el factor decisivo en el tiempo de calidad
Ahora te escribo desde el café Landtmann, ya mañana parto hacia Barcelona.
Ahora te escribo desde el café Landtmann, ya mañana parto hacia Barcelona.
Hoy quiero escribir algo sobre Einstein y el tiempo y me gustaría que tú tambien lo leyeras, porque ayer estuve cenando en el bar de Einstein en Viena. Recuerdas que estaba muy cerca de la Rathaus, y donde anoche en us pantalla gigante retransmitieron la Traviata de Verdi, que es como una versión de la Dama de las Camelias.
En la traviata de Verdi, Armando Dumas nunca aceptaría en su totalidad la condición de Margarita, aunque durante cierto período toleró vivir con el dinero de los otros amantes de la hermosa joven. Finalmente lograría que ella abandone su vida licenciosa, pero posteriormente al verse abandonado y sentirse traicionado, cortejaría a Olimpia, otra mujer de condición semejante, con el único objetivo de hacerle daño a su verdadero amor. Luego se enteraría que el “engaño” de Margarita era sólo otra prueba de su amor, lo que lo dejaría desolado. Es una vida que se desarrolla en Paris y en la campiña de alrededores. Pero el padre de éste le rogaría que deje a su hijo, lo que constituiría su último sacrificio. Regresa a su vida licenciosa, simplemente para acelerar su penosa y solitaria muerte, causada por la tisis, que venía arrastrando desde hacía tiempo.
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Pero lo que te quería hablar es sobre Einstein. Pero ni siquiera sobre Einstein sino sobre los sueños y sobre la temporalidad, tema que vengo desarrollando desde estos días en algunos blogs. Aunque pocas personas me hacen caso porque es difícil encontrarle sentido a esto del tiempo y de su relatividad.
Es impresionante como la mente del hombre puede cambiar en unos minutos, el concepto que se tenía de un mecanismo, de una aparente realidad. Como Galileo Galilei en su tiempo o Newton en el suyo.
Galileo Galilei en el renacimiento e Isaac Newton fueron los que sentaron las bases de la mecánica clásica y Newton además dio una definición del concepto de tiempo como si el tiempo fuese algo absoluto para él.
Este concepto será el que después cambiará Einstein que dinamitó la base más solida de ese concepto, su inmutabilidad, con su teoría de la relatividad. De forma que el tiempo se encoge, se estira y cambia de forma y en ello influye la velocidad de la luz de modo que a más velocidad el tiempo transcurre más despacio, y también influye la gravedad de modo que cuanto mayor atracción gravitatoria de un cuerpo más despacio transcurre el tiempo.
Tal vez si nos montamos en una nave que se acelere a la velocidad de la luz lograremos retrasar el final de este sueño.
Otra posibilidad es que yo me vaya a vivir a una estrella de neutrones, un lugar donde la masa está tan concentrada que una bolita diminuta del tamaño de una canica pesa más de novecientas mil toneladas, y entonces este sueño sería eterno.
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e=mc2
(Entonces, E puede tomarse como la energía liberada cuando una cierta cantidad de masa m es desintegrada, o como la energía absorbida para crear esa misma cantidad de masa. En ambos casos, la energía (liberada o absorbida) es igual a la masa (destruida o creada) multiplicada por el cuadrado de la velocidad de la luz.)
Energía en reposo = Masa × (Velocidad de la luz)2
Mas si esta fragmentación hubiera sido posible solamente en el espacio sin el tiempo la vida no hubiera jamás existido.
En el principio era ya la vida y no la materia. De la vida, puede salir por fragmentación la materia. Al decir materia estoy diciendo espacio-extensión. La vida fragmentada dio el espacio y el tiempo en su conjunto, en su integridad espacio-tiempo. El espacio-tiempo total es vida, es una vida única, íntegra, donde todo vive, es ...Dios (que es como un decir solamente de un absoluto).
La vigilia-sueño, el sueño-vigilia eso es la vida.
Y a través de la vida, en ese estado que es vivir solamente, la vida se vuelve fysis. Y en el animal, el sueño es cesación de funciones bajo el signo de la orexis, del deseo y de la afección.
Y lo que en el hombre hay de animal es lo que más rápidamente despierta.
Tratando a su vida como un continuo del que se extrae una continuidad establecida, lograda a través de la discontinuidad y aun de la alteración temporal. Pero es que el estar presente es vuelo y desprendimiento de la conciencia.
Así se desprende el absoluto de los sueños.
Tal vez los astros se han originado de un átomo de vida del que se han fragmentado. En realidad, no son los astros a quienes esto ha ocurrido sino al espacio y a la materia totales. Al espacio-tiempo que se especificó desenvolviéndose, fragmentándose.
Cuando escribía esto, estaba en el bar de Einstein en Viena.
Pero el hombre se ha ocultado a sí mismo, ha perdido su identidad. Aunque haga uso de sus sentidos no sería él.
El mismo, éste que no solo siente, sino el se que se siente y se sabe es el sujeto en su soledad.
Pero el sueño no le ha privado del uso de los sentidos, y despierto, en cambio, puede que quede privado de ellos por un exceso de concentración o en el límite de la dispersión.
Bajo el sueño todavía siente, porque no es él del todo.
Quien despierta ante él no es todavía un hombre, sino un organismo animal que en el hombre hay.
El animal se recoge, cesa y pesa, se reduce a ser peso porque ha dejado de moverse.
El hombre, en lo que de específicamente humano tiene, cae porque su conciencia y la realidad que le corresponde se sumergen. Se ha ocultado a sí mismo y aunque pudiera moverse, hacer uso de sus sentidos no sería él.
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Bueno, te dejo con estas rememoranzas del tiempo y de los sentidos.
En la capital austriaca, la capital vienesa del arte y la cultura, como sumergida en ella, con toda la ostentación del mundo posible del arte, de la belleza helenística, imperial, aunque parece que dominara en ella sólo un estilo, el de un siglo cultural, como si no terminara de vaciarse de una época, a la que va haciendo espacio también a través de la modernidad y de la ultima transformación ultramodederna que va sufriendo la ciudad sobre todo a orillas del Danubio, en la zona del edifcio de las Naciones Unidas. Pero diríamos que se ha quedado en la modernidad de la cultura que vivió en todo su esplendor en el siglo XVIII y XIX sobre todo con el imperio austrohúngaro. La música es otro reflejo de esta visión, se diría que se vivía para el arte y sólo para éste. Hay algo en ello que contradice cualquier estilo sensato, razonable de vida, y razonable en la economía de la vida.Aquí se vivía con una ostentación y un lujo superior.
Y como estoy aquí en la capital de los sueños y en la ciudad de Freud es para mí más propicio hablar ahora de los sueños, de vivir o estar como sumergida en los sueños yo también.
Sin embargo, también cabe contemplar Europa y Viena como un continente que no consolidó sus fronteras hasta después del asedio de Viena por los turcos en 1683, donde tuvo que dedicar considerables energías a defender sus fronteras orientales y meridionales frente a los mongoles y el Islam, en parte como consecuencia de las propias agresiones europeas.
