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Templario


Renazco

Después de un silencio, que no llamé, vienen los gritos de la esperanza
haciéndose hueco entre las paredes del olvido.
Reflejándome en el azul de mis lágrimas renazco de nuevo.
Esta vez seré el viento de las palabras y no el siseo.
La luz acompañará a mis pasos vacilantes y no volveré a temer a las tinieblas.
Sí, hoy renazco de nuevo.
Me quito el peso del desaliento y abro mis alas de libertad de pensamiento.
Atrás quedó todo lo añejo y abro las puertas a todo lo que por entonces cerré de un portazo.
Ventilo mi vieja habitación mental y dejo pasar la esperanza que siempre estuvo picando en los cristales.
Ahora amiga mía, ahora que aparté las cortinas de lo absurdo, ahora te veo.


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el doctor

Allí estaba. Sentado en el despacho del psicólogo. Era grande y bien iluminado. Las paredes color ocre con cuadros de colores chillones le daban la alegría que seguramente le faltaba a los que por allí se visitaban.

Títulos enmarcados con un ribete dorado y una estantería llena de libros. Me acerqué a curiosearla: Debilidad y fuerzas morales de Pierre Janet, Psicoterapias del niño y del adolescente de Claudine Gessmann y Didier Houzel, Tratando el proceso de morir de Leila Nomen.

El que realmente me llamó la atención fue: Orientación sexual y salud mental (identidad y comportamiento en lesbianas, gays y bisexuales) de Allen M. Omoto.

El título me produjo un revuelto en el estómago Y los jugos estomacales quisieron subir por mi garganta agriándola.

¡Salud mental! Todo lo asociaban a una enfermedad mental, quizás no vine al lugar adecuado.

Sopesaba si quedarme o irme cuando la puerta se abrió y apareció el doctor.

En su cara una sonrisa exagerada, un apretón de manos y señalarme el sillón para sentarme todo fue uno.

Me vi de pronto frente a la persona que evaluaría mi situación y tendría el poder de encasillarme, de juzgarme en cierto modo, e intentar que mi supuesto problema acabase.

De mediana edad, entradas pronunciadas y el pelo negro engominado hacia atrás. Las gafas de pasta negra y diseño moderno hacían de escudo para aquellos ojos tan verdes. Su boca pequeña no hacía juego con el conjunto de su cara.

? Buenos días, supongo que ha de ser Sergio Morales. Usted dirá.

Carraspeé. No sabía que decir o mejor dicho como empezar, aunque estaba el aire acondicionado noté que una gota de sudor bajaba por mi espalda.

? Si, soy Sergio Morales. Me dijeron que usted es un buen profesional y podría ayudarme.

?Eso intentaré ? dijo cogiendo una carpeta en la que puso mi nombre ? Veamos, primero le haré unas preguntas generales. ¿Edad?

Perfecto, él rompería el hielo y sería el que llevaría el peso de la conversación, me relajé y me acomodé en el sillón.

? Veintiuno.

? ¿Casado? ¿Vive solo?

? Soltero sin compromiso y sí, vivo con mi hermana.

Levantó la vista de sus apuntes y sonrió.

? Tranquilo, no esté nervioso, aquí no nos comemos a nadie ? puso el tipo de cara que suelen poner para tranquilizar a la gente ? ¿Padres? ¿Hermanos?

? Mis padres murieron en un accidente hará cinco años y solamente tengo a mi hermana mayor.

? Bien, bien. Veamos ¿qué es lo qué le pasa?

Sonreí ? Estoy enamorado, ese es mi problema.

? Eso es una suerte, ¿dónde ve el problema? ? dijo apoyando su espalda en el sillón.

Ahí venía lo más difícil, lo complicado, lo raro, lo mentalmente insano que dicen algunos.

? La verdad es que yo no creo que sea un problema, pero mi hermana cree que sí y por ella he venido. Me gustan sexualmente los hombres y quisiera poder exponerle el tema a ella sin necesidad de hacerle más daño del que le está causando.

Lo que me temía, cogió de nuevo el bolígrafo y apuntó con su letra ilegible en el folio.

