Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a violetaberna            0 libros en su biblioteca
     0 valoraciones      148 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

LOCUS AMOENUS, VIOLETABERNA

Semana Santa en Villajoyosa


ME ABANDONO


Querías entender, y yo solo quería abandonar, ceder mi piel, traspasarte el reflejo de mi entendimiento, colgar de tu cuello pequeños jadeos, como si de un collar de cuentas se tratara, cuentas pendientes como silbantes susurros para entender.


Querías prenderme como una cerilla y yo solo quería que entendieras que si inflamabas mi piel, puede que no pudieras apagarla nunca, yo contaba un dos tres y algún pedacito de piel nuevo ardía, tu me contabas los suspiros y entre cada uno de ellos mi cuerpo te arrancaba miradas de deseo, caricias imposibles.


Querías entender el porqué de mi abandono y probabas a recorrer una y otra vez el sendero de venus, y en cada paseo se descolgaba un poco más mi lucidez, se erguían un poco más mis pechos buscando tus labios, mi piel cedía un poco más al calor de tus manos.


Tu querías entender y yo solo quería detener los gemidos, estirarlos para que la memoria los usara cuando gustase, pedías que te diera todo y yo solo quería que lo aprovecharas sin entender, sin preguntar, abandonada bajo tu cuerpo, como si fuera la primera vez que dscubría nuevos sentidos, como si recorrer mi cuerpo te llevara a un destino nuevo, como si encenderlo te quemara por dentro.


Yo quería abandonar este placer mundanal y tu querías quemarte conmigo, yo quería escuchas nuevas para mi cuerpo y tu tapabas mi boca no fuera que encontraras mi alma, yo quería estrujar la tuya y ella andaba sin saber si posarse o abandonarse.


 


 


 



 



 



 



 


 


 

Denunciar

BILLETES, NADA MÁS


-Creo que deberíamos hablar sobre lo que pasó anoche.

-Bobadas, Rodrigo, ya te dije que fue algo incontrolable -y esta última palabra salió sin fuerza de su boca.

Lucía se dio la vuelta dando por terminada la conversación y siguió con el rimmel en el ojo derecho. Rodrigo pudo observar el ligero temblor en sus dedos.

LLevaba tiempo eludiendo las explicaciones que Rodrigo pedía. Se moría de vergüenza. Él no había sido su primer novio, pero sí era el único con el que la convivencia se había hecho imprescindible.

A  Elías le agotó la espera, las excusas absurdas, y seguramente detrás de todas ellas estaba la falta de verdadero amor, ese que creía haber encontrado en Rodrigo.

A Luis fue su madre la que le cortó las alas, tanto preguntar por sus intenciones hizo que un día se le fuera la boca en adjetivos hacia su madre y Lucía encontró el motivo perfecto para decirle que todo había terminado.

Pero Rodrigo fue distinto: no tenía prisa por nada, todo era sencillo en su verse día tras día. Había aceptado todo de ella: su veganismo, sus rituales en el baño, su excesivo orden en los armarios, su impuntualidad, incluso los sábados tarde viendo cine de barrio; así que, cuando aquella mañana él llegó con el felpudo en la mano, ella solo podía visualizar qué iba a hacer con sus cuatro cajones llenos de braguitas, y que parte del armario sería mejor dejar libre: si la derecha, más amplia, o la izquierda, más accesible desde la cama. Y justo al pensar en la cama se dio cuenta de que ya no podría retrasar más ese momento.

- Si es tu decisión, esperaremos todo el tiempo que tu necesites.

Y cuando le escuchó decir esas palabras, no supo si realmente sintió alivio o resignación. Se preguntaba si para él sería tan desmotivador o en verdad sus sentimientos eran tan condescendientes con ella como con todas sus imperfecciones. En muchas ocasiones pensaba que ella no se merecía un amor asi. Rodrigo no podía ser tan perfecto. Cuando se tumbaban sobre la hierba siempre era capaz de ver en las nubes las mismas formas que ella; y en verano su delicada forma de pintarle las uñas de los pies dejaba muertas de envidia a sus amigas en las tertulias de piscina.

-¿Has tenido buen día?

Ella supo reconocer ese tono. Era lo más parecido a reanudar algo que se había quedado a medias. En los tres meses de convivencia habían sido tres veces en las que Rodrigo quiso saber lo que ocurría durante sus relaciones. Había pasado un año de noviazgo y cuando tuvieron la primera conversación sobre mantener relaciones, ella dulcemente le explicó que su educación al respecto le había hecho ir lenta con sus anteriores novios, y seguía siendo virgen a sus 27 años.