Diríamos por ello que esta parte de Europa está como abismada en un tiempo, que no empieza a nacer hasta en un momento tardío de la historia de Europa pero que en ese momento, sumerge diríamos de todos sus sueños, de todos los anhelos que oculta a través del tiempo.
Todo sueño es un viaje.
El sueño es un viaje mágico en el cual el viajero anda a la vez preso y errante, cautivo, viaje en cautividad.
No va en buscada compañía o apretada compañía que no le deja el vacío necesario para mantenerse a flote. El yo va en cautividad y en encadenada compañía.
En situaciones extremas bordea el infierno, a causa del ser anulado, en peligro de anularse, por haber perdido su propio lugar. ¿Hay un lugar del Yo?
Enajenación o asfixia, a veces, las dos cosas.
Que va perdido si va solo, y que logra su soledad a cambio de andar errante. En la suprema ambigüedad de los sueños, el yo errante puede desplazar esto que es como su envoltura, como el prisionero arrastra consigo su caverna.
La psique se hunde en la atemporalidad cuanto más herida está por algo, por una herida permanente, abierta un cierto tiempo o sufrida durante el día anterior.
Y es entonces cuando la psique descansa porque sólo entonces de verdad vive.
Mientras se vive, se cae y se abisman en los sueños las experiencias vividas. Y el sujeto les deja irse y aún se desprende del ser amado, le deja irse, abismarse, salvando aquello que le parece necesario para un mañana, aquello que también le parece digno de sí mismo, de su altura.
Y entonces emerge el vacío del yo, ha de ser por tanto un vacío, un cierto vacío que le mantenga aislado y a flote sobre ese océano de vivencias declaradas o a medio declarar, de ese rumor que llamamos psique. Y sólo son vividas las vivencias sobre las cuales pasa el Yo con la psique.
Y el estar presente es vuelo y desprendimiento de la conciencia.
Y con esta interioridad específica de los sueños el acontecimiento cede, conservando su interioridad, su inmanencia, se deja ver, aparece no como actuante sino como un visitante que se somete a las reglas del lugar que visita, y la ley de la conciencia es la visibilidad; pero no es la conciencia quien lo llama sino el sueño que entra como visitante, entonces podemos preguntarle qué entra buscando, y lo que quiere es ser visto como una llaga que se hiere y que se exhibe. Especies de larvas sedientas y su intento de entrar en el sistema de la realidad.
Y los sueños cuando estos son portadores de una fuerte carga emotiva es cuando penetran en la vida de la vigilia por esa emotividad que es justamente lo más fluido, por idéntico a la vigilia. y con ella se tiñe el estado de ánimo.
Y es que urde historias, pero realmente es un sufrimiento originario lo que esconde, lo que rebasa y rebosa. Por eso todas estas historias están teñidas de resentimiento.
Por eso cuando yo te decía que te quería, tú no me oías, tú sólo escuchabas en ti a tu sufrimiento originario, aquel que escondía tu verdadero sueño.
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Llevo ya algunos días en esta bella ciudad de Viena. Ahora me encuentro en el café Sperl, uno de los más hermosos cafés de la ciudad, tal vez no el más lujoso, pero en su austeridad y sus sillones decorados de terciopelo y sus hermosas lámparas de cristal blanco conserva el encanto de una época. Este café no es exactamente el que visitaba Freud, sino que él solía ir al café Landtmann, que quizá es uno de los más lujosos que se conservan en la ciudad y que conserva ese encanto y aún más esplendor en sus cortinas de terciopelo, sus paredes de madera, todo en una línea de decoración que le da ese toque ilustrado e intelectual.
En este café Sperl algo más modesto, me estoy tomando una crema de sopa, y despues tomaré algo más contundente, pero no quiero comer mucho; ahora vengo de un mercado ambulante en una zona de gran avenida y he comprado un vestido como chinesco, parecido a uno que vi el otro día, pero no he podido evitarlo, las mujeres somos así, cuando se nos dejan solas, llenamos el vacío afectivo con regalos.
La verdad es que quería hablar sobre Freud, ahora que me encuentro en esta ciudad. Y en concreto me gustaría hablar de los sueños y de la conciencia de la vigilia, y de la caída de la conciencia en la inconsciencia. Freud ya dijo que el inconsciente era la verdadera realidad psíquica, y él lo descubrió estando en esta gran ciudad, que en el siglo XIX debía de ser una de las más ricas de Europa, entonces en aquella época y acontecer él se encontró con la enfermedad típica de la gente rica, la enfermedad mental. Y empezó a descubrir en cierta manera algo que hasta hace poco no se sabía o conocía.
Estoy estos días satisfecha de poder gozar de todo el arte de esta ciudad de la cultura, Viena, el "kunst del alma", me parece que se podría llamar, como me ha escrito mi amigo. Y es que esta ciudad es una de las más bellas que he visto y que hay en el mundo. No se termina de descubrir un palacio detrás de otro palacio, casi siempre todo de estilo helenístico, posiblemente no haya un Parlamento más bello y grandioso, ni un Ayuntamiento en ese gótico flamígero lombardo de celosía recargado, y tan de proporciones grandiosas. Anoche además volvieron a transmitir en una pantalla gigante un concierto de Ravel, Debussy y Beethoven en el emplazamiento enorme que queda delante de su fachada extraordinaria. Estoy entusiasmada por tanta cultura, pero aún no he podido sentarme, pero ahora sí, y estoy más disfrutando al fin de sus cafés.
Ayer por ejemplo me deleité en el palacio de Belvedere contemplando la visión de El beso de Gustav Klimt, una delicia para los amantes de la pintura moderna, esto todo está lleno de arte. Klimt y Shiele son unos de sus más destacados representantes del arte de la pintura.
En el fondo de las horas vividas, también yo he amado aquí "la realidad misma de la vida". Mientras se vive, se cae y se abisman en los sueños las experiencias vividas. Y el sujeto les deja irse y aún se desprende del ser amado, lo deja irse, abismarse, salvando aquello que le parece necesario para un mañana, aquello que también le parece digno de sí mismo, de su altura.
Freud tuvo en cuenta al estudiar el mecanismo de la inhibición el que ella dependía tan sólo de una moral social y no de la contextura de la vida misma, no del modo de estar del sujeto viviente. Pero es que no habitándola por completo, no enseñoreándola es como puede habitarla, para extraer de ella una continuidad.
Por eso el estar presente es vuelo y desprendimiento de la conciencia. Y así el hombre actualiza su conciencia de un modo que amenaza con escindirla a ella misma, con dejarla caer, recaer, en la parte de sombra. Y es que la realidad aparece sentida como fragmento. Y ese último fondo nunca revelado es el pasado y se nos aparece sostenido en un doble fondo que descansa y por ello tendemos a situarlo como fundamento del ser.
En ese modo el futuro deja por desear aún. De la vida puede salir por fragmentación la materia, y eso es el futuro. algo que se ha materializado pero que aún no tiene forma, en su integridad espacio-tiempo.
Y entonces emerge el vacío del yo, ha de ser por tanto un vacío, un cierto vacío que le mantenga aislado y a flote sobre ese océano de vivencias declaradas o a medio declarar, ese rumor que llamamos psique. Y sólo son vividas todas las vivencias posibles o a medio nacer sobre las cuales pasa el Yo con la psique.
