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violetaberna


SOLO ERAMOS DOS ALMAS PERDIDAS

 


Espero que si leéis y os gusta..dejéis vuestro voto. Gracias!


 


http://www.canal-literatura.com/7certamen/?p=934


 






 


 


 



 ASÍ QUE CREES QUE SABES DISTINGUIR

EL CIELO DEL INFIERNO

EL CIELO AZUL DEL DOLOR

¿SABES DISTINGUIR UN CAMPO VERDE

DE UN FRÍO RAÍL DE ACERO?

¿UNA SONRISA DE UN VELO?

¿CREES QUE PUEDES DISTINGUIR?

¿CONSIGUIERON HACERTE CAMBIAR

TUS HÉROES POR FANTASMAS?

¿CENIZAS ARDIENTES POR ÁRBOLES?

¿AIRE CALIENTE POR UNA BRISA FRESCA?

¿FRÍO CONFORT POR UN CAMBIO?

¿CAMBIASTE UN PAPEL PRINCIPAL EN LA GUERRA

POR UN PAPEL PROTAGONISTA EN UNA JAULA?



OJALÁ, OJALÁ QUE ESTUVIERAS AQUÍ.

SOLO ÉRAMOS DOS ALMAS PERDIDAS

QUE NADAN EN UNA PECERA

AÑO TRAS AÑO

CORRIENDO SIEMPRE SOBRE

EL MISMO VIEJO CAMINO

¿QUE HEMOS ENCONTRADO?

LOS MISMOS MIEDOS DE SIEMPRE

OJALÁ QUE ESTUVIERAS AQUÍ.


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TU ESPALDA


 


Hoy tu espalda no tenia vertices, no tenia aristas, ni finales inacabados, ni esquinas a las que asomarse, ni tan siquiera balconadas desde las que precipitarse, hoy tu espalda era inmensa, una vega humeda donde discernir si empaparme o absorberte.


Tu espalda hoy estaba llena de primeras veces, primeros surcos donde perder mi boca, primeros pliegues donde exiliar mi deseo,y hasta el sabor de tu piel era primerizo.


En tu espalda hoy viví primeros besos, se amontonaban los quieros, eclipsé cualquier  atisbo de sueños y encaramada a tus hombros respiré realidad, lagunas enteras de certezas, me encontrré primeras verdades con las que tus labios me embadurnaron.


Descubrí que tu espalda me arrancaba primeros placeres y antiguos deleites, descubrí que todo lo que quería sentir lo encontraba bajo los poros de tu espalda, que todo cuanto podía llegar a ser, se alojaba en el espacio mínimo entre mis dedos y tu piel.


Tu espalda hoy me colmo de gozos, de dulzuras, de primeros improvisados jadeos, en ella dormité, alimentando ese apego que mis manos, mansas y entrenadas sentían, en ella alcancé ese previo estado de lucidez, antes de perderme y fundirme entre los pliegues de tu espalda.


 


 





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EMILIO, EL HEREDERO ESTUDIANTE.

Me senté aparte, al fin y al cabo nada pintaba en aquel velatorio. Ana se vio aquejada de gastroenteritis durante la mañana, y un par de horas mas tarde recibió la llamada informándola de la muerte de su única tía, me ofrecí a conducir por ella a la ciudad vecina.  Así que busqué un sillón un poco apartado y saqué mi libro, aunque no me concentraba, era más interesante el observar a la gente, es más, la mía era una posición privilegiada, sabía bastantes cosas de cada uno de ellos.


Deduje que era Emilio, la primera vez que le vi observándome, debía preguntarse quien era yo, desde su posición de protagonista, conocía a todo el mundo, y todo el mundo se acercaba a darle el pésame, era el único nieto de la finada, yo no lo hice, pensé que no tenía sentido, intentaba estar allí comportándome como si fuera invisible, pero quizá esa actitud es lo que llamo la atención de Emilio, porque a partir del primer cruce de miradas, pareció no quitarme ojo.


