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°.¸¸.¤°UnendLicH°.¸¸.¤°

BusCa La Verdad...*


Hermandad de la Daga Negra. Zsadist.*

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La angustia la asfixiaba, y lo único que le permitía mentener la cordura era la idea de quedarse en esta habitación y dormir durante varios días con Zsadist a su lado. Él era el frío que la hacía mantenerse despierta. Y el calor que no la dejaba temblar.


Era el asesino que la mantenía a salvo.


Más tiempo... Primero más tiempo con él. Luego tal vez podría enfrentarse al mundo exterior.


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- ¿Cómo puedo hacer que llegues al orgasmo? - preguntó Z.


- Sólo sigue haciendo lo que estás haciendo. Pero más deprisa.


Zsadist entendió rápidamente y fue implacable cuando descubrió lo que podía hacer para que ella alcanzara el orgasmo. La fue empujando con fuerza, observándola, mientras ella se deshacía una y otra vez... muchas veces. Era como si él se alimentara del placer de ella y su hambre fuese insaciable.


Él la miró con gesto solemne y dijo:


- Gracias.


- ¡Por dios... soy yo la que tiene que dar las gracias!


Zsadist negó con la cabeza.


- Permitiste que un animal entrara en la parte más hermosa de ti. Estoy inmensamente agradecido.


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- No vine aquí para acostarme contigo. Sólo quería esto... - dijo Z.


- Eres un maldito egoísta.


Zsadist emitió un sonido gutural.


- ¿Crees que no mataría por estar dentro de ti en este mismo momento?


- Vete al infierno, Zsadist. Vete ahora...


Zsadist se movió con la velocidad de un rayo y la tumbó sobre la cama, aprisionándola con el peso de su cuerpo.


- Ya estoy en el infierno - siseó, mientras le clavaba las caderas.


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Se puso de pie, pero esta vez no sintió ninguna satisfacción. Funcionada como si llevara puesto un piloto automático y aunque se sentía listo para matar, su cabeza permanecía como en medio de un sueño.


En lo único que podía pensar era en Bella. De hecho, la sensación era todavía más profunda. La ausencia de Bella era como un peso tangible sobre su cuerpo: la extrañaba con una desesperación que resultaba casi mortal.


Ah, sí. Así que los rumores eran verdad. Después de que el macho elige compañera, estar sin ella es como estar muerto. Ya lo había oído, pero nunca había creído que fuese cierto. Ahora estaba experimentando la verdad en carne propia.


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- Fuiste muy valiente - dijo Zsadist -. Te debo la vida. Y también la de él. Eres tan... valiente.


Claro que no. Bella estaba a punto de desmoronarse totalmente.


Se produjo un largo silencio. Luego Bella miró por última vez la cara de Zsadist. En ese momento supo que, aunque llegara a casarse algún día, ningún hombre podría ocupar en su corazón el lugar de Z.


Y a pesar de lo romántico que sonaba, eso era una desgracia absoluta. Claro, se suponía que ella superaría la sensación de pérdida y todo eso. Pero la verdad era que lo amaba y que no iban a terminar juntos, de manera que lo único que deseaba hacer era echarse en una cama, apagar las luces y quedarse allí, inerte... durante un siglo.


- Quiero que sepas algo - dijo Bella - . Tú me dijiste que algún día me iba a despertar y lamentaría haber estado contigo. Bueno, es cierto. Pero no por lo que pueda decir la glymera. - Bella cruzó los brazos sobre el pecho - . Después de haber sido marginada por la alta sociedad una vez, ya no le temo a la aristocracia y me habría sentido orgullosa... de estar a tu lado. Pero, sí, lamento haber estado contigo.


Porque dejarlo era horriblemente duro. Peor que todo lo que había pasado en poder del restrictor.


A fin de cuentas, habría sido mejor no saber qué se estaba perdiendo.


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- La gargantilla era una buena excusa - murmuró Z.


- ¿Para qué?


- Pensé que tal vez podía ir a Charleston y presentarme en tu puerta para devolvértela y quizás... tú podrías invitarme a pasar. O algo así. Me preocupaba que alguien te estuviera cortejando, así que he tratado de ir lo más rápido posible. Me refiero a que pensé que tal vez si aprendí a leer y me cuidaba mejor y trataba de dejar de ser un maldito miserable... - Zsadist sacudió la cabeza - . Pero no me malinterpretes. No es que esperara que tú te alegraras de verme. Sólo esperaba que... tú sabes... que tomaras un café conmigo. Un té. Que habáramos un rato. O algo así. Amigos, tal vez. Sólo que si ya tenías un pretendiente, él no lo permitiría. Así que, sí, ésa es la razón por la que he intentando darme mucha prisa...


Zsadist levantó los ojos amarillos hacia ella. Tenía miedo de lo que podía ver en la cara de Bella.


- ¿Amigos? - preguntó Bella.


- Sí... me refiero a que nunca te faltaría el respeto pidiéndote que fuéramos otra cosa. Sé que tú lamentas... En todo caso, sencillamente no podía dejarte ir sin... Sí, por eso... amigos.


Zsadist la habría ido a buscar...


- ¿Qué estás diciendo, Zsadist? - preguntó Bella tartamudeando.


Zsadist volvió a mirar el lápiz que tenía en la mano. Pasó la página del cuaderno de espiral que tenía en la mesa, se agachó y escribió algo en la página en blanco. Luego arrancó la hoja.


