Estoy un tanto hecha trizas por la recepción que han dado a mi conversación de Conrad, que ha sido absolutamente negativa.
Para poner límites, investigaré la literatura con la finalidad de hallar unas cuantas contestaciones con respecto a nosotros mismos. Los personajes serán solamente pareceres; la personalidad ha de evitarse a toda costa.
Mi destino es ser objeto de todos los extremos y de todas las mediocridades.
Gran satisfacción, casi siempre gozando de ser lo que soy pero con constantes cambios de humor, creo que nunca me aburro, a veces me siento un poco mustia, pero tengo capacidad de recuperación, que he puesto a prueba; ahora la estoy poniendo a prueba por cincuenteava vez. Todavía tengo que cuidar muy atentamente mi cabeza pero, tal como he dicho hoy a Leonard, me gusta el comportamiento epicúreo; tomar un sorbo y cerrar los ojos para paladear. Gozo casi con todo. Sin embargo, en mí hay un inquieto buscador. ¿Por qué no hay un descubrimiento en la vida? ¿Algo que coger con las manos y decir “Será esto”? Mi depresión me produce una sensación de asedio. Busco, pero no es esto, no es esto. ¿Qué es? ¿Moriré sin haberlo encontrado? Luego (cuando daba la vuelta a Russell Square, anoche), veo las montañas en el cielo; las grandes nubes; y la luna que se ha alzado sobre Persia; y tengo una inmensa y pasmosa sensación de que hay algo ahí, que es “esto”. Y no me refiero exactamente a la belleza. Sino a que se trata de algo que en sí mismo es suficiente; satisfactorio, logrado.
Es como el último día de un mes húmedo y ventoso. De noche y en los días incoloros, las proporciones del paisaje cambian bruscamente.
Me parece que mi trabajo no ha merecido la aprobación de M. o de B. Da igual; quedar hecha trizas es siempre, para mí, el tratamiento más estimulante. Antes de comenzar un libro hay que tomar una ducha fría y por lo general se toma. Infunde vigor; induce a decir: “Bueno, de acuerdo, escribo para mi propio placer”, por lo tanto, adelante.
Para todo dependemos de la belleza, del atractivo físico, pero el amor no tiene nada que ver con la belleza física.
El amor no es una cuestión de belleza, no sé, gracias a la vida, tiene muy poco que ver con el aspecto físico de las personas. Yo creo que esa es una de las cosas que hace el amor algo tan especial. Para todo dependemos de lo atractivo, de los ojos, de la mirada, digamos física, de los demás. Y justamente en el amor no. Hay algo que traspasa, que va más allá.
Y es curioso porque esta es una discusión que tenemos muy a menudo con los amigos, porque a veces pensamos que estamos en un lugar donde hay mucha gente y pensamos que por lo menos con 2 o 3 personas podríamos encajar perfectamente y tener una relación de amor bonita y sostenida, a lo largo de toda la vida.
Pero yo a mí eso no me convence ¿sabes?, yo le decía, no, no es así, hay algo mucho más mágico, yo eso no lo puedo probar. Otras veces os traigo mis estudios científicos, pero eso realmente es sólo una intuición.
Yo tengo la sensación de que cuando quieres a alguien, cuando alguien significa algo especial en tu vida, de alguna forma es una conexión que se hace de una forma muy especial, no puede ocurrir con tantas personas.
Pueden pasar muchos seres humanos a lo largo de una existencia, puedes pensar o soñar con la persona amada y puedes incluso llegar a la conclusión de que el patrón de aquel ser humano que has conocido encaja con tu príncipe azul o princesa, pero que verdaderamente esa conexión exista pasa una vez en la vida, o pocas veces, y cuando la tienes parece un milagro, porque fíjate pasa poco.
“Antes del amanecer” es una película que cuenta la historia de dos estudiantes que se conocen y reúnen en un tren alrededor de Europa y la chica invita al chico a que pase un día o una noche con ella en Viena, mientras hace una parada con su tren en esta ciudad. Pues en esta película, que es muy lenta, y que hay que estar relajados un poco para verla, tranquilos, ya que hay que escuchar, pues se cuentan mucha de estas cosas que estamos diciendo sobre el amor, y sobre la conexión entre dos seres especiales. Esta película tiene también una segunda parte o continuación que se llama: “Antes del atardecer”.
Y lo que se reconoce es que cuando te enamoras hay conexión física pero también emocional, mental, muy importante, y se reconoce que hay este elemento. Y no ocurre muchas veces.
Y realmente lo que dice la película es que te crees que a los veinte años esta conexión ocurre fácilmente, y es verdad pasan años y te das cuenta de que no es nada fácil, que te puede pasar unas veces en tu vida, pero no muchas veces, que son oportunidades.
Y habla de la intimidad, hay quien piensa que necesita mucho tiempo para desarrollarse la intimidad de alguien que uno no conoce bien, y hay otros que no, que piensan que la intimidad es instantánea, y se sienten de pronto identificados con alguien, con un desconocido que pensamos que bueno lavarnos los dientes delante de él o de ella es lo más normal del mundo.
