos lujos pero sí la voluntad y el amor suficiente para ser felices aún con su pobreza. Para ellos, la felicidad no era una cuestión de dinero.
El trabajo de Juan le llevaba a Julia a pasar muchas horas sola, aunque eso para ella no era un problema, se había acostumbrado desde pequeña a la soledad, sabiendo que no era mala cuando se aprendía a vivir y gozar con ella y, sobre todo, cuando permanecía la esperanza. Como su marido siempre regresaba a casa, nunca había problema. La espera era sólo una excusa que le servía a preparar el recibimiento y el tiempo con su presencia. Además, su marido siempre le dijo que, por mucho que se dijera que un marinero tenía una mujer en cada puerto, para él cada puerto le conducía a la misma mujer, a ella. Parecían estar completamente hechos el uno para el otro. Julia estaba segura del amor que sentía su marido hacia ella, no era únicamente un hombre de palabra, sino también de actos y sentimientos. Por eso, como siempre cumplía con su palabra, cuando Juan todavía no había regresado a casa, tres días después de lo que había indicado a Julia para su regreso, comenzó a ponerse nerviosa: Sin duda, algo le habría pasado. No era posible que Juan se retrasase tanto.
Recorrió los
- ¿Es qué no lo has visto en el telediario, mi xuliña?-le preguntó una vecina
- Pero como voy a verlo, Marisa, si no tengo tele.
- Pues han dicho que el Aurora Roja, parece que ha tenido problemas en su regreso.
- Pero, cómo ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué les ha pasado?
- Dicen que nada grave, que hay una pieza de la maquinaria que no funciona correctamente y, como tardarán mucho en traerla, lo mismo han de ir barcos de rescate a por la tripulación. Pero tú no te preocupes, Julia, que no pasa nada. Ya verás como pronto está tu marido aquí.
- ¿Dijeron algo en la tele de cuando vendrían?
- Pues no se sabe bien, quizá mañana o tal vez dentro de dos días. Pero tranquila, hija, que será pronto. Tú por eso no te pongas nerviosa.
Parece que, al escuchar a Marisa, Julia pudo marchar tranquila hacia su casa, dispuesta a prepararlo todo para cuando su marido regresase. Tomó mantas para abrigarse del frío de la noche, fue a por leña, pasó por la huerta de sus padres para tomar hortalizas y verduras para cocinar un buen plato para su marido, no fuera que se presentase en casa ese mismo día y no tuviera un suculento plato para él. Ninguna atención era poca para recibir a un hombre que ha estado trabajando en la mar y mucho más si éste era el hombre con el que siempre había soñado, aún cuando no sabía bien lo que era soñar, y que, como buen marinero, él era el agua que agitaba las olas de sus sentimientos.
Pasando tres días desde su visita al pueblo, Julia fue a la playa en busca del ansiado regreso que no llegaba. Se equipó con todo lo necesario para poder pasar el día allí, pues no deseaba otra cosa más que verle de nuevo, , abrazar sus cálidos músculos, acariciar sus labios, en un susurro perfecto de silencio, tan sólo derrumbado por las palabras “Te quiero”.
La mañana marchó con una incierta calma, los rayos solares conseguían que la esperanza de Julia se mantuviese viva. Sin embargo, por primera vez en todos estos años, el mar se presentaba como un profundo abismo desconocido. Poco a poco las horas detenían su calma inicial, invadiéndole un horrible miedo: “¿Le habrá pasado algo? ¡No, no, no puede ser¡ Quizá venga más tarde. El mar no es como una estación de cercanías, nunca fue un reloj fijo de tiempo”
Cuando la noche cercó de frío el cuerpo de Julia, el hielo de la desesperanza se fundía en sus huesos erizando el vello de su piel. Los nervios no sólo le hicieron no volver a casa ese día, sino que tampoco tomó ningún alimento. Así, con el estómago vacío, sin más hambre que el del encuentro, con el cuerpo cada vez más agotado, sin fuerzas, y un rostro con tonalidades grises, no tanto por la oscuridad propia de la noche, sino por la tristeza que le envolvía, decidió mirar al cielo y pedir ayuda a las estrellas. “Quizá el Dios del mar me ayude” – pensó “Él, con su ayuda y las estrellas como guía para los marineros, podrán todos volver sanos y salvos a sus casas”. Conforme pensaba en esto, se acercó a la orilla y, en un gesto casi clemente, arrodillada, mientras el agua rozaba sus frías piernas, lanzó su ruego: “¡Poseidón, Dios de las aguas! A ti que tanto nos ayudas en nuestro trabajo, permíteme aunque sea, un último deseo: déjame estar presente en el regreso de mi marido, déjame, por favor, estar aquí cuando venga ¿Acaso no ves, que mi dolor y mi angustia, no me permiten moverme de este sitio? Deja que siempre esté con él. A la mar fui en su despedida y a ella he venido a su encuentro.
Cuando terminó de hablar, sus ojos se clavaron en el mar, su azul profundo parecían sumergirle en un sueño cuando una fuerte ola le empapó el cuerpo, como si de una señal se tratase. Decidió entonces alejarse de la orilla y quitarse la ropa, llena de agua, mientras se esforzaba por secar su cuerpo con el frío y la pequeña ayuda de una manta. Así, de pie, con la mirada fija en el horizonte creyó percibir unas figuras a lo lejos: parecían dos barcos. Todavía, como estaban muy alejados, sólo se intuían dos sombras pequeñas en mitad de la noche, ya de por sí oscura, así que, Julia pensó que quizá no fuera nada más que una fantasía formulada por su deseo, algo creado por su imaginación o su deseo, por las terribles ganas que tenía de volver a ver a Juan. Sea como fuere, esa visión le dejó paralizada, sus manos, ya sin fuerzas, dejaron caer la manta que le tapaba, quedando desnuda ante las estrellas, formando entre sus pies un charco de agua.
Al día siguiente, dos barcos llegaron a la orilla. Cuando salieron sus ocupantes, portando unas pesadas cajas en las manos, se quedaron extrañados ante la figura rocosa que encontraron sobre la arena. “Es raro-pensaron, sólo hacía un mes que el barco había salido del puerto y ahora habían encontrado en medio de la playa una fuente:
- ¿Una fuente junto al mar? A saber quién ha tenido esta brillante idean que ya no hubiera aquí demasiada agua –comentó un marinero
- Quizá sea para que la gente pueda beber agua-dijo otro, mientras se acercaba y tomaba agua. ¡Bah, está asquerosa! Está tan salada que parece como si la hubiesen llenado con agua del propio mar. Bueno, será mejor que nos dejemos de historias y traigamos todos los cuerpos a la orilla y avisemos a los familiares.
- Dividámonos. Vosotros podéis buscar a Julia-dijo señalando a dos marineros, que vive aquí cerca mientras que otras dos o tres personas se acercan al pueblo a avisar al resto.
Transcurrieron no más de unas horas cuando la playa estaba rodeada de gente del pueblo que había ido a saber sobre lo sucedido, los familiares de los fallecidos, médicos forenses y policías. Aparecieron todos, salvo Julia, que fue buscada en su casa, en la de sus padres, en las calles que solía recorrer del pueblo, pero nada, parecía que se le había tragado la tierra. Fue la madre de Julia la que reconoció una de las mantas y la ropa de Julia sobre la arena y entonces buscaron cerca de la orilla, por si hubiese quedado dormida entre alguna roca, o lo que es peor, por si se hubiese ahogado mientras se bañaba. Sin embargo, en ningún momento llegaron a encontrar su cuerpo.
Llamaron entonces al alcalde de la ciudad. Alguien tendría que haber visto algo mientras hacían la estatua. Cuando el alcalde oyó lo de una nueva estatua y encima situada sobre la arena de una playa, se quedó estupefacto: ¿Cómo alguien podría haber hecho una obra así sin su permiso?-pensó. Por eso, hizo las comprobaciones pertinentes con tan sólo un par de llamadas. En un lugar así, podrían averiguarse muchas cosas con pocos movimientos. Comprobó que nadie había trabajado durante esos días y mucho menos en un proyecto así. Cuando el alcalde llegó a la playa explicó que desconocía por completo quién podría haber estado allí fabricando esa fuente.
