He puesto ante mis ojos un mandala luminoso que le he tomado prestado a mi reina de las nieves, ella supone que es sirena, yo pretendo que traerá sobre la tierra ese manto blanco acolchado
Sus colores sobre el tapiz iluminado parecen transferir a mi alma la luz filtrada por una vidriera de un gran rosetón
Cálido impone su presencia cuando cierro el navegador o me muevo entre programas
Ella desconoce hasta dónde me ha llevado mi afán ante el impacto visual
Tentada he estado toda la tarde de decirle que me lo había apropiado
He callado
Me reservo para mi el gusto de disfrutarlo
Esta amiga que es virtual me acompaña en muchas cuitas
Es mi hermana en sentimientos
Como tal yo la siento
Me he hermanado con las personas que del otro lado me llegan
Paso largas horas ante un rectángulo de luz moviendo mis dedos en teclas o pulsando un adminículo al que se llama ratón
Fantaseo sobre cosas que no me vienen impuestas
Me desplazo por un mundo que no me sería dado, por mi propia pereza
Mañana marcara su ritmo las horas de mi trabajo
Ahora estiro mi tiempo pues no me entran ganas de desconectarme del mundo
En el salón la tele entretiene a mi amiga
Ella allí y yo aquí
Hoy hizo una buena paella
Bien se me valió de ella, porque si no hubiera sido así medio como y medio bebo, voy picando quitándome la gana y cuando cae la noche un pequeño tente en pie
Muchas veces me planteo que debo dedicar menos tiempo
Me corto las alas un tiempo
Arremeto en el retorno y lo tomo con más brío
Así que hasta mañana, rectángulo de mi hacer, bien temprano te volveré a ver
Me machacan con los puntos y las comas, me da que no me acabo de acomodar
Debería dedicarle tiempo a la puntuación, pero entonces perdería la pulsión
Cada cual que tome pausa, allí dónde le parezca
Si volviera sobre el texto haría la mía propia

Cuando te encuentras con la fuerza de la vida y la muerte sin tapujos, con alguien que no está para complacencias, ¿qué sientes?. Pánico de que te arrolle cual tren en marcha, que se te cruzara. Al tiempo te sientes atraída deseando entrar en contacto con su vida y con su muerte. Te hace sentir en el bajo vientre y deseas revolcarte con ella, aspirar su aliento y sentir sus huesos en contacto con tu cuerpo. Se gesta el camino hacia la nada. No caben medias tintas, hay que embarcarse y sin salvavidas. Tienes miedo y te retraes aunque en tu juego te aproximas, con cautela, en cuidado de no ser portada y arrastrada, como si de sirena se tratara y en su canto silencioso quedaras atrapada.
Sientes la punzada del deseo de lo prohibido y con ello te retraes, esperando la herida mortífera que te acobarda y detiene en un lance abortado de antemano.
Tendió sus redes y sin saberlo dio a la caza alcance. No se ha de descubrir el hallazgo ya que en ello sería esclavizada su víctima. Es tal la rabia que arracima, la posesa, que en ese juego equívoco cualquiera podría ser domeñada y retenida.
Los hilos de la araña asesina maquinan, de antemano, la trampa mortal que se avecina. Fue urdimbre entretejida con artimañas de seducción. Se hizo espacio acogedor en el que la víctima se adentró sin cuidado ni prevención. Las alertas suenan a destiempo y en demora, fuera de hora. Es la presa fácil que se entrega al goce sin saber la destrucción venidera. Afloja en principio su presa para que ésta se confíe y relaje sus defensas y prevenciones, preparando de esta forma su banquete.
De reflejos, imágenes virtuales
Viviremos de reflejos y no de realidades.
Bajé tan al fondo de mi alma que me perdí en sus laberintos.
Tu sonrisa me dará seguridad.
Tu sequedad me hará dudar.
Mi estima está en tus manos, aunque no sea tu voluntad.
Pasajera de este pasaje acógeme con tu gesto.
En la relación con el otro y la otra están en juego sus seguridades. Hay gente que va por la vida acaparando poder y jugando con los sentimientos de los demás. Atesoran seducciones. Coleccionan almas. Se adueñan de lo ajeno. Van sembrando a su paso carcasas destrozadas y sin querer ver su participación en ello se quejan de la flojera del otro u otra despreciando.
Anna, 7 de octubre de 2006

Cuando te sientes perdida en tu propio marasmo de caótica acción necesitas poner elementos que marquen los cuatro puntos cardinales dándote la situación propia para no verte en medio de un espacio ilimitado.
Llegas al punto en que tu misma te sientes perdida en ese mundo propio que has articulado.
Lo que primero te avisa es la intuición que pone alertas a tu servicio.
Detectas que algo no va bien y la incomodidad que sientes te hace replantearte y parar a pensar en qué es lo que pueda ser que ha fallado para que te incomode lo que en otro momento te pareciera fenomenal e incluso fantástico.
Este estado de cosas en que la insatisfacción manifiesta su incomoda actitud son alertas a tener en cuenta.
Han funcionado cuando aparentemente sentías que ese no era tu lugar, que tenías que marchar; cuando mirando hacía un punto del pasado has dicho que te has equivocado y que a lo hecho pecho, pero que quizás estás a tiempo de rectificar; cuando has dado un paso en falso y algo en tu interior te ha dicho que qué haces, que te estás exponiendo; cuando a la fuerza y contra ti misma te has quedado encastada en un acto no deseado o quizás disimulado.
Al fin de lo que hablo es del largo camino con la propia compañía con quien tanto cuesta convivir.
¿A qué venía esta idea?
Viene a qué replantearse los propios actos una y mil veces no tiene otro juez que tú mism@.
La coherencia aparente en que nos solemos mover es eso, aparente.
La vida es un continuo sobre arenas movedizas y mudamos sin querer perdiendo en el camino brío y volvemos a él.

