Vuelve el estómago encogido de no saber qué decidir, y aunque estoy más fuerte que nunca, algo me recuerda que es posible volver a caer en lo mismo, en un amor sin futuro, en el deseo de un le quiero y no me quiere, en el chico aquel perdido, de hace tiempo, que intentaba no desviarse demasiado de los planes que creó en su imaginación. Aunque hoy en día se hayan cumplido.
Ahora me muerdo las uñas tras tiempo de no hacerlo, y sé que es porque desde que me dejó en mi coche para marchar a su hogar, sólo pienso en él, en su pelo, en sus piernas, en su risa, en la forma de mirar que tiene, en las ganas que tengo de sentarme en su cadera y "cabalgar como una india salvaje", en lamerle hasta el último rincón de su cuerpo, de arrancarle los pantalones y dar rienda suelta a una noche de calor en su colchón. Quiero hacerle el amor tantas veces que mi físico no aguante otra erección, erección de dientes y sexo anal.
Y me aterra sentirme enamorado, y me aterra ver que cada día le atraigo menos y él a mí más. Y no sé que decidir ni sé como actuar porque mis músculos se tensan cuando me roza, cuando yo imagino mis manos entre sus bermudas azules... Y me aterra colgar el teléfono sabiendo que no está entre mis sabanas, y siendo aún más consciente de que nunca lo estará. Y me angustia sentirme huérfano de mí mismo, y me asusta aún más comprobar que tras la mejoría siempre hay algo que recuerda que la dependencia emocional persiste. Y quiero ser padre de un hijo suyo, y quiero comprar los muebles de nuestra casa y quiero invitar a cenar en ella a un montón de personas que me verían feliz, feliz como lo estaría ahora si estuviese entre sus piernas, entre su sexo que esconden sus bermudas.
"Te amaré mejor, porque mucho y demasiado es un error... Y sino, mírame, llorando como un niño contradiciéndome, preguntándome si vas o no a volver, y durmiéndome a solas, conmigo"...
Quizá sea mejor intentar recuperar el cuerpo entregado, la mente entregada y la voz gritada pero que sólo pudo ser susurrada. Quizá sea mejor devolver las ganas de querer. Y muchísimo mejor empezar a aprender que tenemos que salvarnos a nosotros mismos porque nadie nos salvará de nuestras propios temores e inquietudes... Pero lo cierto es que hoy vuelvo a sentirme la perra dependiente de otras épocas, quizá por el calor, o por estar toda la tarde buscando el porqué de una nueva atracción que sólo busca disimular atracciones pasadas, rechazos pasados. Quizá el mensaje que me envió ayer diciendo "Me encanta que seamos colegas" fue el detonante de una nueva crisis personal, crisis que resurge debido al cansancio de estos últimos días de calor en la soledad de mi Madrid. Y sí, las rabias y los enfados al contemplar la palabra "colegas" dolieron, asíque creo que debo serme sincero y empezar a nombrar a las cosas por su nombre, a esas cosas que me dan miedo volver a escuchar de mi propia voz. Vuelvo a sentirme asustado.
Tengo miedo de no dejar de pensar que sólo pienso en él, y que sólo pìenso en la distancia entre su camisa y mis dientes, aquellos que sueño que se caen aunque en realidad el que caiga en picado sea yo. Y esto que siento no es amistad. Quizá hoy necesite creer que alguien será capaz de sanarme el dolor del pasado, aunque me joda ser consciente que sólo soy yo quien se debe encargar de hacerlo. Y aunque intento ser fuerte y dejar de buscar al hombre de mi vida, no soy capaz de hacer mía aquella frase valiente que dice "El hombre de mi vida soy yo mismo". Y me aterra volver a caer en otro verano de amores perdidos y huidos, sobretodo porque algo dentro de mí se encoge si pienso en los posibles hombres que pasaron por su cama. Y siento pavor al imaginarmelo tomando un café conmigo, pero las ganas me inundan el pensamiento. Y quiero sentirme cuidado y cuidarle, sería tan feliz conmigo... Y yo con él.