-Sé que hoy día es muy extraño, y probablemente sea una mezcla de lo que las monjas nos decían, con el hecho de que siempre he sido muy pudorosa con mi intimidad, con mi desnudez, ni siquiera me gustaba que mis amigas me vieran desnuda en los campamentos.

-¿Por eso no te he visto siquiera usar un bikini, solo bañador? Lucia, cariño, el mundo está lleno de mujeres con las que poder tener sexo, pero escaso de mujeres con las que despertar sensaciones. Haremos las cosas a tu ritmo y haremos que ese ritmo sea el de ambos.

 Pero la pregunta volvía a estar en el aire.

-Sí, el día ha sido bueno. Mañana como con las chicas cómo cada dos jueves.

-Lucía, ¿cuándo me vas a decir qué pasa cuando hacemos el amor?

El tono empleado quizá fue más fuerte de lo que nunca había utilizado para con ella, quizá se uniera que ese día sus hormonas bullieran, o simplemente que ya no podía más con ese secreto, algo que la avergonzaba profundamente, que la hacía sentir sucia, y estalló en llanto. Rodrigo se lanzó a abrazarla, pero ella le apartó.

-No, déjame, ya no puedo más, tengo que contarte todo. Empezó hace unos tres años, una noche tarde ya, no recuerdo de dónde volvía, la luz de reserva se encendió y paré en la primera gasolinera, de autoservicio. El conductor del coche de atrás encendió la luz del interior y pude ver a un hombre y una mujer. Ella sonreía. En su cara se leía triunfo. El hombre sacó una cartera grande y de ella extrajo un montón de billetes que le enseñó barajándolos como si estuviera en una timba y riendo. Me sorprendió la naturalidad que había en la escena. Nadie excepto yo era testigo y creo que tampoco les importaba. Después de repostar me quedé a un lado esperando que ocurriera algo, no me digas qué esperaba, pero seguí ahí. Después, la mujer bajó del coche. Su aspecto era anodino, una mujer castaña, envuelta en un abrigo marrón y unas botas. Pero a mí el que me producía una tremenda curiosidad era él, y sin pensarlo me decidí a seguirle cuando arrancó su coche.

Rodrigo hizo ademán de preguntarle alguna cosa, pero Lucía no le dejó.

-Cariño, déjame que lo cuente, luego si quieres puedes irte, pero no quiero preguntas. Le seguí unos 3 kilómetros hasta que llegó a un parking donde dejó su coche. El cartel decía "Polinesia suites". Esperé unos minutos después de que él entrara y llamé al timbre. Me abrió una joven con una bata y pregunté por el hombre que acababa de entrar. Pavel era como se llamaba. A estas alturas ya te habrás hecho una idea del tipo de local que era. Él debió de pensar que iba en busca de trabajo. Y ahora viene la parte más extraña: le dije que sí, y empecé a obedecer en todo lo que me pedía. Recuerdo su risa entrecortada cada vez que me decía que me fuera quitando prendas. No sé de dónde saqué fuerza ni dónde fue a parar mi pudor, pero la excitación que me recorría fue la conductora de toda la escena. Cuando estuve toda desnuda, dijo que tenía que probar la mercancía primero. Mis manos seguían pegadas a mis muslos y, al escuchar eso, instintivamente me cubrí como pude con ellas y le dije que era virgen. Soltó una carcajada estruendosa y me agarró de la mano. Atravesamos varias salas hasta llegar a una habitación chabacana, lujosamente chabacana. Cuando cerró la puerta, me tumbó en la enorme cama que había y sacó esa cartera que había visto. Los billetes asomaron y los desparramó sobre mi cuerpo, diciendo "virrrgen tiene muy alto prrresio". Creo que no hubo delicadeza, nada parecido a cuando me acaricias el cuello al besarme, ni como masajeas mis pies antes de pintarme las uñas, pero en esos momentos solo quería que ese hombre tocara todo mi cuerpo, pellizcara mis pezones, abriera mis labios para besarlos y estrujarlos, que diera la vuelta a mi cuerpo y apretara mis nalgas, y sentir eso que tanta vergüenza me daba. "Te voy a follarrrr como nunca lo harrán los clientes". No hace falta que te dé más detalles. Nunca más volví a ese lugar ni volví a ver a Pavel, pero desde entonces mi fantasía recurrente es que paguen por ese placer. La vista de los billetes en la mano de ese hombre despertó algo, no tengo ni idea de por qué, pero me excita saber que el dinero me da ese placer. Tú me lo das también, pero no puedo evitar cuando llego al clímax pensar en esa sensación, en pensar que pagarías todo ese dinero para que te dé todo. Lo siento Rodrigo, ahora puedes dejarme si quieres, y espero que perdones que haya ocultado todo esto y que te haya hecho creer que has sido el primero.