¿Cómo seguir una corriente de un río eterno que se seca y cambia rumbo sin parar?
¿Cómo dejarse llevar por las cosas si al fin nada es seguro?
Si te sientes en un puerto y después el vacío te delata ante nada.
¿Cómo puedes respirar el aire si apenas puedes sacar fuerzas para virar?
A tu pesar sucede que te ves dando pasos y al cabo reconoces que el trecho recorrido no es banal.
A las penas puñaladas, se dice y es verdad.
No hay mal que dure si lo sabes placar.
Sigues a tu pesar te lamentas y cortas alas para salir a volar.
Pisas suelo. Lo real es lo que te salve. No fue tan bueno soñar.
Fantasías te han sobrado y habrá más.
Sin embargo reconoces que la paz que añorabas aquí está.
Te da seguridad la certeza de lo que se pudo cerrar.
¿Será cierto que lo previsto es lo que más estabilidad da?
Será.
En lo simple está la esencia.
Cuanto cuesta conformar esa ansia que tanto mal te da.
Ahora que la calma ocupó su puesto te recuerdas en laberintos y no los quieres mirar.
Hay objetos que renacen y recobras.
¿Qué es lo que en ellos dejaste que al mirarlos te relajan?
Añoranzas inmediatas se liberan cuando miras un pasado y te sientes regalada por haber estado en él transitando.
Aprendiste a mover siguiendo tus propios pulsos.
A no dejar que ninguno te dijera qué, cómo o cuando.
A ser y a estar.
Aunque trampas al alma le alcancen lo que sabes es que no te recriminas ni laceras.
Condición humana es flaqueza.
No te das mal.
Eres la mejor compañera que te podía tocar.

Un paisaje idílico a veces hace más bien que miles de buenas razones.
El arco iris siempre aporta con su luz y color energía suficiente para recuperarse de estados de ansiedad y desazón.
Mudas de piel son lo que yo hago día a día.
Persevero en mi existir aunque añoranzas no me faltan.
Es latido del alma que se queja de aquello que nunca más ante ella estará presente, pero en ese latir se entretiene recreándose en los versos y los juegos de palabras que a tiempo o a destiempo en ella se proclaman.

A veces nos parece que la realidad es tangible y otras se nos escapa de las manos.
Ni una cosa ni otra. Somos nosotros que proyectamos sobre ella inquietudes.
Sucede que si nos dejamos llevar alcanzamos lo más. Esa actitud de ansiedad en nada nos acompaña, más bien nos aleja del objeto a alcanzar. Nos distancia.
Aunque aspiras al retorno éste nunca se dará. Aquello queda en memoria. La memoria selecciona y novela lo que en su tiempo pasó. No hubo tal. Se presupone lo que en la imaginación se recrea. Tanto el dolor como el placer quedan confusos. Recreamos una memoria no real.
Nos hacemos protagonistas de historias no vividas. Partimos de idealidades. Formamos cuerpos fatuos a los que damos carne, sangre y vísceras. Desde ellas sentimos, lloramos y reímos. Nos entregamos y retiramos.
Después de trazar tantos planos y mapas confundimos la realidad con su proyecto o proyección.
Simplificar el momento es la clave. Si pacemos y nos damos al instante. Si no perseguimos el tiempo fugaz y huidizo, vivimos.

Aproximarse, ésta es la necesidad.
Llegar al tacto, tocar y que te toquen.
Sentir los ecos de esas voces y sonidos que delatan la presencia de lo humano, a través de los canales de que uno está dotado, auditivos.
Emisor y transmisor de aquel mensaje que aproxima y acompasa.
Cerrar los ojos y, sin mirar, ver cada una de las líneas que dibujan su alma.
Llamémosle como queramos.
Se inventaron las palabras para concretar las cosas.
Nos debatimos delante de ellas pero a la hora de la verdad usamos el gesto para declarar los mayores principios y deseos.
Las repetimos una y mil veces y creemos en nuestra sinceridad, pero mudamos a lo largo del espacio y el tiempo.
Desprenderse de uno mismo es un uso poco ejercitado.
Con buenas palabras nos damos.
Con gestos rotundos nos retiramos.
El ritual, la pantomima.
Nos creemos individuales aunque nos movemos en manada.
La enfermedad se manifiesta en la ausencia.
De profundas soledades cementerios ocupados.
Nichos de colonias de gusanos.
Profundizo y me espanto.
Mientras tanto aquí andamos dando para no ser ignorados y gastamos energías para construir imperios de los que al desmoronarse cenizas dejan a nuestro paso.
Luchar por hacerse un nombre. Con los hijos continuar la estirpe. Dominar sobre la tierra. Hacer súbditos y esclavos.
Dominio sobre la especie. Deidad para los otros. Hermanos para sangrarlos.
Relicario escondido en el fondo oscuro del recuerdo compartido, Historia.
Histeria atribuida al desequilibrio, negación del instinto de supervivencia del vencido.
Camino de lodo y barro, malherido.
Limítrofes espacios que te ahogan y angostan tu camino.
Saciarse de lo ajeno cual ameba fagocitadora de vida ajena.
Esputo emitido al cielo y que orada la tierra.
Presunto y amable destino, grande es el desatino.
En el límite, la muerte te muerde los talones y sin ellos caes al suelo. Tendones imprescindibles. Sajados por el hacha del tiempo. Ulcerados. Allí el cuerpo ya no resiste. Esas neuronas petulantes que de todo hacían jacte.
Masa informe de substancias que no tienen orden. El principio de entropía que al orden dicen lleva deshace el cuerpo del viviente y lo devuelven al orden del caos, el Cosmos. Manda la madre Gea.
Anna

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