Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a victoria_o       Se han interesado por él 4 lectores      0 libros en su biblioteca
     0 valoraciones      11 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

Crepuscular

Una página para leer a la hora del crepúsculo


Arenas



Se despereza la playa
en la fría mañana
de este año
recién nacido.
Yo me deslizo a través del viento.
Unos hombres levantan
tiendas, los perros
juegan alrededor.
Pienso en encontrar
palabras pero
la inmensidad me seduce
con su juego de luz.
Es como polvo de oro
bajo mis pies, la arena,
busco en su aspereza
las huellas de un
verano antiguo.


María Cecilia - San Bernardo - Enero 1987

Denunciar contenidos

Una Aguja en un Pajar

"Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué distancia de la puerta." (El libro de arena de Jorge Luis Borges).

***

El libro había quedado abierto en esta página. De sólo una rápida mirada me di cuenta de que se trataba de un libro de cuentos. Borges era en ese momento muy conocido, sobre todo porque el no haber recibido nunca el premio Nobel lo hacía loable a mis ojos. Estaba abierto casi al final del mismo y se encontraba bajo un farol de la Plaza Francia, justo al pie de una palmera. Enfrente, augusto y majestuoso el Cementerio de la Recoleta se erguía en medio de la vida, sin embargo, dentro de aquellas puertas casi todo estaba muerto.
Miré a los lados y vi a un hombrecillo que marchaba con toda la prisa que le permitía su cojera. Parecía atribulado. Me pareció que lo había visto cuando descendí de mi auto, pero yo también tenía serios problemas en ese momento y no acertaba a saber si era realmente el sujeto que había visto de lejos.
Llamé a voz en cuello, señor, señor, olvidó su libro. El hombre no se volvió. Señor, grité más fuerte, el de saco gris, por favor espéreme que le acerco su libro. El hombre pareció caminar más aprisa. Tuve que correr, aunque mi cardiólogo había sido categórico al decirme, Denis si no te cuidás, tu hija va a quedarse sin padre y Natalia sin marido. Pese a todo corrí. La curiosidad era muy grande. Era posible que el hombre fuese sordo pero se dice que algunas personas tenemos el don de oler lo que otros no notan; por eso mismo corrí. Todo me indicaba que en aquella dirección había un enigma y fui tras él.
El individuo me causaba pena. Cuando llegué a emparejar mi marcha forzada con él le mostré el libro. Se olvidó esto - le dije mostrándole el libro de tapas de cuero y finas hojas que parecía de una edición bastante cara ¿es suyo, verdad?
El hombrecillo lo miró indiferente y asintió con su cabeza. Lo observé un instante. Parte de su cara estaba llena de cicatrices que parecían proceder de quemaduras muy graves. Una de sus cuencas estaba vacía y su ojo ligeramente entornado. En su semblante pareció perfilarse una sonrisa, o al menos lo intentó; y entonces, todo mi cuerpo se estremeció por el dolor. Él pareció advertirlo y me respondió: - Ya no lo necesito. He encontrado en él lo que busco desde hace algunos días.
Comenzó a caminar con lentitud y yo me puse a su par. Lo que usted ve en mi cuerpo, caballero, es reciente, no obstante me hicieron quince operaciones en el término de dos años. Los mejores cirujanos intentaron volver a hacerme una persona normal, pero no lo consiguieron. Creo que esto fue producto de mi interior deseo. No me importaba nada, salvo que?mi niña aun? es decir, todavía tenía esperanzas de que ella regresara?
Se puso más taciturno y continuó: Antes de esto fui un hombre elegante, erguido. Soy arquitecto. Tuve una familia muy hermosa compuesta por mi mujer a la que adoraba. Algo así como si estuviera hipnotizado con su belleza y hasta sus maldades me hacían desearla cada día más.
Cuando me casé ella era algo excéntrica y muy bella; sin embargo, sus continuos ataques de locura temporal alternados por intensas depresiones hicieron que nuestra pareja se deteriorara. Con todo, yo la seguía amando.
Tuvimos una sola hija, la cual tenía cierta debilidad mental. A los doce años la niña sorprendió a su madre con un amante en nuestra cama, yo estaba de viaje. Mi esposa en una crisis de locura le puso fuego a la casa luego de propinarle una paliza a la niña y arrojarla escaleras abajo. Por supuesto que fue un acto de salvajismo, pero eso, de alguna manera, le salvó la vida, aunque?
Pareció dudar y se decidió a no continuar con el hilo de su discurso.
Los bomberos y yo llegamos al mismo tiempo. Cuando irrumpí en mi hogar en medio del caos y de los gritos, mi hija me tendió sus brazos. Las palabras salían a borbotones de su boca lastimada. Su cabeza y su rostro estaban bañados en sangre. Allí creí entender que su madre estaba arriba. Subí las escaleras, loco, febril, y en mi intento por rescatarla sufrí terribles quemaduras, aunque todo fue inútil. Ella y su amante murieron intentando abrir el balcón cuya puerta estaba trabada por fuera. Yo mismo la había sujetado por fuera debido a las provocaciones de mi esposa que cada noche, luego del baño, salía desnuda al balcón para secar su cuerpo al aire de la noche.
Nunca pensé que por intentar salvar lo insalvable iba a perder al ser que más me necesitaba. Cuando me repuse me enteré de que la niña había tenido una convulsión fatal. Estuvo dos años en cuidados intensivos. Respiraba de manera mecánica y nunca volvió a recuperarse de su terrible estado. Los golpes en su cabeza le produjeron un derrame insalvable.
Hace una semana sufrió un paro cardíaco. Aunque usted me ve caminando todavía, sin embargo, estoy muerto por dentro y cuando releí ese párrafo de Borges que había leído ya hace muchos años, me di cuenta de que en el único lugar que nadie buscaría a un muerto vivo sería en un cementerio. Ayer leyendo el diario encontré que buscaban a un cuidador full time y me decidí. La vida ya no tiene nada que ofrecerme.
Volvió a reproducir su mueca grotesca y volviéndome la espalda se internó en el cementerio. Él y yo estábamos llorando.