La mano le temblaba, cuando se la pasó.


- Está un poco emborronado.


Bella tomó el papel. En letras mayúsculas un poco inseguras, como las de un niño, había escritas dos palabras:


TE AMO


Bella apretró los labios y sintió que los ojos le ardían.


- Tal vez no se entiende - dijo él en voz baja - . Puedo volver a hacerlo.


- Lo he entendido perfectamente. Es... hermoso.


- No espero nada a cambio. Quiero decir que... sé que tú... ya no... sientes lo mismo por mí. Pero quería que lo supieras. Es importante que lo sepas. Y si hay alguna posibilidad de que podamos estar juntos... no puedo dejar mi trabajo en la Hermandad, pero puedo prometerte que me cuidaré más... Mierda. ¿Qué estoy haciendo? Me había prometido no ponerte en esta situación.


Bella le abrazó y comencó a llorar.


- No quería hacerte llorar.


- Zsadist... yo también te amo.


- ¿Qué...?


- Te amo.


- Dilo otra vez.


- Te amo.


- Otra vez... por favor - susurró - . Necesito oírlo... otra vez.


- Yo... te amo...


La reacción de Z fue comenzar a rezarle a la Virgen Escribana en lengua antigua. Cuando terminó:


- Hasta que tú me encontraste, estaba muerto aunque respiraba. Estaba ciego, aunque podía ver. Y luego tú llegaste... y desperté.


Luego él se apartó.


- Pero, espera,... ¿por qué estás aqui? Quiero decir, me alegra que...


- Estoy esperando un hijo tuyo...


Esta vez Zsadist se quedó totalmente inmóvil y callado.


- Vas a ser padre - . Nada todavía . - Estoy... embarazada.


Bueno, Bella ya no sabía cómo decírselo. ¿Qué pasaría si él no deseaba tener hijos?


- ¿Llevas en tu vientre a mi hijo?


- Sí. Yo...


De repente él la agarró de los brazos con fuerza.


- ¿Estás bien? ¿Havers dijo que estabas bien?


- De momento, sí. Soy un poco joven, pero tal vez eso pueda ser una ventaja cuando llegue el momento de dar a luz. Havers dice que el bebé está bien y que puedo seguir haciendo mi vida normal... Bueno, salvo que no debo desmaterializarme después del sexto mes. Y, ah,... - se sonrojó . - Que no podré tener relaciones sexuales o alimentarme de vena después del mes catorce y hasta que el niño nazca. Lo cual será alrededor del mes dieciocho.


- Yo puedo cuidarte.


- Sé que lo harás. Y que me mantendrás a salvo.


- ¿Te quedarás aquí conmigo?


Bella sonrió.


- Me encantaría.


- ¿Te casarás conmigo?...


*...Z§ådî§tLøvë®...**...Z§ådî§tLøvë®...**...Z§ådî§tLøvë®...**...Z§ådî§tLøvë®...*


Veinte meses después...


El joven frenó en seco.


El maestro estaba al fondo, sin camisa, golpeando un saco de boxeo, y los aros que tenía en los pezones brillaban, mientras bailaba alrededor de su objetivo. ¡Santa Virgen del Ocaso! Tenía las marcas de los esclavos de sangre y cicatrices que le bajaban por la espalda. Pero, demonios, ¡cómo se movía! Tenía una energía, una habilidad y una potencia increíbles. Letales. Muy letales. Totalmente letales.


Obviamente, todos los rumores sobre el instructor eran ciertos. Era un asesino consumado.


De pronto se oyó un sonido metálico, se abrió la puerta al otro extremo del gimnasio y se escuchó el llanto de un recién nacido, que resonaba contra el techo alto. El guerrero se detuvo en mitad de un golpe y dio media vuelta. Se le acercó una mujer que llevaba un bebé envuelto en una manta rosa. Su cara se suavizó inmediatamente, de hecho, pareció derretirse.


- Siento interrumpirte - dijo la mujer, por encima del llanto del bebé - . Pero la nena quiere ver a su papá.


El guerrero besó a la mujer, al tiempo que tomaba entre sus brazos a la pequeña y la acunaba contra su pecho. El bebé estiró las manos y las enredó en el cuello de su padre.


El guerrero dio media vuelta y clavó la mirada en el candidato, al otro extremo de las colchonetas.


- El autobús llegará pronto, hijo. Será mejor que te apresures.


Luego hizo un guiño y le dio la espalda. El candidato se quedó mirando la espalda del guerrero y vio lo que no había podido ver antes, a causa del frenético movimiento. Encima de algunas cicatrices, había dos nombres en lengua antigua, tatuados en su piel, uno encima del otro.


Bella... y Nalla.


*...Z§ådî§tLøvë®...**...Z§ådî§tLøvë®...**...Z§ådî§tLøvë®...**...Z§ådî§tLøvë®...*


J.R.WARD.


*


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Instantes de paz.

Paz....


La lluvia se derramaba por los tejados escarchados por el frío mientras yo me dirigía a casa.


Le había dejado partir en el autobús que iba camino a su casa, a su hogar. Un hogar al que todavía no pertenezco, por desgracia. Me sentía algo apenada por esta razón, pero trataba de no pensar mucho en ello.


