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TURISTA OCASIONAL

"Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte"


IMPAR










Hace poco me sorprendí escuchando, entre bromas y chanzas, dos nuevas palabras, las cuales iban dirigidas a mí, ¿Qué cuáles son?, una de ellas es Alexitimia y la otra Ataraxia. Tras poner cara de póker, pedí que me dijeran su significado, y quede horrorizado al escucharlo. Reconozco que quién me lo dijo, tiene parte de razón, lo mío nunca fue expresar sentimientos ni emociones, supongo que de ahí mi continuo fracaso en las relaciones sociales, que lo voy hacer, me es más fácil utilizar un teclado para expresar y decir lo que siento.


Todo esto viene, porque estoy cansado de que me digan, ¿late tu corazón?, ¿lánzate a relacionarte, verás que bien?, ¿tienes novia?, ¿sigues soltero?, date prisa que se te pasa el arroz, ¿no quieres tener hijos?, seguro que tiene novia y se lo calla…..bueno, y todo tipo de bromas y demás, que se repiten una y otra vez, en bodas, bautizos y comuniones.


Lo siento, afirmo que no me va eso de salir a ligar, que no quiero nada que no sea conocer a alguien, que paso de coger una melopea para ser desinhibido, que no comulgo con la imposición de esta sociedad, de la eterna sonrisa y a vivir que son dos días.


Temo a la resignación, que te mata en vida, y arranca de allí, de lo más profundo de tu ser, el inconformismo racional que nos permite decir que NO a tantas cosas. Sí, yo también he sido infectado por esta poderosa enfermedad, que todos dicen no tener.


Pero no me resigno del todo, sigo pensando que llegará el día en que ese trono sobre el que siento mis posaderas me sea arrebatado y que mientras es despedazado ante mis ojos, solo sea capaz de articular una única palabra, aleluya.


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LA MUERTE DEL ABUELO

Finalmente murió, todos sabíamos que ese día tenía que llegar más pronto que tarde, y ese día llegó. Su cuerpo estaba ya tan debilitado que se ahogó mientras le daban de comer una de esas papillas que hace tiempo comía, pues olvido masticar.


Tan solo ha pasado una semana, el alzhéimer se llevo sus recuerdos hace ya algunos años, y de él tan solo quedaba un viejo cascarón. Recuerdo mirarle a los ojos en busca de algún nuevo brillo, pero ya no eran los mismos, nada nuevo se atisbaba en ellos, seguramente su alma voló con sus recuerdos.


Es curioso comprobar cómo se puede morir en vida, ver que el tiempo con cada batida del segundero se lleva cada uno de tus recuerdos y aprendizajes, hasta convertirte un viejo cascarón a la deriva, ya sin velas para buscar nuevos vientos.


La muerte siempre nos sorprende y hasta en ocasiones nos parece injusta, aunque ¿qué sería de la vida sin la muerte?, pero ver como se escapa toda una vida dejando el cuerpo intacto es un acto cruel de la naturaleza.


Quiero pensar que esa fue su manera de partir, discretamente, yéndose poco a poco, acercándose así a mi abuela, el amor de su vida, y marchándose de nuestro lado como aquel que no quiere la cosa.


 

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QUÍMICA ORGÁNICA.

En el afecto y el cariño, en el amor y el dolor, siempre pensé que era posible conjugar las palabras y los silencios de forma acertada para cada momento. Pensé que era posible cautivar el ánimo de la gente con estas premisas, atravesando así de esta manera la costra que reviste nuestro corazón y nuestra alma, pero me temo que la química que nos rige es más poderosa, es ella quién nos domina y guía, en ocasiones, hacia despeñaderos existenciales repletos de almas confusas empantanadas en sufrimiento.
Persigo durante mucho tiempo ser capaz de dotar a mi habla de las voces y entretiempos adecuados, pero la química de mi ser es un largo camino cuesta arriba que hay que andar, que no permite descansos ni tiempos muertos, sembrado de las dudas necesarias para que este sea largo y duradero. Quizás llegue el día que consiga conjugar, quizás ese momento sea ya tardío, quizás solo un hermoso epitafio pueda dictar.

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RÁFAGA



Andaba yo paseando por la orilla de la playa, al encuentro de otro amanecer, cuando de repente el viento de poniente empezó a soplar, no es habitual que se levante viento a estas horas de la madrugada, cuando de repente, una fuerte ráfaga me levanto de aquellas arenas. El viento soplaba con fuerza, distanciándome cada vez más de la última huella que deje sobre la arena y que perecía sobre el batir de las olas. El viento me empujaba mar a dentro, acercándome a un grupo de nubes algodonadas, donde me dejo caer, todavía confundido, un destello alcanzo mis ojos, el sol rompía quebraba aquel horizonte, desde lo más profundo del océano iniciaba de nuevo su andadura, deseé que el tiempo se sostuviera de forma indefinida, aquellos primeros rayos iluminaron mi espíritu, dando luz al camino que ya se acostumbro a la penumbra.