Y en los sueños cuando estos son portadores de una fuerte carga emotiva es cuando penetran en la vida de la vigilia por esa emotividad que es justamente lo más fluido, por idéntico a la vigilia. y con ella se tiñe el estado de ánimo.
Y con esta interioridad específica de los sueños el acontecimiento que sea paradigmático cede, conservando su interioridad, su inmanencia, se deja ver, aparece no como actuante sino como un visitante que se somete a las reglas del lugar que visita, y la ley de la conciencia es la visibilidad; pero no es la conciencia quien lo llama sino el sueño que entra como visitante, entonces podemos preguntarle qué entra buscando, y lo que quiere es ser visto como una llaga que se hiere y que se exhibe. Especies de larvas sedientes y su conato de entrar en el sistema de la realidad.
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Me estoy basando para escribir esto en María Zambrano, su libro "Los sueños y la temporalidad".
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Estoy escribiendo sobre Yago que es el personaje de Shakespeare, claramente dado a las intrigas, en una época la de Venecia, en que se vivía con una gran falsedad, a pesar de sus riquezas e influencias, pero la sociedad estaba corrompida, un poco como ahora pasa, y había también guerras contra los turcos y por ganar el terreno de Chipre, un conflicto que ha seguido hasta cerca de nuestros días.
Bueno pues Othello empieza siendo un héroe, es un hombre sencillo, del pueblo con miras honestas, que se encumbra por su valor, y se ve además deseado por Desdémona, cuyo padre también es arrebatado por celos. Pero en fin, cumple esa función del héroe y si hay algún ciudadano todavía con honor en Venecia, pues tal vez sea él.
Porque realmente lo que se ve es que esta obra está llena de villanos y de ningún héroe, es muy difícil mantener este papel y también lo va a ser para Othello, suponemos que por su carácter de buenos sentimientos, de hombre llano que ha triunfado pero que no es capaz de vencer al impulso de los celos, y se deja llevar por ellos, hasta su final fatal, la fatalidad más cruel, cual es el asesinato de Desdémona.
Todo lo que está haciendo Yago es probar una idea, que el mundo se divide en imbéciles y villanos. Y lo va a demostrar.
Ya que éste que es el único que supuestamente tiene honor (Othello), y de quien se siente profundamente decepcionado, por otra parte, porque no le ha nombrado como su teniente, lo va a volver un imbécil. El caso es que lo consigue.
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Voy a intentar desarrollar este argumento esta tarde aquí, si me da tiempo, creo que sí. Y es cierto que quiero darle vueltas a la cabeza porque son muchas historias, porque estos mitos que traigo simbolizan cosas, espejos humanos donde podemos mirarnos. Lo digo porque sé que alguien ha pensado que yo podía influirle, o que trataba de influir con mis pensamientos o de separarle de alguien, en otro caso, aunque sabes que no, en mi vida lo haría, pero no es eso, es que parecía que lo que quería hacer era infundirle celos acerca de su antigua mujer, cuando a lo mejor todavía él tenía esperanzas, y todas esas cosas son las que han ido empañando nuestra relación, y al final, no obstante, le dejé libre para que viera por si mismo, si ella era la que volvía a despreciarle, de que no había mérito por mi parte alguno, de que quién le iba a pagar una estancia tan larga en los EEUU, todo eso.
E incluso una vez me insinuó para que yo le provocase con mis sospechas, pero yo no le decía ya nada. Pero eran algunos datos, duros por lo demás, su frialdad en no hablar, sobre todo, cuando él nunca fue agresivo con ella, y cuando se ve que sus celos, los de ella hacia él han sido desmedidos y sin objeto real alguno. Todo esto nos pone en la certeza de que estamos ante una mujer desde luego que debe ser temida, y también por mí.
En este caso, alguien quiere volvernos imbéciles a él y a mí, también. Con nuestras elucubraciones o dudas, aunque él ya tiene menos, parece. A mí también me ha llamado mi antiguo amigo para reírse de mí, porque ponía en duda que yo pudiera tener una relación con alguien que fuera mínimamente en serio, y tanto ha dudado que se ha jactado, son tres días seguidos llamándome, cuando me dijo que no me llamaría, ¡hasta dónde llega su nerviosismo!, y todo hasta la insinuación sexual explícita, es decir, hasta lo más bajo para ver si yo caía nuevamente en su historia, que desde luego, es lamentable, porque estuvimos hablando un momento en messenger, porque tiene ya una cámara y al ver sus ojos, sólo pude ver a un niño, y ciertamente eso es lo que él es, que sólo ha aprendido una forma dudosa de ser con la mujer, sin respeto por ella, pero esa es la cultura en la que se ha formado, y no sabe salir, porque quería volver a engañarme una vez más, pero ya no me va a coger por pena, porque no soy tonta.
Y también creo que quieren volverle un poco imbécil a él, creo yo.
Lo que quieren es como Yago, el amigo de Othello, convertirnos a todos en villanos y en idiotas. En tu caso, las provocaciones vienen él cree que de fuera hacia él, cuando es por él mismo que ha ido llegando a una serie de conclusiones, pero después se ha sentido un estúpido por mi culpa, o más bien se ha sentido debilitado o débil, porque se ha dejado llevar por unos deseos, de los que no se tiene que humillar tampoco, porque los dos éramos libres y llevábamos libres más de un año, incluso yo llevaba más tiempo que él. Por eso no debe ahora sentirse débil por mi culpa que es lo que parece, o le vienen esos impulsos de acceso a la debilidad y otros de retroceso si se arroja hacia adelante.
Aquí quieren volvernos a todos idiotas. Ella atacándole a él, incluso con el juez, que eso es lo más despreciativo que ha hecho, por mi parte, lo veo así, que he sido abogada, y ahora parece que todo lo legal es lo mejor, pero aquí hay mucha desconfianza, y qué es lo que habrá pensado ella de él, para actuar como ha actuado, con tanta frialdad.
Cuando tú no le diste motivos para celos, ella los veía, y ahora que tiene motivos para celos, tú intentas ocultárselos como sea, pero ya has visto que a ella todo le da igual. Que fuiste tú quien ya la viste, que había amigas y amigos que te habían hablado de cómo y lo que era ella.
En realidad, aquí no sé quién es más villano, el que duda y desconfía sin motivos o el que tiene motivos para desconfiar y no desconfía y se deja llevar por el desastre, que es lo peor que nos podría pasar a nosotros, si desconfiamos ahora el uno del otro.
Yo no quería hablar de esto ni entrar nuevamente en estos argumentos de celos por mi parte -como si yo fuera el mismísimo Yago hacia él-, porque no, porque voy a quedar muy mal yo, ya lo estoy quedando; como él dice, todo esto sólo se puede ir viendo con el tiempo, la confianza se va ganando con el tiempo y con la perseverancia.