Ana me había contado la historia de su tía, hermana de su madre que casó con un gran empresario de la zona, con lo que llevo una vida de bienestares truncados por los sinsabores de la perdida de su único hijo en el accidente de avión del monte Oiz, en el momento en que esperaba un hijo, Emilio nació cuatro meses después del accidente, y él y su madre se trasladaron a vivir con la abuela, pero quien sabe si afectada por la perdida de su marido o por verse incapaz de cuidar de su hijo, la madre poco a poco fue delegando todo en la abuela, hasta el punto de volver al domicilio paterno y dejar el niño al cuidado de los abuelos. Según Ana, Emilio era el vivo retrato de su padre. A los pocos años otro varapalo llegó a la vida de la abuela, su marido fallecií de forma repentina, encontrándose a los 60 años sola y con un niño, bien es cierto que su situación económica le era muy propicia, facilitando mucho las cosas, Emilio se educo en los mejores colegios y viajo todos los veranos a distintos países, con lo que pese a que no era un buen estudiante, mantenía un buen nivel de idiomas y el saber estar de alguien que ha viajado y vivido en cierto modo sin la protección  de los padres.


La tarde estaba siendo larga y el calor en aquel habitáculo era pesado, una vez hube repasado todos los rostros y haberles puesto nombre y situación, me dormí, una ligera cabezadita, me desperté porque de alguna forma me sentí observada, cuando abrí los ojos allí estaba Emilio, simplemente a mi lado, apenas me moví, solo gire mi cara para mirarle,


- ¿Conociste a mi abuela? -


le dije que no, tan solo por lo que su tía Ana me había contado,


- ¿Y que te contó? -,


- Que descubrió los orgasmos a los 65 años en una de sus duchas matinales -


Esta respuesta puso una sonrisa en su rostro, y comprobé que era un hombre envuelto en un cuerpo de joven.


- ¿Y te contó también que siempre decía que la mujer debe tener  un hombre más joven junto a ella? -


- Si, y estoy de acuerdo con ella, pero no hace falta que sean 20 años de diferencia, el hombre se acaba siempre antes, no me preguntes en que, dejémoslo en todo, pero tampoco es necesario que seamos tan precavidas -


- ¿Debatimos otro día en mejor entorno sobre todo esto?-


No espero mi respuesta, dejó en mi mano una tarjeta, y se levantó para seguir atendiendo a la gente.


Apenas di importancia al pequeño pasaje ocurrido en el velatorio, aunque debía reconocer que Emilio pese a su juventud me resultó un hombre atractivo, pero no pensé en utilizar su número. Dos meses después no me hizo falta utilizarlo para volver a verle. Ana organizó una fiesta para celebrar su graduación, por fin había terminado sus estudios de Derecho, después de muchos años aparcados, y en esa fiesta volví a encontrarme con el heredero. Tenia incluso mejor aspecto, cosa lógica dados los momentos tan desconcertantes en los que nos habíamos conocido. Me encontré con su mirada nada más entrar en el local, y la sentí como aquella tarde en el velatorio, siguiéndome, hasta que, de espaldas en la barra esperando mi copa, escuche un susurro


- Nadie pensaría que tengo 20 años menos que tu -


- Pero tú y yo lo sabemos - a partir de ese instante entendí que de nada me servía mi actitud de señora, su mirada comenzó a deshacer mi hielo.


Dos horas más tarde me acerqué a Ana, y me disculpe por sentirme agotada. Y diez minutos más tarde la boca de Emilio mordía mi cuello, quizá me excusé a mi misma pensando que las dos copas me habían desinhibido, pero sería absurdo no reconocer, que aquel hombre desde el primer momento que recorrió el triangulo que forman mis ojos y mi boca, dejó en el un rastro lascivo, que no pude quitar en aquellos dos meses, como no pude quitar sus labios de mi cuerpo en toda la noche. Amanecí con su boca dulcemente acoplada en el hueco de mi hombro.


Así seguimos durante unas semanas, encontrándonos a escondidas, sin motivo alguno, más por la urgencia que nuestros cuerpos tenían, que porque alguien pudiera conocer nuestra historia. Yo sabía que aquello no llevaba a ningún lugar, Emilio no se si era consciente porque nunca lo hablamos. No era tan solo un deseo sexual lo que nos atraía, tal como percibí aquella primera tarde que hablamos, Emilio era maduro, quizá haber sido educado por su abuela y sus circunstancias hicieron de él un hombre cuando otros seguían siendo jovencitos a su misma edad, amén de que la personalidad tan especial de su abuela dejó su impronta, y en Emilio se percibía claramente que adoraba a las mujeres, aunque sin ese aire canalla de los grandes conquistadores, era capaz de hacerte sentir especial y única. No se si en el tiempo que duraron nuestros encuentros veía a alguna otra  mujer, ni me importó demasiado.