Rodrigo estuvo en silencio todo el tiempo y esperó unos segundos antes de pronunciar algo.

- Tenía la ligera sospecha de que no había sido el primero, y eso es lo que menos me importa en todo esto. Aquello ocurrió antes de conocernos, por lo tanto no me atañe. En cuanto a lo que sí me importa, que es tu placer, ahora que el misterio está desvelado, tendré en casa billetes, e imprimiré unos cientos de fotocopias por si acaso,  y cada noche que me pidas que te pague, mientras gritas de placer te los restregaré por tu sexo para después lamer toda la lujuria que los billetes dejen.

 

 

 


 

Denunciar

PHI

 


Phidias como cada mañana, buscaba en los rostros ese atisbo de belleza tan particular, que probablemente a esas horas  de la mañana se escondiera tras gafas de sol oscuras, ojeras queriendo reivindicar su horario, o quien sabe que maquillajes tribales, para esconder que todos dormimos menos de lo deseado.

Era un simple juego, una forma de pasar ese trance diario, en ese tren, que como siempre había pensado, era un simulacro de cercanías, porque no acercaba nada, en los pocos años que llevaba usándolo, desde que mamá empezó a dejarle hacer solo sus desplazamientos, solo había sentido cerca la mirada de una niña, estuvo todo el trayecto mirándole fijamente, y en el minuto 23, quiso con su dedo rozar la mejilla, de súbito quiso haberla dejado, quiso que esa cercanía se materializara, pero sus impulsos mecánicos fueron más rápidos, y apartaron la cabeza de ese encuentro cercano.

Seguía día tras día intentando saber donde se encontraría con alguien cercano a su forma de mirar. Llegaba siempre sabiendo cuantos botones, colocados desproporcionadamente se había encontrado, entre las cinco paradas que tenía desde su casa al trabajo, una vez allí, repartía todos esos sobres, en el orden que él mismo había desarrollado, formando una sucesión armónica entre los despachos.

Pero nunca encontraba la mirada cómplice que le hiciera sentirse igual, sabía cuantos ojos azul tornasol había en la planta cinco, cuantos ambarinos en la segunda, pero ninguno miraba como él. Mamá le había explicado porqué se llamaba Phidias, el escultor griego que en sus esculturas plasmaba la divina proporción, él no entendía que quería decir. No era capaz de ver tanta belleza en esos cuerpos, nunca había visto un cuerpo desnudo además del suyo, para él la belleza era otra cosa, era una chaqueta plásticamente encajada a un cuerpo, con todos esos botones armónicos, eran unos ojos colocados en su lugar justo bajo cejas y separados por la nariz acorde, eran pasillos mentales sobre recorridos, y collares con el mismo número de cuentas que macarrones tenia su plato del día anterior.

Le costaba entender eso que mamá explicaba como proporción áurea, que el escultor lo utilizaba para que sus obras se asemejaran a esa forma que tiene la naturaleza de distribuir belleza en petalos, caracolas, piñas, las pipas de un girasol, y que ella había elegido su nombre, porque lo más bello que tenía era él. Después de eso le permitía darle un beso, no le gustaba mucho pero sabía que para ella era muy importante. Pero esa mañana, cuando llegó al vagón e hizo su mirada general, vio claro que  la proporción entre hombres y mujeres era similar a la de un panal de abejas, proporción áurea.




Rompiendo todas sus rutinas, se sentó junto a quien él consideró la abeja reina, y la siguió durante toda la mañana. Para cuando al mediodía llegó a su puesto, las cartas se amontonaban,  y lo que más le irritó no fue la reprimenda por sus horas de retraso, le irritó que lo que tantas veces había escuchado como libre albedrío, no le había proporcionado tanto placer como si a su vuelta, sus sobres hubieran guardado su ordén establecido.