Claro, tú piensas ¿qué es lo que te hace el amor? El amor básicamente te vuelve muy vulnerable. Piensa que todos nacemos vulnerables, como niños, y lo ves en los niños y nacemos muy inocentes y muy creativos, buscamos la transformación y el descubrimiento, pero qué ocurre a lo largo de la vida, que poco a poco te vas protegiendo, y una de las cosas que ellos, los protagonistas de la película, descubren curiosamente es que ellos se pierden, no se encuentran a los seis meses en una cita más tarde, y se pasan la vida echándose de menos, pero ¿qué ocurre?, que ninguno de los dos realmente lo reconoce, es decir, es muy difícil admitir que estás abierto a alguien de esta manera, es una vulnerabilidad emocional del amor a los demás. Y entonces da mucho miedo, muy a menudo, pues te da miedo hacer eso, enamorarte.
Pero se ven en París años más tarde y poco a poco pasan de ser dos personas que se están defendiendo a ser o a descubrir más, se preguntan si regresaron a Viena, y dicen que no, no admiten o uno lo había intentado pero no se había encontrado, y poco a poco admiten a lo largo de la película cuánto se han echado de menos, cómo ese amor les ha marcado, pero es bonito ver cómo pueden llegar a desnudar al alma de alguna manera.
Y es también preocupante saber cómo los humanos tendemos a encerrarnos en esas defensas, ante los demás. Claro, esto es una soledad tremenda. Y en un momento dado en una frase que parece muy bonita dice: “Estoy tan solo que si alguien tocase mi mano creo que me desintegraría”.
Yo no sé, el contacto emocional puede ser muy difícil de conseguir, porque sin embargo siente esta soledad tremenda a pesar de haber rehecho su vida o de encontrarse ahora en París con ella, tras haber publicado un libro.
Pero cuando esta conexión existe y cuando encuentras efectivamente la pieza que encaja en el puzle, es muy difícil volver a encontrar la misma conexión.
Porque para amar y querer uno ha de ser valiente, no sólo es necesario desearlo, quererlo, hay que proponérselo. El destino a veces nos da la posibilidad de poder ser personas valientes, aguerridas y mirar en la dirección no equivocada, sino correcta. Pero ¿para el amor? Yo creo que para algo más.
¿Para qué? Para aprender. Yo creo que las personas a las que amamos son aquellas que son nuestros maestros. Bueno, yo creo que todos somos maestros, pero en particular las personas que amamos.
¿Por qué? Porque son las únicas capaces de romper esa resistencia, esas defensas, que a lo largo de la vida, vamos construyendo contra los demás, contra el dolor, contra el abandono de los demás.
Contra el desprecio de los demás, contra la indiferencia de los demás, cuando te enamoras, te atreves completamente en todos los sentidos, estás abierto al otro, y ahí es donde tú puedes aprender una lección, una lección de vida muy importante.
Yo creo que eso lo olvidamos cuando nos enamoramos, pues hacemos algo que yo creo que es un poco una pena: nos hacemos “dependientes” de esa persona. Es decir, y además nos volvemos propietarios de esa persona. Y a mí eso es algo que me cuesta mucho, cómo por el hecho de querer a alguien esa persona te pertenece y los pensamientos y todos los sentimientos de esta persona te pertenecen.
Yo ese tipo de lealtades me cuesta mucho entenderlas, yo creo que el amor tiene que darse en un contexto más fluido y que por esa razón yo acepto muy bien que el amor empieza y que el amor acaba. No por eso siempre dura toda la vida, es lo que nos encantaría a todos.
Yo creo que hay personas que sí tienen esa suerte, que pueden vivir una vida entera aprendiendo a la vez. Yo creo que para muchas personas no es así, y no tendría por qué ser tan doloroso, tan traumática la separación de una persona a la que has amado, si la vieses como alguien de quien has aprendido algo, y si se lo agradecieses ante todo y le dijeses: gracias por la lección que me has enseñado.
Gracias por haber compartido tu tiempo conmigo y gracias también por haberme hecho crecer. Porque cuando uno quiere mucho a alguien, de verdad, cree que debe así de crecer.
Tenemos en esta sociedad que da tanto valor a los bienes físicos y a la belleza física, tenemos que cambiar nuestra mirada completamente sobre la vejez.
Y es curioso porque lo pensaba y leía que Elsa había conocido en Nueva York mujeres entre cincuenta y sesenta años y todas acababan de volver a casarse, es decir, esto es algo que en Europa todavía no está pasando, en EEUU en esto nos llevan un poquito la delantera, y muchas estaban casadas con hombres de su edad, pero otras con hombres diez años más jóvenes y era todo muy natural, era más bien gente del ámbito universitario, en este caso, no eran las estrellas del cine, ni Maradona.
Y yo pensaba qué bonito será cuando realmente logremos mirar a la gente a partir de una cierta edad, sin sentir esta sensación de que han perdido algo muy importante.
Y entonces es cuando leí la entrevista de Richard Nisbett y él decía que la gente es más feliz a partir de los sesenta, yo pensé, bueno, a lo mejor esto lo dice, pero no me extraña ¿no? No me extraña porque creo que la gente de esta edad tiene todos los elementos para ser más felices, pero creo que el entorno nos lo pone tremendamente difícil y entonces Richard Nisbett explicaba de forma convincente esto de por qué la gente mayor es más feliz.
Esto es un estudio que lleva cuarenta y dos años haciéndolo, han entrevistado y han observado la vida de muchísima gente, es un estudio serio, que hace la Universidad de Harvard.
Y una de las cosas que dice Richard Nisbett, una de las razones por las cuales las personas con sesenta años son más felices, es porque los hijos ya no son esta enorme fuente de preocupación -los padres que tienen niños pequeños saben que te dan muchas alegrías pero también te dan muchas preocupaciones y te agotan ¿no? Eso es una cosa que hay que reconocer a los padres, es cansado y agotador críar hijos, es bonito pero tienes esa parte dura-.