Una mañana de Febrero, me levanté con frío y con punzadas en la garganta, el fin de semana se presentaba de fiebre y sofá, llamé a Emilio para anular nuestra cita, y quizá de forma dura y sin tacto, le dije que prefería que no nos viéramos más, no tuve que pensar demasiado en aquello, no llevaba días buscando las palabras para hacerlo, surgió de esa forma, sin premeditación, quizá esa fiebre, quizá lo poco que faltaba para la primavera. Quizá no quise llevarle tanta ventaja a aquel hombre, que acoplaba tan bien su boca en mi cuello.


 





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TU

 



 


Hay cosas que son tu, como antes fueron otro, pero el caso no es que fueran de otro, sino que hay cosas y hay dias que son tu, como una bombilla que enciende cuando no lo esperas, o estalla al tacto húmedo de unos dedos.


Hay momentos que son tu, como instantes que te pertenecieron, tal como habían sido vividos por ti,  que encienden chispas mágicas. Me encendiste en un atardercer furioso, un atardecer donde terminaban muchas cosas, donde terminaba el ciclo anual, terminaba el cava en mis pechos, terminaba tu boca en mi oido, inventando palabras que tal vez tan  solo fueran de otro.


Hay finales de año que son como tu, irreverentes, imposibles, deseados, estrechos como cuello de botella, que afortunadamente se acaban como tu, dejando silencios, abriendo atardeceres majestuosos; posibilidades


Hay cuerpos que son como tu con pieles que respiran como tu, con  sombras que atrapan de la misma forma dulce que lo hacías tu, envolventes, que dejan silencios atrapados entre las rendijas que tienen mis labios, por donde se filtran las letras, rendijas por donde lloriquearte.


Hay días que amanecen como tú, inconstantes, pero avanzan de  forma tranquila, hay manos que acarician como si fueran otro, tal como antes las tuyas describían mis perfiles, tranquilas, directas, manos que no importa sean de otro. Hay días que siento que aunque no seas tú, quien ocupa mi tiempo, las horas se deslizan, serpenteando, y yo les arranco a dentelladas los minutos que estoy con otro, tal como si fueras tú, queriendo retirar todo el material de construcción.


 


 


 





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ROMPER MI RESPIRACION





 


 


 


Me gustaba tanto que me rompia la respiracion, era delicada y eterea y perfumaba las aceras a su paso. Me gustaba tanto que cuando la intuía me quebraba el aliento.


A veces me arrancaba instantes que nunca existirían y era capaz de guardarlos en los pliegues de sus parpados, insuflaba bocanadas de aire, que yo atesoraba para cuando me ahogaba con su mirada. Me gustaba tanto que mis huesos se descalcificaban si su mano me rozaba.


Era cristalina y mujer, era nitida y resplandecía, acolchando con su delicada piel las noches que me prometía ser mia. Me gustaba tanto que si amanecía y no olía sus cabellos, el día se tornaba ceniza y mi piel de hombre se encendía, consumiendose como un cigarro, gris, dañino.


Anhelaba siempre el lirismo de sus pasos, la danza de sus piernas enredandose en mi cuerpo, me perturbaba tanto su boca en mi cuello que mi espalda bailaba con vehemencia, para evitar que huyera de mí. Me gustaba tanto que si perdía el ritmo intenso de su son, cerraba los ojos y me evaporaba.


Era mujer y emitía un centelleo parvo, suficiente para que si se extinguia, mis ojos y mi lengua se secaban, faltandome el liquido vital.


Me gustaba tanto que estaba dispuesto a beber de sus pechos aunque supiera que después de eso mi vida tendría otra dimensión, el aire dejaría de ser mio, siendo ella la dueña de mi respiración.


 


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BELTRAN, EL FUNCIONARIO DE LA U.E.