 

Denunciar

ME VIENES A LA CABEZA


 


 


 


 


Voy a escribirte hoy, que aún no ha ocurrido nada, que aún parpadeas cuando me acerco,  lo haré, para que si algún día, tienes la tentación de cerrar los ojos en ese parpadeo, si algún día cuando al pasar junto a ti,  tu mirada no se derrama sobre mi cuello, sepas esto.


Te pensaré en palabras  para cuando ocurran los desdeños, las regalaré al aire por si llegan los olvidos, hoy que todavía  corretea  entre los dos el sutil hilo rojo, dejaré esta misiva oculta, como esas últimas voluntades, por si en algún momento,  noto que no sigues mis pies, que ya no bailas sus compases, para que en ese día si desfallezco en mi intento de quererte, sepas que seguirás dentro, porque la cabeza es caprichosa.


Así que hoy que no han ocurrido más que rutinas, y no ha trascendido ninguna, hoy que todo me dice que sigues balanceándote  en el perímetro acotado, que todo indica que mi voz tiene eco en tu garganta, y las yemas de mis dedos se siguen quedando pegadas a tu espalda. Hoy te pensaré para entonces, te guardaré para cuándo, para sí ocurre hoy te diré que:


“Me vienes a la cabeza muchas veces, porque después de ti, después de ti casi todo es yermo, casi todo es estéril, me vienes y me vas, dejando mi cabeza como en latente suspenso, en espera de recuperación.


Porque me vienes a la cabeza que es donde anidaste, en lo alto, en la azotea de mis sueños, porque en la corola de mis pensamientos me vienes, como el dedo que recorría mi brazo, o el aliento que respiraba mi cuello, me vienes, y sin yo quererlo, me vas, me vas adentrando, como si pudieras hacer que mi piel se extendiera y la aterciopelaras con tu abrazo.


Me vienes y sin yo quererlo, volteo cualquier pensamiento, escampo de mí, me escurro, porque no sé dónde me llevas, porque me vienes y susurras todo aquello que callabas, y yo contesto todo aquello que no quería decir.


Me vienes a la cabeza, y lentamente me recorres, no sé si hasta los pies, o hasta que yo diga basta, porque huyo de mí, porque juegas a las escondidas tras mis pechos, quiero darle la vuelta a mi espalda para que no puedas encontrarme allí, porque me vienes buscando desde la cabeza.


Porque te huyo sin saber adónde, te huyo sin decirte nada, y me vienes detrás, apresando los momentos que derramo, dibujando los que sospechas, porque te intuyo, sin que abras boca, sin que toques piel, te intuyo cuanto sientes, te intuyo cuando me vienes.


Me vienes a la cabeza y cuando siento que entras, es como si entraras en el umbral de mis sentidos, te siento y te dejo,  te estrecho el camino, por si en un momento de dejadez, quisieras recorrerme, con parsimonia, como buscando tesoros que dejaras escondidos, descuidos en los recodos de mi cuerpo, por si en algún momento quisieras perderte conmigo donde la cabeza no nos pueda encontrar.”


Denunciar

UN HILO FUEGO DE CALOR

 


 


 


Puse todos los nenúfares en tu mano, y no supiste que hacer con ellos, puse en tu piel todo el néctar, y no supiste como beberlo, puse en tu mañana un camino trenzado, una alfombra de susurros que no llegaron a escucharse.


A días retumbaban en mi vientre aquellos dedos, como si fueran esas palabras que habían llegado de visita, y después de acariciar mi oído se quedaran a vivir. Había momentos que mi cuerpo era testigo de todas esas caricias que deambulaban por la ciudad.


A noches quería que tu piel fundiera, que cogiera punto fuego, tal como  era capaz de experimentar, un hilo rojo de calor, un hilo de ardor que se deslizaba entre mis pechos.


A instantes te oía decir mi nombre, en ese tono que solo era para mí, en ese silencio que filtrabas en mi boca, a instantes te escuchaba y todo se encendía, todo se incendiaba.


Puse todo el dulce en mis labios, para que al volver a ellos supieras que hacer, para que te encontraras con todo aquello que guarde para ti, puse vida en mis besos, y los viví contigo.


Estruje los nenúfares en tus manos y pintaste mi piel desnuda como si nunca hubieras sabido que hacer con un cuerpo de mujer, atropellé tu voluntad, como si cualquier noche al deambular por otro cuerpo, mi néctar fuera el olor que respiraras.


A noches puse en tu cama mi olor para que no me olvidaras.