Un minuto de silencio, solamente se oía el deslizar del bolígrafo en el papel y el motor del aire acondicionado.

? Eso tampoco tiene que ser un problema. Todo tiene arreglo menos la muerte dicen ? dijo mientras jugaba con el bolígrafo ? Ahora puede contarme qué es lo que siente cuando está con una persona del otro sexo, si ha tenido relaciones, ya sabe.

Dudé un momento. Mis experiencias con mujeres. Quería empezar por el principio y ver si me quedó algún trauma. Lo miré, se había vuelto a acomodar en el sillón como si nada hubiese pasado, como si en el fondo ?mi problema? no fuese tal cosa.

Decidí sacar toda la verdad, mis sentimientos respecto al sexo y liberarme por fin de todo aquello que me estaba ahogando.

? No puedo hablar mucho de relaciones con mujeres porque sólo tuve una.

Era la hermana de un amigo del colegio. Cada tarde iba a su casa ha hacer los deberes con él para después marchar entrenar. A su hermana la había visto en muchas ocasiones, pero aquel día fue diferente. Javier, que así se llamaba mi amigo, tuvo que ir a llevar a su padre a la tienda de embutidos, de la que era dueño, un paquete que habían traído a casa. Me pidió que lo esperase, que no tardaría. Marinela, que así se llamaba su hermana, estaba aquel día en cama con fiebre.

Oí como llamaba a su hermano que le llevara un vaso de agua, pero al no estar él se lo llevé yo. Allí estaba, en la cama con una camiseta del instituto solamente. Cuando me vio entrar no hizo nada por taparse. Me agradeció el vaso de agua y me dijo que me sentara a su lado.

Si ve que me estoy liando me lo dice y lo acorto ? dije al ver que cambiaba de postura en el sillón.

? No tenga prisa, yo cobro por horas ? dijo a la vez que soltaba una pequeña carcajada.

Me quedé cortado por su sinceridad e intenté retomar el tema.

? Total, que después de decirme que parecía mayor de lo que era, que no era la primera vez que se fijaba en mí se lanzó y me besó. Me dejé llevar por el placer de que alguien se sintiera atraído por mí y probar con una mujer. Realmente yo estaba más interesado por su hermano pero no dejaría pasar la experiencia.

De pronto sus manos me agarraron la entrepierna, buscando alguna reacción a sus caricias y besos. Me sentí traicionado por un cuerpo que no sabía reaccionar, porque sus besos no eran para mí más que ventosas en mis labios. No me producían el placer que ella imaginaba. Tenía que cerrar los ojos e imaginarme a Javier, siendo el que me besara. Poco a poco noté el calor de la excitación acudía a mi cuerpo. La piel se erizaba y me costaba respirar, notaba el pulso acelerado. Mi pene empezó a tomar forma y seguir mi imaginación loca. Marinela lo agarró con fuerza pero al mismo tiempo con delicadeza. Estaba llegando al orgasmo cuando noté la presión de su cuerpo sobre el mío, sus piernas abiertas dejaban sobre mí su sexo, suave y mojado, babeante de placer. Mi piel mojada del flujo de su excitación me provoco asco hacia ella?

? Bien, entiendo ? me cortó ? Por lo que me cuenta la única manera de excitarse es pensar en otro hombre. ¿Ha tenido relaciones con personas del mismo sexo? ? Supongo que dio por terminada mi narración de los hechos.

? Pues sí, algunas veces. Recuerdo la primera vez que?

? Supongo ? dijo cortándome de nuevo ? que debió ser especial y todo eso, pero no hace falta que me la cuente. Puedo imaginarla.

Me pareció que se sentía un poco incómodo con el tema y no me parecía justo que no fuera objetivo conmigo. Otra vez me sentí fuera de sitio. Lo que antes fue sudor se quedó congelado en mi camisa y me hizo coger frío, me acurruqué en el sillón esperando por donde me salía.