Y aquí se ven las contradicciones de alguien que quiere su amistad pero que no deja de soñar con sus pezones, con sus largos dedos rondando por partes de mi cuerpo tan oscuras como íntimas, enredándose en mi pelo, cadera con cadera, abrazados, con la mayor de las ternuras y el mayor de los vicios, vicios sanos como necesarios, mordiendonos los cuerpos, los codos, los tobillos, cada uno de mis huesos y cada uno de sus días.
Y siento que le fallaré, y eso es lo que más me asusta, a éste no quiero perderlo, quiero que sea un amigo para toda la vida, para toda la vida. Aunque quizá esto no haga más que afirmarme en la idea de que estoy contradiciéndome. Me asusta empezar a quererlo, y lo peor, me asusta que no sea capaz de quererme.
En mi mente ronda una idea, marchar sin maleta rumbo a mis recuerdos. Volver de la mano de J., volver para cantar, para disfrutar de lo que un día regalé, volver y buscarle, acercarme a saludarle y mirarle nuevamente a los ojos. Sé que estará allí. Quien fue ÉL estará allí. Y la paranoia, la decepción y los nervios en el estómago me mantienen despierto en esta noche de calor.
Tengo miedo, mucho miedo. Me enfrento a un verano libre, a nuevos retos, nuevos horizontes y futuras noches de calor en mi ciudad. Quiero sentarme en Malasaña y sentir que no estoy solo. Quiero resguardarme al menos un día bajo sus sábanas. Quiero saber que la vida puede mostrarme su lado bueno. Quiero enamorarme y ser correspondido, y quiero organizar mi nueva casa celebrando que mi amor ya no se cae al suelo.
Quiero tener seguridad en mi físico. Quiero no pedir perdón a los hombres de los que me enamoro. Quiero ser tan fuerte que ya no me derrumben las miradas de desaprobación. Y quiero sentirme orgulloso de mí. Quiero sentir que no estoy solo en mi ciudad, y a la vez, quiero congelar todo el sufrimiento existente. Quiero sentir el agua fresca por mi cuerpo y sentir que estoy nadando libre, libre de mí como ya os he contado varias veces...
Y me asusta esta mirada sistémica que no descansa, pero que me encanta porque me permite conocer la realidad, esa de la que tantas veces he hablado en exámenes que pregunto en qué cubo de basura estarán, pero ya me da igual, hoy por fin figuro como un nuevo Trabajador Social que aprobó todo en la convocatoria de junio del año de su promoción, algo que no todos pueden decir, y eso me hace sentirme orgulloso, sí, lo que decía en el párrafo anterior, hoy ya lo he conseguido en parte, ahora queda ser tan fuerte como para vencerme a mí mismo, para mirarme y pedirme perdón, titulo también de otro de mis artículos favoritos de este blog tan personal, y sé que llegará. Al igual que llegarán momentos perfectos, momentos preciosos y momentos en los que, como todos, caeré, pero caeré siendo yo, algo tan sumamente importante, siendo este hombre que se hace mayor, que ya es más adulto, más fuerte y que sigue diferenciandose, destriangulándose y autoafirmándose. Y me encanta. Y aunque hace unos diez minutos que he caído, al reflexionar conmigo mismo, y con todos vosotros, ya me siento mejor, mucho más animado, será que el desnudarme me libera...
El verano y el regreso a mi azotea han hecho que haya sido incapaz de sentarme frente a este ordenador a contaros como me siento, a contarme como me encuentro y donde me encuentro, si es que realmente me encuentro porque yo como Bebe, últimamente búscome y no me encuentro. Pero cuando mi cuerpo terminé de llorar, porque lo hará, seré tan fuerte que seré capaz de llevar el timón de este refugio que vaga rumbo a donde nadie sabe.
Ayer una chica especial que estará asociada para siempre a aquella facultad que dejo atrás tras años de suplicio, cansancio y fatiga, al leer este blog, me decía que era capaz de verme completamente desnudo, y es cierto. Me desnudo aquí porque siento que puedo, porque es el reducto de libertad de una sociedad que aún no está preparada para muchos comentarios, y porque ésto soy yo.