Y una de las razones es porque los hijos ya llevan su propia vida. Y esta vida hace que uno pueda vivir su vejez con más plenitud. Personas que entraban en una entidad bancaria que tenían sesenta años pero se veían jovencísimas en su aspecto y las veías y pensabas que la vida les estaba dando no una tercera, sino una cuarta oportunidad, e iban a hacer un viaje. Y es que en esta edad no existen los factores de infelicidad de la juventud, ya te contaré algo sobre estos japoneses de Okinawa que son centenarios.
Porque es que está muy bonito que digamos: sí, la gente mayor puede ser más feliz pero tenemos que asegurarnos de que su salud es buena, de que pueden vivir de forma independiente y veremos esos factores.
Pero retomando lo de Nisbett, es cierto que una de las cosas que parece que ayuda mucho a las personas mayores a ser más felices: que se concentran en lo que las hace feliz -y eso fíjate que cuando hablaba el otro día Marta de su abuela que tiene ochenta años, que va a sus clases de pintura, de gimnasia y de memoria, y lo que ella dice es: “Si ahora uno no quiere ya más que un poco de afecto”, eso es lo que dice su abuela, y qué suerte tiene con su nieta. Lo que no quita que personas jóvenes entre 25-35 años que tienen mucho talento y que están ahora en la edad laboral con muchas ganas de trabajar como es Marta y que también ella contagia a los demás y a su abuela, también ella tiene suerte de tener a su abuela-.
Y bueno, eso que decía la abuela: “si uno no quiere ya más que un poco de afecto”. Pues dice Richard Nisbett que una de las cosas que se está viendo es que las personas mayores se centran en lo que de verdad les importa. Hasta cierto punto a esta edad yo creo que si has envejecido bien: yo creo que hay dos formas de envejecer: O te conviertes en un cínico o en un sabio.
Y si te conviertes en un sabio, yo creo que lo que te pasa es que se te caen muchas certezas, caen muchos juicios, dejas de juzgar al mundo y ya te retiras, a un lugar más contemplativo, y ves, miras las cosas, aquello que yo creo que los abuelos saben dar a los nietos, que es el amor incondicional, amar sin condiciones. Sin esperar nada especial del otro, y si te lo dan, si te dan ese poquito de afecto, pues fantástico, lo disfrutas. Yo creo que eso es lo que ayuda, eso es lo que en principio también Richard Nisbett dice que le está ocurriendo con la gente de sesenta años, que ellos se centran más simplemente en esas cosas pequeñas de la vida. Pequeñas cosas que son muy importantes, es el afecto, claro.
Y que este afecto de la manera como tú lo vincules, si lo vinculas puede resultar maravillosa, uno puede tener medida de su propia ternura.
Y es que ya no estás luchando para sobrevivir. Desde luego, quienes hemos trabajado en empresas, parece ser que la vida en las empresas a las personas no nos hace felices, que estás horas apiñados todos juntos. Y eso por ejemplo la gente mayor también lo pierde, es decir, ya no tienen que luchar por hacerse un lugar físico, material, en el mundo. Sino que de repente, ellos pueden echarse para atrás.
Yo me acordaba de una frase de Jodorowsky donde él dice: “Si yo me estoy haciendo mayor veo que se me cae un diente, pero emerge el espíritu”. Y eso me parecía siempre una frase muy bonita. Y eso es una forma bonita de tomarse la vejez, es decir, en la vejez de alguna forma es verdad, emerge el espíritu, va cayendo el cuerpo, van cayendo los dientes, no hay que darle tanta importancia, y en cambio el espíritu emerge.
Lo que decía Richard Nisbett, este doctor en psicología social tan interesante, la gente es más feliz cuando envejece y también nos recordaba que se puede sentir mucho más sola y que por esta razón, que se sienten un poco menos útiles y ahí es donde hay que motivarlos.
Quería hablarte de esos centenarios de Okinawa, tú sabes que en Japón realmente la gente, yo creo que es uno de los países donde la gente vive más años y entonces hace unos años, el doctor Suzuki hizo un estudio con seiscientos centenarios de Okinawa, que era un lugar de Japón donde la gente en particular parecía que vivía muy bien.
Y entonces una de las cosas que estudiaron es el por qué la gente llega a los noventa y a los cien años, y en tan buen estado de salud, qué es lo que nos está fallando en Occidente. Evidentemente está la dieta, comer mucha fruta, mucha verdura, muy poca carne, mucho pescado, tofu, pero curiosamente a todos ellos si los trasladas a Occidente resulta que entonces vieron casos de gente sana como ellos y que luego en Occidente enfermaron.
Es decir, que no es una forma de vida de lo que se trata, no es una cosa genética. Entonces realmente se interesaron mucho estos investigadores para ver qué pasa en Okinawa, cómo vive esta gente. Y una de las cosas que vieron es que estos centenarios viven vidas independientes. No están todos metidos en esta especie de centros de la tercera edad, que son muy deprimentes, yo creo que la gente mayor necesita a la gente joven. Y la gente joven necesita a la gente mayor, no nos pueden obligar a vivir apiñados por edades, que eso es lo que están haciendo en Occidente.
Tenemos que mezclarnos, los unos tenemos energía que dar a los otros, y los otros tienen sabiduría que dar a la gente joven. Y eso habría que recuperarlo.
