Libro de Arena
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la búsqueda de mi misma



Hay días

Hay días que dejaría de lado esto y volvería a la pantalla televisiva a tragarme lo que me ponen por delante, eso sí con el mando a distancia en la mano que para eso hay 'diversidad' de canales.

He pasado por casa de mi amiga, como todas las tardes, y me he encontrado con la serie de Bea. Me gusta verla desde la distancia, no me implico ni me siento seguidora. Comento el cómo está construido tal o cual personaje, le busco sus debilidades y sus puntos fuertes. La coherencia o la falta de ella. Por principio me adhiero al producto propio. Algunas veces, ya en mi casa, veo alguna de las cosas que se hacen en el canal local y defiendo su escucha/visionado para evitar la invasión mental que supone la lectura de los productos venidos de fuera. No soy seguidora de ninguno no por menosprecio, que ya no lo veo tan claro, sino por dedicarme a asuntos blogueros en mi tiempo libre y, como no, a algún sudoku que otro para agilizar la mente y evadirme de los comecocos laborales.

En las vacaciones, con mi madre, me pondré/pondrá al día de todos los asuntos de sus series favoritas. En ese caso es elemento que favorece conversaciones más profundas entre ambas.

En uno de mis relatos pongo en boca de la protagonista que: "Dicen que los culebrones son comecocos, "No te ralles", que dicen los más jóvenes. Se lo pasa en grande siguiendo los melodramas. Y el diario de Patricia es para pasárselo en grande. Que le han de contar a ella. Mucho más divertido que los tostones de antes."

Mi madre me decía ayer que le distraen y evitan que piense. Yo reconozco que hoy me distraigo con esto y que quizás mañana siga sus pasos. Ahora ya no puede leer, las cataratas se lo impiden y no nos atrevemos a que pase por un quirófano dado su estado de salud. Se adapta a sus limitaciones y me enseña el camino venidero.

ESPERANDO EL PRÓXIMO TREN, ESPERANDO QUE PASE.

ME DARÍA POR SATISFECHA SI ...

MORIR: SIMPLEMENTE SE CIERRA LA PUERTA Y HASTA NUNCA.

Fuimos felices en otro tiempo

Publicado en busqueda anterior, en Noviembre de 2006.

Me cito:

ESPERANDO EL PRÓXIMO TREN, ESPERANDO QUE PASE.

Sentada sobre su maleta con el paraguas abierto espera el tren que ha de llegar para llevarla a alguna parte. Cae la lluvia pero ella no se guarece bajo el techado, la lluvia chispeando sobre el paraguas le hace sentir la vida que corre por sus venas. Es tal la ansiedad ante el viaje que no se siente capaz de encerrarse tras el cristal de una ventana y ver la vida pasar.

Tras esa ventana alguien la mira. Un hombre que leía un periódico de la tarde se percata de su presencia y sorprendido ante la figura femenina sentada bajo un paraguas se siente atraído de tal forma que por nada del mundo haría otro gesto que no fuera mirarla, admirarla. Una taza de café humea sobre un plato en la pequeña mesa en que está instalado.

El reloj, esfera blanca saeteado por dos saetas negras entre las tres y las cuatro. Ella mira su muñeca, inquieta juguetea con su zapato negro de tacón alto. Levanta la vista hacía el círculo del tiempo y remira en su muñeca. Parpadea y se arrebuja en su abrigo de paño gris azulado.

Él observa sus facciones detenidamente. Piensa en aquellas diosas del celuloide y la imagina protagonista de alguno de aquellos dramas en blanco y negro. Juguetea con su imaginación y se adjudica papeles y galanterías. Es tanto el deseo de aproximarse que empieza a maquinar una y mil formas de acercamiento. Se levanta y de nuevo se sienta pegado al cristal mirándola.

Al poco ella se apercibe de que alguien la observa y sus artes de seducción se lanzan a la caza del hombre. Yergue su espalda y como quien no quiere la cosa se incorpora y se dirige al interior de la estación. Deja de interesarle el instante plácido que la retenía bajo la lluvia y se siente tentada por el juego de atracción y evasiva que del otro lado se propicia.

Él subyugado por el magnetismo de esa figura que se aproxima no puede apartar la mirada y la sigue en cada uno de los movimientos. Ella entra y con su mirada recorre toda la estancia. Se sienta en una silla a una mesa que está desocupada. La camarera se acerca solicita con bolígrafo en mano y una libreta.

Él observa cada una de sus formas, las más imperceptibles se hacen visibles. No puede evitarlo, nada más podría captar su atención. Un hormigueo le recorre la nuca, un deseo.


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