De todas formas, entro para agradeceros las felicitaciones, los gestos de cariño y las palabras bonitas que dejais en cada comentario... Gracias a todos!!!!!Ahora me voy de ruta por vuestros blogs y pronto, muy pronto (quizá esta noche, quizá en una semana), volveré para contaros que fue de J (porque me declaré), cómo fue el regreso a esa azotea mágica, cómo fue el final de esta carrera (por cierto, ya soy Trabajador Social) y miles de neuras más que quiero compartir en este blog que dentro de muy poquito cumple tres años...
Tras un periodo de ausencia por exámenes vuelvo a éste refugio virtual que pronto cumplirá tres años. Y vuelvo porque ha sido un tiempo confuso, bastante duro, bastante estable diría yo, estable dentro de la gravedad de un joven que se está haciendo mayor, que siente que ha madurado en exceso y que se siente un poquito más libre que ayer.
En este tiempo me he despedido de muchas cosas, buenas y malas, estoy cerrando etapas, me estoy enfrentando a muchos fantasmas del pasado, me estoy enfrentando a quien se hizo tanto daño, uno mismo. Y en esa batalla, quizá la más dura, está ganando la razón sin olvidar el corazón, quiero seguir sintiendo, pero sabiendo que sentir no lleva aparejado el sufrimiento.
Al menos quiero creerlo esta noche eterna de jueves.
Y ahí está alguien que me aporta equilibrio, con el que me encanta hablar, compartir, un ser especial al que me llevo en el recuerdo de mi paso por esa Escuela Universitaria, y todo porque cuando habla, concluye, y eso es dificil de encontrar. Y hoy ha sido importante poder hablar de todo con él, porque me ha ayudado a ver el punto sistémico de mi vida y más en particular de esta relación con J., de quien hablaré a continuación.
Imaginaos que el hombre que os gusta os invita a un ciclo de cine, ¿Cómo os sentiríais? Nerviosos, angustiados y emocionados ante la idea de compartir una tarde distinta en una ciudad como éste Madrid, que me sigue recordando que aquí la vida es más bonita.
Pues bien, puntual allí estaba, sentado, con el pelo más corto, se lo había cortado tal y como soñé ya días antes…
Gafas de sol que se quitaba para abrazarme, un abrazo largo y sincero, como pocos lo hicieron, con ternura, con protección, y yo, con el mayor de los miedos agarrado al alma que se encoje al describiroslo.
Tras la película un paseo por Sol, la Plaza de Santa Ana, Huertas, Paseo del Prado, las Cortes y una despedida amistosa nuevamente en Sol. El sol de Sol estaba desapareciendo cuando el último abrazo me hacía sentir mareado, casi encerrado en mí mismo, reviviendo viejos tiempos.
Las conversaciones las guardo para dentro de momento, demasiada información y una que se me clavó bien dentro, una que me rompió en cinco mil pedazos. El reencuentro con amor de su pasado que ahora, curiosamente, también vive en esta ciudad, y el comentario que provocó mi desasosiego, quizá se acuesten para revivir viejos tiempos. Basándome en palabras de J., este antiguo amor se enamoró y nunca consiguió olvidarle, quizá como yo a mi perdida ambigua que siempre cuando el corazón se rompe, aparece como la única válida, como la única real, como la única posible, aunque en parte ya, la sienta como la reserva emocional del fondo de imaginación que me ayuda a vivir.
Se me hace complicado expresaros este malestar, cuando alguien parece devolverte la esperanza, el destino te devuelve a la cruel realidad, a la soledad que ya conozco porque sí Diego, creo que estamos solos, pero también sé que existe algo parecido a la esperanza de que esos días pasen.