Luego creo que viven con una gran belleza del entorno, yo creo, claro, es muy importante, no podemos vivir de cualquier manera. Hay muchos estudios que te demuestran que sanas más rápidamente si la habitación del hospital da a un parque. Hay cosas así curiosas que dices, bueno, esto no lo tenemos en cuenta en Occidente. Y cuando uno está ordenado desde el punto de vista físico, también está ordenado desde un punto de vista emocional y desde un punto de vista psicológico -cuando uno está haciendo una mudanza, algo terrible, bueno, esos días son horrososos, uno no sabe nunca dónde tiene sus cosas, claro, te sube el estrés, eso te mata-.
Así que entendemos perfectamente a estos abuelos que tienen esa capacidad maravillosa, y que tienen una manera también yo creo quizás de entender la muerte, diferente a la nuestra. Ellos y los demás. Porque ellos viven en una comunidad, viven en una sociedad, entonces por ejemplo esta comunidad de Okinawa viven con una comunidad muy fuerte. Celebran todo, celebran muchísimas cosas, siempre están dando gracias a la vida, por los días que tiene, y celebran todo. Se sienten respetados y queridos por la gente más joven, y esto creo que es algo que deberíamos recuperar en Occidente.
Dejarnos de esta admiración de, no sé, de admiración bobalicona por la juventud, la juventud está muy bien, es muy bonita y atrae mucho, pero es que los jóvenes tienen mucho que aprender, y por tanto nos podemos aportar mucho los unos a los otros.
Pues eso es lo que hacemos aprender de los abuelos, aprender de los jóvenes, y aprender de estas emociones, pero no me pongas de predicadora, compartir sólo algunos de estos pensamientos.
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En Occidente además estamos viviendo una serie de crisis, la juventud tiene la más alta cuota de paro que nunca, los mayores están siendo obligados a trabajar hasta más tarde para poder acceder a sus pensiones y poder pagar la deuda pública. Y estamos viviendo ultimamente unos momentos convulsos, que no quiero dejar de mencionar aquí; pero me ha gustado transmitir este sentido positivo de la felicidad en la vejez, porque en buena parte es cierto, que se puede llegar a ser centenario, y que hoy día la calidad de vida de muchas personas mayores es mejor, pese a todo lo que está cayendo en estos momentos. En fin, meditaremos un poco, a ver qué es lo que estamos haciendo mal.
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The great Okinawan singer of NeNes fame, Koja Misako
Un día muy hermoso con el cielo azul, y mis ventanas están llenas de un azul de maravilla. Es evidente que una persona ve una cosa y otra persona ve otra cosa; y que hay que acercarlas, juntarlas. ¿Quién fue el que dijo que a través del inconsciente se llega al consciente, y se pasa luego al inconsciente? Cuán resistente soy, cuán fatalista ahora; y cuán poco me importa y cuánto me importa; y qué cansada estoy esta tarde; hoy tengo la cabeza entumecida y apenas puedo leer. Lo único que puedo hacer es mantenerme firme: mantener la idea y no rebajarla ni una pulgada en deferencia a nadie.
Lo raro es la manera en que todo se disuelve cuando se está acompañada y la manera en que todo regresa velozmente después. Qué trabajoso es dar cuerpo a todas esas ideas, y tener que estar con mi mente perpetuamente expuesta, abierta e intensificada por el calor de la creación, a las andanadas del mundo exterior. Si mis sentimientos no fueran tan intensos me sería más fácil seguir mi camino.
De nuevo la triste y acorchada sensación que me hizo pensar que estaba muerta desde el momento del regreso se suaviza un poco, en parte se debe a comenzar una vez más este maldito, seco y vacío capítulo. Cada vez que lo vuelvo a empezar digo que será magnífico, pero nunca lo creo. Pero ahora veo que las últimas doscientas páginas dominarán y me obligarán a escribir más o menos descoyuntada y con ello dejo de hacerme ilusiones, además después del extraño interludio, y la vida inmediatamente comienza, de tal manera que una se siente a la fuerza irritada, acerca de la forma dramática que se impone a mi voluntad.
Llevo demasiados días de trabajo regular y hoy no puedo escribir; sin embargo y que diosa me perdone, tengo la sensación de haber llegado a tierra de nadie, la que había estado buscando, y puedo pasar de lo exterior a lo interior, y vivir en la eternidad, y tengo una extraña sensación de muy feliz libertad que nunca había experimentado.
¿Por qué hay personas que sobreviven y personas que no sobreviven? Si tomamos como ejemplo la Alemania nazi, estas personas heroicas que fueron fusiladas por el hecho de tener conciencia no de un país, sino conciencia moral y salvar de una muerte segura a ciudadanos judíos que vivían en Alemania. Pues hay supervivientes que pudieron salir de los campos de concentración.
El caso de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra austriaco, fundador de la logoterapia, sobrevivió desde 1942 hasta 1946, es decir, 4 años en varios campos de concentración, incluidos Auschwitz y Dachau. A partir de esa experiencia escribió un libro: “El hombre en busca de sentido”.
¿Por qué alguien sobrevive, independientemente de la fuerza física, de la fortaleza, de la genética y otros perecen?
Lo que se está descubriendo es que casi todos los niños que sobreviven bien al dolor y al trauma, son aquellos que de alguna forma logran elaborar teorías acerca de la vida donde combinan un sueño que tengan para el futuro con una cierta intelectualización de lo que les ha ocurrido. Así se pronuncia el experto psiquiatra Boris Cyrulnik, que sufrió la muerte de sus padres en un campo de concentración.