Caminaba lentamente y, por una vez, sin prisas, no de la manera a la que acostumbro a hacerlo normalmente. Deslizaba mis pies pausadamente mientras mi mente se llenaba de imágenes de los dos juntos, mi nariz se ahogaba en su olor y mis labios lamían los últimos resquicios de su esencia.


Sentí paz por primera vez en mi vida... En el fondo de esa pequeña molestia, de esa leve tristeza por haberlo dejado ir,... sentí paz.


Por primera vez en toda mi vida me sentí en paz conmigo misma, y en paz con el mundo, con lo que me rodeaba... Hacía frío pero quería disfrutar de esa nueva sensación y elegí el camino más largo para llegar a casa, para alargar el momento lo máximo posible aunque mi familia me estaba esperando.


Abrí el paraguas pero volví a cerrarlo enseguida. Quería sentir las diminutas gotas de agua sobre mí. Porque el agua es vida... y yo me sentía viva en ese momento. Me sentía "agua"... Capaz de dar vida, de contagiar paz a cualquier cosa que me tocase en ese mismo instante.


Ninguna duda, ningún problema,... nada fuera de su sitio, nada fuera de control. Ningún remordimiento, ni culpabilidad. Nada de vagas melancolías ni depresiones. Nada de lo que estaba acostumbrada a sentir.


Me has hecho sentir muchas nuevas sensaciones, me has hecho descubrir muchas cosas... Pero esta es la que más te agradezco.


Lo pensaba mientras caminaba... y quiero compartirlo contigo ahora. Gracias por todo. Gracias por darme paz.... Es de las cosas que más valoro en la vida.


Es lo que tú me has regalado, ... y es lo que yo esperaba darte siempre.


Te amo.



 


.........*Ani*..........

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Rhage & Mary Luce*

 


La mujer estaba magnífica en su gran cama, entre la montaña de almohadas con las que a él le gustaba dormir. La quería allí mañana, y pasado mañana, y...


 



 


 




[J.R. WARD].



<<No, no ha sido un error>> pensó. Era el lugar que le correspondía.


- Rhage, ¿por qué haces todo esto por mí? Es decir, en realidad no me debes nada, y apenas me conoces.


<<Porque eres mía>>, pensó él.


Guardándose la idea para sí, se inclinó y le acarició la mejilla con la yema de los dedos.


- No tardaré mucho.


- Rhage...


- Deja que yo cuide de ti. Y no te preocupes por nada.


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- ¿Seguro que estás bien? - pregunto él.


- Estoy bien. De veras.


- ¿Alguna vez respondes a esa pregunta con la verdad? - preguntó, dejando de acariciarle la nuca.


- Acabo de hacerlo, más o menos.


Rhage reanudó el masaje.


- ¿Me prometes una cosa?


- ¿Qué?


- Cuando no estés bien, ¿me lo dirás? - Su voz se hizo burlona - . Sé que eres dura de pelar, así que no me preocuparé por ti ni nada de eso. Pero...


Ella rió.


- Lo prometo.


El vampiro le levató la barbilla con un dedo, y la miró con ojos severos.


- Haré que cumplas esa promesa. - Le dio un beso en la mejilla - . Pensaba ir a la cocina a buscar algo de comer. ¿Quieres venir conmigo? La casa está tranquila. Los otros hermanos aún no han vuelto.


- Claro. Me cambiaré.


- Sólo ponte una de mis sudaderas. - Fue hasta la cómoda y sacó una suave, negra y grande como un toldo - . Me gusta que uses mi ropa.


Mientras la ayudaba a vestirse, su sonrisa tenía una expresión muy masculina, de satisfacción y posesión.


Y le iba a su cara como anillo al dedo.


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Percibía las contracciones involuntarias de su excitación.


- No terminaré dentro de ti si tú no quieres - le susurró en el cuello - . Lo sacaré ahora mismo.


Ella subió las manos por la espalda de Rhage, sintiendo sus ondulantes músculos y la comprensión de sus costillas al respirar. Inhaló profundamente y captó un aroma excitante, erótico, exuberante, oscuro como de misteriosas especias. En respuesta, sintió entre las piernas una oleada de humedad, como si la fragancia hubiera sido una caricia o un beso.


- ¿Qué es ese olor...?


- Soy yo - murmuró él contra su boca - . Es lo que sucede cuando un macho se enamora y quiere marcar a su Shellan. No puedo evitarlo. Si me permites continuar, pronto estará sobre toda tu piel, tu cabello. También dentro de ti...


Diciendo esto, empujó profundamente.


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- No voy a enamorarme de ti - dijo ella - . No puedo permitírmelo. No lo haré.


- Está bien. Yo amaré por ambos . - Profundizó la pentración, llenándole las entrañas.


- No me conoces .


- Sí, te conozco . - Rhage se echó hacia atrás, mirándola con convicción y una claridad incontestables, casi animales - . Sé que me protegiste cuando salió el sol y yo me encontraba indefenso. Sé que me cuidaste aunque sentías miedo. Sé que me alimentaste con tu propia mano. Sé que eres una guerrera, una superviviente, una Wahlker, Y sé que tu voz es el sonido más adorable que mis oídos han escuchado jamás . - La besó con suavidad - . Lo sé todo sobre ti, y todo lo que veo es hermoso. Todo lo que veo es mío.


- ¿No tienes miedo? - preguntó.


- No. Sólo me aterroriza perderte . - Fijó la vista en sus labios.


