La anarquía imperaba en la tierra, la descomposición del sistema político fue imparable, los continuos abusos acabaron por desatar la ira de los habitantes y prendió la mecha de las revueltas; el caos se apodero de las calles, nadie respeto nada, nadie respeto a nadie. El colapso de la civilización provoco el miedo de los dirigentes, que en un último intento de controlar la situación, aniquilo las revueltas con una lluvia de fuego. El cielo se tiño de rojo, mientras el mundo ardía entre desgarradores alaridos. Se les fue de las manos, todos quisieron tener el control, y lo único que dejaron fue una densa nube de polvo y ceniza que trajo la oscuridad a este mundo, un hediondo lugar donde la muerte tizno de gris la poca vida que quedaba.
“Hay que ser preciso, lógico. Actuar de forma metódica. En un momento dado hay que saber pararse a cualquier precio, reflexionar, sopesar bien la situación. Si tienes un lago en medio de la cabeza, cosa no solamente posible sino normal, aunque esto no pueda afirmarse sin reservas, te hará falta cierto tiempo para alcanzarlo. No hay sendero, nunca hay sendero y, cerca de los bordes, tendrás que tener cuidado con la maleza, siempre peligrosa en esta época del año. No habrá tampoco barcas, por supuesto; casi nunca hay barcas, pero puedes cruzar a nado”
Esto, esta sacado de un libro de Georges Perec, “Un hombre que duerme”, lo acabo de empezar y ya me ha cautivado, son por estas cosas por las que me gusta leer, porque de vez en cuando uno tropieza con joyitas literarias como esta, y siente una especie de regocijo interior, pensando que ha hallado algo único, supongo que es una reflexión algo infantil, pues seguramente será un libro y un autor muy conocidos.
El texto además creo que no tiene desperdicio, lo mejor es que en el siguiente párrafo continúa diciendo más o menos, que ese lago, realmente no existe.
En fin, os dejo que quiero continuar con su lectura, que días como hoy, donde la mañana se inicia nublada, apetece hundirse entre las líneas de un buen texto.
Donde está escondido ese recuerdo tan temido, me paso las noches buscándolo entre disfraces ya perdidos. Descubro trazos de mi alma en espacios indefinidos, la ausencia se materializa en silencios ya oídos.
Quiero componer un puzle con las piezas que encuentro, pero no me es posible pues cambian cada vez que las cuento. Será que estoy hecho de materia cambiante, que se altera con los sentimientos, y que por mucho que no se muestren, siguen emitiendo pulsiones que me alteran en lo más adentro. Qué sentido tiene contener lo incontenible, qué sentido tiene cercar lo intangible, qué disfraz llevaba en aquel recuerdo.
El otro día me fui de compras, pero esta vez hice una lista. Es que me dijeron que para no cargar con más cosas de las necesarias era mejor poner por escrito aquello que necesitabas.
Y claro, tome papel y boli, y esto es lo que escribí:
-Una docena de pequeños proyectos.
-Una base para el pensamiento positivo.
-Una ración de autoestima.
-Unos sobres de relajación.
-Un paquete de valentía y seguridad.
-Unas pocas sonrisas.
-Una gran caja llena de abrazos.
-Un sobre de susurros con palabras de amor.
-Una lata de palabras oportunas.
-Un poco de ternura.
-Unos retales para el corazón.
-Unas gotas de esencia de felicidad.
-Un manual de aprendizaje y uso de la vida.
-Un reloj que permita acelerar y detener el tiempo.
-Una pizca de sociabilidad.
-Y ahora dentro de nada en época de naranjas, me conformo con media.
Me baje al supermercado, anduve buscando entre los estantes, incluso pregunte por cada uno de los productos de mi lista, pero todos ponían cara de extrañeza mientras elevaban los hombros hacia la cabeza. Me quede muy extrañado, pues pensaba que eran productos con mucha demanda, pero no es que estuvieran agotados, es simplemente que no los fabricaban. Así que aún llevo la lista en mi cartera, y cada poco la sigo completando, a la espera de ir tachando aquellos productos que vaya encontrando.
Alcance la bóveda donde se ocultan los sueños rotos, aquellos en los que dejamos de creer, y que de vez en cuando se apoderan de nuestro corazón. Rasgue el tejido sedoso que los envolvía y por esa pequeña abertura, se deslizaron inundando el aire, como la caída de los pétalos de los cerezos en flor. Cada uno de esos sueños no cumplidos, tornaron a sus dueños en forma de ilusión.
“Se me quebró el ánimo, y con eso la vida. Ya sé, sé que no dije nada, que siempre me mostraba sonriente, que mis palabras eran amables y no presagiaban este desenlace. ¿Por qué no dije nada?, ¿por qué no pedí ayuda?, no lo sé, supongo que la vida tomó la iniciativa, me deje llevar por ella, sin darme cuenta que se me escapaba. Pero para que lamentarse, ahora ya está hecho, y mientras escribo estas palabras, siento como cada una de ellas tienen vida, mi vida. Se agota así el tiempo de mis anhelos, que tanto sufrimiento provocaron, y es que confundí los intervalos y con ello los objetivos. Olvidé inspirar los días de lluvia, pasear por el bosque en otoño, mirar las flores en primavera y escuchar el silencio en invierno. Bueno ya es tarde para continuar escribiendo, os dejo en silencio, no os olvidéis de vivir”.
La nota estaba en el suelo aún prendida de sus dedos, junto al bote de pastillas y la botella de wisky, tal y como le dijo a la policía que sucedería, solo que invirtió el número del portal para que le diera tiempo.Denunciar contenidos
Fue perdiendo cada uno de sus sentidos. Perdió la vista cuando buscaba en esos grandes ojos el amor deseado, perdió el gusto al susurrarle las palabras más hermosas que conocía, perdió el olfato al embriagarse del olor que su cuerpo desprendía, perdió el tacto al sostener durante un segundo sus manos, perdió el oído cuando tras declararse el silencio secuestro su respuesta.
Dejar de manejar esa variable, eso es lo que pretendo. He comprendido que es absurdo dejar el terreno abonado para que cuando se presente, la simiente germine y de fruto. Creo que ha llegado la hora de sacar buen provecho a mi soledad, arrancar los frutos de las últimas siembras que confunden el horizonte, y dejar un terreno yermo, al arbitrio del destino. Solo puedo controlar aquello que en parte depende de mí, pero me equivoque al pensar que todo acontecería como un proceso natural. Así que ya es el momento de pensar en positivo, de tratarme de con respeto y de forma especial, es hora de ser mejor, de adelantar aquellos “me gustaría”. La soledad es la variable que conozco, aquella que he de aprender a manejar, y seguro que de la cuál gran provecho puedo sacar. Dejar de pensar en el futuro y de cuestionar mi presente, tan solo hay una forma de caminar, primero la derecha, después la izquierda y vuelta a empezar.
Como turista ocasional que soy dentro de libro de arena, espero regresar también por aquí para alimentar este espacio, sencillamente escribir solo eso pretendo.
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