Libro de Arena
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la búsqueda de mi misma



Aproximarse, ésta es la necesidad.

Llegar al tacto, tocar y que te toquen.

Sentir los ecos de esas voces y sonidos que delatan la presencia de lo humano, a través de los canales de que uno está dotado, auditivos.

Emisor y transmisor de aquel mensaje que aproxima y acompasa.

Cerrar los ojos y, sin mirar, ver cada una de las líneas que dibujan su alma.

Llamémosle como queramos.

Se inventaron las palabras para concretar las cosas.

Nos debatimos delante de ellas pero a la hora de la verdad usamos el gesto para declarar los mayores principios y deseos.

Las repetimos una y mil veces y creemos en nuestra sinceridad, pero mudamos a lo largo del espacio y el tiempo.

Desprenderse de uno mismo es un uso poco ejercitado.

Con buenas palabras nos damos.

Con gestos rotundos nos retiramos.

El ritual, la pantomima.

Nos creemos individuales aunque nos movemos en manada.

La enfermedad se manifiesta en la ausencia.

De profundas soledades cementerios ocupados.

Nichos de colonias de gusanos.

Profundizo y me espanto.

Mientras tanto aquí andamos dando para no ser ignorados y gastamos energías para construir imperios de los que al desmoronarse cenizas dejan a nuestro paso.

Luchar por hacerse un nombre. Con los hijos continuar la estirpe. Dominar sobre la tierra. Hacer súbditos y esclavos.

Dominio sobre la especie. Deidad para los otros. Hermanos para sangrarlos.

Relicario escondido en el fondo oscuro del recuerdo compartido, Historia.

Histeria atribuida al desequilibrio, negación del instinto de supervivencia del vencido.

Camino de lodo y barro, malherido.

Limítrofes espacios que te ahogan y angostan tu camino.

Saciarse de lo ajeno cual ameba fagocitadora de vida ajena.

Esputo emitido al cielo y que orada la tierra.

Presunto y amable destino, grande es el desatino.

En el límite, la muerte te muerde los talones y sin ellos caes al suelo. Tendones imprescindibles. Sajados por el hacha del tiempo. Ulcerados. Allí el cuerpo ya no resiste. Esas neuronas petulantes que de todo hacían jacte.

Masa informe de substancias que no tienen orden. El principio de entropía que al orden dicen lleva deshace el cuerpo del viviente y lo devuelven al orden del caos, el Cosmos. Manda la madre Gea.

Anna


1 comentario - Escribe aquí tu comentario

lo dijo oscar 19 Septiembre 2007 | 05:00 PM

... y también la moral es una cuestión de tiempo

(García Marquéz, Memoria de mis putas tristes)

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