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- Eres... perfecta – dijo - . Mi vida es... estar dentro de ti.


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Ella se llevó las manos a la cabeza.


- No quiero dejarte así. Enfadado.


- Pero eso no va a detenerte, ¿o sí? No, a ti, a la superfuerte Mary no, simplemente volverás al mundo...


- ¡A estar enferma, Rhage! Te dejaré para ir a sobrellevar mi enfermedad, ¿entiendes? Iré al médico mañana. No hay ninguna fastuosa fiesta esperándome cuando llegue a casa.


- ¿Crees que no cuidaría de ti?


- ¿Qué?


- ¿No dejarás que cuide de ti en tu enfermedad?


Ella pensó en lo difícil que le había sido verlo sumido en el dolor sin ser capaz de aliviar su sufrimiento.


- ¿Por qué querrías hacer eso? - susurró.


- Vete a la mierda, Mary.


 Enfundó las piernas en unos pantalones de cuero y sacó bruscamente una camisa del ropero.


- Recoge tus cosas, querida. Ya no tendrás que soportar al perro callejero. - Empujó los brazos a través de las mangas de la camisa y se la puso por encima de la cabeza - . Haré que V instale una alarma en tu casa lo más pronto posible. No tardará mucho, y hasta que termine puedes dormir en otra parte de la mansión. Uno de los Doggen te llevará a tu nueva habitación.


Ella saltó del colchón, pero antes de que pudiera acercarse, él le clavó una mirada heladora que la hizo detenerse en seco.


- Me merezco esto – dijo el vampiro - . Hice a muchas lo mismo que me haces tú a mí, largarme sin que me importase una mierda. - Abrió la puerta - . Aunque las hembras que me he tirado tuvieron suerte. Por lo menos nunca me recuerdan. Y en este momento yo mataría por olvidarte, en serio.


No dio un portazo, sólo cerró con firmeza.


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*...Otro resquicio de la narcótica lectura de Amante eterno...*

John era un tío raro, ciertamente. Pero una cosa estaba segura. No le gustaban los hombres. Muchos, demasiados, lo habían perseguido a lo largo de los años, ofreciéndole dinero, o drogas, o amenazándole para que les chupara el pene en baños o automóviles. De alguna manera, siempre se las había arreglado para escapar.


Bueno, así fue hasta el invierno anterior. En enero, uno lo había acorralado a punta de pistola en el hueco de la escalera del edificio donde antes vivía.


Después de eso, empezó a llevar siempre un arma. También había llamado a la Línea Directa de Prevención de Suicidio cuando ocurrió aquello.


Habían pasado 10 meses y todavía no podía soportar el roce de los vaqueros contra la piel. Habría tirado todos si hubiese tenido dinero para comprar ropa nueva. En lugar de ello, quemó los que llevaba puestos aquella noche y comenzó a usar calzoncillos largos bajo los pantalones, incluso en verano.


No, no le gustaban los hombres.


Quizás ésa era la razón por la que respondía a las mujeres como lo hacía. Sabía cómo se sentían al ser perseguidas sólo por tener algo que alguien más poderoso quería usar a su antojo.


 


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<<Maldito sol... Te roba la vida en un instante>>.


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- Esto me encanta - dijo el vampiro.


- Pero si aún no lo has probado.


- Tú lo has cocinado para mí. Eso es suficiente... - contestó - ...Mary...


- Dime.


- Quiero darte de comer.


- Esta comida es para ti. No te molestes. Prepararé algo para mí... ¿Por qué frunces el ceño?


Rhage se acarició el pelo.


- Claro, no me entiendes, no puedes saberlo.


- ¿Saber qué?


- En mi mundo, cuando un macho se ofrece para alimentar con su propia mano a una hembra, es una forma de demostrar respeto. Respeto y ... afecto.


- Pero tienes hambre.


él acercó un poco el plato y partió un pedazo de la tostada. luego cortó un cuadrado perfecto de la tortilla y lo colocó encima.


- Mary, come de mi mano.


Cuando ella posó los labios alrededor del alimento que había cocinado para él, Rhage gruñó con aprobación.


- ¿No deberías comer algo tú también? - dijo ella.


- Hasta que tú estés satisfecha, no.


- ¿Y si me lo como todo?


- Nada me complacería más que saber que estás bien alimentada.


- Mary, come por mí. - Su insistencia hizo que abriera la boca de nuevo. Los ojos del macho permanecieron clavados en ella.


No parecía el comportamiento de un simple amigo. Ella mordió el trocito de melón y un poco de zumo escapó por la comisuta de sus labios. Levantó el dorso de la mano, pero él la detuvo, recogió la servilleta y la pasó sobre su boca.


Le fue dando trozos escogidos con delicadeza, observándola con una satisfacción, con un arrobo que ella no había visto jamás.


- Me honras con todo esto...


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- ¿Me permitirías acostarme contigo? - preguntó súbitamente el vampiro.


Meneó la cabeza.


- No estoy segura...


- Sólo quiero acostarme junto  a ti. ¿Te parece bien?


Quería decir dormir juntos, sin más. Al mirarlo fijamente, no pudo ignorar las diferencias que había entre ambos. Ella estaba jadeante. Él calmado. Ella mareada. Él reposado.


Ella caliente. Él... no.


Mary se apartó.


- ¿Has recordado de repente lo que soy? - preguntó él.


- No te entiendo.