De alguna forma insertan la tristeza en una historia, le dan un sentido, logran encontrar un sentido a lo que les está ocurriendo.
Y si además tienen la suerte de encontrar a una persona que les eche una mano para salir adelante, entonces eso son los elementos básicos que distinguen a los supervivientes del dolor y del trauma.
Hablaremos de Viktor Frankl en particular, él escribió un libro que ha tenido un impacto brutal sobre la vida de millones de personas y fue una historia muy dura la suya pero en el caso de Cyrulnik él lo que dice también es que no se trata de resistir el dolor, sino de aprender a vivir con él, él dice que todos somos resilientes porque nadie tiene la suerte de poder evitar completamente el dolor, y antes de un desastre tendemos a pensar que la felicidad es algo que nos es debido pero los desastres nos llevan hacia la metamorfosis ¿por qué?
Pues porque las personas se ven obligadas a preguntarse ¿por qué? Y así es como aprenden. Y ahora qué voy a hacer con este dolor. Pues pueden descubrir la parte sana que hay y que está en sí mismas.
Y así dice Cyrulnik que se teje la resiliencia. Y hay unos estudios interesantes que han hecho con unos doscientos mil supervivientes del holocausto que vivían en Israel hace unos quince años, entonces ellos tenían 65 años de media, ahora son bastante mayores y algunos de ellos ni siquiera debe vivir ya, pero entonces había doscientos mil supervivientes y vieron que un 28 % de ellos habían sobrevivido al internamiento en los campos de concentración. Y que un 58 % había sobrevivido porque se habían escondido. Y también vieron curiosamente que casi el 10 % habían luchado en los movimientos de resistencia, y eran muy jóvenes, se trataba de niños que tenían unos 7 u 8 años y después de la guerra todos esos niños, los doscientos mil supervivientes sufrieron depresiones durantes años, excepto un grupo, ¿qué grupo creéis que fue?, pues sí, fue el grupo de los que lucharon en los movimientos de resistencia.
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Resulta complejo analizar los datos, ¿qué pasa? ¿que lo niños que lucharon en la resistencia de entrada ya eran más fuertes? ¿o les protegió tal vez la sensación de controlar sus propias vidas? Tú sabes que un factor determinante en la escala de felicidad personal es sentir que controlamos nuestras vidas.
O es el hecho que dice que yo soy el niño que con 8 años se enfrentó al ejército alemán, y eso les hizo sentirse como héroes en vez de como víctimas.
No sabemos muy bien la razón pero curiosamente lo que sí hemos visto es que los niños que más depresión tuvieron fueron los que fueron deportados en torno a los 5 años, que probablemente es una edad en la que todavía no consigues hacer eso que recomienda Boris Cyrulnik, que es insertar la tristeza en una historia, intentar encontrar el sentido a los 5 años, te arrancan de tus padres, te torturan de alguna manera, y tú no logras realmente entender jamás por qué te ha pasado esto. Pero este grupo de los más deprimidos también fue el grupo más exitoso respecto a su vida familiar y profesional. Es decir, que de alguna forma este grupo se vio obligado a lograr cosas concretas para sanar los desastres de su infancia, en cambio el grupo de pequeños héroes que hablábamos antes, esos se contentaron con unas posiciones sociales muchísimo más mediocres.
A mí me pareció un dato curiosísimo de este estudio, que a ellos parece como si les bastó el haber sido heroicos en su infancia y luego ya la vida pues la dejaron un poco o se relajaron.
Esas personas son supervivientes de por vida obviamente, ya nacieron con esas ganas.
Hay teorías muy interesantes. Zimbardo y Milgram, son psicólogos sociales, y dicen que a la gente le resulta muy difícil actuar contra la manada, ellos han hecho estudios clásicos y se ve esto.
En particular Zimbardo ha trabajado con casos de tortura, como los de Abugrai, la cárcel, este tipo de cosas. El dice e insiste en que la gente no nace buena o mala, que es el entorno lo que realmente nos marca y que sería muy importante enseñar a los niños lo que él llama no la banalidad del mal, sino la banalidad del heroísmo, es decir como algo intrascendente y sin importancia, porque si tú realmente logras dar a este niño modelos de heroísmo y explicarle cómo en la vida diaria tienes que ir de alguna forma haciendo pequeños actos heroicos para que cuando llegue el momento lo importante es que estás entrenando para esta capacidad que él dice que todos tenemos. Es una cosa que le gustaría ver instaurada en las escuelas como un legado suyo.
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*Este artículo está basado en una entrevista de Elsa Punset con Silvia Tarragona.
Esto sólo es una gota de lluvia, quiero decir que sólo es el chasco que algún estudiantino con granos en la cara ha querido administrar, igual hubiera podido ponerme una rana en la cama; pero luego están todas las cartas y todas las peticiones de fotografías, tantas que, en actuación quizás insensata, he escrito una carta al N. S. con lo que he dado lugar a más gotas de lluvia. Esta metáfora indica cuán tremendamente importante es no tener conciencia de una misma cuando escribe.