Pero necesito también que tú me entiendas a mí, necesito defenderme, porque todo ahora mismo de lo que habíamos ganado, lo hemos podido perder en un día o en minutos, sólo porque había deterioro, había sospechas, nos mirábamos con debilidad, y el deseo en parte se había desvanecido, creo yo; aunque por tiempos volvía, y eso nos rejuvenecía de nuevo en la pasión, y que se hizo mayor aquí en mi ciudad, por eso, yo confiaba en ti ahora y bueno he visto que no podemos tirar la vida por la borda, que cuesta mucho alcanzar las cosas también y que ninguno de los dos somos personas intemperantes tampoco.
Yo creo que hay todavía muchas cosas que se tendrán que poner en evidencia y que entonces él ya las irás viendo claramente con su tiempo.
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Todo esto se parece mucho a la tragedia de Othello una vez más; y aquí nos vendría muy bien encontrar a un Yago que fuese ese personaje malévolo que nos pusiese detrás de todas las morbosidades, de todas las alevosías e intrigas posibles.
Primero Yago le hace creer que Desdémona está con Casio, su primer teniente, y levanta una sospecha contra él, hasta que termina provocando las sospechas de Othello.
Othello es un hombre sencillo. Es un guerrero, un hombre de honor, tosco, impetuoso y arrebatado, pero en esencia de buenos sentimientos.
Pero Yago tiene algo que el moro no; la inteligencia suprema de la maldad. La intriga de Yago es de tal magnitud y tan finamente planificada que hiere de muerte a Othello. Yago se encargará de mantener la herida abierta para poder torturarlo. Cambios diametrales en la personalidad de Othello se suceden durante el desarrollo de su historia. Antes era fuerte, ahora es básicamente débil; antes era recto, ahora es un criminal; antes era sano, ahora sufre desmayos y se muestra enfermo.
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Y dime tú a mí, si eso no nos puede pasar a nosotros y ya nos está pasando también.
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Cada una de las líneas de Yago es veneno en la sangre de Othello, que es sometido paso a paso a los tormentos más devastadores del alma humana; duda, ira, desesperanza, derrocamiento espiritual. Othello es la víctima suprema de la tragedia y de Yago.
A Yago se opone Desdémona, personaje angelical de suprema bondad y ternura, que, por no sospechar siquiera en la maldad ajena genera, sin saberlo, el fatal desenlace del argumento.
Desdémona es una especie de espectro, un ser que eleva por sobre los demás, quintaesencia del amor, la pureza, la nobleza, la docilidad, la candidez y la castidad. Todos estos encantos se mezclan con su juventud y belleza para convertirla en la personificación más elevada de la perfección femenina. Pero el mundo de los hombres no es un lugar adecuado para un alma tan pura y perfecta y todo el peso del drama cae sobre ella; Desdémona estaba predestinada a morir, ése es su karma.
Pero Yago no es una especie de demonio con aspecto humano, no es el Mefistófeles de Fausto. Yago es esencialmente humano, su infamia lo es, a la vez que sus instintos. Yago es esbelto, atractivo, cordial y de apariencia tranquila y honesta. El único personaje que conoce su verdadera naturaleza es su mujer, Emilia, receptora de la ira de Yago en su forma más brutal.
Como buen actor, Yago tiene la capacidad de cambiar su apariencia y vestirse con la piel que requiera para cada ocasión. Cordial con Cassio, irónico con Rodrigo, respetuoso y humilde con Othello, servil con Desdémona, son todas facetas de un personaje macabro, brillante.
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Yago, con insinuaciones, aumenta los celos de Othello, quien sufre un ataque. Yago hace que Othello se esconda para observar su conversación con Casio, llevada por él malignamente. En realidad, habla con Blanca, pero de modo que Othello piense que se refiere a Desdémona. Blanca entra entonces y devuelve el pañuelo de Desdémona a Casio, quien se va con ella. Othello queda convencido al ver el pañuelo: Yago impide que se incline a la compasión y al perdón, y le incita a estrangular a Desdémona. Entra Ludovico, de Venecia, primo de Desdémona, con una carta en que ordenan a Othello volver a Venecia, dejando a Casio al mando de la flota. Othello abofetea a Desdémona, ya entregado a sus celos, y le dice que se retire. Ludovico piensa que se ha vuelto loco. Othello habla de sus celos con Emilia, quien niega toda culpa por parte de Desdémona. Entra ésta, y también rechaza toda sospecha de Othello. Él se va, y Yago le dice a Emilia que la excitación de Othello está causada por sus responsabilidades de mando. Se queda solo Yago, y entra Rodrigo, quien le reclama que cumpla su promesa de conseguirle ver a Desdémona, a cambio de lo cual le había dado joyas. Yago le persuade para que mate a Casio, ya que así no se podrá marchar Othello, llevándose a Desdémona. Luego, en una escena entre Emilia y Desdémona, ésta canta la famosa canción del sauce, de tristes presagios.y acepta su desvelo.
Vemos aquí hasta dónde llega la capacidad de intrigar y confundir a todos los personajes.
Entra Yago, en camisa, como si se hubiera acostado ya. Casio le dice que Rodrigo le ha herido, sin saber que es el mismo Yago quien lo ha hecho. Yago remata a Rodrigo para que no descubra su intriga. Llega Blanca, y se llevan herido a Casio, quien declara no conocer al hombre ya muerto (Rodrigo) que le atacó. Yago hace que le retiren. Llega Emilia, ante la cual Yago echa la culpa de la pelea a Blanca. En la alcoba de Desdémona, entra Othello con una luz y la despierta. Othello la acusa de infidelidad y, a pesar de sus negativas, la estrangula. Antes de que muera, entra Emilia para contar la riña en que fue herido Casio, pero la interrumpen los gritos finales de Desdémona ("¡injustamente asesinada!... Muero con muerte inocente"), la cual, sin embargo, muere sin acusar a Othello. Éste declara a Emilia haberla matado y explica su motivo, la imaginada infidelidad. Emilia defiende la inocencia de Desdémona y, al saber que todo se basa en el testimonio de su marido, Yago, afirma que éste miente, y cuando le ve aparecer, junto con Montano y Graciano, le emplaza a que diga la verdad. Emilia aclara la historia del pañuelo perdido; Yago la mata entonces, furioso de que le descubra en sus intrigas. Entonces hacen prisionero a Yago, y traen también a Casio, herido, para que se aclare todo. Othello, desesperado, hiere a Yago y se da muerte a sí mismo.
Este sería el desenlace fatal de la obra.
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Pero ¿ves lo que pasa cuando se desconfía de la persona que quieres? Confías en cualquier otra, antes que confiar en quien hasta ahora no ha tenido ninguna pretensión ni tiene ningún interés, en quien menos debes pensar. Pero ahí es donde pensamos, porque es donde ponemos el objeto de nuestra debilidad y de nuestro deseo.
Siempre culpamos a la persona que nos hace sentir débil en este caso, o que nos hace ser vulnerables hacia ellos, en este caso, la mujer representa este papel para Othello.
Y él se defiende vengándose contra aquello que es su deseo. Y no puede reaccionar hasta el final, que es cuando escucha a Emilia y se fía entonces de las palabras de aquella mujer que le descubre el engaño del pañuelo diciéndole que se había perdido.