- ¿Ha sido lo que ha apagado tu deseo?


- No.


- ¿Entonces por qué has cambiado de actitud de repente, Mary? - Los ojos del hombre la taladraron-. ¿Quieres decirme qué pasa?


¿Acaso pensaba que a ella no le importaba que la follara por lástima?


- Rhage, aprecio que estés dispuesto a llegar tan lejos en nombre de la amistad, pero no es necesario que me hagas ningún favor, ¿de acuerdo?


- Te gusta lo que te hago. Puedo sentirlo. Puedo olerlo.


- Por el amor de Dios, ¿re excita avergonzarme? Has de saber que si un hombre me calienta y me estimula mientras a él le daría lo mismo estar leyendo el periódico, no es que me haga sentir muy bien. Dios... eres un pervertido, ¿lo sabías?


Rhage pareció ofendido.


- Crees que no te deseo...


- Lo siento. Imagino que soy una tonta incapaz de captarlo. Sí, en realidad eres pura pasión - dijo con tono irónico.


Mary se quedó asombrada por su rapidez de movimiento. Primero estaba sentado, con la espalda contra la pared, mirándola. Un instante después, la tenía tumbada en el suelo, debajo de él. Con una rodilla le abrió las piernas, y luego empujó las caderas, llevando el vientre hacia su clítoris. Mary sintió que algo grueso y duro chocaba contra ella.


Las manos del macho se enredaron en su cabello y tiraron, atrayéndol hacía sí. Bajó la cara y le habló al oído.


- ¿Notas esto, Mary? - Movió su miembro excitado en círculos cortos, acariciándola -. ¿Me sientes? ¿Qué crees que significa esto?


Ella jadeó, buscando aire.


- Dime lo que significa , Mary. - Al no escuchar respuesta alguna, le chupó el cuello y le mordió muy suavemente el lóbulo de la oreja. Pequeños, maravillosos castigos - . Quiero que respondas. Así sabré si tienes claro lo que siento por ti. Dilo, Mary...


- Me deseas... - confesó ella.


- Y vamos a cerciorarnos de que lo recordarás en el futuro, ¿te parece bien?...


Soltó los dedos del pelo y atacó sus labios con brusquedad. Pero entonces se apartó rodando y regresó al lugar donde había estdo antes, contra la pared. Había recuperado el control otra vez. Su respiración era estable.


Ella se esforzó por incorporarse, tratando de recordar cómo se usan los brazos y las piernas. Le costaba salir del éxtasis.


- Yo no soy un hombre, Mary, aunque algunas de mis partes hagan suponerlo. Lo que acabas de sentir no es nada en comparación con lo que quiero hacerte. Deseo poner mi cabeza entre tus piernas, para poder lamerte hasta que grites mi nombre. Luego quiero montarte como un animal y mirarte a los ojos y vaciarme dentro de ti. Y después de eso, quiero poseerte de todas las formas posibles. Quiero poseerte por detrás. Quiero follarte de pie contra la pared. Quiero que te sientes sobre mis caderas y te menees hasta que me dejes sin aliento. - Su mirada era desapasionada, brutal, sincera - . Pero nada de eso va a suceder. Si me importaras menos, habría sido diferente, más fácil. Pero le causas algo muy raro a mi cuerpo, y sólo puedo permanecer contigo si conservo el control. De otra manera estaría en peligro de perder la cabeza, y lo último que quiero es amenazarte. O peor aún, herirte.


Queria decir que sí, pero, además, no quería que la viera desnuda, a la luz de la vela. Sólo los médicos y las enfermeras sabían lo que había quedado de su cuerpo tras la batalla contra la enfermedad.


- No soy lo que era  - dijo ella en voz baja - . No soy ... hermosa. - Él frunció el ceño, pero ella meneó la cabeza, insistente - . Créeme.


Rhage se acercó a ella gateando, sus hombros  se movían como los de un león.


- Déjame mostrarte lo hermosa que eres. Suavemente. Lentamente. Sin brusquedad. Seré un perfecto caballero, lo prometo.


La besó de nuevo y pasó un tiempo antes de que sus largos dedos llegarn a la parte inferior de su camiseta.


No pudo soportarlo más. Se sentó y tomó la camisa para escudarse tras ella.


- Por favor, no, no, Mary. No me detengas. - Le sujetí las manos y se las besó. Luego tiró de la camisa - . ¿No me dejarás verte?


A su cuerpo le habián inyectado todo tipo de venenos. Lo habían dejado lleno agujeros, cicatrices y rugosidades. Y estéril. Y allí estaba aquel hermoso varón, adorándola como si todo lo que había soportado fuera digno de veneración.


Deslizó un dedo, luego dos dentro de ella.


- Eres hermosa... - dijo él con voz áspera.


Esa palabra la hizo sentir aún más incómoda.


- Déjame levantarme.


.- Mary... Mary, mírame...


Lo miró, frustrada.


Lentamente, él retiró la mano del interior de su cuerpo y se llevó los dos lustrosos dedos a la boca. Abrió los labios y, saboreando con delicia, succionó el producto de su jugosa pasión. Cuando tragó, cerró los resplandecientes ojos.


- Eres... increíblemente hermosa.


Mary se quedó sin aliento.


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Continuará, amantes...*.


 


[JR WARD]. 


 


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τσdσs lσs Dεяεcнσs яεsεяvαdσs...