Todos pensaron que un embrujo extraño les había invadido: primero la desgracia de las muertes y luego la extraña desaparición de Julia, junto con lo de la misteriosa estatua. No era posible, tendría que haber una explicación lógica para todo. Y, cuando creían que ya habían recibido demasiadas sorpresas ese día, un niño que andaba revoloteando por allí, junto a su madre, exclamó:
- ¡Pero si es Julia!
- ¿dónde, dónde? – preguntó la madre de Julia, muy nerviosa
- Ahí, ahí está ¿es que no os dais cuenta? La estatua, ella es la estatua.
Todos hubieran pensado que trataba de una broma de mal gusto del muchacho, de una chiquillada para llamar la atención, pero cuando miraron hacia la estatua, quedaron boquiabiertos ante el parecido, casi mimético, entre Julia y la mujer de roca. De hecho, si esta figura no hubiese sido de piedra, nadie hubiera hablado nunca de la desaparición.
Cuando transcurrieron las horas no encontraron a Julia, se creyó que lo mejor sería incinerar el cuerpo de Juan y echar las cenizas en la fuente misteriosa, para que siempre descansara, junto a esa imagen pétrea de Julia. De hecho, con el tiempo, muchos llegaron a pensar que si el agua de la fuente que probó el marinero era salada, no era porque se tratase de agua de mar, sino porque era el agua propia de las lágrimas de Julia. Se dice, incluso que, desde entonces, cuando una persona quiere algo con toda la fuerza de su corazón, se acerca a la fuente a pedir su deseo para que se cumpla.
EL CLUB DE LOS SOLITARIOS
Cuando Juan Carlos entró por primera vez en clase, su cabeza no dejaba de inclinarse hacia abajo motivada, no por la timidez que al principio puede causarnos cualquier comienzo sino por un leve estrabismo, un defecto congénito que le acomplejaba de tal modo que le impedía levantar la mirada del suelo. Muchas veces había recibido burlas de los niños, sin embargo esta vez mantenía una leve esperanza: “Tranquilo, hijo, ya verás como en esta ciudad todo será diferente. Empezaremos una nueva vida”-le decía su padre. Pero Juan Carlos ya había escuchado en más de una ocasión esas palabras por parte de su padre, un famoso arquitecto que viajaba constantemente para llevar a cabo sus proyectos, sin embargo, siempre era lo mismo: distintas calles, ciudades, personas…pero la misma gente.
Por más esfuerzos que hizo para ocultar su ojo malo con un enorme flequillo, no pudo evitar que su gran secreto fuera descubierto quizá porque, si la verdad es difícil de tapar a un adulto, mucho más complicado es ocultarla a los ojos de un niño, aunque ni siquiera sepan muchas veces reconocerla (¿Acaso sabemos los adultos?). Así pues, poco tiempo transcurrió para que Juan Carlos dejara de ser Juan Carlos, y pasara a ser “el bizco” (la crueldad inocente de un niño sólo es comparable a la maldad consciente de un adulto). Este apodo no sólo le dotó de una fama poco recomendable para un lugar propicio a la violencia casual, sino un abandono total y absoluto por parte de sus compañeros temerosos de las posibles reacciones de los matones de clase. Juan se vio fuera de casa del mismo modo que dentro: solo, sin nadie con quien compartir los juegos y aventuras propias de un niño. De ese modo, para él dejaron de existir las canicas, el fútbol o el baloncesto, que fueron sustituidos por las historietas del cómic de El capitán trueno, descubiertas en una de sus escapadas busca tesoros por los abandonados cajones del escritorio de su padre. La fantasía de esas historietas le permitía soñar como cualquier niño: siendo el héroe de una gran aventura.
Curiosamente, cuando Juan Carlos ya se había acostumbrado a su inerte compañía, recibió una visita inesperada en el recreo, Laura, una joven que estudiaba justo en la clase de al lado y que, por su cojera, también recibía constantemente las críticas de sus compañeros y pasaba a solas los tiempos de descanso.
Esta unión de ambas soledades contribuyó a un incipiente aumento de las guasas. Ahora, al igual que Laurel y Hardy, la nueva pareja motivó la risa de los matones de clase. El bizco y la coja se transformaron, muy a pesar suyo, en novios, sin saber todavía muy bien lo que significaba esta palabra, sin haber luchado siquiera por ese tímido beso que se dan los primeros amantes. Para ellos, como para todos los niños, un beso era algo asqueroso que no sabían ni podían comprender porque gustaba a los mayores.
No pasó demasiado tiempo para que Juan y Laura fueran inseparables y buscaran la forma de escapar de las rebeldes acometidas de los muchachos de la escuela.
- Podríamos crear un mundo sólo para nosotros. Nadie nos molestaría. Un mundo de fantasía donde tú podrías ser un gran caballero, con armadura y todo, y yo una princesa. No sé, Juan, podríamos ser lo que nunca hemos sido.
- Sí, claro, Laura, para que nos tomen por locos. Pues sólo nos faltaba eso. Ni que no tuviéramos bastante ya.
- ¿Y si imitamos a los héroes de las pelis o de los cómics?
- ¿Acaso has visto alguna vez un héroe bizco o cojo? Ninguno es así. Todos son normales.
- Nosotros también, Juan, que no nos parezcamos al resto no quiere decir nada. Sólo que somos diferentes y a la gente no le suele gustar lo diferente. Les da miedo.
- Ojala Laura, si les diésemos miedo, como tú dices, no se meterían con nosotros.
- Entonces ¿Qué hacemos? ¿O no hacemos nada?
- Creo que no podemos hacer nada, simplemente. Tenemos que seguir como estamos. En fin, Laura, ya pensaremos en algo.
Pasaron varias semanas y ninguno había conseguido encontrar una manera de solucionar sus problemas. Mientras tanto les tocaba aguantar día tras día las sornas: mirada distraída, pata de palo, el ciego y su perro…eran algunas de las perlas que les dedicaban en la escuela.
- Ya estoy harto, Laura, no puedo más. El próximo día que me insulten me lanzaré a por ellos.
- Pero ¿Qué dices? Luego me decías a mí de la locura pero anda que tú ¿es que no los has visto Juan? Son tres, los dos de tu clase y el chico de la mía, y los tres son mucho más grandes y fuertes que tú. No podrás hacer nada.
- Me da lo mismo, aunque me den una paliza. No podemos seguir así.
- No sólo no terminarás con sus burlas sino que las cosas se pondrán peor. Te pegarán una paliza y lo único que conseguirás serán moratones.
- Pero al menos así le mostraremos que no tenemos miedo.
- Como tú veas, Juan, pero yo lo veo como arrojarse al vacío. Tú tenías razón, no somos como los personajes de tus cómics. No somos héroes.
Al día siguiente Juan se levantó muy cansado. No había podido dormir en toda la noche imaginando una y otra vez su enfrentamiento con los matones del colegio. Se vio una y otra vez defendiéndose de sus golpes, propinando otros, incluso a veces llegó a verse como un superhéroe, lanzando con sus puños haces de luz, capaz de tumbar al más fuerte de sus rivales.
Marchó a clase repitiéndose una y otra vez: “Hoy es el día. No podrán conmigo”-mientras se mordía incesantemente las uñas de las manos y caminaba indeciso, con las piernas temblorosas y más pesadas de lo habitual.
Cuando comenzaron las clases no pudo concentrarse, un frío sudor recorría con frecuencia su frente al mismo tiempo que miraba como pasaban con lentitud los minutos de su reloj. Desde su mesa miraba hacia atrás, donde dos de los matones, Rubén y Sergio, le miraban con una sonrisilla sarcástica, como si supieran de antemano las intenciones de Juan. “ Oh, no, me matarán. Y todavía queda Luis, el de la clase de Laura. Dios ¿por qué seré tan bocazas? No le tendría que haber dicho nada a Laura. Me van a matar. ¡No, no¡ no puedo hacerlo. Hoy no, no estoy preparado. Mejor dejarlo. Sí, mejor otro día, otro día”-pensaba Juan justo cuando la profesora se dirigió hacia él para preguntar acerca del ejercicio que había escrito en la pizarra:
- ¡Juan, Juan¡ La respuesta ¿sabes la respuesta? Venga, que te estamos esperando.
- Lo que pasa es que no ve bien la pizarra-increpó en alto Rubén para que todos lo escucharan.