? Le voy a ser sincero. Creo que su alteración emocional, por así llamarla, es la causa de un mal mayor: una enfermedad mental. Como enfermedad sólo se puede curar con una terapia reparadora o de conversión, que muy gustosamente yo le proporcionaré.

Lo que me faltaba, un psicólogo puritano haciendo abuso de su situación laboral para exponer sus ideas y teorías.

? Perdone, si no he entendido mal me ha dicho que tengo una enfermedad mental, ¿no es cierto?

? Si cierto ? dijo juntando sus manos y sonriendo como un predicador televisivo.

? Supongo que se basa en sus ideologías? le dije en tono de queja.

? Si duda de mi profesionalidad ?me contestó echando el sillón para atrás en un acto de levantare.

Fijé mi vista en sus ojos que me miraban prepotentes con la arrogancia del que se cree superior.

? Seguramente no esté informado que la Asociación Norteamericana de Psiquiatría excluyó en 1973 la homosexualidad de su lista de patologías.

Tenía que mantener la calma aunque la ebullición de rabia me estuviera haciendo hervir el cerebro.

Sin duda no había topado con el lugar adecuado. Un lugar donde las ideologías las dejaran en casa e hicieran su trabajo de la manera más eficiente.

? Puedo ver que no nos pondremos de acuerdo por mucho que quiera ilustrar lo confundido que usted está. Por lo que no témenos porque perder más el tiempo los dos. Mi secretaria le dirá lo que me debe ? dijo señalándome la puerta.

Los nudillos se agarrotaron por la fuerza a la que los sometí aguantando la ira que me producía. El ver la arrogancia con la que me hablaba.

Como explicar a un ciego el color rosa. Él estaba ciego y no podría entender por muchas palabras que le dijera que es lo que sentía.

Amar, enamorarse, palabras que encierran demasiados sentimientos y que cuestan definir. ¿Qué diferencia puede haber entre el amor de una mujer y un hombre o dos hombres? ¡Ninguna!. Cuando pierdes el sueño, el hambre por estar a su lado. Cuando la electricidad corre por los vellos de la piel al rozarse. Sentir que el corazón late más deprisa cuando sabes que se acerca. La falta de respiración cuando se miran.

Amar, con todas las palabras. Llorar cuando la otra persona sufre. ¡Reír! ¡Vivir!

Salí del despacho con la sensación de pérdida, de un combate noqueado y amañado. Vejado por diplomas enmarcados y hombres que desprecian a todo hombre que no comulgue con ellos.

Era una lucha constante, en la calle, en la oficina, en algunos círculos sociales y en casa.

¡De vuelta a casa! No sabiendo que decirle a mí hermana. Ella, confundida, aterrorizada de la crítica de la gente, avergonzada de mi sexualidad.

No quería perderla, necesitaba sus abrazos en mis días bajos, sus carcajadas cuando le contaba un chiste y sus besos que suplían a los de mi madre.

¿Cómo he de explicarte?

Pagué la minuta y salí.

El sol del mediodía me dejó ciego un instante. Parpadeé y una lágrima rodó mejilla abajo, era la impotencia y el dolor que estaban escapando.

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Luna

Luna de plata que asomas tras mi ventana,
pequeño ornamento del cielo que siempre me vela las noches de miedo.
Compañera de llantos, de pequeños secretos? Te echo de menos.
Cuando tus rayos claros me alumbran, me enseñan caminos,
cuando no tropiezo de nuevo, cuando con tu apoyo yo miro...
Me siento seguro en la noche, en los días de frío.
Velas mis sueños cuando estoy dormido,
arrullándome en un mar de estrellas, en un océano infinito.
Mi luna amada, cómplice de noches afortunadas,
de pequeños romances que viste tras mi ventana.
Encubridora de amores queridos y en el éxtasis de placeres caducos
cerraste los ojos para que fuesen sólo míos.
Luna de plata que asomas por mi ventana,
que solo me siento cuando quiero encontrarte y no estás conmigo.


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CAMPEONESSSSSSSSSSSSS




mE HE QUEDADO AFÓNICA DE TANTO CELEBRARLO... CAMPEONES BIEN BIEN BIEN!!!!!