 


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*.*Eternal Lover*.*

 No había en ella absolutamente nada que llamara la atención al resto de la gente. Y sin embargo, a él, lo tenía hipnotizado.


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La sinceridad de su VOZ eliminó su recelo de una forma que los cumplidos o las sonrisas nunca hubieran logrado.


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Rhage: - ¿Y qué es lo que miras?


Mary: Tus modales en la mesa. Son muy buenos.


R: La comida... es para saborearla.


Ella se preguntó qué otros placeres disfrutaba con tanta elegancia y deleite. Con lentitud. Concienzudamente...


Imaginaba cómo sería su comportamiento erótico. Debía ser maravilloso en la cama. Ése gran cuerpo, esa piel blanquecina, esos dedos largos y delgados...


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Torhment: - ...Por cierto, ya me han contado lo de las hermanas que despachaste hace dos noches, una tras otra. Amigo, eres asombroso, ¿lo sabías?


Rhage: - Sí, Torh,... Oye, ¿podría pedirte un favor? ... ¿Podrías dejar de fastidiarme con eso de las hembras? - Rhage respiró profundamente-. Porque la verdad es que odio todo eso, de verdad lo odio. Odio el anonimato. Odio cómo me duele el pecho después de hacerlo. Odio los olores que quedan sobre mi cuerpo y mi pelo cuando llego a casa. Pero sobretodo odio el hecho cierto de que tendré que volver a hacerlo porque, si no lo hago, podría acabar hiriendo a cualquiera de vosotros, o a algún transeúnte inocente - suspiró - . Y sobre esas dos hermanas que te tienen tan impresionado, te diré que escojo a las que les importa un bledo con quién están, porque de otra manera no sería justo mi comportamiento. Esas dos promiscuas baratas de bar vieron mi reloj y mi coche y pensaron que yo era un trofeo para exhibir ante su chulo. Mis polvos con ellas tuvieron tanta intimidad como un accidente de tráfico. ¿Y esta noche qué pasará?... Tú irás a casa con Wellsie. Yo regresaré solo. Tal y como ayer. Y tal como lo haré mañana. Lo de andar con perras no es divertido para mí, y ha estado matándome durante muchos años, así que, por favor, no lo menciones más, ¿me has entendido? ...


Hubo un largo silencio.


T: - Joder... Lo siento. No lo sabía... No tenía ni idea de que...


R: - Ya. Escucha, tengo que colgar. Tengo que... colgar. Hasta luego.


T: - No, espera, Rhage,...


Rhage apagó el teléfono y detuvo el coche a un lado de la carretera. Cuando miró a su alrededor, se dio cuenta de que se encontraba en un descampado, sin otra compañía que el propio bosque. Se inclinó y apoyó la cabeza sobre el volante.


Visiones de Mary ocuparon su mente. Y se percató de que había olvidado borrarle la memoria.


En realidad, no la había limpiado porque quería verla de nuevo. Y deseaba que ella lo recordara...


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Él cerró los ojos. En ese momento habría dado cualquier cosa sólo poara escucharla decir una vez su verdadero nombre. Y quería... maldición, la quería desnuda en su cama, con la cabeza en su almohada, su cuerpo entre sus sábanas. Quería poseerla en privado, ellos dos solos. Sin testigos. Nada público, nada de encuentros rápidos en un pasillo o un baño.


Quería sus uñas en su espalda, su lengua en su boca, y las caderas de la hembra meciéndose bajo las suyas hasta que se corriera tan intensamente que viera las estrellas. Luego quería dormir con Mary entre sus brazos. Y despertar, comer algo, y hacer el amor otra vez. Y hablar en la oscuridad sobre cosas estúpidas y cosas serias...


No había duda, se estaba creando un vínculo. La temida, la prohibida conexión se establecía sin remedio.


Otros machos le habían contado que ocurría pocas veces. Que era un proceso rápido, intenso, poco lógico. Los instintos más elementales tomaban el mando en esos casos; y uno de los más fuertes era el impulso de poseerla físicamente, marcarla para que otros machos supieran que tenía una pareja y se mantuvieran lejos de ella.


Se volvió y le miró el cuerpo. Y se dio cuenta de que mataría a cualquier miembro de su propio sexo que tratara de tocarla, o de estar con ella simplemente. Quería amarla.


Rhage se frotó los ojos. El instinto estaba haciendo su trabajo. Debía marcar a su hembra...


Mary se volvió hacia él.


- ¿Hal,estás...?


Habló con voz extraña, ronca.


- Necesito decirte algo...


Los pensamientos del hombre se agolpaban. <<Soy un vampiro. Soy un guerrero. Soy una bestia peligrosa. Al final de esta noche, ni siquiera recordarás que me conociste. Y la idea de no ser para ti ni siquiera un recuerdo me hace sentirme como si me hubieran apuñalado en el pecho>>.


Las palabras de Torh resonaron en su cabeza. <<Es más seguro, ... también para ella>>.


- Nada - dijo él al fin, desabrochando el cinturón y saliendo del coche - . No es nada.


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- Mary, déjame hacerte feliz. - A través de la falda, sus dedos sondearon y encontraron el maravilloso punto del placer-. Quiero que te corras. Aquí mismo y ahora mismo.


Con un grito, ella se dio cuenta de que estaba al borde del orgasmo mientras él parecía totalmente desconectado, como un ingeniero accionando una máquina, sin sentir nada: su respiración era estable, su voz firme, su cuerpo no parecía afectado.