La clase rió con fuerza. Todos menos Juan, claro, que mantuvo su silencio hasta que por fin dijo: “No, señorita. Lo siento. No sé la respuesta”.
- Últimamente, Juan, no sé lo que te pasa pero estás muy despistado. Tienes que ponerte las pilas
- Sí señorita.
No sé si motivado por este último insulto o por la riña de su profesora, ya que Juan siempre se había caracterizado por ser un buen estudiante, decidió decirse de nuevo: “Hoy es el día. No podrán conmigo”. Estas palabras vinieron unas décimas de segundo antes de que sonara la campana de clase que anunciaba el recreo.
De repente, con este pensamiento, sin saber muy bien por qué, sus piernas dejaron de temblar, y con calma, fue como todos los días a sentarse con Laura en uno de los muros del patio del colegio, para leer entre ambos un cómic más de El capitán Trueno.
Estaban tranquilamente sentados cuando los tres matones, Sergio, Rubén y Luis se acercaron. Rubén fue el primero en hablar:
- ¡Qué pasa ojo y medio, que esta mañana no veías, eh¡ ¿O es que estabas pensando en tu novia? Claro, como es tan guapa. Tiene madera la muchacha ¿verdad, pata palo?
Juan apretó con fuerza los dientes y sus puños, cerró un momento los ojos y al abrirlos dijo:
- ¡Cállate¡ ¡Cállate o….¡
- ¿O qué? ¿Me vas a pegar? Chicos, mirar, el bizco parece que quiere pelea. Claro como nos hemos metido con su novia.
- Déjale-dijo Luis. No vaya a ser que coja la pata de palo de su chica y nos pegue con ella.
En ese momento Juan se levantó del asiento y se dirigió corriendo, puño en alto, hacia Rubén. Lanzó la mano, con tanta energía y ganas como lo había soñado la noche anterior. Luis y Sergio quedaron petrificados, como si el rápido movimiento de Juan les hubiera sorprendido hasta transformarles en estatuas. Sin embargo, Rubén, que pudo ver el puño perfectamente, se echó violentamente hacia un lado para esquivarlo de tal modo que, antes de que pudiera responder con su brazo, cayó bruscamente al suelo resbalando su pie derecho con el bordillo que daba fin a la pista de fútbol.
La caída fue tan espectacular como dolorosa para Rubén, que soltó un grito capaz de llamar la atención de una profesora de las que cuidaba el patio, espantó, tras la llegada de la misma, a los dos amigos de Rubén.
- ¡Ayudarme, ayudarme¡-dijo Rubén, pero Luis y Sergio salieron despavoridos al ver como la profesora salía corriendo hacia donde se encontraban.
Juan y Laura, sin embargo, quedaron a su lado, intentando tranquilizarle.
- No te preocupes, ya viene la profe. Te llevarán a un médico-decía Juan
- ¿te duele mucho?-le preguntaba Laura
Pero Rubén ni siquiera tenía fuerzas para responder, apretaba las manos, como si de este modo pudiera calmar su dolor, mientras las lágrimas caían de sus ojos.
Cuando vino la ambulancia, Laura y Juan, pidieron marchar junto a la profesora y Rubén, pero al final tuvieron que quedarse en clase, pues sólo podía ser acompañada por un adulto. Afortunadamente, fue más el susto que otra cosa, muchas horas para unas cuantas radiografías, un esguince y un buen tiempo de descanso con la pierna escayolada en alto.
De este modo, a la mañana siguiente Rubén regresó a la escuela, eso sí, a base de muletas. Así pues, Laura ya no fue la única persona coja del colegio, Rubén viviría por un tiempo lo que era tener dificultades para andar. Se pondría, por una vez en su vida, en la piel de Laura.
Como no podía jugar al fútbol ni practicar otro deporte, decidió quedarse sólo, sentado en el muro del patio, hasta que el bizco y la coja se acercaron a acompañarle.
- Hola Rubén-dijo Juan ¿Qué tal estás?
Tímido, un tanto avergonzado por su comportamiento en el pasado, cabizbajo, dijo:
- Bien
Y cuando por fin logró alzar un poco la cabeza, lo suficiente para observar sus rostros
- Gracias, gracias por preocuparos. Siento haberme portado tan mal con vosotros.
- Bueno, ya todo ha pasado. Mira, como ahora no puedes estar moviéndote mucho, te voy a dejar algo.
Juan inclinó su mano y le ofreció una de sus historietas de El Capitán Trueno.
- ¡El capitán Trueno¡ Pero, si es mi personaje favorito. No sabía que te gustaba.
- Bueno, tampoco me lo preguntaste
Desde la cancha de fútbol, Sergio y Luis miraban atónitos la escena. Rubén estaba haciendo amistad con el bizco y la coja. Era un traidor. Ya Rubén no se llamaría así, sería “El gritón”.
Fue así como la extraña pareja pasó a ser un trío. Y no sólo eso, sino que, con la marcha de Rubén junto al bizco y la coja, pronto llegaron más personas al pequeño grupo que se estaba formando: marchó Carlos, el zurdo; Miriam, la tetona; Antonio el orejas; Vanesa, la chica de la risa rara; Tomás, el chico capaz de escribir tanto con la mano derecha como con la izquierda… Cada vez más personas se les unían, puesto que todos tenían algún “defectillo” por el que podrían ser burlados. De este modo, Carlos y Laura dejaron de ser los únicos solitarios del colegio.
EL DIOS DE
Cuenta la leyenda que una vez el Dios de
A los pocos días el Dios de la tristeza se dio cuenta que no era suficiente. Necesitaba estar aún más cerca de su amada mujer. Por eso, bajó un poco más cerca de la tierra y decidió unirse al viento. “¡Qué bien¡”- pensó, “ahora podré acariciar su cabello cuando ande, rozar el delicado susurro de su piel, y estremecer con ella, sentir la perfumada esencia de sus labios ¡Seré feliz¡
Pero pronto, se dio cuenta que no era suficiente, necesitaba sentir el caminar cotidiano de la mujer, saber sus angustias, sus deseos, sus alegrías y tristezas y acompañarle en todo momento. Por eso, el Dios de
- Tomás ¿Qué haces?
- Sólo quería ir a por el balón
- Ya sabes que no puedes acercarte a menos de cinco metros del muro. En cuanto traspasas la línea roja los sensores se activan, y sólo disponen de diez segundos para salir.
- Ya, y si no salgo unas máquinas te disparan ¿no?
- ¿Qué pasa? ¿No te lo crees?
- No, es que estoy aburrido de escuchar siempre lo mismo. Fernando ¿Tú alguna vez viste las máquinas? ¿Has visto a alguien morir?
- No, pero no quiero hacer la prueba
- ¿Y por qué tanta seguridad? ¿Tan peligroso es?
- Pero ¿Todavía no lo sabes? ¿Es que no vives en este mundo o qué?
Hace muchos años, cuando nosotros no habíamos nacido, las calles estaban llenas de ladrones, asesinos, mujeres malas…
- ¿Qué es una mujer mala, Fernando?
- Pues una mujer que, una mujer que, bueno, que… ¡Ay, yo qué sé¡ Pero cuando sea mayor me enteraré y tú también. Al menos eso me dice mi padre, que todavía soy pequeño para saber ciertas cosas
- Vale, vale, sigue, anda
- Pues nada, eso, Tomás, que en la calle sólo había gente mala y nadie salía a gusto de su casa. Muchos tenían miedo. De ahí que se construyera el muro, para dejar en ese lado a esas personas.
- Pero, lo libros del cole dicen que, antiguamente, había unos sitios donde esas personas se volvían distintas, buenas. Creo que lo llamaban cárceles.
- Las cárceles no servían de nada, por eso en todas las ciudades se crearon muros como éste.
- ¿Para qué? ¿Allí qué hacen?
- No lo sé, Tomás, y la verdad, no me importa. A mí como si se matan. Lo que pase en ese sitio ya no es problema nuestro. La cosa es que no están aquí, que vivimos a salvo.
- Pero, si toda la gente mala está en ese otro lado del muro ¿de qué nos protegen los policías?
- Pues de gente que mala, pero no tan mala, tan mala como para ser llevada al otro lado.
Y deja de preguntar, que eres muy pesado, y pásame de una vez el balón, anda, que si no, nunca acabamos el juego.