Entrar cada día en las habitaciones solo tenía el pequeño aliciente de ver los cambios de personajes que las ocupaban, aunque en el caso de algunos como Beltran, el aliciente estaba en leer sus notas, las que tenía esparcidas por su mesilla, pegadas en el espejo del baño, el escritorio, perfectamente ordenadas pero que impedían a la camararera realizar su trabajo de forma rapida y comoda, cada vez que llegaba una chica nueva, en cuanto entraba en su habitación, venía rapidamente a exponer su queja, -" tranquila, en cuanto llegue el viernes el ocupante de la 403 te dejara la propina por las molestias, siempre lo hace"-, eso las apaciguaba.


Las notas eran variadas, algunas eran meros recordatorios, otras un pequeño diario, de tal forma que los lunes sabía que Beltrán había cenado con sus hermanos, o que el aeropuert había estado insufrible el domingo, los martes las premuras de las reuniones que iban surgiendo para la semana, los miercoles se notaba cierta tensión con todo lo pendiente para lo que quedaba de semana, entre las notas siempre había recordatorios de compras, libros pendientes de comprar, numeros de telefonos, lugares visitados. Sentía curiosidad por Beltrán, era funcionario de la Oami, y como muchos de ellos estaban en la ciudad en comisión de servicios, y vivian en el hotel situado junto a las oficinas de la sede. De vez en cuando preguntaba hasta cuando tenia reservada la habitación, pero en el registro no había fecha prevista,


Durante unos tres meses anduvo un poco enamoriscado, ya que las notas que rodeaban su mesiila de noche, tenian como protagonista a Marta, "-llamar a Marta esta noche" "comprar El mundo de Sofia para Marta"  "retomar la conversación de los bonsais"  "avisar a Marta del cambio de planes para el viernes"  "preguntar en recepción un restaurante especial para celebrar el cumpleaños de Marta", este post-it fue el que me decidió a contestar sus notas, me solidaricé con Marta y le recomendé un bonito y romantico restaurante, en esa nota añadí "La Marmita" y su dirección, y me permití escribirle en su nota de regalo que un libro con dedicatoria y una tarde de spa seguramente le proporcionaba mejores sensaciones que la pulsera de Pandora. Ese lunes al revisar las notas y junto a la sempiterna "por favor dejen el pijama doblado en el embozo" encontré una dirigida a mi "el restaurante impecable, el libro entrañable, y la tarde de spa...infalible". Reconoceré que esa nota saco de mí unos poquillos celos, y sonreí por lo tonto de la situación, pero nunca rechazaba una posibilidad de juego, y de tal forma entramos en una dinamica de notas secretas.


Asi, pudé ser testigo ciego de la evolución de su relación con Marta, aunque percibí que no había toda la chispa necesaria, y después de un par de recomendaciones de restaurantes más y alguna pelicula no compartida en gustos por ambos, aquello se fue al traste. No me lo comunicó, pero pude saberlo porque los fines de semana siguiente, las notas hacían alusión a su fin de semana en Bruselas, que es donde tenía su residencia fija.


Transcurrió un año mas o menos y no volví a saber de Beltrán, mi cambio de trabajo fue el motivo, bien podía haber dejado mi telefono, pero comprendí que el momento de Beltrán había sido el equivalente al momento laboral que había pasado, y no me pertenecía más. El último día junto al pijama clasico de hombre en popelín negro a rayas, dejé un post-it con la dirección de mi blog.


 Mi cambio laboral me llevo a vender casas, otra vez elucubrando vidas, me entretenía imaginando los porques de cada uno. La de Eric no era especialmente bonita, pero tenia una situación privilegiada frente al mar y eso la convertía en objeto de muchas visitas, notaba en ella una urgencia a la hora de elegir los muebles, y un uso poco personal de cada estancia; solo exigía dos horas de antelación para las visitas, tanto si él estaba como si no, teniamos copia de sus llaves, pero había que cumplir esas dos horas a rajatabla. Eric era un hombre alto, encabezaba su cuerpo un hermoso craneo de piel suave, donde unos profundos ojos azul oscuro me miraban siempre interrogantes y sorprendidos, como si en cada encuentro con mi rostro esperara envolverme en sus dudas.