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Susana y el testamento

No me dejaron ir a su entierro y ahora he de presentarme a la lectura de su testamento, ¡increíble lo que me está sucediendo!
Sinceramente no sé que ponerme, sé que me miraran y evaluarán y reprocharán y despedazarán y no me consolarán, ni me abrazarán ni me apoyaran y eso pasa por ser la amante y no la digna esposa, aunque de digan tuviese poco.
Si no recuerdo mal lo conocí hará ya unos trece años en su consulta médica, que por cierto ahora le tocará al imbécil de su hijo llevarla y dudo que aguante más de dos años; tenía problemas para dormir después de la muerte de mi hermano pequeño que vivía conmigo, me parecía que lo veía en todos lados, que me cambiaban las cosas de sitio y necesité de un psicólogo que me ayudase o acabaría por volverme loca. ¡Y lo hice! loca de amor por Sebastián que así se llamaba.
Entre los dos acabamos con nuestros problemas, quizás por eso la rabia de sus familiares que no podían perdonárselo y harían lo posible para castigarme de alguna manera, cosa que no pudieron hacer con él en vida.
¿Y por qué no? Me pondré el vestido negro, de luto riguroso, que en cierta manera es lo que estoy sintiendo, su ausencia, sus palabras, sus roces y sus maneras tan caballeras de tratarme, pero sobretodo su voz que me tranquilizaba y me daba esos buenos consejos. Lástima que perdiera el niño suyo que llevaba dentro. Eso nos destrozó, pues él sabía que le quedaba poco tiempo y quería regalarme mi deseo más grande...ser madre.
El broche en la solapa del traje chaqueta me quedará perfecto, además era su último regalo, lo que él llamaba su agradecimiento por estar a su lado; así parecerá que lo tengo más cerca y espero que me inspire a comportarme con todos aquellos, que seguro están dispuestos a tirarseme al cuello en algún momento.
No sería la primera vez que viera a su legítima esposa, la madre se sus hijos, la guardiana del hogar, de su cárcel como él llamaba, donde después de los primeros años de matrimonio acabó siendo un cuartel en el que solo mandaba ella .Recuerdo cuando la vi por primera vez, me pareció tan distante, tan altiva, tan queriendo aparentar. Yo que entré a su casa en busca de unos papeles para el despacho de Sebastián, que me hizo su secretaria; me miró de aquella manera que miran los que se creen ser más que nadie y yo la miré con la pena del que sabe lo infeliz que puede llegar a hacer a alguien, sin inmutarme por su arrogancia que es de lo único que podía presumir.
No se podía hacer nada sin su consentimiento, los colegios de los niños los escogía ella, la decoración del piso, las vacaciones y hasta el momento ideal para acostarse con su marido, que eran escasos y siempre era ella la que marcaba los tempos.
Pobre Sebastián, nunca debió hacer caso a su padre, que con tal de subir un escalón social era capaz de vender a su primogénito. No pasó lo mismo con Julián, su hermano más pequeño, él si que estaba de acuerdo con nuestra relación y nos comprendía. Espero que también esté presente al leer el testamento, podría ayudarme con la fiera que seguramente se habrá afilado las uñas para el encuentro.
No lo negaré, estoy muy nerviosa, alterada por la situación que sé que se me puede escapar de las manos. Sé que puedo decir cualquier cosa, comprometer el silencio que nos prometimos al hacer de nuestra relación un mundo aparte y de separar su vida matrimonial de la VIDA, como él llamaba al estar conmigo.
Que sepas Sebastián que lo hago por ti, que no puedan decir que: ?muerto el perro se acabó la rabia? y que no me avergüenzo de haber estado todos estos años contigo.
He hecho mal en ponerme tacones altos, mis piernas apenas pueden levantarse del suelo y no será por que no estén acostumbrados, pues trabajar en una gestoría enseñando pisos curte los pies, si no que se lo pregunten a mi podólogo.
Esperando al ascensor que me llevase al décimo piso, despacho del ilustrísimo Don Jaime Pelayo, intenté sosegarme y amoldar mi respiración, inspirar, aguantar unos segundos expirar? todo suave, como me enseñó el maestro de yoga.
Ya dentro, el espejo me reflejó mejor de lo que imaginé, un luto muy bien llevado ¡si señor!, podía estar orgullosa de lo bien que podía hacerlo, sin pizca de maquillaje mi cara se veía limpia y relajada, no diré que me ayudaron las pastillas para dormir, aunque solo serían unos días hasta que todo acabase.
Frente a la puerta labrada de madera antigua y pesada con adornos de cobre, me sentí fuera de lugar, como si allí nadie me llamase, una intrusa en una reunión familiar, pero no daría marcha atrás. Llamé al timbre al tiempo que me colocaba la falda, pues con el forro la cremallera tenía la inercia al andar de irse a un lado.