Mientras, en el otro lado, a unos kilómetros de distancia, un profesor habla con sus alumnos:
“Hoy os voy a hablar de algo que creo que os interesa a todos: la ciudad de los condenados. ¿Sabéis qué es eso?”
De pronto un muchacho se apresuró a levantar la mano y decir en alto:
- Ésa es la ciudad que hay al otro lado del muro ¿no?
- No-dijo con firmeza el profesor- Lo creáis o no, ésta y no la otra, ésta es la ciudad de los condenados.
Los alumnos comenzaron a reír.
“Ahora quizá os haga gracia, pero os digo que, al principio, poca gente se reía por aquí. De hecho, antes, ni siquiera existían dos ciudades. No había muro”
- ¿Y por qué lo hicieron?
- Para apartarnos
- ¿A nosotros?
- Sí, a nosotros ¿de qué os extraña? Nosotros somos los condenados
- Y ¿por qué?
- Muy sencillo. Veréis, en un pasado, en el otro lado de la ciudad decidieron crear ese muro divisorio para que aquí se alojasen los que ellos pensaban, como decirlo -y haciendo un gesto de entre comillas con los dedos- a las personas no útiles para la sociedad. Vaciaron las cárceles, los centros psiquiátricos, las residencias…Toda persona que no fuera productiva, quien hubiese cometido un delito, o viviera de una forma distinta a las normas que estaban socialmente admitidas, fueron expulsados. Pensaron que, lo mejor para la ciudad era construir una especie de…¿Habéis leído ya historia del siglo XX? De…gueto, campo de concentración. Sólo que no había un exterminador, alguien que señalase al culpable, sino que fue todo un Estado quien inició todo. Se suponía que pronto, la gran bomba de relojería que se formaba en las calles, estallaría y llevaría al país a la autodestrucción.
- Pero, entonces ¿crearon esto para que nos destruyéramos unos a otros?-preguntó un alumno
- Sí
- ¿Y por qué seguimos vivos? ¿qué ocurrió?
Cuando llegaron aquí los ladrones, drogadictos, prostitutas…se vieron solos ante un centenar de edificios y tiendas vacías. Los ladrones no tuvieron la necesidad de robar, porque en cierto modo ya se sentían satisfechos con poder escoger cualquier casa de las que estaba deshabitada y porque ni siquiera tenían la necesidad de hacerlo, estando todo abandonado podían campar a sus anchas por cualquier lugar. El ladrón dejó de serlo en el momento en que todos fuimos como él. Todos actuamos del mismo modo: buscando un lugar donde vivir y algo con lo que alimentarnos. Solamente nos guiábamos por la única ley que imperaba en ese momento: la supervivencia; las prostitutas tampoco necesitaban el dinero y aquí les enseñaron otras maneras de ser útiles a la sociedad. Dedicaron su tiempo a quererse y, si llegaba el momento, dejarse amar, algo que ya habían casi olvidado; en cuanto a los drogadictos, fueron los que peor lo pasaron, a duras penas algunos aguantaban el mono. Se ponían muy agresivos, rompían todo lo que estaba a su alrededor o se peleaban entre ellos hasta acabar matándose. Muchos intentaron salir de estos muros pero fueron aniquilados por las máquinas, otros, los más afortunados, fueron ayudados por otras personas a pasar sus, digamos, momentos de debilidad. En tiempos de soledad cualquier amigo es bueno, y la gente comprobó que un drogadicto era sólo un tipo con un problema, una enfermedad de la que fueron rescatados con muchos años de dolor, trabajo y sufrimiento. El deporte les dio las endorfinas que necesitaban y la ocupación en las labores que la ciudad necesitaba, el que aprendiera a través de algún ciudadano o algunos libros oficios que eran requeridos en ese momento. Tened en cuenta que la ciudad más tarde o más temprano terminaría con los recursos que poseía, así pues necesitaba el apoyo de todos para crear todo desde cero; en cuanto a los locos, como no molestaban a nadie, llegó un momento en que ni siquiera éramos conscientes de su locura. Si hablaban solos o bien con nosotros, simplemente les escuchábamos. Total, a nadie podía hacer daño un poco de imaginación, de las historietas que ellos contaban y creían a pies juntillas, pues para nosotros el escucharles también se convirtió en una buena forma de escapar de la realidad. Eso sí, para evitar los riesgos de los enfermos que podrían resultar violentos se firmó con el otro lado el primer acuerdo entre ambas ciudades: medicamentos a cambio de el libre paso de más desechados de su ciudad. La verdad es que se firmó un poco de manera inconsciente, sin prever que podría pasar en un futuro. Si bien no sería posible mantener la superpoblación, llegó un momento que el flujo de personas paró, justo cuando llegó el debate a las calles de la otra ciudad: ¿Quién debía ser enviado? ¿Dónde estaba el límite? Pensad que no sólo los grandes delincuentes o apartados del otro lado podrían venir ¿Qué pasaba con los políticos corruptos, los policías? ¿Quién no había alguna vez intentado estafar a Hacienda? ¿Quién no se había quedado alguna vez con un dinero que le devolvían de más tras hacer una compra? Todo estaba bajo juicio. De repente todos se vieron tan malos como los condenados, puesto que la perfección no existía. Si todo aquel que no fuera útil para la sociedad debería ser mandado aquí, lo primero que tenían que plantearse era quién era o no útil para vivir con ellos. A la hora de elegir lo mejor para la vida, podría ejercer de batalla interminable entre los ciudadanos ¿Qué forma de política era mejor: una conservadora, una progresista, una fascista…? ¿Qué sistema económico? ¿Qué creencia religiosa?...eran demasiados qué sin respuesta, cada uno apostando por su verdad. Cualquier cosa podría convertirse en motivo de discordia. Pronto se dieron cuenta que ese debate acabaría en guerras civiles e incluso, una gran guerra mundial, así pues, no les quedó más remedio que volver a instaurar las cárceles y volver al viejo sistema.
- Y entonces ¿Por qué no nos dejaron volver?
- Por miedo. Tenían miedo de que todas las ciudades como ésta se rebelase y declarasen conjuntamente la guerra. Para ellos era más fácil dejarnos aquí, convivir con nosotros a través del otro lado. Por otro lado, si hubieran abierto el muro y la gente de a pie hubiera comprobado que nuestra forma de existencia había logrado combatir lo que ellos no habían podido, entonces, todo su sistema corría peligro. Nos podíamos ver de nuevo abocados a una gran guerra, por lo que ambos llegamos a un segundo acuerdo que consistía en dejar las cosas como estaban, sin pasar de un lado a otro del muro, salvo por casos extremos que serían previamente estudiados por una comisión conjunta. Ayudándonos, desde la distancia, en aquello que nos fuera posible.
ESCRITOS DEL ABSURDO
COMO UN ANIMAL
Durante muchos años he dudado de mi condición humana, no tanto por el desamparo que a veces me aprisiona, sintiéndome tan fuera de todo lo que me rodea, como si hubiera necesitado nacer en otra época donde sueño que el hombre, era más hombre, más lleno de sueños y esperanzas, y de todo aquello que sea que forme el alma. Pero cada día, veo con preocupación como nos acercamos a las máquinas, a lo inerte, atrapados en esa Metrópolis que Lang mostró en su día. Cómo todo se desvanece e incluso, a veces ruega por una catástrofe, que no sea la del estado pasivo e inmóvil.
Sin duda, no debo ser humano, ya me lo repetían mis padres, desde que era pequeño. Cuando me vestía, mi forma de ponerme la ropa, así como mi estilo usándola, me asemejaban más bien a la de un orangután, carente de equilibrio en mis maneras. Sinceramente, nunca tuve mucha gracia. Cuando comencé a andar, era como un pato y hasta comiendo parece que toda mi torpeza se transformaba en nerviosismo, así en vez de tragar, engullía a mi presa como las serpientes. Eso sí, nunca fui fiero, tal vez, lo más cercano, fue ser como ese león del mago de Oz al que le faltaba el valor. Todavía era muy chico para defenderme por mí mismo. Aunque, cuando ya tenía edad para hacerlo, corría, huyendo como un avestruz de los matones de clase, podría ser una gacela.
