Primer día de instituto. Una nueva vida se abre ante mis ojos. Nerviosa por no saber que ropa ponerme, después de tantos años sabiendo que de lunes a viernes toca el uniforme. Son las siete y media de la mañana de un lunes de septiembre y no para de llover...Qué rabia!La ropa que con tanto esmero había preparado la noche de antes tendré que cambiarla por cualquier tejano y una camisa de manga larga. Bueno, ya vendrán días soleados para ponerme otra cosa. Tengo que darme prisa, ya es muy tarde y he quedado con Marta en la portería de su casa para ir juntas a clase. Cojo mi carpeta, forrada con las fotos de Tom Cruise, qué guapo!, dentro de los separadores llenos de folios aún en blanco, queda tanto por escribir! Dentro también están el SuperPop y el Vale, revistas de adolescentes llenas de fotos de River Phoenix, Hombres G, A-ha, Durar Duran,Spandau Ballet, y como no mi Tom Cruise. Me despido de mis padres con un beso en la mejilla, en la radio está sonando "Take my Breath away"de Berlin, doy un suspiro, me encanta esa canción, deseándome los dos que tenga un buen comienzo de curso. Mientras cierro la puerta oigo como dicen:
-La niña se nos hace mayor, parece mentira que fue ayer su primer día de clase en el colegio.
Es curioso, tenía tres años pero recuerdo perfectamente el berrinche que cogí subiendo las estrechas escaleras de aquel colegio sin querer soltarme de la mano de mi madre.
Hoy todo es diferente, tengo la ilusión de que todo se abre a mis pies y tengo ganas de comerme el mundo.
Marta ya está esperándome en el portal, como siempre.
-Vaya asco de día, no para de llover... y estoy tan nerviosa...no sabía que ponerme...¿Has cogido los bolis, Sara?
-Si, los llevo; yo también estoy nerviosa, Marta, ¿crees que nos tocará en la misma clase? Espero que si.
Vamos hablando todo el camino sobre las novatadas que se hacen a los novatos, de los profesores que nos han dicho amigos mayores que nos pueden tocar, pero sobretodo ambas pensamos en seguir juntas en la misma clase, como siempre, como toda la vida desde hace diez años.
(...)
Menos mal, no nos han dado con ningún huevo los veteranos, ni tampoco nos ha caído ninguna colleja, y lo más importante:
-Marta, Marta, mira la lista!!!
-Bien, Sara!!Estamos en la misma clase!!!
Nos abrazamos entre risas y gritos de alegría y nos pusimos a buscar la clase que nos había tocado en aquel inmenso instituto lleno de aulas, de gente por los pasillos, las escaleras...
-Mira, es aquí, primero A, estamos en el primer piso.
-¿Qué te parece,-me dijo Marta- si nos sentamos al lado de la puerta, en tercera fila?
-Guay, así no estamos ni de las primeras que pareceremos muy empollonas ni de las últimas, venga, sentémonos no nos quiten el sitio.
Recuerdo que fuimos de las primeras en entrar, conforme la gente iba llegando nos íbamos mirando los unos a los otros con cierta desconfianza. Por las ventanas veíamos como no dejaba de llover, una lluvia incesante pero fina.
-Hola, menos mal que estáis aquí!.
Aquella voz que sonaba al fondo de la clase se nos hacía muy conocida;era Bea, otra amiga del antiguo colegio.
-¿Te ha tocado con nosotras?!, Que bien Bea!!!- le dije-. Corre, ven, siéntate aqui detrás nuestro, así estaremos las tres juntas.
-No te hemos visto en la lista,-le dijo Marta-, deben haber sido los nervios y que tú estás de las primeras, sólo hemos mirado de la C para delante.
-Bea, ¿sabes en qué clase están las demás? Creo que aquí ya no seremos más de las de siempre...-Enmudecí de golpe. De repente sólo podía ver entrar al chico más guapo que jamás he vito. Marta y Bea siguen hablando,siguen riéndose, siguen contestas de estar las tres juntas, pero yo sólo puedo fijar mi atención en aquel niño moreno de ojos marrones que me cautiva.
Sólo puedo pensar en que se siente, cerca nuestro, quizás en la fila de al lado, donde todavía hay sitios libres. Se acerca, pasa la mesa de Bea, nos mira, nos sonríe,pasa la nuestra, me doy cuenta de que no soy la única que está embobada con él, y...se sienta delante mío, en el pupitre de delante del mío...No me lo puedo creer!!! Lleva unos tejanos azul claro, una camiseta verde con números blancos, una cazadora tejana y por suesto unas nike blancas con el logo en rojo. Perfecto.
