Allí fui guardando una colección de besos. Los iba escondiendo y los repartía ordenadamente por las esquinas y bajo la tapa.
Acudía a ella cada vez que sentía añoranza o soledad. Este rito les ponía muy contentos a los besos porque de repente cobraban vida.
Había besos fanfarrones, dulces, suntuosos, tiernos, peligrosos, soberbios, apasionados, algún que otro robado, incluso había besos de AMOR.
Sin embargo, los que esperaban en el doble fondo eran los más especiales.
¿Por qué? - querréis saber. Pues porque esos, precisamente esos, sí fueron dados.
Y al hacerlo habían pasado a la categoría de recuerdos. Y como todos sabéis, los recuerdos viven en el corazón de las personas y no en cajitas de madera con doble fondo.
A quién le importa si les alcanza el dinero a fin de mes o si desayunan cereales. Que se lleve mal con sus padres o tenga que tomar pastillas para dormir.
Qué sabe nadie si tras esa puerta una mujer ama a una mujer, un hombre espera a su novio para cenar, o una pareja heterosexual planifica sus vacaciones. Qué sabe nadie de sus deseos de adoptar un hijo o de su admiración por determinado actor.
A quién le puede importar cómo viven un amanecer o que el jefe le tire los tejos.
Qué sabe nadie de su flemón o de su dolor de cabeza, cada vez más persistente. O de aquel viaje a Noruega que les hizo tan felices. A quién le importa que se conocieran en el avión.
¿A quién le pueden importar sus vidas, mi vida? ¿A los vecinos del segundo, a los usuarios del metro con los que no siempre coincide?.
¿A los de la mesa de al lado en un restaurante al que no volverá? ¿A la cajera del supermercado?
Qué sabe nadie de sus horarios de trabajo, de sus gustos culinarios, sexuales o cinéfilos. De sus miedos o anhelos. Qué sabe nadie de mi amor secreto o de si me gusta la nata o el chocolate.
Esos extraños que se atreven a opinar... qué licencia se han tomado para juzgar... Ellos no tienen la verdad, sino su verdad. Y sus gustos culinarios, sexuales o cinéfilos. Quiénes son para fijar el límite entre correcto o incorrecto, entre normal o anormal... ¿Qué se esconde tras sus puertas?
Tengo 42 años. Quiero seguir recibiendo la vida con los brazos abiertos. Que todo me siga impresionando. Mi meta es sufrir lo menos posible. No busco la perfección, ni ella a mi. Me gustan los perros y los gatos, la lectura, la mitología y un largo etc. Acabaría antes diciendo lo que no me gusta.
Soy un libro por escribir, con el planteamiento hecho, pero sin nudo ni desenlace. Saludos.