Entre tanto he ido pasando mis días sin apenas ser percibido, como lo hace la hormiga tras la huella de los zapatos de los hombres, pudiendo, a cada instante, por cada mínimo avance de éste, ser aplastado. He hecho tantas monadas, tantas tonterías en el trayecto de los años, que nunca fui aquel sabio delfín que se bañaba en las aguas del conocimiento, más bien ese pobre cocodrilo que paseaba su hambre por el fango de la duda de la existencia (que no existencial). Alejado del bullicio, quedando como dromedario en el desierto, siempre sediento del agua que no llegaba, del oasis que se quedaba, tan lejos de mi conciencia como de mis sueños. Y así, he pasado los días como búho, huyendo de la apertura de los ojos en el día, viviendo por la noche, cuando todo el mundo calla, nace el silencio del juicio, nadie te señala y uno respira tranquila.
Ahora, duermo como una marmota, trabajo como un perro, intento ligar como un pulpo y, sueño, sólo sueño, como un hombre ( si es que esto, en verdad, algún día existió).
POBRE FAMILIA
Nací en una familia tan pobre que, si en algún momento teníamos dinero, nos sentíamos culpables: Mi madre en vez de darme el pecho, la muy egoísta, se lo guardaba por no gastarlo. Es que si no, a mí padre no le quedaba na’, decía. Así me pasa ahora, claro, que es ver una teta, y me pongo loco (por reminiscencia, más que nada). A mi padre, el pobre, como se pasaba todo el día trabajando le conocí una vez que se jubiló.
Éramos tan, pero tan pobres que nuestro hermano mayor nos pasaba la ropa que ya no le servía y luego se la teníamos que devolver. Para lavarnos, en vez de ducharnos, nos lavábamos por partes para ahorrar agua: un día te tocaba la cabeza, otro los pies…los fines de semana, claro, todos a pelear por lavarse lo mismo.
Eso sí, siempre tuvimos donde dormir, aunque fuera tan juntos que, si mi hermano quería tirarse un pedo, lo hacía con mi culo.
Tampoco nos faltó nunca un plato de comida en la mesa. Nos faltó la comida, eso sí. No usábamos lavavajillas. Total, todo lo limpiábamos con la lengua.
Pero, aunque no lo creáis vivíamos bien, la pobreza no es tan mala como se piensa. El dinero es peor. Sobre todo si no se tiene. La pobreza digamos que, más que mala, es un fairy: resistente, nunca se acaba. Permanece ahí, sin esfuerzo y es que no hace falta trabajárselo mucho para ser pobre. Con no hacer nada vale. Lo de los políticos debe ser la excepción que cumple la regla.
Lo malo que tiene el dinero es que es peor que la droga: te causa adición y haces lo que sea por conseguirlo. Sales a la calle, con ojeras, a buscarlo con un mono horrible y, hasta que no llega fin de mes y lo consigues, no te quedas a gusto. Como que te genera más vicio que el de una ninfomanía: por mucho que te den, tú siempre quieres más.
La pobreza, veis, es diferente no causa problemas ni rollos mentales: no te tienes que calentar la cabeza en que gastarte las pelas, como no las tienes. Además, enseña mucho. A nosotros nos ayudó a valorar las cosas…las que no teníamos: ¡¡ Joder ¡¡ lo que vale esto; ¡¡ Pues anda que esto ¡¡ Esto nos transformó en una familia muy conservadora: que si conserva por aquí, que si conserva por allá. Sacábamos el mayor partido a todo: dábamos la vuelta al calzoncillo una y mil veces ¿cómo creéis que nació el tanga?, comprábamos papel de doble hoja en el baño y luego lo separábamos…
Lo nuestro fue ser guarros por ahorro de energía: no gastábamos ningún esfuerzo en limpiar. Aparte que en mi casa no se tiraba nada, hasta el polvo se dejaba por si acaso, como decía mi padre: “Hijo, déjalo, nunca se sabe cuando te va a hacer falta un polvo”. Y es que, por no tirar, casi no tirábamos ni de la cadena.
La pobreza también nos ayudó a ser solidarios: acogimos a las cucarachas como si de nuestra propia familia se tratase. Bueno, para ser sinceros, más que solidaridad, era un convenio con ellas: nos convenía tenerlas para que se invitasen a comer de vez en cuando y, como teníamos un pacto de no agresión, nos iba bien: Ellas no se metían con nosotros ni nosotros con ellas. Vamos, a mí por lo menos, ninguna me insultó ni nada. Si todo nos iba bien, pronto se creo un clima muy hippie con todas las especies urbanas imperantes en nuestra casa: cucarachas, ratas, arañas…Todos vivíamos en paz y harmonía hasta que llegaron unos señores que quisieron romper la paz entre nosotros. No comprendían nuestra humilde convivencia con la fauna autóctona del lugar.
No nos quedamos en la calle por nuestro amigo el perro, que nos acogió en su caseta. Como iba a dejarnos en la calle. No, hombre no, él nunca lo haría. Y, como no tenía letras que pagar, todo resultó más sencillo. Cómo iba a tener un perro letras que pagar, si ni siquiera sabe leer el pobre.
POR FAVOR ¡¡MATEN A MI MUJER¡¡
Mira que lo he intentado veces pero nada, que mi mujer no se me muere. Yo creo que no fallece única y exclusivamente por fastidiar, por llevarme la contraria, que es lo que le gusta. Pero tanto le costará irse al otro barrio, con las ganas que tiene ella de cambiar de piso. Dónde iba a estar mejor que ahí, tumbadita. Si respiraría paz y no tendría que estar pendiente de hipoteca.
Yo le doy bien de trabajo para ver si sufre un infarto, pero no, que puede con todo, la jodía: casa, llevar las cuentas, hacer la compra, cocinar, fregar, planchar...cómo va a morir, si es una heroína, con perdón. Puede con todo. ¡Coño, no le han matado 20 años de matrimonio¡ que aunque fuera por desgaste, digo yo que algo tendría que haberse desgastado. Pues ella nada, sigue igual que cuando nos casamos. Dicen que las cosas con el uso se estropean. Pues ella no, lo aguanta todo. Eso sí que es resistencia y no lo que tenían los franceses.
Ahora, creo que ya sé como acabar con ella: le voy a poner a trabajar, fuera de casa, digo, que con lo de dentro parece que puede sin problemas. Así, aparte de matarle, me saco un dinerillo. Claro que, si al final se me muere, entonces me quedo sin sus ganancias. Visto así, casi me saldría mejor mantenerla viva. Total, para lo que hace, que se pasa el día en casa encerrada y con los críos, es como si estuviera muerta. Es más, si le pongo a trabajar, llegará tan cansada a casa que no tendré que fingir todas las noches dolor de cabeza. Se me caerá rendida de sueño y me dejará de pedir tantos mimos. Que no sabe nada más que pedir esta mujer. Yo no sé cómo lo hace, pero no se cansa nunca. Pero yo sí, o que se ha creído. Yo estoy hasta cansado de pedirle cosas.
Por favor, maten a mi mujer o creo que me veré obligado a quererla. Y eso sí que no, pídanme lo que quieran menos eso. Que odiar es fácil, pero amar cuesta trabajo y yo soy muy vago.
Y mira que con los años algo de cariño le he cogido. Claro que, cariño se le coge hasta a un perro. Aunque bueno, ella no debe ser muy distinta a ellos porque no hace nada más que decirme que le saque de casa. Ni que no supiera dónde está la puerta para salir ella sola. ¿Acaso yo le pido que me acompañe al bar? No, yo con mi copita de vino me acompaño solo. Pero no, ella dice que tiene inquietudes, que quiere conocer sitios nuevos, otras culturas. Pero es que no le bastan con las que ve en la calle, que está todo lleno de negros, peruanos, chinos...Que hable con ellos si quiere otras culturas, que ahora les tiene a todos de vecinitos. Además, con lo caro que sale viajar, como se nota que ella no trabaja. Con lo a gusto que se está en casa. Ella es que no sabe disfrutar del sofá que tenemos, que bien caro me costó, por cierto, ni del televisor de plasma. Pero, qué va a saber ella disfrutar, si por no gustarle, no le gusta ni el fútbol. Y mira que yo siempre le animo: ¡Niña¡ Vente a ver el partido conmigo, anda, que hoy echan al Madrid. Pero como quién ve llover. Y yo: "tonta, que salen tíos en calzones largos", y ella, la muy desvergonzada, me dice que para calzones largos les basta con ver los míos y limpiar mis zurraspas. Será h...bruja. Cuidado que me jode que no quiera compartir mis aficiones conmigo. Le mataría yo mismo en ese instante si no fuera porque siempre se acuerda de traerme justo la cervecita que a mí me gusta. Yo le dejo libre en la cocina, para que no diga. Que si no quiere ver el fútbol, tampoco le voy a forzar. Total, a ella le gusta estar preparando la cena, y los pinchitos para los amigos.