*******

Me fui a casa y lo primero que hice a mi llegada fue tomar a mi hija de diez años en mis brazos y apretarla contra mi pecho. Enseguida escuché la voz de mi mujer que corriendo me decía: Estás loco, soltá a esa chica que no podés hacer tanta fuerza. Cuando vio que las lágrimas bañaban mi rostro, nos abrazamos los tres y ambos lloramos y aunque mi hija no entendió nada, ella también tenía su carita bañada en llanto.
Ya ha pasado un mes de estos sucesos y aún no pude contarle a nadie lo ocurrido. Hoy, leyendo las noticias me enteré que no había pista alguna del encumbrado millonario cuyo nombre no mencionaré por su notoriedad, quien había construido múltiples edificios en el país y en el extranjero, y había desaparecido después del deceso de su única hija. Aún no le he contado nada a mi mujer, hoy lo haré. La niña es muy pequeña todavía, sin embargo, a ella también le diré que somos una gran familia y que tenemos que estar agradecidos con la vida pues aunque cargada de momentos difíciles ha sido buena con nosotros. Al menos todavía estamos vivos y mañana puede ser el mejor de los días, si es que nos lo proponemos.

*******

No he vuelto a Plaza Francia. Siento que si regreso allí no podré dejar de entrar al cementerio para escudriñar los rostros de los sepultureros, y entiendo que aquel hombre tiene derecho a su privacidad.
Ojalá Dios se apiade de él.

Denunciar contenidos

OTRO VERANO



Miradas inexpresivas
Rostros sin gestos

como si detrás de mí
no estuviera yo,
con mi alma a cuestas.

pasos lentos,
precisos,
timbres y voces,
todos los días con sus noches,
corriendo a la par del tiempo.

Despiertan antes del
alba, los antiguos
sonidos.

Las mujeres de blanco
lo controlan todo,
la ropa, el desayuno, la temperatura,
y después
a cada cual lo que le toca.

Un muchacho también de blanco
se acerca a mi cama
y me da un beso:
- gracias doctor, le digo - y pienso
por tratarme como a un ser
que respira, piensa, late.

Una camilla y dos enfermeras
me llevan por tranquilos pasillos
hacia mi destino incierto.

Seres desconocidos me saludan
al llegar, miran mi miedo tangible,
- "está todo bien", me sonríen
"esto le va a molestar" y me inyectan
una larga aguja,
observan mis reacciones,
ahora va a dormir...

Sola, - sola y casi desnuda
no pude pensar más que en mí,
"solos nacemos, solos morimos".
Después me fuí hacia ese mundo
del total olvido:
sin sueños, sin recuerdos,
hasta que mucho más tarde,
regresé a la vida, y a la luz.

Cecilia
Mayo 1991

Denunciar contenidos

POR AMOR A GEMA: porque queremos Vivir Soñando junto a ti... aquí va nuestro pequeñísimo tributo, querida amiga...





"Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante. La vida, en realidad, es una calle de sentido único."

Agatha Christie

Muy querida Amiga, aquí va para ti la canción de un querido amigo, que nos alentó en muchos desiertos. Quiera Dios que puedas sentir nuestro afecto sincero. Te queremos mucho.

cecily y cris

Volver a empezar
Alejandro Lerner

Pasa la vida y el tiempo no se queda quieto
llevo un silencio de frío con la soledad.
En qué lugar anidare mis sueños nuevos
Y quién me dará una mano cuando quiera despertar.
Volver a empezar, aun no termina el juego,
volver a empezar, que no se apague el fuego,
queda mucho por andar.
Y que mañana será una día nuevo bajo el sol,
volver a empezar.

Se fueron los aplausos y algunos recuerdos
y el eco de la gloria duerme en un placard.
Yo seguiré adelante atravesando miedos
Sabe Dios que nunca es tarde, para
Volver a empezar.


Volver a empezar, aun no termina el juego;
volver a empezar, que no se apague el fuego;
queda mucho por andar.
Y que mañana será una día nuevo bajo el sol;
volver a empezar, volver a intentar
Volver a empezar.

Volver a empezar, aun no termina el juego

Denunciar contenidos

LA PROMESA INCUMPLIDA



Náufrago en el mar
de las Cícladas
llegué un día a la playa
pedregosa y blanca.
Buscaba con ansias
la promesa de
los cielos.
Altivos, allí estaban
las Nereidas, Palas Atenea y
el rey de los Dioses del Olimpo.
Había destellos plateados
y expuse
a los vientos
la proa de mi nave.
Después,
ya náufrago humano,
regreso a Paros
a buscar consuelo,
y curar con bálsamo de pétalos
las heridas profundas.
Pero, ya no está
la diafanidad y el brillo de las ideas,
las musas han partido
y el tiempo destruyó mi barco.
Solo estamos yo y mi alma,
frente al mar que llega y acaricia
la playa silenciosa.

Cecilia
Buenos Aires, Enero 1982

Simone de Beauvoir dijo: "He sido estafada, se explica no por el encuentro de mi imagen en el espejo, sino por mi angustiada rebeldía ante el horror del mundo. Comparándolo con los sueños de mi adolescencia, comprobaba hasta qué punto éstos me habían engañado.
"No se nos ha prometido nada" decía Alain. Es falso. La cultura burguesa es promesa, promesa de un universo armonioso donde se puede gozar sin escrúpulos de los bienes de este mundo. Garantiza valores seguros que se integran a nuestra existencia y le dan el esplendor de una idea. Me costó arrancarme a tan grandes esperanzas. El descubrimiento de infortunio de los hombres, el fracaso existencial que me frustró el absoluto al cual aspiraba mi juventud: esas fueron las razones que me dictaron esas palabras: "he sido estafada".

Denunciar contenidos

La Huida (final)

El esfuerzo por concentrarse debía de estar agotándola, porque esta vez las remembranzas no se le anudaron en la garganta.
- Con el amarillo llegará la claridad mental.
Se le agolpó el pasado, lego el vértigo. ¿Quería en verdad seguir adelante? Aunque le temor le parecía un gigante, dijo, ¡sí, quiero!, como si estuviera delante del altar, allí donde debía haber estado un mes después de la muerte de su hermano, pero no había podido... había sido demasiado para ella. Había hablado con Federico pero él no la había entendido. No quiso posponer la boda, entonces, Elisa dijo: Haz lo que quieras. Y, sencillamente, él se buscó reemplazo y se casó el mismo día, aunque tuvo que volver a hacer las invitaciones. Elisa rió. A eso lo llamo yo un hombre pragmático, pensó.
Un recóndito sosiego la sometió sin violencia. No temió cuando le pareció que su silla se deslizaba?

- Con el color azul irrumpe un sentimiento de amor? con el púrpura vea un fabuloso atardecer?
Se desplazó por un mullido tobogán. El sol iba declinando, luego de un aguacero tropical. Un arco de colores brillantes recordaba la promesa de Dios tras el Diluvio.
- ? el violeta es el último ? la voz parecía entrecortarse?
Se sintió como el actor en medio de la gloriosa escena. La voz se hacía cada vez más lejana, apenas un murmullo sofocado por el rumor de las olas que rodaban hasta romper en la playa. Lo último que oyó en medio de su algarabía no tenía nada que ver con su actual realidad.
- Señorita? ¿se siente bien?... ¡señorita!...
Dos manos la sostuvieron pero logró zafarse y corrió? corrió sin detenerse, sin mirar atrás. Recordó una frase de Emerson que su hermano tenía bajo el vidrio de su escritorio: ?Tened cuidado con lo que deseéis, no sea que lo consigáis?. Tampoco tuvo claro qué era lo que estaba consiguiendo, pero la brisa olía a una evidente primavera. Poseída por un extraño gozo corrió por la playa viendo como la espuma se derretía en el sol que se había tumbado sobre la arena; el burbujear de las aguas le hormigueaba en los pies? De la voz del instructor ya no había ni recuerdo cuando en total plenitud fue hacia la luz que la envolvió?