Pero todo está preparado con astucia para la intriga. Pienso que lo terrible de esta obra no es solamente la exposición de los estragos que los celos ocasionan en el alma, sino lo psicológicamente cerca que estamos de Yago. Es un despliegue de sadismo por parte de Yago, un personaje nefasto que se deleita con la decadencia de un héroe.
La verdadera tragedia es la de la inteligencia y la astucia puesta al servicio del mal. Los buenos en esta historia no alcanzan la heroicidad.
Se trata de una historia que incluye un villano terrible y que carece de héroes. Othello podría haber ocupado ese puesto, pero le vemos corromperse cada vez más, hasta un límite repugnante. La obra también podría haber sido la historia del triunfo del mal si las cosas le hubieran salido bien a Yago, pero incluso Yago es puesto en ridículo sobre el final. ¿Entonces que nos queda? Pues, nada. Puro nihilismo. Los frutos amargos que engendra toda pasión degenerada.
Y a eso es a lo que nos estamos obligando nosotros, por todos los personajes de los que nos estamos rodeando, por su morbosidad, veo yo, en esta historia. Por su parte y por la mía. Por no saber confiar, o querer confiar, porque siempre que damos un paso hacia delante damos dos hacia atrás.
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Antígona es una heroína raptada, como Perséfone, por la tierra y devorada también por los infiernos del alma humana. Y su despertar es una conciencia que desciende hacia lo hondo.
Yo he intentado mirarme en ella muchas veces, mediadora entre la naturaleza y la historia, como si algo de lo divino de la naturaleza debiera encarnar la humana historia.
La desobediencia acarrea para Antígona su propia muerte: condenada a ser enterrada viva, evita el suplicio ahorcándose. Por otra parte, Hemón, al ver muerta a su prometida, tras intentar matar a su padre, se suicida en el túmulo, abrazado a Antígona; mientras tanto, Eurídice, esposa de Creonte y madre de Hemón, se suicida al saber que su hijo ha muerto.
Las muertes de Hemón y Eurídice provocan un profundo sufrimiento en Creonte, quien finalmente se da cuenta de su error al haber decidido mantener su soberanía por encima de todos los valores religiosos y familiares, acarreando su propia desdicha.
Creonte que se había convertido en rey de Tebas dictamina que, por haber traicionado a su patria, Polinices, el hermano de Antígona, que se había batido contra otro de sus propios hermanos por el trono, no será enterrado dignamente y se dejará a las afueras de la ciudad al arbitrio de los cuervos y los perros.
Los honores fúnebres eran muy importantes para los griegos, pues el alma de un cuerpo que no era enterrado estaba condenada a vagar por la tierra eternamente. Por tal razón, Antígona decide enterrar a su hermano y realizar sobre su cuerpo los correspondientes ritos, rebelándose así contra Creonte, su tío y suegro (pues estaba comprometida con Hemón, hijo de aquel).
Los dos hermanos varones de Antigona se encuentran constantemente combatiendo por el trono de Tebas, debido a una maldición que su padre había lanzado contra ellos. Su padre era Edipo rey.
La humanización de Antígona realza el dramatismo de ese momento, y en ese momento interviene Tiresias, el adivino.
El adivino y ciego Tiresias interviene para señalar a Creonte que los cuervos y los perros arrancan trozos del cadáver de Polinices y los dejan en los altares y los hogares, prueba de que los dioses muestran señales de cólera. Acusa a Creonte de imprudente y vaticina que alguien de la sangre de Creonte pagará sus errores con su muerte. El coro de ancianos también aconseja al rey que cambie de actitud. Creonte, ante las profecías de Tiresias, cede y se dispone a rectificar sus faltas, pero ya es tarde y no puede evitar las muertes de su hijo y esposa.
Esto es el relato del mito y además entronca también con la figura del padre de Antígona con Edipo rey, lo que nos sumerge aún más en una realidad más oscura todavía, la del crimen de incesto perpetrado por su padre.
Edipo era el hijo del rey de Tebas y al nacer, el Oráculo de Delfos auguró a su padre, Layo, que el niño, una vez adulto, le daría muerte y desposaría a su mujer. Layo, queriendo evitar tal destino, ordenó a un súbdito que matara a Edipo al nacer. Apiadado de él, en vez de matarlo, el súbdito lo abandonó en el monte Citerón, colgado de un árbol por los pies, los cuales perforó. Un pastor halló el bebé y lo entregó al rey Pólibo de Corinto. Y éste y su esposa lo llamaron Edipo que significa "el de los pies hinchados" por haber estado colgado.
Pero Edipo por habladurías de amigos jóvenes empieza a sospechar que esos no eran sus verdaderos padres, por eso va y consulta con el oráculo de Delfos quien le informa de que mataría a su padre y se casaría con su madre. De este modo huye de quien él creía que eran sus verdaderos padres para no perpetrar el crimen. Pero en la encrucijada de ese camino se encuentra con Layo, el rey de Tebas y lo mata tras discutir la preferencia del paso. Y mas tarde responde a las preguntas de la esfinge por lo que recibe un premio y se casa con Yocasta, la viuda reina de Tebas. Se cumple así el oráculo.
Tras una terrible plaga que cae sobre toda la ciudad ya que el asesino de Layo no ha pagado con su crimen. Edipo emprende las averiguaciones para descubrir el culpable, y gracias a Tiresias descubre que en realidad es hijo de Yocasta y Layo y que es él mismo el asesino que anda buscando. Al saber Yocasta que Edipo era en realidad su hijo, se da muerte, colgándose en el palacio. Horrorizado, Edipo se quita los ojos con los broches del vestido de Yocasta en señal de la ceguera que siente por no haber visto la realidad antes y ordena a Creonte, que lo expulse de la ciudad. Sólo su hija y hermana Antígona le guía por donde tiene que caminar. La obra concluye con el coro, que advierte a los espectadores: "Que a nadie se le tenga por dichoso hasta que muera...".
Y Creonte se disponía, junto con los guardianes, a liberar a Antígona del sepulcro donde había sido encerrada, pero ésta fue hallada ahorcada y Hemón se había suicidado clavándose una espada tras encontrar a su prometida muerta. Quedó abrazado a ella mientras moría.
Creonte aún tiene que soportar otra desgracia más, pues al volver al palacio con su hijo muerto en brazos, recibe la noticia de que su esposa Eurídice también se ha suicidado al conocer las noticias.
El coro finaliza con un llamado a obrar con prudencia y respetar las leyes divinas.
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Esta sería la narración algo sintetizada de ambos mitos, el de Antígona y el de Edipo.
Pero lo que me interesa a través de ellos, es reflexionar sobre cómo los seres vivos despiertan a la conciencia para poder ver su realidad, se diría que todos los personajes están ciegos. Si Edipo se casa con Yocasta es para ser rey, entre otras cosas, todos están cegados por la acción. Y Antígona precisamente que es el personaje que permanece pasivo es el que arroja más luz sobre todos ellos, incluso sirve de guía o de camino para su padre ya ciego Edipo.
En Antígona además hay el llanto de la virginidad que fecunda sin ser fecundada. Una metáfora la de la virginidad y una categoría de ser, que sólo pasando por su no-ser se da. Edipo es el fuego que llora o el llanto del fuego. Y así todos los protagonistas de la tragedia cuando han apurado de alguna forma su pasión, se asimilan a algún elemento de la naturaleza. El fruto de la tragedia no es un conocimiento, tal como el conocimiento es entendido, un saber adquirido. Se aparece más bien como el medio que se necesita para crear, para que el hombre siga naciendo.