Muchas veces, la verdad, no sé ni como le aguanto. Buah, porque soy un santo, que si no, otro no hubiera aguantado ni tres asaltos porque hay que ser muy bueno para aguantarla y mantenerla. A ver dónde iba a encontrar ella alguien mejor que yo, vamos. Si en el fondo me da pena. Sin mi la pobre no es nada.
COMO DIOS
El otro día me sorprendí a mí mismo con una cosa muy pesada entre mis manos. Me dije: ¡Coño! ¿Desde cuando tengo yo esto? La verdad es que no me lo podía creer. Los ojos se me quedaron como platos. Nunca pensé que podría estar sosteniendo algo así, tan basto y grande, y encima era mío. Sí, no me lo podía creer pero, entre mis manos, tenía un libro, y encima era
En él se habla de un señor muy raro, hijo de un carpintero. Debía ser algo así como el de bricomanía pero a lo bestia, a un nivel super avanzado. Joder, pero si en 7 días el tío se creó el mundo y sin herramientas ni na’, sólo con las manos y un poco de arcilla. Así pasó, tanto escatimar en medios que en algunos sitios se quedó corto (miro hacia mi pene). Claro, se llevo todo Nacho Vidal. Porque eso de que el tamaño no importa, no os engañéis, sólo lo decimos los que la tenemos pequeña.
Que yo una vez quise hacer un cenicero y terminó de “fliswick” ¿El mundo en siete días? ¡Y para qué tanta prisa ¡ Total, si tenía toda la eternidad. Así pasa, que lo hizo mal. La tierra: ¾ partes de agua
¡¡ ¾ partes ¡¡ ¿Sabéis lo que es eso? Joder, yo no sé vosotros, pero yo buceando aguanto 10 segundos como mucho. Más y ya me convierto en pez globo.
Bueno, en realidad el mundo lo hizo en 6 días porque el séptimo descansó. No como nosotros que nos podemos tirar toda la vida trabajando sin descansar y no tenemos ni para una mierda de piso. Ahora, lo que yo no entiendo es por qué nos hizo de barro. Coño, ya que te pones a fabricar, hazlo con materiales de primera calidad, que te pareces al Ivima. Habernos hecho de armazón blindado o de hierro (como las lentejas), y así no se hubieran acojonado con el diluvio universal, ni preparar ningún barco. ¡Qué putada para Noe¡ ¿Os imagináis: juntar en un barco a parejas de animales? A mí que a veces me cuesta hasta sacar al perro, así que. Y luego, el ponerlos en pareja, que para algunos vale: gallo-gallina, pato-pata, pollo-…bueno, o las que tendría que pasar para mirar dónde tiene los huevos el cocodrilo. Pero el tío, lo consiguió, y ese pedazo de barco ¡Y sin tirafondos¡ (¡¡Te jodes bricomanía¡¡).
Pero, para pobre, pobre, el bueno de Moisés, el primer boy scout de la historia. Dando vueltas por el desierto durante 40 días, sin brújula ni nada. Si somos nosotros y, para salir un fin de semana llevamos dos maletas ¡que no llevaría este hombre¡ Y luego, para colmo, Dios le hace subir a una montaña. También es mala leche, así sin arnés ni nada, por gracia divina y todo para darle unas leyes en unas tablas de piedra. Hombre, no me seas así, ni que no hubiera tenido bastante con subir. Cabrón, has podido dividir las aguas ¿Y no puedes construir papel? Coño, entonces ¿Con qué se limpiaban el culo los romanos? Claro, por eso tenían tan mala hostia. Si Herodes no quiso matar a todos los críos, no era porque fuesen judíos, sino porque ellos tenían la suerte de poder llevar dodots.
Fijaros si Dios se lo montó mal que hizo al hombre a su imagen y semejanza. Pues sí que se quería poco Dios. A ver ¿es que no has visto a Bush? ¿Ése en que se parece a Dios? Ah, sí, que siempre está en las nubes (aunque sea bombardeando), y que si le molesta algo se lo carga. Ahora que, digo yo: Dios ¿Qué coño te molestaba tu hijo? Porque tú le dejaste bajar ya sabiendo que iba a morir. Que tú lo sabes todo. Y sin embargo, hala, le sueltas al chaval. Claro, para que otros hagan el trabajo sucio y no te acusen de parricida.
Y lo que tuvo que aguantar ese muchacho. Su madre, una santa, pero su padre, su padre, su padre…un carpintero. Vete tú a buscar madera en pleno desierto y que lo mismo Jesús se hizo su propia cruz, como eran de madera. Le hacen una última cena y ni champán, ni langostinos, ni tela con “Jesús, te echaremos de menos”…No, no: un poco de pan y vino. Para que luego digamos nosotros que estamos en crisis. Se echa novia y todo el mundo le llama puta, se echa doce amigos y le traiciona uno. Hombre, si hubieran sido trece amigos, se entiende que uno le diera mala suerte, pero doce. Luego, el tío rencoroso, con resquemor: Tranquilos, que resucitaré a los tres días, que voy a volver. Y Pedro que no creía nada: “Anda Jesús, no bebas más vino, que te sienta mal, que es Don Simón”.
El caso es que el tío resucita y ¿Para qué? Porque a ver, si vosotros resucitáis, si volvéis a la vida ¿para qué es? Vale, que podríais tener un futuro prometedor en las películas de zombies, o ser novios de cantantes, como lo tuvo Alaska pero, en realidad ¿Para qué se resucita? Para volver a vivir, para echar un polvo a María Magdalena ¿no? Ya que ha demostrado que es el hijo de Dios, que haga uso de su humanidad. Que se hartase a follar, vamos, que si las manos las tenía mal, el pobre, no era por la carpintería, precisamente. Sin embargo, resucita, le meten las manos en las llagas, con lo que tiene que doler eso y llega su padre:
- ¡Jesús, Jesús¡ ¡A casa, vamos, que se te hace tarde¡
- Jo, Papá, déjame un poco más. Que esta gente quiere hacer un libro conmigo que seguro que va a ser un best seller. Jo, que nos vamos a hacer de oro, papá.
- Anda, deja eso para la iglesia, tú sube que tenemos que pensar en cómo hacer el Apocalipsis. Que si las cosas se empiezan son para terminarlas.
TIPOS DE SOLTEROS
¿Os habéis dado cuenta que los solteros hacen cosas que nadie haría? Ver la 2, por ejemplo, sobre todo documentales de animales ¿por qué creéis si no que en las discotecas se comportan como lobos? Por su admiración a Félix Rodríguez de
Entre todas las especies destaca el oficial de segunda, toda una fiera. Recibe este nombre aquel individuo, de orden “solteril” que, debido a su empeñado esfuerzo y laborioso trabajo para conseguir novia, suda más que un obrero con la llegada del fin de mes. Como obrero, no escatimará en gastar toda la pasta para cumplir su función, cubriendo a la hembra de toda necesidad que se le pueda presentar. Sin embargo, como desdichado currito de obra que nunca llega a ser oficial, por muchos ladrillos que eche, nuestro ejemplar amigo (no confundir con amigo ejemplar) nunca conseguirá su objetivo: la chica nunca dejará a su novio, el oficial, mientras que éste será su fiel confidente, su paño de lágrimas, su amigo…un gilipollas, vamos.
Otro tipo especial de soltero es el chapero. Este nombre no es porque, como el obrero, no dé ni chapa, sino porque, para él, toda mujer es una puta. Es que le da lo mismo. No discrimina a nadie ni por razones de raza, religión (incluso las más santas, él las ve putas) nacionalidad, sexo, sí, claro, si tiene con ella es un puta, sino, una hija de puta. Este animal se caracteriza por frases de índole chulesco como: ¡Qué va, tío, si yo paso de mujeres¡ Cuando en realidad son las mujeres las que pasan de él. Eso sí, para él toda mujer será muy puta pero aún así raro es que gaste dinero con ellas, que ni a un café se invita el tío rata, que suelta menos el bolsillo que un pantalón vaquero recién lavado.