Pero debo recordar que la moda, en literatura, es algo inevitable; y también que es preciso madurar y cambiar; y también que he conseguido, por fin, tener en la palma de la mano mi filosofía del anonimato. Mi carta al N. S. es una cruda manifestación pública de parte de dicha filosofía. ¡Cuán rara fue la revelación del pasado otoño! La libertad, libertad que ahora me doy cuenta me permite con gran facilidad rechazar las invitaciones de Sybil, y vivir con mucha más fuerza y firmeza. No seré “famosa”, ni “grande”. Seguiré la ventura, cambiante, abriendo mi mente y mis ojos, negándome a que me estampillen y me clasifiquen. Lo importante es liberarse a una misma: hallar nuevas dimensiones, no permitir la imposición de límites. Y aun cuando esto por lo general sólo es un objetivo vulgar, no cabe duda de que está dotado de gran sustancia. Enero ha sido un mal mes, pero hubiera sido peor sin mi filosofía.
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Tormenta tormenta de granizo después del té; como hielo blanco; triturado; caía veloz, golpeando, como si azotara a la tierra. Esto ha ocurrido varias veces; nubes negras, mientras escuchábamos a Brahms. No he recibido cartas este pasado mes, pero predigo que el próximo recibiré muchas. Y no me molesta; el día, ayer para ser exacta, fue triunfal; escritura; el paseo; lectura, Leeson, un Saint Simon, el prólogo de Henry James a Retrato de una dama, muy inteligente, aunque con una o dos cosas que he reconocido; luego el Journal de Gide, rebosante de sorprendentes recuerdos, de cosas que yo misma hubiera podido decir.
Hoy he estado viendo la película de Barbara Streisand, El amor tiene dos caras, y ella la protagoniza junto a otro actor, Jeff Bridges, y es una película que ya conocía, pero he vuelto a verla y a interesarme por el tema que trata.
Habla del amor, de las relaciones amorosas. El está frustrado porque es profesor de Columbia pero a pesar de ello, la chica que le gusta parece que no se interesa por él, que sólo le tiene cariño, le dice ella; y él se queda algo derrumbado y saca la conclusión de que en el amor las chicas que son bonitas, atractivas, te terminan dejando y que no puedes llegar a nada con ellas. Lo cierto es que él no está mal físicamente, pero desde luego el hecho de ser profesor y llevar una vida intelectual, esto le influye en su sensación de frustración, porque lo que le gustaría es encontrar a otra persona semejante a él, que la relación no se base sólo en la atracción física, sino en la unión espiritual, que haya un compañerismo, una afinidad de otro tipo.
A partir de ahí, una amiga le aconseja que ponga un anuncio, entonces a través de su anuncio él describa muy claramente lo que realmente busca en una mujer, de esta forma él describe la mujer ideal donde dice que no importa la apariencia física, que lo que importa es que sea una persona que tenga un doctorado o similar y más de 38 años.
Bueno, lo del doctorado me hizo gracia, porque cada vez está más difícil hoy día en la universidad doctorarse.
Lo cierto, es que la película que tiene un tono de comedia y es optimista, termina dando con una mujer que se ofrece, y que además concuerda muy bien con las características del anuncio, ya que ella es profesora de literatura también de la Universidad de Columbia. Ese es el encanto que tienen todas estas películas que siempre aparecen casualidades felices.
A partir de ahí se llaman, deciden conocerse, y todo empieza a ir bien, congenian, son amigos, hablan mucho, establecen una relación intelectual. Pero cuando llega el momento de decirse lo que cada uno espera del otro, él le dice a ella, que le gusta, que está muy bien con ella, pero que no busca una relación sexual, que la descarta por completo de su relación, y se lo dice muy convencido porque ha asistido a una de las clases de ella, y ha escuchado las teorías que existían sobre el amor cortés y romántico en la historia del Renacimiento, en que la pasión entre los personajes nacía, pero no se podía consumar ya que existían impedimentos de carácter social, o propio de las relaciones cortesanas, tal como se refleja en la leyenda de Tristán e Isolda. Lo cierto es que él se va de esa clase, y no escucha el final, donde ella le termina dando completamente la vuelta a ese argumento, aduciendo otros motivos por los que hoy día las relaciones han cambiado y son de otra manera.
Pero en ese momento ella no sabe reaccionar ante él, ella ya no es una jovencita, ni se le pueden presentar ya tantas oportunidades, por lo que decide un poco tomarse en broma esa disputa y piensa que con el tiempo él cambiará, y decide iniciar una relación más o menos de compañerismo con él.
Lo cierto es que la relación de amistad que se inicia entre ellos dos es muy bonita, sí, y parece perfecta, mientras no hay sexo, no hay disputas, ni violencia de género, parece que no hay dominación ni poder.
Pero claro la película tiene un nudo desencadenante que empieza aquí, donde empiezan a plantearse todos los problemas que contiene una relación así, en que pasado el momento de la ilusión vuelve la relación a la realidad y a revelarse muchas de esas carencias a la que ellos mismos han llegado por sus propios miedos e inseguridades.
Por eso, yo hoy me pregunto: ¿está el miedo en la raíz de la ausencia del amor?, ¿por qué tenemos tanto miedo al amor, a amar, a entregarnos como somos? Y lo cierto es que este hecho es así, porque el amor nos iguala en esto a todos, y es que nos desarma a todos. No sólo la muerte nos iguala, sino el amor, y precisamente en esto que estoy diciendo. El amor cuando surge nos puede dejar desarmados y casi sin recursos para poder defendernos contra él.
