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[¤ Lágrimas incompletas ¤]

Podré callar, fingir que no siento... pero mis manos seguirán escribiendo.


Dicen que el mar cura las heridas...

Hoy cuando me he acercado al mar no he visto olas, he visto brazos que se extendian e intentaban llegar hasta mí para coger la mano que yo tendía. Nunca he deseado tanto como hoy sentir la brisa recorriendo mis huesos mientras mis venas pasan a ser saladas. La única caricia que necesitaba era la de muerte, el único abrazo el del sueño eterno.


Me he odiado como nunca llegué a imaginar que odiaria a alguien, he odiado todo cuanto me rodeaba,  la gente, mi vida... y me he seguido odiando por ello. Ya estoy harta de mentirme continuamente, yo no puedo sola con la vida. Harta de fingir quien no soy.


Quizá no haya sido hoy mi final, pero espero que no tarde en llegar.




 

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Mi rutina es morir

Mi rutina es morir cuando despierto,

cuando alzo la mano al cielo sin verlo,

cuando abrazo la almohada porque no te siento,

cuando acaricio la mañana, su brisa, el viento...

y ya nada me habla, nada me calla, sólo recuerdo.



Mi rutina es morir cuando el sueño intento,

cuando la luna me ilumina porque yo no sé hacerlo,

cuando la noche me susurra y mima entre el silencio,

cuando lloro con sonrisas observando el manto inmenso...

ya fue tanto dolor, tanta pena, que más no sé si puedo.



Mi rutina es morir y por morir ya muero,

muero cada día y noche, y muero en cada verso,

muero por sentir tanto frío sin apenas ser invierno,

muero y ya he muerto, por no ser futuro, ni pasado,

ni acaso presente creo que en mi vida tengo.



Triste rutina, triste es vivir siendo un muerto,

amando tanto, sufriendo tanto, guardando otro tanto...

con sentimientos sepultados bajo las arenas del corazón,

con sus ojos colgando de mis ojos, perdidos tras la razón;

mi rutina es morir cuando despierto, aunque ya soñando muero.


 


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En tus sueños

Hundo mis pestañas en tus sueños,

en mis sueños que hago de los tuyos

creaciones útopicas que siento mías;

porque corazón que muere aún palpita,

porque corazón que muere no se debilita.



Y mis morados párpados pesan,

acompañados por tus manos

que a mí quedan agarradas,

fundiendose entre besos,

besos que nunca llegaron;

maldigo el día en que me tentaron.



Hazme ver que me quisiste un poco,

sólo un poco, que rompo todo que toco,

ya hasta mi corazón anda medio loco,

y permiteme hundirme entre tus sueños,

a los que no pertenezco pero merezco.



Acariciame con tus miradas

mientras atónito observas la luna;

miénteme sea noche o sea día,

ámame aunque sea todo mentira,

apartame de mi más dolorosa locura,

y entregame un pedazo de cristal

que funda en él tu figura.



Alejarme de ti no sé si debo,

tampoco sé si quiero o puedo,

me siento en tus sueños rea,

de tus palabras prisionera,

mas sigueme hablando, no calles,

yo, que aún te amo, si callaré.


 


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Adiós a todo cuanto quise

Quisiera poder andar

más allá del abismo,

vivir entre el mar

y desatar mi pecho.

Y mi llanto fundirlo,

perder lágrimas

entre perlas de almejas;

cerrar el tesoro

que guarda mi corazón.



Ya no lo reclamará,

¿qué más da donde llegue?

entre las aguas se hundirá,

este amor que me mata,

este amor que me hiere.



Que vengan danzando

sobre mí las golondrinas,

sentir una mínima compañía

antes de cerrar los ojos

y hundirme en lo más hondo,

fondo, como fue mi amor,

mi amor por ti.



Pero qué más da,

si aunque las aguas

lleguen a cubrirlo

no sabrá dejar de latir.

