Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a Violette            215 libros en su biblioteca
     145 valoraciones      32 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

 

Violette

 

Blog de Intención y Provocación Literaria


Desde la pulpa caliente de mi carne



Pero mis versos nacen redondos como frutos,


envueltos en la pulpa caliente de mi carne


Ángela Figuera



 


Nada les falta a mis versos,


ni un tono, ni una coma


ni voz que los dé corazón.


Nada les falta excepto las ganas


de salir volando y ser,


sobre el sencillo papel,


algo más que palabras;


una libertad renovada,


un grito arrabalero


que avive a otros versos,


ser alma que, entre sombras y hastíos,


clame por existir;


alma de verso que,


apartada de mi carne,


aún hable de mí.


Denunciar

Si el mundo sigue girando



(para el club de la luna)


 Algunas veces hay que parar


y contemplar, desde la orilla,


como el mundo sigue girando


sin ti.


Imaginar amaneceres


que no llegarán a tu ojo negro,


y ajustar tu dimensión


sobre las grietas de tu estómago.


 


Algunas veces hay que esperar


a que la luna ahogue


sus ganas de borrachera


y  no consumirse


con caricias que pasarán


sin que reconozcan tu nombre,


no desnutrirse en los huecos


que oxidarán tus manos.


 


Dejar que todo continúe


demoliendo el color de tus labios,


sin tus medios domingos


de universo y locura


y esperar.


 


Respirar.


No tener miedo.


 


Y esperar.


 


Denunciar

- Ceniza Lunar-


 (para el club de la luna)


Suelo viajar a la luna.


No sé cómo respiro, ni cómo llego,


tampoco qué hago exactamente allí.


 


 Quizá me dedique a contemplar


los fragmentos iluminados de la tierra,


la deriva de los cometas,


o descifre bosques y corrientes marinas


desde una perspectiva sideral.


 


 Quizá escriba cuentos,


invente algún alfabeto


o reordene constelaciones


en escalera de color.


 


 No sé cómo regreso,


si tardo años luz o


el breve parpadeo del


abandono del dormir.


 


 Sé que, al despertar,


quedan restos de ceniza lunar


en las plantas de mis pies,


y me parece haber recuperado


los sueños que, durante el día,


doy por perdidos.


Denunciar

Carta a Jero

(como estoy casi segura que no podré contestar en tu blog, te dejo aquí mis impresiones a tu texto...)


 




Querido poeta,


 una sorpresa adentrarme hoy en las arenas, con la probabilidad del barro de esta lluvia, y encontrarme con tu carta. Qué extraña suerte la del poeta, que duda de sus versos, de su trascendencia, incluso, a ratos, de su vocación. Nada es efímero, escribías, ni las palabras, ni las caricias, ni el calor, ni los sonidos... quizá tengas razón y quizá todo forme parte de algo mucho más grandioso que permanece ajeno a nosotros, quizá la bondad, la ilusión o la razón,... lo sé, todo tan abstracto y tan etéreo que más que intangible parece inexistente.


 Yo sí creo que eres adicto, con ese efecto sutil y espontáneo que recubre algunas adicciones de un barniz de “sanidad” (también de "santidad").


En lo espiritual, eres adicto a la curiosidad, y de ahí la creatividad de tus poemas y la perspectiva de los versos. En lo terrenal, eres adicto a la familia, y no me digas, en los tiempos que corren, que no es una cuestión digna de mencionar y de admirar. En lo universal, eres adicto a la justicia, la que te curras con tu trabajo, la que reclamas a las altas instancias, la que denuncias, sin groserías, a la menor ocasión – porque nunca es mal tiempo para reclamar derechos ganados sin perder la compostura-.


 Quizá por el hecho de que no estés en tu mejor momento – según tú, claro- es por cuanto más caso haya que hacerte. ¿Para qué coges la pluma? Te preguntabas en alguno de tus versos... Dudo de que exista, ni para ti ni para ningún escritor, grande o pequeño, una sola y verdadera razón. ¿Importan, al fin y al cabo? Los lectores no suelen querer razones, y les basta la opción del aprendizaje, de los enfoques y los matices que revelen el discurso del mundo –este también es un verso tuyo-, que provoque a elaborar nuestra propia interpretación de la realidad, que nos alivien de la pesadez de las desdichas y nos congreguen en la utopía de una vida más sensata.


 Mira tú qué cosa, mezclando la poesía con la sensatez... dicen que es de bien nacidos ser agradecidos, y más allá de la verdad que haya en tus elogios, te agradezco los recuerdos y la imagen que has creado de mí, -nada es efímero, de nuevo...- y prometo intentar seguir escribiendo, si tú prometes seguir intentándolo también. Mientras tanto, podemos compartir devoción por Venecia, por esas fotografías que más que imágenes son versos mudos, por la reivindicación de a pie, - para las otras ya están GreenPeace y Wikileaks-, y confiar que, al final, todo nos conduzca a escribir...


 Déjame terminar respondiendo a tu cuestión Cómo se escribe un buen verso. Audaz e insensata a partes iguales, te digo que más allá de la técnica, la composición, la temática, creo profunda y sinceramente, que un buen verso se escribe con el corazón. Y tú, de eso, sabes mucho.


 Un beso, querido,


 


 


Denunciar

Negativo nº 31- cómo crecen las sombras...