mcs

Denunciar contenidos

La Huida (segunda parte)



- Cuatro? tres? más adentro cada vez, no aflojen, desciendan, desciendan la empinada escalera con cuidado, si prisa pero sin pausa? dos? uno? cero.
Ahora ya están en los niveles profundos, el cuerpo y la mente permanecen como en un letargo, no obstante se encuentran más alerta. Piensen casas buena, positivas para ayudar a este estado a lograr una armonía perfecta. Si siguen estos pasos, a medida que se entrenen y aprendan los modos de llegar a este estado en el que se hallan, controlarán las emociones y los deseos destructores. Estos pasos no solo los ayudará a ustedes sino a la gente que los rodea y aun les servirá para regenerar el corazón y la mente de la humanidad.
Elisa tuvo ganas de reírse ¿qué decía esta pobre mujer? ¿Qué la humanidad sería regenerada por estas prácticas? Estaba loca. Esto no era más que una expresión de deseos, pero una utopía al fin. Ya Uno había sido inmolado y? se preguntaba? ¿había servido para algo?
Recordó la mirada sarcástica de su amiga cuando le contó que se había anotado en este curso. Estaba sola. Susana era la única amiga que le quedaba, los demás se eclipsaron cuando la vida dejo de sonreírle. En las noches no hallaba descanso. Un sueño recurrente la alucinaba: Ella se hallaba en la cúspide de un edificio muy alto. Una sensación de paz la invadía. El atardecer en calma después de la tormenta la invitaba a deslizarse por el diáfano arco iris y trepándose a él se dejaba caer, en un vértigo incontable por el empinado tobogán. Despertaba en ese momento preciso cubierta en sudor.
La primera noche no le prestó atención, pero al día siguiente tuvo el mismo sueño, y al otro, y al siguiente. Se preguntó si no habría anidado en su mente la idea del suicidio. No, absolutamente no. Es tan absurdo!
Al día siguiente vio la propaganda en el diario: Alpha: Organización Mundial para el Control de la Mente y se anotó esa misma tarde.
La voz de la instructora seguía con su cantinela:
- Ahora deberán visualizar los colores del arco iris. Es muy importante imaginar cada uno hasta lograr verlos. Comenzamos por el rojo. Con él terminarán de relajarse.
Dios mío, ¿estaba soñando de nuevo? No, era la voz de la instructora que seguía hablando con su voz monótona. Elisa intentó no evadirse del clima ni de las sugerencias. Recordó un tapado con capucha que le ponía su madre los domingos cuando salían de paseo. Saltaba y reía una mañana de otoño en las Barrancas de Belgrano. Abajo la esperaban los brazos fuertes de su padre y cuando ambos chocaban se hacían uno y daban volteretas? bailando y bailando hasta caer agotados sobre el césped? Se le desmadejaron los músculos y una blanda laxitud la poseyó.
- ? con el naranja dominarán las emociones?
Encumbrada en el árbol Elisa arrancaba las naranjas y las arrojaba en la cesta que su hermano sostenía. Él la miraba a los ojos con ternura, ella con una gran admiración; y para ahuyentar las lágrimas, reían. Su padre había muerto unos meses atrás, estaban en pleno duelo, pero se tenían. Él estaba casado, pero ella era una niña todavía y él la cuidaba como si se tratara de su hija. Ella le arrojaba una naranja y él a atrapaba y la ponía en la cesta y de tanto en tanto Elisa tiraba adrede una que lo golpeaba y él hacía que se trepaba al árbol y ella gritaba y volvían a reír, mientras la atmósfera se poblaba de un olor acre y su madre se enojaba por ese perfume desagradable que impregnaba las manos? la ropa? la brisa?

Continuará?
A Julio, por los recuerdos tan parecidos, por el llanto y la risa abrazándose de impotencia?

Denunciar contenidos
Artículos publicados: 11
1-2



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 0 libros



Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad


2010 © librodearena.com