Ahora, el que da más la nota es el soltero John Travolta: una cara con sus amigos y otra con las mujeres. Es menos fiable que un crédito a diez años y tiene menos estilo que unos calcetines con sandalias. Sus formas, más antiguas y desfasadas que las leyes franquistas.
Es de los que habla de la tía buena que se ha ligado justo el día que no estaban sus amigos para comprobar que era cierto. Para ellos es el Burguer King…el rey, dice que con la mujer hace lo que quiere pero, es lo que quiera ella, claro. Ah, y cuando tiene una pareja, ella nunca le deja: ha sido él quien le ha dado libertad para que no se agobie. ¡Y nunca llora ¡: “No, no, tío, no te confundas. Es que se me irritan los ojos”.
Siguiendo con los musicales tenemos al soltero Jesucristo Superstar: si liga es un milagro (todo un sacrificado el hombre) y se lo cuenta a todos sus amigos como si fueran a morir al día siguiente, como si fuera la última cena: “Teníais que haberlo visto. Fue increíble, qué pivón”. Pero claro, siempre hay un amigo que te duda…Pedro: “Anda, corta el rollo, cuentista. Yo si no lo veo no lo creo”. O bien le acusan de inventarse historias: “Anda, tío, ésa es la historia más grande jamás contada”.
El que no tiene prisa por contar que se ha echao’ novia es el soltero funcionario: ni prisa en decirlo ni prisa en encontrarla. Total ¿para qué? Para tener que salir de casa con ella, con lo a gustito se está en el sofá. Además, como para tocarse los cojones no necesita a nadie. Ah, y si alguna vez siente la necesidad de acercarse a una tía, hace como en el curro: lo deja para el día siguiente. Es tanto lo que tarde en acercarse a una tía que, cuando lo hace, no invita al cine, sino a un viaje del imserso. Y si queda para tomar algo, nunca será un café, que de eso en el trabajo ya sale harto.
El funcionario se queda siempre parado, es de los que no va a la chica, espera a que le entren, pero si alguna se acerca se la pasa, igual que en el curro: se la pasa a un compañero que por no hacer esfuerzos lo que sea. Y eso que sudar, lo que es sudar, sólo lo hacen a gusto en la cama, pero bueno.
De todas formas, quien se lleva la palma en esto de la soltería, y nunca mejor dicho lo de la palma, porque otra cosa no puede llevarse el pobre, es el soltero Corte Inglés: el que siempre está de oferta. No sabéis lo que es capaz de rebajarse este tío con tal de estar con alguien. Va, como las ofertas, siempre acompañado de algún regalo: flores, bombones. Él nada más que teniendo detalles con las mujeres y ellas ni siquiera tienen el detalle de llamarle. Este tipo de soltero es igual que un parado de larga duración: dedica mucho tiempo a la búsqueda pero nunca encuentra nada.
Este hombre es mejor y más fiel que un perro, porque, si el perro es el mejor amigo del hombre, él siempre es el mejor amigo de la mujer.
MOLA SER NIÑO
Yo no sé por qué los chavales quieren crecer tan rápido, con lo que mola ser niño. Si nada más nacer, hala, te ponen a comer teta, a disfrutar. Así pasa que, luego, de mayor, te pasas la vida buscando lo que te han dado gratis. Algunos hasta pagan por ello. Ojo, eso no quiere decir que el hombre sea un cerdo. El hombre es un nostálgico.
Una de las mejores cosas de ser niño es que tus padres son siempre gente importante. Tu padre, por ejemplo, es policía. Pero ojo, que tu madre no se queda corta, tu madre también es un agente del orden. Por eso te dice siempre: ¡Niño, recoge eso¡ Es como si fuera del CSI. Te pilla con algo, te dice: déjalo, se acerca, va a por él, te mira, lo mira, y siempre llega a la misma conclusión: deja esto que es mierda.
Otra de las cosas buenas cuando eres niño es que siempre resultas muy rico, hagas lo que hagas, siempre eres gracioso: eres gracioso cuando andas, cuando bailas, cuando metes al gato en la lavadora. De mayor si siempre eres gracioso es que eres el feo del grupo. De pequeño, uno puede hacer lo que quiera, hasta jugar a los médicos con las chicas, de mayor dile a una chica que se ponga una bata blanca que tú vas a usar tu jeringuilla, a ver qué te contesta. De pequeño, tocas una teta y la chica te mira un poco medio en serio, medio en broma y dice: “¡anda, mira el niño éste¡ No sabe na’ el jodío”. Ahora, ponte tú ahora a tocar una teta, aunque sea con disimulo, entonces no es que no sepas na’ como los niños, tú es que te pasas de listo. Lo dicho, siendo pequeño, todo lo que haces resulta gracioso. De ahí que Marianico el corto tuviera en su día tanto éxito.
Luego, cuando vas creciendo te hacen la pregunta del futurólogo: vamos que si la adivinas es que eres mejor que Rappel, y si no la adivinas es que eres como él: “Bueno, Miguelito ¿Y tú? ¿Qué vas a ser de mayor? Nosotros siempre decimos cosas típicas: bombero, policía, futbolista, ingeniero técnico nuclear… Oye, que esta opción la cogió Bin Laden. Bueno, ésta y la de escapista, como Houdini.
Vale, es cierto que no todo es bueno, que también tienes que ir al colegio. El colegio, ya sabéis: ese lugar donde te encierran con extraños y te obligan a hacer deberes. Sería algo así como una cárcel pero sin problemas para ir al baño. Los niños, cuando van al cole, no lloran por separarse de sus padres, lloran porque, como a William Wallace, se les ha quitado su libertad. Por eso ellos también se pintan la cara de colores.
Luego está el matón de clase: el matón de clase es ese niño que te pega sin ningún motivo y, si tiene un motivo, te pega más todavía.
Así que, cuando llega El Corte Inglés y en pleno mes de agosto, con 29 grados a la sombra te dice: “Prepárate para la vuelta al cole” Dices: “Sí, va a volver tu puta madre”. Joder, que luego te ofrecen sólo mochilas y estuches. Tal y como están las cosas, deberían dotarte de un equipo de supervivencia.
Pero, sin duda, lo mejor cuando uno es pequeño, es conocer algo que te marca de por vida: las series de tv. Antes sí que había buenas series, no como ahora que las series son de monstruos raros y que te enseñan a que evolucionar es hacerse un Borja Thyssen. Sí, un Borja Thyssen: un ser más grande y más bruto.
De pequeño uno veía series de las buenas, como, yo qué sé. Corrupción en Miami, donde dos polis con pintas de narcotraficantes te protegían de los drogadictos; El equipo A, que ni el ejército ni la policía encontraba pero que cualquier ama de casa en peligro sabía su móvil; Verano Azul, donde un viejo se tiraba todo el verano rodeado de niños y a nadie le parecía sospechoso. Claro, no parecía raro porque antes éramos más inocentes, no lo creíamos todo: Espinete, por ejemplo, vivía a sus anchas junto a nosotros en una casa. Hoy en día eso sería increíble: ¡Vivir en una casa ¡ ¡ Con lo que cuestan ¡ y Espinete ni trabajaba, que era menor de edad, aunque bueno en España todavía no está estipulada la mayoría para los erizos, y menos lo rosas. Pero, si no trabajaba, en su casa no había muebles, ni cocina ni na’ ¿Por qué nos extrañamos que saliera desnudo a la calle? Coño, que Espinete vivía en la indigencia. Fue el primer okupa.
Fijaros si nos creíamos todo que hasta nos tragábamos lo de El coche fantástico: Michael Knight lo llamaba por un Casio, de estos de los que uno sacaba con el ganchito de una máquina de 20 duros. El tío siempre iba con la misma chaqueta y el mismo pantalón vaquero. Claro, como producción lo gastaba todo en el coche, no quedaba para vestuario.
También pensar en McGyver, que con un chicle creaba explosivos. Ese hombre con el taller de bricomanía te conquista el mundo.