- No - dijo, con tono de protesta.


La mano de Hal dejó de frotar el sexo de la chica.


- ¿Cómo?


- No.


- ¿Estás segura?


- Sí.


Instantáneamente, él retrocedió. Y mientras permanecía calmadamente frente a ella, Mary trataba de recuperar el aliento.


Su fácil aquiescencia le dolía, pero se preguntó por qué había hecho lo que había hecho. Tal vez encontraba placer en el ejercicio del autocontrol. Hacer jadear como una loca a una mujera debía de ser una inyección de autoestima. Y eso explicaría por qué quería estar con ella y no con otras mujeres mucho más expertas.


La vergüenza le oprimió el pecho.


- Quiero volver - dijo, a punto de echarse a llorar- . Quiero ir a casa.


- Mary...


- Si intentas poner alguna excusa, vomitaré...


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Él apuntó con un dedo en dirección al parque.


- Yo te he salvado la vida. No estarías viva si no hubiera sido por mí.


- Bien. Muchas malditas gracias. ¡Ahora déjame en paz!


- No quiero hacer esto... - murmuró él- .  De verdad, no quiero...


- ¿Hacer qué?


Hal pasó una mano frente a su cara.


Y de repente, no pudo recordar por qué estaba tan irritada...


Rhage le limpió la mente, eliminó todos sus recuerdos desde el momento en que se bajaron del coche. Ni siquiera recordaría sus besos.


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Se volvió para mirarla y se quedó paralizado. Le pareció que estaba vestida para el amor. Pantalones de pijama de franela, con estrellas y lunas. Una pequeña camiseta sin mangas. Unos mocasines flexibles, de gamuza.


- Pensé ponerme unos vaqueros, pero estoy cansada, y esto es lo que uso para la cama... eh, para relajarme. Ya sabes, nada extravagante.


- Me gustas así - dijo él en voz baja - . Me encantas.


A los 15 minutos de empezar la película, ella se rindió.


- Lo siento, pero me muero de sueño.


Rhage la miró. Ella se abrazaba de puro cansancio y tenía los párpados caídos.


<<Así de hermosa debe de estar al despertarse, por las mañanas>>, pensó.


- Carezco de palabras, mi hembra. Porque ningún sonido de mi boca es digno de tu oído.


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...Continuará...


[JR Ward]...*

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Amante Eterno...*

[Otro pequeño aporte de J.R. Ward.


Espero que os guste].


 


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Aún así, hubiera sido grandioso, por una vez, que un hombre se quedara mirándola con total adoración. Tenerelo... cautivado. Sí, ésa era la palabra. Le hubiera encantado que un hombre se sintiera cautivado por ella.


Pero eso nunca sucedería. Esa época de su vida, la juventud, belleza y fresca sensualidad, había pasado. De hecho, nunca había existido. Y ahora era una mujer nada especial, de 31 años, que llevaba una vida muy difícil a causa del cáncer.


Mary gimió. No sentía pánico, pero estaba hundida hasta el cuello en la autocompasión. Y ésta era turbia, pegajosa y desagradable...


 



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Un saludo, libroareneros...


Pequeña Ani*

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¿Quieres saber a qué sabes?...*

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El guerrero levantó la cabeza, con una sonrisa de deseo despuntando en sus labios.


-Más- exigió ella-. Quiero más.


-Y lo tendrás.- Su mano entera desapareció bajo sus bragas. Ella soltó un grito cuando entró en contacto con su centro caliente y húmedo-. ...¿Beth?...


Ella casi había perdido la consciencia, embriagada por su tacto.


-...¿Hmm?...


-¿Quieres saber a qué sabes?- dijo él contra su pecho.


Un largo dedo se adentró en su cuerpo, como si él quisiera que supiera que no se estaba refiriendo a la boca.


Ella se agarró a su espalda a través de la camisa de seda, arañándolo con las uñas.


-Melocotones...- dijo él, desplazando su cuerpo, moviéndose hacia abajo con su boca, besando la piel de su estómago-. Es como comer melocotones. Carne suave en mis labios  y en mi lengua cuando chupo. Delicada y dulce en el fondo de mi garganta cuando trago.


Ella gimió, próxima al orgasmo y muy lejos de toda cordura.


Con un movimiento rápido, él la levantó, llevándola a la cama. Cuando la tendió, le apartó las piernas con la cabeza, posando la boca entre sus muslos.


Ella dio un grito sofocado, colocando las manos en el cabello del vampiro, enredando sus dedos en él. él dio un tirón al lazo de cuero que lo sujetaba. Los bucles oscuros cayeron sobre su vientre, como el revoloteo de un halcón.


-Como los melocotones- dijo él, despojándola de sus bragas-. Y me encantan los melocotones...


La claridad sobrecogedora y hermosa que irradiaban sus ojos inundó todo su cuerpo. Y entonces él bajó nuevamente la cabeza.


----------------------------------------------------J.R.WARD.------------------


Any*


 

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Amante Oscuro*

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Luego, sucedió algo extraordinario. Al detenerse frente a ella, la joven sintió una ráfaga de pura y auténtica lujuria. Por primera vez en su vida, su cuerpo se puso lascivamente caliente. Caliente y húmedo. Su clítoris ardía por él.