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Nada ni nadie

Quiero que me mate lentamente la vida, para que cuando decida marcharme de ella no tema hacerlo, que no tenga miedo del mundo que me espera, porque ya no seré nada, ya no seré nadie. Aún hoy por hoy no logro entender quien soy y para quien... ¿Por qué engañas tanto corazón? Crees que eres la más feliz del mundo y a los días no eres más una imbécil, una estúpida enamorada abatida y una insignificante en un corazón de alguien llamado Nadie.


No sé cuantas veces me levantaré, cuantas veces seré capaz de luchar sola, ni cuantas veces seré capaz de coserme el corazón porque ya hay piezas que no encajan. Aún me quedan tantas lágrimas que llorar, tanta sangre que derramar... que no sé donde estará mi límite, o quizá viva siempre sufriendo mientras fuerzo falsas sonrisas, sería tan triste...


Hoy he abrazado a la soledad de nuevo, puede que me echase de menos, puede que mi realidad sea vivir junto a ella, incomprendida, vagando por los senderos llenos de espinas que atraviesan mi ser, que no comprendo como sacar... y yo ya no sé ayudarme, ya no tengo fuerzas, ya no soy feliz junto a la soledad.... anhelo tanto el cariño... pero arañaran mis uñas la tierra hasta que pueda, hasta que la sed me venza.


 


 


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A veces no es hoy

A veces me desvanezco,


siento miedo y huyo,


huyo entre sombras


o quizá me las imagino.


 


A veces confundo el mundo,


me pierdo entre la vida


y hago a mi dueño un sueño,


un sueño que no palpita.


 


A veces... pero a veces no es hoy,


porque hoy no hay sombras,


hoy hay luz entre las palabras,


y siento que existo, que estoy.


 


Vivo y palpito entre sentidos,


latidos que danzan en mis ojos,


canciones y sonrisas en mi rostro


anunciando que llegó el amor.


 


 


 

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"La medida del amor es amar sin medida"

Anoche intenté ahogar a la soledad en un vaso de ron, pero de nuevo este me falló. Sólo hacía efecto durante unos instantes, asi que cuando la magia se debilitaba me aferraba a otro vaso de ron, frío por los hielos cristalinos que empapados en sueños me miraban, como lágrima helada, la misma escarcha que se iba formando en mi corazón. Trago tras trago, ron tras ron, vestía mi mente con recuerdos dañinos para mi palpitar: besos robados y ausentes, miradas cálidas, caricias que mecían el alma, tacto de pieles y sonrisas amplias. Y a mis ojos... una lágrima. El hechizo ya se había roto, y una parte de mí se rompió con él.


Sumida ya en la pena, el ambiente alborotado que me rodeaba carecía de sentido. Salí del pub dejando allí a mis amigas (ellas sí que se lo estaban pasando la mar de bien) con la excusa de que me molestaba el humo que embriagaba el local y necesitaba tomar un poco el aire. Afuera hacía mucho frío, pero no me importaba, también sentía el mismo frío estando en ese lugar donde rien las almas alegres y donde lo intentan las tristes. Me senté sobre la acera, dejando a mi lado las dos rosas que me había regalado un imbécil anteriormente, si lo que pretendía con ellas es que me liase con él debería haberse guardado el dinero de las rosas para comprarse alguna lámpara mágica.


Absorta en los recuerdos y las ilusiones desvanecidas, sentada, me alejé durante unos instantes de este mundo, que no comprendo, para volar hasta el mío. Ahí estaba la soledad, esperándome de nuevo, pero la sentía mucho más cerca, le permití avanzar y yo avancé hacía ella. Me abracé a la soledad, sintiéndo que era lo más próximo que tenía en esta vida; ella y yo, nadie más. Volví otra vez a este mundo infernal y allí estaban a mi lado mirándome las rosas rojas, yo les sonreí mientras frenaba otra lágrima que quería huir de mis ojos.


¿Por qué? Era tan amplio el vacío... Me preguntaba una y otra vez por qué. ¿Acaso era yo la que no sabía amar? ¿O eran ellos? Él... En fin, había tantas preguntas... y las únicas respuestas que encontraba más fiables eran silencios, pero yo quería palabras que aliviaran el dolor que me oprimía el pecho. Saqué a tientas el móvil del bolsillo de mi chaqueta y marqué su número, primero un par de pitidos y luego... nada, otra vez el silencio. ¡Tonta de mí! ¡Si eran las cinco de la madrugada!