Recibo un codazo de Marta, mientras Bea me da pataditas por debajo de la mesa.
-Sara, Sara, despierta!! ¿Has visto que tío más bueno se ha sentado delante nuestro?
También ellas dos estan embobadas, cómo para no estarlo!
Oigo que me prenguntan como me llamo, y si, es el guapo el que está hablándome, mirándome con esos ojos en los que me siento perdida.
-Yo me llamo Carlos, ¿y tú?.
Marta contesta por mi.
-Se llama Sara, ella es Bea y yo soy Marta.
No puedo dejar de mirarlo a los ojos, qué ojos más bonitos. No puedo dejar de pensar en su voz que también me resulta preciosa. No hay nada más que él a mi alrededor, ni siquiera el alboroto del resto de la gente de la clase, ni la charla de mis amigas con Carlos, sólo puedo mirarlo a los ojos, como él no deja de mirar los míos. Sólo puedo pensar en que creo que me enamorado.
Y no me equivoqué, me enamoré de él como de nadie más en esta vida.
Aquel día supe que aquellos ojos me acompañarían para siempre, aunque lo que no podía imaginar es todo lo que iba a suceder en los veinte años que dura toda esta historia.
Muchas personas han pasado por nuestras vidas, amigos comunes, amigos diferentes, cada uno sus respectivas parejas, pero lo único que no ha cambiado son los sentimientos del uno hacia el otro.
Después de casi veinte años de conocernos, de trece de relación a escondidas de todo el mundo, de tener nuestras respectivas parejas desde hacia tantísimos años...era como una broma pesada del destino, decirnos, ahora, en aquel momento aquellas palabras.
Acaricié sus labios con mis dedos, su olor mezcla de aromas de madera y sándalo embriagaba mis sentidos, en mi mente sólo había una posible respuesta para aquel momento, besarlo...no parar de besarlo...
Besé sus labios, que se fundieron en un hermoso beso, no podíamos dejar de besarnos y nuestras manos iban acariciando nuestros cuerpos, habían cobrado vida propia, anhelaban el tacto de nuestra piel, de todo nuestro cuerpo. Mis labios empezaron a recorrer su cuello, el lóbulo de su oreja, sin dejar por un instante de susurrarle dulcemente:
- Te quiero, te amo... desde el primer día que te conocí, no puedo dejar de amarte, no quiero dejar de amarte nunca...
Carlos buscó mis labios con los suyos inflamados de deseo y pasión, sus manos empezaron a desabrocharme la blusa mientras las mías hacían los mismo con los de su camisa. Necesitábamos sentirnos piel contra piel, necesitábamos sentirnos el uno del otro, el uno dentro del otro...
Nuestras ropas iban cayendo una detrás de otra por el comedor, perdimos la noción del espacio y del tiempo, nos daba igual estar en el comedor de su casa, quien pudiera entrar o quien pudiera vernos. La pasión nos estaba devorando por dentro mientras nosotros nos devorábamos por fuera.
-Sara...Sara... Te quiero, te quiero mi niña...
A cada palabra de Carlos, mi cuerpo se estremecía, era como si estuviese subida en una montaña rusa, todas mis sensaciones y mis emociones a flor de piel. Me llevó al sofá, nuestros cuerpos desnudos uno encima del otro sin dejar de besarnos, de acariciarnos...
-Quiero sentirte dentro de mi, mi amor, _le dije en un susurro.
Cogió mi cara entre sus grandes manos, y sin dejar de mirarme me penetró. Sentí su miembro dentro de mi, cómo describir todo el placer de aquel instante...Estuvimos largo rato así, sin movernos, sintiéndonos dueños el uno del otro, de todas las sensaciones, de todos los sentimientos, mirándonos, sin dejar de mirarnos a los ojos que todo se decían, acariando su espalda, sus brazos musculados...Nuestras caderas empezaron a moverse, al principio muy despacio para entrar en un torbellino de jadeos, de palabras irrepetibles, de te quieros, nuestros movimientos eran cada vez más y más rápidos a la vez que más profundos...
Carlos se detuvo; se quedó quieto, muy quieto, mirándome y me susurró:
-Me encanta hacerte el amor, así con tiempo, sin importarnos nada, ojalá siempre fuera así...
Mis labios buscaron los suyos, mis piernas se agarraron fuerte a sus caderas, sus manos tiraron de las mías hacia atrás, por encima de mi cabeza, nuestros movimientos eran otra vez más rápidos y violentos, nuestra respiración cada vez más entrecortada y nuestros jadeos más altos...nuestra pasión había alcanzado su punto más alto hasta alcanzar un orgasmo perfecto, cada uno envuelto en el climax del otro, sintiendo lo mismo los dos.