Sobre ello hay muchos autores clásicos que han hablado. Dido, el Sr. Rochester, Heathclif, Lady Macbeth, Madame Bovary, Anna Karenina o Werther, todos estos héroes y heroinas de novelas pasaban sin excepción de ser personas sobradas que creían que lo tenían todo a constatar de la noche a la mañana que nada de lo suyo les importaba. Parecía una locura. “Un seul être vous manque et tout est dépeuplé”, aseguraba el poeta Lamartine. La ausencia de un sólo ser -¡un sólo ser!- podía vaciar el mundo entero de contenido y de sentido.
Y esto se puede comprobar cuando te enamoras no a medias, no con cordura o con simple ternura, sino cuando te entregas, cuando te enamoras como un estruendo y a lo grande. Por eso no me parece ridículo el argumento de la película porque hay muchos hombres y mujeres por ahí que han sufrido la fuerte decepción del desamor y a raíz de ello empiezan a actuar de otro modo. Porque como dicen aquellas novelas universales, no reparamos en detalles mezquinos, y amamos donde no nos amaban, sin razón aparente y por un tiempo inmisericorde nos tornamos dependientes, pálidos, inseguros, desgraciados.
Pudiéramos hablar aquí de las raíces evolutivas del amor, de su perfil biológico, de sus efectos fisiológicos, de su procedencia, sus manifestaciones física, mentales y culturales y su previsible temporalización. O describir las etapas evolutivas del amor, para explicar que a veces deseamos cubrir un instinto maternal o cumplir un designio reproductor. Sobre ello han hablado con gran maestría psiquiatras y médicos.
En Occidente pretendemos que la disección del amor es suficiente para explicar la esencia, pero de momento ni la biología explica el misterio de la vida, ni la disección del amor revela su esencia, sino que sólo describe el fenómeno, así como el análisis evolutivo del amor.
Pero ¿dónde está el amor?, ¿dónde podemos encontrarlo?
Cuando no elegimos el amor, cuando olvidamos o rechazamos darle forma, calla hasta volverse invisible, cuando lo esperamos de manera pasiva, sólo se manifiesta por su áspera ausencia. Sólo necesita que lo materialicemos, que lo expresemos, que lo manifestemos de forma palpable, es una elección visible, deliberada.
Porque el amor está en todas partes, más tenaz y corriente que la materia, sólo que callado e invisible, a la espera de que alguien o algo le diese raíces y alas.
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La similitud es un factor mucho mejor que la diferencia para predecir que una relación será duradera.
Las investigaciones del psicólogo Richard Wiseman -uno de los más prestigiosos en el panorama actual, de la Universidad de Hertfordshire, UK- dicen que en el amor muchas mujeres valoran el coraje, la capacidad de tomar riesgos, mucho más que el altruismo y la generosidad. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Cómo deberíamos comportarnos las mujeres entonces con los hombres?
La investigación psicológica del romance tiene que ver con esta brecha entre lo que los hombres creen que les gusta a las mujeres y lo que les gusta a ellas realmente, y con lo que las mujeres creen que les gusta a los hombres y lo que les gusta a ellos en realidad.
Ciertamente los hombres piensan que las mujeres quieren a un tipo generoso, muy amable y todo lo demás, pero de hecho las mujeres dicen lo contrario, quieren a alguien que sea muy valiente y sucede exactamente lo mismo con los gestos románticos.
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Por otra parte, los estudios corroboran que los matrimonios que viven sin un buen entendimiento sexual son mucho más frágiles (entre ellos, los llamados matrimonios “amigos” ).
El entendimiento sexual es fundamental en la pareja, no es accesorio. El sexo es un elemento de comunicación emocional que ayuda a compensar otros problemas de comunicación; es una expresión de unión y fusión mutua que expresa la complicidad y la solidaridad entre dos personas. Explicar el sexo también desde esta perspectiva emocional y psíquica ayudaría a darle la relevancia que tendría para la vida en pareja.
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Las experiencias emocionales, tanto las positivas como las negativas, han de servir para evolucionar. La voluntad de comprender y destripar el dolor emocional es clave para superarlo, aunque ello exija en un primer momento el esfuerzo de encararse con el dolor. La alternativa es la inundación emocional o la negación de las emociones, y ambas son tremendamente dañinas.
En el caso del desamor resulta útil intentar comprender la ecuación, aparentemente causal, que solemos hacer entre amor romántico y autoestima personal es errónea aunque nos resulte casi automática. Por las características mismas del amor, tal y como se han descrito, amar al otro, o ser amado por alguien tiene muy poco que ver con nuestra valía personal y mucho en cambio con la conexión, imaginaria o real, entre dos personas. El amor se parece más a una respuesta química instintiva que a una evaluación objetiva de las personas. Nuestra autoestima no debería depender de los vaivenes del amor romántico que siguen su propia lógica.
En una sociedad obsesionada con la gratificación inmediata esperamos resultados palpables de nuestras relaciones de amor. Sin embargo, no todas las relaciones amorosas culminan con la unión de las personas implicadas. A veces, aunque hayamos amado al otro de forma sincera, las circunstancias personales impiden esta unión y la única salida parece ser la separación. Para la persona que ama con pureza, sin expectativas rígidas, esto no tiene por qué considerarse un fracaso, a pesar de la opinión decidida del resto del mundo. El amor puede haber aportado una miríada de emociones positivas al que ha amado y que es capaz de seguir su camino abierto al amor, sin resentimiento. Para quien puede aceptar la finalización del amor sin amargura la experiencia puede suponer autoconocimiento, mayor lucidez, la vivencia de emociones intensas, la conexión con otra persona y lo que el poeta libanés Khalil Gibran en El profeta llama una transformación personal.