La conciencia ha cumplido en realidad este viaje descendiendo hasta los infiernos de la historia, del alma humana donde el personaje y su conflicto gemía aprisionado, privado del tiempo y de la luz, pues que no puede darse luz sin dar tiempo.
Ella no es la conciencia del pensamiento, ella es la conciencia nacida, como todo lo que nace del sacrificio que viene. Desde la conciencia moral no necesita discernir ni valorar, ella es una conciencia viviente, una conciencia temporal, que muestra su lugar propio. Aquí los mismos dioses aparecen limitados en el plano del tiempo, el mismo Creón. Es la ley divina, al parecer, pues en el mismo instante que un dios debía aparecer, estuvo ella sola nadie aparecía. Los mismos dioses viven en un tiempo remoto del que no pueden descender para hacerse presentes, así como los reyes viven en un presente fugitivo.
Y la presencia de Antígona tendrá que ser actualidad, una y otra vez, como el despertar. Como cada sacrificio a la luz del que nace.
Los consumidos, los transformados por el sacrificio, la han olvidado, porque su acción sólo es en apariencia voluntaria, su acción abre la vía de la libertad, ella es otra ya, su voluntad no puede cambiarla, transformada, al entrar viva en la sepultura, es el sueño de los otros, es la ley o su pesadilla, quien les condena. Ella es la entera vigilia, ya que sacrificio es la consunción de la vida en una acción del ser.
Pero para llegar al sentido total que la figura simbólica contiene, no le bastaba la inocencia de su perfecta virginidad, tuvo que llegar a la palabra, hacerse pensamiento. Tuvo que ser conciencia pura y no sólo inocente.
Con la palabra ella puede trascender a la historia, sin romper el sueño, trascender no es romper sino extraer del conflicto una verdad válida universalmente, necesaria para ser revelada a la conciencia.
El mito de Antígona dice María Zambrano -de quien estoy extrayendo estas ideas en su obra El sueño creador- que se parece a la doncella que va y viene por agua a la fuente, y que algunos pueblos saben que no se casa, pero no se pierde, tampoco. Y que simboliza eso, la virgen sacrificada que algunos pueblos necesitan sacrificar. Y no se pierde Antígona pues ella se derrama en vida pero de forma trascendente. Tal cosa también pasa con Juana de Arco.
Antígona es la imagen de la doncella pero también ella es fuente, fuente de libertad. La vida que da no a un ser humano sino a la conciencia de todo hombre. Vida no contaminada sino que vivifica.
Y Edipo no soñó otra cosa que con coronarse, como suele el mendigo. Y el hombre es el mendigo de su propio ser.
Si soñó Edipo con su madre fue por estar ya dentro de ella. Uno de esos sueños que transparentan una situación real y no un deseo. Una pesadilla de pasado. Y en ese sentido también está dentro de la madre todo el que no se desprende del pasado.
Y puede haber en ello una cierta libidinosidad, el goce de la inercia, el apego a la resistencia material, donde el alma tiende a asimilarse a la materia. Como en los sueños, suprema pasividad.
¿Quién no ha querido matar a su padre dice Dostoievski?; todos, todos los que han fallado al nacer y no se disponen a seguir naciendo interminablemente.
En el tiempo sucesivo, el caso de Edipo resulta simplemente monstruoso.
Si Edipo hubiera ya nacido y nacido ya, se condujera así, Edipo deja de ser el “inocente-culpable” y es sólo un condenado a muerte, según vienen todavía a ser condenados los inocentes-culpables de hoy.
El tiempo sucesivo que la conciencia presta se ha de abrir, en su sueño todavía encerrado en ese personaje larvado de su infratemporalidad, porque sólo desde la supratemporalidad que concede la lucidez es visible la conciencia de la infratemporalidad.
Y la némesis es la justica del ser sin más, cuando ha sido burlado, y todo lo que hay bajo ella sucede en ciega fatalidad. Actúa entonces la némesis vengadora, la esfinge resulta ser una burla, pues es la figura del mismo Edipo que en ella se reconoce.
La invitación a la anagnórisis al conocimiento, a la revelación, cuando aún había algún tiempo, pero nos vemos insertos antes hechos fatales como el nacimiento y la muerte habidos y no vividos desde lo íntimo del ser de lo humano padecerse, sino desde fuera, desde una visión, la de verse como rey, una encegadora visión, una visión que le está pasando sin cesar y sin permitirle ver ninguna otra cosa.
Y los errores cometidos por el cegado por una visión resultan fatales, consecuencias de haber nacido sin cumplir el movimiento propio del nacer, sin haber nacido de veras. Lo que podrá suceder igualmente, pensamos, con el morir y la muerte.
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En el instante de nacer, de los naceres, no hay horizontes, como no lo hay cuando se traspasa el umbral. El movimiento consume la visión, se nace siempre ciego. Mas no fatalmente ciego. En el nacer el ser se lanza más allá del limite que envuelve a la situación en que está y de su horizonte. Adviene entonces la situación trágica como fatum; se crea el círculo mágico.
En ese decisivo instante, por detenerse o por producirse un error de distinción.
Bueno, tú me dirás, y ¿de qué estoy hablando? Y hay tantas cosas que quiero decirte, situaciones que yo veo que han nacido ciegas, o que han sido lanzadas en ese límite del ser. Edipo rey es sólo una metáfora aquí. Incluso se trata de una inercia, una mala inercia, o de la inhibición fatal de un movimiento esencial o existencial. La inercia que arrastra, desviando eso sí al eros, de su movimiento trascendente. Edipo no ve que ha de nacer ante todo como hombre, como un personaje que encierra con su máscara al ser del hombre, de la persona en un sueño sin poros, más hermético aún que el sueño inicial.
La tragedia siempre encierra un sueño que va arrastrando desde lejos, desde la noche de los tiempos y que al fin se hace visible. El protagonista de esta tragedia está pegado a su sueño, aunque le suceda en la vigilia.
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Por eso te hablo, porque no podemos estar incesantemente naciendo, ni menos hacia un sueño inicial. Ni las leyes divinas contra la convención de los hombres, ni la virginidad que es a su vez fecundada por la palabra o la conciencia, ni la visión cegadora, ni nada de lo que está inscrito en esta tragedia puede arrastrar alguna figuración nuestra si nos vemos como seres de tiempo y tal vez con cierta luz. Porque no hemos ido detrás de estas tragedias, porque no hemos desviado la dirección del eros por una trascendencia mayor o quizás porque el pasado remoto resurge y eso sí, me preocupa a mí, precisamente ahora, la inercia del pasado.