Denunciar

PIEL CON PIEL


 Piel con piel, te oí pronunciarte, mi pìel sabía claramente el concepto, y recordaba el suave poso de una libelula en el dorso de mi mano, piel con piel.


El escalofrío que provocaba, que mis sueños me engañaran imitando tu roce en mi espalda, piel con piel.


El golpe frío del agua en mi cuerpo y la libertad que provoca dejarlo flotar, como dejarlo bajo tu piel, piel con piel; como sentir la fiebre y un quemazón ardiente me impidiere separarme de tu piel.


Te oí suavemente junto a mi oido, y la palabra piel se convertía en sinonimo de suave, de caricia, de respiro, de vanidad satisfecha, en un aleteo nocturno de cuerpos.


Rozaste mi piel, y tus manos dejaban jubilos bailando deliciosos, rozaste mi gozo y te colaste entre mis venas, y una sensación pétrea llego de pronto


Corri el riesgo de que mi piel quedara helada y viví pese a ello el instante de jugar a que mi piel venciera tu cuerpo de estatua.


Te oí pronunciarte, y mi piel venció el miedo a haberse quedado enganchada en la telaraña del olvido, te oí y pensé, que nunca más iba a creer, que nadie más que yo, sentía piel con piel cada vez que mi gozo se veía coronado.


 

Denunciar

MARZO NUNCA PRONUNCIO MI NOMBRE



Solo dijo su nombre, Marzo, y un rubor enarbolo su mejilla, un rubor rosado, Marzo siempre me había parecido rosa, un mes rosa. Vi sus manos y me pareció que su piel translucida dejaba asomar un liquido rosa, y como un cortejo de agazapados misterios, sus cabellos cerraron filas tras su espalda.


Volví a verla cuando el rosa llegaba a termino, mi cuerpo brincaba con solo oler su cercanía, pero esta vez solo sus silencios me envolvieron, silencios que imaginaba precedidos por susurros, directos al oido, el lugar desde donde se perciben todos los silencios, aunque a veces oirlos cueste tanto como andar de noche con uno mismo, susurros que sin mediar palabra arañaban los sentidos. Solo conocía su nombre, y el trémulo deleite rosa que el pronunciarlo provocaba; para entonces ya eran yermos mis días, y mis horas sobornaban al destino para que la atrapara entre mis piernas.


Cambió silencio de mis labios por palabras de sus ojos, y engatusó a mis instantes para que  entre mis dedos parecieran ocasiones, oportunidades, conveniencias, sin grandes despliegues, con su palido  halo rosa. Fue capaz de encender todo el fuego que ancestralmente habitaba en mí, pero nunca conseguí que de su boca saliera una sola palabra que no fuera su nombre, Marzo. El mio se quedó ahogado en su garganta,  yo aún sigo nadando entre su boca y sus pies, henchido de placer.


 


 

Denunciar

AFERRADA A TU SOMBRA DE HOMBRE


 


 


 


Para que yo sea mujer, tus ojos han tenido que bordar mis relieves y tus dedos han tenido que entender mis desaires, para que yo sea mujer tus labios seguiran diciendo donde tengo mi gravedad femenina. 


Candentes tus ojos como dos llamaradas, me recorreran y un halo de permisividad resbalara por mi frente. Un manto de transparencia capaz de dejarme al amparo de tus besos, a la orilla de tus labios donde un rio de dulces olas, baña la perla de mi cuerpo.


 Para que yo sea mujer he tenido que recorrer montones de valles umbrios, y verte en cada hombre. Para que sea tu mujer, he tenido que despegar del suelo de la indecisión y dejar que tu mirada me dé vertigo.


Quemando tu mirar, me he sentido mujer y destripando mi interior he palpado la esencia de la feminidad, la he tenido tan cerca, que no cabe en mi pensar que los hilos que manejas son del color del atardecer, violeta.


Seguire siendo mujer, sigo latiendo en cada caricia, seguiré meciendome entre tus dedos, estudiando tu mirada desde el lugar que dejo de ser atisbo de banal complacencia.


Para que yo sea mujer, he tenido que encontrar en tí el blues con retorno, el melisma que me repite, que estoy donde quiero estar, aferrada a tu sombra de hombre que hace crecer mi perfil de mujer.


Para que siga siendo mujer he creido en tí y en tu forma de mirarme.


 


 

Denunciar
Artículos publicados: 148
1 -  2 -  3 -  4 -  5 - 



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 0 libros



Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2014 © librodearena.com