_ ¿Señorita Márquez? La estábamos esperando.
Que puntualidad y que ansias tenían en abrir la caja de caudales de Sebastián? ¡Qué asco!
Como todos los despachos de la gente pudiente, vamos creo yo, olía a posición, a falsos intereses y cambios de amistades, como se cambia el dinero de cartera, no me gustaba y espero que se dieran prisa pues el ambiente me agobiaba, me oprimía el pecho y me resultaba pesado al respirar.
La gran sala, allí reunidos todos.
Con caras de estar pasando por un trance parecido al mío estaban los hijos y esposa de mi Sebastián, también su hermano que fue el único que me sonrió al entrar, claro es que me coloqué a su lado, o quizá él ya dejó un sillón libre para que así lo hiciese.
_Ya que estamos todos reunidos y siendo así requerido por mi cliente, daremos comienzo a la lectura del testamento con las últimas voluntades de Don Sebastián Martínez Lisandro?
Me importaba tres bledos lo que pudieran decir en esos papeles tan impersonales, a mi ya me dijo todo lo que me tenía que decir, me dejó impreso un testamento sentimental que guardo como lo mas bello que he tenido y tendré, lo que de esas parrafadas puedan leer su boca me sonaran a títere como él decía.
Miré a Juana, no parecía muy desconsolada y eso que en su papel de viuda era algo que tendría que tener en cuenta, por la apariencia más que nada. Sus manos jugaban con el anillo de casada que aun llevaba como queriendo recordar que era ella la digna, la esposa y señora. No había cambiado mucho, seguía manteniendo el pelo rizado, había cambiado el color negro por otro más claro, su ropa de marca con toda clase de accesorios y bien maquillada, excesivamente para su edad según mi gusto, pero se conservaba bien.
Los dos hijos Andrés y Sebastián, con la cabeza baja y mirando al suelo, solamente esperaban el reparto de los bienes? claro está, mientras la madre no pusiera ningún impedimento y así poder hacer uso y disfrute del sudor de mi querido en tantos años.
_... y por todo eso los bienes de mis hijos no quedarán sujetos a la potestad de su madre Juana Velásquez y Sanahuja?
Los dos cuerpos parecieron respirar más a gusto, Sebastián dibujó una sonrisa en su cara ¡Cuánto podía parecerse por fuera a su padre y tan poco que se parecía por dentro!, Andrés se removió en la silla, seguro que ya le daba igual lo que pasara con el resto, ya tenía lo que deseaba.
Juana no perdió la compostura aunque miró de reojo a sus hijos, unos hijos que ahora tras la muerte de su padre y con el dinero en sus bolsillos se olvidarían de su madre.
_...Para Susana Márquez, pasará a ser la propietaria de la clínica privada que lleva mi nombre donde no podrá ser contratado nunca mi hijo mayor Sebastián Martínez Velásquez, el que jamás aprendió el valor y la ética del profesional que se precie.
También dejo en su posesión el piso donde vive situado en la calle Condes d?Urgell incluida la plaza de parking.
A Juana Velásquez le dejo la pensión por viudedad como también el recuerdo de las noches tristes que me hizo pasar, de la soledad de no tener quien que te acaricie, y el eco de la humillación que me hizo pasar tantos años y le deseo que en los últimos años de su vida pueda encontrar alguien que le haga comprender lo que es el amor y lo que perdió durante tantos años por ser como es?
Una revolución, la gran señora perdió la compostura, sus gritos y golpes encima de la mesa dejaban ver el lado más escondido de la ?delicada dama?, no podía más que mirarla a la cara, encendida de rabia, escupiendo su ira y quedándole la saliva agrupada en la comisura de los labios, todo un cuadro.
El letrado apenas podía continuar con el testamento, que a última hora fue mas bien un testamento emocional, palabras que nunca tuvo el valor de decirle o quizás premeditadamente las guardó para el final.
Una mano fuerte me sacó de mi abstracción y me apartó el sillón para que me levantara, Julián llevándome casi en volandas me sacó del despacho?
Por fin puedo respirar, lo miré a la cara agradecida por el gesto y en su cara vi que era algo que él ya sabía que ocurriría, quizás ya estaba al tanto de lo que se iba a leer en el despacho.
_ Susana, piensa que también Sebastián te ha dejado algo que quiero que compartas conmigo y que yo gustosamente haré.
_Tu dirás
_Mi amistad verdadera.
Lo miré a los ojos, aquellos que tantas veces tuve mirándome, los que vi llorar como a un niño por la muerte de su hermano y que dejan lucir en el fondo todo el amor que sintió por él, bondadoso como nadie?
Sin pensármelo dos veces me acerqué y apretándolo fuertemente me uní a él en un abrazo.