De todas formas es que antes no era como ahora que no hay imaginación. Bueno, por no haber, no hay ni series, sólo dibujos que acaban en –mon: Digimon, Pokemon…cualquier día te hacen unos dibujos con embutidos: Casade-mon. Son series hechas para futuros antidisturbios porque como todo lo resuelven a hostias, no como en nuestra época que hasta teníamos a unos seres bajitos y peludos repartiendo amor: Los osos amorosos. Eso sí que eran osos. Se pasaban el día dando amor, no como los osos de Canal 7, que sólo piensan en dar por culo.
Lo dicho, antes, se le echaba cabeza al asunto: que venía una plaga de ratones, pues nos venían unos tíos de fuera pintados de verde, que no hacían nada más que grafitear “V” en las paredes, y se los comían.
Ahora, aunque mole ser niño, he de reconocer que sí que hay una cosa que mola cuando eres mayor: el sexo. Eso sí, cuesta tan caro. Cuando uno descubre el sexo le entra el síndrome de Colón: quiere conquistarlo todo, pero claro no sabes que lo de las mujeres y el sexo es como Fama: si quieres conseguirlo vas a tener que sudar.
No como los niños de hoy en día, que no sudan. Como van a sudar si cuando están ya en el tema aún no tienen pelos. Si es que cada vez empiezan antes, que con 12 años ya están dale que te pego ¡¡ Con 12 años ¡¡ Vamos, eso no sé si es ser precoz o afortunado.
La verdad es que yo no sé para los chicos juegan a ser padres. Que jueguen al fútbol, que meter, se mete igual, pero no hay problema si aciertas. Es más te felicitan y todo. Ahora, dile a tus padres que le has metido un gol a una chica, te aplauden, sí: te dejan todita la cara llena de palmas.
En fin, que viendo las cosas, yo casi prefiero ser niño, que me ahorro en dinero y en hostias.
YO VAGO
He de reconocerlo, me ha costado mucho trabajo llegar hasta aquí, pero he de deciros que soy, que soy…un vago. Al menos eso me dicen mis padres y, total ¿por qué? Porque no me gusta trabajar. Pero eso no es ser vago. Eso es ser inteligente. (Al público) Vamos a ver: ¿A vosotros os gusta trabajar? Pues en mi casa seriáis vagos, inteligentes, no: VAGOS.
Yo no sé porque la gente le tiene manía a los vagos. Total, si no les hacemos nada. Será molestar por omisión porque otra cosa. Ahora, es decir que eres un vago y la gente te mira como si olieses mal. Pero, cómo vamos a oler mal si ni siquiera sudamos.
¡Ojo¡ No es que no me guste el deporte (lo veo todos los domingos por la tele), lo que me cuesta es hacerlo. Si yo con pensar en ir a un gimnasio ya me pongo malo. Un gimnasio es como una sala de sadomasoquismo: toda la gente rodeada de cosas de hierro, cadenas y bolas para liarse a sudar con ellas. Si oyes los ruidos (gesto de levantar pesa-de cuclillas): “ñññmmmmm” ¿es o no es para cagarse? Sólo falta que, cuando tú coges la pesa de
Otro día me fui a apuntar a danza. Joder, algo que utiliza la música clásica debe ser tranquilo, digo yo. Y sí, aquí no te salían con el látigo, aquí directamente me vino una mujer con una barra de más de
Bueno, pues nada, me dejé de mariconadas y me apunté a boxeo ¿Sabéis lo que me dijeron nada más entrar? “Toma, coge esta comba y hazte cien saltos”. Haber, yo el mayor salto que he pegado en mi vida fue el del tigre, y ahí no había cuerda, y una pena, porque si no me hubiera agarrado, que vaya hostia que me pegué.
Entonces, como buen vago, decidí probar con los deportes de equipo: más gente menos trabajo que hago yo. Me apunté a fútbol porque como en baloncesto hay que saltar. Lo que yo no entiendo es como se puede decir que el fútbol es un deporte de hombres, de machos: si todos los tíos se pasan el día tocándose la bola. Ahí estábamos, diez tíos hechos y derechos esperando a que uno tocase el pito para empezar a jugar. Íbamos todos de pijama de verano y no hacíamos otra cosa que correr de un lado a otro, con agonía, como si estuviéramos en una discoteca: nuestra única pretensión era meterla. Y luego, muy deporte de hombres, sí, , pero en cuanto uno la metía ¡Hala, orgía¡ que si te abrazo, te beso en la cabecita, te doy una palmada en el culo.
Vamos, tanto magreo. Para eso prefiero irme a follar, que queréis que os diga. Además que es el único trabajo que hago con gusto. Es más, nunca me quedo dormido (ahora mirando a mi pene) Bueno, ella sí, pero por la incompatibilidad de caracteres: o piensa la cabeza de arriba o la de abajo, pero ambas a la vez los tíos no podemos (sería dividir nuestra única neurona).
Ahora bien, al vago no hay que marginarle, pues es un ser especial: especialista en hacer el vago, digo. Porque cualquiera puede ser como yo. Ser vago es un oficio que no necesita de experiencia, en cualquier momento puedes ponerte. Ya verás como no te cuesta trabajo. Además no existe ni la discriminación de raza, ni la de sexo, de religión, algo, a ver, no alarmaros los católicos, sólo que no podrían irme a misa los domingos: El domingo no trabaja ni Dios. Si la biblia lo dice: “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo y reposo al día séptimo de la obra que hizo” ¡¡¡ REPOSÓ ¡¡¡ No pone nada de: bueno, era domingo, pero primero de mes. A ver si va a saber ahora Carrefour más que Dios. Pues, aún así, el domingo es el día que más dinero sacan los curas trabajando. “La fe mueve montañas”, sí, pero de dinero. Si cada vez que pasaran la bolsita esa de té a lo grande dijéramos: ¡No¡ Que Dios te lo pague. Es más, los curas no pueden quejarse si curran como boxeadores: se pasan el día dando hostias. Así no me extraña que la iglesia esté llena de cardenales.
Para el vago el domingo es como la siesta: Sagrada. Nosotros sí que somos seres de principios: No nos mueve el dinero para trabajar. Bueno, no nos mueve ni el dinero, ni la honra, ni los jefes, ni nadie. El vago es uno de los pocos que no tendría problemas en la ducha de la cárcel: por no agacharse lo que sea.
Eso sí, a pesar de que nunca hacemos nada, siempre llegamos a jefes ¿por qué? Por nuestra capacidad de mandar. Somos distribuidores natos del trabajo para otros. Entre eso y la liberalización de tareas, o sea, el escaqueo, somos los mejores.
Aparte que somos decididos, firmes (decimos que no nos movemos de un sitio y no lo hacemos) y también somos valientes: con todas las deudas: del piso, el coche, el colegio de los niños…a ver cuántos tendrían cojones de decir a su mujer que no van a ir a trabajar.
Claro que, al final, pringas porque si no curras por la mañana, te deja tu mujer sin curro por la noche.
Así pues, no marginemos a los vagos, que seguro que todos llevamos uno dentro que está deseando salir. Bueno, no, seguro que quiere quedarse, por no hacer ejercicio. Además, si en este país se acabase con los vagos ¿Quién se encargaría de la política?
Con tu mirada quedo prendido y aunque no quiero tengo algún desatino, y es que es verte y quedarme rendido. Oh, sálvame del vacío ocmo lo hacen tus ojos cuando dan con los míos y deseo tus labios, tan cerca, tan míos. Me miras y me siento extraño, con tu calor entre mis manos pero con el miedo inocente de un crío. Tus ojos, tiernos, dulces, acaramelados, negros pero afrutados, me devoran en sentimiento. Algún día, con un poco de suerte, pueda marchar a tu encuentro. Ahora simplemente te sueño y permanezco inmóvil observándote, ya que otra cosa no puedo. Retengo mis palabras y mis actos, y en cierto modo, me hayo condenado a quererte sin poder hacer nada para que te des cuenta.
Mis manos, atadas, tan sólo se pueden servir de estas humildes palabras para mostrar mis sentimientos. Pues mis labios, se cierran, en esta delicada condena de tormento, que es el quererte decir y permanecer en silencio. Amor prohibido que, por mucho que sea querido, jamás podrá ser mío. Si te dijera, vida, lo que hacia tí siento, te perdería. Vería como te alejas igual que el viento, tímida, callada pero en continuo movimiento, como esa ola de mar que se aleja de la orilla, que quiso ser pero nunca ha sido.
A Montse, esa muchacha que me escucha y que con su ternura hace que mi vida sea mucho más hermosa.
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