Vi que mis amigas salían ya del pub porque lo iban a cerrar en breve, pero no se acercaron a mí. Nos separaban tan sólo un par de metros y me dijo una de ellas "nos vamos ya, ¿te vienes?" mientras, iban caminando en dirección contraria a la mía. Les dije que no, que fueran ellas por allí, que a mí me pillaba más cerca el otro camino para llegar a mi casa. Bien, eso hicieron, se largaron sin mas y ahí seguía yo, sentada en la fría acera, y sentí de nuevo el abrazo de la soledad. Así permanecí durante unos minutos más, intentando reprimir las lágrimas mientras me aferraba a las rosas.


Me levanté pasados esos minutos y me dirigí hacia casa, sola, con la mínima compañía de las rosas, la noche y los silencios. También las calles estaban vacías. Me sentí como si fuese un espíritu vagando muerto por las noches, anhelando aquellos momentos en los que estaba vivo y podía aspirar la fragancia de los humanos, sentirlos y dejarse amar. Sí, quizá yo también sea uno de ellos, aunque yo poseo el don de la vida, simplemente que aún no sé dominarlo.


Por fin llegué a casa y metí la llave en la cerradura tras varios intentos, entré y allí estaba mi padre, sentado en el sofá. Sin decir nada me quité los malditos tacones y subí como pude por las oscuras escaleras hasta llegar a mi habitación. Una vez dentro dejé las rosas clavadas en la maceta de la estantería (que por cierto, ya tenía otra de hace dos fines de semana) y después lo único que hice fué lanzarme a la cama desesperadamente, ropa incluida, daba lo mismo, quería sumirme ya en un profundo sueño que me alejase de los recuerdos.


Cuando ya tenía los ojos cerrados y estaba huyéndo de la realidad me sobresalté al escuchar la tos de mi padre, tan seca y agonizante, como la de tantas noches y amaneceres que ha pasado. Siempre es la misma, seguida de pequeños ahogamientos y carraspeos. El tabaco lo está matando y él lo sabe, pero pasado su ataque oigo que se enciende otro cigarrillo y empieza a hablar con el gato (supongo, aunque hay veces que me parece que habla solo). En esos momentos me paro a pensar cual será su última noche y, lo peor de todo, si la viviré yo en silencio.


Esta mañana cuando me he levantado he notado húmeda la almohada, ¿será de más lágrimas? Me he preparado un simple desayuno y me he conectado al messenger y, ahí estaban, para aumentar mi depresión, los jodidos "¡¡Feliz día de San Valentín!!"


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Náufraga

Dicen que son las golondrinas las que sobrevuelan el mar y los náufragos los que vagan por él. Pues bien, asi me siento yo, náufraga del mar de la vida, sin rumbo alguno, sin saber donde me llevarán las olas o la tempesta.

En ocasiones he visto pasar barcos, a los que he acudido, y con ellos he avanzado algunas millas, pero finalmente, antes o después, se han hundido y me han dejado de nuevo en este extenso mar; a la espera de otro barco o de alguna isla que me dé amparo.

¿Hay más náufragos? Sí, los hay, pero no consigo alcanzarlos y a los que alcanzo no comprendo el idioma que hablan, ni como piensan, ni como aman, ni como sueñan... simplemente sé que no son iguales a mí; ni ellos me comprenden, ni yo los comprendo.

Siento que mi corazón se ha desvanecido, que no va conmigo. Quizá se me rompiese hace tiempo en la lucha con otros corazones que vagan por este mar. Quizá lo pierdiese entre la marea aquella noche que la luna llena brillaba amplia en el manto negro del cielo, acompañada por las estellas, iluminando un pequeño trazo de luz sobre este mar turbulento, guiándome el camino hacia la perdición.

Pero no me rendiré, sé que algún día seré capaz de llagar a la orilla, huiré de las algas que me agarran y de las espumadas olas, para finalmente tumbarme en la arena y sentir la brisa fresca secando mis lágrimas.



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