J. ahora mismo está trabajando, lo hace cuando la ciudad duerme aunque ni él ni yo lo hagamos hoy… Eso sí, por motivos diferentes, muy diferentes. Él por su empleo y yo porque me siento nuevamente perdido, buscando nuevos rumbos, quizá sin la certeza de que haya que cambiarlo (eso es lo que más asusta, la misma incertidumbre de siempre), pero también sé que mucho más fuerte que en otras épocas. Pase lo que pase, estoy en un año de cerrar etapas, y me hago mayor, me asusta todo pero sé que irá bien, sino es él, alguien conseguirá devolverme la ilusión, aunque uno tenga que ser fuerte y se arme de valor para decirle que no, que ya no podría ser su amigo…
Sólo faltan 12 días para regresar a la azotea… Allí me cuidarán.
Y la luna mengua como mengua mi ánimo. Cómo duele el cuello últimamente, y cómo siguen resintiendose las rodillas, agotadas de bajar la mirada hasta el nivel del subsuelo, y sentir que sale aire contaminado por las rejillas, aire putrefacto de la voz que suena por teléfono mientras conversamos de todo y de nada, y mientras siento que ésto sólo será un jodido "me gusta" mientras me doy cuenta que "yo no le gusto a él", pensamiento constante... Y sentirme desesperado mientras me digo "ahora no lo soportarías, date tiempo, cuando los exámenes pasen conversareis"...
Y colocar un folio azul en el escritorio, agarrar fuerte un boli y comenzar a escribir frases que me recuerden que será mejor mañana, que todo pasará y que estoy cerrando etapas con hilo y aguja, con las agujas que siento desclavarse del bazo, o quizá del vientre, ausente cuando lo recorre la persona equivocada.
Y sentirme desesperado al darme cuenta de que lo único que quiero es que me haga el amor. Que sea tan fiero que cuando le caigan las gotas de sudor, yo pueda lamérselas mientras coloca su cabeza en mi pecho, mientras descienden nuestras erecciones y venga el afecto, la confianza, el después.
Y anhelar el futuro, querer darme cuenta de que ya soy un poquito más libre, que comienzo a vivir la vida que quiero, que comienzo a no querer llorar tres veces al día. Sentirme menos desesperado cuando la oscuridad apaga las luces de mi habitación, y mientras la persiana que bajo, no deja pasar ningún resquicio de luz, sentirme bien, tranquilito, solo, seguro...
Aunque si os digo la verdad, hoy necesito claridad.... Susurraré como Bebe, "Ahora viajo solo, vivo en bosques solo, ya no tengo miedo. Siempre hay luz al fondo, y puedo ver pequeños islotes, a flote, que dejan que el sol les toque, y no sé si quiero irme, o me quiero quedar, lo que sé es que no quiero que me duelas más..."
La autodestrucción más fiera visitó ayer mi cuerpo, por el cuello, la mandíbula, la cadera sujetada por unas malas manos, las rodillas soportando la más baja bajeza.... Y entender el camino, el rumbo del malestar que desencadenó toda una serie de acciones que no hacen más que daño... Palabras que hoy, resaca de sufrimiento, puedo entender y no entender como condujeron a actos de los que hoy me arrepiento.
En decadencia, sintiendome sólo solo, sin rumbo, con miedo a la soledad, y comprender que tengo que luchar para hacerme tan fuerte que sea capaz de asumir de una jodida vez que siempre voy a estar solo, y comprender que mi segunda J., la más importante, nunca volverá a acompañarme con su sonrisa, su cariño y su protección, quizá ese es el enganche más triste de mi vida, y quizá por eso pienso que la vida es muy larga y puede llevarte por caminos cercanos... Quiero dejar de una puta vez el dolor, y quiero comenzar a ver una vida limpia, sana y serena. Estoy harto de restricciones, harto de mi puta autodestrucción.
Alguien joven, humilde, con ganas de aprender, con espíritu critico, ambicioso pero excesivamente ético, comprometido con las luchas sociales, comprometido con los problemas que aún tiene esta sociedad... Involucrado en el mundo de la intervención social desde la raíz, muchas veces desintegraría a bastantes personajes de la vida pública y de la cotidiana...
Alguien que aspira dejar de pensar en el mañana y en la futura felicidad... Un hombre que sueña con ganar las batallas de mi propio mundo, con intentar cambiarlo desde mi posición y con un objetivo claro, no dejar que me cambie el mundo.