Embriagados por el placer que habíamos sentido, nos quedamos abrazados, sin poder dejar de mirarnos.
-Estoy perdido en el fondo de tus ojos, Sara, sólo en ellos encuentro el camino hacia mi felicidad, la felicidad que sería el poder vivir nuestras vidas juntos...
Puse mi dedo índice en sus labios, como queriendo cerrarlos, porque sabía que ese era el anhelo de los dos, pero que las circunstancias no nos lo permitían.
-No lo estropeemos mi amor, le dije. Disfrutemos de este momento Carlos, de los sentimientos que hemos liberado de nuestra alma, que nunca nos habíamos atrevido a decirnos, pero por favor, no rompamos el hechizo del ahora y el aquí, saboreémoslo todavía desnudos y abrazados el uno al otro....
Intuí una pincelada de tristeza en su mirada, al igual que en mi corazón también la había, pero esbozó una sonrisa y asintió con su cabeza mientras entrelazaba sus manos a las mías.
(...)Le pregunté si realmente me quería, temerosa de su contestación, o si nuestra relación era sólo sexo. Ha sido una de las pocas veces que no me he atrevido a mirarle a sus bonitos ojos marrones; quizás por vergüenza, o por temor, o por encontrarme con algo parecido a un reproche.Todavía no lo sé. Carlos me miró y al no encontrar mis ojos clavados en los suyos, suspiró y se volvió hacia el acuario, en silencio.
No quise insistir en el tema y ambos hicimos como si mi pregunta no hubiese salido nunca de mis labios. Empezó a enseñarme los nuevos peces que había comprado; sus palabras resbalaban entre mis pensamientos. No podía dejar de pensar en lo mucho que lo amaba, en todo lo que sentía cuando estaba a su lado, en la veces que había imaginado mi vida junto a él. Mientras el seguía explicándomes cosas de sus pececillos Nunca le había confesado todo lo que atropelladamente en aquel momento hervía en mi cabeza, y en aquel preciso instante sentí que ya era tarde, que mi tren con destino hacia mi gran amor desde la adolescencia había salido hacía mucho tiempo y yo no me había subido en él. Me maldije a mi misma por tanta cobardía y una mirada triste se perdió entre aquellos bonitos peces.
Allí estábamos los dos, en su casa, delante del acuario, cuando noté su mano sobre mi cara, sujetándola suavemente y haciendo que sus ojos se encontrasen con los míos. Nunca olvidaré su expresión, cómo poder olvidarla, aquellos ojos en los que yo me perdía, eran mi puerto donde relajarme, donde me sentía segura y protegida desde siempre.
- Sara...No puedo ni debo pensar en lo que siento por ti, en lo mucho que te quiero....
Dios, noté flaquear mis piernas, sentí como el vello de mi cuerpo se erizaba y mi corazón empezó a latir de una forma totalmente descontrolada. Contuve la respiración, era la primera vez después de muchos años que de su boca escuchaba aquellas palabra. Me quería!!!
- No es sólo sexo lo que existe entre nosotros. No vamos a negar que ambos disfrutamos en la cama y mucho, somos iguales, sabemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan en cualquier lugar y en cualquier momento; yo te quiero, te he querido siempre, pero tanto tú como yo compartimos nuestras vidas tú con Jose y yo con Laura...
Al oir el nombre de su mujer y el de mi marido desperté del sueño. Durante unos segundos los había olvidado por completo.Carlos siguió hablando:
- por eso no puedo pensarlo, me volvería loco. Los dos somos egoistas, no queremos dejar de sentir lo que sentimos el uno por el otro, pero tampoco queremos dejarlos a ellos, porque también los queremos y no podemos hacerles daño.
Nos abrazamos sin dejar de mirarnos, yo no podía articular ni una sola palabra, estaba embriagada por sus brazos que rodeaban mi espalda y cintura, por el roce de su piel sobre mis dedos, por sus infinitos ojos, por su aliento...
- Cuando pienso en ti, en lo que podíamos haber hecho juntos, una vida en común, siento que me vuelvo loco... Muchas veces he pensado cosas que me han dado miedo...Sabes que soy muy impulsivo...Si supieras la cantidad de veces que he marcado tu número de teléfono para pedirte que nos fuéramos juntos, lejos, muy lejos...
Mi corazón cada vez iba más rápido, con cada una de sus palabras una sensación de vértigo se apoderaba de mi. El sentía exactamente lo mismo que yo, una gran felicidad me inundó, me hizo temblar para luego convertirse en una gran tristeza.