"Química", pensó aturdida. Químiza pura, cruda, animal. Cualquier cosa que él tuviera, ella lo quería.



La mano de C. se aproximó a la cara de ella, y le tomó el mentón entre el índice y el pulgar, haciéndole girar la cabeza hacia un lado.


-¿Me matará rápido?- masculló ella-. ¿O lo hará lentamente?


-Matar no. Proteger.


Santo Dios, olía estupendamente. Un almizcle oscuro y masculino.


Los labios de él tocaron su cuello. Le dio la sensación de que la olisqueaba. El cuero de su cazadora crujió al llenarse de aire sus pulmones y expandirse su pecho.


-Estás casi lista- dijo quedamente-. No tenemos mucho tiempo.


Si se refería a que tenían que desnudarse, ella estaba completamente de acuerdo con el plan. No cuestionaba la necesidad de tenerlo dentro de ella, únicamente sabía que moriría si  él no se quitaba los pantalones. Ya.


La llevó como si no pesara, cruzando la habitación en dos zancadas.


Por Dios, todo en él irradiaba sexo, desde la fortaleza de su cuerpo hasta la forma como se movía y el olor de su cuerpo. Nunca había visto a un hombre semejante. Y su cuerpo lo sabía tan bien como su mente.


-Bésame-dijo ella.


Siguiendo un impulso, las manos de A. aferraron las solapas de la cazadora de C., tirando de él para acercarlo a su boca.


Él le sujetó ambas muñecas con una sola mano.


-Calma.


¿Calma? No quería calma. Si pusiera sus manos sobre ella...


-Oh,dios...-gimió él.


Ella le sonrió, deleitándose con el súbito deseo de su rostro.


-Tócame.


C. empezó a sacudir la cabeza, como si quisiera despertar de un sueño.


Ella abrió los labios, gimiendo de frustración. Elevó las rodillas y levantó las caderas. Imaginó que él le besaba el interior de los muslos y buscaba su sexo con la boca. Lamiéndola. Otro gemido salió de su boca...


C. estaba mudo de asombro. Aquella mujer era la cosa más sensual que había tenido cerca en su vida. Y ya había apagado una o dos hogueras en algún tiempo...


-Tócame- suspiró ella, de nuevo.


La sangre de C. latía como si estuviera corriendo desbocada y su erección palpitaba como si tuviera un corazón propio.


-No estoy aquí para eso- dijo.


-Tócame de  todos modos...


Él estaba frío, paralizado, frío de perplejidad. Y ella caliente. Lo suficiente para derretir ese hielo... Y había pasado tanto tiempo...



Se arrancó la chaqueta de un tirón, y cuando cayó al suelo con un sonido sordo, ella se rió don satisfacción. Se inclinó sobre A. Sintió su aliento dulce y mentolado cuando posó la boca sobre sus labios.


Al sentir que ella se estremecía de dolor, se retiró de inmediato, espectante.


-Lo siento, olvídalo,...-le dijo ella, aferrando sus hombros nuevamente.


Por supuesto que no lo olvidaría. Que Dios ayude a aquel hombre que la había herido. C. iba a arrancarle cada uno de sus miembros y lo dejaría en la calle desangrándose...


Besó suavemente las magulladuras en proceso de curación, y luego descendió con la lengua hasta el cuello. Ansioso por conocer el resto, le quitó la camiseta y la arrojó a un lado.


C. perdió el control.


Dejó los colmillos al descubierto, emitió un siseo y mordió el cierre frontal del sujetador. El mecanismo se abrió de golpe. Mientras succionaba  su piel, desplazó el cuerpo  y lo extendió sobre ella, cayendo entre sus piernas. Ella acogió su peso con un suspiro gutural.


Ya estaba más allá de la delicadeza y la sutileza, así que rindió culto a los senos y luego se trasladó a su vientre. Deslizó los pantalones de la mujer por sus piernas.


C. sintió que algo le explotaba en la cabeza cuando su aroma le llegó en una fresca oleada. Su cuerpo temblaba por la urgencia de poseerla. Llevó la mano a sus muslos, estaba tan húmeda que rugió. Aunque estuviera tremendamente ansioso, tenía que saborearla antes de penetrarla...



Le besó la piel más delicada, atrayendo el clítoris hacia su boca, y ella alcanzó el éxtasis una y otra vez hasta que C. ya  no pudo contener sus propias necesidades.


Retrocedió, se apresuró a quitarse los pantalones y a cubrirla con su cuerpo una vez más.


Ella colocó las piernas alrededor de sus caderas, y él siseó cuando sintió cómo su calor le quemaba el miembro. Utilizó las pocas fuerzas que le quedaban para detenerse y mirarla a la cara. Lentamente, echó hacia atrás la cadera. La punta se deslizó hasta la posición correcta ajustándose a ella a la perfección.


...Un abrumador instinto de posesión fluyó por su cuerpo. Con aprensión, se dio cuenta de que quería marcarla. Marcarla como suya. Quería su olor especial sobre la totalidad del cuerpo de ella para que ningún otro macho se le acercara, y temieran las repercusiones de querer poseerla.


Soltó un bramido de éxtasis. Ella lloró, lloró de placer, de emoción, de amor... Y sus lágrimas olían a lluvia de primavera.


El paraíso...


Ahora sabía cómo era el paraíso...


..............................................................................................J.R.WARD.............................


Ahora lo sé, gracias a ti...*



FIN.

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