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Julián

Me llamo Julián, tengo siete años y no soy muy alto, pero según mi madre he de crecer aun más, eso le digo a los niños del cole pero se ríen de mí. Yo pienso que cuando crezca todo lo que he de crecer ya no se reirán y podremos ser amigos.
Tengo los ojos negros y la piel morena, dicen que me parezco al abuelo que también se llamaba Julián, llevo su nombre en su honor, no sé lo que significa muy bien honor pero parece ser que es importante.
Cuando miro el álbum que tiene mi madre en la estantería con sus libros, con las tapas marrones y tan usadas, me parece conocerlo, era alto? Si, me parezco a él, seguro que seré muy alto y no tendré que usar el taburete para coger las galletas.
Había sido minero y quizás por eso el color carbón se le había quedado pegado?Mi madre se ríe mucho cuando se lo digo.
Un día, como tantos sábados, iba a casa de la abuela María que tiene en el campo, allí dice mi madre que el abuelo pasó sus últimos años de vida, hasta que la enfermedad se lo llevó.
Me gusta ir, la abuela me apretuja contra el pecho y me besa tan fuerte que parece que me quiere comer, pues muchas veces hasta me da miedo pues dice mirándome a los ojos? Un día te comeré a besos, creo que ha de ser muy doloroso, pero se que lo dice en broma.
Me hace galletas y magdalenas y su casa huele a canela y azúcar quemada, me gusta estar cerca de la cocina, siempre me da algo antes de comer y me tengo que esconder pues mi madre se enfada con la abuela y yo no quiero que eso pase.
Tiene un desván que no me dejan subir solo, pero muchas veces cuando me ponen a dormir la siesta, y se creen que estoy dormido, salgo de la habitación y las miro, la mami leyendo un libro y la abuela tejiendo un jersey para mí en el invierno, entonces me subo. Es fantástico, la abuela tiene de todo, hay una ventana desde la que puedo ver el río? Aunque no me dejan ir nunca solo a bañarme.
Hay un baúl con ropa, quiero disfrazarme pero a lo mejor me pillan y no les hace gracia, además huele muy raro? Una maleta de madera, cuando la abrí descubrí un tesoro?unos soldaditos de hierro pues pesan mucho, me encantan sus colores y un mapa muy grande donde los puedo poner encima y jugar con ellos. Unos cuentos divertidos se llaman Roberto Alcázar y Pedrín, no los entiendo mucho pero son de héroes y yo seré uno cuando sea mayor.
Hay un traje de marinero que casi me va, es blanco y tiene un cordón en el hombro, busco pero no hay gorra, seguro que la han guardado en otro lugar.
También hay ropa azul de bebé, unos jerséis pequeñitos que se parecen a los que me hacía la abuela y que también guarda mi mama en una caja, quizás sea la ropa del abuelo?
_ ¡Esos soldados son míos! y si quieres jugar primero me has de pedir permiso.
_ ¿Como has llegado al desván? ¿Quién te ha dejado subir aquí?
_Ésta es mi casa y puedo subir cuando quiera, ¿acaso no te han hablado de mi?
_Pues no? Es la primera vez que te veo, ¿Cómo te llamas?
_Ramón, como el padre de mi madre, en su honor ya sabes? ¡Cosas de mayores!