 




como vencer al amor


escondiendo las manos,


crecen las sombras fingiendo silencios,


tiznando los bordes de las cosas,


asfixiando el olvido.


 


como vencer al sueño


extirpándonos los ojos,


se expande, estéril,


el pensamiento,


provocándonos al vacío,


a la ingratitud,


a la traición,


 


falseando los años que nos quedan


para pintarnos la boca


y contarnos tanto secreto,


encontrarnos en la extrañeza


de nuestros nombres


y  - quizás, sólo quizás-


renunciar a esta muerte


tan gris,


tan frágil,


tan sutil


que parece que no mata.


 

Denunciar

Adagio nº 38 - Filosofías...



¿Qué es la filosofía?


La inercia de una amapola


rompiendo


cualquier domingo de sol.


 


Denunciar

GreteL



Si no hubiese sido por el ruido, Gretel no hubiera sobrevivido. Podría haber dormido un día, y una hora, y una noche, y acaso otro invierno. Habría dormido como duermen los niños, tan santos, o como duermen los sensatos, que no recuerdan rencores, y también como duermen los agotados de espíritu, y en el dormir, quién sabe si habría pasado la vida, porque la existencia, a veces, se camufla en escenarios extravagantes, en una obsesión por un color, una fotografía que recuperar, o un pedacito de mar de sabor turquesa. O en dormir.


 Al dormir llegaba Gretel por los silencios, que la acunaban como un manto de cosechas dulces, los silencios en todas sus variantes. El silencio de las cumbres, puro y virgen, que alcanzó tras caminar dos mil doscientos cincuenta y ocho pasos, donde el cierzo callaba, y la tramontana huía, que aquellas cumbres fatigaban su ulular, y abatían sus turbulentos entusiasmos. En las cumbres, los pájaros no cantaban ni los hombres discutían y Gretel caía, así, sin darse cuenta, en un sueño lento y paciente. Y Gretel era solo sueño.


 También llegaba al dormir, por la mudez de las campanas justo después del toque de ánimas, cuando las hojas en los árboles paraban sus ajetreos y las pequeñas aves se recogían en sus nidos. La muerte, aunque tiene memoria, es fugaz, sumisa, fragmentada en astillas que, a menudo, se quieren extirpar, memoria que, a menudo, no se puede hilvanar. El silencio de la muerte es espeso, y a veces aburrido, y causa un sopor que se adentra por la comisura de los párpados y tapona los oídos, y deslizaba a Gretel, así, sin darse cuenta, a un sueño profundo e incoloro. Y Gretel sólo era sueño.


 Y así, silencio por silencio, Gretel dormía, y en dormir, se le iba la vida. Hasta que el ruido la rescató. No fueron los niños jugando en el parque, ni el llanto de los afligidos, no fue la fiesta con sus comparsas ni el griterío, que a Gretel, aquella confusión de voces, no la despertaba. A Gretel, que siempre dormía, nunca nadie le había preguntado nada, ni su canción favorita, ni el nombre de su gato  - porque Gretel tenía un gato, que dormía junto a ella-, ni tampoco le habían preguntado por las zapatillas de lona y rayas que tanto la gustaban, ni compraba caramelos, ni repasaba las lecciones de los conquistadores, ni la peinaban, ni con coleta, ni con trenza ni con peinetas. A Gretel, a veces la miraban, pero ella dormía y tampoco se enteraba.


 A veces veía a la gente dormir, tan callada, y ella sonreía, y pensaba que aquello era vida, y sujetaba sus pulseras de cuentas, para que no se golpearan, y caminaba de puntillas por no despertar a nadie, y ponía un dedo sobre sus labios mientras miraba a su gato, para que tampoco molestara y ella también se tumbaba, porque el silencio del sueño ajeno es el silencio que más contagia, y ella bostezaba, sin un solo ruido, estiraba sus brazos al infinito, y se recostaba sin más miramientos, para dormir junto al resto de dormidos. Fue el ruido lo que la salvó. Quién eres, susurró un dormido, anónimo, desconocido. Gretel, contestó ella, aunque el dormido siguió dormido. Gretel se asombró, de la vibración desconocida que le había recorrido el hueso del pecho, de las cosquillas que había sentido en el hueco de su cuello, y rió. Gretel se asombró, entonces, de las palpitaciones de su cuerpecillo, de aquel ruido que había surgido desde su estómago, o por ahí, de las ganas tan tremendas de hacer pis. Uyuyuyuy, farfulló, y cuánto más se oía, más risa le salía, y más alta, y más ganas tenía de aquel ruido que la sacudía por fuera y por dentro. Y los dormidos se fueron despertando, y uno a uno, por orden de despertar, le fueron preguntando por su nombre, que ella sabía no sabía como, por su gato, dormido, por las zapatillas de lona y rayas que tenía tan desgastadas, por las coletas y las peinetas, y alguno se atrevió a preguntarla por los conquistadores. Y así fue como Gretel escuchó su voz, en sueños, y dejó de dormir. Bueno, sólo a ratos.


Denunciar

-10 -



Algunas veces,


diez años no es pasado,


sólo más presente.


Algunas veces,


diez años son todo,


y fin.


 


Denunciar
Artículos publicados: 32
1 -  2 -  3 -  4 



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2014 © librodearena.com