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ESTA POR VENIR

El doctor acerco la silla al cabezal de la cama, se sentó y durante unos minutos sostuvo la mirada del paciente que yacía en aquel catre. Asintió con la cabeza y se levantó en busca de su maletín, al regresar, portaba una jeringuilla con una enorme aguja, que introdujo, salvando las costillas y buscando el corazón, en el centro del pecho de aquel enfermo. Empezó a subir el embolo, mientras el cuerpo de la jeringuilla se llenaba de un espeso líquido de color negro, cuando terminó, retiro la jeringuilla del pecho de aquel hombre, y el contenido de esta lo inyecto en un depósito, sobre el que se podía leer ?Peligro, contiene tristeza?. El médico se dirigió a los familiares del enfermo con una sonrisa en su boca, y tranquilizo a aquellos sonrientes familiares, informándoles de la pronta recuperación del enfermo. ?No se preocupen el estado vela por la felicidad de sus ciudadanos.

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ZURCIDOR DE CORAZONES

Cuentan que al final de la calle había una pequeña tienda de acceso angosto. En su fachada ruinosa, sobre la puerta, se podía ver un rancio cartel de letras doradas donde se decía, se zurcen corazones.
Sobre las estanterías, de forma perfectamente ordenada se clasificaban todo tipo de hilos con una gran variedad de colores. Cada uno de ellos tenía su uso específico, lo había para zurcir la tristeza por la perdida de un ser querido, estaba el que servía para zurcir un mal de amor, el que se utilizaba cuando se perdía a un hijo, aquel otro que era usado cuando moría el amor de la vida, había tantos como males a zurcir. Pero un día llego a aquella tiendecita un hombre en busca de un remiendo, aquel hombre contó su historia al viejo costurero.
-Hace algún tiempo se desprendió un trocito de mi corazón, un trocito tan pequeño y nimio que no le di importancia, pero el roto fue creciendo, así que vengo a que lo zurza-. -Muy bien-, dijo el viejo costurero. -Túmbese sobre la camilla y desabróchese la camisa-. El viejo le pregunto si sabía el motivo de aquel desperfecto en su corazón, -sí-, respondió el hombre, -ha sido un falso amor, un enamoramiento casual que pronto pasó, pues aquella persona dejo la empresa donde yo trabajo-. -Ahh!!! Muy bien, entonces con un poco de hilo de oro lo arreglaremos-.
Cuando el viejo observo el corazón de aquel hombre, pudo ver hilos de muchos colores, el corazón había sido zurcido ya muchas veces, había costuras en todas direcciones, remendando pedazos pequeños y grandes. El viejo, enhebró la aguja con el hilo de oro y se puso a zurcir aquel corazón, pero los puntos se saltaban, el hilo no funcionaba, así que probó con otros, pero ninguno de ellos zurcía el corazón. -¿Qué pasa?- le preguntó el hombre, -¿por qué no remiendas mi corazón?-. Finalmente el viejo comprendió lo que sucedía, y esto fue lo que dijo. -Su corazón no tiene remedio, pues el trozo que se desprendió fue debido al amor-. El hombre rió,-no es la primera vez que eso sucede, y siempre he podido reparar mi corazón-, el viejo le explicó el por qué de aquello, -su corazón ha sufrido un fuerte dolor, ese pedacito que se desprendió fue debido al verdadero amor, muy poca gente tiene la suerte de cruzarse con el, y muchas veces ni siquiera se dan cuenta de ello, esa herida no cicatrizará nunca y no solo eso, se hará extensible a su alma, convirtiéndolo en un ser malhumorado y gruñón-, -pero eso es terrible, ¿qué puedo hacer?, ¿no ha alguna solución?-, -sí, la hay, la única solución es que encuentres y compartas ese amor-, el hombre bajo la cabeza y exclamó
A) Jamás, no correré en busca de ese amor, prefiero lamer esa herida sin dejar de ser quién soy.
B) No pararé hasta encontrar ese verdadero amor.

Seamos realistas, yo escogería A, pues estoy convencido de que lo del verdadero amor debe ser como las meigas, haberlas hailas, pero que yo sepa nadie ha visto ninguna.