Esa tarde era la tercera visita de una pareja de entusiasmados jovenes en busca de su primera casa, y la visión desde el dormitorio era dificil de resistir, por lo que tenía la corazonada que ese día la casa de Eric se vendía. Me vestí de rojo, era una calurosa tarde de julio, y siempre que quería conseguir algo, me vestía de rojo. Ella era la más entusiasmada con la casa, así que dejé a Eric con ella y acompañé en la visita a su pareja, en una ultima visita el comprador no se podía ver cercado, ni empujado contra su voluntad a formalizar la venta, todo debia resultar natural, que todo fuera una consecuencia de voluntades, que en cada mirada alrededor uno quisiera vivir momentos nuevos en esa casa, y aquella tarde resulto. La confluencia de voluntades hizo que al volver a la oficina, y despues de aclarar algun dato sobre fechas, se formalizo la venta.


Dias despues, una vez se firmo el contrato de arras, Eric me sorprendio con una llamada para invitarme a cenar, "- No puedes negarte, me queda poco tiempo de vivir en esta casa y he de aprovechar las ultimas noches de verano aqui, y especialmente esta luna que tenemos hoy, ademas he de buscar nuevas propuestas para seguir viendote, echare en falta tus visitas -".


Eric era divertido, no paró de hablar casi en ningún instante, todo eran preguntas, parecía querer saberlo todo de mí, me hizó reir , tenía cientos de anecdotas, alguna que otra novia en su haber, y supuestos practicos disparatados, "- imagina que somos dos genios recien salidos de nuestras lámparas y tenemos que intercambiar nuestros tres deseos, pero no podemos pedir dinero, salud, ni tan siquiera amor, empieza tu... -". Pedí una cartera activa de clientes, tiempo libre, y que mi cuerpo siguiera agil durante toda mi vida. Consideró que había hecho un poco de trampa en mis peticiones, y a cambio exigió que las suyas fueran cumplidas aquella misma noche. "- En primer lugar besarte, en segundo acariciar tu pelo, finalmente dormir al abrigo de tu espalda -" y conforme  acabo su frase y sin derecho a replica, me besó como si fuera el ultimo deseo que tuviera y solo esa noche fuera el espacio donde cumplirlo, me beso con los labios y también lo hizo con las manos, recorrió mi cuerpo, lo escondió bajo el suyo, desbocó los sentidos y fue sacando toda la furia que mi piel había acumulado. Eric resultó ser un genio hedonista que consiguió dulcificar el extremo calor, que aquella noche de verano nos sorprendió jugando y finalmente abrigó mi espalda incluso aunque despues de haber estado tan adentro no me quedará frio que abrigar.


Antes de dormirnos, me avisó que se marcharía muy temprano, " - Quedate el tiempo que quieras, dejaré la cafetera en marcha, disfruta del despertar en la terraza, es precioso - ". No quise en cualquier caso dormir hasta muy tarde, asi  que desperté y fui directamente a la ducha, pero al pasar delante del escritorio algo llamó mi atención, los distintos post-it pegados en linea y con notas cuya caligrafía no me era desconocida "no dejar pasar de hoy llamarla para invitarla a cenar" "comprar el vino, recordar que dijo que prefería Ribera" ; fue  como si la memoria fuera desgranando episodios, mis ojos miraron la pantalla, y ahí estaba, mi blog. Uno de los post-it estaba pegado sobre una factura de luz  " cambiar domiciliación luz"  y un nombre, Beltran Eric Casares. Volví a la cama y entonces vi el pijama y el post-it sobre él, "cielo deja si eres tan amable el pijama doblado sobre el embozo, te llamo".


Si llamó, pero no volvimos a vernos, busqué un par de excusas y no hizo falta una tercera, la verdad no se porqué, no es que Eric no me gustara, quiza lo que no me gustaba era haber visto su vida desde fuera, y de repente, verme involucrada, quiza eso me hizo rechazar el papel, en esta obra no quería ser la protagonista.