A menudo es el miedo a sufrir el que dispara todas las alarmas y nos impide sacar partido de la parte más rica y positiva de nuestras emociones, encerrándonos en lo que el ego percibe como una derrota y una humillación. Cuando las personas aprenden a no confundirse con sus emociones o experiencias negativas, sino a verlas como acontecimientos potencialmente enriquecedores, como si de un juego de prestidigitación se tratase aprenden a sacar partido a la vivencia intensa y comprometida de las emociones negativas.
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Barbra Streisand and Bryan Adams, I finally found someone.
Arrancaré un momento a lo que Morgan llama “ la vida” para escribir apresuradamente esta anotación. Pocas notas he escrito; pero la vida ha sido una cascada, un alud, un torrente, todo al mismo tiempo. Entre una cosa y otra, pienso que este invierno es el más feliz de nuestras vidas. Mucho trabajo; y ahora éxito; y fácilmente adaptada a la vida; y qué sé yo qué más. Mis mañanas discurren torrencialmente, desde las diez hasta la una.
Estoy lanzada un tanto furtivamente pero con mayor pasión precisamente por ello, con el Orlando, biografía. Mientras camino, hilo frases; mientras estoy sentada, urdo escenas; en resumen, me encuentro en el momento culminante de la más grande pasión de escribir que he conocido en mi vida; pasión a la que resistí desde el último mes.
Anoche en cama estaba pensando en esto, cualquiera de los próximos días, sin embargo, trazaré aquí como si de un gran cuadro histórico se tratara el perfil de todos mis amigos. Vita sería Orlando, joven aristócrata. Saldría Lytton, que sería verdadero pero fantástico. Roger. Duncan. Clive. Adrian. Hay que contar sus vidas. E instantáneamente, en mi mente surgen las habituales ideas excitantes: una biografía que comience el año 1500 y que siga hasta los presentes días, titulada Orlando; Vita; aunque con un cambio de un sexo al otro. Creo que para divertirme, estoy escribiendo en un estilo parcialmente burlón, muy claro y sencillo, a fin de que la gente entienda hasta la última palabra, pero el equilibrio entre verdad y fantasía ha de ser muy medido. Desde luego está hecho a pinceladas leves sobre el lienzo.
Acabo de pensar la escena en la que Orlando conoce a una muchacha (Nell) en el parque, y va con ella a una limpia habitación de Gerrard Street. Allí se manifestará tal cual es. Veo que Orlando es exactamente, en el espíritu, aunque no en los hechos, el libro que yo proyecté escribir a modo de escapada; con espíritu satírico y con estructura loca.
Sí, lo repito, un muy feliz, un singularmente feliz, inicio de año y de invierno.
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Abro estas páginas sólo por un momento, ya que tengo la cabeza pesada, con el único fin de anotar una reprimenda de mí misma a mí misma. El valor de la sociedad radica en que la chasquea a una. Soy meritoria, mediocre y una charlatana; estoy adquiriendo el hábito de hablar con falsa brillantez. Oropel apareció ayer en casa de los Keynes. Yo no estaba de humor, y ello me permitió ver la falsedad de mis palabras. Dadie también dijo una verdad: cuando Vita permite que su estilo la domine, sólo se piensa en esto; cuando utiliza clisés, uno piensa lo que ella quiere decir. Pero Dadie también dice que carezco de capacidad lógica, y que vivo y escribo como en un sueño provocado por el opio. Y este sueño se centra con excesiva frecuencia en mí misma.
Ahora habiendo entrado en la media edad creo que es importante tratar con severidad estos defectos. Puedo muy fácilmente convertirme en una mujer de mentalidad frívola y egotista, dedicada a exigir alabanzas, arrogante, mezquina y marchita.
El sueño se centra con excesiva frecuencia en mí misma. Para corregir esto, y para olvidar mi propia cortante, absurda y pequeña personalidad, reputación y todo lo demás, debo leer; ver a gente ajena a mi mundo; pensar más; escribir con más lógica; y sobre todo tener mucho muchísimo trabajo; así como practicar el anonimato. Silencio cuando estoy con gente; o la más serena manifestación, en vez de la más espectacular; ésta es la medicación como dicen los médicos.
Bueno, mi vida ha dado muchas vueltas, como buena cabra en el horóscopo chino que soy, estudié la carrera de derecho por la influencia que sobre mí tuvo mi padre, después opté por la filosofía del derecho e intenté doctorarme, más tarde me trasladé de Sevilla a Alicante, allí me convertí en una hippy que vendía el significado de los nombres por las calles, tuve un amor holandés después de un amor frustrado en la carrera, después volví a Sevilla, aquí tuve que responsabilizarme por la enfermedad de mis padres, el alzheimer, actualmente sigo estudiando y estoy llevando asuntos familiares, además me dedico a la economía de inversión. En cuanto a amores tuve algunos amores con rockeros muy extremos. Ahora me gustaría irme a vivir a Madrid, por lo que estoy luchando en el próximo año, y a otras capitales, y también me gustaría residir por Colombia y algunos de esos sitios exóticos de Latinoamérica.
Mi vida no es parecida a la de Virginia Woolf, que estuvo dentro de unos cánones más rígidos, más de un círculo literario como el de Bloomsbury, pero a partir de él ella también desarrolló toda su imaginación que le llevó también a sitios muy exóticos, cercanos a la India y amores o affaires un tanto lésbicos o demasiado adelantados para su tiempo.