Hoy se produce en el cielo una mágica conjunción cuádruple, como un círculo mágico del sueño, sí es cierto, entre Saturno, Venus, Marte y la Luna, que ha llegado para reunirse esta noche y acontecer también en una lluvia de estrellas que tendrá lugar, y tal vez podamos pedir un deseo, como a la esfinge de Edipo, quién sabe. Pero yo ya he sentido algo los efectos de esta conjunción, y me da un poco de miedo, por el nerviosismo mayormente que experimento, muchas veces cuando me veo sola o cuando me veo que vuelvo a arrastrarme sin saber lo que quiero. Hasta hace poco lo sabíamos no sé qué nos ha pasado. Y todo es cuestión de tiempo, claro está.
Hoy día, no podemos decir que la aspiración humana más trascendente es la más fatal, o que el eros es una desviación y no más, hoy día no está claro nada, porque todo está fragmentado, el tiempo mismo ha dejado de ser sucesivo, me preocupa el medio claro está, eso es lo que me preocupa. Porque Antígona lo que ofrece es un medio natural, un medio mediante la naturaleza y la historia, cual es su rebeldía primaveral.
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Bueno, todo sigue adelante, esa es la verdad, pero es muy difícil ver a un hombre tragarse su propio orgullo, el orgullo masculino de un hombre, algo con lo que me tuve que enfrentar desde muy joven y que no me gustó nada. Siempre salí huyendo de él. Y ahora él está encelado, y yo intento hacer todo lo posible porque desvíe su atención; y vuelva a mirarse a sí mismo.
Yo también lo pasé muy mal en la universidad. Yo vi cómo mi profesor se encelaba porque yo me estaba escribiendo con un profesor más joven de Navarra, después él ya no me defendió en mi tesis; y yo perdí el interés por enseñar lo que enseñaba él; él tampoco me ayudó, en definitiva, empecé a mirar hacia otras teorías que se estaban elaborando la mayor parte, en Valencia y las universidades del mediterráneo. ¿Qué pasaba aquí en el sur? Lo de siempre, rivalidad, falta de trabajo en equipo, y mi propia cabezonería, todo junto pues explotó en mí. Mi profesor ya no tenía ningun atractivo para mí, hasta hablaba con grosería y autoritarismo; una persona tan inteligente, perdió toda mi admiración, porque él mismo se abandonó . Y yo no lo quería porque evidentemente él no se fíaba de mí porque era mucho mayor que yo. Todo idealismo se perdió; pero bueno estas cosas también las vivió o viviría Simone de Beauvoir con sus alumnos o alumnas; porque realmente ellos vivían como los artistas viven hoy día, porque entonces la cultura sí vendía, era como una época de oro para la cultura francesa. Y aquí imitábamos solamente, hacíamos lo que podíamos.
Pero ahora él se ve que está solo, que no puede seguir a los estadounidenses, que serían a los que hay que seguir hoy día, para la innovación tecnológica, pero sin embargo ve que su antigua mujer sí ha conseguido engancharse a la ola de la innovación y que lo ha conseguido con otros atractivos que también la rodean. Por eso él está ahora desencajado en su orgullo intelectual. Y porque le cuesta, porque él me decía que había hecho las cosas con unas referencias, que tenía unos principios sobre la vida, sobre la familia, que ella no había valorado todo lo que él había hecho. El tenía colaboraciones con Guinea, con Nicaragua y poco más. Y realmente poco se podía conseguir en esos países pobres, aunque quien sabe, porque están por desarrollar. Pero bueno, tal vez faltaba iniciativas por innovar. Y yo no puedo entender nada de este mundo de las tecnologías. Sigo diciéndole que es muy fácil caer en todas las tentaciones, porque de hecho él sí ha viajado más de una vez a los Estados Unidos.
Pero realmente no ha publicado; le estaba pasando igual que a mi antiguo profesor; que tambien aquel tuvo una familia numerosa, y había sido absorbido poco a poco por su familia. Pero bueno no creo que este sea el mismo caso, en absoluto. Porque él es relativamente joven todavía, quizás esta en el mejor momento, para poder reconsiderar su situación ahora. Y con respecto a su familia, pues también lo que está viviendo es una liberación en cierta forma ahora de la que salir, que le permita descubrirse cómo es él, su verdadera personalidad.
Yo me hallaba estudiando ahora a Nietzsche, precisamente el filosofo de la voluntad de poder; todos hemos sentido este poder ahora con la conjuncion marte saturno, pero realmente se ve el poder de la perversión del poder, con su lógica. Como dice Jose Antonio Marina, el filósofo español:“El poder deja de ser un medio para conseguir algo, para convertirse en deseable por sí mismo. Quiere dominar por el hecho de dominar. La prolongación de la realidad mediante la irrealidad, la explosión simbólica, introduce al ser humano en un mundo inventado por él. Los mecanismos del poder van haciéndose cada vez más simbólicos, más ficticios. Lo importante no es el poder que tienes, sino el que tu enemigo cree que tienes. Comienza el juego de la astucia y, también, el juego de las persuasiones y de las legitimaciones. El poder deja de ser instaurador de lo bueno, definidor del orden, y tiene que someterse a criterios ajenos de bondad. Sufre de dos maneras esa expansión dislocada del deseo.”
Pero como diría Nietzsche, las fuerzas reactivas atacan a las activas. Aunque esto está por ver, porque Nietzsche habla de Sócrates en su Crepúsculo de los ídolos, y compara a Sócrates con un bufón; Sócrates evidentemente es el que encarna el papel de las fuerzas reactivas por varias razones, porque él siempre llega tarde a los discursos frente a los sofistas y se muestra rezagado, porque también él procede del pueblo o del populacho, como dice Nietzsche, y porque es feo, es tan feo que no parece un griego, parece que viene de un mestizaje; pero Nietzsche se regodea en todas estas razones, porque tampoco cree en la verdad inmediata; él cree como Sócrates que la verdad se encuentra mediante el diálogo, y que en cierta forma con Sócrates el gusto aristocrático se decanta por la dialéctica, el gusto griego vence hacia la retórica, y esto supone que vence la plebe, según Nietzsche. En realidad Nietzsche juega siempre con estos caracteres, él mismo busca las fuerzas activas a las que les atribuye el arte, la fuerza, la belleza pero busca lo que las impone a las fuerzas reactivas; siempre está sosteniendo esta lucha, en sí; que obedece a la voluntad de poder, según él, pero que se manifiesta en razones genealógicas de poder.
Y él lo que dice es que Sócrates siempre llegaba tarde a los discursos, hacía como que no se enteraba, porque les pedia a los sofistas que volvieran a resumir su discurso poque sabía que ya no causarían el mismo efecto, por las palabras, a las que atribuía poderes de sensación; y Nietzsche dice: ".Con la dialéctica, la plebe se sitúa por encima. Lo que ha de ser demostrado para ser creído no vale gran cosa. En todo lugar donde la autoridad sigue siendo respetada, allí donde no se razona, sino que se manda, el dialéctico es una especie de bufón. Se ríen de él, no le toman en serio. Sócrates fue ese bufón que hizo que le tomaran en serio."