_Yo me llamo Julián y también en honor, pero de otro abuelo que también se llamaba Julián, pero que ya se murió.
_Si lo conozco, era mi padre.
_ ¡Tu padre!? pero si? ¡entonces tu madre es la abuela!, no me dijo que tenia un niño aquí con ella.
_Si, Aunque ahora es muy vieja, antes era muy guapa, como tu madre, que es mi hermana?pequeña.
_No puede ser tu hermana pequeña pues es mas grande que tu, y ella no tiene hermanos, yo solo tengo tíos que son los hermanos de mi padre, mi tío José y mi tío Tomás.
_Ya veo que no te han hablado de mí? ¿Verdad que no te dejan ir al río?
_No?, no me dejan ir y no me dicen porque.
_Pues porque yo me ahogué allí y ahora la abuela tiene miedo, nunca dejó bañar a mi hermana?Tu madre.
_Creo que no quiero jugar contigo porque?, me estas asustando.
_No tengas miedo, yo tengo ganas de jugar pues hace mucho que no lo hago? Además, si lo hacemos, te dejaré jugar cuanto quieras sin pedir permiso.
Realmente yo quería jugar con esos soldados tan bonitos, y si conocía a la abuela no podía ser un niño malo.
Me contó muchas cosas, que echaba de menos el poder abrazar a la abuela, que lo hiciera yo por él. Que no estaría mucho tiempo pues solo pasó por aquí para darme un recado para su madre.
No sé cuanto tiempo estuve jugando, no recuerdo haber oído las voces de mi madre y mi abuela llamándome, solo recuerdo que me desperté en la cama del desván con la cara de mi madre llena de lágrimas y mi abuela llorando en un rincón, vestido de marinero?
La abuela recogía los soldados y lloraba en silencio, pero las lágrimas le resbalaban por las mejillas, me acerqué a ella y le dije al oído lo que me ha había dicho Ramón que le dijera cuando la viera.
Se giró y me besó muy fuerte, peinó mi pelo con sus manos y me dijo que me parecía mucho a él.
Desde aquel día la abuela parece que me mira diferente y algunas veces sin querer me llama Ramón, aunque a mi no me importa pues él es mi amigo y juego muchas veces con sus soldados.

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Simientes de vida




Tu, que en tu madurez dejas salir al mundo la esencia de tus adentros,
la vida de tus ancestros convertida en semilla que se lleva el viento.
Que tras la sequía que padecen los suelos, restos de fertilizantes,
nazca en ti exuberante el deseo de procrearte.

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A ti...

Agua de vida, sed que no se acaba?

Pasión de tus miradas, que escondidas noto en mi cuerpo.

Suaves caricias del otoño de mi existencia,

que me llenan sensuales forjándome otra piel.

Deseos de sueños rotos que vamos pegando a la par,

y hacemos de las ilusiones un vagar por los mares

de nuestra transformación.

Te tengo y me tienes, tan cerca y adheridos

que somos ya unos y no dos.

Que el tiempo en el que vivimos juntos forjó

la esencia de nuestra alma en paralelo,

unida en un punto que no existe ?, solo para nosotros dos.

En los últimos albores de mi existencia

quiero tenerte a mi lado vida mía.

Poder estrecharte las manos, hablarte con mis ojos

y muda mi lengua, abrirte el silencio

de tu ya conocida y conquistada?

Mi alma.

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