 

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ANDRES, EL COMISARIO

La cita era diaria, a las 11.15, hora en la que Andrés dejaba de estudiar. Tres horas diarias, tres horas duraban nuestras charlas, alguna vez más, no menos, por lo que hacía unos meses que mis ojeras eran considerables. Pero en esas tres horas el mundo caminaba a mil. Me embriagaba con sus charlas sobre su piano, sobre su casa en aquel pueblan de León, sobre sus frustrados sentimientos hacía su mujer. Como había cambiado con los años, perdiendo aquella pasión que un día le hizo, pese a ser ella 15 años mayor enfrentarse a todo. En cambio ahora se sentía débil por haber fallado a aquella promesa que le hizo cuando le dijo - Que más da vayas por delante de mí, nunca dejaré de estar pegado a tu mano -.

Yo  imaginaba su rostro, en aquel momento no era fácil enviar fotos ni tenerlas, así que me conformaba con imaginarle durante aquel frío invierno.

El verano interrumpió nuestras charlas, no había conexión en el pueblo, y los primeros días me sentía huerfana, sin saber como me había hecho adicta a esas tres horas, me conformaba con escribirle largos mails nada más abrir los ojos, desparramar todo lo que sentía. A primeros de septiembre, empecé a recibir sus correos, en el me llamaba "mi dulce niña", ningún hombre me había llamado "niña", a lo sumo "nena", mi aspecto de mujer autosuficiente creo que les impedía verme como una dulce niña. Así que adoraba que me llamara así. En sus correos vislumbré que las cosas en su casa no estaban bien, con lo que no me sorprendió cuando me anunció que a comienzos de octubre se mudaba a un pueblo cercano, había elegido ese lugar por estar ya en la sierra, necesitaba el campo, el olor a monte y de momento era lo más parecido a su casa de piedra en León. No tardó en proponer que nos viéramos, que había sido un largo año y nos merecíamos mirarnos a los ojos y darnos un abrazo. Y yo no tardé de aceptar. Subí a aquel tren dispuesta a enzarzarme en aquellos dedos que habían sacado melodías de su teclado. Los nervios no impidieron que él notara en mi cara, una cierta desilusión al verle, su aspecto desconocido para mí, fue una sorpresa, no me gustaba!! después de un año, imaginando rostros, tragándome la serie "Policías", estaba allí frente a él, y no reconocí nada en él, que me hiciera sentir lo que durante tantas noches. Me tranquilizó, haciendome ver que era normal, charlamos de camino a su casa en el coche, y poco a poco, vi que era él.

Empezaron a agolparse las preguntas, las palabras, las discusiones, y poco a poco salió de dentro ese hombre que me tenía ojerosa desde hacía un año. El fin de semana fue dulce, paseos enlazados de las manos, copas de vino tintineantes, desayunos al amanecer, y algo de miedo en las miradas. Me marché sin saber muy bien que ocurriría, subí al tren, oliendo el fuerte abrazo. Y eso fue lo último que tuve de él.

Aunque no es del todo cierto, unos meses después recibí un correo.

"Mi dulce niña, seré breve porque la cobardía me nubla los ojos. Los días pasados contigo fueron un fresco estimulo, necesitábamos olernos y tocarnos después de tantos meses. Pero siento que no estuviera a la altura. soy débil, tremendamente débil, y tu fuerza es ilimitada. Me dí cuenta en el restaurante, cuando al pagar mi tarjeta no tenía saldo, tantos años dejando que mi mujer se encargue de los bancos han hecho de mí un autentico adolescente. Pero lo peor fue la última noche, cuando mi falta de previsión hizo que en mi mesilla sólo hubiera un preservativo, y tu no eres mujer de uno solo. Así que me dije a mi mismo -Gilipollas, como puedes pensar que ella se conformará con ese "uno"-. Volví a mi rutina, a fin de cuentas todo estaba organizado en mi casa, mi mujer, nuestro hijo, ella los bancos, yo los "malos", y todo sigue igual, seguiré siendo un adolescente de 45 años, que vive bajo el techo de una mujer de 60. Y tú eres una mujer de cuarenta que necesita un igual a su lado. Vuela mi dulce niña, tu fuera es ilimitada."

Y eso fue todo, un maldito condón, acuchilló mis ojeras, ¡un solo maldito condón!.

Pasé un tiempo triste, pero  entendí que había sido lo mejor, entendí que no soy mujer de "uno solo".

 

 

 





 


 


 


 


 

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