Y ¿qué es por otro lado lo que está pasando hoy día? Pues por un lado vemos que ante el exceso de poder la historia nos enseña que no podemos anularlo, porque vuelve a aparecer camuflado en otro, que lo mejor es controlarlo; y tenemos frenos y controles legislativos. Mientras que por otro lado, hay que traer al imprescindible Hobbes para darse cuenta de que dependemos de otras personas para satisfacer nuestros deseos, lo que significa que a más deseos más dependencia y en sentido contrario, más necesidad de generar sobre ellas poder. Porque el mismo deseo de poder está sometido a la ley de expansión de los deseos, y al convertirse éste en un deseo autónomo, sin fin y sin objeto, adquiere multitud de formas y se vuelve contradictorio. Los modos de dominación se hacen extensos y retorcidos. Entramos en plena dramaturgia del poder. Dentro de la estructura social, el poder aparece como una necesidad y como una amenaza. Y esta ambivalencia pone en marcha una historia del poder y de la obediencia que puede interpretarse como la aventura metafísica del ser humano, por su empeño en rediseñarse como especie.
Hoy realmente la cuestión del poder está en la cuestión de control. Continúo con lo que nos dice Jose Antonio Marina: "“Curiosamente, la psicología cognitiva también retomó la idea de control. Se inspiraba en la metáfora del ordenador, y la informática, que ya había progresado mucho, al diseñar las complejas arquitecturas de los ordenadores llegó a la conclusión de que unos niveles tenían que controlar a otros. Uno de los padres de la inteligencia artificial -Herbert Simon- mostró en Las ciencias de lo artificial que todos los sistemas ultracomplejos necesitan tener estructura jerárquica. Y uno de los padres de la psicología cognitiva, Ulric Neisser, extendió esta idea a la psicología y concluyó que el funcionamiento mental, por ejemplo el uso de la memoria, exigía admitir algún control de tipo superior. No paraba ahí la cosa, porque en esa época yo estudiaba neurología y el problema del control de la acción me apasionaba. Leí con fascinación los trabajos de Luria, Fuster y Damasio sobre el lóbulo frontal, que juega el papel de controlador de nuestro complejísimo sistema cerebral.”
Aquí en un sentido muy amplio, control significa un proceso que rige o determina otro proceso. Quien tiene el control de algo introduce las señales (inputs) que van a desencadenar o modelar la actividad (outputs). En un sistema complejo el equilibrio se mantiene por un sistema de controles recíprocos. Así el número de conejos controla el número de aves rapaces y el número de aves rapaces controla el número de conejos. Si por alguna razon externa -el exceso de caza o la mixomatosis- cambia uno de los elementos -en este caso el numero de conejos- el otro elemento queda afectado.
Ahora se entiende por qué el poder hoy día, por los sistemas complejos que ha creado de inputs y outputs es muy difícil de controlar por sí mismo. Por eso también hoy día en la definicion de poder se pone el énfasis no solo en la idea de control sino de "decisión". Hay muchas definiciones, está la clásica definición de Max Weber, en su obra Economía y sociedad, de poder como "la probabilidad de imponer la propia voluntad, en una relación social, aun contra toda resistencia, y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad"; pero están ahora las definiciones más actuales que se basan en el control, como decimos. Por ejemplo "el poder es la habilidad para controlar el proceso de tomas de decisiones en una comunidad", dice William V. D’Antonio; "poder es el control ejercido sobre la actividad de otro mediante la utilización estratégica de recursos", dice Giddens.
Y lo importante aquí es darse cuenta cómo el poder actúa tambien en nosotros hoy día, cómo otorgamos o sentimos que estamos inmersos bajo este poder de control. Y no sé hasta qué punto podemos sentirnos sumergidos o zarandeados. En cierta forma yo creo que nos sentimos abandonados hacia él, que formamos parte de un proceso inconsciente mayor, que la realidad se nos oculta o se nos desliza por medio de este proceso mayor.
Un filósofo americano, de prestigio, Ronald Dworkin, en su libro "Virtud Soberana" nos dice: "Vivir bien tiene una dimensión social, y no vivo tan bien si vivo en una comunidad en la que otros consideran que mis esfuerzos por llevar una buena vida son empeños que carecen de importancia. En realidad, resulta insultante para todo el mundo un sistema político y económico consagrado a la desigualdad, incluso para aquellos cuyos recursos se benefician de la injusticia. En el modelo del desafío, el autointerés crítico y la igualdad política van de la mano. Hegel dijo que amos y esclavos están en la misma cárcel; la igualdad abre las puertas de su celda.”
En conclusión, no sé por qué me meto siempre en tanta filosofía. Tal vez este autor americano que es uno de los adalides de la teoría de la igualdad de recursos, cuando habla de otros tipos de mercado como sistema de asignación de recursos, y habla de mercados hipotéticos, así como de mercados de seguros, está volviendo a crear una temible burbuja de esas hipotéticas a las que estamos acostumbrados hoy día y que no sabemos adonde nos va a llevar esta vez; quizá sería bueno, establecer un mercado hipotético -no digo que no- tal y como están las cosas, sobre todo para el ahorro y la inversión. Porque sería impensable vernos arrojados en una deflación, y con una moneda así que está siendo fuerte de nuevo, donde no podríamos exportar o qué hacer si no, si tenemos que competir con el comercio interregional de otros países y algunos nos roban el turismo como sigamos abandonando este a las fuerzas del mercado; habrá que manipular el mercado, ¿no?
Realmente es un juego de equilibrio de poderes. Jeremy Bentham o James Mill sugieren denominar al modelo de democracia que proponen "democracia como protección", precisamente porque la entienden como un mecanismo político que permite al hombre de mercado defenderse de la rapacidad de los gobernantes. Los hombres -opinan estos autores- tienen una natural tendencia a apropiarse de cuanto pueden y si los ciudadanos no dispusieran del mecanismo del voto para defenderse de los gobernantes, estos los despojarían de todos sus bienes. Parece que si la democracia nació también como un modo de defender alos ciudadanos frente a los gobernantes, el Estado-Providencia elimina los frenos de la democracia originaria y entra "a saco" en aquel ámbito que los ciudadanos habían reservado como "sagrado".
El Estado nacional -afirma Drucker- que nació para ser el guardián de la sociedad civil, se ha convertido en los últimos cien años en ese megaestado que se adueña de la sociedad civil, hasta el punto de que el "megaestado" llega a creer que los ciudadanos tienen sólo lo que el Estado, expresa o tácitamente, les permite conservar. La expresión "exención fiscal" es suficientemente expresiva al respecto, ya que da a entender que en principio todo pertenece al estado, al menos que haya sido designado especialmente para ser retenido por el contribuyente. El megaestado degenera necesariamente en estado electorero, porque dispone de los medios necesarios para comprar votos.
Perdonad que me alargue aquí tanto pero estos temas ocupan ultimamente mi tiempo. Me gustaría también encontrar un sentido también al poder. Casi siempre hoy está en la idea de "autocontrol" o de liberarse a sí mismo de controles externos, también por la psicología evolutiva que así lo ha llamado, como una lucha por la libertad. Se supone que los automatismos fisiológicos o la caída en las pasiones -como decían los clásicos- no nos hacen dueños de nuestros actos. Pero el poder siempre tiene esta ambivalencia de control y de fuente de libertad, al mismo tiempo.
Me gustaría explicarle estas cosas, decirle que debe concentrarse en él, que tiene que dar todo de sí, de lo mucho que yo veo que él tiene y que él está atisbando ahora.
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