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ZURCIDOR DE CORAZONES

Cuentan que al final de la calle había una pequeña tienda de acceso angosto. En su fachada ruinosa, sobre la puerta, se podía ver un rancio cartel de letras doradas donde se decía, se zurcen corazones.
Sobre las estanterías, de forma perfectamente ordenada se clasificaban todo tipo de hilos con una gran variedad de colores. Cada uno de ellos tenía su uso específico, lo había para zurcir la tristeza por la perdida de un ser querido, estaba el que servía para zurcir un mal de amor, el que se utilizaba cuando se perdía a un hijo, aquel otro que era usado cuando moría el amor de la vida, había tantos como males a zurcir. Pero un día llego a aquella tiendecita un hombre en busca de un remiendo, aquel hombre contó su historia al viejo costurero.
-Hace algún tiempo se desprendió un trocito de mi corazón, un trocito tan pequeño y nimio que no le di importancia, pero el roto fue creciendo, así que vengo a que lo zurza-. -Muy bien-, dijo el viejo costurero. -Túmbese sobre la camilla y desabróchese la camisa-. El viejo le pregunto si sabía el motivo de aquel desperfecto en su corazón, -sí-, respondió el hombre, -ha sido un falso amor, un enamoramiento casual que pronto pasó, pues aquella persona dejo la empresa donde yo trabajo-. -Ahh!!! Muy bien, entonces con un poco de hilo de oro lo arreglaremos-.
Cuando el viejo observo el corazón de aquel hombre, pudo ver hilos de muchos colores, el corazón había sido zurcido ya muchas veces, había costuras en todas direcciones, remendando pedazos pequeños y grandes. El viejo, enhebró la aguja con el hilo de oro y se puso a zurcir aquel corazón, pero los puntos se saltaban, el hilo no funcionaba, así que probó con otros, pero ninguno de ellos zurcía el corazón. -¿Qué pasa?- le preguntó el hombre, -¿por qué no remiendas mi corazón?-. Finalmente el viejo comprendió lo que sucedía, y esto fue lo que dijo. -Su corazón no tiene remedio, pues el trozo que se desprendió fue debido al amor-. El hombre rió,-no es la primera vez que eso sucede, y siempre he podido reparar mi corazón-, el viejo le explicó el por qué de aquello, -su corazón ha sufrido un fuerte dolor, ese pedacito que se desprendió fue debido al verdadero amor, muy poca gente tiene la suerte de cruzarse con el, y muchas veces ni siquiera se dan cuenta de ello, esa herida no cicatrizará nunca y no solo eso, se hará extensible a su alma, convirtiéndolo en un ser malhumorado y gruñón-, -pero eso es terrible, ¿qué puedo hacer?, ¿no ha alguna solución?-, -sí, la hay, la única solución es que encuentres y compartas ese amor-, el hombre bajo la cabeza y exclamó
A) Jamás, no correré en busca de ese amor, prefiero lamer esa herida sin dejar de ser quién soy.
B) No pararé hasta encontrar ese verdadero amor.

Seamos realistas, yo escogería A, pues estoy convencido de que lo del verdadero amor debe ser como las meigas, haberlas hailas, pero que yo sepa nadie ha visto ninguna.

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UNA BUENA DUCHA

Eran las duchas de un vestuario, el agua caliente de los grifos emanaba levantando una nube de vapor, en ella, apenas se podía distinguir la figura de lo que parecían ser un par de personas que bajo el agua, se abrazaban sin saber donde empezaba uno y acababa el otro. Fue un instinto animal lo que les aproximó, ninguno de los dos recordará jamás como se inició todo, quizás fuera el ambiente sofocante de aquel vestuario, quizás la soledad que ambos sentían, pero bajo aquellas duchas dejaron de ser uno para perderse en el otro.
El inicio atropellado del contacto de los cuerpos, se fue atenuando en el momento que ambos se desprendían de sus lastres culturales, dando paso al instinto que solo buscaba el disfrute mutuo, sin otro objetivo que el gozo y el placer, alterando la química de sus organismos. Lo que en un principio fueron contenidos e inapreciables acordes, derivaron en una sinfonía de ininteligibles sonidos placenteros que resonaban entre las paredes de aquel lugar.
Agarró sus cabellos y separándolos se aproximó para susurrarle algo al oído, luego tomó el lóbulo con su boca, deslizando sus labios por el resto de la oreja, mientras sus manos jugueteaban con sus glúteos, después poso su boca sobre su labio superior, recorriendo este con la punta de su lengua, musitando el próximo destino de sus caricias. Mientras recorría el contorno de sus senos y se acercaba poco a poco a besar sus pezones, las palmas de sus manos separaron levemente sus piernas, acariciando el interior de sus muslos, su cabeza siguió descendiendo, mientras iba posando los labios sobre su abdomen, perdiéndose mientras su nariz recorría su piel en búsqueda de su ombligo y una de las manos deslizaba sus dedos entre los senos. Su boca siguió con su descenso, entreteniéndose en con cada pliegue de su piel, demorando el acceso hasta su punto G, que suavemente realizaría introduciendo su dedo corazón, pero eso sería otra historia.

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